PERIODICO ANARQUISTA
Nº 199
       FEBRERO 2005

 

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Contra la Europa capitalista

El capitalismo europeo, amparado por el capitalismo internacional, ha dado una nueva vuelta de tuerca para salvaguardar sus privilegios y mantener su estatus de poder. Con la Constitución europea, toda la construcción capitalista que están llevando a cabo queda amparada bajo un texto jurídico que supera todas las anteriores cartas que cumbre tras cumbre y tratado tras tratado han ido forjando.
Y es que el proceso de construcción europea capitalista que hoy nos presentan como innovador no es nuevo. Una larga historia, sobre todo tras la finalización de la II Guerra Mundial, le ampara. Y es lógico que para criticar lo actual nos acerquemos a su proceso de formación. Evidentemente este no es el lugar para tal menester, pero sólo decir que las teorías que en el período de entreguerras propugnan personajes como Richard Coudenhove-Kalergi o Aristide Briand, o ya después de la II Guerra Mundial personajes como Adenauer, Monnet, Schumann, Delors, etc., nos conducen a este callejón sin salida que es la Europa capitalista, de los mercaderes, que poco a poco y con un proceso bien asentado del neoliberalismo están alcanzando.
Pero ante tanta ignominia nosotros no podemos quedarnos parados. La Constitución que aquí nos presentan no es exactamente un texto constitucional. Los capitalistas europeos han sabido recubrir toda su campaña con ese halo jurídico que las sociedades democráticas impulsan. Pero evidentemente un texto que contiene casi 350 artículos de raigambre económica, la mayoría de ellos vinculantes a todos los países miembros, y sólo unos pocos donde se tratan asuntos sociales y políticos, y todos de manera consultiva, poco tiene que ver con un texto constitucional. Y con esto no queremos defender una constitución sino que queremos hacer justicia ante lo que los capitalistas nos están mostrando, que no es ni mucho menos un paisaje idílico como nos lo quieren presentar.
Esta construcción europea con su Constitución capitalista tuvo un gran debate sobre una cuestión en principio secundaria, pero que hay que darle mucha importancia. Nos referimos al debate religioso, donde si bien llegaron a un acuerdo en el que no se especificara ninguna religión en particular, si ponen a la religión como uno de los factores de cohesión de Europa. Los dirigentes europeos olvidan que fue precisamente la religión quien ahogó a Europa durante siglos y que hoy todavía vivimos momento aciagos por la intransigencia religiosa, aglutinando aquí todos los credos. Si basan su unidad en la desigualdad y la lucha, tenemos desde luego el primer punto en desunión.
Igualmente nos bombardean con propaganda que establece la libertad del ser humano, la dignidad, la democracia, la igualdad, etc. Pero día tras día vemos cómo esos países que defienden tales criterios violan los derechos dentro y fuera de sus fronteras. Cómo utilizan la mano de obra barata, representada hoy como ayer por los más desfavorecidos, para incrementar su beneficio económico. Por ello fomentan abiertamente la inmigración, que ellos mismo tachan de ilegal, cayendo una vez más en la ignominia y en la contradicción, porque defender los derechos humanos y tachar a una parte de la humanidad de ilegal es algo que choca abiertamente. Con esta política la explotación del hombre por el hombre queda a salvo y bajos sus formas más criminales, como son la economía sumergida, el trabajo precario y el mayor beneficio al menor precio.
Su lucha por la paz queda completamente anulada cuando todos los países miembros de la Unión Europea, en menor o mayor medida, según la circunstancia y el grado de beneficio, han apoyado las guerras fratricidas. Han lanzado a los pueblos a la lucha y a la desunión, cuarteando más el sentimiento de solidaridad. Porque para el capitalismo la lucha constante es positiva y solo a través de ella salvaguarda su posición. En la última crisis de Iraq, si bien los países europeos se dividieron ante dicha catástrofe, no podemos dejar pasar la oportunidad de analizar más de cerca este aconteciendo. Los países de la Unión Europea que secundaron tal acción, entre ellos los gobiernos de España y el Reino Unido, son cómplices directos de crímenes contra la humanidad. La intervención se produce por el control de los recursos económicos de un país y no por la caza al terrorista o por la existencia de armas de destrucción masiva. Muchos han sido los debates sobre este acontecimiento y no vamos a analizarlos más. Pero es cierto que países como Francia o Alemania se oponen al ataque, en este caso no por una convicción antibelicista y antimilitarista, sino porque su parte de los gastos no quedaba compensada en el reparto futuro del pastel. Esta es la paz que promueven los capitalistas europeos que han tenido otros ejemplos históricos y recientes como la guerra en Afganistán o el bombardeo sobre Kosovo, entre otros.
Con esto último ponemos también en tela de juicio esa tan manejada política exterior que la Unión Europea presume tener. Queriéndose equiparar a potencias mas poderosas, la Unión Europea, con este tipo de actitud, se coloca como un enano político en el concierto internacional. Fuera de los tristes acontecimiento bélicos, ¿Cuál ha sido la actitud de la Unión Europea ante conflictos como el chipriota, que desangra durante décadas a las sociedades griega y turca? ¿Cuál ha sido la posición de la Unión Europea ante el conflicto palestino-israelí, posicionándose con un gobierno o con otro, pero olvidando completamente que quien sale perdiendo es el pueblo palestino y judío? ¿Que visión ha dado la Unión Europea de conflictos como el de Chechenia, donde incluso se ha dado alas al presidente Putin y con ello envalentonando a los integristas de la zona, tan criminales los unos como los otros? ¿Y de la última crisis política en Ucrania, donde se apoya a Yushenko por considerarlo candidato prooccidental, cuando años antes el hoy presidente de la República de Ucrania, Kuchma, se declaraba como tal y hoy es un confeso prorruso? Lo único que han hecho en todos estos acontecimientos es acto de presencia y nada más, mostrando su poca ética política, si es que a los capitalistas les queda algo de esto.
