PERIODICO ANARQUISTA
Nº 198
             ENERO 2005

 

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La libertad...

La libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos: con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra, ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.

Cervantes
(Quijote, II, capítulo 58) Subir


Lucha de clases en Iraq

Bajo la dictadura de Sadam Hussein los trabajadores no tenían el derecho de asociación ni de huelga. Había, es cierto, sindicatos, pero sus líderes eran leales colaboradores del régimen y los trabajadores eran automáticamente perseguidos si los líderes sindicales les denunciaban a las autoridades baasistas [del Partido Baas, en el poder]. Todos los sindicatos aplicaban las reglas impuestas por el régimen baasista y los obreros no podían siquiera protestar. Esta situación ha durado treinta años y la segregación de los trabajadores iraquíes del resto del mundo ha dañado gravemente sus luchas en Iraq. Ahora la guerra de los Estados Unidos en Iraq, seguida de la ocupación, ha creado un desempleo masivo y ha destruido la sociedad civil.
El futuro no parece muy prometedor, con la instalación -contra la voluntad de la población- de un gobierno títere que agrupa a los jefes de tribu, las fuerzas más reaccionarias, la mafia religiosa y las fuerzas nacionalistas y etnocéntricas. Por otro lado, el avance multiforme del Islam político ha dado como resultado la creciente falta de seguridad y el aumento de la actividad terrorista, incluidos los raptos, las decapitaciones, la imposición del velo y la privación para las mujeres del trabajo y la educación. Los centros de trabajo han sido transformados en campos de batalla. En abril de 2004, los trabajadores de la fábrica de aluminio y los trabajadores de la fábrica de material sanitario de Nasiriya han rechazado apoyar al grupo terrorista de Moqtada al-Sadr, que quería convertir los talleres en lugar de litigio con las fuerzas norteamericanas. En Esmara los trabajadores en paro han defendido igualmente sus derechos menoscabados por las fuerzas islamistas.
La ocupación y el Islam político han llevado el caos y la incertidumbre a Iraq. La ocupación da a los islamistas el pretexto para continuar su terrorismo en Iraq con el lema de que ellos combaten "a los enemigos del Islam" o defienden la "tierra de los árabes". En realidad, esto no tiene nada que ver con las verdaderas expectativas de la población y sus deseos de igualdad y libertad reales. Ayudar y apoyar a estas fuerzas reaccionarias con la ilusión de que se trata de "fuerzas de resistencia", conducirá únicamente a favorecer su terror y su violencia contra las masas iraquíes, particularmente contra los trabajadores y las mujeres.
A pesar de todo esto, la clase obrera se ha organizado y está luchando para defender sus derechos. Se ha constituido un sindicato de desempleados, la Unión de Parados (UUI), porque como consecuencia de la guerra y de la ocupación, la mayor parte de los trabajadores se ha quedado sin trabajo. Ellos han montado las mayores protestas en Bagdad y en otras ciudades y han organizado 45 días de sentada frente a las oficinas del actual administrador civil para Iraq, Paul Bremer. Los dirigentes de la UUI han sido detenidos por las fuerzas americanas en Bagdad por haber defendido los derechos de los trabajadores en paro.
La Federación de Consejos Obreros y Sindicatos de Iraq (FWCTUI), de la que la UUI es miembro, ha sido fundada para organizar a los trabajadores en los sindicatos y en las fábricas en torno a un programa absolutamente laico y progresista. Estos sindicatos y consejos obreros se han popularizado enseguida en Iraq y muchas confederaciones sindicales han decidido aliarse con ellos. Celebrarán una conferencia el 25 de noviembre [pasado] en Basora. Se prevé que estarán presentes al menos 25 sindicatos en representación sobre todo de los trabajadores del sur de Iraq.
El gobierno provisional, con el artículo 16 promulgado el 28 de enero de 2004, ha impuesto ilegalmente al pueblo de Iraq el hecho de que la Federación Iraquí de Sindicatos (IFTU) sea el único sindicato legal y la representante única de los trabajadores de Iraq. Esto viola los derechos de los demás sindicatos como la UUI y la FWCTUI, que han organizado tantas protestas laborales. Por el contrario, la IFTU no ha propuesto nada y ha sido reconocida por el gobierno provisional porque sirve mejor a los planes americanos de privatización en Iraq.
Es un momento crucial para los trabajadores que se enfrentan a los dos pilares del terrorismo: la ocupación de EE UU y el islamismo político. El apoyo y la solidaridad internacionales de todas las organizaciones de trabajadores, de los sindicatos, de los grupos de izquierda y de todas las personas son necesarios para quienes defienden el humanismo, la laicidad y el igualitarismo en Iraq. Ayudadnos en nuestra lucha por la libertad y la igualdad en Iraq.

Huzan Mahmud subir


Libertad sin cargos para
los detenidos de Salónica

En junio de 2003 se celebraba la Cumbre Europea de Jefes de Estado en Salónica (Grecia). Durante los días (del 19 al 21) que se desarrolló la cumbre, muchas personas salieron a la calle a mostrar su rechazo hacia esta política neoliberal y este orden mundial al que nos tiene sometidos a los ciudadanos de a pie.
Fue una jornada de lucha dura e intensa. El objetivo era claro, impedir que una minoría decidiera el futuro de toda la población mundial. Los manifestantes con sus pancartas y gritos, y el Estado con su policía dispuesta a usar todo su armamento, se encontraron en las calles de Salónica defendiendo sus intereses contrapuestos. El día 21 de junio de 2003, la manifestación que había sido convocada finalizó con 130 personas detenidas. Muchas fueron identificadas, intimidadas y puestas en libertad. Veintinueve salieron con cargos de delitos graves de daños, resistencia a la autoridad, desordenes públicos, alteración de la paz pública, incendios y posesión y uso de armas.
Ocho fueron conducidos a prisión. Uno de ellos de origen estadounidense fue puesto en libertad a los pocos días debido a que EE UU medió para que esto fuera así. El resto de compañeros, Carlos y Fernando de origen español, Simón de origen inglés, Castro de origen sirio, y Tsitas, Jonathan, Michalis y Dimitris de origen griego, fueron llevados a prisión.

