PERIODICO ANARQUISTA
Nº 201
 ABRIL 2005

 

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No hay poder bueno

A quien se obstina todavía en creer que existe algún poder bueno, y si no exactamente bueno sí algo mejor que los "malos", el contacto con la dura realidad le reserva amargas sorpresas. Y, vistos los tiempos que corren, estas amargas sorpresas son cada vez más frecuentes. Incluso donde menos te lo esperas.
Es sabido que Inglaterra es la patria de los derechos civiles, la tierra donde desde siglos atrás el respeto al individuo y a su libertad era, en comparación con los demás países, simplemente inimaginable. Y donde una opinión pública conocedora de su propia capacidad de "vigilancia" sobre las acciones del poder podía equilibrar, y a veces incluso ostaculizar, la arrogancia de los poderosos. Lógicamente habría que pensar que hoy, con un gobierno laborista (es decir, de tradición socialista) fuerte como nunca, hasta tal punto de no temer en absoluto los votos de la oposición, los derechos del ciudadano, y sobre todo los de las clases más débiles, estarán más salvaguardados y protegidos que nunca. Y la boca abierta y sonriente de Blair debería ser la prueba.
Leemos, por el contrario, que para alimeantar los espíritus más reaccionarios e irracionales del país, el gobierno laborista se está apresurando a aprobar nuevas leyes de orden público. Leyes que, aplastando las garantías más inofensivas, conceden a la policía poderes extraordinarios de control y represión para una larga lista de acusaciones. Si estos supuestos delitos son cometidos por extra-comunitarios o por ciudadanos británicos de religión musulmana, los poderes absolutos de la policía se acentúan más. Todo, naturalmente, en nombre de esa bendita lucha contra el terrorismo que, un poco por todas partes, se utiliza como pretexto para "mejorar" los instrumentos de control sobre cualquier forma de desviación o disidencia. Y si a alguien se le ocurre insinuar que, como buenos anarquistas, estamos inclinados a exagerar la malicia del poder (si bien el poder es tan malvado que no necesita de exageraciones), reflexione sobre esta declaración de lord Scott, uno de los jueces del tribunal constitucional que, de momento, se opone al proyecto de ley laborista: "Cuando un Estado puede encarcelar a un acusado sin pruebas de su delito, se abre un abismo que pone al Reino Unido al lado de las peores dictaduras del pasado".
Este es Blair, culo y mierda con ese otro genio de Bush, el que no se ha pensado dos veces mandar al Royal Army a exportar la democracia a Iraq con la excusa de las armas de destrucción masiva. Y que lleva tiempo haciendo todo lo posible por despojar al laborismo de la poca credibilidad que le quedaba. Afortunadamente no todos, en la izquierda, son como él. Esparcida por el mundo queda todavía gente honesta, creíble, que viene de abajo y se esfuerza en mantener y poner en práctica, una vez conquistado el poder, esos buenos principios de hermandad, solidaridad e igualdad que le han permitido ser elegido. Efectivamente…
Pasemos al Brasil. En el gran Brasil democrático, finalmente gobernado por un presidente, Lula da Silva, sobre cuyo pasado de militante siempre de parte de los pobres y de los explotados no hay tacha. Aquí también encontramos a espuertas las maldades del poder. Como muestra, la última: la represión ordenada por el gobernador de Goiás y compañero de partido de Lula, un tal Marconi Perillo, contra los millares de desgraciados, gente pobre y sin techo, que ocupaban "abusivamente" terrenos privados pertenecientes a los ricos propietarios de la ciudad de Goiânia. Decenas de muertos y heridos como resultado de la democrática intervención de la policía entre las chabolas de Sonho Real, decenas de muertos y heridos culpables de haber creído en las promesas demagógicas de un gobierno que se decía interesado en encontrar un remedio a su desgraciada pobreza. Decenas de muertos y heridos en defensa de los propietarios de tierras y de su libertad para gozar de las propias riquezas. ¿Será éste el nuevo significado que dan hoy al viejo lema de "tierra y libertad"?
¿Qué vamos a pensar? ¿Que el tío Lula, responsable objetivamente como su gobernador, de esta enésima masacre, se está convirtiendo en un reaccionario con la mente transformada por completo? O que también él, si pretende gobernar sobre la base de un cheque en blanco concedido por la supuesta voluntad popular, se encuentra inevitablemente, como cualquiera en su lugar, en la necesidad de defender no los intereses de los explotados sobre quienes ha construido su propia credibilidad (y fortuna), sino los de quienes quieren que el poder sea siempre un instrumento de represión al servicio de los poderosos.
Seremos aburridos, seremos monótonos y carentes de fantasía, pero no es culpa nuestra si cada día se nos ofrecean nuevos argumentos para recordar, incluso a las numerosas almas cándidas del mundo solidario, que el poder bueno, guste o no guste, no existe. Y que, como decía otro, el único poder bueno es el que no existe.

