PERIODICO ANARQUISTA
Nº 213
 ABRIL 2006

 

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La lucha contra la precariedad en Francia

El 16 de enero de 2006, el primer ministro Villepin anuncia la creación de un nuevo contrato de trabajo, el Contrato Primer Empleo (CPE, Contrat Première Embauche). Este contrato se dirige a los jóvenes, entre los que el paro alcanza al 40 por 100 en algunos barrios, uno de los más importantes de Europa. Este contrato permite al patrón despedir al trabajador en un plazo de 24 meses sin tener que justificar la razón. Es una novedad en el derecho laboral francés: instauraría una diferencia de derechos entre jóvenes de menos de 26 años y el resto. El CPE permite también al empresario anular el contrato y proponer uno nuevo idéntico a la misma persona, lo que hace durar la precariedad del puesto de trabajo. Además de la dificultad de los jóvenes para encontrar un alquiler con este tipo de contrato tan inseguro, se instaura una competencia nueva entre trabajadores con contrato clásico, normalmente mejor protegidos, y los jóvenes con el CPE.
De manera global, este contrato es una nueva tentativa de generalizar la precariedad, inscribiéndola entre los derechos laborales, sin poner remedio a las dificultades de los jóvenes. Resulta una continuación de las recientes medidas del gobierno, como la rebaja en la edad de los aprendices o el Contrato de Nuevo Empleo (CNE, Contrat Nouvelle Embauche) que instaura un período de prueba de dos años antes del contrato definitivo. Este contrato ya impedía a los asalariados hacer huelga, estar enfermos, quedar embarazadas… durante dos años, de lo contrario…
Algunos días después del anuncio del CPE, aparece la protesta, tímida. Los estudiantes son los más decididos, ya que serán los primeros afectados por estos contratos. Tienen lugar las primeras manifestaciones y el movimiento desemboca el 7 de febrero en una jornada nacional de manifestaciones y de huelgas en el mundo laboral y en las universidades. Las vacaciones de invierno no interrumpieron la protesta. No obstante, el gobierno hace adoptar el CPE el 10 de febrero, gracias a su mayoría parlamentaria. Los días siguientes, continúan las manifestaciones y son ocupadas las universidades. El 7 de marzo, una nueva jornada de acción moviliza a cerca de un millón de personas que manifiestan su rechazo a el CPE. El 9 de marzo, la Cámara de Diputados aprueba definitivamente el CPE, cuando la cólera estalla por todas partes. Las huelgas se multiplican en el sector de la enseñanza, en apoyo a los estudiantes, y ahora le toca el turno de la ocupación a los liceos de todo el país. El 16 de marzo, nueva movilización nacional de estudiantes, esta vez también los de enseñanza media, fortísima. Por todas partes se producen incidentes como respuesta a la inflexibilidad del gobierno de revisar su postura, o para responder a los grupos de extrema derecha que intentan "liberar las universidades de izquierdistas" con armas. El 18 de marzo, más de un millón de personas se manifiestan en Francia, 60 facultades son ocupadas o cerradas. La movilización no decae, al contrario. En el momento de escribir estas líneas, todas las organizaciones sindicales de trabajadores y estudiantes convocan a una nueva jornada de acción el 28 de marzo. A la espectativa, las coordinadoras de estudiantes en huelga, las oganizaciones sindicales de enseñanza media y de estudiantes convocan a la huelga general y al bloqueo de los liceos y las universidades.

El fin de un período de fracasos
Este movimiento es continuación de una protesta social que parece acelerarse en Francia. El 4 de octubre de 2005, las huelgas y manifestaciones fueron la respuesta contra la precariedad y por el mantenimiento de los servicios públicos. Semanas más tarde, los jóvenes de los suburbios dejaban estallar su cólera y su desesperación y se enfrentaban a las autoridades en la calle. Y ahora son los estudiantes acompañados de los asalariados. Esta situación, que no tiene nada que ver con el Mayo del 68 ni con ningún proceso prerrevolucionario, obliga a constatar que la conciencia social no ha muerto. Las reivindicaciones van en aumento: manifestaciones, asambleas generales de estudiantes… enlazan ahora con la precariedad general, o con los efectos de la represión sufrida por los jóvenes de los suburbios en 2005. La solidaridad se establece en temas concretos o a través de reivindicaciones más globales.
Por regla general, los estudiantes son muy celosos de su independencia. En ocasiones rechazan la relación con los trabajadores sindicalistas. Desconfían de las organizaciones políticas y sindicales y han creado su coordinadora nacional. Tienen razón: el movimiento de rechazo al CPE está muy asimilado sindicalmente por los partidos de izquierda y de extrema izquierda. El objetivo de estos representantes sindicales de los partidos gubernamentales de la izquierda es orientar a la opinión pública (opuesta al CPE en un 68 por 100) contra el gobierno de cara a las elecciones de 2007. De ahí, la necesidad de controlar el movimiento que parece tímido ante la incapacidad de los sindicatos a la hora de convocar una huelga general indefinida para obtener la retirada del CPE.
Este endurecimiento del movimiento es deseado por gran parte de la opinión pública. En primer lugar por los estudiantes que están en lucha desde hace cinco semanas, igualmente por un numero creciente de gente que no entiende la negativa de Villepin a retirar el proyecto. Desgraciadamente, las burocracias sindicales, en sus precauciones para no desestabilizar el orden social desigualitario, rechazan participar en el combate decisivo. La base crítica de los sindicatos mayoritarios, los sindicatos alternativos SUD y CNT francesa, con el apoyo de los anarquistas, no bastan para invertir los términos. El gobierno se niega a dar marcha atrás, por lo que se ha entablado una guerra social de desgaste. Sin embargo, la victoria es necesaria contra el CPE, pero también porque de lo contrario, un nuevo período de depresión y desánimo profundos se apoderaría otra vez de las capas más combativas del sindicalismo y la militancia. Este sueño social de 2005 y 2006 es la continuación de una sucesión de años negros donde han sido numerosos y sin respuesta adecuada los retrocesos sociales, como si los explotados ya no creyeran en su capacidad de hacer cambiar las cosas…

¡No es una revolución!
No obstante, hay mejores perspectivas. Como siempre en las luchas largas, las conciencias colectivas maduran deprisa; aparecen las contradicciones de los políticos, el aprendizaje de la democracia directa, las prácticas autogestionarias y colectivas, la afirmación de la autonomía, los debates ideológicos sobre los aprovechados y las víctimas de la precariedad… se difunden. La nueva generación se está politizando notablemente. Muchos de ellos son sensibles a ideas que abren perspectivas combativas anticapitalistas y libertarias.
De momento, los anarquistas y anarcosindicalistas están presentes, en la medida de sus posibilidades, en ese vasto movimiento de rechazo. Insisten y participan en la creación y comunicación entre ellos de asambleas generales, en la autogestión y la independencia de las luchas, en sensibilizar a la población a favor de la huelga general ilimitada, en participar en las manifestaciones sobre sus propias ideas clave: la huelga general contra el capital que explota y el Estado que vigila y reprime, y la autogestión de los medios de producción, de distribución y de educación.

Daniel
(FA Francia, Bélgica) Subir


¿Son un escándalo las torturas en Iraq?

