PERIODICO ANARQUISTA
Nº 207
 OCTUBRE 2005

 

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Agentes, doctrinas y países

Es interesante ver cómo aquellos que ofrecen una alternativa reformista al Estado presente, cuando se refieren a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del mismo, hablan de "extralimitación de sus funciones", o de "agente maltratador" para referirse a un gendarme de la autoridad celosamente cumplidor de su mandato.
Sólo conocemos bien los dos modelos de Estado que son referencia base, el resto no nos interesan por ser reminiscencias intermedias, eclécticas o impuras que bailan entre el blanco y el rojo. Lo resumiríamos en... mixtas. Eso es.
Nos referimos al capitalismo privado y su Estado, más o menos tutelar, y al capitalismo de Estado, una especie de dos en uno, como las conocidas gamas de "sprays" para el desatasco ferruginoso.
Con respecto al primero se distinguen dos tipos de agentes represores, que son los privados y los de apoyo estatal, pero ambos mancomunados bajo el mismo nombre de neo-liberalismo. Los porcentajes de "libertad de empresa" y de "Estado para el bienestar" difieren, eso sí, de un país a otro. Pero sólo los porcentajes del mismo 100 por 100.
Con respecto al segundo modelo, el agente tiene más trabajo. Tiene que responder celosamente con la represión legal o ilegal, que marcan las pautas de crecimiento económico militarizado al servicio del monopolio de capitales (marxismo estatal o capitalismo de Estado), contra cualquier disidencia.

El gendarme, la ley y el orden
La actual jurisprudencia aquí, como otras muchas cosas, la confeccionan los especialistas (el resto sobra), esto es, personajes que no proceden de ateneos obreros, ateneos culturales o de cursos acelerados de Humanidades, sino doctorados "honoris causa" por los cauces anteriormente establecidos desde la maldita civilización romana; desde ahí hasta el "aprobado simple", pero respaldado con el dinero del mismo papá que le compra sus pantalones blancos: asesor de empresas, dentista sin impuestos, político o ideologizado en cadena o clan familiar por el "establishment". A este último se deben todos, y fuera de él no hay lugar: o amo o esclavo. Escogieron estar con los que dirigen y legislan.
Si tenemos en cuenta que los agentes del orden establecido jamás han disuelto por la fuerza una concentración de empresarios donde se está decidiendo una huelga patronal (cierre de la empresa), veremos entonces cómo se aplica la ley que ellos confeccionan y al servicio de quién. Se trata apenas de un pequeño ejemplo, pero ilustrativo sin duda...
Un agente del Estado no es un agente del pueblo. Eso no existe más que en los delirios de León Trotski. Ambos términos se contradicen frontalmente: agente y pueblo.
No importa si ese Estado es neo-liberal, marxista-leninista ortodoxo, jesuita-populista, bolivariano, josemartista, panchista, o incluso zapatista. No importa si es de capital privado tutelado, cristiano, árabe, hindú, judaico, etc. Incluso de capitales mixtos como Cuba, China y tal vez en un futuro Venezuela. Y lo más triste de todo es que están intentando vendernos lo de "neoliberalismo nacional(ista)", "policía bueno y malo" y otras veleidades por el estilo cuya matriz ya fue testada y fracasó. Y por supuesto nos negociarán la moto de nuevo (por olvido histórico) haciéndonos creer que el enemigo único -no común- es USA y solo USA.
El enemigo de las personas no es Estados Unidos de América del Norte, sino la autoridad de un ser humano sobre otro, sea cual fuere el nombre que ostenta. Y es por antonomasia el Estado.

¿Con quién nos aliamos y para qué?
Mucho se vuelve a hablar ahora (las modas funcionan en círculo) de "frentismo", "plataformas", "redes", "coordinadoras" frasecitas ingeniosas como "en la calle nos vemos" o también la gran novedad de "viva el que lucha", novedad extraída de hace mas de 70 años, cuyo máximo exponente pudo haber sido la consigna híbrida UHP (uníos hermanos proletarios). Por cierto, frase esta última muy propia hoy de los movimientos interclasistas antifascistas, antiborbónicos, y un largo etc. entre los que destacan los republicanos estatistas y marxistas impuros. Queremos decir marxistas de nombre, que buscan la unión de todos de acuerdo a esquemas que Marx no aprobaría en honor a lo que le contaba a Lafargue. Por supuesto también le resultaría grata la frase a Azaña, el responsable máximo de Casas Viejas. Y si nos olvidamos de alguno que nos perdone y nos lo haga saber.
Pero, y aquí reside la cuestión, quedan preguntas esenciales en el aire: ¿para qué nos vemos?, y luchamos juntos, vale, bien, pero ¿con qué finalidad? ¿sólo para tirar piedras a los policías malos? Esto no es mas que un medio de defensa lamentable, los fines no son los de cambiar "policías malos por buenos", y los anarquistas sabemos que esa no es nuestra guerra. Si nos vemos en la calle ha de ser para algo más grandioso y asambleario que porte un proyecto ausente de virus de reforma y de ocio dominguero.
Otra: "¡Juntos podemos!"... claro que sí. Pero ¿el qué podemos? Porque queda dicho que nosotros no deseamos parchear la sociedad, queremos un edificio nuevo, no deseamos reformar la autoridad ni humanizar el capitalismo como las ONG, sino destruirlos. Como decía alguien por Andalucía: "no anhelamos un medio ambiente, ¡queremos el ambiente entero!"
Los asesinatos recientes de la Guardia Civil y su diversa interpretación no ha servido para unirnos, sino para ver con más nitidez los abismos insalvables y distanciarnos aún más del modelo de sociedad que propugnan los unos y los otros. Y por supuesto que sí los condenamos, pues de ellos hemos sido víctimas siempre desde el duque de Ahumada.
Si el Estado es el brazo político del poder económico (o la "expresión política" en el caso marxista-leninista) no podemos hablar de "gendarmes buenos o malos", sino de "agentes al servicio de..." que es diametralmente opuesto. Quede pues la confluencia para hechos puntuales y concretos de defensa común y organicémonos por separado, pues no pretendemos lo mismo. O dicho de otro modo: ¿Cambiar de amo? No gracias. Y que nadie nos hable hoy de Eugen Berthold Friedrich Brecht, no estamos de ánimo para ello. De verdad.