La explicación a todo esto es clara. Están formando la Europa de los mercaderes, la Europa del capitalismo. Y una vez más quienes salimos perdiendo somos los trabajadores, los de abajo, los que nos tenemos que ganar la vida día tras día. Nuestros derechos han quedado fuertemente recortados. Todo lo destinado a seguros sociales queda vetado para la nueva Europa neoliberal. Ahora quien es más fuerte es quien gana. Intentan formular un imposible capitalismo social, sobre todo por parte de los sectores más progresistas de esta Europa. Pero desde los años setenta lo que se impone es el neoliberalismo, la verdadera arma actual del capitalismo internacional. La políticas de privatización en todos los países de la Unión, están llevando a reconversiones industriales salvajes, deslocalización que está provocando infinidad de parados y con ello precariedad. Todos los sectores se resienten y aquí en España, aparte de todo lo anterior tenemos que acordarnos del campo andaluz, que con la Política Agraria Común (PAC) de la Unión Europea sale fuertemente perjudicado. Esas políticas que llevan a los enfrentamientos entre los trabajadores franceses contra los españoles, los italianos contra los alemanes, y así una larga lista. Lo único que quiere el capitalismo es no vernos unidos. Pero de nosotros siempre va a recibir una contundente respuesta. Incluso los derechos más elementales como la educación o la sanidad son susceptibles de privatización y las reformas que establecen van encaminadas a ese fin. ¿Vamos a dejar pisotear nuestros derechos por mucho más tiempo?
Curioso es también su formulación del federalismo. Un federalismo que ellos conciben de arriba a abajo por la imposición. Se olvidan que el federalismo es de abajo a arriba por medio de la libre asociación. Pero este federalismo sólo lo podremos conseguir nosotros para construir la verdadera sociedad justa, igualitaria y fraternal, para construir esa sociedad de libres e iguales que se oponga al capitalismo y lo derrote definitivamente. El federalismo que los capitalistas propugnan, acorde con el capitalismo emergente, llevará irremediablemente al enfrentamiento entre ellos, a su propia destrucción para ver cuál de ellos tiene más fuerza. Porque como dijimos anteriormente, el capitalismo es la ley del más fuerte y al final sólo uno va a quedar, a no ser que antepongamos una organización sólida y fuerte que combata el capitalismo.
El engaño alcanza también a su propia propaganda a la hora de las elecciones. Nos venden un parlamento europeo que legisla, pero es una mera comparsa que por sus complicadas políticas internas queda vacío de poder. Es un órgano colegislativo con el Consejo europeo, pero siempre bajo la atenta vigilancia de la Comisión, motor de la Unión Europea.
Igualmente el articulado constitucional habla de unidad ante el terrorismo. Desde aquí queremos condenar todo tipo de terrorismo, sea éste integrista, nacionalista o de Estado. Los capitalistas hablan de terrorismo y acusan de terrorista a todo aquel que no piense como ellos. Pero el capitalismo es terrorismo porque día a día mata a millones de personas, porque es cobijado por Estados que asesinan impunemente. Porque la mayor arma terrorista a la que nos enfrentamos se llama Estado y de ahí nacen todos sus hijos, que adquieren distintas caras pero que tiene un embrión común.
Dentro de pocos días nos convocan a un referéndum constitucional europeo. Unos piden el sí y otros el no. Nosotros vamos a optar por la abstención. Pero por una abstención activa. No queremos el sí, porque es darle la cobertura que el capitalismo necesita. No nos posicionamos al no, porque en un país donde los referéndums son consultivos y donde por tradición todo está atado y bien atado, es inútil. El gobierno del PSOE tiene dentro de su programa electoral la Constitución europea. ¿Creemos que un no masivo iba a echar hacia atrás el proyecto de José Luis Rodríguez Zapatero? La abstención que nosotros propugnamos no es la de la desidia. La abstención pasiva no nos vale. Nuestra abstención tiene que estar basada en una alternativa clara a la Europa capitalista. Porque con la abstención activa estamos diciendo no a la Constitución pero también a la construcción europea.
Nuestra lucha debe ir encaminada a preservar y aumentar nuestros derechos día a día. Esos que los capitalistas se empeñan en arrebatarnos, que son el fruto de las luchas políticas, sociales y sindicales de lustros de historia. No nos lo podemos dejar arrebatar de manera gratuita. Para nosotros la dignidad humana está por encima de cualquier cosa.
No nos olvidamos de la importancia de Europa. En este continente en el que vivimos se han forjado parte de las páginas más gloriosas de la lucha de trabajadores. Y precisamente por la lucha de los trabajadores de la Comuna de Paris, de la verdadera Revolución rusa, de las luchas del proletariado y campesinado del movimiento obrero europeo, de la Revolución española que alcanzó los más altos estadios de libertad humana, por esta lucha no podemos olvidar que nuestro cometido es el mismo. Pero como internacionalistas que somos no nos encerramos en Europa y miramos por la construcción general de una sociedad nueva, verdaderamente federalista y libertaria. Nos quedamos con la asveveración anarquista de que ¡la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos! Esto, hoy como ayer, tiene total vigencia. Y en virtud de ello deberemos de trabajar, desenmascarando a la Europa del capital, de los mercaderes, al capitalismo internacional. Su contracción no nos vale, su visión de la inexistencia de fronteras tampoco porque la principal frontera de la desigualdad sigue en pie. Solo la unión y la capacidad de lucha libertaria lograrán derribar los muros del capitalismo y construir sobre sus ruinas la sociedad nueva.