Massimo Ortalli
(Umanità nova) Subir


Terrorismo

Entre el 8 y el 11 del pasado mes de marzo, se reunieron en Madrid numerosos mandatarios y ex-mandatarios de todo el mundo para hablar sobre terrorismo.
La cumbre se denominó "Sobre terrorismo, democracia y seguridad", palabras que despiertan en nosotros preocupantes temores cuando las vemos juntas en la prensa burguesa.
Una vez más se ha manipulado el lenguaje para ponerlo al servicio de la mentira, de los intereses económicos de los Estados, que se confunden con los de las grandes multinacionales. Una vez más, apoyado en un gran despliegue de medios, se ha ofrecido a la opinión pública la cara amable del poder para que los ciudadanos lo aceptemos sin reticencias. Una vez más, se ha vuelto a la división maniquea de un mundo donde sólo tienen cabida los buenos, garantes de la paz y el orden, y los malos, cuyo único pensamiento es la destrucción y la muerte.
Juan Carlos de Borbón afirmaba en su discurso de conclusión "es un imperativo moral que incumbe a todos los demócratas luchar unidos contra la violencia terrorista". ¿Incluía entre esos "demócratas" a Putin, quien dos días antes había acabado con la única esperanza de diálogo con los chechenos eliminando al más moderado de sus líderes? ¿O pensaba en el ministro de exteriores cubano, cuyo apretón de manos quedó fijado en las páginas de los periódicos de mayor tirada?
Según el lingüista Lázaro Carreter, el términoa terrorismo fue utilizado por primera vez en 1913 por Simón Bolivar y sirvió para calificar la violencia que el Estado español ejercía sobre los pueblos americanos con el objeto de someterlos. Por tanto, podemos considerar al Estado como el primer terrorista.
Sin embargo, el poder tiene en su mano todos los recursos y uno muy importante es el lenguaje. Cuando conviene, las palabras se pueden vaciar de contenido para lanzarlas después con un significado totalmente diferente del que tuvieron en origen.
Actualmente podemos leer en la Enciclopedia Larousse que terrorismo es "medio de lucha violenta practicada por una organización o grupo político frente al Estado". Extraña definición que desconcertaría a Bolivar y deja patente la hipocresía de una sociedad acostumbrada a manipular nuestras vidas. Escuchamos las palabras y las unimos a nuestro léxico sin pararnos a pensar que al hacerlo estamos modificando nuestro pensamiento. El lenguaje, ya sea escrito, oral o mediante mímica, es el único medio que tenemos los seres humanos para comunicarnos y su manipulación es frecuente y solapada. Los medios de oficiales de comunicación son los encargados de lanzar un término lingüístico que al principio nos parece extraño, pero que poco a poco lo vamos incorporando a nuestras conversaciones cotidianas y termina por formar parte de nuestro vocabulario.
Los Estados siguen ejerciendo su terrorismo particular, pero con otro nombre. Ahora lo llaman "defensa de la paz", "prevención de la violencia" o muchas otros apelativos tan peregrinos como estos. Suena mejor defender la paz que ejercer el terror pero ¿qué defensa de la paz hace EE UU en Guantánamo? ¿Cómo se puede prevenir la violencia bombardeando Iraq o convirtiendo en escombros las calles de Kabul?
La palabra paz se tergiversa, se ensucia y se manipula. Kissinger, inspirador de la política exterior norteamericana durante el mandato de Nixon y ferviente apoyo de la posición sionista frente a Palestina, recibió el premio Nobel de la Paz en 1973.
Desde Ben Gurión a Ariel Sharon, pasando por Golda Meir o Menahem Beguin, los israelíes han utilizado sus tanques y sus rifles de largo alcance contra los tirachinas y los desesperados kamikazes del pueblo palestino. Pero, mientras los primeros han sido considerados garantes del orden, a los segundos se les ha denominado terroristas.
Para ejercer impunemente el terror hay que hacerlo como defensa del Estado. Así se puede machacar a los pueblos, conculcar los derechos humanos, atropellar libertades... todo está permitido en nombre de la legalidad.
El Estado de Sudáfrica ha ejercido el terror durante más de doscientos años contra la población negra de su territorio, cerca del 72 por 100, marginándola en los medios de transporte, impidiéndola el acceso a la educación y la sanidad e impidiéndola ocupar puestos de responsabilidad. Pero todo se hacía mediante leyes promulgadas por un parlamento formado exclusivamente por blancos. Si algún negro se rebelaba ante tamañas injusticias era encarcelado y torturado. ¿No merece esa conducta el nombre de terrorismo?
Pero ¿por qué marcharnos a otras latitudes cuando tenemos a nuestro lado ejemplos tan claros? El Estado español ejerce la violencia contra los obreros permitiendo los contratos basura, la subida desmesurada de la vivienda, la escasez de los salarios... Nos aterroriza pensar que nuestros niños y niñas pueden ser adoctrinados por quienes piensan que los preservativos son perniciosos y que la castidad es el único medio de evitar el sida; tenemos miedo cuando vemos cómo se juegan la vida muchos trabajadores que suben a los andamios sin la protección adecuada; sentimos pánico de no poder pagar la hipoteca a fin de mes porque los precios suben y nuestros ingresos no cambian de nivel.
No hay una violencia buena y otra mala. Eso se queda para las películas del "Far West" o para los discursos de Bush, Zapatero o Berlusconi, pues llámese como se llame el político de turno y tenga el color que tenga, utiliza las mismas frases manidas.
Cuando oigamos hablar de terrorismo deberíamos hacer una pequeña reflexión y preguntarnos de dónde parten las verdaderas raíces de nuestros temores.
Las cumbres sobre terrorismo siempre serán voluntariamente miopes y sesgadas y siempre se sustentarán en palabras confusas y altisonantes para alejar nuestra mente del problema real. Y es que, la existencia de cúpulas de poder y la sustentación de privilegios, sólo puede mantenerse en la confusión, la manipulación y las verdades silenciadas a medias.
Todo terrorismo, venga del Estado, de la Iglesia, de una organización creada para el fín que sea, o de cualquier individuo, tiene como misión sembrar el miedo y la muerte; la vida y la auténtica libertad son demasiado importantes y no podemos permitir que sucumban ante los cantos de sirena de los políticos.

Mª Ángeles García-Maroto subir


Campos de concentración

Sesenta años nos separan ya de la finalización de la II Guerra Mundial. Y con este acontecimiento ha vuelto a surgir el horror que supuso para millones de seres humanos la barbarie de los campos de concentración. Aunque se vierten cifras sobre este tema, quizá nunca lleguemos a saber las dimensiones reales del holocausto.
El pasado mes de enero se cumplieron sesenta años de la liberación del campo de Auschwitz. Y con esta conmemoración hemos vuelto a recordar el horror nazi y hasta dónde puede llegar el ser humano. Judíos, gitanos, anarquistas, comunistas, socialistas, homosexuales, etc., fueron objeto de persecución y muerte. Auschwitz fue uno de esos testigos de primera mano.
Pero fueron muchos más los campos de concentración y exterminio que existieron. Buchenwald, Dachau (el primero que ponen en marcha, en 1934), Mauthaussen, Neueganme, Niederangen, etc. En el campo de Gross Rossen, en Polonia, la nacionalidad de los recluidos era belga, búlgara, china, alemana, francesa, griega, italiana, croata, luxemburguesa, holandesa, noruega, polaca, rumana, suiza, serbia, eslovaca, española, checa, húngara y soviética. En este campo los judíos tenían nacionalidad aparte y con una subdivisión de "judíos políticos".
Nombres de infausto recuerdo son los de los doctores Heyde, Gorgasz, Mennecke, Schmalebach y Schuhmann. Estos llevaron a cabo la operación "14f13", por la cual en distintos campos se debía separar a los presos enfermos y exterminarlos. Es el antecedente directo de lo emanado en la tristemente celebre Conferencia de Wanssee, donde se dio inicio a la llamada Solución Final de exterminio de las denominadas razas inferiores. Patrocinada por Richard Heydrich y Adolf Eichmann, desde entonces, y estamos en el invierno de 1942, la maquinaria de exterminio se quintuplicó. En ese momento Auschwitz-Birkenau y Treblinka toman importancia. Treblinka solo tenía un objetivo, exterminar. En Auschwitz-Birkenau se se produjeron los terribles experimentos de Joseph Menguele. Y detrás de todo esto estaba la fanática mano del reichfürer de las SS Heinrich Himmler.
Todo esto ocurrió durante los años de la guerra mundial, pero la ideología nacionalsocialista desde su origen tenia como objetivo la limpieza étnica y el exterminio de las denominadas "razas inferiores" como judíos o gitanos. Tan solo hay que leer Mein Kampf (mi lucha) de Adolf Hitler, escrito en 1924, o las revistas ariosóficas y sus movimientos dirigidos y liderados por personajes como Guido von List o Liebenfels, donde participaron reputadísimos nazis como el ya citado Himmler, Rudolf Hess o Alfred Rosemberg.
Aun así no caigamos en el error. El nacionalsocialismo no fue una ideología de dementes. Fue una ideología que emanó de los hombres y de ahí la verdadera perversión y crimen de todo lo cometido. Pues considerar hoy al nazismo como locura es dar la la justificación que necesita para todo lo que cometió. No eran locos ni monstruos, eran hombres. Criminales perversos influidos por una ideología fanática y asesina.
Igualmente es doloroso ver cómo surgen historias revisionistas y negacionistas, que dicen que los campos de concentración nunca existieron, que todo fue un montaje de judíos, norteamericanos y soviéticos. La mejor medicina contra esto es que los propios nazis reconocen que estuvieron en Auschwitz y otros campos. El negacionismo es otra de esas concepciones que se han hecho eco al combatir de manera clara al nazismo. Porque combatir y destruir el nazismo no es asesinar nazis, sino ir al fondo de la ideología y aniquilarla. Vencer la idea y enterrarla para siempre, porque en la idea nazi está su perverso crimen racial y es la mejor arma contra el negacionismo.
Perversa fue también la actitud de la Iglesia católica y todo su entorno, así como el de la religión en general. El apoyo del Vaticano a los nazis fue descarado. Hace pocas fechas el director de cine Costa Gavras nos deleitaba con una fabulosa película sobre este aspecto, Amen. Y como no podía ser de otra forma, armó un gran revuelo en el Vaticano y su entorno. Después de ver lo ocurrido en los campos de concentración, nos podríamos preguntar cómo se puede creer en Dios. En una película titulada La tregua, hay una escena con el diálogo de dos antiguos prisioneros judíos italianos de Auschwitz, camino ya de su hogar; le dice uno al otro: "Gracias a Dios volvemos a casa". Le contesta su acompañante: "Si Auschwitz ha existido, Dios no puede existir".
Lo mismo que desde estas líneas condenamos los campos de concentración y entonamos un fuerte nunca más al nazismo, también condenamos los gulags soviéticos, los campos de concentración de la España franquista, los de las dictaduras argentinas y chilenas, y así una larga lista en la historia y la actualidad. Algún día trataremos más profundamente alguno de estos hechos.
Los seis millones de judíos asesinados por el nazismo, otros tantos por cuestiones políticas (quizá más) o de otras etnias o ideas. Por el total de los 60.000.000 de muertos de la II Guerra Mundial, nada de esto debe quedar en el olvido. En nuestra mano está que los campos de concentración no vuelvan a existir, y sólo combatiendo las ideologías criminales podremos conseguirlo.