M. Bautista Subir


Vigencia de Godwin

El padre del anarquismo filosófico, William Godwin, nació el 3 de marzo de 1756 en Wisbech, en el condado de Cambridge (Gran Bretaña), y fue el séptimo de los trece hijos de John Godwin y Anna Hull. Físicamente débil, introvertido e intelectualmente precoz, Godwin perteneció al calvinismo hasta el final de su período educativo en la Hoxton Academy en 1778. Su padre John era un ministro de dicha Iglesia y era esperado que el joven William ocupara su puesto. Una práctica religiosa tan precoz y puritana a tan temprana edad, así como sus experiencias y lecturas posteriores, pueden explicar su antirreligiosidad posterior.
Diferentes acontecimientos en Inglaterra y América, discusiones con distintas personas y sus lecturas de Rousseau, Helvetius, D´Holbach y Montesquieu, también de historiadores latinos y de escritores ingleses como Locke, Swift y Priestley, le convertirán al liberalismo político, así como sus creencias religiosas pasarán desde el agnosticismo al ateísmo.
Hacia 1773, Godwin marcha a Londres e inicia su carrera literaria y además se propondrá diversas iniciativas para tratar de mejorar la sociedad de entonces. Su primer proyecto es una pequeña escuela que fracasará por falta de alumnado. También por ese tiempo comienza a interesarse cada vez más en la política de su país, contribuyendo con frecuentes colaboraciones en periódicos radicales. Aunque se asocia con sociedades y organizaciones, nunca será miembro de ninguna.
Fue la Revolución Francesa lo que más profundamente influyó en Godwin y en su carrera. Aunque no totalmente de acuerdo con todos los aspectos de la revolución, básicamente por ser contrarios a la "Razón Humana" , consideró que en líneas generales era un avance en la historia de la humanidad y colaboró en un pequeño comité, el cual publicó el libro de Paine "Los derechos del hombre", creyendo que era necesario un análisis del papel de la sociedad y el gobierno.
En enero de 1793 apareció su obra más importante cuya traducción puede ser "Investigaciones acerca de la Justicia política y su influencia en la virtud y en la felicidad de las sociedades". A pesar de sus muchas páginas y su elevado coste llegó a ser una obra muy vendida (unos 4.000 ejemplares, número muy elevado para la época). En ella Godwin da una explicación de los principios generales que rigen la sociedad y un plan para el futuro basado en la comprensión del pasado.
En 1794 aparece su novela cuyo título en inglés es "Things as they are, or the adventures of Caleb William", una novela que trataba de popularizar su ideario social desde el punto de vista del protagonista como víctima de la sociedad para que las personas ajenas a su trabajo filosófico pudieran acercarse más fácilmente a sus ideas y propósitos. Estas dos obras condujeron a Godwin al pináculo del reconocimiento popular, aunque él continuó con su labor contra la opresión gubernativa. Así publica un panfleto a favor de los radicales escoceses.
Otra obra importante es "The Considerations", de 1796, en la cual ya se manifiesta opuesto a los partidos y facciones así como a las apelaciones de los radicales a las pasiones como algo contrario a la razón.
Las ideas de William Godwin desarrolladas en estos trabajos podrían resumirse en lo siguiente: La suprema ley es y debe consistir siempre en el bien de la comunidad, se debe rechazar el Derecho, general y totalmente, ahora y en un futuro, ya que una vez se comienza a dictar leyes es imposible dejar de hacerlo. La razón debe de ser la única legisladora y sus preceptos inmutables e idénticos en todo tiempo y lugar.
Se debe enseñar al pueblo a sentir por sí mismo, a que a nadie debe darle cuenta de sus acciones y a darse cuenta clara y exacta de su conducta para con los demás, en el futuro en lugar del Derecho será ese mismo "bien común" el que sirva como regla para los hombres.
Rechazando el Derecho de una manera absoluta, lógicamente proscribe también de modo absoluto el Estado, ya que se trata de una institución jurídica que se opone total y especialmente al bien de la colectividad. El Estado se fundamenta en la fuerza, todo gobierno es un mal y significa la prescripción de nuestros propios juicios y conciencia.
Los hombres son seres sociales, viven en sociedad y deben estar guiados por la consideración del bien común. Godwin considera que en la futura sociedad deberá existir un Jurado que se ocupe de resolver las disputas y conflictos y en su caso castigar las injusticias cometidas.
En cuanto a la idea de propiedad, cree que el actual sistema de propiedad se opone al bienestar común y al progreso intelectual. Además es un obstáculo para el progreso moral de la persona, ya que engendra ambición, egoísmo y violencia. Todo hombre debe poseer los medios materiales para una vida digna: la justicia exige que cada persona disponga de los medios necesarios según el principio"a cada uno según sus necesidades" ( todavía en ese tiempo no expresado con esta fórmula concisa, pero con esta misma idea ). Con tal situación de igualdad en la propiedad, el trabajo será una carga ligera, a la vez que servirá para alcanzar la plenitud humana.
Godwin siempre se manifestó contrario a la violencia física y consideró que este cambio deberá hacerse por el convencimiento.
En su vida privada Godwin se casó con Mary Wollstonecraft, lo que supone una contradicción con sus escritos contra el matrimonio. Mary muere en septiembre de 1797, días después de dar a luz a su hija Mary Godwin Wollstonecraft, quien se unirá al poeta Percy Bysshe Shelley hasta la muerte de él en 1822. Mary es la autora de la novela "Frankenstein".
El segundo matrimonio de Godwin fue con Mary Jane Clairmontn en 1801. Le surgieron problemas económicos, tuvo que crear una imprenta para poder sobrevivir y escribir diversos libros y cuentos infantiles, pero no tuvo éxito. Su círculo de amigos era ahora muy reducido, contando con Coleridge, Wordsworth, Southey,Lamb y Francis Place.
Shelley tuvo que convertirse en su benefactor.
De todas maneras, Godwin se enfrentó a este vacío con una resolución estoica. En su novela "St. Leon", 1799 , establece que aquellos que luchan por el bienestar común pueden siempre enfrentarse con la hostilidad de la sociedad bienpensante.
La publicación más destacable en este tiempo fue "Of Population" que refuta las teorías de Malthus, argumentando que la mejora moral de la humanidad traerá como consecuencia un mejor y más coherente crecimiento de la población.
También publicará "Thoughts on man, his nature, production and discoveries", 1831; son un conjunto de ensayos en los cuales recomienda que la educación sirva para descubrir y estimular las capacidades innatas del niño o del adulto, para que se pueda desarrollar íntegramente como ser humano, la educación estaría basada en la libertad, libre del dogmatismo, de la religión, del Estado y de las convenciones sociales. De todas maneras, Godwin permitía la continuación temporal de ciertos estamentos estatales mientras los vicios y violencias de la actual sociedad no fueran del todo desterrados. Pero para minimizar los daños, preconizaba una descentralización lo más radical posible y los órganos encargados serían voluntarios y populares. Una vez los valores verdaderos fueran inculcados y asimilados por el pueblo y los bienes materiales producidos fueran suficientes para cubrir sus necesidades materiales, los deseos de opulencia, vanidad y violencia desaparecerían y los hombres vivirían como libres e iguales.

Ignacio Donézar subir


La verdad sobre el caso Roquetas

La muerte del agricultor Juan Martínez Galdeano en el cuartel de la Guardia Civil de la localidad almeriense de Roquetas de Mar, parece que fue responsabilidad exclusiva de un teniente de este cuerpo policial allí destinado. Del presunto culpable, y seguro imputado, no conocemos nada: ni su nombre, ni su cara… nada. Y sin embargo, como si fuese un celestial agujero negro, ese anonimato carga con todas la culpas, expía todos los pecados, anula todas las complicidades. ¿O no?
Son cómplices todos los mandos que formaron a este joven teniente en los mismos usos y métodos represivos propios de una dictadura fascista que ya es cosa del pasado, como tantas veces había oído decir Juan Martínez Galdeano.
Son cómplices todos los guardias civiles destinados en Roquetas de Mar que presenciaron o participaron en la inexplicable retención y forzada inmovilización de Juan Martínez Galdeano.
Son cómplices los trabajadores y clientes de una cercana cafetería que presenciaron los sucesos sin consentir que la muerte de Juan Martínez Galdeano les estropease su merecido descanso estival.
Son cómplices los directores de todos los medios de comunicación que durante días escondieron la información de lo sucedido a Juan Martínez Galdeano.
Son cómplices los políticos, periodistas y contertulios que han usado todos los eufemismos posibles para no calificar de tortura el trato inhumano que sufrió Juan Martínez Galdeano.
Son cómplices el Rey y todos los políticos de la cofradía de las lágrimas de cocodrilo que tanto se han prodigado este verano en funerales de Estado, pero cuya ausencia resultó clamorosa en el entierro de Juan Martínez Galdeano.
Son cómplices todos los obispos de la Conferencia Episcopal Española que, a través de su emisora COPE, prestaron sus micrófonos a quienes excusaron lo que no tiene defensa, insultaron nuestra inteligencia de ciudadanos y ultrajaron la memoria de Juan Martínez Galdeano.
Son cómplices el ministro del Interior y el director general de la Guardia Civil, que han encargado la información interna a un guardia civil encausado judicialmente en un sumario por tráfico de drogas, lo que hace dudar de la categoría moral de quien tiene por misión descubrir la verdad sobre la muerte de Juan Martínez Galdeano.
Son cómplices Francisco José Hernando, presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, y todos aquellos opinadores de la nada que llevaban semanas calentando el ambiente de impunidad policial que permitió la muerte de Juan Martínez Galdeano.
Son cómplices los que una y otra vez hacen oídos sordos a los informes anuales de Amnistía Internacional, a las denuncias de tantos detenidos en el País Vasco, a las evidencias dudosas que ofrecen cadáveres como el de el joven camerunés fallecido junto a Melilla, en tierra de nadie, este 29 de agosto.
Son cómplices tantos jueces que escuchan con bostezos, despachan de pasada y aplican la ley del embudo a todos los ciudadanos que en los últimos años han denunciado, casi siempre sin éxito, las torturas sufridas en comisarías y cuarteles.
Todos somos cómplices. En cualquier tiempo y lugar un desalmado puede torturar hasta la muerte a un ser humano. Sólo en una sociedad cómplice se oculta la verdad, se protege el delito y se escarnece a la víctima.