Grupo Nestor Majnó Subir


Un artículo sobre Federica

No he podido poner título, no me decidí. Unas veces el título es lo primero y de ahí arranca todo, otras veces surge al terminar, de modo que empecé a escribir: "Este es uno de los que se me ocurrirá al final", pensé. Pero no, tampoco se me ha ocurrido al final, y es que es difícil quedarse con un solo titular, entre tantos que podrían encajar con Federica:
"Federica y Federica", que resaltaría los contrastes y contradicciones de una larga e intensa vida, pero se queda corto. O bien "La mujer que hablaba", para significar su elocuencia y su visibilidad pública excepcional, aún hoy, pero alguien podría pensar que sólo hablaba y no hacía. O la "Mujer torera" como la imaginaba de chavala la escritora Antonina Rodrigo cuando su madre le decía que llenaba las plazas de toros; pero tampoco, porque no es apropiado y además porque no se limitaba a abarrotar las plazas de toros, monumentales y todo, sino los velódromos, cocheras y cuantos recintos imaginemos.
Eso me recuerda la primavera, creo que del 82, cuando habló en la Casa de Campo, en una gran Fiesta Libertaria, que duró varios días, en un mitin en el que también oímos a obreros de Solidarnosc, aún ilegal en Polonia. Yo tenía curiosidad, pero estaba más en lo de ayudar a los del Sindicato de Gastronomía a abrir panes como locos para los bocadillos. Había mucha gente, no me podía imaginar cómo sería aquello de Federica porque, por un lado, tiempo atrás había visto pintadas de los pasotas: "Eo, eo, Federica al museo" y también había oído decir fugazmente a mayores: "Federica se equivocó" o "Federica se equivoca", el exilio esto y el exilio lo otro, y cuando les mirábamos para que continuasen la frase hacían unos silencios extraños con los que ellos se entendían, pero nosotros, no.
Era la primera vez que la iba a ver en carne y hueso, animé a venir a mi familia y a mis amigos. En los preámbulos me corté la mano, me estaba dando siete puntos un compañero del Sindicato de Sanidad, cuando empezó a hablar Federica: como un resorte me levanté y salí de la tienda sanitaria: No había oído nada igual en mi vida, pero verla, además era desconcertante: menuda, con aspecto frágil, sin leer una nota, estuvo pegando un repaso a la actualidad internacional de la época, del que todavía me acuerdo, sobre todo cuando se refería a los actos del IRA y de la ETA, decía todo lo que había que decir, pero sin que la "autoridad gubernativa" pudiera achacarle nada. Estaba a la última. Era un libro abierto. Ella tenía 77 años y yo 24, desde chica yo ya sabía que en el reparto a mí me había tocado nacer en una familia obrera y me gustaba, pero al ver su capacidad, lamentaba que el reparto no me hubiera compensado ni siquiera con la centésima parte de la elocuencia de Federica y desde luego, su memoria. ¿A quién decíamos que había que mandar al museo?
Ese letrero lo vi cada día durante varios años, en el trabajo. Imposible olvidar el porqué. El día que me trasladaban al Instirtuto de Enseñanza Secundaria "Federica Montseny", los compañeros de trabajo, casi todos de la UGT, se hartaron a reír, escondidos detrás de un armario -"Sí que ha tenido tino el ordenador con esta moza". Creí que era una broma pero luego me hizo ilusión y tanto el primer día, como todos los demás a la primera que veía cuando llegaba al trabajo era a una sonriente Federica, en la fachada, con una frase debajo: "Mujer que habla, bandera de libertad".
Ése también podría ser un buen título, pero al punto recordé que me parecía algo extraño poner el nombre a una escuela de alguien que nunca asistió a ninguna. En todos las publicaciones del centro aparecía siempre el mismo lema, pero la chavalería ignoraba que esa señora de la foto nunca necesitó ir a la escuela porque sus padres eran intelectuales anarquistas, que estaban en condiciones de facilitarle una esmerada educación estimulante, individualizada y racionalista, lejos del autoritarismo, del dogmatismo, de la religión, del atavismo... y de la escuela pública. Cuando sus familias reciben a alguien en casa, desde luego no se suele tratar de personajes como Max Nettlau o Reclus, además sus padres no son conocidos públicamente por un seudónimo y no por su nombre real como los de Federica: Juan Montseny (Federico Urales) y Teresa Mañé (Soledad Gustavo). Y qué decir de sus heroínas: Louise Michel, Teresa Claramunt, Emma Goldman, Libertad Ródenas y tantas otras, mientras que en los sueños de la chavalería del Federica Montseny -como mucho- hay futbolistas y cantantes, un aprobado o la delgadez de una modelo. Este año del centenario del nacimiento de Federica Montseny (12 de febrero de 1905) o de los 11 años de su muerte (14 de enero de 1994), si realizan algún homenaje, sus profesores no sabrán cómo abordar su figura, probablemente no sepan quién fue, ni lo que hizo, no sabrán o no podrán presentarla como un personaje político (y apolítico) de primera magnitud de la historia de España y de la libertad, sería algo incómodo.
Próximo al "Federica Montseny" está el "Victoria Kent", también cerca está el "Utopía", sin embargo está lejos el "Dolores Ibárruri", lo cual es muy lógico y pensando en estas tres mujeres un artículo sobre Federica bien podría titularse "El feminismo del antifeminismo", o "Más feminista que el feminismo", pues repudiaba el sufragismo y el feminismo al que consideraba burgués, pero no se arrugaba ante sus oportunidades para ocupar espacios reservados a los hombres; en sus giras se apartaba en al menos un acto con las compañeras y mujeres; su secretario con minúscula era un hombre y sus Secretarias de Sanidad y Asistencia Social eran dos mujeres, una de ellas "mujer libre", la doctora Amparo Poch; de Federica escribió sesgadamente García Oliver: "No sé cómo podríamos relegar al gineceo a esta mujer (...) Tenemos una organización llamada Mujeres Libres a la que nunca perteneció y a la que jamás dio aliento ni directrices. Se mete, en cambio, en los grupos de la FAI, se hace nombrar por los comités de la CNT". Federica fue la primera mujer ministra de Europa Occidental, siempre defendió los derechos de la mujer y en su escaso tiempo en el cargo demostró las ideas más avanzadas en su campo. Federica tomaba -no pedía- sus derechos, eso está claro ¿Cómo se podría llamar a eso? No se casó hasta su etapa en Francia, por las circunstancias y, aunque admiraba a Emma Goldman, le chocaba que, por su rechazo a la maternidad se hubiera hecho extirpar los ovarios, ella, a la que consideraba la mujer más libre que había conocido como trabajadora emigrante, luchadora encarcelada por la jornada de ocho horas, pacifista expulsada de Estados Unidos.
No la comprendía porque Federica pensaba que una mujer no podía considerarse completa sin desarrollar su faceta maternal, aunque defendía el derecho de la mujer a la planificación conceptiva y apoyó el decreto catalán del aborto, extendiéndolo de facto al resto del territorio (no dio tiempo a sacar el nacional). ¿Cómo se podría llamar a eso?
Adorando a sus hijos, sin embargo los dejaba frecuentemente con su familia, para ir de acá para allá con las charlas, los mítines, los trajines como ministra, los trajines intentando conseguir armas... Uno de esos trajines fueron los relacionados con los sucesos de mayo del 37 en Barcelona, estando el gobierno en Valencia, con el asalto de la Telefónica, ocupada por la CNT desde el principio de la guerra, lo que le permitía a la Confederación intervenir las comunicaciones entre Generalitat, Gobierno, partidos, etc., poder que el PSUC no estaba dispuesto a consentir más, entre otras muchísimas cosas como las intrigas en Francia con Esquerra. Al lugar de los hechos primero se trasladaron los Comités Nacionales de la CNT y la UGT, después Juan García Oliver y Mariano R. Vázquez y, por último, Federica, como mediadora. Cinematográficamente se dice que cuando consiguió entrar, llevaba los tacones manchados de sangre. El resultado ya le conocemos. También conocemos el antes y el después: unos días antes, en el mitin del 1 de Mayo de 1937 en Valencia, Federica defendió la disolución de la CNT y la UGT en una nueva y única central sindical dando un gran giro pragmático a su anterior radicalismo; y lo que sucedió después también lo sabemos: el coche en el que salía de Barcelona con Mariano R. Vázquez fue tiroteado.
Pensándolo bien, el título del libro de Irene Lozano "Una anarquista en el poder" hubiera estado bien, ya que Federica se mantuvo en posiciones de lo más ortodoxas en cuanto a la participación en estructuras oficiales casi toda su vida (que fue mucha y larga) y, sin embargo, ejerció de ministra, no obstante, también se puede referir al poder que tenía o que los demás le daban, por su capacidad, fortaleza y energía que le generó amigos, menos amigos y enemigos, durante toda su vida. Una vida tan larga y tan intensamente presente da lugar a evolucionar, e incluso, cambiar de opinión sobre asuntos cruciales, estaba en su derecho. Este problema de los giros de Federica se presentó en diferentes épocas. El hecho destacable quizá sea que la habilidad para convencer de Federica inclinaba la balanza hacia el lado en el que ella se posicionaba, así que, si se equivocaba ella... se equivocaban muchos. Y, a veces, compañeros honestos que defendían otras tesis pero que no hicieron daño, fueron pulverizados y barridos por su elocuencia, tuvieron mala suerte, porque, de haberles pillado en otro momento de Federica, quizás hubiesen encontrado comprensión y no hubieran sido lacerados por el arma de sus palabras. Creo que ella lo comprendió finalmente. Hay muchos ejemplos de las vehemencias de Federica:
Con el Manifiesto de los Treinta, encabezado por el entonces secretario general de la CNT, Ángel Pestaña, secundado por Peiró, entre otros, en agosto de 1931, la familia Urales distanciada de la CNT por historias viejas y recientes (el asunto de la liberación de Malatesta) se sintió aludida porque el manifiesto defendía la sustitución del "anarquismo individualista que consideraban de tipo aristocrático" por uno de "multitudes, de realizaciones sociales, de soluciones prácticas". Federica que se había afiliado en ese año a la CNT arremetió contra ellos desde el El luchador llamándoles ambiciosos e imbéciles. A Pestaña le acusó de estar vendido al Gobierno en el asunto de la huelga en el Alto Llobregat. No cabe duda de que expresiones como "pasividad de los comités", "domesticación de multitudes que realizan sus elementos moderados" y todo lo demás, catapultaba a lo más alto a Federica, a la que muchos creían por su radicalismo en la FAI, en la que no ingresó hasta 1936. Acababa de nacer "La Leona".
El contraste se da en la época de Bondía cuando éste, sabiendo que para consumar su estrategia de llevar a la CNT a las elecciones, necesita al exilio, le explica a Federica que es la única solución y se dice que Federica no se lanza a su yugular, sino que responde tras larga conversación "Adelante", viniendo al Congreso de Barcelona, el VI, en 1983. Esto no lo sabíamos los que íbamos de delegados al congreso, al menos la que escribe esto. La desolación que se le notaba en el cierre del congreso, no sabíamos interpretarla en toda su dimensión, recuerdo que llamó a la unidad, recordando el asunto de las federaciones de industria, debió hacer un gran esfuerzo. No me cabe duda de que tenía las mejores intenciones, pero ¿qué habría dicho "La Leona" de haberla tenido enfrente?
"El concepto del comunismo libertario y Federica", sería otro título probable. Con Federica, en la cuestión del anarcosindicalismo, sindicalismo y anarquismo todo se volvía apasionado. Al primer congreso de la CNT que fue Federica fue el de Zaragoza de 1936, como delegada del Sindicato de Profesiones Liberales de Barcelona, participó en la ponencia sobre el "Concepto confederal del comunismo libertario", de la que dice: "puede servir de guía a las multitudes, pero ha sido en cierto modo fatal para las ideas anarquistas, que han perdido terreno, influencia y pureza". Sin comentarios, no hay más que leer ese entrañable texto para relativizar totalmente esto.
Quizás se le había olvidado aquél cuento que ella refiere de Salvador Seguí, el Noi del Sucre, sobre la diferencia entre anarquismo y sindicalismo: "(...) El genio comprendió las reservas que expresaba el hombre práctico y dejó en sus manos la realización inmediata de aquellas ideas que él considerara en consonancia con la mentalidad de sus conciudadanos y la ardua tarea de ganarlos lentamente para la consecución íntegra del ideal... El genio es el anarquismo; el hombre práctico e inteligente es el sindicalismo" (1917).
Cuando murió Federica no hubo proliferación de actos propios en su memoria, tanto es así que en Madrid costó trabajo organizar un acto en el Ateneo. Unos días antes se hizo un acto de homenaje en el Centro de Salud que lleva su nombre en Vallecas, gracias a la voluntad de un compañero de esa barriada, también relacionado con el "bautismo" del centro. No había mucho interés en organizar nada, sobre todo pesaba esa prevención libertaria ante el culto a la personalidad. Ni tanto, ni tan calvo.
Vinieron Vida y María, y muchos compañeros y compañeras mayores, en la mesa el entonces director provincial del Insalud tuvo que aguantar el mensaje que queríamos dar, básicamente el siguiente:
Había que expresar que con el silencio sobre Federica Montseny, lo que se pretendía era enterrar todo lo que para ella fue su vida, por eso no se podía consentir ese apagón informativo, aunque no nos gusten las necrológicas, aunque no nos guste alimentar mitos.
Con relación a la figura de Federica Montseny cuando no había habido un silencio espantoso, había lanzamientos envenenados y sibilinos, como los del editorial de El País del 18 de enero de 1994, repletito de imprecisas e inciertas reflexiones históricas, que provocaban las ganas de gritar: ¡no enterréis tanto!
Aseguraba que Federica no había querido venir a España y que debía haber tenido un gran entierro... de paso, a lo mejor quería enterrar El País al anarquismo. Echaba de menos el editorial que no hubiera habido más políticos en el entierro (quizás si algunos tuvieran menos ganas de entrar en la historia, habría menos muertos que enterrar en las guerras).
En las enciclopedias, Federica Montseny figura como feminista, ministra, dirigente y personaje excepcional, de modo que no ha pasado a la historia por sus largos 88 años entre nosotros, sino por unos pocos meses.
¿Por qué Federica habiendo llegado tan lejos no era feminista? Porque le bastaba con estar en la CNT, organización de trabajadores y trabajadoras, en la que hombres y mujeres están incursos en los mismos problemas, los mismos derechos y deberes, y en la FAI.
La verdad es que el ideal del feminismo clásico la dejaba indiferente pues su ideal era la organización de una sociedad sin gobierno, y por eso el feminismo que aspira al gobierno y al poder no tenía lugar para ella, pues su idea es que la emancipación social global iba siempre por delante.
Tampoco era dirigente en el sentido usual, dado que las organizaciones en que estaba encuadrada tienen un esquema antiautoritario, si bien su influencia fue grande en ellas.
En cuanto al cargo de ministra, según decía, lo aceptó para que no pensaran que sentía miedo de los peligros de Madrid: La ironía es que la invitación a anarquistas y anarcosindicalistas al gobierno de Largo Caballero era una coartada para evitar las críticas ante el abandono de Madrid que ya estaba decidido. La diferencia es que anunciaron que cuando todo terminara volverían a su trabajo, como por ejemplo Peiró, al horno de vidrio en Mataró.
A estos cuatro ministros se les planteó un dilema: abandonar el gobierno o abandonar Madrid, no eligieron ninguna e hicieron lo que pudieron por responder a las dos. El sueldo que tomaban estos ministros era el mismo que el de un miliciano.
De noviembre del 36 a mayo del 37 con Montseny en el Ministerio de Sanidad: se crearon los liberatorios de prostitución; el proyecto de decreto de interrupción artificial de embarazo en determinadas circunstancias (más amplias que las de ahora), que se quedó en la mesa del Presidente, porque la mayoría de los ministros eran hostiles al proyecto, recurriendo a aplicar los beneficios del aprobado en Cataluña, a instancias del Dr. Félix Martí y hecho aprobar por Pedro Herrera, de la CNT; se reconvirtieron los hospicios y asilos en hogares; se dieron facilidades para el ensayo sobre la gangrena seca, de mucha utilidad en los siguientes años; también se encargaron de la OCEAR (Oficina Central de Evacuación y Asistencia al Refugiado, hacia México, Francia y Rusia).
En aquellos tiempos el millón de afiliados de la CNT trabajaba tanto para ganar la guerra, como para la revolución social: colectivización, autogestión, justicia redistributiva, orden sin imposición, sin coacción, sin jefes, en el convencimiento de que no luchaban para la República, que se había dedicado a perseguirlos, sino con la fuerza de quien piensa que su emancipación será obra de ellos mismos.
Federica no era tan excepcional, era producto de un tiempo y de una educación determinada que demuestra los principios de la educación libertaria, la cual potenció sus rasgos, su capacidad innata para hablar en público sin leer, pero no era una santa, ni ella, ni los que la rodearon, recordarla no significa beatificarla, sino respetarla, como una compañera más que representa a los miles de compañeros y compañeras que vivieron y murieron de acuerdo con un ideal.
No era mejor o peor que otros, sino una más de los que han dedicado su vida a la transformación social, a la idea revolucionaria, que consiste ni más ni menos que en hacer lo que nadie ha hecho nunca.
Si cada compañero y compañera que la precedió o que la sobrevivió escribiera sus memorias causaría la misma conmoción que las de esta luchadora libertaria, criada en la exigente escuela del racionalismo, pero debido a lo inabarcable de la revolución española, es imposible hacer a sus protagonistas la justicia que se merecen. Su militancia incesante es la constante que conmueve a los estudiosos del fenómeno.
La condición de mujer y madre no le facilitó las cosas a Federica, pero tampoco fue una excepción, pues hubo y hay otras, como Libertad Ródenas, Teresa Claramunt, Rosario Dulcet, Amparo Poch, Lola Iturbe y un largo etcétera de conocidas y de anónimas.
Finalmente, nos debe constar que los mínimos derechos y las mínimas ideas y estructuras que hoy disfrutamos no hubieran sido posibles sin esas generaciones de cenetistas y anarquistas, a cuyo compás latió el corazón del mundo hace setenta años.