Ante las nuevas denuncias sobre abusos de las tropas aliadas en Iraq la reacción de los mass media es de indignación y sorpresa. Todo comenzó con el escándalo de las torturas en la prisión iraquí de Abu Ghraib: un hombre con la garganta desgarrada, otro cubierto con lo que parecen ser excrementos... se produjo una investigación de crímenes del ejército, al final resultó ser "una falla en la disciplina de la unidad de la prisión iraquí, que no respondía a una política oficial".
Continuó el año pasado con los abusos de varios prisioneros, a los que obligaron a simular actos sexuales en el campo de Bread Basket, al sur de Iraq.
Su último capítulo ha sido en estos días, cuando han salido a la luz nuevas pruebas, en este caso, un vídeo, que reavivan el escándalo de las torturas de Iraq. Me pregunto: ¿de verdad alguien se sorprende por estas noticias?
Analicemos la situación: una guerra es sinónimo lucha, de hostilidad declarada, de enemistad absoluta y radical, esta pugna es tal que los contendientes están dispuestos a combatir hasta morir.
Iraq hoy es un país ocupado por ejércitos extranjeros (no entraremos en analizar si esto es un estado de guerra de hecho, pero es evidente que no es una situación que denominaríamos de paz) En este marco se producen los abusos, la prensa comenta: "quizás lo más chocante es que ninguno de los soldados que sigue entrando, de vuelta al campamento tras disolver a los manifestantes que estaban en la calle, parecen sorprendidos al ver la paliza que sus compañeros están propinando a los detenidos. Nadie intenta frenarles. Es como si estuvieran acostumbrados a ver esas cosas" (El País, 13 de febrero de 2006).
Son soldados armados en un país en el que todos los días mueren personas de forma violenta (bombas, tiroteos...). Entonces la sorpresa mediática es o hipocresía o ignorancia. La tesis de este artículo defiende la segunda postura, creemos que tiene más enjundia que la maldad humana.
Esta segunda hipótesis (la ignorancia) esconde todo un universo de creencias y presupuestos teóricos tras de sí. Heredera del ala más optimista del racionalismo ilustrado se cree que la razón iluminará el mundo, y poco a poco habitará también en el ámbito de lo que tradicionalmente era irracional. Sus seguidores afirman con orgullo que la razón ha colonizado ya el mundo natural (véase las leyes físicas, los estudios de genética, conocimientos médicos...). Nadie duda de que hoy lo científico-tecnológico domina el mundo, pero, y aquí esta lo importante, éstos (los ignorantes) sostienen que este avance sin freno, ni retroceso, de lo racional también se expande al ámbito de lo ético, lo político y de todas las relaciones humanas. Por eso son ignorantes, creen profunda y sinceramente que lo social va siendo poco a poco habitado por lo racional, son unos visionarios iluminados. Su discurso afirma que aunque todavía no hayamos conseguido la globalización racional en todas las áreas humanas, estamos en progreso, es decir, vamos avanzando. De ahí que sostengan, ingenuamente, que se empieza a producir "la guerra limpia": frente a la barbarie de tiempos pasados ahora la guerra es sólo un enfrentamiento guiado por la razón en la que únicamente se utilice la violencia estrictamente necesaria y racionalmente calculada. Los ejércitos sólo utilizan las armas como herramientas disuasorias.
Que alguien les quite las vendas de los ojos, eso no ocurrirá nunca, viven en un mundo de ilusión y fantasía, carente de realidad socio-política. El humano, para lo bueno y para lo malo, es mucho más que razón, también es pasión, deseo, sentimientos, emociones... o como lo llamemos. Lo no-racional transita y constituye el ser de cada uno de nosotros, y aflora, alimenta y da vida a las conductas sociales. El deseo forma parte de la esencia del ser humano, es un motor de nuestras acciones morales. Los humanos no tienen a la razón como único fundamento de la voluntad sino que ésta se encuentra también sometida al influjo de sus inclinaciones y deseos. Hablando estrictamente, lo que somos es una mezcla de todo, no se da ninguna facultad absoluta de entender, desear, amar...
Afirman que se puede dar la "guerra limpia" porque, cuando piensan en el hombre, se refieren al sujeto predominante en la tradición judeo-cristiana y burguesa, esto es, al individuo aislado, con un alma racional autotransparente, dotado de libre albedrío, cuyo deber moral es dominar y controlar al cuerpo y sus afectos que son el origen y condición del mal.
Pero la realidad es que el hombre que habita nuestra sociedad es un ser deseante-racional, de ahí que determinados acciones humanas siempre estarán regidas por la sin-razón, la guerra es uno de estos territorios, estas siempre serán sangrientas, violentas, brutales... Dejar de soñar, nunca habrá una guerra pacífica regida por las normas de la razón y las buenas costumbres, es una contradicción en los términos, es el agua seca, es una imposibilidad lógica y ontológica. En las guerras se dan todas las formas de agresión, violaciones, abusos, vejaciones de todo tipo y maneras imaginadas e imaginables.
No se puede enviar a hombres a matar y a morir, y al mismo tiempo pretender que sean educados y respetuosos con el enemigo. Si algún día se construyen soldados cibernéticos, si en lugar de soldados humanos hubiese soldados-máquinas, estos serían tales que por sus venas biónicas circularía el flujo de la crueldad y de la violencia.
¿Son un escándalo las torturas en Iraq? El escándalo reside en el hecho de la existencia de guerras, de prisioneros de ellas, de ejércitos armados... lo demás es tan sólo condición humana.