Antonio Arbeig Subir


Cipriano Mera
Semblanza de un luchador

En este año de 2005 no podíamos dejar pasar la oportunidad de hablar de un anarquista, de un obrero, de un luchador como fue Cipriano Mera. Si de alguna manera podemos definir la vida de Cipriano Mera, cuando este mes de octubre se cumple el treinta aniversario de su muerte, es la de un anarquista con el sentido de la responsabilidad. Acercándonos a la vida y la lucha del anarquista madrileño podremos comprobar el porqué de estas afirmación.
Cipriano Mera nació el 4 de noviembre de 1897 en el madrileño barrio de Tetuán de las Victorias. Como en cualquier familia obrera, su infancia fue dura. No pudo asistir a la escuela, lo que le obligó desde pequeño a buscarse la vida y a contribuir económicamente en una casa muy humilde. A los 16 años Mera tomó la determinación de hacerse albañil, y para que sus derechos no fueran pisoteados, su padre lo afilió a la Sociedad de Albañiles "El Trabajo" de la UGT. Desde entonces Mera está inmerso en cuestiones sociales y luchas obreras. Pero pronto comprueba que lo que defiende la UGT y lo que él defiende no es lo mismo, por lo que el sindicalismo socialista se le queda estrecho. Cipriano Mera ansía una transformación revolucionaria que el reformismo no le daba.
La huelga revolucionaria de agosto de 1917 le impulsa definitivamente al campo del anarquismo. Ya en 1919 vemos que Cipriano Mera, junto a otros militantes destacados como Feliciano Benito, Teodoro Mora o Mauro Bajatierra, impulsan la CNT de Madrid y más particularmente el sindicato de la construcción.
Una cuestión que siempre aparecerá vinculada a la historia del anarquismo (aunque los detractores del mismo quieran hacer ver lo contrario) es el ansia de conocimiento y el impulso de la cultura. Con veinte años Mera aprende a leer y escribir en clases nocturnas y a través de los ateneos libertarios, que ya por esas fechas sobrepasaban en Madrid la treintena. Ese afán de conocimiento le hace interesarse por el teatro en obras tan heterogéneas como El alcalde de Zalamea de Pedro Calderón de la Barca o Juan José de Joaquín Dicenta. Los grupos libertario mas jóvenes impulsaron mucho este arte y Mera tomo interés por él.
Pasada la dictadura de Primo de Rivera y con la proclamación en abril de 1931 de la II República, el movimiento libertario alcanza su máxima plenitud. Mera se ha insertado en la generación de militantes más brillante de la historia del anarquismo español. En su vida coinciden Salvador Seguí (asesinado en 1923 por pistoleros patronales), Ángel Pestaña, Francisco Ascaso, Buenaventura Durruti, Juan García Oliver, Federica Montseny, Eleuterio Quintanilla, Diego Abad de Santillán, Juan Peiró, Felipe Alaiz, Elías García, Isaac Puente, Higinio Noja, Valeriano Orobón Fernández, Progreso Fernández, etc.
Mera vive de cerca todos los procesos revolucionarios impulsados en el período republicano. Sigue muy atento a lo que son las reivincaciones obreras de su sector, la construcción. En una ocasión, por querer trabajar, fue detenido y se le aplico la "Ley de vagos y maleantes". No deja de ser paradójico que a quien busca trabajo para sobrevivir se le acuse de vago por quien no trabaja.
Poco antes de la sublevación militar de julio de 1936, el sector de la construcción en Madrid vive unos momento tensos. En junio estalla una huelga general y se constituye un comité de huelga de CNT-UGT. Para este comité, del que Mera forma parte, la única solución es la acción directa para poder solucionar los conflictos laborales del sector. Por el contrario el gobierno y la patronal creen que la solución esta en el Jurado Mixto. El Ministerio de la Gobernación encarcela a Cipriano Mera y es en la cárcel donde le sorprende el golpe militar.
Un día después de la militarada es puesto en libertad y acude al sindicato (antes que a su casa) para comprobar cuál es el estado de la situación. La mayores preocupaciones son la recogida de armas y el momento de la sublevación en Madrid.
En esos primeros momentos a Mera le preocupa también la posición que se puede tomar respecto a la revolución. Por ello imprime una ética revolucionaria de la que se debería tomar nota: "que al hacer el pueblo la revolución no se podía consentir la misma acción que se asemejara a hechos comunes, vulgares, propios de individuos sin conciencia dedicados a apropiarse o deshonrar valores que serían necesarios para la defensa de la revolución que empezaba. Añadimos que tampoco era hacer la revolución el matar sin más ni más a nadie, aunque se tratase de un marqués".
Una vez aplastada la sublevación en Madrid, Mera parte para Guadalajara, donde la sublevación está a punto de estallar. Pasa por Alcalá de Henares, que gracias a sus fuerzas y a las de Ildefonso Puigdendolas queda en zona leal. Aplastada la sublevación en Guadalajara una vez más la ética revolucionaria hace de Mera en un hombre grande. Se encuentra allí con José Escobar, un carcelero que le había infligido los peores castigos en prisión. Éste creía que le iba a asesinar, cosa que no hizo. Mera afirma: "Esos gestos eran característicos de anarquistas". Una lección de honestidad y de firmeza en momento difíciles.
Quizá no sea este el momento de detenerse en los pormenores de las batallas en las que Mera participó. Pero sí citaremos algunos detalles que hicieron de Mera un personaje controvertido. Desde el inicio de la contienda civil Mera vio que los militares tenían una seria parsimonia y que muchos militantes revolucionarios no tomaban en serio la lucha. Por ello hacía falta que se disciplinara la lucha para poder vencer al fascismo. En las luchas en Cuenca, Mera impulsa la creación de consejos formados por las fuerzas de izquierda que estén preparadas para ello. Por ello había que establecer una fuerte formación ideológica impulsada por los militantes más capaces y abnegados.
Su concepto de la autodisciplina se ve perfectamente en los combates que emprendieron en Buitrago de Lozoya. Allí Mera reflexionó así: "Nuestra disciplina ha de ser correspondiente con nuestra convicción en las ideas, y por las ideas no se puede venir a luchar unas horas para hacer más tarde lo que uno quiera". Esta reflexión venía a propósito, pues Mera estaba comprobando que muchos miembros de las organizaciones revolucionarias estaban cayendo en una indisciplina y una falta del sentido de la responsabilidad que haría perder la guerra a pasos agigantados.
Igualmente esa realidad dura hace que muchos amigos de Mera caigan en la lucha. Es el caso de José Pan y Rafael Casado, compañeros suyos desde primera hora en la CNT y en el caso de Pan de su grupo de la FAI. Igualmente en las luchan en Ávila cae uno de sus mejores amigos y compañeros, Teodoro Mora. Desde hacía un tiempo Mora y Mera tenían este mismo pensamiento: "Teníamos en frente a un ejercito organizado, al que si queríamos vencer habríamos de oponer otro ejercito mejor organizado aún; en la guerra había que proceder como en la guerra". También le lleva a esta conclusión que la incompetencia militar provoca la perdida de plazas importantes en la lucha como la de Ávila.
Pero la guerra también tuvo de esos avatares en los que más que una tragedia parece una comedia, si hablamos en términos teatrales. Tras la perdida de Ávila las tropas de Mera pasan a Cuenca. Allí toman un pueblo haciéndose pasar por fascistas. Una vez que quedó constituida una junta derechista e hicieron una lista de los elementos izquierdistas, las tropas de Mera los disolvieron, aunque fueron benevolentes con esa junta.
Ante determinadas conductas de algunos anarcosindicalistas como Germinal de Souza, que cobraba dinero por la libertad de los sospechosos, Mera y su amigo Valle elaboraron listas de afectos y desafectos a la causa: "Me parece bien que se vaya haciendo una selección de las personas aptas para ocupar cargos; deben ofrecer garantías. Hay que acabar con las ligerezas y los favoritismos, pues si bien importa nombrar gente capaz, no es menos importante tener en cuenta su moralidad. Para nosotros esto debe ser capital". ¿Quién hoy pondría en duda estas sabias palabras de Mera? Es precisamente en los momentos difíciles donde la capacidad y la moralidad deben ser ejemplo. Mera estaba preocupado por la imagen que la CNT y la FAI pudieran ofrecer, más teniendo en cuenta que en la mayoría de las ocasiones los desmanes cometidos nada tenían que ver con las organizaciones del movimiento libertario. Pero la idea de algunos era crear esa leyenda negra alrededor de las organizaciones más dinámicas del movimiento obrero y revolucionario español. Por ello el buen hacer de la CNT y su defensa del patrimonio cultural (en más de una ocasión se impidió la quema de iglesias, no por ser templos religiosos sino por haber obras de arte en el interior) fue tergiversado o ridiculizado.
En cualquier guerra y acontecimiento histórico hay que distinguir entre cuestiones estratégicas y cuestiones morales. Puede que Madrid estrategicamente no fuera la plaza mas importante, pero moralmente sí que lo era por todo lo que a su alrededor atesoraba. Así Mera y otros mostraron su indignación cuando el gobierno huyó de Madrid hacia Valencia el 6 de noviembre de 1936. Más doloroso fue para él comprobar cómo el Comité Nacional de la CNT que encabezaba Horacio Martínez Prieto seguía al gobierno. Según Mera, gobierno y Comité Nacional tenían que estar en la defensa de la capital de España. Mientras el gobierno huía, Mera se aprestaba a defender Madrid frente al fascismo.
Los hombres de la CNT y la FAI que partieron hacia Madrid lo hacían llenos de entusiasmo, deseosos de entrar en esa lucha heroica que fue la defensa del Puente de San Fernando y la llegada al Cerro de Garabitas. Pero las fuerzas de Mera iban disminuyendo. De los 1.000 hombres que salieron de Cuenca tan sólo le quedaba 400. Mera intentaba dar aire a los suyos con recomposiciones, y con la llegada de la columna de Durruti los ánimos van en aumento. ¿Qué es la fuerza militar fascista ante el entusiasmo revolucionario? Aun así las pérdidas estaban siendo muchas y la lucha se estaba cobrando lo mejor de las organizaciones obreras. Mera le propone a Durruti unificar sus columnas bajo el mando del anarquista leonés. Pero esto no se puede llevar a cabo pues Durruti cae frente al Hospital Clínico en la Ciudad Universitaria, horas después de haber estado con Mera. Es el propio Cipriano Mera el que se desplaza a Valencia para comunicárselo a Federica Montseny, Juan García Oliver y al nuevo secretario de la CNT Mariano Rodríguez Vázquez. La perdida de Durruti provoca una profunda consternación en el movimiento libertario, pero Mera, pese al dolor, dice que su ejemplo es el que puede servir para llegar a la victoria. Y es Cipriano Mera quien acude en representación de los combatientes del Centro a su entierro en Barcelona.