Montaje
En un principio todo apuntaba a que en tres días la policía los soltaría. Pero el Estado griego a través de sus medios de comunicación utilizó estos días para engañar a la población mediante falsas acusaciones, y así elaborar un montaje mediático, policial y jurídico. Los siete compañeros fueron acusados de posesión y uso de explosivos, daños, resistencia a la autoridad, desordenes públicos, posesión y uso de armas de incendio y llevados a prisión debido a que la policía afirmaba que portaban mochilas con tirachinas, tuercas y cócteles molotov, a pesar de que en un vídeo grabado durante la cumbre donde se veía claramente como a Simón le cambiaba un policía su mochila por otra que contenía cócteles molotov y demás. Pronto el resto de Estados se hicieron eco de la versión creada por el Estado griego.
Este montaje pretendía por un lado frenar el movimiento antiglobalización, para futuras cumbres, y por otro que el Estado griego aplicara por primera vez su ley antiterrorista. Una ley que se creo bajo presión Europea, poniéndola como condición para que se pudieran celebrar en Atenas los Juegos Olímpicos del 2004. Con estos hechos el estado griego ya disponía de cobayas para poner a prueba está ley, antes de los Juegos Olímpicos.

La lucha por la libertad
Las acciones de solidaridad no se hicieron esperar. Se convocaron concentraciones, manifestaciones, acciones de protestas, charlas, jornadas, conciertos... en diferentes ciudades europeas. El 21 de julio se convocó una jornada de lucha internacional exigiendo la libertad de nuestros compañeros. Paralelamente, el abogado de los siete reos del Estado griego también hacia lo propio para que estas personas volvieran lo antes posible a sus casas con sus amigos, compañeros y familiares.
El día 30 de junio se presentó un recurso que pedía la libertad sin cargos, por las irregularidades que se habían cometido en las detenciones y por las declaraciones contradictorias y confusas que dio la policía. En septiembre de ese mismo año se rechazó este recurso. Se siguieron presentando recursos sucesivamente que de igual manera eran rechazados.
Ante la negativa reiterada de la justicia griega, y la presentación de un recurso ante el Tribunal Supremo, los siete compañeros iniciaron una huelga de hambre. Castro comenzó la huelga el 21 de septiembre y el resto el 5 de octubre. Esta huelga duró 53 días, en los que nuestros compañeros fueron tratados de manera inhumana por parte de la fuerzas de seguridad del Estado y por parte de funcionarios de la cárcel de Diabata donde cumplían prisión preventiva. Los propios médicos de los hospitales denunciaron públicamente las vejaciones y abusos a los que estaban expuestas estas siete personas.
Desde fuera, sus compañeros, amigos y familiares apoyamos con acciones solidarias esta huelga. El 26 de noviembre la salud de los compañeros era bastante delicada, la fiscalía dio orden de que se les pusieran a los huelguistas suero en vena, a lo que ellos se negaron de la misma manera que se les habían denegado los recursos anteriormente presentados, y ese mismo día alrededor de las 15:00 horas conocíamos la noticia de la puesta en libertad de los siete compañeros.
Su situación quedaba así:
-Simón y el compañero de procedencia estadounidense quedaban absueltos.
-Carlos a la espera de juicio por delito menor, que tiene como máximo cinco años de prisión.
-Fernando, Castro, Tsitas, Jonathan, Michalis y Dimitris, se abriría una investigación sobre las detenciones.

Situación actual
La situación de nuestros compañeros en estos momentos es la siguiente: La investigación que se abrió para las detenciones no ha aportado ningún dato nuevo, aun así puede que a Fernando, Castro, Jonathan, Tsitas, Michalis, Dimitris, les bajen los cargos también a delito menor (pena máxima cinco años). Carlos y seis compañeros más, de los veintinueve que fueron liberados tras las detenciones con cargos, serán juzgados el día 13 de enero de 2005, su pena puede ascender a cinco años.
El día 26 de noviembre la alegría nos invadió, como no podía ser de otra manera, pero la realidad cruel del sistema nos vuelve a sacar a la calle a exigir la libertad sin cargos para nuestros compañeros: el próximo 8 de enero se convocan movilizaciones internacionales de solidaridad.

CNT-Villaverde Alto (Madrid) Subir


Cuento de invierno

Jean-Marc Raynaud y Thyde Rosell, de la Federación Anarquista francófona, son miembros fundadores de la escuela Bonaventure: un importante y creativo experimento de educación libertaria, una alternativa a los métodos educativos que todos hemos recibido en la escuela tradicional, habitualmente aburrida y demasiado represiva. Su objetivo y el de Bonaventure es educar a los niños de forma que puedan crecer como individuos responsables y libres, en lugar de como fuerza de trabajo domesticada. El martes 30 de noviembre fueron arrestados. ¿Por qué?
Varios años antes una pareja les pidió que admitieran a su hijo de cerca de 4 años, diciendo que debían viajar a menudo y no podían ofrecerle la estabilidad necesaria en una educación como es debido. Nuestros compañeros no investigaron a fondo la identidad de los padres: consideraron que el derecho del niño a una educación y su deseo de atención, estabilidad y amor estaban por encima de los documentos de los padres, estuvieran o no en regla. Le acogieron en su casa-escuela, donde vivía con ellos y aprendía a encontrar su camino en la vida en un ambiente favorable, mientras que sus padres le visitaban de vez en cuando. Después, sus padres resultaron ser miembros del movimiento separatista vasco ETA, y de esta manera nuestros compañeros fueron detenidos gracias a la legislación antiterrorista y encerrados durante 96 horas como sospechosos de complicidad con los padres del niño. Han sido interrogados de forma extenuante, privados del sueño, amenazados e incluso vejados, cuando la policía dejó entender que se ensañaría con su hija si no confesaban.
No se entiende bien qué es lo que la policía quería que confesasen. Su única supuesta relación con el terrorismo podría ser vagamente asociativa, ya que nuestros compañeros rechazan las ideologías nacionalistas y sólo se preocupan de garantizar una educación libertaria a un niño que les había sido confiado.
Cada día está más claro que para las fuerzas represivas del Estado cualquier disidente es un terrorista, particularmente en su línea de guerra al terror. Los Estados Unidos han utilizado la guerra al terrorismo para imponer severas restricciones a cualquier forma de oposición. De golpe, todos los inconformistas están "contra nosotros", por lo que son terroristas. Esto está llegando ahora también a Europa, como demuestra el caso que nos ocupa. Son anarquistas; animan una de esas escuelas en las que pueden ser admitidos los hijos de alguien acusado de ser terrorista, por lo que deben ser terroristas ellos también, sobre todo por ajustarse al perfil de la gente que no gusta al Estado. Todo esto es muy preocupante, sobre todo porque nos puede ocurrir a cualquiera de nosotros.
Debemos oponernos a este Estado cada vez más represivo porque, como demuestra el caso de nuestros compañeros, nunca se puede saber en qué preciso instante llamarán a tu puerta para acusarte de "terrorismo". No tenemos intención de dejarnos intimidar y vamos a continuar oponiéndonos a la represión y a los intentos de limitar nuestra libertad, sea cuando sea y venga de donde venga. A su terror oponemos la libertad, el apoyo mutuo, la solidaridad, por encima de cualquier frontera de los Estados nacionales.
Nuestros compañeros han sido liberados al superar el tiempo de detención regulado en las leyes antiterroristas, sin ninguna acusación, porque finalmente la policía no ha podido obtener ninguna prueba. Se ha producido una oleada de de protestas y mensajes de solidaridad, sobre todo de las organizaciones adheridas a la Internacional de Federaciones Anarquistas (IFA). Si bien el Estado ha tenido que reconocer la estupidez de las acusaciones, nos tememos que vuelva a suceder un hecho similar, por lo que debemos permanecer en estado de alerta.