Elena Sánchez subir


Alianza de fundamentalismos

Debemos recordar que el integrismo islamista ha sido alentado por EE UU con la pretensión de manipular el mundo a su antojo. La guerra de Iraq no tiene como objetivo llevar la democracia y la prosperidad a los árabes, sino crear una situación de guerra total de todos contra todos, un caos que le permita dominar los yacimientos de petróleo. En este proceso, las organizaciones terroristas islámicas son marionetas de los servicios secretos de EE UU, que cumplen el programa de la hoja de ruta oculta. La arrogante prepotencia con la que se conduce EE UU, su incapacidad para reconocer errores, la complejidad del sistema que trata de manipular producen que cualquier intervención sea impredecible, por lo que consigue efectos opuestos a los que pretende. Todo indica que la está pifiando alegremente y los errores que comete llevan al mundo al borde del precipicio.
Para que se manifieste el carácter instrumental que el integrismo islamista tiene para EE UU conviene situarnos después de la Segunda Guerra Mundial, cuando las tensiones de la guerra fría se desfogaban en los escenarios que brindaba el tercer mundo. La consecuencia de la guerra fría, el triunfo de EE UU, coincide con la culminación del proceso de descolonización. En junio de 1948 abandona India el último gobernador inglés. En octubre de 1949 se proclama la República Popular China. Argelia, Vietnam, el fin del apartheid sudafricano... muestran que el proceso fue doloroso en todos los países. La libertad de esos pueblos, como siempre, fue fruto de las guerras libradas contra las potencias colonizadoras. Este proceso de descolonización no ha concluido, ya que EE UU pretende suplantar la antigua estructura imperial por una dominación neocolonial basada en la dependencia económica, imponiendo gobiernos títeres allí donde sus intereses no admiten descuidos, y llegando a la intervención militar cuando no da resultado la manipulación política.
Hoy, de este proceso de descolonización, China e India han surgido como potencias mundiales, con una cultura, economía y ejércitos imposibles de digerir por EE UU. Lo que nos permite suponer que en el futuro estas dos regiones se desarrollarán en función de sus dinámicas internas, cada vez más independientes de la voluntad de EE UU. Quedan por definir otros tres grandes bloques: el mundo musulmán, la América Latina y el África negra.
El proceso en el mundo musulmán es especialmente complejo por el carácter estratégico del petróleo y por la singularidad cultural del Islam. En los años sesenta parecía que los países árabes se iban a articular en torno a una identidad única, laica y socialista, donde las ingresos del petróleo permitirían iniciar un proceso de modernización y desarrollo rápido que les permitiría confluir con la orilla cristiana del mediterráneo. Este proceso es abortado por EE UU, que teme que unos países árabes independientes y prósperos fortalezcan el bloque de los no alineados, y le resten fuerzas en el pulso que mantiene con la URSS. Así el sueño de un Mediterráneo regenerado, crisol donde se desenfundan razas, credos y culturas deviene en tarea imposible. Ahora los integrismos religiosos de las dos orillas amenazan con enviarnos a todos de nuevo a la Edad Media.
El integrismo religioso de los neoconservadores americanos tiene su trasunto en el integrismo islamista. Uno es causa del otro. Si uno desaparece el otro pierde su razón de ser.
Las pruebas de cómo se alimentan mutuamente los integrismos son tan abrumadoras que alguien puede suponer que actúan de forma concertada. Sin ánimo de ser exhaustivos podemos enumerar:
-Los puntos oscuros del ataque a las Torres Gemelas. Sobre todo el que los Fondos de Inversión ligados a los sectores neoconservadores hicieran fortuna apostando al hundimiento de la Bolsa en la fecha del ataque.
-La relación de amistad comercial entre los Bush y los Bin Laden. Antes, durante y después del ataque.
-La alianza militar entre EE UU y los talibanes en la guerra de Afganistán, que dio la puntilla al régimen soviético.
-El apoyo de Israel en los años ochenta a los integristas de Hamás para erosionar el poder de Al Fatah.
-El hecho de que la mayoría de las víctimas del Al Qaeda en Iraq son chiítas, atacados incluso en las mezquitas con ocasión de celebraciones religiosas.
-La deriva autoritaria de EE UU, que estaba diseñada con anterioridad al ataque a las Torres Gemelas. Es precisamente ese ataque quien la justifica, la causa que permite aplicarla sin que nadie rechiste. Hay un recorte de derechos civiles y libertades políticas, con riesgo evidente de que EE UU se convierta en una república plebiscitaria, donde un presidente con poderes absolutos, con la excusa de luchar contra un terrorismo que ellos mismos han creado, se convierta en dictador absoluto. EE UU, como todas las potencias absolutas, ha caído en la tentación del inmovilismo, ensimismado en las grandezas conseguidas, abstraído de la realidad, funcionando como un autómata.
No quiero realizar ninguna especulación. Incluso a pesar de las evidencias, no quiero creer que exista un acuerdo tácito entre los fundamentalistas, y aunque lo hubiera, no creo que exista ninguna conspiración que sea capaz de gobernar la complejidad y despejar la incertidumbre, el azar, de los acontecimientos históricos. Pero es evidente que hay una dinámica de la que salen fortalecidos los fundamentalistas. Son ellos quienes llevan la iniciativa e imponen su programa. El incidente de los dibujos de Mahoma nos da una idea de esa dinámica. Un periódico de la ultraderecha danés brinda la oportunidad a los integristas islámicos para atacar las libertades en Europa. De ese incidente salen fortalecidos los integristas de ambas orillas. Con la paradoja de que los movimientos neonazis coinciden con el integrismo islámico en la táctica interpretativa que aplican al holocausto judío.
No se puede seguir ignorando que al haber dejado la iniciativa a los fundamentalistas, se han desbocado de nuevo los caballos del Apocalipsis, surge la amenaza de las guerras de religión, tan despiadadas como absurdas. Otra vez el miedo a la libertad, la autocensura, el coserse la boca, el no pensar lo que se sabe, el no decir lo que se piensa, el sentirse aterrorizado, sin capacidad de actuación, ante un futuro incierto.
Esto ocurre porque las sociedades occidentales modernas han traicionado el ideario que las alumbró. El Mercado ha suplantado absolutamente a la soberanía popular. El sistema parlamentario de representación de la soberanía popular es un fósil que solamente sirve para legitimar los desafueros del Capital, verdadero amo y legislador. El Capital ha perdido sus complejos, cual monarca absoluto se exhibe con orgullo, libre de controles, regulaciones y ataduras. Todo se supedita a él, para mayor gloria de su divinidad. A la humanidad y a la naturaleza se las sacrifica constantemente en el altar del beneficio.
Las sociedades dominadas por este monstruo son fiel reflejo de su naturaleza. Las relaciones interpersonales se han convertido en relaciones de dominación, donde el más ambicioso y violento triunfa. Las esperazas de justicia, libertad, solidaridad "prisiones son donde al más activo nacen canas", quien no se desprenda de ellas, no prospera.
Una de las consecuencias más visibles es que la cohesión social se ha roto. Los sistemas de solidaridad han desaparecido, las pensiones, la sanidad, la educación... públicas están degradadas. En este ambiente los conflictos "identitarios" se exacerban. Al individuo no le sirve de nada ser ciudadano, eso no le confiere garantía ni seguridad alguna, así que su esperanza la pone en la tribu, en la secta, o en la iglesia. Es así como el individuo adquiere la identidad, la dignidad, que le niega el sistema.
Los políticos se "sorprenden" de que las segundas o terceras generaciones de inmigrantes estén menos integradas en el sistema que sus padres y abuelos. No quieren reconocer que la causa es el cambio social que se ha producido en los últimos treinta años. Las sociedades han pasado de aplicar la integración, a practicar la segregación social. No solamente estos descendientes de inmigrantes, hoy las tensiones y requerimientos del sistema son tan perentorias, que cada vez más gente cae en la exclusión social. Se han desmontado los mecanismos que en caso de crisis amortiguaban la caída y facilitaban la recuperación. Así que los jóvenes sudamericanos se agrupan en bandas violentas, los árabes en mezquitas integristas y los nativos en dogmas ultranacionalistas.
Esta exacerbación "identitaria" no es la causa de conflictos futuros. Es la desaparición de lo social, de lo ciudadano, el predominio del Capital, lo que causa los conflictos, ya casi guerras declaradas, "identitarias".
Si a esta situación de explosión social añadimos la inocultable degradación ambiental, con sus secuelas de catástrofes naturales, cada vez de mayor envergadura, el futuro no puede ser más desolador. Sobre todo cuando carecemos de instrumentos para hacer frente a estos desastres. Los gobernantes y magnates inconscientes que dirigen el mundo. La manipulación de los medios de comunicación. Todo parece dispuesto para producir la asfixia de la sociedad civil, impedir que se movilice ante esta situación de emergencia.
Este retorno de la sinrazón coincide con un repliegue de las ideas de emancipación social. Hay que reconstruir la participación política, promocionando la intervención directa de los ciudadanos y desmontando los instrumentos de mediatización. Hay que limitar y regular el mercado, para que los deseos y necesidades de las personas y la naturaleza sean atendidos. Hay que dar prioridad a lo social, público y natural, sobre lo privado, individual y artificial. Hay que destruir cualquier poder o institución que esté por encima o al margen de la soberanía popular. Hay que restablecer a la razón como guía de la sociedad, reduciendo los dogmas y creencias al ámbito de lo particular. Está en juego el futuro del Planeta.
En esta tarea no hay que ser mezquinos ni sectarios. Nadie tiene la verdad absoluta. Solamente aquellas iniciativas que sean capaces de integrar a colectivos heterogéneos, para conseguir objetivos comunes, tendrán posibilidad de éxito. No es momento de crear conflictos y enfrentamientos, de esto andamos sobrados. Hay que tener capacidad de gestionar la exclusión que produce el sistema, e integrarla en valores de solidaridad, igualdad y libertad. Esa exclusión debe organizarse para recuperar los recursos y espacios con los que atender sus necesidades y demostrar que esa gestión es más eficaz, productiva y sostenible que la que ofrece el sistema.