Ana S. Carbonell subir


Breve introducción al anarquismo

La Enciclopedia de Quillet, en una de sus ediciones, define así el anarquismo: "Sistema político y filosófico, basado en el ideal de una sociedad sin gobierno".
La palabra anarquía deriva del griego an -no- y arkía -gobierno. Sin embargo, de una manera deliberada se ha generalizado otra acepción del vocablo. Anarquía es hoy sinónimo de desorden, de caos. Anárquico es interpretado como algo desordenado, caótico.
El anarquismo jamás es definido como "ideal de una sociedad sin gobierno", sino como un movimiento compuesto por individuos violentos, propensos a utilizar, en todo momento, el terror, la intimidación, para imponerse en la sociedad y para entablar la lucha con sus adversarios. El anarquismo ha sido difamado, deformado y calumniado con igual unanimidad por conservadores y por comunistas.
No obstante, nadie puede negar las bases científicas y filosóficas del anarquismo. Sus teóricos más eminentes han sido hombres de ciencia como el príncipe Pedro Kropotkin, el geógrafo Eliseo Reclus, el economista Domela Nieuwenhuis, el pensador Rudolf Rocker o el historiador Max Nettlau.
El estudio de las sociedades primitivas y de la evolución de la especie llevó a Kropotkin y a Reclus a la conclusión de los efectos nocivos del Estado, que en lugar de ejercer función de árbitro y regulador de las relaciones sociales, se convirtió universalmente y a lo largo de sus múltiples transformaciones, en defensor de los intereses creados por los que lo detentaban y por los que habían confiscado los bienes de la colectividad en beneficio propio. Es decir, lo que lanzaban como grandes líneas políticas y filosóficas Proudhon y Bakunin, lo iluminaron con la luz de sus estudios y de su experiencia científica los hombres que continuaron y ampliaron la obra.
El anarquismo es, pues, una doctrina social basada en la libertad del hombre, en el pacto o libre acuerdo de éste con sus semejantes y en la organización de una sociedad en la que no deben existir clases ni intereses privados, ni leyes coercitivas de ninguna especie. El hombre, movido por sus dos instintos paralelos, el egoísmo y el altruismo, que con él nacen y en él viven, sin imposiciones ni educaciones destinadas a dominarlo y a malearlo, sabrá, por egoísmo, ponerse de acuerdo con los demás hombres, para facilitar su trabajo, su defensa y el medio en que debe desenvolverse, y, por altruismo, sabrá aportar su apoyo solidario a los más débiles y desvalidos.
Sin caer en el infantilismo roussoniano, el anarquismo ha creído en el hombre y ha considerado que si se producían anormalidades fisiológicas, determinadas por la herencia o por malformaciones congénitas, la ciencia, la medicina estaban ahí para curarlo, para remediarlas.
Un pensador anarquista argentino, Rafael Barret, definió con estas palabras profundas la posición de los anarquistas en este sentido: "La maldad es cosa de enfermos". Un hombre normalmente constituido, en posesión de todas sus facultades, sano, libre, con todos los medios a su alcance para vivir feliz, no será malo y buscará la sociedad con sus semejantes, ya que el hombre, como especie, es sociable, necesita la compañía de los demás hombres para desarrollarse y vivir armoniosamente.
Para el anarquismo, sin embargo, la sociedad no puede ser y no debe ser sinónimo de esclavitud, de uniformidad ni de promiscuidad. Los derechos del individuo a la soledad, si así lo desea, al trabajo solitario, si sus inclinaciones a ello le llevan, son siempre reconocidos. La base del anarquismo es el hombre, sus derechos inalienables, el pacto libre con los demás hombres y la organización de una sociedad donde esos derechos estén garantizados por el conjunto armonioso de todos los hombres reunidos.
Pi y Margall, que sin ser específicamente anarquista tantas ideas libertarias expresara en su obra, definió muy bien los límites únicos que tiene el ejercicio de la libertad individual, tal como la conciben los anarquistas: "La libertad de uno termina donde empieza la libertad de otro". (...)
Porque, contra lo que piensa el vulgo mal informado, nadie se preocupó tanto de los aspectos prácticos de la organización del mundo, después de la revolución social que debería terminar con la existencia del Estado y establecer las líneas generales de la sociedad futura, como los anarquistas. Los teóricos marxistas, atrincherados en la teoría del Estado en manos de la clase trabajadora o de las minorías dirigentes, rara vez abordaron el tema. (...)
A pesar del pesimismo de los futurólogos, que prevén calamidades sin cuento a la humanidad de los siglos venideros; pese a las amenazas y a los peligros que hacen correr al mundo las armas atómicas y las formidables fuerzas que puede liberar la energía nuclear; sin olvidar los problemas que cada día planteará al mundo la demografía y los que ya son una realidad, como es la polución, la plaga de las modernas ciudades creadas por el universo concentracionario en que se han encerrado los hombres, somos optimistas.
Estamos convencidos de que el instinto de conservación del hombre y sus excepcionales facultades de adaptación salvarán a la especie de sí misma y desbaratarán los planes de los que, consciente o inconscientemente, laboran contra ella.
Y estamos convencidos también de que profundas transformaciones del medio social en que vivimos son inevitables. Ellas llevarán a ensayar todas las nuevas concepciones de la sociedad ofrecidas a la humanidad por la inquietud y el propio sentido de continuidad de las generaciones que se han ido sucediendo sobre la tierra. Y sabemos que, ensayadas todas las fórmulas autoritarias, gastada hasta el tuétano la idea del Estado, en sus múltiples interpretaciones y transfiguraciones, fatalmente, por la fuerza misma de las cosas y la dinámica de los hechos, las sociedades venideras adoptarán las soluciones propuestas por los anarquistas.
Estas soluciones, por lo demás, no son ni serán jamás definitivas, ya que, como dijo el profundo pensador libertario Ricardo Mella: "Más allá del ideal habrá siempre ideal".
No hemos pretendido nunca los anarquistas crear ideologías inamovibles, modelos de sociedad para siempre. Como Malatesta, creemos que hay que ir hacia la libertad total, esto es, la Anarquía, por caminos de libertad.
Estos caminos los hemos ido abriendo a lo largo de nuestra práctica militante y seguirán abriéndolos los que nos sucederán en el combate y en el esfuerzo por dar cada día un poco más de felicidad a los hombres, por medio de realizaciones sociales basadas en la justicia, en la fraternidad, en la solidaridad, en el apoyo mutuo, en el pacto entre iguales, constantes del anarquismo.