Secretariado de la IFA Subir


Anarquistas contra el Muro

Anarchists Against the Wall (Anarquistas contra el Muro) es un grupo abierto cuyo principal interés es la acción directa no violenta conjunta israelo-palestina en los territorios palestinos ocupados. Su objetivo principal es colaborar con la sociedad civil palestina en prácticas de desobediencia civil a la ocupación, utilizando la insurrección popular desde abajo como alternativa a las políticas basadas, por el contrario, en las diferentes facciones y partidos; crear una alternativa a la violencia en la lucha de resistencia y lograr que israelíes y palestinos resistan codo con codo a la ocupación.
Aunque no es imprescindible ser anarquista para unirse al grupo, la mayoría de los activistas israelíes se identifican con el anarquismo y el grupo opera basándose en principios libertarios.
Desde su nacimiento en marzo de 2003, el grupo se ha concentrado fundamentalmente en la resistencia contra la construcción del muro del apartheid en West Bank.
Cuando comenzó a ser evidente que la construcción del muro se iba a transformar en un enorme instrumento de opresión, un grupo anarquista israelí ha decidido usar la cuestión del muro como catalizador para acciones directas conjuntas israelo-palestinas. Desde el inicio del conflicto esta ha sido la primera vez en la que israelíes y palestinos se han encontrado hombro con hombro en acciones de resistencia a la ocupación.
Las zonas donde se desarrollan actualmente las labores de construcción han sido protagonistas de momentos difusos de insurrección popular, sobre todo con la presencia y apoyo de activistas internacionales e israelíes, entre ellos Anarchists Against the Wall.
La violencia de la represión ha añadido más tragedia a la dramática realidad cotidiana de asesinatos de civiles palestinos; también han resultado heridos graves dos compañeros israelíes: Gil Naamati, en diciembre de 2003, e Itay Levinsky, en marzo de 2004.

Germinal Subir


Mirando hacia atrás sin ira

Este pasado mes de diciembre se han celebrado, sin pena ni gloria, los 25 años del V Congreso de la Confederación Nacional del Trabajo que supuso la normalización orgánica de la histórica central anarcosindicalista y la ruptura entre los dos sectores que se habían ido conformando en el seno de sus sindicatos. Una escisión tan traumática y tan antigua debería estar definitivamente arrinconada en la letra pequeña de los libros de Historia, pero parece haberse convertido en nuestro particular eterno retorno, noria -que ya marea- a la que seguimos atados, condenados a mirarnos el ombligo mientras el capitalismo hace de las suyas en campos, fábricas y talleres.
A estas alturas, debatir sobre las relaciones entre la CNT y la CGT tiene, salvando las distancias, el mismo sentido que discutir sobre la reunificación entre la CNT y la UGT, pues socialistas y anarquistas también estuvieron juntos en su día en la misma organización sindical, la Federación Regional Española de la AIT. Desde el Congreso cenetista de la Casa de Campo madrileña aún no han pasado ciento veinticinco años, pero sí ha transcurrido el tiempo suficiente para que podamos mirar atrás sin ira y con nostalgia.
Porque parece olvidarse que las organizaciones tienen vida propia, evolucionan, cambian, se transforman; parece olvidarse que la inmensa mayoría de los actuales militantes de la CNT no pertenecían a esta organización ni en 1979 (cuando sufrió la primera escisión) ni en 1984 (cuando convocó su Congreso extraordinario en Torrejón de Ardoz); parece olvidarse que más de el 90 por 100 de los cenetistas se afiliaron a este sindicato pudiendo hacerlo a la CGT o a la mal llamada CNT-renovada y que no lo hicieron; parece olvidarse que a la mayor parte de la militancia confederal estas historias empiezan a sonarles a batallitas de los abuelos. Y lo mismo cabe decir de la CGT, que en estos 25 años no ha nutrido sus filas con la incorporación de nuevos sindicalistas de raíz libertaria o con la integración de grupos de tendencia ácrata; ni tan siquiera ha absorbido a los sindicatos desfederados de la CNT (¡menudas joyas se habría llevado!) y por el contrario ha sufrido escisiones por su escaso espíritu libertario.
La CGT se ha convertido en el destino forzado para muchos núcleos de ideología comunista (lo que antes llamábamos la extrema izquierda) a los que la caída del Muro de Berlín no sólo les cogió desprevenidos sino que incluso les pilló debajo. Pero, sobre todo, conviene recordar que las asociaciones no son anarquistas porque haya muchos o pocos libertarios en su interior (¿cuántos?, ¿basta el 25 por 100?, ¿son suficientes el 50 por 100?, ¿quizás el 65 por 100?) o porque lo digan muchos o pocos de sus socios (¿podría ser anarquista el Atlético de Madrid?, ¿y la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas?), sino por su práctica cotidiana. Y hoy en día, la CGT tiene una práctica sindical más próxima a las centrales mayoritarias (¡ahora dice ser la tercera fuerza sindical!) y sus referencias a la CNT o a su pretendido origen anarcosindicalista son mitos fundacionales que tienen la misma credibilidad que la Ilíada, la Eneida o el Génesis.
Además, si las diferencias parecían insalvables hace más de dos décadas (suficientemente insuperables como para justificar una dolorosa escisión), tenemos que convencernos de que, desde entonces, las distancias no han hecho más que aumentar y que nuestros caminos no han dejado de alejarse, como pasó hace más de un siglo con la UGT. Únicamente la accidentada biografía de la CNT, que ha pasado en la clandestinidad más de la mitad de su vida, explica esta larga historia de encuentros y desencuentros que desde el manifiesto de Pestaña y los trentistas vive el anarcosindicalismo hispano: el nacimiento del Partido Sindicalista y los Sindicatos de Oposición y su posterior vuelta al sindicato, la escisión de una CNT política en el exilio confederal y su reincorporación en los momentos finales del franquismo, etc. En condiciones normales la ruptura hubiese cristalizado en dos organizaciones diferentes hace setenta años.
Miremos hacia atrás sin ira pero miremos, sobre todo, hacia adelante. Si un lejano día fuimos más de un millón de afiliados y si hace 25 años éramos centenares de miles de compañeras y compañeros no fue por la especial conjunción de los astros o por la directa intervención divina: antes fueron solamente unos centenares o unos miles. El mejor camino para la CNT no está fuera de nuestras filas sino que pasa exclusivamente por la organización y el compromiso de lo que tenemos en casa. ¡A la calle, qué ya es hora!