Juan de la Lama Subir


Cuestiones de la libertad de expresión

Sacar las cosas de contexto y mezclar distintos conceptos es algo que a los políticos oficiales y a los periodistas afectos al sistema en el que vivimos les encanta y se les da de maravilla.
En las últimas semanas hemos comprobado a través de dos noticias bastante suculentas, que la premisa anterior se cumple a rajatabla. Al crearse ese estado de opinión un anarquista debe hacer un análisis de por qué se producen tales cuestiones y sobre todo emitir una opinión sobre acontecimientos importantes en el contexto internacional.
La primera de estas noticias ha sido las tan traídas caricaturas de Mahoma. A tenor de la publicación por parte de un periódico danés de un Mahoma con bombas en la cabeza, se ha desatado toda una serie de opiniones y de acciones, tanto en el mundo occidental como en el mundo árabe, sobre este acontecimiento. Lo primero que habría que decir es que esas caricaturas no son nuevas. Ya salieron el septiembre pasado y no provocaron ningún tipo de reacción. Sin embargo a alguien le ha interesado que ahora se le diera mayor circulación y provocara una autentica "guerra de las caricaturas". Hemos escuchado las opiniones más absurdas. Desde aquellos que defendían la idea de que cada periódico tiene su libertad de expresión y puede publicar lo que quiera, hasta aquellos que decían que la libertad de expresión tiene un límite y hay que respetar las creencias religiosas de la gente. Y es curioso que esta segunda opinión la emitan Estados y dirigentes que ni en sus propias fronteras respetan la libertad de movimiento de las personas.
Ante estas dos opiniones hay varios comentarios al respecto. ¿Ha respetado la religión a lo largo de la historia la creencia o pensamiento de los demás? A los hechos históricos nos remitimos. Ni el catolicismo ni el islamismo ni el judaísmo ni cualquier religión que pongamos encima del tapete se ha caracterizado por la tolerancia y el respeto. Los católicos han tenido y tienen su inquisición, de la cual hasta hace muy poco era dirigente el actual jefe de la Iglesia católica, Benedicto XVI. A lo largo de la historia la religión ha bendecido las armas en la guerra y ha llamado a la aniquilación del "enemigo ateo y materialista". El islamismo, que es la religión que con estas caricaturas se pone en tela de juicio, tiene los mismos parámetros. Con concepciones medievales, los islamistas tienden a la creación de regímenes teocráticos, donde los derechos más elementales son sistemáticamente vulnerados. Si recopilamos un poco vemos que en países islámicos la pena de muerte por lapidación sigue vigente; en Irán mas de 5.000 homosexuales han sido asesinados por el régimen desde la llegada de Jomeini, los derechos de las mujeres son vejados, etc. Durante el régimen talibán en Afganistán destruyeron obras de arte bajo la pretensión de que eran hijas de Satán y cuestiones por el estilo.
Es decir, que aquellos que reclaman respeto, no respetan nada. Lo absurdo llega con las democracias occidentales, que llaman a la calma diciendo que tenemos que respetarnos unos a otros, que hay que respetar la libertad de expresión y también a los musulmanes. Mientras los islamistas destruían embajadas, llamaban a la guerra santa e incluso en Arabia Saudí cerraban un periódico porque reproducía las caricaturas en cuestión.
Poca memoria histórica la de todos los países. En casi todos los países occidentales existió una prensa fuertemente anticlerical, donde a través de la sátira se denunciaban los abusos de la Iglesia y de la religión. La reacción de los Estados era la persecución a los redactores y directores de dichos periódicos, el cierre de los mismo cuando no peores finales. Pero no entremos en casos concretos donde la Iglesia y la religión se han erigido como juez y parte y han llevado hasta la muerte a gente que no pensaba como ellos (solo nombrar el caso de Ferrer Guardia y toda la campaña montada por los jesuitas contra él)
Y siguiendo esta línea de argumentación surge otro segundo aspecto que en las últimas semanas me ha llamado la atención. Se dijo que las caricaturas lo que fomentarían sería el rebrote de los grupos de extrema derecha en Europa contra la inmigración. Teniendo en cuenta que la extrema derecha tiende a mezclar todo y hacer propaganda populista barata era de prever. Pero aquí vienen las extrañas alianzas que la historia nos depara. Irán, en plena vorágine contra Israel y contra todo lo judío, convoca un congreso internacional antijudío en Teherán, donde Ahmadineyad, presidente de Irán, invita a todas las organizaciones de extrema derecha europeas para que muestren al mundo las mentiras del Holocausto. ¿No es esto una provocación o solo se dice provocación a sacar una viñeta con la cara de Mahoma? ¿Quién pone los límites entonces? ¿Dónde está la condena por parte de los llamados "países civilizados"?
Al mismo tiempo se celebraba en Viena un juicio contra un pseudo historiador llamado David Irving autor de una obra titulada "La guerra de Hitler", en la que afirma que Hitler no estaba al tanto del tema del Holocausto y que siempre tendió la mano a los judíos. Llegó incluso a negar la existencia de las cámaras de gas. Viena le ha condenado a 3 años de prisión, pues allí como en Alemania hacer apología del Holocausto está tipificado como delito. Sin entrar a valorar una sentencia emanada de leyes capitalistas, hay que decir que muchos han manifestado que es injusto porque tenemos que tener libertad de expresión para decir lo que queramos. Nosotros diríamos que una cosa es la libertad de expresión y otra es la falsedad histórica, y aquí todos están entrando en ese juego. No se pueden negar las evidencias, y apoyar lo efectuado en la Alemania de Hitler es incitación y apología del nazismo. Y como vemos uno de los Estados que piden respeto para sus creencias, como es Irán, llamó a estos personajes para que desde sus tribunas defendiera la propaganda antijudía.
Pero que nadie se lleve a engaños ni haga demagogia. Criticar la teoría de los más extremistas no es hacer buenos a los extremistas del otro lado. Hoy Irán esta en el ojo del huracán de las potencias imperialistas occidentales. El pueblo iraní puede ser víctima de un ataque similar al de Iraq, motivado por el deseo imperial de unos Estados y por la política miope y fanática de su propio presidente. Los anarquistas nos oponemos a las guerras entre los pueblos, pilar fundamental en el que se han sustentado las teorías religiosas y extremistas. Los anarquistas no hacemos bueno a ningún Estado, porque todos comparten el mismo principio, la opresión abusiva al individuo y su completa anulación como persona.
Lo que se quiero trasmitir es que todos tenemos derecho a expresar lo que opinamos, que no tenemos que poner límite a expresar nuestra creencia, siempre que se respete físicamente al otro. Ya decía Bakunin que mi libertad termina donde comienza la del otro. Pero esto no es óbice para que critiquemos a la religión, institución y tendencia opresora, como queramos. Porque los que no queremos ni a Mahoma, ni a Cristo, ni Alá, ni a Yahvé, ni a Dios ni a nada que sea soteriológico y esté basado en el oscurantismo, no nos tienen que decir que respetemos esos símbolos de la opresión. Lo mismo que tenemos que criticar las falsedades que se emanan desde determinados puntos cuando niegan la verdad y la evidencia histórica.
Tanto en un caso como en otro es hacerle un flaco favor a los pueblos y a su avance progresivo. Y los anarquistas siempre estaremos con los pueblos y no con los fanáticos ni con los falsificadores.

Shlomo Vlasov Subir


El mito de la nación

Todas las madres y todas las patrias nos quieren pequeños para que seamos más suyos. La diferencia es que la madre llora y acaricia; la patria detiene y castiga.

J. Benavente

Dadme un Estado y construiré una nación.

Josef Pilsudski
(líder independentista polaco)

Si bien creo que la visión anarquista del nacionalismo -concepto político para nada unidimensional, ni por su propia amplitud y ambigüedad, ni por los numerosos rechazos que recibe- es negativa, las más de las veces, por unos nítidos principios ideológicos que pretenden superar la parcelación patriótica, étnica o identitataria, y establecer estrechos lazos de colaboración entre los pueblos con el fin de expandir la libertad y la cultura, conviene analizar con detalle un fenómeno complejo, enmarañado con el tiempo, que es utilizado por todas las opciones políticas estatalistas y jerarquizantes. Conviene dejar claro, a priori, la asociación política que conlleva el nacionalismo político al llamado "derecho de autodeterminación", que aspira inevitablemente a la creación de un Estado para administrar sus intereses, por lo que las ideas libertarias se muestran, obviamente, opuestas a semejante objetivo.

Algunos puntos de vista anarquistas del nacionalismo
En el protoanarquismo, se puede comprobar que Proudhon observaba la nación disociada del Estado, como parte de un engranaje de organización federativa, clave para la construcción del internacionalismo en la futura sociedad; poseía esta visión un carácter flexible y descentralizador y debía sustentarse en otras entidades autónomas como la región, el municipio o el barrio. Para Bakunin, la formalmente llamada "liberación nacional" de los pueblos sometidos estaba indisociablemente unida a la revolución social antiestatista y federalista -es conocida su visión al respecto sobre los distintos pueblos eslavos, enfrentados a los imperios ruso, austriaco, turco y prusiano-, negando, a priori, cualquier derecho histórico o político ya que la voluntad del pueblo se encontraba por encima de todo; opinaba que la nación es para los pueblos lo mismo que la individualidad para cada uno, un hecho natural y social, un derecho inherente a pensar, a hablar, a comportarse y a sentir de una manera propia, enfrentada a los Estados, tendentes a anular esa libertad tanto en naciones como en individuos. Es importante insistir en la divergencia ideológica de Marx y Bakunin, también notable en este aspecto. La visión del alemán, insistente en su teoría de la expansión económica y desarrollo de las fuerzas de producción que desembocarían en el socialismo, negaba cualquier particularismo local o nacional -y, por lo tanto, negaba cualquier movimiento independentista o revolucionario a nivel local- ya que sería absorbido por el gran proceso. De nuevo estamos ante un conflicto polémico que conlleva demasiados vericuetos, especialmente con la perspectiva histórica que nos da la actualidad. Sin embargo, hay que destacar el mayor acierto y honestidad del anarquista ruso -al menos, en aquel contexto histórico- frente al pensador germano. Hay que matizar que para Bakunin la nacionalidad, separada del Estado, no era un principio universal ni un ideal en sí mismo, sino una consecuencia histórica, un hecho local del que tienen derecho a participar los pueblos. Kropotkin no se encontraba muy lejos del ruso en sus análisis de los movimientos de liberación nacional, los cuáles no podían tener un carácter meramente nacionalistas ya que los factores económicos y sociales eran vitales para su lucha anti-imperialista. Consideraba que los libertarios debían estar al lado de esta lucha contra la opresión, y darle un mayor énfasis a la cuestión social.
Rudolf Rocker, gran pensador y activista del anarcosindicalismo, en su obra "Nacionalismo y cultura", se muestra claramente reacio al concepto que nos ocupa al ver una "voluntad de poder" detrás de todo lo nacional y considerar que "el aparato del Estado nacional y la idea abstracta de nación han crecido en el mismo tronco"; la separación de unos pueblos y otros tiene su génesis y su fortalecimiento en la opresión política de los Estados. Consideraba el teórico alemán que existía una clara ruptura entre la cultura y el nacionalismo, ya que era mucho más influyente en el individuo su entorno intelectual que el llamado "espíritu nacional". El "nacionalismo cultural" es indisociable de su vertiente política, mostrando las mismas aspiraciones de dominio. Para Rocker, la separación entre pueblo y nación era tan clara como entre sociedad y Estado; bajo ningún concepto se puede considerar el Estado como un efecto de la nación, más bien a la inversa. La conciencia nacional, al igual que la religiosa, no es innata en el ser humano, sino algo impuesto por el ambiente o la educación, una traba más en la definitiva emancipación universal. Es este criterio el que, bajo mi punto de vista, más se ajusta a la visión general anarquista, el de considerar a todo nacionalismo fundamentalmente reaccionario, ya que pretende la uniformización de una comunidad en base a unas creencias predeterminadas. El nacionalismo se mostraría como una creación cultural apriorística elevada a la categoría de sujeto colectivo, que se eleva por encima de los individuos y los relega a una condición histórico-cultural parcelada; se establecen así, artificialmente, diferentes identidades que abundan en la separación y falta de colaboración de la humanidad. Insistiré, que este análisis no difiere demasiado del que se haría de la religión desde una óptica libertaria. El mismo Rudolf Rocker afirmó que el nacionalismo constituía la religión del Estado.