Shlomo Vlasov Subir


Un irresponsable llamado Acebes

Es posible que no os enteraríais, en el momento oportuno, de que el PP celebró un "Congreso". Como son tan modestos, tan discretos, tan sencillos, temo que, al no haber hecho propaganda y dado que la televisión tampoco mencionó nada, no os hayáis enterado bien de tan magno acontecimiento. Para que os enteréis, me tomo la molestia de darlo a conocer. El PP celebró su "Congreso".
Ha sido un "Congreso" con mucha sustancia. Han sido capaces de realizar un estudio analítico, concienzudo, de todas las necesidades presentes y proyectos futuros que pueda necesitar nuestra colectividad, sin que por ello se llegasen a olvidar los graves problemas internacionales. Dada la cantidad y densidad de los análisis efectuados, el "Congreso" en su totalidad ha durado dos días, incluidas las presentaciones, palmas, abrazos y alabanzas. En ellos hemos podido ver, una vez más, lo que ya habíamos visto: esas caras tan conocidas como negadoras de todo afecto.
Esta gente del PP tiene la gracia a capazos. Les da vergüenza llamarse lo que en realidad todos sabemos que son: de derechas. Bien lo sabemos y no vemos por qué no tienen el valor moral de aceptarlo. Están dispuestos a renegar de sus propios sentimientos para intentar recuperar algunos votos más, y ya han visto que incluso con el hijo de Suárez les ha tocado perder. Hay que tener mucho valor para considerar de centro a un Fraga que lleva las flechas de Falange desde que nació. El que escribe estas mal hilvanadas líneas ha considerado siempre que debemos aceptar las responsabilidades que de nuestra forma de pensar se puedan desprender. Todos tenemos el perfectísimo derecho de pensar como nuestra conciencia lo determine, aunque no ignoro que muchos no son pensamientos que defienden, sino simplemente intereses. El pensamiento es una cosa que no todo el mundo está dispuesto a sostener, y que frecuentemente se suele mezclar con algo que nada tiene de común con él por lo distante que le es.
Las derechas, como el PP, no han podido aceptar ni digerir el fracaso electoral. Desde que dejaron el poder no han hecho otra cosa que negar a los otros el derecho de ocupar una plaza que de siempre han considerado como propia, eterna, por obra y gracia de su dios protector. Que no se fíen los del PP en demasía en su dios, que es el mismo Yahvé que hace dos mil quinientos años tenía que defender a su pueblo elegido. Tiempo hemos tenido de conocer hasta dónde llegaría esa divina protección. Después de dos mil años de exilio, ahí estamos viendo a dónde los ha llevado Yahvé y el otro dios de sus enemigos. Los dioses son muy particulares, y al ser tan numerosos como ineficaces son inexistentes. No os hagáis, pues, muchas ilusiones en el que vosotros consideráis como "único", que os podría aportar más de una sorpresa. Por el momento, os ha hecho perder el poder, y vuestros amiguitos de las sotanas no han sido capaces, con todos sus ruegos y sus relaciones directas -según ellos- con el de arriba, de evitaros ese disgusto permanente en el que tan tristemente vivís.
Ese "Congreso" nos ha dejado a todos sumamente maravillados por la cantidad enorme de aplausos y felicitaciones en él habidos. Todo ha sido felicidad en medio de esa tristeza por haber perdido el poder; felicitaciones por las grandes obras realizadas, no era para menos. Pero lo que sí hemos podido constatar es la gran cantidad de veneno que todos ellos han destilado. Todos se han aprendido de memoria las pasadas lecciones que el "maestro" les diera: el insulto, el menoprecio, la ofensa no han dejado de constatarse en ese "constructivo" conjunto de voces. Sería muy instructivo poder tener las actas de tan magna reunión: una verdadera lección. Ellos son los mejores, aunque hayan perdido las elecciones, porque así se lo ha hecho creer su "profeta" Aznar. Y ya sabemos que, cuando tan gran eminencia habla, son palabras que llegan a Yahvé.
Ha habido un reajuste en las altas esferas del PP y hemos visto que Acebes ha llegado al puesto casi supremo, ya que es Rajoy quien lleva las riendas. Acebes se ha tomado por Júpiter y cada vez que abre la boca es para echar fuego por sus colmillos. El angélico, como buen cristiano que debe ser, ha tenido la desvergüenza de hacer una comparación de la actitud actual de Zapatero con la situación creada en 1936, y este dulce y exquisito personaje intenta lanzar la responsabilidad de aquel drama a quienes tuvieron que sufrir sus consecuencias, a sus víctimas.
Hay que tener mucho cinismo y pocos escrúpulos para intentar mistificar de forma tan repugnante la historia, y desear hacer de los culpables las pobres víctimas que tuvieron que soportar tantos "crímenes", tantas humillaciones y desolación en un país del que la eterna derecha había sido siempre dueña y señora. No todo está permitido, "señor" Acebes. Conocemos bien las causas y consecuencias de aquel miserable asesinato del mísero, del hambriento y esclavizado. Cállese, no remueva las cenizas, que aún quedamos algunos de aquellos que tuvimos que soportar la miseria que irresponsables como usted se permiten hacer pasar por verdad, cuando bien sabemos la falacia que sustenta. De aquella sangre, tan ampliamente derramada, no fue responsable el pueblo, sino víctima; los responsables fueron aquellos que no podían soportar que pudiésemos respirar y que pidiésemos pan y libertad.
No, no intente hacernos responsables de lo que fuimos víctimas. No pretenda que la hoguera permanezca encendida, deje que su rescoldo se extinga, no mantenga la esperanza. No, "señor" Acebes, no mienta.
Pero, como había de esperar, la milagrosa aparición de Aznar fue ya el delirio para todos sus creyentes. Hay que ver cómo la mente humana está dispuesta a hacer de un pigmeo un gigante. Porque Aznar, como de costumbre, no dijo nada que valiera la pena. No hay quien le haga salir de sus viejas manías rutinarias y sin sustancia. Su exquisita "ciencia" ha consistido siempre en menopreciar e insultar al adversario. No sabe lo que significa el respeto a quien no piensa como él. Se ve bien lo buen cristiano que es. Es una verdadera delicia poder escuchar a semejante eminencia. Y los más gracioso es que los suyos, los del PP, creen tener una especie de Séneca, al que adoran como un dios. Es triste que tanta gente se conforme con tan poca cosa. Verdad es que hay gustos que merecen palos, como dice el refrán, y en este caso, los deberían recibir para que despertaran de tan desagradable pesadilla.
Ya veremos, ya veremos lo que, una vez pasadas las glorias de tantas alabanzas y aplausos, nos van a presentar como obra para el futuro. Todos han estado de acuerdo, nadie ha dicho lo contrario de lo que indicaba el jefe. El pobre Gallardón sugirió la autocrítica, pero ya hemos podido ver que se va a tener que conformar con lo que tiene, y que no haga el tonto, que el dios de los enanos podría no perdonarle sus ilusiones. Todo puede suceder. El tiempo lo irá decidiendo.