Federica Montseny
(¿Qué es el anarquismo?)
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Mujeres, libres y libertarias

El 12 de febrero se cumplen cien años del nacimiento de Federica Montseny, un personaje tan controvertido como fundamental en la historia más reciente de nuestro país. Como autora de una particular obra literaria, como propagandista del ideario ácrata, como pionera de la liberación de la mujer, como protagonista de la Revolución Española, como ministra que impulsó una política sanitaria adelantada a su tiempo... son muchos los motivos para recordar a una mujer tan polifacética.
El mismo grupo que, con el apoyo de la Fundación Anselmo Lorenzo, realizó dos congresos de historia en Guadalajara, uno sobre el centenario de la Escuela Moderna de Ferrer Guardia (en noviembre de 2001) y otro que recordó el 75 aniversario de la fundación de la FAI (en noviembre de 2002), convoca para los días 6, 7 y 8 de mayo en el Ateneo de Madrid, un nuevo congreso de historia bajo el lema de Mujeres, libres y libertarias. Estructurado en cinco sesiones, ofrecerá una serie de ponencias, que servirán de base para el debate posterior, y admitirá la presentación y exposición de comunicaciones.
Pretendemos conmemorar el centenario del nacimiento de Federica Montseny reflexionando sobre el feminismo, sobre el anarquismo y sobre la relación entre estos dos movimientos emancipatorios contemporáneos, que algunos sintieron complementarios pero que otros han juzgado tan distintos como distantes.
Queremos, en primer lugar, debatir sobre la necesidad de un movimiento feminista o si, como creía Federica Montseny, el anarquismo ofrece una opción liberadora para toda la humanidad que hace innecesaria la presencia de un movimiento social específico para las mujeres. También pretendemos analizar la historia del movimiento libertario femenino, desde la meritoria labor de pioneras como Teresa Claramunt, hasta la irrupción de una generación de mujeres tan identificadas con el ideal anarquista como protagonistas de las luchas sociales de su tiempo, que tuvieron en la organización Mujeres Libres su mejor representación.
Contaremos con la presencia de Ana Sigüenza (que inaugurará el Congreso), Agustín García Calvo (Una visión libertaria del conflicto de género), Pilar Folguera (Una visión feminista del conflicto de género), María Jesús Matilla (Feminismo emancipatorio), Mayte Aguilar García (Feminismo no emancipatorio), Gloria Espigado Tocino (Las mujeres en el anarquismo español, 1868-1939), Laura Vicente Villanueva (Teresa Claramunt), José María Montero Barrado (Mujeres Libres), María José Palma (Las mujeres en el exilio, 1939-1975), Julián Bravo Vega (Literatura femenina libertaria). El congreso se cerrará con una mesa redonda sobre Federica Montseny, moderada por Elena Sánchez Gómez, que contará con la presencia de Irene Lozano, Antonina Rodrigo y Susanna Tavera.
Para más información, contactar con nosotros en AISAnar@yahoo.es o en el Apartado de Correos 7056 de 28080 Madrid.

El comité organizador Subir


Ni putas ni sumisas

El 8 de marzo de 2003, miles de mujeres procedentes de las barriadas marginales de París (más de 30.000, según las personas convocantes de la manifestación), ocuparon las calles al grito "ni putas ni sumisas". Aquel slogan, conscientemente provocador, fue el inicio de uno de los movimientos de mujeres más interesantes de la actualidad. Su creación surgió como respuesta al sesinato de Sohane, una joven de dieciocho años que fue quemada viva en un sótano de Cité Balzac, una barriada de Vitry-sur-Seine. Rebelde y orgullosa de su género, Sohane se negó a disimular su feminidad con ropas anchas y velos que ocultasen sus cabellos y esa posición le costó la vida. Sin embargo, la semilla de su insumisión fructificó en su hermana Kahina y en Samira Bellil, que algunos meses antes había publicado un libro titulado Dans l´enfer des tournantes (En el infierno de las sin ubicación). Ambas hicieron públicas las historias de numerosas jóvenes juzgadas en el "tribunal social" por los hombres de su entorno y condenadas a ser víctimas de violaciones en grupo.
Solo existen dos alternativas para las mujeres en estos guetos; una, luchar por su libertad, en cuyo caso son consideradas putas y castigadas severamente por la fratría varonil (a veces incluso con la muerte), otra, someterse a las viejas normas, es decir, comportarse como "buenas musulmanas", cubrirse con el velo y permanecer vírgenes hasta que un matrimonio de conveniencia las convierta en propiedad de un hombre.
La lucha del movimiento "Ni putas ni sumisas" fue considerada en sus comienzos una utopía, era la pequeña hormiga enfrentándose al enorme paquidermo. Tras el derecho a la diferencia cultural, religiosa y étnica, se esconden situaciones inimaginables y prohibiciones que a las mujeres occidentales nos parecen absurdas, ellas no pueden coger la mano de un muchacho, no pueden enseñar ninguna parte del cuerpo a excepción de la cara y las manos, no pueden maquillarse, y tampoco adquirir conocimientos que superen los de los varones de su familia... Pero pese a todas las restricciones y la incomprensión, las iniciadoras del movimiento decidieron hacer de él una hermosa realidad. La primera tarea fue romper el silencio (la omertá, en el lenguaje de la Mafia), conseguir que las mujeres denunciasen públicamente las vejaciones a que eran sometidas y desafiar la violencia con que se las quería amordazar.
A finales del pasado año 2004, el Grupo Editorial Anaya ha publicado un libro cuyo título coincide con el nombre del Movimiento. Su autora Fadela Amara, presidenta de la Federación Nacional de las "Maisons de potes", asociaciones de barrio estrechamente ligadas a SOS-Racismo, hace a través de su propia experiencia un detallado análisis de la situación que ha llevado a la rebelión a numerosas musulmanas de las barriadas obreras francesas.
Este libro tiene el mérito de dar a conocer una situación arcaica que, pese a estarse desarrollando a la puerta de nuestras casas, es ignorada por una buena parte de la sociedad .
Amara se refiere a Francia, en otro tiempo cuna de los valores universales de fraternidad, libertad e igualdad, pero las reivindicaciones que "Ni putas ni sumisas" defiende, nos afectan a todas las mujeres. Actualmente España se está convirtiendo en uno de los destinos preferidos por los emigrantes del Magreb y es muy posible que veamos surgir muy pronto movimientos similares al que nos ocupa.
El laicismo de la escuela francesa que tan cuestionado ha sido por cierto sector de la sociedad española, debe servirnos de ejemplo. Quienes defienden la libertad de poder llevar el velo o cualquier otro símbolo religioso en las escuelas públicas, olvidan defender la libertad de quienes no desean llevarlos. Citando textualmente a Fadela Amara "Es muy ilustrativo ver cómo las propias mujeres magrebíes nos han llamado la atención sobre otro problema ¿qué ocurre con aquellas que no quieren ponerse el velo? Si la sumisión que supone llevarlo discrimina, la rebelión que supone quitárselo mata".
Los fundamentalismos son una de las peores plagas que podemos padecer los seres humanos. Fadela Amara y el resto de las mujeres que forman "Ni putas ni sumisas" lo dejan bien patente con sus testimonios. Ellas quieren romper con el victimismo, autovalorarse y sentirse seguras. Su lucha es por la conquista de lo cotidiano. Yo las comparo con aquellas Mujeres Libres del 36, que practicaban un feminismo sin etiquetas, sin discursos políticos, sin conquista de poder, sin llamarlo siquiera feminismo. Como ellas, se mantienen al margen de cualquier instrumentalización y rechazan la dialéctica de la violencia. Buscan una manera nueva de mirar el mundo y la vida, buscan sentirse mujeres y estar orgullosas de serlo.