La defensa de Madrid fue dura, pero los fascistas no llegaron en esa ocasión a lograr su objetivo. Aun así el precio fue alto y Mera, contrario a su pensar, tiene que aceptar la militarización de las milicias: "Triste es reconocerlo cuando se ha defendido un ideal toda la vida, pero si realmente nos proponemos ganar la guerra, hemos de aceptar la formación de un ejército con la consiguiente disciplina. (…) Me horrorizaba vestirme de militar, pero no veía otra salida y me dije: mi conducta será en lo sucesivo el testimonio de mi honradez, así como lo fue de otra forma y en otra circunstancia en el pasado". Fue sin duda la decisión más controvertida en la vida de Cipriano Mera, y donde sus detractores más se ensañan contra su figura. Mera aceptó la militarización para ponerse al servicio de la República, pues consideró que mejor era eso que caer en las garras del fascismo. Que fuera o no un error no está en nuestra mano valorarlo, pues la guerra fue compleja. Nuestra mejor posición es respetar la decisión adoptada, pues en ese momento los compañeros así lo determinaron. Y esta aceptación es algo que a Mera le diferencia de la militarización de los comunistas. La historiografía en su mayoría ha dejado constancia de que el partido que mas luchó por la militarización fue el PCE (Partido Comunista de España) y por lo tanto el que mejor perspectiva de la guerra tenía. Cuando Mera acepta la militarización lo hace para defender la República, mientras que los comunistas luchaban por una militarización que estuviera controlada por su partido y por Moscú. Es la gran diferencia entre uno y otro. El PCE tomó como emblema el Quinto Regimiento, del que Mera no era partidario. De hecho los encontronazos entre los militares procedentes de las milicias confederales y los que venían de las filas comunistas fueron sucesivos hasta el final de guerra, siempre instigados por un PCE que quería tomar el control de la situación y manejar la guerra a su antojo. Los anarquistas siempre se opusieron.
Mera toma el mando de la XIV División que tenía las brigadas 10, 70 y 77. El jefe de Estado Mayor fue su inseparable durante toda la guerra Antonio Verardini, y su primo José es el jefe de transportes. Todos bajo el mando del general Miaja, jefe del Ejército del Centro.
Para los que le critican por esto, hay que decir que Mera siempre fue responsable. Defendió la revolución hasta el final y criticó duramente la represión que los comunistas llevaron a cabo contra las obras revolucionarias de los anarquistas, al igual que cuando emprendieron detenciones contra miembros de la CNT (como fue el caso de Verardini) o del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). Luchó también para que los militares no intervinieran en actos políticos públicos. Esa tarea la tenían que desarrollar partidos y sindicatos, no militares. Al final hubo un decreto en esa línea y Mera fue duramente criticado por los comunistas, que eran muy dados a esos fastos públicos: "Estamos obligados a cortar sin miramientos esta clase de acción política. Todos los que estamos aquí sabemos perfectamente que tenemos prohibido efectuar dentro del Ejército cualquier clase de propaganda política. Si una organización determinada intenta saltarse a la torera este principio lo impediré. Que nadie lo dude. Nuestro deber consiste en trabajar lo mejor posible, sin regatear esfuerzos, para intentar ganar la guerra. No estamos aquí para facilitar la preponderancia de ninguna organización". Por último, Mera dejó bien claro que aceptaba el mando militar sólo de manera coyuntural: "me hice la promesa de no dejarme arrastrar por la vanidad y continuar siendo lo que antes del 18 de julio: militante de la CNT y albañil de profesión". Y esta última frase fue profética, pues tras las penalidad sufridas tanto en la guerra como en el exilio y la cárcel, Mera volvió a coger la paleta de albañil sin ningún reparo.
Una vez militarizados, es llamado para la defensa de Guadalajara. El Cuerpo de Tropas Voluntarias (CTV) de los fascistas italianos concibió un plan de ataque para romper las líneas republicanas en Guadalajara, tomar Alcalá de Henares y llegar triunfantes a Madrid. Pero Cipriano Mera demostró sus dotes organizativas y sobre todo su instinto para la lucha. El CTV fue derrotado, se libera Brihuega (donde las matanzas días antes habían sido escalofriantes) y Guadalajara permanece en zona republicana. Para Mera no fue estrictamente una batalla, pero su planteamiento de la misma es capital para que el CTV no lograrara sus objetivos. La desbandada italiana, junto a la toma de Teruel, será una de las grandes victorias del antifascismo internacional. El cuartel de Mera queda definitivamente asentado en Guadalajara, si bien no lo hace en la capital para que no sufra más bombardeos.
Poco después es llamado a Brunete, donde no sólo los comunistas de Líster le quieren engañar, sino que es objeto de un atentado de dudosa procedencia. Líster quería hacer ver a Mera que Brunete estaba en zona republicana. Pero Mera se percata de que está en manos de los sublevados. El plan de Líster era hacer creer que la pérdida de Brunete había sido por culpa de la 14 División de Mera. Aunque se emprendió una ofensiva sobre Brunete, no se consiguió que pasara a manos republicanas.
Mera conoce a todos los políticos de la época. Indalecio Prieto, líder moderado del PSOE, queda impresionado por las habilidades de Mera. Poco después el anarquista madrileño es ascendido a jefe del IV Cuerpo de Ejército. Sus avales eran la victoria en Guadalajara y el propio general Miaja, que veía en Mera un baluarte de defensa del centro de España. El cuartel general del IV Cuerpo de Ejército se establece en Alcohete (Guadalajara) y tiene un destacado papel en maniobras de distracción al enemigo fascista para que se pudiera llevar a efecto la toma de Teruel.
El año 1939 fue crucial para el desenlace definitivo de la guerra. Caída Cataluña en febrero de ese año, prácticamente los efectivos más importantes de la República estaban perdidos, tanto humanos como materiales. Cipriano Mera es consciente de ello. Se produce otro hito importante en la vida de Mera, su apoyo a la Junta Nacional de Defensa que promueve Segismundo Casado, jefe del Ejército del Centro en sustitución de Miaja. El gobierno de Negrín había quedado prácticamente desarticulado, era un títere el manos de los comunistas. Todos los intentos de hablar con Negrín son inútiles, pues hace promesas que él mismo sabe que no va a poder cumplir. En marzo de 1939 queda constituido el Consejo y, como previó Mera, vino parejo a una sublevación comunista, que finalmente se pudo frenar. Las unidades de reserva que el IV Cuerpo de Mera tenía son movilizadas para aplacar el golpe instrumentado por el PCE. Aun con todo algunas actitudes de Casado no son bien recibidas por Mera.
Llegados a finales de marzo se ordena al IV Cuerpo de Ejército que comience el repliegue y promueva el exilio. El terrible final de la derrota de la guerra se aproximaba. Mera es el último que abandona su puesto. Parte hacia Levante para poder tomar un avión que le lleve a Orán. La despedida de su familia es de lo más dolorosa. Comienza una nueva etapa en la vida de Mera. Deja los galones de militar para no cogerlos más, demostrando que su decisión fue coyuntural. Ahora toca otro tipo de lucha.
Por el contrario de lo que pudiera parecer, al llegar a Mataganem son desarmados y detenidos. El trato que los exiliados españoles recibieron de las autoridades francesas fue vejatorio, más teniendo en cuenta que numerosos campos de concentración se extendieron por su territorio y que el posterior régimen de Vichy del mariscal Petain colaboró con los nazis mandando a miles de españoles a los campos de exterminio. Mera no corrió esa suerte pero sus penalidades no acabaron.
Una vez detenidos una de las tareas que emprendieron fue la reorganización de la CNT y de la FAI en esos campos de concentración y en el presidio. Las relaciones con republicanos y socialistas fueron fluidas. No se puede decir lo mismo de los comunistas que incluso en esas circunstancias intentaban imponer sus definiciones y conseguían tratos de favor con las autoridades carcelarias. A Mera no le perdonaban que hubiese apoyado a Casado en la Junta Nacional de Defensa. Mera siempre supo defenderse y estuvo a la altura de las circunstancias.
Desde los primeros momentos, Mera mantuvo correspondencia con miembros de la CNT y también de otras organizaciones. Las más fluidas fueron con Mariano Rodríguez Vázquez, quedando interrumpidas por la trágica muerte de este último. Una máxima de Mera fue que debían de actuar ahora para la defensa de los refugiados y luchar por la reorganización de las asociaciones a las que pertenecían. Las cuestiones de la guerra y los fallos que se pudieran cometer en la contienda es algo que se debería analizar una vez que la dictadura de Franco cayera y se discutiera entre españoles en España. Igualmente combatió las teorías reformistas que insistían en hacer de la CNT un partido político al uso y vivió con tristeza cómo destacados compañeros como Vivancos, Jover o Doménech estaban en esa línea de actuación.
Aunque tuvo contactos con el SERE (Servicio de Evacuación de los Refugiados Españoles) no era de su agrado porque estaba en manos de Juan Negrín y muy controlado por los comunistas. Su actividad se volcó en colaborar con la JARE (Junta de Ayuda a los Refugiados Españoles) que estaba en manos de Indalecio Prieto y donde los anarquistas tenían más influencia.
Mera estuvo en Camp Morand, de donde se fugó y alcanzó Casablanca (no sin pasar más de una peripecia). Allí fue ayudado por anarquistas españoles y portugueses. Y es en Casablanca donde conoce a la JARE con la que tendrá también algún encontronazo. Se le ayuda a regularizar su situación y trabaja primero como encofrador y luego como albañil (vuelve a coger la paleta de albañil como dijo en la guerra).
La situación para los refugiados se puso difícil por la hostilidad de las autoridades francesas presionadas por los nazis. Cipriano Mera es detenido y juzgado, con una orden de extradición a España. Todos los intentos por salvarlo fueron inútiles y definitivamente fue entregado a las autoridades franquistas.
Llegado a España, entra en contacto con algunos anarquista (muchos miembros de la Juventudes Libertarias). Pasa por las cárceles de Linares, Carabanchel y Porlier, todas abarrotadas de presos antifranquistas. Se le forma un Consejo de Guerra donde se le acusa de pillajes y asesinatos indiscriminados. Para Mera era normal que las autoridades del franquismo, vacías de escrúpulos y que habían llevado el crimen como bandera, actuaran esta manera. Se le condena a muerte. Era el año 1941. Antes le había dicho a su hijo: "Más o menos como a mí, sin ningún cargo justificado, han estado fusilando hasta ahora por carros y no hay motivo para esperar el menor cambio de proceder. Será una injusticia más y tendrás que tomar constancia de ella y sobreponerte al dolor. Deberás ayudar a tu madre y mirar el futuro sin odio, porque éste no conduce a ninguna parte. Tu padre, que es, como sabes, victima del odio por haber consagrado su existencia al establecimiento de la fraternidad universal, te recomienda por y sobre todo no odies a tus semejantes".
Mera nunca pidió el indulto, porque no quería nada de sus verdugos. Se le conmutó la pena de muerte por cadena perpetua. En la cárcel, algunos falangistas presos quisieron conocer a Mera, pero éste les cortó en seco diciendo que entre falagistas y libertarios había un río de sangre. Por lo tanto nada de uniones contra natura.
Mera fue puesto en libertad. Estuvo en algunas reuniones conspirativas, algunas del propio ejército, de las que Mera desconfió. En 1947 la CNT le hace el encargo de pasar a Francia e intentar acercar posturas entre la CNT del interior y la del exterior. Se instaló en Francia y vivió de su trabajo, primero en Toulouse y luego en París, junto a su compañera. Trabajó en el oficio de albañil hasta los 72 años. Nunca quiso ayuda por haber sido militar. Vivió humildemente y nunca perdió contacto de su militancia sindical y anarquista. Asistió al importante congreso de Limoges de 1963.
Su casa fue un desfile de historiadores y periodistas. Se creó una aureola de héroe sobre Mera, que él mismo se encargó de desmitificar. Ya muy anciano, en la primavera de 1975, es llevado a un hospital por dolencias pulmonares. En la madrugada del 24 al 25 de octubre de 1975 fallece en París. Su entierro fue una manifestación de la que los medios de comunicación poco dijeron.
Así acababa la vida de un luchador anarquista. Tan sólo unos días no pudo ver el fin del verdugo de España, la muerte de Franco. Quizá hubiese sido una pequeña satisfacción para alguien que con tanto empeño luchó por la libertad.