Zaplana Subir


¿Y si pensáramos que Einstein fue anarquista?

El atrevimiento del título es puramente mío y a priori no puede justificarse. Pero leyendo algunas biografías y artículos sobre dicho gran filósofo y hombre de ciencia, llamado el hombre del siglo, creador de la famosa teoría que transformó la concepción del universo y dio la impresión de poseer la fórmula mágica que desafiaba, con su teoría de la relatividad, las nociones de tiempo y espacio...
Es para nosotros, los libertarios, los ácratas, los anarquistas, un estimulante y al mismo tiempo un sedante, comprobar que una gran parte de dichos valores universales, verdaderos sabios que han ido descubriendo y profundizando en el inmenso Cosmos, y nos han explicado cómo funcionan las leyes fundamentales de las galaxias, que han creado vida y de las cuales nosotros descendemos, han rechazado abiertamente y con pruebas válidas la existencia de Dios todopoderoso, fundamento de la Iglesia para argumentar su doctrina, que mírese como se quiera no tiene nada que ver con la Creación y menos con la autoridad de los sacerdotes uniformados y ensotanados. Es una simple moral convencional que en el curso de la historia ha ido arreglando sus cosas, llegando al colmo de que la mayoría de gobernantes les rinden pleitesía oficial por la autoridad de que gozan a cuenta de su propaganda cotidiana y tenacidad.
No somos lo que dicen que somos, gentes insociables, violentos, sin orden, sino todo lo contrario. Naturalmente nuestro orden se aproxima más, e incluso acepta, el pensamiento de un Einstein, de un Newton, de un Condorcet y de los enciclopedistas de Diderot, padres de la revolución francesa, de Louise Michel y de los comunards. No hay duda de que somos dos mundos diferentes. Y a medida que la ciencia avanza, facilita poder deshilvanar poco a poco lo desconocido y nos hace conscientes de nuestra responsabilidad y demuestra que nuestra posición no tiene nada de extremista en el mundo social-económico en el cual nos desenvolvemos en medio de la imperfección de la Sociedad, que va recibiendo sacudidas violentas, aguantándolas bien o mal, gracias a la ignorancia, al fanatismo que aportan los que divinizan el dogma y los que se encuentran a gusto en la telaraña capitalista.
Continuemos con Einstein. Con su muerte en abril de 1955 las gentes de cultura se consideraron huérfanas. Su amigo Charlie Chaplin, el Charlot de nuestra juventud, en el estreno de "Luces de la ciudad", 1931, ante la oleada de gente que les esperaba y aplaudía rabiosamente, le dijo con un deje de malicia: "me aplauden a mí porque todo el mundo me conoce y a ti porque nadie te ha comprendido". Con su muerte, desapareció el último genio de los buscadores en la línea de Galileo a Newton. Los hospitales se lo disputaron, los doctores disecaron su cerebro. Aún hoy en el laboratorio de Kansas se guarda un fragmento de su cerebro, pero no se pudo descubrir de dónde nacía la genialidad.
En el momento de nacer, Einstein poseía una cabeza desmesurada y durante mucho tiempo no habló. Nació en 1879 en la Alemania prusiana, de madre pianista y padre electricista. A los trece años, este niño judío, educado en un medio modesto, no se preocupaba de la religión, se burlaba de su profesor de griego y tuvo que dejar el establecimiento escolar. Consideraba a sus profesores como suboficiales de un sistema educativo basado en principios autoritarios y jerárquicos. Repudia el ejército: "si alguien puede encontrar placer en marchar en formación al son de una música -señala en su autobiografía- es suficiente para que yo lo desprecie". Así que no hizo el servicio militar y huyó del país al que consideraba una tara de la civilización y adquirió la nacionalidad suiza. A los 17 años se levanta contra todo lo que le oprime y se muestra apolítico convencido. Estudia en el colegio politécnico de Zurich y se define como "un solitario que no ha sentido jamás en su interior la pertenencia a ningún Estado". En 1896 asiste a los debates de los pioneros del marxismo ruso exiliados, escucha a Chain Neisman, futuro presidente de Israel, oye hablar de Jung, ami-ga con Friedrich Adler, que ocupa la habitación dejada vacante por Rosa Luxemburgo, y que en 1916 asesina al conde Stürg, el primer ministro de Francisco José de Austria, antes de transformarse en figura popular del movimiento obrero.
Pronto encuentra a Mileva Mani, una joven serbia, estudiante de física como él, con la que se casará en 1902 y de la que tendrá dos hijos (el primero, muere muy joven de locura). Einstein es pobre. La Universidad no le place y a pesar de los diplomas que posee, perjudicado por su indumentaria, que deja mucho que desear, no halla facilidades para conseguir un puesto de trabajo. Ocupa un modesto empleo de tercera clase en el despacho de Brevets de Berna y desde allí comienza a llenar páginas y páginas con fórmulas y signos matemáticos que en 1905 remite a una revista científica. Se trata de la teoría de la relatividad, genial relectura del Universo que dinamita todos los dogmas del mundo científico de la época. Por fin los profesores de Zurich le perdonan su original vestimenta, sus gabanes mal abotonados y su aspecto de "clochard" y lo nombran profesor. Los estudiantes lo veneran. Sus cursos se continúan incluso en los cafés de barrio, la Universidad de Ginebra lo nombra doctor honoris causa, Marie Curie, siempre amiga, lo invita a París, Praga le ofrece una cátedra de física (y allí permanecerá un año), es bien recibido por Kafka y Max Bond, cultiva su afición de violinista, mantiene relaciones con Poincaré y con Langevin, profesor del Colegio de Francia.
Las universidades de Europa se lo disputan y en 1914 acepta ser miembro de la Academia de Ciencias de Berlín. Había despreciado a Alemania con toda su alma y ahora se reencuentra con el país. Dice: "Los alemanes cuentan conmigo como si fuera una gallina excepcional, pero yo me pregunto si seré capaz de poner algún huevo". Choca con el nacionalismo en medio de la fiebre bélica que se apodera del país, se adhiere a lo que será Liga de los Derechos del Hombre, mientras 93 intelectuales alemanes firman un manifiesto al mundo civilizado en defensa del militarismo sostenedor de la cultura germánica. Indignado, no se deja presionar y escribe un "Llamamiento a los europeos" que sólo recoge cuatro firmas. Fue un acto de fe, de coraje y visionario cuando afirmó: "Ninguna pasión nacional puede justificar tal estado de espíritu (se refiere a los nazis). Es necesario que los europeos se agrupen y cuando seamos suficientes europeos decididos, intentaremos convocar una Liga". Los antisemitas ya no esconden su odio hacia él y Einstein dice: "Alemania es un país educado durante siglos por una cohorte de pedantes y oficiales que le han inculcado la sumisión servil y que ha sido domada para el militarismo más cruel".
Afortunadamente los acontecimientos científicos le llevan al cenit de la gloria: el 22 de septiembre una observación de Eddington, que enseña astronomía en Cambridge, sobre un eclipse de sol en Brasil, confirma la teoría de Einstein. Se convierte en el símbolo del genio. En París, Tokio, Nueva York, Oslo reina la euforia. La guerra había dejado desesperanza en el corazón de algunos, pero, acabada, surge una esperanza secreta. Los tónicos estaban presentes: los revolucionarios tenían a Lenin, los industriales a Ford, los sabios a Einstein, los psicólogos a Freud. El reino único de Newton llega a su fin. Einstein cree en la belleza misteriosa del ser humano, recusa la idea de un dios que recompensa y castiga, el objeto de la creación, para él no cabe duda, es el hombre y él es el dueño del mundo.
En 1933 Hitler le confisca sus bienes, libros y objetos personales y Einstein se asienta en América, en Princeton. En su corazón se ha instalado un odio indestructible hacia Alemania y el 2 de agosto de 1939, presionado por el físico judío Leo Szilard, toma la decisión más grave de su vida, de consecuencias incalculables para él y para la humanidad. Con una carta pone en alerta al presidente Rooselvelt: "los alemanes tienen muchas posibilidades en un tiempo próximo de poseer la bomba atómica, hay que adelantárseles". Se lanza rápidamente el proyecto "Manhattan" destinado a construir la bomba atómica americana. El 6 de agosto de 1945 cuando su secretaria le anuncia el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki se lamenta
"Cometí el más grande error de mi vida cuando firmé la carta a Roosevelt, aun cuando existía alguna justificación". Einstein se considera humillado y se siente cansado. No acepta la presidencia del Estado de Israel. Dos días antes de su muerte, el 15 de abril de 1955, renuncia a cualquier ceremonia religiosa, pide ser incinerado y que sus cenizas sean esparcidas. Nadie podría ir a venerarlo.
Einstein previó tres cosas que se han realizado:
1-El mundo a partir de ahora queda amenazado por la energía nuclear.
2-La explosión demográfica transformará la situación. La mortalidad en el tercer mundo se reducirá en beneficio de la natalidad.
3-La explosión "psíquica" provocada por los medios de televisión. Los pobres sabrán de los más ricos y la inmigración hacia los países ricos será imparable. Será como el agua que se transforma en vapor, pero no se podrá tratar de la misma manera.
Su último gesto fue escribir al presidente checo rogándole que indultara a dos objetores de conciencia. La respuesta recibida distinguía dos clases de pacifismo, el ligado a cuestiones y razones religiosas y el de los anarquistas, predicadores de la destrucción del Estado y decía "Pieter, protegido por usted, no entra en el ámbito de la objeción de conciencia. Es un anarquista".
A veces me gusta hablar del gran pensamiento liberal con su repudio por el Estado y por el Poder y por su apoyo hacia acciones humanas que, en general, la sociedad ataca motejándolas de anarquistas para justificar su orden convencional y arcaico, orden que los grandes pensadores, filósofos y sobre todo matemáticos han reducido a la nada. Un amigo, buen matemático, me dijo que las matemáticas eran la poesía concreta y más próxima a la vida porque han penetrado en el laberinto de las leyes del cosmos y lo mantienen vigilado en sus turbulencias naturales y en su desenvolvimiento (porque el mundo es aún muy joven pese a que los profanos lo sintamos viejo). Y no han encontrado ninguna ley que sea despótica, todo marcha perfectamente ordenado, incluso los cataclismos, y la ley natural es para todos. Los anarquistas sin ser científicos (alguno hay) ya hemos llegado a la conclusión de que las leyes las hacen los hombres para continuar defendiendo el privilegio de unas minorías y la sociedad viene a ser como un cosmos convencional en el que han proclamado a Dios por encima del hombre.
Einstein creía en la belleza del misterio del ser humano, pero refutaba la idea de un dios de recompensa y castigo. El mundo es para el hombre. El Dios católico es un mito convencional, una doctrina que conduce al dogma, muy bien definido por el gran Cervantes cuando a su paso por los aledaños de Zaragoza y metido en un callejón sin salida afirmó: "Amigo Sancho, con la Iglesia hemos topado".