La visión del nacionalismo en los libertarios españoles
No es casual el nombre que adoptó el proletariado militante, que engrosó la popularmente conocida como "Internacional", y que, posteriormente, solo los seguidores de Bakunin se mantendrían fieles a un internacionalismo empeñado en acabar con todos los mitos ideológicos que supusieran opresión de alguna índole, incluido el de la patria y su concreción política, la nación.
Ya en los primeros análisis de los anarquistas españoles, pueden observarse dos lúcidos enfoques en la crítica al patriotismo -mantenidos, a mi entender, fortalecidos por el tiempo y la historia-. Uno, puede decirse abstracto, humanista y racional, señala la división impuesta y artificial que la humanidad sufre por las llamadas patrias, allí donde debiera haber fraternidad universal y cosmopolita, basada en los valores comunes y calidad de todos los seres humanos; otro punto de vista libertario que analiza la deformación ideológica llamada patria, sostiene que ésta supone una perpetuación de los privilegios de clase y de la sumisión de los trabajadores en aras de anular su unión supranacional. La aceptación de una supuesta confraternización entre miembros de un mismo territorio nacional resulta, incluso, una falacia si se observa que existe mayor solidaridad entre integrantes de una misma clase, oficio, etc.
El patriotismo puede ser entendido como un sentimiento natural de apoyo al lugar y de solidaridad con la sociedad en que vivimos. Pero, de ninguna manera, debe convertirse en barrera egoísta que nos aísle y enfrente a los demás pueblos; es necesarios ampliar ese sentimiento patriótico -que pudo tener su origen en la familia o en la tribu- al resto de la gran familia humana, bajo el lema de la fraternidad universal. El gran teórico español Ricardo Mella señaló el nacionalismo regionalista como la expansión de un particularismo retrógrado y de un sentimiento atávico tan rechazable como el centralismo al que se opone. De nuevo es importante acudir a la memoria histórica y al pensamiento de hombres adelantados a su tiempo, al ver en este comienzo de un nuevo siglo cómo el panorama político que sufrimos sigue enfrentando a españolistas con regionalistas, a centralistas de diverso pelaje con aquellos que pretenden construir su propio Estado, no por pequeño, necesariamente menos despótico; el factor social queda, naturalmente, en un segundo plano dentro de este triste circo de luchas nacionalistas de diferente índole. Volviendo a algunos análisis libertario de los anarquistas españoles en la historia, consideraron que la aceptación de una supuesta confraternización entre miembros de un mismo territorio nacional resulta, incluso, una falacia si se observa que existe mayor solidaridad entre integrantes de una misma clase, oficio, etc. No hay que ignorar algunas críticas a esta visión libertaria generalizada por pecar en algunas ocasiones de demasiado simple, ignorando las raíces del fenómeno nacionalista, regionalista o españolista, en toda su complejidad.
El movimiento libertario español, y el anarquismo en su conjunto, se mantendrían leales a su afán internacionalista que conllevaba la desaparición de las clases y de las naciones. No así la vertiente autoritaria del socialismo que ya en la II Internacional hizo ver su faz estatalizadora y acabaría utlizando la cuestión nacional como estrategia, abandonando su origen socialista cuya idea-fuerza era que "los trabajadores no tienen patria" o que ésta la constituía el mundo entero.
Voy a tratar, en el siguiente punto y a un nivel más personal, de insistir en algunos aspectos del mito nacional que ya he mencionado por boca de autores clásicos.

Mitología nacional e identificación con lo militar y lo religioso
Empecé este texto asumiendo la amplitud del concepto que nos ocupa y difícil continúa siendo encontrar los límites para una definición aceptable. Sin embargo, sí me parece rechazable la ideología nacionalista desde una defensa de las libertades individuales y de la ética cuando parece sostener que lo más importante para el ser humano es su afiliación nacional, innata en él, provocando, en última instancia, los mayores sacrificios y actos dignos de ser reprobados en otras circunstancias, justificados en nombre de la "patria" o la "nación" (términos que merecerían ser analizados por separado pero que la historia parece haber unido, haciéndolos intercambiables, quizá con una connotación sentimental mayor en el caso de la "patria"). Parece obvio que es el nacionalismo el que inventa la nación y por eso nada tiene de "natural"; son aquellos que se erigen en líderes nacionalistas y salvaguardas de las esencias patrias los que recogen y seleccionan las características identitatarias que les convienen a sus objetivos políticos, características que poco o nada suelen tener en común con las de cada individuo en particular y con el pueblo en general; cuando se habla de nación, no puedo evitar entender que alguna forma de dominación política se adueña del término. Se ha añadido en muchas ocasiones un adjetivo a la cuestión nacionalista: "pacífico", "no excluyente"... y es porque el mito de la nación parece ir unido a lo "agresivo", al enfrentamiento entre el "yo colectivo" y "los otros" donde entra en juego la odiosa maquinaria bélica, que reafirma su patriotismo en la existencia de un "enemigo" constante, el cual si no existe habrá que inventarlo. Llegamos a la conclusión de que existe una vinculación entre lo "militar" y lo "nacional" que puede llegar a identificar peligrosamente al individuo y a la comunidad a la que pertenece -así como a la forma de organización social de la misma- con la más extrema concepción del autoritarismo que es el ejército. Tenemos, por lo tanto, un odioso concepto: "la unidad sagrada de la patria", formada por un universo mitológico donde la justicia y racionalidad no tienen por qué tener cabida, o se relegan a un segundo plano ante el empuje de esos mitos que desembocan tarde o temprano en la puesta en marcha de la maquinaria bélica. Cualquier razón, las más de las veces se llamará "defensiva", bastará para la agresión a otras naciones-Estado, invocando seguramente cada una de las partes el nombre de la libertad.
La idea de patria o nación -y el Estado que las vertebra- no deja de ser un concepto cercano a la teología. Como las religiones, los nacionalismos y las naciones pueden ser malos o menos malos, según la deidad a la que se adore, pero todas encierran la falsedad y el despotismo en sus mitos creados artificialmente. Es hora de acudir de nuevo a los clásicos anarquistas, que ya denunciaron el fortalecimiento continuo que hacía la clase dirigente del mito religioso (y extensible al nacional, en su formación estatal) en aras de una supuesta válvula de seguridad para el pueblo. Me apresuraré a releer al viejo Bakunin -aunque seguro que él no hubiera estado totalmente de acuerdo conmigo en la manera de entender la nación, no hay que olvidar que era fundamentalmente un hombre de acción que le llevaba a estar al lado de pueblos oprimidos, frente a alguna forma de imperialismo, que él consideraba "naciones"- y su conocida obra "Dios y el Estado" -insisto, no todos identificarán Estado con nación, yo sí me permito hacerlo-, donde pasó revista a los conceptos teológicos tradicionales vinculándolos con la institucionalización de nuevos mitos -incluso el de la ciencia, la denuncia del autoritarismo no poseía límites en el gigante ruso- al servicio de unos pocos.
Resulta imprescindible denunciar las mitologías nacionales, basadas en supuestas esencias eternas, valores trascendentes o, peor aún, en gestas bélicas. Este razonamiento, por mucho que se maquille con palabras más ajustadas a los nuevos tiempos por parte de los Estados más fuertes y "democráticos", permanece actual, en su vertiente mítica y mixtificadora, independiente incluso del afán globalizador de la economía capitalista.
Es para mí una obligación del anarquismo el mantenerse fortalecido y coherente con su legado internacionalista, humanista e ilustrado. Algunas escuelas de pensamiento de la antigua Grecia ya exploraron una visión cosmopolita, que luego tendría acomodo en algunos aspectos del período de la Ilustración. Las ideas antiautoritarias asumen con fuerza esta visión de la humanidad como un todo moral, para nada enfrentada al natural amor que los seres humanos puedan tener a la tierra que les vio nacer.
De nuevo, mediante las ideas libertarias, debemos profundizar en los problemas creados artificialmente por los Estados-naciones y sus fronteras políticas, que no tienen nada de "naturales" y que suponen un obstáculo para una verdadera emancipación de la humanidad.