Julián Vadillo Subir


Reflexiones en torno a la Sexta Declaración
de la Selva Lacandona y la nueva
izquierda latinoamericana

El Movimiento Libertario Cubano (MLC) presenta a consideración y debate colectivo sus reflexiones en torno al pronunciamiento hecho público en julio de 2005 por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en el estado de Chiapas, México.

El 1 de enero de 1994 entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio entre los Estados Unidos, Canadá y México; y, junto con el nuevo año, para aguar la fiesta de los poderosos, irrumpieron también en el escenario histórico, desde las entrañas mismas de la olvidada Selva Lacandona, "el fuego y la palabra" de los rebeldes zapatistas. En ese entonces, el mundo entero parecía transitar sin demasiados sobresaltos ni enérgicas contestaciones hacia el "fin de la historia" y lo hacía por el camino de la "globalización" y el neoliberalismo; es decir -para no olvidarlo y suponer erróneamente que esas palabras todo lo explican-, por el sendero de las que no son más que las formas presentes asumidas hegemónicamente por el sistema estatal de cuadriculación de los pueblos y el capitalismo transnacional; o sea, los modos actualmente prevalentes de dominación y explotación a gran escala. En un contexto tan escasamente esperanzador, la irrupción zapatista significó un vigoroso soplo de aire fresco y una estruendosa confirmación -anticipada, naturalmente, en innumerables pero menos resonantes gestos de resistencia a lo largo y a lo ancho del mundo- de que la historia seguía su curso y de que nada había detenido la lucha de los pueblos. Así fue saludada desde un primer momento por agrupaciones izquierdistas de diversos pelajes y trayectorias y así fue recibida también por el Movimiento Libertario Cubano, habiendo prestado entonces nuestro apoyo inicial a proyectos comunitarios específicos en la Selva Lacandona como el de la Escuela Antiautoritaria Primero de Mayo o el Campamento de Solidaridad Directa Mártires de Chicago. Para nosotros, tanto en aquellos primeros tiempos como ahora, la emergencia y el desarrollo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y los hechos que éste ha producido se vuelven comprensibles y reclaman una mirada especial en tanto parte de la emergencia y el desarrollo de una nueva izquierda revolucionaria latinoamericana. Es la conformación, el perfil y las orientaciones de esa constelación de agrupaciones y prácticas rebeldes lo que constituye una de nuestras preocupaciones básicas y por ello no podemos menos que inscribir en ese marco nuestra toma de posición sobre el recorrido del EZLN y su desembocadura en la reciente Sexta Declaración de la Selva Lacandona; como también sobre su tratamiento y sus derivaciones. Así lo haremos, entonces, con las solidaridades y los respetos que el movimiento zapatista se ha ganado por méritos propios y cuya proclamación es innecesaria; pero también sin ahorrarnos -en lo que sería una inconcebible demostración de demagogia y oportunismo- las anotaciones críticas que nos parezcan particularmente oportunas en tanto aportes a este lento y trabajoso proceso de consolidación de la nueva izquierda revolucionaria latinoamericana.