Juan Sans Sicart


Einstein en la CNT

En el debate entre razón y fe, como diría un jesuíta, o entre ciencia y religión, que diría un laicista, el movimiento libertario siempre se ha puesto del lado de la ciencia. Y en España, donde la religión católica juega un papel tan destacado, los anarquistas vieron en la revolución científica del siglo XIX un argumento irrefutable contra el oscurantismo religioso que ridiculizó desde Galileo Galilei hasta Charles Darwin; por el contrario, los anarquistas difundieron con entusiasmo a todos aquellos científicos, desde Camille Flammarion hasta Albert Einstein, que cuestionaban el modelo creacionista tercamente defendido e impuesto por la Iglesia Católica.
Por eso, no tiene nada de extraño que la visita de Albert Einstein a España fuese acogida con interés por la CNT y que, dada la estrecha relación que los anarquistas tenían con el republicanismo federal, cuya herencia recogía en Cataluña la Esquerra Republicana, hablasen con el catedrático Rafael Campalans, anfitrión de Einstein en Barcelona y militante republicano, para que el científico visitase la sede de la CNT y se dirigiese a los trabajadores barceloneses.
Para comprender la importancia de esta visita basta comprobar la cortina de humo que ha caido sobre élla: no está claro que impartiese una conferencia, aunque parece que sí que lo hizo, no se sabe con seguridad cuáles fueron sus palabras, aunque merecieron un informe secreto del consulado alemán, no hemos podido localizar el noticiario cinematográfico que recogió imágenes de la visita, pero parece evidente que se realizó la filmación…
Todo eso da igual. Albert Einstein no era anarquista, sólo simpatizaba con la corriente pacifista de la socialdemocracia alemana, pero acudió a la sede de la CNT. Sólo ese dato ya es suficiente para poder apreciar el prestigio de la central anarcosindicalista, el amor a la cultura de sus afiliados y el reconocimiento a una tarea de divulgación de la ciencia realizado por unos anarquistas a los que nada humano, ni siquiera las más sutiles teorías físicas, les era ajeno.

J.P.C. Subir


Anarquismo y sindicalismo

Estamos asistiendo atónitos a una serie de "recuperaciones" de buena parte de los militantes anarquistas por parte del poder y sus acólitos. Un caso muy singular es de Salvador Seguí, apodado cariñosamente "el Noi del Sucre", uno de los mayores exponentes de la militancia revolucionaria que forjó la CNT. Ahora nos lo intentan presentar como sindicalista catalanista o como un moderado dentro de las corrientes obreras. Incluso han dado su nombre a la Fundación de uno de esos sindicatos vendidos a las prebendas de la patronal y del Estado (él, que siempre vivió de su trabajo como pintor de paredes). Nosotros no pretendemos presentarle de ninguna manera; creemos que es mejor reproducir el texto de una conferencia que pronunció en el castillo de La Mola, en Mahón, el 31 de diciembre de 1920, casi tres años antes de caer asesinado por los pistoleros de la patronal.

Es creencia general que el sindicalismo no significa nada. Los equívocos que alrededor de esta negación se han formado son tantos, y algunos de tal magnitud, que conviene, de una vez para siempre, deshacerlos, destruirlos.
Que el sindicalismo no es nada, no sería nada, sin la espiritualidad irradiada del anarquismo, como afirman algunos, es condicionalmente verdad. Pero sólo condicionalmente.