José María F. Paniagua Subir


Pa Kin, en torno a una vida

Li Yaotang de estado civil, y Li Feigán de nombre social, Pa Kin nació en Chengdu, capital de Shichuán el 15 de noviembre de 1904, en una China cuyo mandato celeste de la dinastía imperial de los King se había agotado y pronto se haría republicana. Procedía de una familia mandarina originaria de Jianxing (provincia de Chekiang). Su madre murió el verano de 1914, y su padre tres años después: "El primer golpe de mi vida fue la muerte de mi madre, y después la de mi padre. Era muy joven todavía, debería haber sido un niño protegido por sus padres. Un golpe tras otro, fue demasiado difícil de soportar".
El movimiento del 4 de mayo de 1919 acababa de terminar, y el país es la proa de los Señores de la guerra, cuando Pa Kin se matricula en una escuela moderna de Chengdu para seguir cursos de inglés (1920-1923). Devora febrilmente las nuevas publicaciones que van surgiendo por todas partes, y se entusiasma con las teorías anarquistas. Especialmente hay dos textos que llaman su atención, y que ejercerían sobre él un ascendente reivindicado, de los que propuso más tarde una versión china: A los jóvenes, de Kropotkin, y La gran noche, de Léopold Kampf. Abrazó el ideal y se adhirió a las filas de un grupo libertario local. A la revista de este grupo, La Quincena, entregó el primer artículo que conocemos de él, "Cómo edificar una sociedad auténticamente libre e igualitaria", que anuncia los casi trece millones de signos chinos que Pa Kin trazaría a lo largo de su vida. En 1923 viaja a Shangai con su hermano mayor, Li Yaolin, y enseguida a Nankín, donde es admitido en la escuela anexa de la universidad del Sudoeste. Con el diploma en el bolsillo, en 1925 regresa a Shanghai. No por ello colabora menos con la prensa libertaria, con su nombre verdadero o con otros prestados. Realiza también publicaciones literarias. Durante su estancia en Nankín entra en relación epistolar con Emma Goldman, su "madre espiritual", así como con Thomas Henry Keell, director de la revista londinense Freedom (1926).
Al no conseguir entrar en la prestigiosa universidad de Pekín, decide, en 1927, dirigirse a Francia con el fin de realizar improbables estudios (de ciencias económicas al parecer) y de aprender francés. El asunto Sacco y Vanzetti toca a su trágico final, y las campañas en defensa de los dos obreros italianos impresionan al joven. Toma contacto con el comité de apoyo y escribe e Vanzetti, que le contesta desde la cárcel. Al mismo tiempo, traduce a Kropotkin (La conquista del pan, 1927, revisada en 1940, con el título El pan y la libertad), y Ética, su origen y su desarrollo (1927, revisada en 1941), estudiando en profundidad para ello a Aristóteles, Platón y los Evangelios. Multiplica sus intervenciones en la prensa libertaria, especialmente en La igualdad (Pingdeng, 1927-1929), revista china publicada en San Francisco -con la ayda de un obrero chino que vivía allí, Liu Zhongshu (Ray Jones)-, y publica dos libros: El anarquismo y la cuestión de la práctica (1927) con Shu Huilin y Jun Yi (Woo Yong-hao), y Los pioneros de la revolución (1928), obra en la que celebra la "intensa grandeza de los mártires anarquistas". Tiene correspondencia con figuras célebres de la causa antiautoritaria, como Emma Goldman (1927), Alexander Berkman (1928) o Max Nettlau (1928). Costumbre que conservará hasta 1950, como lo demuestran sus intercambios postales con Agnès Inglis (1948-1950), Rudolf Rocker (1948-1949), Joseph Ishill (1949), Boris Yelinsky (1949) o la Comisión de Relaciones Internacionales Anarquistas (1949), y sus intercambios de prensa con diversas publicaciones extranjeras, entre ellas, Le Libertaire en Francia.
En Francia termina Destrucción, su primera novela, publicada en 1929 en forma de folletín, en la revista más prestigiosa de por entonces Xiaoshuo yuebao (La novela mensual). La acogida triunfal de los lectores, especialmente los más jóvenes, lo animó a tomar definitivamente el camino literario bajo el seudónimo Pa Kin (la primera letra fue elegida en homenaje a uno de sus compañeros, que se suicidó en París; la segunda es el último carácter de la transcripción en chino del patronímico de Kropotkin). De regreso a China en 1918, Pa Kin se instala en Shanghai y en los años siguientes compone varias de sus novelas más famosas: su trilogía El amor (Niebla, 1931; Lluvia, 1933; Resplandor, 1935) en las que participan los jóvenes intelectuales revolucionarios, y sobre todo, Familia (1933), inspirada en la vida de los suyos, considerada como su obra maestra, primera parte de otra trilogía, El torrente, que completaría más tarde.
Sin embargo, no abandona sus actividades militantes. Se ocupa de las publicaciones libertarias El libertario mensual (enero-abril 1929) bajo el seudónimo de Marat, o Antes del momento (enero-julio 1931), y de una revista esperantista Verda Lumo (Luz verde), porque fue hasta el fin de su vida un partidario convencido de la lengua universal, que había descubierto a los catorce años. Publicó tres grandes obras: En el cadalso (1929), una galería de retratos de terroristas rusos del siglo XX, acompañada de estudios sobre los mártires anarquistas de Chicago o sobre la vida de Sofia Parovskaia, sobre la historia del nihilismo ruso y sobre la gesta de los anarquistas franceses de la belle époque, con textos dedicados a los mártires de Tokio o al asunto Sacco y Vanzetti, así como de una carta sobre "Anarquismo y terrorismo"; Diez heroínas rusas (1930), otra galería de retratos, entre ellos el de Vera Zassulitch y el de Vera Figner; y Del capitalismo al anarquismo (1930), una libre adaptación de la obra de Berkman, El abc del comunismo libertario (1929).
En noviembre de 1934, para escapar del opresivo ambiente social que reinaba en su país (en varias ocasiones, sus escritos habían sido censurados por las autoridades del gobierno nacionalista, por juzgarlos muy subversivos), Pa Kin abandona China y se dirige a Japón, donde pasa varios meses en Yokohama y en Tokio, donde fue detenido por la policía por un corto espacio de tiempo. De regreso a Shanghai, se hace cargo de las ediciones Vida y Cultura, pero sin que ello constituya una vocación imperiosa: "Me gustaba escribir y traducir, sólo he sido editor cuando no había otro que quisiera encargarse del trabajo". Incluye en una de las colecciones que dirige uno de sus libros, Historia del movimiento social ruso (1935).
La guerra chino-japonesa (1937-1945) le llevó a un errar continuo, como a muchos otros escritores. Se refugió en Cantón, en Guilin e incluso en Chongking. En Guiyang también, donde se casó, en mayo de 1944, con Chen Yunzhen (Xiao Shan, 1921-1972), con la que tuvo dos hijos, una niña, Li Xiaolín, en diciembre de 1945, y un niño, Li Xiaotang, en julio de 1950. Implicado en la oposición intelectual a la ocupación japonesa, fue uno de los dirigentes de la Asociación de Resistencia al Enemigo en los medios literarios y artísticos de toda China (marzo 1938), y de la filial de Guilin (noviembre de 1938), aportando su pluma al órgano de expresión Artes y letras de la guerra de resistencia. Paralelamente, desplegó su energía en informar a sus compatriotas sobre la situación de España mediante la revista Fuego de alarma (septiembre de 1937-octubre de 1938), de la que se encargó junto a Mao Dun, incluyendo una serie creada para la ocasión de folletos traducidos por él mismo, titulada "Pequeña colección de estudios sobre la cuestión española", en la que aparecieron de Rudolf Rocker, La lucha en España (1937); de varios autores, El combatiente Durruti (1938); de Augustin Souchy, España (1939) y Los sucesos de mayo en Barcelona (1939); de Albert Mining, Diario de un voluntario internacional (1939); y de Carlo Rosselli, Diario de España (1939). Se encargó de las versiones en chino de tres álbumes de dibujos procedentes de las oficinas de propaganda de la CNT-FAI: La sangre de España (1938) y El sufrimiento de España (1940) de Castelao, y El amanecer español (1938) de Sim. Son compromisos a favor de la revolución española, si bien el rechazo a pertenecer a la Liga de Escritores de Izquierda (1930-1936) le valió a Pa Kin la hostilidad de los comunistas, que acusaban a los anarquistas, como en todas partes, de sabotear la táctica del "Frente unido" (alianza entre comunistas y nacionalistas para combatir a Japón, o más exactamente la segunda alianza; el primer "Frente unido" se había formado con la intención de liberar a la China de los Señores de la guerra y se había saldado, en 1927, con el aplastamiento sangriento de Chang Kai Chek a sus seguidores).