Mª Ángeles García-Maroto Subir


¡Alerta trabajadores!

O la clase obrera de los pueblos ibéricos asume el derecho y la responsabilidad históricos y sociales que les corresponden, o la ambición y mezquindad de políticos, comerciantes, clérigos, militares, mercenarios, charlatanes y demás gente que hasta hoy han venido organizando nuestras vidas y nuestros destinos, conseguirán más pronto que tarde, que sobre la Península Ibérica vuelvan a correr inmensos ríos de sangre obrera inocente.
Es necesario pues, sin pérdida de tiempo, que un movimiento asambleario obrero sin precedentes, recorra la Península de Norte a Sur, de Este a Oeste en fábricas, talleres, comercios y oficinas entre los trabajadores de la tierra y del mar, en cualquier tajo o lugar donde tengamos la posibilidad de dialogar con personas de nuestra clase.
Es necesario que lleguemos a un acuerdo general de clase inmediato, que nos permita tomar las riendas de nuestro destino lo antes posible, y que gritemos fuerte y claro a esta gente, que está envenenando nuestras vidas y nuestros sentimientos, que somos capaces de organizar y vivir sin su participación, y por supuesto sin su control y dirigismo, que en este trozo privilegiado de planeta que nos ha tocado en suerte habitar y disfrutar, somos capaces de convivir y trabajar, con nuestras peculiaridades territoriales, culturales, y que tenemos la suficiente capacidad, tolerancia, comprensión y solidaridad para construir una nueva sociedad en paz, libertad e igualdad.
¡Basta ya de una vez por todas! ¡Que nos dejen en paz! Que bastante tenemos con aguantar su parasitismo, sus mentiras, su explotación, su violencia física y psicológica. Que ni un solo trabajador o trabajadora, que ni un solo ciudadano o ciudadana de bien de los pueblos ibéricos, dé una sola gota de sangre que no sea para el noble fin de socorrer al enfermo o al accidentado.
¡Escuchad trabajadores y trabajadoras de los pueblos ibéricos! Ha llegado el momento de decir todos: ¡Basta! a estos profetas y mensajeros del miedo, de la violencia y de la muerte.
Por una comunidad ibérica obrera, libremente unida, solidaria y en paz; sin parásitos, sin verdugos y sin fronteras.
¡Tomemos el timón de nuestro destino! ¡No más sangre obrera derramada inutilmente!

Grupo Camilo Berneri Subir


Violencia y cambio social

El Estado se ha atribuido siempre el monopolio de la violencia, al menos de la violencia legal, y ha declarado siempre ilegal e ilegítima la violencia que se oponga a él. Tal constatación no regula el problema de la violencia, sino que, al contrario, la mantiene indefinidamente.

Sobre la legitimidad de la violencia
Hoy podríamos hablar de dos tipos de violencia, la buena, la legítima, la justa y, la otra, la mala, la ilegítima, la perversa e inaceptable.
Más allá de este argumento falaz, que hace de toda autoridad la depositaria legítima de la violencia, el estatuto de la violencia, de la fuerza, sobrepasa el marco estricto de la legitimidad del poder. En efecto, todo poder tiene siempre que basarse y justificar su legitimidad, lo mismo que tiene siempre que justificar la utilización de la violencia contra sus opositores. La legitimidad de la violencia cambia cuando cambia el poder. Así pues, no se puede llegar a comprender sobre el terreno cuál es el estatuto de la violencia.
La cuestión esencial sería más bien: ¿Qué desea preservar realmente un sistema económico hasta el punto de ser capaz de utilizar la violencia? Ahora falta superar el marco del simple discurso ideológico que enmascara la realidad del poder y del sistema, y examinar cuáles son los mecanismos de su funcionamiento.
La economía de mercado, o la democracia mercantil, pone por delante la legitimidad popular del poder. Al estar la legitimidad del poder basada en el pueblo, toda violencia ejercida contra el poder se ejerce contra el pueblo. El hecho de que el poder sea legitimado por el pueblo no excluye en absoluto que el sistema que lo sostiene sea un sistema de explotación que instrumentaliza al individuo, del que el asalariado es la más perfecta demostración. Ahora bien, por su naturaleza misma, este sistema viene a ser un generador de conflictos basados en las condiciones de producción y de reparto de la riqueza, es decir, de superviviencia. Cosa que oculta, como lo hacen todos los sistemas de dominación, tras la pantalla de una moral que se ajusta a sus intereses y de una ideología mistificadora. La manipulación consiste en afirmar el carácter "natural" e "insuperable" de este sistema de organización política basado en una alternancia ficticia, que lo perpetúa, sin por ello resolver los conflictos. De ahí una situación aparentemente paradójica de un pueblo que protesta sistemáticamente contra un sistema que reconduce a sus gestores al poder no menos sistemáticamente.
Esta situación desemboca en una paradoja: la violencia popular es declarada ilegítima por un poder legitimado por el pueblo. La ambigüedad es total y propicia al statu quo, pero también a que asistamos hoy día a la "judicialización", es decir, a la criminalización de la protesta social.