¿Qué es el anarquismo?
El anarquismo es una gradación del pensamiento humano. Diríamos, mejor, que es la gradación más alta del pensamiento humano. Es una consecuencia lógica de las diversas fases que, a través de los tiempos, han sufrido las ideas, pasadas por el filtro del sentimiento.
Todas las ideas no son nada sin las personas que las crean. Si las personas no las creasen no existirían. Por lo tanto, pues, las ideas han sido determinadas por las personas.
La anarquía, repitámoslo, no es anterior al ser humano, porque si fuera así, los anarquistas dejarían de ser, espiritual y moralmente, lo que fueron y lo que son, para rendir culto fanáticamente a lo sobrenatural.
En este caso no se distinguirían los principios anarquistas de los deístas.
Y, precisamente, porque las ideas son creadas por el ser humano, concebidas por el ser humano, tienen consistencia y valor humano. En caso contrario, ya lo hemos dicho, nada serían; nada valdrían. Serían, sí, un valor negativo. Serían una negación de la conciencia de las personas. Concretemos.
Cualquier idea que no pase o no haya pasado por los procesos de la evolución no es más que elucubración mental.
El anarquismo tuvo que pasar por este proceso evolutivo del que hablamos. Si no fuera así, no se concebiría la anarquía como manifestación humana.
Tenemos que tener en cuenta también otra cosa. Que todas las ideas, tanto las más modestas como las más atrevidas, han sufrido este proceso de evolución. Lo demuestra el hecho de que ni una sola de las concebidas ha sido llevada a la práctica, se ha plasmado en realidades, en su concepción primitiva, en su integridad y pureza. Así las religiones; todas las concepciones filosóficas, económicas y políticas. Así nuestras ideas.
Hasta incluso algunas, de la concepción a la realización, han dejado en el tránsito pedazos de sus principios.
Ahora bien. Con cuanta más fe luchemos y cuanto más íntegramente sea planteada la lucha, más pronto y más felizmente se llegará a la realización de las ideas. De lo contrario, tardarán más en realizarse cuanto más indiferentes seamos.
Pero tengamos en cuenta también, no lo olvidéis, porque el desengaño sería funesto, que las ideas pierden la integridad de la concepción originaria, de la misma manera que todas las ideas se bifurcan, con tal que se puedan llevar a la práctica, más o menos tarde, por los nuevos caminos abiertos, los de la realización más inmediata.
Una idea puede dar margen a nuevas concepciones ideológicas; a nuevas exposiciones. Puede ser motivo para crear organizaciones que, basándose en la concepción espiritual de la misma idea, cree de nuevas. Y aunque fundamentalmente no sean las mismas, no se pueden diferenciar en nada.

¿Qué es el sindicalismo?
Eso pasa con el sindicalismo. Porque el anarquismo, asentamos esta afirmación, da lugar al sindicalismo.
El sindicalismo es la base, la orientación económica del anarquismo. Digamos que es la concepción. La anarquía no es un ideal de realización inmediata.
No lo limita nada. Por su extensión espiritual, es infinito. Para su implantación, no tiene lugar ni tiempo. En el orden social de las ideas, las personas no conseguirán dominarlo nunca.
Hagamos otra afirmación referente el anarquismo, y es que, siendo la concepción ideal de la vida de las personas, no llegará a tener realización, porque es una perfección tal de pensamiento que por tenerla hace falta pasar por las fases del definitivo.
Al contrario de lo que ha pasado con las religiones positivas, que dieron formas tangibles a todo aquello que se propusieron que las tuviera, el anarquismo, por los motivos antes expuestos, no lo puede hacer.
Admitiendo que el anarquismo, a través de los tiempos, pudiera ser una realidad, no dudéis que antes dará margen a la creación de otras concepciones y otras escuelas, nacidas, evidentemente, de la concepción primitiva de la idea.
El anarquismo no llegará a hacerse realidad en su verdadera filosofía. Sería tanto como definirlo y limitarlo. Y eso, no.
El anarquismo no tiene un origen material. No nace en un punto para morir en otro. Es propio de la inteligencia y del sentimiento. Es la suma, como decíamos, de perfecciones humanas.
Por eso, el anarquismo es ya individualismo. De la misma manera que aquel ideal en su integridad es individualista, hay también la concepción colectivista que acepta las cosas más fácilmente realizables del anarquismo.
Es innegable, por tanto, que nuestra organización, que el sindicalismo, es hijo espiritual del anarquismo. ¿Y qué significado tiene el anarquismo?
Históricamente, es el resultado y una condensación del proceso del pensamiento; ideológicamente, es la condensación del pensamiento, al cual dieron vida los compañeros de la Internacional; prácticamente, es el arma, es el instrumento del anarquismo para llevar a la práctica aquello más inmediato de su doctrina.
Dicen que el sindicato no es nada. Se niega el valor del sindicato. Esta afirmación es un error. El sindicato es. Es cerebro. Cerebro y brazo. No se puede comprender el uno sin el otro.
Creo que los anarquistas pueden estar orgullosos, si el sindicalismo y su instrumento, el sindicato, plasman en realidad alguna o algunas de las concepciones del anarquismo. El sindicalismo tiende a usufructuar las prerrogativas que le son propias en el orden social.
Es claro que el sindicalismo no es anarquismo. Pero sí que es una gradación del anarquismo.
También se dice que el sindicalismo no tiene ideas propias. No es cierto. Es un error más en otra afirmación.
En los congresos celebrados en los años 1910, 1915, 1916, 1918 y 1919, el sindicalismo llega a precisar que se amparará de los instrumentos de trabajo. Y cuando se habla de la idea práctica del comunismo, se dice que eso es anarquismo. Sí, bueno, bien. Pero ¿de qué instrumento se valdría el anarquismo para conseguir la realización de su postulado económico? Del sindicato ¿verdad?
El anarquismo da alma y espíritu al sindicalismo. Pero que nadie dude que el sindicalismo es una promesa y una garantía para la precipitación de las ideas anarquistas.
¿Quién niega que el sindicalismo plantea y resuelve el problema económico, problema de los problemas? ¿Quién osará negar que el sindicalismo revolucionario y libertario, en su concepción económica, quién dudará, quién negará, repito, que sea el auxiliar poderoso y eficaz del anarquismo?
He aquí la virtualidad del anarquismo. Por esta razón no estamos de acuerdo con los socialistas. Ellos hacen hombres, pero no creen en su personalidad.
Los socialistas, con la obra que realizan retrasan el momento de la posesión integral de las prerrogativas sociales de la humanidad. Mientras haya quien crea que los problemas no los hemos de resolver por ellos mismos, delante de ellos mismos, sino que su solución depende de los otros, el ser humano no hará nunca nada. Quien crea en la organización estatal es un esclavo.
La virtud del sindicalismo, como tiene ideas propias, es relevar y sustituir los factores del capitalismo y de la burguesía.
La organización profesional del sindicalismo, orientado en un sentido revolucionario y libertario, se acerca al anarquismo.
Sindicalismo es la agrupación natural de los elementos de una misma profesión. Éste no solamente sustituirá los valores burgueses y capitalistas de los cuales he hablado antes, sino que dará garantías de moralidad y personalidad no dadas, hasta ahora, por ningún régimen burgués.
El sindicalismo, digámoslo ya, es la avanzada del anarquismo.