Pa Kin no renuncia a la creación literaria. Lo vemos a la cabeza de Selecciones literarias (marzo 1937-enero 1939), con Jin Yi, su viejo cómplice, con el que había lanzado Estación literaria (junio-diciembre 1936), y publican seis novelas: los dos últimos volúmenes de "Torrente", Primavera (1938) y Otoño (1940), los tres tomos de Fuego (1940, 1941 y 1945) y El jardín de reposo (1944). Y comenzó La sala común número 4 (1946) y Noche helada (1947), su última obra de creación importante.
Entre la salida de Destrucción y la "Liberación" (1949), Pa Kin no se para. Su bibliografía, además de las obras que ya hemos citado, incluye ocho novelas más: El sol muerto (1931), Sueño en el mar (1932), Otoño en primavera (1932), Los mineros del antimonio (1933), Germinal (1933, vuelto a editar con el título Nieve), Resurrección (1933, continuación de Destrucción), La pagoda de la longevidad (1937) y Lina (1940), así como una serie de novelitas dispersas en las innumerables revistas en las que participó Pa Kin, que fue reuniendo en recopilaciones, como Venganza (1931), Claridad (1932), La silla eléctrica (1933), El paño (1933), El general (1934), El silencio (1934), Dios, demonios y hombres (1935), Inmersión (1936) e Historia de cabellos (1936). A ello se añade una gran cantidad de ensayos: "He tenido muchos amigos, para los que he escrito un montón de artículos. Eran cada vez más numerosas las personas que me pedían textos". Estos ensayos dieron lugar a una veintena de volúmenes: Viaje por mar (1932), Mis viajes al hilo del pincel (1934), Gotitas (1935), Confesiones de una vida (1936), Recuerdos (1936), Billetes breves (1937), Yo acuso (1937), El sueño y la embriaguez (1938), Cartas de un viajero (1939), Impresiones (1939), Tierra negra (1939), Sin título (1941), El dragón, los tigres, los perros (1942), La hierba que resucita (1942), Pequeñas gentes, asuntos sin importancia (1943), Notas de viajes diversos (1946), Recuerdillos (1947), La tragedia de una noche tranquila (1948). Por último, y con sólo 30 años, escribió su vida: Autobiografía de Pa Kin (1934).
Como traductor tampoco se quedó corto: Vera, de Léopold Kampf (1928); Una vida proletaria, de Bartolomeo Vanzetti (1929); La Rusia subterránea, de Stepniak (1929); La danza del esqueleto, de Akita Ujaku (1930); La gran noche, de Léopold Kampf (1930), La muerte de Danton, de Alexis Tolstoi (1930); Los cuentos de la estepa, de Máximo Gorki (1931); La primavera en otoño, de Julio Baghy (1932); La flor del pasado, de Edmundo d'Amicis (1933); Memorias de un revolucionario, de Kropotkin (1933); Memorias de prisión, de Alexander Berkman (1935); El umbral (selección de obras de Jaakoff Prelooker, Léopold Kampf, Stepniak y Turgueniev, 1939); A los jóvenes, de Kropotkin (1937); Una drama familiar, de Herzen (1940); Cantos de rebeldes (antología de diversos autores, 1940); Últimas rosas, de Theodor Storm (1943); Padres e hijos, de Turgueniev (1943); Tierras vírgenes, de Turgueniev (1944); Poemas en prosa, de Turgueniev (1945); El príncipe feliz (recopilacón de cuentos y textos en prosa), de Oscar Wilde (1948); Veinte años en la cárcel, de Vera Figner (1948); La risa (antología de textos de Dobri Nemirov, A. Kuprin, Bratescu Voinesti y Vasili Eroshenko, 1948); Los seis, de Rudolf Rocker (1949); Punin y Baburin, de Turgueniev (1949), Recuerdos de Chejov, Recuerdos de Tolstoi y Recuerdos de Blok, de Gorki (1950); Recuerdos de Turgueniev, de Isaac Pavlovski (1950); La flor roja, de Vsevolod Garshin (1950); Un acontecimiento inesperado, de Vsevolod Garshin (1951) y El monigote y la rosa, de Vsevolod Garshin (1952).
Cuando los comunistas tomaron el poder, aunque se había corrido el rumor de que Pa Kin había huido a Taiwan, se quedó y aceptó poner su pluma a su servicio, pero sin afiliarse al partido (sin duda los comunistas consideraron que no tenía la talla adecuada para el "tejido especial" del que hablaba Lenin). Pa Kin, que hasta ayer no había tenido más que severas palabras para el régimen soviético ¿iba a creer en la sinceridad del programa provisional de sus seguidores chinos? No era imposible, como podríamos deducir de las palabras que dirige a Agnès Inglis el 18 de septiembre de 1950: "Quizás tenga la suerte de asistir a la puesta en marcha de la reforma agraria, de la distribución de las tierras a los campesinos pobres. Es la destrucción del feudalismo en China. Una gran cosa, sin duda". A menos que hubiera sido seducido por las atenciones que rodeaban a alguien que se consideraba todavía anarquista. Porque, evidentemente, nadie ignoraba sus convicciones políticas. A los guardias rojos que lo secuestraron durante la Revolución cultural, Pa Kin reveló que, habiéndose encontrado con Mao en Chonkin en los años 40, éste le había dicho: "Es curioso, se dice que eres anarquista". A lo que respondió Pa Kin: "Es cierto. Y yo había oído decir que tú también lo habías sido hace tiempo".
En julio de 1949, cuando los comunistas no son todavía dueños absolutos del país y aún no se ha proclamado la República Popular, Pa Kin se incorpora a la Federación de las Artes y las Letras de China, de cuyo presidium formará parte (octubre 1953), luego será uno de los vicepresidentes (agosto 1960). Formó parte también del comité permanente de la Asociación de Escritores de China (julio 1949), y obtuvo una de las vicepresidencias (octubre 1953). Ocupó puestos análogos en la filial de Shanghai de esos dos organismos, así como de otras instituciones nacionales menos importantes. También realizó misiones internacionales: en noviembre de 1950 asiste al II Congreso Mundial por la Paz, celebrado en Varsovia, y se aloja en Moscú; en abril de 1952 y agosto de 1953 acude a Corea del Norte; en noviembre de 1957 es invitado a las ceremonias del 40 aniversario de la Revolución de Octubre en Moscú; en octubre de 1958 dirige la delegación china que participa en la Conferencia de Escritores Afroasiáticos de Taskent, en Uzbekistán; y realiza tres viajes oficiales a Japón (marzo 1961, julio 1962 y noviembre 1963).
Pa Kin fue nombrado redactor jefe del Mensual de las Letras y las Artes, órgano de la rama de Shanghai de la Asociación de Escritores, desde su creación en enero de 1953 hasta enero de 1957, pasándose luego a la dirección de un comité editorial. En julio de 1957 toma las riendas, con Jin Yi al principio y luego sólo a partir de noviembre de 1959, de una segunda publicación de la Asociación de Escritores, Cosecha, que fue una de las más influyentes de China. Entre tanto, en octubre de 1959, el Mensual de las Artes y las Letras se transforma en Literatura en Shanghai, y Pa Kin será el responsable desde noviembre de 1960. En enero de 1964, Literatura en Shanghai y Cosecha se unen, y la nueva publicación pasará a llamarse Cosecha hasta marzo de 1966, fecha en la que se interrumpe: estamos en la víspera de la Revolución cultural.
Sus funciones no son sólo de índole cultural. Pa Kin forma parte de la Asamblea Nacional Popular como representante de la provincia de Sichuán (1954-1958) y como diputado de Shanghai (1959-1963 y 1964-1965).
Acaparado por todas esas tareas administrativas, renuncia a su arte de mala gana: "No me gustaban las reuniones, pero no me atrevía a faltar; hacía todo lo posible por evitar alguna. No participaba verdaderamente. Hacía constantemente examen de conciencia. Así he desperdiciado de veinte a treinta años de mi vida. Cuanto más me aplicaba en los estudios políticos, menos podía escribir. Paradójicamente, el título de escritor me privaba del tiempo necesario para ejercer mi oficio".
Salvo excepciones -Historias de héroes (1953), Perla brillante y Favorita de jade (dos cuentos para niños, 1957) o Li Dahai (1961), que son obras de creación- se consagrará de ahora en adelante exclusivamente a los sanwen o literatura de reportaje (relatos de sus viajes a Polonia, Corea, la URSS o Vietnam): Auschwitz: la fábrica nazi de asesinar (1951), Días de fiesta en Varsovia (1951), Cartas de ánimo y otras (1951), Vivir entre héroes (1953), Hemos encontrado al mariscal Peng Dehuai (1953), Los que salvaguardan la paz (1954), Días de alborozo (1957), Toda lucha que salva la vida (1958), Voces nuevas (1959), Amistades (1959), Canto de aclamación (1960), Un sentimiento inagotable (1963), Al borde del puente Hien Luong (1964), Viaje a la comuna Dazhai (1965).