Antonio Arbeig Subir


Louise Michel

Al cumplirse el 9 de enero cien años de la muerte de Louise Michel, hemos considerado oportuno reproducir el artículo que entonces dedicó a glosar su vida Rudolf Rocker.

Louise Michel, la heroína de la Comuna de París, la luchadora y propagandista incansable de la revolución social, ha muerto repentina, inesperadamente. La férrea mano de la Parca detuvo de un modo brusco su vida rica y agitada; y el corazón, que amaba tan honda y sinceramente y odiaba con tanta vehemencia, ya no late en el frío pecho. Y los labios febriles que fueron capaces de pronunciar tantas palabras entusiastas y rebeldes han enmudecido para siempre.
¡Qué vida magnífica, abundante en detalles dramáticos, en hechos maravillosos y extraordinarios fue la existencia de la "buena Louise"! Ha sido toda una novela, mas no una novela vulgar, común, sino un romance escrito con la sangre del corazón de su autora, una novela vivida y sufrida por ella.
El movimiento revolucionario ha dado origen a muchos tipos de mujeres notables, mujeres que merecen el amor y la admiración de las épocas venideras, pero no ha producido aún y es dudoso que lo ofrezca en el porvenir, una figura semejante a la de Louise Michel. La "buena Louise" fue sin duda uno de los personajes más sorprendentes de la época moderna; algunos de sus historiadores la han llamado la Juana de Arco revolucionaria, la moderna Virgen de Orléans; esta comparación es ciertamente feliz porque se observa en ella el mismo entusiasmo poético e idealista, la fe inquebrantable en la justicia de sus convicciones y el heroico valor que le ha proporcionado fuerzas para soportar todos los peligros y obstáculos de su vida de mártir. Constituía Louise Michel el verdadero tipo de mártir, pero no del que se ve obligado a serlo en virtud de las circunstancias; había nacido mártir, el martirologio fue para ella una necesidad natural y en la satisfacción de esa necesidad estribó la dicha de su vida, toda su alegría. Juzgaba la vida con un criterio distinto al de sus contemporáneos; lo que era para otros motivo de dolor fue para ella un placer, una satisfacción interior. Este rasgo psicológico de su idiosincrasia lo comprendió perfectamente el editor de sus Memorias al decir que si Louise Michel hubiese vivido 1900 años antes hubiera sido tratada como los primeros mártires del cristianismo: su cuerpo endeble habría sido destrozado por las bestias en la arena imperial; y si hubiese vivido en la Edad Media habría muerto, sin duda alguna, en la hoguera de la Inquisición.
Esa fe de mártir ha sido la verdadera fuerzas interior de la "buena Louise", la razón por la cual el cuerpo enclenque no se extinguió antes, aniquilado por los sufrimientos indescriptibles que esa mujer admirable tuvo que padecer en su vida tan fecunda en hechos. Louise Michel fue feliz en todo el sentido de la palabra porque su alma jamás fue invadida por el escepticismo suicida del presente; su corazón generoso no se sintió torturado nunca por esos problemas oscuros de la duda que hacen tan difícil e insoportable la vida del hombre moderno. Era dichosa hasta cuando la aquejaban crueles dolores, pues jamás perdió el equilibrio moral de su alma y todos sus pensamientos y acciones giraron siempre en torno al centro de su existencia de mártir: la esperanza absoluta en el triunfo inevitable de la revolución social y la fe profunda e iluminada en un porvenir mejor. Esa armonía interior la defendía contra toda duda; era una coraza contra el llamado "dolor universal", el inmenso mal de la generación contemporánea. ¡El dolor universal! La "buena Louise" nunca supo lo que era eso. Estando sus actos de acuerdo con sus opiniones ¿por qué había de tener piedad del mundo? ¡El dolor universal! Invención de una época débil, palabra bajo la cual se quiere ocultar la cobardía personal y la servidumbre del alma. Hemos perdido la armonía entre nuestras ideas y nuestras acciones, viven en nuestros corazones dos personajes distintos y nuestro espíritu está dominado por dos pensamientos diferentes. Amamos lo nuevo sin tener el valor de llevarlo a la práctica; odiamos lo viejo, mas nos falta la fuerza de voluntad para romper con el pasado. En una palabra, obramos contrariamente a lo que pensamos y por eso hablamos del "dolor universal"; sentimos compasión del mundo cuando sería mejor que tuviésemos piedad de nosotros mismos...
Louise Michel no conocía estas debilidades. Cuando abandonó el castillo donde pasara su juventud y entró en el mundo como maestra de escuela, estaba imbuída de ideas radicales y anticlericales. Pero esas ideas no estaban de acuerdo con la enseñanza que se impartía en las escuelas de Napoleón III. ¿Qué importaba? Louise instruye a los chicos conforme a sus convicciones y no como lo exige el gobierno imperial. Refiere a los niños que Napoleón es un criminal, un tirano, un traidor a la República, les enseña cantos revolucionarios y otras cosas. Los pequeños se muestran muy contentos con la extraña maestra, pero el director llega bien pronto a la conclusión de que ella no sirve para el magisterio. Louise se dirige entonces a París y ante sus ojos se abre un nuevo mundo. Intima con los jefes de la democracia radical, al mismo tiempo que frecuenta las asambleas de la Internacional y los centros clandestinos