Salvador Seguí Subir


Trece horas de anarquía

El CIRA, Centro Internacional de Investigaciones sobre el Anarquismo, de Lausana (Suiza) es una mina de oro. Se pueden descubrir textos (gracias a M. Morton y a Marianne Enckell) como el siguiente:

El 9 de noviembre de 1965, hacia las 17 horas, en la central eléctrica Sir Adam Beck número 2 de Queenston, en Ontario, un pequeño corte eléctrico puso fuera de servicio una sexta parte del territorio de los Estados Unidos. Y dos Estados de Canadá, es decir, unos treinta millones de personas, durante un tiempo que fue desde quince minutos a trece horas. Podemos agradecer ese pequeño fallo eléctrico porque, al sumergir a la costa Este en la oscuridad, sacó a la luz excelentes principios anarquistas: la descentralización, la ayuda mutua, la acción directa, etc.
En cuanto se pudieron reunir, a pesar de la oscuridad, el presidente Johnson, el gobernador del Estado de Nueva York y el alcalde, declararon estar en contra de las averías eléctricas. Ordenaron al FBI y a otros una investigación. La conclusión sería la de la comisión federal de la electricidad, que observó con gravedad que el incidente "no se habría producido si el funcionamiento de las redes eléctricas hubiera estado vigilado con mayor atención". Ese informe no se atrevió a pronunciar la palabra descentralización. Pero hubo de recomendar fuentes autónomas de corriente para los aeropuertos, los puentes, túneles, y recordar que en Boston nadie se vio atrapado en el metro, alimentado por una fuente de electricidad independiente (en otros términos, descentralizada). Olvidó los hospitales, y sería el informe de Nueva York el que planteara esa delicada cuestión.
Entre paréntesis, la Estatua de la Libertad, conectada a la red de New Jersey (descentralizada) permaneció iluminada durante toda la avería: por una vez, decía la verdad…
El bloqueo de los transportes, por aire o por superficie, planteó los mayores problemas; seiscientas estaciones de metro bloqueadas, varios cientos de pasajeros atrapados durante ocho horas, y sesenta de ellos, catorce horas. Incluso aquí, lo principal fue la solidaridad. Una mujer que se había pasado allí seis horas, declaró: "Jamás habría pensado que los neoyorkinos pudieran ser así. Parecían liberados de toda ira". En un vagón, alguién dirigía un coro de calipso y palmas. Cuando llegó el conductor para sacarlos, las parejas estaban bailando. Nada de pánico.
Otra mujer dijo: "Nuestro conductor aparecía de vez en cuando para preguntar ¿qué tal va todo?, y nosotros respondíamos ¡muy bien! No estábamos nada preocupados". Algunos espabilados lograron saltar para buscar las salidas de emergencia, pero volvían para guíar a sus compañeros de infortunio. Además, unos distraían a los otros; un tenor por aquí, un intérprete de armónica por allá, e incluso un gaitero. Menudos cantos de coro había. Se intercambiaba lo que se tenía para comer en los bolsillos, cacahuetes, caramelos, galletas o aspirinas. Un vagón repartió bollos y salchichón, difíciles de cortar con un abrecartas. A medianoche, la dirección del metro mandó llevar comida a los que aún no habían sido evacuados. Los empleados vieron a los pasajeros durmiendo unos en brazos de otros: no se conocían cinco horas antes. Y ningún policía a la vista…
Durante ese tiempo, los pobres que quedaron atrapados en ascensores, nada menos que 96 en el del Empire State Building, soportaron su suerte con la misma tranquilidad. En el edificio de la RCA, un señor enseñaba posturas de yoga. Cuando los bomberos conseguían llegar a un ascensor, su primera pregunta era: "¿Hay alguna mujer embarazada?" No sabemos el número de veces que se les respondía: "No tan deprisa, nos acabamos de conocer".
En superficie, hubo tanta solidaridad y cooperación como bajo tierra. De los 4.000 autobuses de Nueva York, circulaban 3.500, pero eso no era suficiente en absoluto. Miles de personas hicieron auto-stop y fueron llevadas por perfectos desconocidos. Las colas de las paradas de autobuses se organizaron sin empujones, y sin aprovechar la confusión para colarse sin pagar. Ahora bien, habría sido demasidado pedir a los que iban sobre los parachoques que pagaran también…
En Nueva York se podría pensar que toda la ciudad estaba leyendo El apoyo mutuo de Kropotkin cuando se produjo la avería. Nueva York está considerada como la ciudad más dura y egoísta del mundo. Y la avería se produjo en la hora punta, y había 800.000 personas esperando el metro, y 100.000 en las estaciones de tren, y no se sabe cuántas en los pisos superiores de los rascacielos, y no se sabe cuántas en los ascensores. No hubo ningún crimen ni robo, si bien los policías estaban muy ocupados tratando de salvar a las personas en peligro y de atender a las urgencias. 5.000 de ellos acudieron a trabajar estando de permiso, al igual que 7.000 bomberos.
También es cierto que algunos actuaron como buenos capitalistas y vendieron bombillas a un dólar la unidad, una carrera de taxi a cincuenta dólares, una linterna eléctrica a cien dólares… Pero también podemos hablar de esa criada negra que llevó con su linterna a un abogado hasta su puerta, en el piso décimo (el ascensor no funcionaba), y le dio dos bombillas, rechazando la propina de cinco dólares diciendo: "Está bien así, cariño, esta noche nos ayudamos todos".
O esa mujer ciega, para la que, evidentemente, la falta de luz no cambiaba nada, que guió a los pasajeros de seis estaciones de metro completamente oscuro.
Los voluntarios regulaban la circulación con sus linternas de bolsillo y sus pañuelos. Los que tenían transistores (y pilas suficientes) se pusieron a escuchar las noticias para compartirlas con los demás. Las colas en las cabinas telefónicas estaban tranquilas, y también los restaurantes y los cafés.
Un niña declaró a un periodista: "Debería pasar esto más a menudo. Todo el mundo es más simpático. No es una gran ciudad, cada uno a lo suyo sin pararse a charlar". La revista Time habló de "espíritu de camaradería y de alegría, nacido de la crisis", y la opinión general fue que "la gente sacó lo mejor de sí misma".
Evidentemente, en nuestro tipo de sociedad, "la gente" no puede sino dar lo peor de sí misma. Por eso, la ausencia de esa sociedad -recordemos que el Estado había prácticamente desaparecido- permitió a todos actuar con naturalidad y ser libres.
Bien es verdad que no todo fue maravilloso y luminoso en la oscuridad. Se rompieron unos cien cristales de ventanas, y se detuvo a unos cuarenta ladrones (algunos de uniforme). Sólo se asaltó una docena de tiendas, en una ciudad de ocho millones de habitantes en aquella época.
En un período de dieciséis horas normal, se detiene de media en Nueva York a 380 personas por robo, infracción o violencia. En esta ocasión fueron 65.
Los semáforos se pararon todos. Sólo hubo 33 accidentes de coche con heridos.
Si algunos seres humanos se comportaron como capitalistas, hubo muchos más capitalistas que se comportaron como seres humanos. Los grandes almacenes abrieron sus puertas, sobre todo los de la zona más afectada (con desayuno por la mañana). Un comerciante ofreció caviar y café a quinientas personas. Un almacén dispuso dos autobuses para llevar a sus clientes a sus casas y pidió a sus empleados que hicieran una cadena para que no se perdieran en la oscuridad. Hicieron la ronda, lo que resultó de lo más curioso.
En el puerto, los barcos bajaron sus pasarelas y alojaron a 400 personas en sus camarotes de lujo. Los cuarteles, las terminales aéreas, las iglesias, las estaciones y algunas peluquerías de cómodos sillones abrieron sus puertas.
A propósito de iglesias, los cientos de personas que dormían sobre los duros bancos de la catedral de San Patricio descubrieron que allí no había baño. Después de ochenta años, se envían fieles y visitantes "al hotel de enfrente, lo que demuestra que el buen dios está en la mierda". Increíble pero cierto, varios hospitales que no disponían de generadores se pusieron automáticamente en situación de alerta; treinta voluntarios pasaron la noche haciendo funcionar a mano los pulmones de acero.
Kropotkin escribió: "No tenemos miedo de decir: haz lo que quieras, como quieras; porque estamos convencidos de que la mayoría de la humanidad sabrá siempre comportarse y actuar de una manera útil para la sociedad en cuanto se haya liberado de sus actuales trabas".
Y John Hewetson: "Lejos de reclamar una autoridad coercitiva que los fuerce a actuar en pro del bien común, los humanos se comportan de manera social porque la sociedad es un instinto que han heredado de sus más lejanos antepasados en la cadena evolutiva… Sin esta tendencia natural al apoyo mutuo, los humanos no habrían podido sobrevivir en su lucha por la vida".
Tras el suceso, los policías felicitaron a sus conciudadanos por su "espléndido comportamiento", sin darse cuenta de que, en primer lugar, sus felicitaciones resultaban condescendientes, y segundo, que ese espléndido comportamiento demuestra la inutilidad de la policía.
Porque ese corte de corriente eléctrica fue casi un vacación del poder; durante algunas horas, en Nueva York se llegó a la anarquía más auténtica que ninguno de nosotros tendrá la suerte de conocer jamás.