La trampa del espectáculo de la violencia
La imagen de la violencia es muy mistificadora. Nos envía desde nuestro subconsciente a las relaciones de fuerza entre animales, respondiendo probablemente a la parte animal de nuestro cerebro, siendo expresión de un estado evolutivo que ya hemos superado. Lo hemos visto: las relaciones humanas son relaciones conscientes y políticas, que han superado el estadio del instinto.
Sin embargo, y quizás a causa de ello, el espectáculo de la violencia nos fascina y nos engaña sobre su eficacia real. En una relación de fuerza política (en el sentido amplio), la violencia no es más que un parámetro, o dicho de otro modo, no es más que un elemento de un todo, y es la estructura de ese "todo" la que le da su sentido. Así, la violencia (la instrumentalización del individuo) que está en la base del sistema mercantil desaparece en cuanto a espectáculo en la racionalidad de cada uno de nosotros. El explotador se ha apoyado siempre en el consentimiento del explotado, que se complace en la ilusión de lo "natural", de la "lógica", de la "fatalidad" que motivan su sumisión... A falta de eso, siempre ha encontrado argumentos para convencerse (Dios, la patria, etc.); hoy en día, el mercado.
El sistema de mercado ha alcanzado un justo grado de sofisticación en materia de justificación moral de sus principios. Para ello cuenta con la "racionalidad", lo que declara como "equitativo" el intercambio mercantil; y de esta equidad basada en la lógica, pasa lógicamente a la equidad en el plano moral. Está última es universal, indiscutible y... armoniosa, y por supuesto exenta de todo germen de violencia. La mistificación no necesita ya inventarse divinidades u otras entidades de fundamento "científico". Se puede decir que la mistificación está científicamente fundada y justificada. Ella es lo que ha creado la fuerza de persuasión de este sistema.
La racionalidad del sistema encubre las relaciones de dominio (el asalariado) sobre las que se basa. Del mismo modo que la fe justificaba y enmascaraba la explotación, la racionalidad del sistema mercantil justifica y enmascara la relación de dominación que la sustenta.
Hay pues que invertir la visión de la realidad. La violencia primaria no es la que se ejerce para combatir la explotación: es la explotación misma. Es la institucionalización (en sistema económico) de la violencia social y económica que enmascara la verdadera realidad y que revela de hecho otra violencia que no es más que su expresión "en crudo". Así, la violencia ejercida por una revuelta no es más que la imagen simétrica de la explotación que combate.
Todo sistema tiene por tanto un interés, y no tiene inconveniente en presentar la violencia ejercida contra él como una puesta en cuestión, un atentado al orden del que es representante y garante, lo que, desde cierto punto de vista, es exacto, olvidando sencillamente explicar el origen y el sentido de la protesta de que es objeto.

¿Es necesaria la violencia?
Contrariamente a que se nos llevara a creer espontáneamente eso de que "se combate la violencia con la violencia", la Historia nos muestra que la violencia brutal, psicológica, primaria, no debe considerarse un elemento fundamental de cambio; es como mucho un elemento marginal, en el sentido de que lo que produce el cambio no es la violencia, sino, al contrario, la construcción, la elaboración de nuevas relaciones sociales.
Sí es, eso es cierto, una forma de violencia contra el sistema en vigor. Una revuelta, por muy violenta que sea, no ha cambiado nunca nada, al menos de manera fundamental y determinante. Que en esta obra de construcción de nuevas relaciones se exprese la violencia es casi inevitable, y por un razón sencilla: todo edificio social niega sus contradicciones y se resiste a las fuerzas de cambio y, en última instancia, utiliza la fuerza bruta.

La no utilización de la violencia
Poner en cuestión el sistema de mercado es hacerle expresar en un momento determinado lo que es por esencia: una relación de violencia insoportable. Ponerlo en cuestión planteando una alternativa social y política no puede sino llevarle a expresar sus verdaderos intereses y objetivos.
Mostrar concretamente que está condenado por una estructura económica y social basada en principios estatistas desencadenará una respuesta. Así, caen las apariencias y se revela sin tapujos lo que es: una relación de dominio, una estructura de instrumentalización de los hombres, las mujeres y la naturaleza.
Un sistema no se abate a base de golpes de fuerza, sino por la putrefacción de las relaciones sociales que lo sustentan. La elaboración de nuevas relaciones sociales es el elemento básico de esta descomposición. La estrategia de cambio consiste más en construir relaciones sociales alternativas que en atacar al sistema de frente; el sistema cuenta con dos ventajas nada despreciables: la fuerza bruta de sus mercenarios armados (policía-ejército) y su ideología.
La práctica violenta pura, aun acompañada de discursos atractivos, vehementes e ideológicos, es siempre, aunque se haga ilusiones, históricamente ineficaz. El terrorismo de masas (atentados indiscriminados) o individual (asesinatos individualizados) como práctica política para lograr un cambio es políticamente absurdo. No se construye un mundo nuevo sobre la base del terror.
El fascismo (forma de terrorismo de Estado) es la forma política que ha tomado el sistema de mercado cuando ha creído ver amenazados sus intereses, en oposición a los discursos pseudo-humanistas oficiales que nos quieren hacer creer que el fascismo es una aberración de la Historia.
Sin por ello llegar al fascismo (aunque...), el sistema de mercado está dispuesto a todos los crímenes y todas las infamias posibles para salvaguardar sus intereses vitales (no hay más que ver los países coloniales o neocolonizados).
La violencia ejercida como medio de defensa frente al sistema opresor, como medio de protección de un movimiento de liberación, para defender los valores, puede ser moral e históricamente justa. A lo mejor, esta violencia mantiene la situación preexistente; a lo peor, abre la puerta a una nueva violencia.
La elección de la adopción del principio, del momento y de la forma del ejercicio de la violencia reenvía la cuestión de la legitimidad histórica de esto, es decir, de su puesto en el proceso de cambio de las relaciones sociales y del grado de resistencia del antiguo régimen.
Cuanto más fuertes sean las fuerzas del cambio en la elaboración de nuevas relaciones sociales, más irrisoria será la violencia del adversario y menos deberemos ejercerla. Hagamos que la utilización de la violencia por parte del adversario sea la expresión de la confesión implícita de su debilidad política frente a una situación que ya no controla...

Patrick Mignard
(Le Monde libertaire) Subir


Himno anárquico

Oíd, mortales, el grito sagrado
de anarquía y solidaridad;
oíd el ruido de bombas que estallan
en defensa de la libertad.
El obrero que sufre, proclama
la anarquía, del mundo al través,
coronada su sien de laureles
y a sus plantas rendido el burgués.
De los nuevos mártires la gloria
sus verdugos osan envidiar,
la grandeza se anidó en sus pechos,
sus palabras hicieron temblar.

¡Viva, viva, la anarquía!
No más el yugo sufrir,
coronados de gloria vivamos
o juremos con gloria morir.

Al lamento del niño que grita:
Dame pan, dame pan, dame pan,
le contesta la tierra temblando,
arrojando su lava el volcán.
Guerra a muerte, gritan los obreros,
guerra a muerte al infame burgués,
guerra a muerte repiten los héroes
de Chicago, París y Jerez.
Desde un Polo hasta el otro resuena
este grito que al burgués aterra
y los niños repiten a coro:
Nuestra patria, burgués, es la tierra.

¡Viva, viva, la anarquía!
No más el yugo sufrir,
coronados de gloria vivamos
o juremos con gloria morir.

En 1812, Blas parera compuso la música del Himno Nacional Argentino; la letra era original de Vicente López y Planes. Años después, los anarquistas cambiaban la letra para convertir un canto patriótico en canción revolucionaria. Ha quedado en el anonimato el autor de la letra que transcribimos.

S.O. Subir


 

Contra la Europa capitalista

Un artículo sobre Federica

Breve introducción al anarquismo

Mujeres, libres y libertarias

Ni putas ni sumisas

 

¡Alerta trabajadores!

Violencia y cambio social

Himno anárquico