de los comunistas. Trabaja día y noche, olvidando completamente su existencia material, y un solo deseo anima su corazón: la ruina del Segundo Imperio. Participa en todas las tentativas revolucionarias contra Napoleón III y, cuando el trono imperial cae destruido en la vorágine de la guerra franco-alemana, ella es la primera en atacar a la llamada República de Septiembre, la república de la burguesía francesa. Viene después el 18 de marzo de 1871; la capital sublevada proclama la Comuna. Louise Michel adquiere fuerzas gigantescas, es la encarnación del temperamento revolucionario, la personificación del entusiasmo rebelde. Es incansable en su actividad. Habla a las multitudes y publica sus artículos fragorosos en Le cri du Peuple. Luego viene la catástrofe, el último acto de la Revolución Francesa: la Comuna lucha a vida o muerte contra la reacción combinada del Estado y el Capital. En las barricadas, vistiendo el uniforme de la guardia nacional, fusil en mano, Louise es herida en el asalto de Port-Ivry y, antes de que la herida se cure, se halla nuevamente en el campo de batalla. Cuida a los heridos, besa los labios agonizantes de los hermanos caídos y lucha en las barricadas. La Comuna cae; en el cementerioPére-Lachaise y en el sangriento combate de Sartori mueren sus últimos defensores. Louise Michel halló en ese momento un refugio seguro. Pero de pronto llega a saber que la reacción se prepara a acusar de sus actos a su madre querida. En vano sus amigos tratan de demostrarle que la noticia es inexacta; Louise no se deja convencer y se entrega en manos de los verdugos sanguinarios. El 16 de diciembre de 1871 aparece ante los jueces pidiendo para sí la muerte. Su actitud ante el tribunal es heroica, censura en términos apasionados a los asesinos de la Comuna llamándolos perros cobardes y jura que, de ser absuelta, no cesará de sublevar al pueblo contra sus verdugos. El consejo de guerra la condena a reclusión en Nueva Caledonia. Sus parientes se valen de todas sus influencias para libertarla, pero Louise declarará que sólo volverá junto con todos los demás. Durante nueve años arrastró las cadenas del presidio, hasta que finalmente fue puesta en libertad en 1880. El proletariado francés recibió con ruidoso entusiasmo a su "buena Louise". Alguno que otro de los comuneros condenados perdió el valor en el encierro, mas Louise siguió siendo la misma de siempre. En 1882 fue condenada a dos semanas de prisión por ofensas inferidas a la policía, y en esa misma época se adhirió a la tendencia anárquica del socialismo.
Al celebrarse en 1883 las grandes manifestaciones de los desocupados, Louise se hallaba a la cabeza del movimiento. Veía el hambre de sus hijos, los proletarios de París, y sabía que nada podía remediarse con palabras bonitas. "Venid, hijos, yo os daré de comer", dijo a la multitud hambrienta. Y levantando la bandera negra rompió las ventanas de algunas panaderías y carnicerías con el objeto de proveer a los pobres y miserables. Fue condenada a seis años de cárcel, pero salió en libertad por la amnistía de 1886. Ese mismo año fue nuevamente condenada por agravios al gobierno; después la obligaron a abandonar Francia, pues las autoridades tenían la intención de recluirla en un manicomio. En el transcurso de los muchos años que vivió en Inglaterra escribió algunas novelas y dos pequeñas colecciones de versos. Sus novelas La miseria, Los malditos, La hija del pueblo y sobre todo Los microbios humanos y El nuevo mundo son principalmente descripciones de la miseria del proletariado y acusaciones vehementes contra la sociedad moderna. En ellas se refleja toda la riqueza de su carácter extraordinario, sus sentimientos hondos y nobles hacia los humildes y explotados, y en particular esas relaciones misteriosas, casi místicas, que existían entre ella y las multitudes obreras de París. Antes aún de abandonar Francia editó el primer tomo de sus Memorias. Su último trabajo de carácter literario fue un exelente libro sobre la Comuna de París.
En los últimos años de su vida fecunda hizo algunas giras de propaganda por toda Francia; hallábase en Marsella para predicar la idea de la liberación general por medio de la revolución social cuando la muerte interrumpió bruscamente su actividad incansable.
Esta es en pocas palabras la biografía maravillosa de Louise Michel, heroína y luchadora. Todas sus acciones estuvieron siempre en concordancia con sus ideas. Obedeció en todo momento a la voz de sus sentimientos íntimos, y esa voz jamás la traicionó. Fue una figura de una pieza y su corazón ignoró el dualismo desesperante que tan fuertemente domina a la generación actual.
Louise ha tenido una muerte hermosa. Tres meses antes de su fallecimiento, cuando todo el mundo creyó que moriría irremisiblemente, ella venció, a pesar de todo, su cruel enfermedad. Y hasta tuvo la rara dicha de leer su propia necrología. Vio las lágrimas ardientes de los humildes y explotados del mundo entero, para quienes ella había sido siempre la "buena Louise". Y esas lágrimas, ese amor ilimitado y esa veneración de los oprimidos han sido la mayor recompensa que pudo recibir. Era demasiado buena, y por eso la muerte le concedió un privilegio especial. Pero su nombre vivirá eternamente en todos los corazones amantes de la libertad.