¿Qué izquierda y dónde encontrarla?
Comencemos por el principio y démosle respuesta a la madre de todas las preguntas: ¿qué cosa es esa nueva izquierda revolucionaria latinoamericana de la que hablamos? En principio, no hay duda de que esa izquierda es la que no ha renunciado a la utopía ni de palabra ni de hecho y la que, a pesar de los pesares, encuentra en ella su principal aliento; una utopía que puede definirse, en trazos muy generales, como una espesa trama de relaciones de convivencia entre seres libres, iguales y solidarios; una utopía capaz de identificar sus lejanos y venerables antecedentes y de recuperarlos enaltecidos en su imprescindible actualización. Esa izquierda que se nutre no sólo de la anhelada plenitud propia sino también del vacío ajeno y crece en el desesperanzado y ancho espacio abierto por los estruendosos fracasos del "socialismo real" y por la inmediata defección de la anti-utopía neoliberal. Es la izquierda que ha aprendido a reconocer y a mirar de soslayo los estrechos y marchitados senderos dejados por el vanguardismo de corte guerrillero luego devenido en partido único y excluyente, el populismo civil o militar y el reformismo de corte o inspiración social-demócrata; la izquierda que no se siente representada por ninguna autoridad "revolucionaria" y que cuestiona el concepto mismo de "representación"; que se busca a sí misma entre los clamores del "¡Que se vayan todos!" y la promesa susurrante de "cambiar el mundo sin tomar el poder"; la izquierda que se apoya en la autonomía innegociable de los movimientos sociales de base como matriz de un mundo nuevo y que encuentra en la autogestión y en la acción directa su más genuina forma de ser. Una izquierda de la que, seguramente, el EZLN quiere formar parte y que, en abierta reciprocidad, encuentra en él una de sus expresiones de más amplia visibilidad.
Ahora bien, ni esa nueva izquierda ni el EZLN son edificios terminados que respondan a un riguroso y prolijo plan de construcción sino que deben ser concebidos como obras en marcha, pautadas aquí y allá por dudas inevitables y por invenciones que se fundamentan en las necesidades de unas prácticas rabiosamente antagonistas. El EZLN, por ejemplo, se vuelve comprensible si es ubicado como un movimiento guerrillero de transición. Su origen está más o menos marcado por las constantes propias de las guerrillas latinoamericanas de los años 60 y 70: la "liberación nacional" como concepto constitutivo, el orgullo de llamarse y sentirse "ejército", la mística de las "comandancias", ciertas reminiscencias simbólicas, etc., constantes no precisamente exitosas y sobre las cuales el EZLN no parece haber practicado todavía el ejercicio de una crítica en profundidad. Pero su propio contexto de actuación lo fue llevando a adoptar un perfil que ya no responde ni total ni preferentemente al viejo modelo. Y no sólo porque la "guerra de liberación" en su sentido clásico duró apenas 12 días sino porque ya el 1 de enero de 1996 -en la Cuarta Declaración- el EZLN nos daba la alegre sorpresa de llamar a la constitución de "una fuerza política que no sea un partido político" e indicar que tampoco aspirará a la toma del poder. Para decirlo en nuestros propios términos de demarcación: ni el viejo vanguardismo guerrillero ni el reformismo socialdemócrata. Ni -mucho menos, por supuesto- los manes del salvacionismo populista que difícilmente se sintieran a gusto entre las anónimas cotidianeidades de la Selva Lacandona. Lo que ya en ese entonces comenzaba a adquirir la mayor relevancia es casualmente lo que a nosotros más nos interesa destacar como piedra miliar de la nueva izquierda latinoamericana: la autonomía de los movimientos sociales de base; una autonomía que, en el radio de acción chiapaneco del EZLN, es la de las comunidades de los pueblos originarios.

Marchas y contramarchas del zapatismo
En la compleja andadura del EZLN han convivido desde un principio, por lo tanto, las luces y las sombras. Buscando legítimamente ensanchar su respiración y proyectar su lucha a la totalidad del Estado mexicano, el EZLN alternó o hizo convivir guiños y miradas de cierta confianza a la institucionalidad dominante con la consolidación y la expansión de su desarrollo regional autónomo. Las primeras no produjeron otra cosa que reconocimientos mediatizados, pactos incumplidos, aplazamientos, dilatorias y fracasos; las segundas, por el contrario, cimentaron su arraigo en su esfera de influencia inmediata. Y, así como las primeras condujeron a la formación episódica de grandes superestructuras políticas que voluntaria o involuntariamente quedaron libradas a la dinámica del Estado o a su entorno implícito de actuación y luego atrapadas en sus mallas de acero (Convención Nacional Democrática, Movimiento de Liberación Nacional, Comisión de Concordia y Pacificación, etc.), las segundas propiciaron desde agosto de 2003 en adelante la emergencia de un mayor protagonismo de las comunidades zapatistas y una quizá saludable redefinición del EZLN; apuntando ahora en este plano -aunque nunca del todo ni con energías uniformemente convincentes- a situarse más como acompañante que como innecesario primer violín. Ha sido esta forma alternativa de pensar la política y este último curso de acción el que permitió la formación de las cinco regiones autónomas en Chiapas y de las (no muy bien) llamadas juntas de buen gobierno; un reordenamiento de los protagonismos que dista de haber sido resuelto y que mucho tiene que ver con los debates y problemas de la nueva izquierda revolucionaria latinoamericana. Luces y sombras, entonces, a través de las cuales el EZLN ha puesto de manifiesto la fusión, sin un plan preconcebido, de elementos viejos y nuevos; combinando -algo bien propio de un movimiento de transición, tal como lo hemos caracterizado- algunas de las prácticas de un ejército guerrillero convencional con las imprescindibles osadías que reclaman las organizaciones de base en la auto-construcción de sus autonomías. Un juego de luces y de sombras que no deja de ejercer sus efectos también sobre la Sexta Declaración y "la otra campaña", a las que convendrá pasar de inmediato.
Cabe comenzar siendo ecuánimes y concordantes: si hay algo que el EZLN ha dejado perfectamente bien claro en su Sexta Declaración de la Selva Lacandona es que se siente defraudado y que los principales agentes del fiasco son los partidos políticos institucionales, con sus dirigentes en primera fila. Las palabras en tal sentido dejan poco espacio para exégesis demasiado complicadas e innecesariamente sinuosas: "los políticos demostraron claro que no tienen nada de decencia y son unos sinvergüenzas que sólo piensan en ganar sus buenos dineros como malos gobernantes que son. Esto hay que recordarlo porque ya van a ver ustedes que ahora van a decir que sí van a reconocer los derechos indígenas, pero es una mentira que echan para que votemos por ellos, pero ya tuvieron su oportunidad y no cumplieron." Oportunidades e incumplimientos que -todo hay que decirlo y con idéntica claridad- recorren país por país la biografía de la democracia "representativa" y se incorporan con ribetes propios a una hipotética historia universal de la infamia. Siendo así, es correcto que el EZLN quiera dejar fuera de sus expectativas de una vez por todas al sistema institucional de partidos, trace una nítida línea divisoria en tal sentido y oriente su mensaje en otra dirección: "un nuevo paso adelante en la lucha indígena sólo es posible si el indígena se junta con obreros, campesinos, estudiantes, maestros, empleados... o sea los trabajadores de la ciudad y el campo." O diciéndolo de otro modo, yendo más allá todavía y ampliando el espectro de movimientos resistentes: "en esta globalización de la rebeldía no sólo aparecen los trabajadores del campo y de la ciudad, sino que también aparecen otros y otras que mucho los persiguen y desprecian por lo mismo de que no se dejan dominar, como son las mujeres, los jóvenes, los indígenas, los homosexuales, lesbianas, transexuales, los migrantes, y muchos otros grupos que de por sí hay en todo el mundo pero que no vemos hasta que gritan que ya basta de que los desprecien, y se levantan, y pues ya los vemos, y los oímos, y los aprendemos." Una red de opresiones, de exclusiones y de dolores parece estar en la base de las preocupaciones y de los deseos del EZLN; y tal vez hasta pueda sentirse que la propia Selva Lacandona palpita por detrás y por debajo de esas palabras; unas palabras que no por ser deliberadamente sencillas dejan de tener un significado entrañable y profundo a la vez.
Se puede coincidir prácticamente por entero también con el horizonte inmediato: la articulación más o menos estable de esos movimientos resistentes detrás de un programa izquierdista de lucha y la puesta en marcha colectiva de una "campaña nacional para la construcción de otra forma de hacer política". Otra forma de hacer política: la cual debería ser entendida como francamente distinta de aquella desarrollada en forma descarada y contumaz por los partidos electoralistas; siempre embarcados en esa rítmica y espasmódica sucesión de promesas seductoras, de amnesias incalificables y de justificaciones posibilistas. He aquí, por ejemplo, una nueva arremetida zapatista: "Y los partidos políticos electorales no sólo no defienden, sino que primero que nadie son los que se ponen al servicio de los extranjeros, principalmente de los de Estados Unidos, y son los que se encargan de engañarnos, haciendo que miremos para otro lado mientras venden todo y se quedan ellos con la paga". Juicios ilevantables y lapidarios éstos que la Sexta Declaración quizás extiende con ciertos matices también al sindicalismo burocrático y de vocación entreguista: "Y si el trabajador estaba en un su sindicato para demandar sus derechos legalmente, pues no, que ahora el mismo sindicato le dice que hay que apechugar que bajan el salario o la jornada de trabajo o quitan prestaciones, porque si no pues la empresa cierra y se va para otro país". Una forma distinta de hacer política, entonces, sobre la cual no se hacen demasiadas especificaciones pero que seguramente debe ser entendida como una opción por la democracia directa antes que por las "representaciones" jerarquizantes y cristalizadas; una opción por la participación activa de la gente con sus potencialidades a cuestas antes que por la exclusión sistemática de la que siempre se benefician los tecnócratas y los "sabihondos"; una opción por la sinceridad, el diálogo entre iguales y la elaboración compartida de aquellos sueños que habrán de ser comunes antes que por esa insensible y absurda feria de vanidades donde la simulación y la mentira campean a su antojo. La Declaración no lo dice, pues, pero tales cosas bien pueden darse por sobreentendidas en tanto ellas parecen ser el auténtico camino de formación y desarrollo de las comunidades indígenas zapatistas; las marcas esenciales de su existencia y de su consolidación.