En 1954 y 1955 llegan las campañas de "rectificación". Pa Kin es uno de los intelectuales que se movilizan contra los compañeros que no tienen olor de santidad, por ejemplo Hu Feng. Sin embargo en 1956, durante el período de las Cien flores, publica una decena de ensayos que critican la realidad social, prefigurando en cierto modo sus futuros escritos Al hilo de la pluma. Pero se ve obligado enseguida, durante el movimiento antiderechista de 1957, a cantar la palinodia y a cooperar en la denuncia de los escritores que se habían comprometido más que él. Pa Kin se implicará después en todas las operaciones dirigidas contra sus colegas: "Ahora, después de tantas `luchas´, de tantos `movimientos´, cuando pienso en los papeles que he desempeñado (incluso si me hubieran sometido bajo presión), estoy asqueado, avergonzado", confesaría retrospectivamente. "Cuando releo las páginas que he escrito hace treinta años, no puedo perdonarme y no pido a las generaciones futuras que lo hagan".
En octubre de 1958 le llega el turno de sentarse en el banquillo. Se había iniciado una campaña a propósito de sus libros anteriores a 1949. En efecto, había empezado a editarlos, aligerados de su contenido anarquista, bajo el título Obras de Pa Kin (14 volúmenes, 1958-1962). Y antes de eso, en abril, había cometido la imprudencia, en un artículo, de no fustigar con suficiente vigor a Howard Fast, el novelista americano que había roto con el comunismo. Los ataques se fueron haciendo más severos. De ahora en adelante, y a pesar del alegato que presentó, en mayo de 1962, para celebrar "El coraje y sentido de responsabilidad de los escritores" -aunque se trataba de un texto inscrito en una corriente general de liberalidad impulsada por el propio poder, y no de un acto de crítica por parte del escritor, pero no por ello le causó menos problemas durante la Revolución cultural- Pa Kin lo dará por dicho y no dudará en ocultar sus sentimientos y someterse a las autoridades chinas, actuando como el "loro" que ellos esperaban. Y hasta el fin de la Revolución cultural, Pa Kin persistirá en su actitud: "No he podido escapar a la tragedia de los intelectuales chinos", constatará amargamente.
En 1966, con el comienzo de la Revolución cultural, Pa Kin se desvanecerá inmediatamente de la escena pública. El 16 de agosto de 1966 se coloca un cartel en la filial de Shaghai de la Asociación de Escritores que lo denigra, y se le encierra en un "establo". El 10 de mayo de 1967, un artículo del Diario del pueblo lo acusa claramente, y el 18 de septiembre los guardias rojos lo conducen a la universidad de Fudan, donde permanece secuestrado un mes y sometido a interrogatorio. En enero de 1968 se sella la puerta de su biblioteca y se le prohibe acceder a las habitaciones del piso superior de su casa; el 20 de junio es arrastrado al Circo del pueblo, en Shanghai, para una "asamblea de lucha televisada" organizada por los medios culturales de la ciudad; y en septiembre se le envía a un gran "establo" de la sede local de la Asociación de Escritores. No vuelve a su casa hasta febrero de 1969. De mayo de 1969 a febrero de 1970 es enviado al distrito de Songijang, luego a Fengxian (cerca de Shanghai), a una Escuela del 7 de mayo para algos cargos, donde debe realizar trabajos manuales. No regresará de Fengxian hasta dos año y medio después para atender a su mujer, a la que no habían curado por ser su esposa y estar a punto de morir. En julio de 1973, el comité municipal de Shanghai del Partido Comunista decretó que el caso de Pa Kin revelaba "contradicciones en el seno del pueblo" (no "contradicciones entre el pueblo y los enemigos del pueblo") y le quitó la etiqueta de "contrarrevolucionario" que le habían pegado a la espalda, autorizándole a retomar sus trabajos de traductor. Revisa su versión de Tierras vírgenes de Turgueniev y, en septiembre de 1974, se dedica a Pasado y pensamientos de Herzen, que terminará en abril de 1977, cuando ya hacía seis meses que Mao había ido a reunirse con Marx y la Revolución cultural, que había durado diez años, acababa de terminar. En ese momento precisamente Pa Kin vuelve a la superficie. Tiene 73 años.
El 25 de mayo, el Digesto de humanidades incluye "Una carta" suya, y el 20 de octubre se reproduce una de sus novelas en Letras y artes de Shanghai, nueva fórmula de Literatura de Shanghai, que la inaugura. Pa Kin vuelve a sus funciones de vicepresidente de la Asociación de Escritores Chinos, de la que será el primer vicepresidente (noviembre de 1979), el presidente interino (abril de 1981) -el titular, Mao Dun, había desaparecido- y presidente (enero de 1985), puesto que le será confirmado en diciembre de 1996 y que ocupó hasta su muerte. Recuperó su puesto de vicepresidente de la Federación China de los Círculos Literarios y Artísticos, en el que fue reelegido en noviembre de 1979 y conservó hasta noviembre de 1988. Se le ofreció la presidencia del PEN de China y de otras instituciones. Y, en enero de 1979, cuando Letras y artes de Shanghai recupera el nombre Literatura en Shanghai, y Cosecha resurge de sus cenizas, será él quien dirija ambas revistas. Sus traducciones inéditas de Turgueniev y de Herzen aparecen en 1978 y 1979 respectivamente, a la vez que dos recopilaciones de Trabajos recientes (1979 y 1980) y una antología de escritos que van del año 1950 al 1979, titulada Resplandores (1979). A pesar de los sinsabores experimentados tras la salida de sus Obras en catorce volúmenes, permite la edición de sus Obras escogidas, en diez volúmenes, en 1982. Irán seguidas de sus Obras completas, en veintiséis volúmenes -recopiladas entre 1986 y 1994, reimpresas en 2000- y de sus Obras traducidas completas, en diez volúmenes, recopiladas en 1997. Esta vez no se expurgaron los textos anarquistas en ninguna de ellas.
Pa Kin recupera también su escaño en la Asamblea Popular Nacional, y es reelegido en febrero de 1978 diputado por Shanghai. En 1983 expira su mandato y es nombrado vicepresidente del Comité Nacional de la VI Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino.
Vuelven los viajes oficiales: a Francia en abril de 1979, con Gao Xinjiang, futuro premio Nobel de literatura, como intérprete; a Estocolmo en agosto de 1980 para el LXV Congreso Esperantista Internacional; a Lyón, en septiembre de 1981, para el XLV Congreso del PEN Club; luego a Zurich; y a Tokio, en mayo de 1984, para el XLVII Congreso del PEN Club.
En el extranjero se le colma de honores. En 1982 recibe de Italia el Premio Dante por su trilogía El torrente, y François Mitterrand, de paso por Shanghai al año siguiente, le condecora con la cruz de comendador de la Legión de Honor (7 de mayo de 1983); en 1984 es nombrado doctor honoris causa por la Universidad China de Hong Kong (18 de octubre), y en 1985 es declarado miembro de honor de la American Academy and Institute of Arts and Letters (15 de mayo); en 1990 se le concede la medalla del Pueblo Soviético (5 de febrero), mientras que en Japón se le otorga el Fukuoka Asian Culture Prize (19 de julio). Sus compatriotas tienen también ocasión de celebrar su gloria nacional. Pa Kin se instala definitivamente en el panteón de las letras chinas y no se deja de hablar de él como candidato al Premio Nobel. Se le dedican coloquios, estudios, publicaciones especializadas, etc. En junio de 1989, el Observatorio de Pekín, que ha descubierto un nuevo asteroide, lo bautiza con su nombre, y el 25 de noviembre de 2003, el día de su 99 aniversario (el 100 para los chinos), el Consejo de Estado del gobierno chino le concede el título de "escritor del pueblo".
Pa Kin, que no había escrito una sola línea desde hacía diez años, se lanza en diciembre de 1978 a una serie de sanwen bajo el título genérico de Al hilo de la pluma, ciento cincuenta en total, que serán publicados en El Imparcial de Hong Kong, antes de publicarse en cinco pequeños volúmenes, primero en Hong Kong y luego en Pekín: Al hilo de la pluma (1979), Búsquedas (1981), Palabras verdaderas (1982), En el transcurso de mi enfermedad (1984), y Sin título (1968). En ellos, Pa Kin vuelve a su pasado sin complacencia. El conjunto de sus memorias, de su testamento intelectual y de la confesión se presenta como una condena en regla de la Revolución cultural, pero partiendo del sistema que la hizo posible: "He dicho la verdad, ya puedo abandonar el mundo con el alma en paz. Hay cinco volúmenes que encierran verdades, para el `museo´ en el que se denuncia la `Revolución cultural´".
Pa Kin murió el 17 de octubre de 2005. Afectado por la enfermedad de Parkinson, pedía desde hacía tiempo, en sus accesos de lucidez, que se le acortaran los sufrimientos. Sus cenizas debían arrojarse al mar de China, junto a las de su esposa, que conservó en una urna cerca de su cama.

Angel Pino
(Le Monde libertaire) Subir


 

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