Rudolf Rocker Subir


La no violencia como técnica de liberación

"En Francia, la Revolución es un combatiente que corta las dificultades con la espada; para Godwin, el progreso es un educador que desata poco a poco las ataduras de las mentes y prepara tranquilamente la evolución de las instituciones" (J. Jaurès, Histoire socialiste de la Revolution française)
Si bien rechazaba los métodos violentos de las revoluciones, Godwin no pretendía servirse de la reacción inglesa de su época; por el contrario, la denunciaba con una virulencia nunca vista hasta entonces. Siempre tuvo pleno respeto por esa "fuerza soberana" que es la persuasión. Ella sola puede conseguir la realización de los cambios reclamados por la humanidad sufriente, como los que expone concretamente en su obra: "Búsqueda de la justicia en política y su influencia basadas en la virtud y la bondad de todos". Los hombres que reconocen la verdad, piensa Godwin, deben contribuir al bienestar universal ayudando a los demás a comprender a su vez la necesidad de profundos cambios. Podrán recurrir para ello a la fuerza de la persuasión y no a la de las armas o las leyes. No se puede obligar a nadie a ser libre y justo.
"La fuerza de las armas será siempre sospechosa a nuestro parecer, porque las dos partes la pueden utilizar con las mismas probabilidades de éxito. Por eso hay que aborrecer la fuerza. Si bajamos a la arena, dejamos el terreno seguro de la verdad y nos abandonamos al resultado del capricho o del azar.
La falange de la razón es invulnerable: avanza a paso lento y seguro, y nadie puede resistirse a ella. Pero si dejamos de lado nuestras tesis y tomamos las armas, nuestra situación cambia. ¿Quién podrá, entonces, en medio del ruido y el tumulto de la guerra civil, pretender un éxito o un fracaso para su causa? ¡Hay que distinguir entre instrucción y excitación del pueblo! Lejos de nosotros la instigación, el odio, la pasión; hace falta reflexión tranquila, juicio sobrio y discusión leal".
Así pues, para Godwin lo esencial no es derrocar violentamente al tirano. Tras haber visto con sus propios ojos las convulsiones y los abusos de autoridad del terror revolucionario, comprueba que los "tiranicidas" no han hecho sino instaurar nuevas formas de tiranía, desde el primer año de Libertad.
En efecto, la conquista y, de paso, la reafirmación de los poderes del Antiguo Régimen suscitaron muy pronto nuevos dictadores, que se apresuraron a usar y abusar a su vez del entusiasmo, del servilismo y de la indiferencia de las masas. Más tarde, los marxistas han pretendido justificar y codificar esos métodos en nombre del interés de clases y del devenir colectivo, y han bautizado pomposamente como "dictadura del proletariado" eso que no es sino una tiranía de camarillas o de partido. Su fin es el poder; el de Godwin, como el de todo anarquista, es combatir los desmanes de la autoridad. Para lograrlo, tratará de destruir, mediante la razón crítica, la ciega sumisión de las mentes.
Sobre este plan, Godwin se mantiene con entereza. Al no incitar a la revuelta armada de los ciudadanos contra los nobles, curas y reyes, está demostrando firmemente que toda superioridad de rango y poder atenta contra la justicia y es desenmascarada por la razón.
La idolatría de la fuerza, y no la propia fuerza, le parece la guardiana del statu quo social; y con ella la idolatría del "saber". Así, no vacila en añadir que no hay por qué dar por hecho en el hombre el respeto hacia los que son superiores en sabiduría y en ciencia. No debe el hombre dejarse abrumar por las élites reconocidas, sino, al contrario, mantener su franqueza ante ellos y no dejarse imponer ni por la espada, ni por el libro o la palabra, ni por la riqueza o el dinero.
No obstante, Godwin no es un nihilista impulsivo que arremete contra todo y a propósito de todo. Sabe reconocer la superioridad del mérito y de la competencia demostrados en sus funciones, cualidades y conocimientos especiales. Se inclina de buen grado y no sin fervor ante la actividad de los constructores y los educadores. Pero para todo lo que atañe al sentido común humano, ya sea la justicia, el derecho o la política, Godwin cree que cada uno se esfuerza ejerciendo sus propias facultades de análisis y de crítica, sin que haya que acudir a ninguna casta de clérigos y notables, ni a ninguna delegación de representantes, de jefes o legisladores.
Los anarquistas, siguiéndole, retomarán las enseñanzas godwinianas, que resumirán en esta declaración lacónica que contiene la experiencia sintetizada de todos los esfuerzos tendentes a la liberación social: "La emancipación de la clase trabajadora será obra de los propios trabajadores". Efectivamente, por haber dejado en manos de los dioses, los césares y los tribunos el cuidado de los liberados, individual o colectivamente, los trabajadores han seguido siendo esclavos eternos del trabajo asalariado. Y por haber delegado sus "poderes", los ciudadanos siguen siendo, bajo el yugo del Estado, una masa manejable, doblegable... y movilizable a voluntad.
Que se esfuercen los hombres, pues, despiertos y atentos a sus propios asuntos, y que hagan del juicio y la actividad su trabajo privado; los Estados y los privilegiados no podrán mantenerse contra esa voluntad arraigada, entre los hombres ponderados y firmes, de dirigir ellos su propia vida. La violencia no podrá reemplazar el aprendizaje de las responsabilidades y de la iniciativa; pero, una vez hayan adquirido esas costumbres los trabajadores, no será políticamente necesaria violencia alguna porque las ciudadelas del poder, al no tener ningún asidero, se hundirán como castillos de naipes.
Godwin recupera aquí el pensamiento anteriormente expresado por Etienne de La Boétie en su admirable obra Discurso de la servidumbre voluntaria, libro extraordinariamente educativo y no menos liberador, que merecería ser leído con mucha más atención por todos los que reivindican la anarquía. Veamos aquí cómo se expresa Godwin sobre la no cooperación del hombre con los imperativos de la autoridad:
"Es bien sabido hoy que el imperio del gobierno está basado en la opinión; para que subsista no basta con que nos abstengamos, por nuestra parte, de derribarlo violentamente; hace falta que la opinión nos determine a proporcionarle un apoyo permanente".
Al hablar de "la opinión", Godwin se refiere a la conciencia individual. Rechaza las incitaciones de las asambleas y de las masas siempre dispuestas a convertirse en verdugos o víctimas y a recaer en ese afán de autoridad que se podría anular con la simple no cooperación con los opresores:
"Ningún gobierno puede subsistir en una nación si los todos los individuos, absteniéndose con una resistencia tumultuosa, censuran desde el fondo de su corazón, y desprecian la institución gubernamental".
Godwin plantea también las premisas de una técnica de la no violencia aplicadas a la liberación de las sociedades. Es significativo constatar que Proudhon, "el padre de la anarquía", se basa también en la inanidad de las revoluciones políticas violentas. A Marx, que le propuso en 1846 la creación de una especie de comité internacional para coordinar "la acción", le respondió señalando el carácter fundamentalmente reaccionario de los "golpes de mano" dirigidos desde arriba y la inanidad de un socialismo basado en una "Noche de San Bartolomé de los propietarios".
Para Godwin, el fracaso de los métodos violentos ya se advirtió en 1793; los excesos, la arbitrariedad después de cada revuelta, restablecen bajo nuevas formas la autoridad, el poder, el dominio del hombre sobre el hombre.
Una vez realizada por Godwin y Proudhon la crítica de las insurrecciones armadas, ¡cuántas guerras civiles han estallado aquí y allá! Todas ellas han venido a confirmar la verdad de la cautela contra los métodos que no pueden sino dar preeminencia a los nuevos partidos políticos ávidos de poder, y a los tiranos por medio de milicias o de ejércitos.
Sin duda, en un mundo como este en el que vivimos, donde la violencia, el asesinato, el crimen y la explotación son moneda corriente, no se puede conseguir que el hombre se despoje de un manotazo de todo un pasado de brutalidad ancestral. Pero ¿es esa una razón para encerrarlo a sabiendas en unas formas caducas de luchas pretendidamente liberadoras y para dejarse sojuzgar por esa mística de violencia, sin saber a dónde nos lleva?
Porque no basta con denunciar la violencia y el autoritarismo de los demás; hay que saber por uno mismo no hacer uso y organizar una resistencia de las mentes a la opresión y a la tiranía.