Cambio constitucional: una salida a ninguna parte
Que no haya definiciones excesivas ni un detallado y sofocante programa al que suscribirse es un hecho saludable, puesto que la presencia de tales cosas sería más una invitación a la adhesión que al diálogo; una consideración de los movimientos sociales de base de la sociedad mexicana más como un auditorio o un recipiente sin contenidos que como un tejido vivo y activo, capaz de producir sus propias palabras y sus propios fuegos. No obstante hay sí un único elemento programático que el EZLN parece tomar como axiomático y tácitamente consensuado, un elemento que puede ser fuente de errores de apreciación y equivocaciones estratégicas múltiples: "una nueva Constitución". ¿Será ésta una forma elíptica de referirse a las bases constituyentes de una nueva sociedad mexicana y, por lo tanto, el planteamiento incluye la convicción de que ello requiere ni más ni menos que una subversión radical de sus relaciones de poder? ¿O acaso se trata de embarcar a los movimientos sociales autónomos detrás de una reforma constitucional convencional cuyos trámites y reglas de juego ya están previamente definidos en la normativa vigente y, por ende, sujetados de antemano en esas mismas relaciones de poder? Por lo pronto, parecería que el EZLN sostiene una concepción nostálgica de la Constitución mexicana que no resiste un análisis en profundidad. Veámoslo: "la Constitución ya está toda manoseada y cambiada. Ya no es la que tenía los derechos y las libertades del pueblo trabajador, sino que ahora están los derechos y las libertades de los neoliberalistas para tener sus grandes ganancias. Y los jueces están para servir a esos neoliberalistas, porque siempre dan su palabra a favor de ellos, y a los que no son ricos pues les tocan las injusticias, las cárceles, los cementerios." ¿Pero es que México tuvo alguna vez una Constitución que consagrara realmente, sin cortapisas y en la más cabal extensión de los términos "las libertades del pueblo trabajador"? Este tipo de apreciaciones quizás llevan a pensar que el EZLN ha comprendido muy bien las articulaciones de poder que distinguen a los partidos políticos estatales pero que todavía no ha aquilatado lo suficiente aquellas que distinguen al Estado mismo. Y, sin embargo, no hay misterios en esto y también puede expresarse, parafraseando la prosa de Marcos, con palabras bien sencillas: los partidos son como son porque el Estado es como es.
Que el Estado es una estructura específica de dominación, una forma jerárquica y codificada de las relaciones sociales de poder y un aparato pensado para perpetuarse a sí mismo es algo que debería estar fuera de toda discusión. Siendo así, la correcta descripción que el EZLN hace del sistema estatal de partidos no puede fundarse solamente en la malevolencia, el carácter perverso o la venalidad de sus dirigentes sino que debe encontrar una parte sustancial de su explicación en el hecho de que tales partidos establecen su orientación básica como una operación de captura de las riendas del Estado. Y precisamente por eso es que tales partidos adoptan una configuración que reproduce puntualmente al Estado en su propia escala de actuación: es por eso que los mismos se constituyen como instancias de control y disciplinamiento de sus afiliados; es por eso que asignan atribuciones diferenciales a cada uno de los órganos de su existencia piramidal; y es por eso también que creen que su supervivencia, más allá de cualquier consideración histórica y social, debería ser vivida por los "votantes" -los propios y los ajenos- como una bendición del cielo. Los anarquistas estamos convencidos de estas cosas desde hace más de 130 años y la experiencia histórica subsiguiente no ha hecho más que confirmar puntualmente aquellas viejas intuiciones; y lo ha hecho sin que, desde entonces, se haya presentado una sola excepción ante nuestra ansiosa y expectante mirada. Más aún: si antiguamente se decía que "el poder corrompe" hoy podemos decir incluso que la mera aspiración al poder también lo hace, por anticipado y con holgura suficiente.
En esto hay que ser claros y coherentes. ¿Cómo se compagina, entonces, el EZLN que dice "nosotros peleamos por ser libres, no por cambiar de amo cada seis años" con el EZLN que habla de "una nueva Constitución"? ¿Acaso una Carta Magna pactada y transada necesariamente con la organización estatal presente, según el sentido tradicional de la expresión, puede congeniarse con la pelea por la libertad? Parecería que no; y parecería también que la orientación correcta es exactamente la contraria: la pelea por la libertad comienza con la forja autonómica de los movimientos sociales de base y se desarrolla en ella, mientras que la búsqueda negociada de una nueva Constitución está condenada a empantanarse en los tortuosos vericuetos del Estado y en sus incesantes traqueteos. Una conclusión para la que no hace falta ningún estudio erudito de política comparada sino que alcanza y sobra con la propia experiencia del EZLN en parecidas materias. El fundamentado y radical rechazo que se ha hecho del sistema estatal de partidos es un paso conceptual de importancia que ahora sólo requiere de su complemento necesario: el rechazo de la angosta senda estatal que permita transitar sin compromisos, ataduras o distracciones por el fértil camino de la autonomía. Es esa autonomía de los movimientos sociales, asentados todos ellos en el marco de actuación territorial que resuelvan darse, la condición libertaria por excelencia: una autonomía que requiere emanciparse de todo poder omnisapiente, externo y superior para que cada colectivo pueda trazarse, con el mayor margen de libertad posible, sus propios objetivos, sus propias relaciones de convivencia y sus propios cursos de acción; sin condicionamientos ni extorsiones, pensándose a sí mismos y a sus devenires y confiando antes en sus propias capacidades que en predestinaciones, mesianismos, ingenierías, conspiraciones o casualidades que -ya se sabe- no condujeron, no conducen y no conducirán a parte deseable alguna.

Porque todos podamos "caminar preguntando" y "mandar obedeciendo"
Muchas más cosas podrían discutirse solidariamente con el EZLN a propósito de su Sexta Declaración; o, mejor aún, hacerlo con las comunidades zapatistas en pleno y, en general, sobre las vidas y las luchas de los pueblos.
Nos gustaría, por ejemplo, profundizar bastante más sobre la "globalización" y el neoliberalismo, de modo que entre todos podamos trazarnos un mapa del mundo que no es representable exclusivamente en blanco y negro, ver que en la arena de este circo hay algo más de dos gladiadores y que es necesario identificar toda una trama de relaciones locales que se articulan por conveniencia propia y no por pura obsecuencia con los grandes centros de poder mundial. Porque, en definitiva, el capitalismo también tiene en México su carta de ciudadanía y su faceta transnacional específica, sin la imperiosa necesidad de que sea un agente externo el que le dé vida, lo impulse y lo proyecte. Y consideraciones de ese tipo nos permitirían poner en común, casi con íntegra certeza, la convicción de que no sólo los políticos entreguistas y sus corruptelas son los responsables de la situación sino que además hay una cierta gama de capas sociales que también se desvelan por el mantenimiento del statu quo. Tal vez ello nos llevaría a compartir definiciones mucho más marcadamente anticapitalistas, antiestatistas y antiburocráticas que quizás el EZLN ya se haya formulado para sus adentros pero que todavía no ha puesto rotundamente de manifiesto.
Nos gustaría reflexionar fraternalmente también sobre una frase de la Sexta Declaración a la que asignamos especial importancia y que ilustra uno de los rasgos distintivos del EZLN durante todo este tiempo: "o sea que arriba lo político democrático mandando y abajo lo militar obedeciendo. O tal vez es mejor que nada abajo sino que puro planito todo, sin militar, y por eso los zapatistas son soldados para que no haya soldados." Porque, realmente, si fuera "puro planito todo" nadie manda y nadie obedece sino que cada cual actúa a partir de sus convicciones, de sus posibilidades y de sus compromisos con los acuerdos libremente adoptados. Y diríamos también que es paradójico y peligroso eso de que haya soldados para que no haya soldados puesto que entonces -¡qué lío con las palabras!- siempre tendríamos que contar con algunos soldados para que no hubiera más soldados. Porque parece mucho mejor, más directo y más claro decir que somos anti-militaristas; y luego trabajar realmente, de lleno y sin medias tintas por la disolución de todos los ejércitos.
Nos gustaría discutir más detenidamente con nuestros compañeros de la Selva Lacandona los motivos por los cuales estamos entusiasmados con la idea de reunir a los movimientos sociales mexicanos en una red amplia y sin exclusiones. Pero, incluso así, querríamos mantener una respetuosa discrepancia respecto a un procedimiento que tal vez no sea el mejor. En efecto, creemos que esa red no debería tener centro alguno y, precisamente por eso, el EZLN no tendría que haberse auto-atribuido el papel de coordinador inicial, asignándose a sí mismo la administración de un diálogo en rueda donde los participantes han sido previamente categorizados y se reúnen según las disposiciones de fecha, lugar y orden del día decididos por el CCRI. Seguramente habría sido mejor que las fechas hubieran surgido de una vasta consulta previa, que el lugar fuera equidistante y que el orden del día de partida no resultara ser otra cosa que el libre fluir de una palabra plural e irreductible. Pero quizás tampoco quepa desconfiar de las intenciones y sí pensar que esta convocatoria no es más que una urgida necesidad fundacional y que no faltarán oportunidades en el futuro para que las cosas sean de otro modo.