Nestor Potkine
(Le Monde libertaire) Subir


Yo que puedo, no voto
y al que quiere, no le dejan

Debería ser completamente innecesario comenzar este artículo aclarando que no tengo ninguna simpatía ni por los partidos políticos ni por los nacionalismos, y menos todavía si cabe por los partidos políticos nacionalistas; debería bastar su publicación en un periódico anarquista para ratificar mi posición, pero como hay algunos ácratas de botellón (antes se llamaban anarquistas de salón, pero era lo mismo) que rinden culto a la violencia, se solidarizan con todo aquel que diga ir contra el sistema y se emocionan con todo lo que suene a radical, empiezo por decir que no me reconozco ni próximo ni solidario al Movimiento Vasco de Liberación Nacional, ni a sus métodos ni a sus fines.
Sin embargo, resulta muy difícil pasar por alto sin alzar la voz la ya larga sucesión de despropósitos políticos y jurídicos que está protagonizando ese bloque constitucional formado por los grandes partidos políticos, las centrales sindicales mayoritarias y los medios de comunicación de masas. Porque unos y otros nos están ofreciendo gratuitamente un curso acelerado de anarquismo.
La teoría elaborada por el juez Baltasar Garzón, que ahora esconde en una universidad americana su fracaso como juez instructor del mismo modo que escondió en su día en la Audiencia su desengaño como político, tiene como eje central que son miembros de ETA todas y cada una de las personas que militan, colaboran o simpatizan con el entorno social de la antigua Herri Batasuna. Se pasa así, de considerar a ETA como una organización terrorista, con su organigrama propio, a contemplarla como una simple "marca sin registrar", como una referencia mítica que carece de estructura interna y con la que se identifican todos y cada uno de los que simpaticen con sus fines aunque aborrezcan sus métodos. Naturalmente, Baltasar Garzón no es original y, salvando las distancias entre uno y otro conflicto, ya el jefe del ejército portugués en Mozambique durante la guerra colonial sostenía que "tenemos que matar a los hombres porque son terroristas, a las mujeres porque son madres de terroristas, a los niños porque son futuros terroristas, a las niñas porque son futuras madres de terroristas".
Pasamos así de condenar conductas individuales en el ámbito del Código Penal, como pertenecer a una banda terrorista, a perseguir la simple identificación privada con los objetivos de esa organización, pues la apología pública ya estaba contemplada como delito. De penalizar las conductas públicas hemos pasado a castigar las opiniones privadas, de criminalizar a las organizaciones terroristas y a sus militantes a sancionar todas y cada una de las ideas que coinciden, en todo o en parte, con esas organizaciones.
La pirueta jurídica del juez Baltasar Garzón, que tuvo como director de pista a José María Aznar y su grupo de trapecistas en la cuerda de las libertades públicas, ha sido aplaudida por José Luis Rodríguez Zapatero, que parece que no sabe decir que no. La sentencia del Tribunal Supremo, presidido por el magistrado Álvaro Hernando, que debe estar personalmente inquieto ante la amenazante sustitución de estafermos franquistas, de anular las listas de Aukera Guztiak privando al conjunto de sus candidatos del derecho de ser elegibles, aunque ninguno como ciudadano ha sido privado de ese derecho por sentencia judicial firme, barre definitivamente el Estado de Derecho en este país.
Pero si la decisión es grave, los fundamentos de dicha sentencia son todavía más preocupantes. Se ha presentado como prueba de la relación entre Aukera Guztiak y ETA que alguno de los candidatos asistió hace quince años en una marcha a la cárcel de Herrera de la Mancha, o que firmó un manifiesto que protestaba por el cierre de Eguin, o que ha participado en las movilizaciones contra el Tren de Alta Velocidad o la presa de Itoiz, reivindicaciones de toda la sociedad vasca que así son entregadas a ETA; nadie está a salvo, todos somos culpables. Es más, la presunción de inocencia ha sido pulverizada: a una de las candidatas la descalifican por ser hermana de un presunto terrorista… que fue absuelto.
Invaden nuestras vidas y nuestros hogares pontificando de leyes y normas, pero cuando se ven acorralados son los primeros en saltarse hasta los reglamentos, nos piden que votemos para legitimar el sistema, pero no nos dejan que votemos lo que queremos o lo que aborrecemos, nos hablan de Estado de Derecho pero sólo nos dan Estado de derechas, nos prometen igualdad y sólo nos ofrecen un embudo. El Estado nos está mostrando estas últimas semanas todas sus contradicciones, nos regala a los anarquistas más argumentos de los que somos capaces de elaborar, se ofrece desnudo mostrando sus vergüenzas de sinvergüenza que los libertarios sólo tenemos que señalar.
Hagámoslo, y dejemos de preguntarnos por quien doblan hoy las campanas.

Antonio Arbeig Subir


La varsoviana

Negras tormentas agitan los aires,
nubes oscuras nos impiden ver,
aunque nos espere el dolor y la muerte
contra el enemigo nos llama el deber.

El bien más preciado es la libertad,
hay que defenderla con fe y valor,
alta la bandera revolucionaria
que del triunfo sin cesar nos lleva en pos.
Alta la bandera revolucionaria
que del triunfo sin cesar nos lleva en pos.

En pie pueblo obrero, a la batalla,
hay que derrocar a la reacción.
¡A las barricadas, a las barricadas,
por el triunfo de la Confederación!
¡A las barricadas, a las barricadas,
por el triunfo de la Confederación!

En 1883, el escritor polaco Waclaw Swiecicki, preso en la cárcel de Varsovia por su militancia revolucionaria, escribió el poema Warszawianka (varsoviana) para exaltar sus ideales de revolución social. De alguna manera trató de imitar la célebre Marsellesa, considerada todavía como una especie de canto revolucionario internacional (no olvidemos que los mártires de Chicago subieron al patíbulo entonando este himno francés). La música de La Varsoviana se adaptó de una canción polaca de libertad de 1836 (puede que la Marcha de los zuavos). Se popularizó rápidamente entre los revolucionarios eslavos y alemanes. A España llega en los años de la II República, traducida por el militante anarquista Valeriano Orobón Fernández (1901-1936) y pronto se convirtió en uno de los himnos favoritos de la CNT, quizá por contener una clara alusión a la Confederación en uno de sus versos. En algunos cancioneros figura como Marcha triunfal, ¡A las barricadas! o Las barricadas. Igualmente, en alguna edición se sustituye la letra del octavo verso por "que llevará al pueblo [a] la emancipación". Existen también versiones en catalán, francés, italiano y Portugués.

A.G. Subir


 

No hay poder bueno

Terrorismo

Campos de concentración

Un irresponsable llamado Acebes

¿Y si pensáramos que
Einstein fue anarquista?

 

Anarquismo y sindicalismo

Trece horas de anarquía

Yo que puedo, no voto
y al que quiere, no le dejan

La varsoviana