Que no se nos venga a invocar razones que nuestra razón se niega a aceptar: que no se nos argumente, por ejemplo, la falta de preparación de las mentes, como causa de fracasos probables y posibles. Ya hemos soportado bastantes fracasos con los antiguos métodos destinados a cambiar el curso de los acontecimientos para que no tengamos derecho a buscar otros nuevos. El día en que las mejores mentes sean conscientes de la inmoralidad del poder, de la inutilidad del Estado, de la nocividad de los códigos y los usos, ese día, los nefastos principios de autoridad habrán fracasado y la revolución pacífica estará en vías de realización.
Guglielmo Ferrero ha distinguido dos revoluciones diferentes en los movimientos de 1789 en Francia y en los hechos que los sucedieron; pero, se puede remontar a Godwin esta distinción necesaria, olvidada por falta de "objetividad" histórica entre mentes como las de Jaurès, Kropotkin, etc., que han enfocado la Gran Revolución francesa como un único bloque.
Por una parte, en efecto, nada puede autorizar el rechazo de este admirable conjunto de pensamientos, que trataron de precisarse en hechos, y actuaron en la proyección en el futuro de los principios esenciales que proclamó la revolución creadora: "Libertad, Igualdad y Fraternidad". Pero, por otra parte, la dictadura jacobina, guerrera y terrorista, no dejó de negar y derribar todo lo que edificaba el humanismo enciclopédico, y de restablecer lo que éste anulaba.
Ahora bien, Godwin, observador atento, ha sopesado la extraña contradicción que se iba insinuando a lo largo de los años entre las causas superficiales y los problemas profundos que llevaron a los hombres a la revuelta. Su conclusión fue que había que confiar en la verdad, esperar a que ésta llegara a las mentes, trazando en profundidad su cauce; y por ello hay que dirigirse y entregarse a la obra de la autoeducación, rechazando las tentaciones de la violencia, para regular mediante la confianza los problemas humanos. De hecho, la verdad lucha en dos frentes:
"La gran causa de la humanidad, por la que se aboga frente al universo, tiene dos clases de enemigos, los amigos de la autoridad y los amigos de lo nuevo que, impacientes ante cualquier retraso, son proclives a interrumpir violentamente el lento, incesante, rápido y feliz progreso que el pensamiento y la reflexión realizan de forma manifiesta en el mundo. La humanidad sería feliz si las personas que se interesan con gran celo en estas cuestiones limitaran su acción a difundir, de todas las formas posibles, el espíritu de búsqueda, y a aprovechar toda ocasión para extender el conjunto de conocimientos políticos y extender la comunicación".
Se ha querido tratar a Godwin de utópico, pero los pretendidos científicos no se sienten apenas incómodos por desdeñar los datos esenciales de la ciencia, proclamando a los cuatro vientos las imperiosas y fatales necesidades revolucionarias -"la lucha sangrienta o la nada"- sin siquiera referirse a las formas de vida de acción o contenido real. Por el contrario, qué clarividente nos parece este texto de Godwin:
"Después de todo, no se puede olvidar que si revolución y violencia no están necesariamente en conexión, la revolución y la violencia han sido demasiado a menudo contemporáneas de los grandes cambios del sistema social. Lo que se ha producido a menudo en el pasado puede, sin duda, producirse en el futuro. Así pues, el deber de los hombres esclarecidos es retrasar la revolución cuando no puedan impedirla. Es razonable creer que, cuanto más tarde se produzca, antes podrán crearse las verdaderas naciones políticas y menores serán los inconvenientes relacionados con la revolución. El amigo de la felicidad humana deberá tratar de prevenir la violencia, pero eso podría ser señal de un temperamento débil y senil que nos haría volver la vista con disgusto ante los asuntos humanos y no contribuir con nuestros esfuerzos y nuestra atención a la felicidad general porque, tal vez, al final, intervendría la violencia. Estas cosas no concuerdan con nuestra idea de perfección. Los hombres que se irritan contra la corrupción y se impacientan ante la injusticia y que por su estado mental favorecen a los hacedores de la revolución, tienen siempre una excusa para sus errores: son los excesos de un sentimiento virtuoso".
Como puede verse en este largo extracto, Godwin, aunque es no violento, rechaza condenar ex cátedra el ardor revolucionario de los pueblos. Esta mezcla de prudencia, de sabiduría y de generosidad es quizá lo mejor y más profundo en la exposición de las ideas godwinianas. Llevan consigo las meditaciones de un sociólogo y de un filósofo que el espíritu científico (no dogmático) no deja de guiar. En Godwin, el sentido de lo humano no se ha perdido en su ardiente deseo de transformación social, y eso es lo más importante.
Por mi parte, no conozco ningún pensamiento anarquista expresado con mayor claridad, fervor y nobleza que el de Godwin, que encontramos desarrollado entre nuestros mejores teóricos y hombres de acción, especialmente P.J. Proudhon, Elisée Reclus y Errico Malatesta.
¿Por qué después de tantas experiencias vividas y tantas enseñanzas recibidas, los revolucionarios siguen pretendiendo conceder a la violencia un valor mesiánico?
¡Qué de años perdidos tratando de atrapar la luna para derrocar el poder en su propio terreno, mientras que lo que hacía falta era tener una visión clara de la realidad y dar una paliza a la autoridad rechazando servirla o servirse de ella! Se impone una necesidad imperiosa, la de fomentar esa huelga de mentes, esa objeción de conciencias que se niegan a consagrar y sostener el privilegio y la tiranía garantizando su inevitable derrota. ¿No es esta la urgente tarea a la que deberían dedicarse todos los movimientos anarquistas en lugar de vivir demasiado a menudo de quimeras llamadas revolucionarias?
No se puede negar que las revueltas individuales, salvajes, a veces inconscientes, y los actos de represalia directa han hecho temblar a los tiranos e inquietado a los gobiernos quizá más profundamente de lo que hubiéramos imaginado; pero hemos constatado también que los levantamientos en masa han sido más perjudiciales que útiles, y han encontrado siempre un canalizador hábil que ha logrado que el río volviera a su cauce normal.
No quiero con esto enunciar una regla inamovible de los acontecimientos; pero ¿qué valen los mítines y los debates de los partidos políticos que pretenden defender la paz? Mediante su rechazo tranquilo, los objetores de conciencia hacen más por la paz constructiva, más contra la guerra, que todos esos miles de pretendidos pacifistas que continúan sirviendo al Ejército y al Estado. ¡Ah, pero los gobiernos saben bien a qué se expondrían si la lucha contra el militarismo se orientara por los caminos de la desobediencia civil! Esta es la actualidad del pensamiento de Godwin. Ese retorno a las fuentes primeras y fundamentales de la anarquía acude a los medios anarquistas no sin razón.
Nos iremos dando cuenta de que, cada vez más, el futuro hará justicia a los que entrevieron la verdad de prevenir del peligro. Otros menos inspirados se pusieron a remolque de esos partidos autoritarios de doctrinas pretendidamente científicas, para los que el alfa y omega del conocimiento reside únicamente en la conquista del poder.
¿Habrá que perseguir por los caminos de la ilusión la esperanza de un mundo mejor? ¿No habrá más bien que tratar de utopistas a esos "científicos" tan alejados de la realidad como el día de la noche?
¿No será preferible proponer a los hombres que aspiren a una transformación profunda de las relaciones entre individuos?
Ante los repetidos fracasos de la violencia, mitificada por la constante violencia de la conciencia humana ¿no es urgente reaccionar?
Tener confianza en esta fuerza que es la verdad no es esencial. Pero eso no implica rechazar toda acción, al contrario, necesita una constante actividad de rechazo por una parte y de creación por la otra.
"Es un error suponer que, porque no produzcamos conmoción popular y violencia, la generación en la que vivimos no se vaya a beneficiar de la mejora de nuestros principios políticos", escribe Godwin.
Rechacemos, pues, unirnos a las formas de privilegio y de tiranía, rechacemos servir o contribuir a todo lo que pueda poner trabas a la liberación humana; pero, por otra parte, inauguremos desde ahora el día de las formas de vida libre que perfeccionará la experiencia, y hagamos realidad, entre nosotros, un poco de esta anarquía de la que se nos ha estado hablando, esforzándonos por vivir el pensamiento creador.