Cuba: tan cerca de Chiapas y tan lejos del EZLN
Nos gustaría extendernos sobre estas cosas y muchas otras, pero no parece oportuno ahora más que dejarlas planteadas. Sin embargo, hay un tema que no podemos soslayar en este momento y que, en tanto Movimiento Libertario Cubano, nos interesa directa y especialmente. Nos parece magnífico que el EZLN ponga de manifiesto su solidaridad con los pueblos en lucha de América Latina y del mundo y bien podemos hacer nuestras sus declaraciones en tal sentido. Incluso, en la medida que las luchas de los pueblos están en todas partes, creemos que es una buena imagen literaria sostener que no se sabe muy bien dónde entregar los testimonios solidarios del EZLN. Lo que no queda claro, entonces, es el mecanismo ideológico y político por el cual todos los pueblos del mundo son "inubicables" mientras que el pueblo cubano sí puede encontrar su sede, su residencia natural y su legítima representación en la embajada de su gobierno en Ciudad de México. Planteadas las cosas de este modo es como si el EZLN interrumpiera casi todos sus conceptos, prácticas y aprendizajes en el momento mismo de "desembarcar" en Cuba. Porque ¿qué vinculación natural y coherente puede haber entre un planteamiento que apunta a exaltar el tejido de la sociedad mexicana a través de sus movimientos sociales de base y otro que supone que su equivalente cubano se encuentra enteramente absorbido por su gobierno? Más aún, ¿el EZLN cree que el gobierno cubano encarna el modelo de la nueva izquierda revolucionaria latinoamericana o que está dispuesto a participar del mismo así sea como discreto acompañante? ¿El EZLN considera que hay que hacer en México lo mismo que ha hecho el Partido "Comunista" en Cuba? ¿El EZLN no supone que es contradictorio e inconsecuente emparentar solidariamente la autonomía de las comunidades de base con un régimen centralizador y excluyente? ¿El EZLN no piensa que la expresión del pueblo cubano puedan ser organizaciones populares autónomas cuya emergencia el gobierno se encarga meticulosa y sistemáticamente de evitar por medio de la represión preventiva? ¿Qué respuestas de fondo, en definitiva, puede dar el EZLN a interrogantes de tanta gravitación?
Pero, además, el EZLN no puede desconocer ni haber olvidado que durante cuatro largas décadas los gobiernos cubano y mexicano mantuvieron relaciones carnales; uno de cuyos mejores momentos seguramente puede encontrarse en torno al silencio cómplice del gobierno cubano respecto a la matanza de Tlatelolco en 1968 y al envío de deportistas a las olimpíadas inmediatamente subsiguientes; aun a pesar de los llamamientos al boicot de las mismas a que entonces convocara la izquierda mexicana. Una relación carnal inter-estatal a la que no le cuesta encontrar su personificación en la amistad de Fidel Castro y Carlos Salinas de Gortari; una parte de cuya fortuna -amasada gracias al expolio de trabajadores mexicanos- es hoy invertida en territorio cubano. A partir de estos antecedentes y de muchos de similar talante, al EZLN no debería resultarle difícil constatar que, para la élite dirigente cubana, el eje de las relaciones internacionales no está constituido por las luchas de los pueblos sino que esas luchas son reinterpretadas a voluntad según el tipo de vinculación que el partido monopólico defina tener con el resto de los gobiernos; siempre y cuando éstos puedan aportarle algo de oxígeno a su capacidad de sobrevivencia. ¿Cómo se explica, si no, que la diplomacia cubana haya apoyado las luchas contra el apartheid en Sudáfrica y también se haya solidarizado casi hasta la extremaunción con el régimen de Suharto en Indonesia, que mantenía una situación parecida en Timor Oriental? ¿Qué coherencia puede haber entre suscribirse al derecho de los pueblos africanos a definir su destino y al mismo tiempo enviar tropas de ocupación a enfrentarse a los independentistas eritreos según las necesidades del ajedrez soviético o, ya en un registro virtualmente paródico, entrenar a la escolta militar de Idi Amin? ¿Qué justificación tiene el gobierno cubano para enviar a su vicepresidente a participar en el Foro de Davos y luego al presidente de su Asamblea Nacional a protestar en Porto Alegre contra ese mismo foro? ¿Cómo puede ser que se condene con tanto énfasis el racismo en la Conferencia Mundial de la ONU realizada sobre el tema en Durban y luego se rechacen todas las invitaciones para analizar las razones por las cuales hay una sobre-representación de personas negras en las cárceles cubanas? Y así sucesivamente; hasta donde pueda llegar la curiosidad crítica de quien sea.
A todo esto: ¿hace falta que se le recuerde al EZLN las condiciones de vida del pueblo cubano y su imposibilidad absoluta de organizarse autónomamente o tan siquiera de expresarse para enfrentar esa situación? Pensamos que toda referencia concreta al respecto es innecesaria en este momento y queremos creer que la mención a la embajada del gobierno cubano en Ciudad de México no es mucho más que un acto fallido; un lapsus que puede ser enmendado cuando se presente la primera oportunidad. Y queremos creerlo así porque lo que está en juego es mucho más importante y así lo hemos insinuado desde un principio. Repitámoslo y tengámoslo presente de aquí en adelante: lo que importa es la conformación, el perfil y las orientaciones de una constelación de agrupaciones y prácticas rebeldes que hoy están en condiciones de nutrir a la nueva izquierda revolucionaria latinoamericana. En ese trabajo de creación no puede haber descuidos ni ligerezas ni frases de cortesía. En ese trabajo de creación el gobierno cubano no tiene nada para aportar porque los únicos mensajes genuinos que nos permitirán avanzar en el camino de la libertad no habrán de partir de los despachos burocráticos de La Habana sino de bullicios y estrépitos que surgen bien de abajo y que abajo mismo encuentran sus ecos inconfundibles. Es allí donde están los "forajidos" ecuatorianos, la resistencia mapuche, los regantes cochabambinos, las fábricas recuperadas en Argentina, las ocupaciones de tierras en Brasil y, por supuesto, también las búsquedas y ensayos que hoy mismo tienen lugar en la Selva Lacandona. ¡Por el comunismo libertario!

Movimiento Libertario Cubano Subir


Arroja la bomba

Arroja la bomba
que escupa metralla,
coloca petardo
y empuña la "star". (bis)
Propaga tu idea
revolucionaria
hasta que consigas
amplia libertad.

Acudid los anarquistas
empuñando la pistola
hasta morir,
con petróleo y dinamita
toda clase de gobierno
a combatir y destruir.

Es hora que caiga
tanta dictadura,
vergüenza de España
por su proceder. (bis)
No más militares,
beatas ni curas,
abajo la Iglesia
que caiga el poder.

Acudid...

Esta canción fue compuesta por un preso anarquista durante la Dictadura del general Primo de Rivera (1923-1930). Enseguida se hizo muy popular. Como la letra era considerada demasiado violenta por algunos, se compuso una variante: Defiéndete pueblo / contra tus tiranos / hasta que consigas / un mundo de hermanos. / Defiende tu idea / de la tiranía, / que tu vida sea / en plena anarquía. // Luchemos hombres conscientes / defendiendo nuestra vida y dignidad; / despejemos nuestras mentes, / implantemos nuestra ansiada sociedad. // La anarquía es orden / y amor a la ciencia, / el funesto Estado / es la violencia. / Rompe tus cadenas, / no las sufras más, / si sabes romperlas / tendrás libertad. // A vivir como hombres libres; / anarquistas imponed vuestra moral / superior a la burguesa, / destruyamos para siempre el Capital. // Luchemos obreros / por el anarquismo, / ideal hermoso / lleno de altruismo. / Redímete pueblo / de la autoridad, / que mata y oprime / con impunidad. // No ya más explotadores, / resplandezca ya en la tierra la igualdad, / a luchar los productores / por un mundo de justicia y de equidad. // Desnudos nacimos / hombres y mujeres, / igual en derechos / igual en deberes. / Iguales nos hizo / la naturaleza, / iguales seremos / en la madre tierra. // Ya no más pobres ni ricos, / suprimamos de una vez la esclavitud. / Es misión del anarquismo / si lo sabe defender la multitud.
Existe otra variante que dice: Levántate hermano / contra los tiranos, / Estado, la Iglesia / y el vil Capital. (bis) / No tengas conciencia / de tanta canalla, / que explota tu cuerpo / sin tener piedad. (bis) // Acudid los anarquistas / empuñando la pistola / hasta morir, / con petróleo y dinamita / en cenizas las prisiones / convertid y destruid. //Ya es hora que caiga / tanta dictadura, / vergüenza de España / por su proceder. (bis) / No más militares, / beatas ni curas, / que arda la Iglesia / y caiga el poder. (bis) // Con las armas en la mano / las prisiones y las cárceles abrid, / libertad a nuestros hermanos / y las cárceles y prisiones / destruid y extinguid.
Parece ser que en el Congreso de Zaragoza de la CNT (mayo de 1936) se entonaba otra letra que empezaba así: Bella Zaragoza / ciudad libertaria...

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