Hem Day
(febrero-marzo de 1953) Subir


Decrecimiento y vegetarianismo

Ha llegado el momento de abordar la cuestión de nuestra actitud, de nuestro comportamiento en un sistema económico desarrollado enteramente en la lógica suicida del crecimiento, pero más en nuestros actos más corrientes, más rutinarios, que tienen un peso considerable en la maquinaria destructora del capitalismo. Empecemos por la alimentación, parte esencial del consumo mundial, que responde a los mismos principios de oferta (industrializada) y de demanda (condicionada) y permanece sometida a los mismos desequilibrios entre potencias nacionales, pues la mayor parte de las mercancías se intercambian por todo el mundo. Y, para ser del todo preciso, nos referimos a la producción y el consumo de carne, parte fundamental de la carrera despreocupada hacia el abismo.
El propósito no es estigmatizar gratuitamente a quienes comen carne, esgrimir principios morales (algunos de los cuales pueden ser ciertos) y asentar en algunas mentes la sola idea de que el vegetarianismo, o el veganismo, tiene valor de obligación moral. El movimiento anarquista conserva sobre esta cuestión penosos recuerdos de una época en la que algunos militantes de la causa animal se han atrevido a establecer dudosas similitudes entre consumo de carne y fascismo, no sin escándalo. No fue necesario nada más para que los enemigos fomentaran una desconfianza duradera (suave eufemismo) hacia el vegetarianismo y hacia las organizaciones libertarias.
Si las discusiones son ya lejanas, lo cierto es que la cuestión de la abolición de la carne no ha progresado apenas en los medios anarquistas. Comparativamente con otras épocas, en las que el problema se abordaba apasionadamente en las columnas de nuestros periódicos y en las páginas de nuestros folletos, la indigencia de nuestras reflexiones al respecto es patente. Por algo los medios anarcopunk y ecologistas radicales se han adueñado del problema y han llevado, a fuerza de debates y de la conciencia individual, a una amplia franja de sus activistas a hacerse vegetarianos o veganos.
Al margen de toda consideración moral, hay una cuestión que debe plantearse, honradamante, todo individuo sensible a los estragos de esta sociedad de superproducción y sobreconsumo, y decidido a poner no sólo un freno, sino un final: ¿se puede en el siglo XXI seguir consumiendo carne?
Empecemos por advertir que desde el punto de vista industrial la producción de carne constituye un derroche de energía. El teorema es sencillo: se cultivan cereales para alimentar y engordar al ganado. ¿Por qué no comer directamente los cereales producidos?
Esto parece una nimiedad, pero hay que pensar en el grado de paroxismo a que esta aberración energética puede llegar por el apetito carnívoro de millones de individuos. El cuidado de los animales, basado en la demanda del mercado de la carne (en pleno crecimiento, especialmente en los países del Norte) implica buscar cada vez más tierras de pasto y de cultivo. Trágica demostración de esta huida hacia delante, la cubierta forestal tropical y subtropical se ha reducido considerablemente desde que las diferentes oficinas mundiales con la ayuda del "progreso" estimulan, y eso es decir poco, la instalación de establecimientos de cria de varios millones de cabezas de ganado. Y la razia continúa cuando, después de haber devastado los bosques, arruinado las tierras conseguidas por una explotación desmesuradamente intensiva -los explotadores siguen sometidos a las mismas exigencias de rendimiento- hay que utilizar la excavadora más lejos todavía, conquistar nuevas tierras, continuar la obra de muerte.
Los animales no necesitan una alimentación variada. Algunos cereales o incluso un solo tipo, bastan para su crecimiento. En particular la soja, cuya prodigiosa producción está destinada fundamentalmente al ganado, dando lugar a un modelo de cultura inédito para las comunidades campesinas tradicionalmente vinculadas a una agricultura de subsistencia, más variada, que hoy apenas tiene peso en la balanza económica regulada por los países del Norte. Para sobrevivir, estas comunidades apenas tienen otra elección que lanzarse al monocultivo, dependiendo cada vez más de las fluctuaciones del mercado, y participando sin recoger beneficios en la destrucción de su entorno, que es también el nuestro.
Estos son los más directamente afectados por los desequilibrios engendrados: éxodos masivos, desaparición de los referentes sociales y culturales, pero también efectos directos e indirectos de la deforestación. Se habla poco de ello, pero la destrucción del bosque ecuatorial es también la destrucción del hábitat natural de una multitud de animales que mueren o no encuentran su sitio en la compleja organización de la cadena alimentaria. Se señalan numerosos casos de animales salvajes que, enloquecidos, hambrientos, atacan al hombre y a veces lo matan. Porque la desorganización generalizada de los equilibrios naturales afecta a innumerables componentes de los medios vegetal y animal, solidarios entre sí, acabando con toda esperanza.
El hombre que sufre, el que muere, no es el empresario que calculadoramente decreta las muertes económicas y ecológicas, ni el tecnócrata que sin ningún ánimo especial administra el remedio, ni tampoco los políticos que justifican todo, incluso lo favorecen, sin olvidar sus pequeñas comisiones. Los que sufren y mueren son los pobres, los artesanos inconscientes de su propia destrucción. Son por ejemplo los criadores de pollos, que en ciertos países de Asia viven y trabajan mezclados con sus animales, en unas condiciones de higiene espantosas que no son ajenas a la aparición y propagación de virus cada vez más resistentes. Las epidemias así desarrolladas causan más estragos cuanto menos informadas están las poblaciones afectadas, los gobiernos parecen más preocupados por los desafíos económicos que por la situación sanitaria. Podríamos también hablar de la contaminación devastadora que ha cubierto ciertas regiones de la Indonesia a causa del fuego utilizado para las roturaciones. O de los efectos de los pesticidas pulverizados en exceso sobre ciertos cultivos, envenenando la tierra y también a los trabajadores que la manipulan. O de las inundaciones trágicas que son consecuencia directa de la deforestación y de la mala permeabilidad de los suelos cultivados, como sucedió en la región de Santa Fe, en Argentina, a finales de 2003.
Verdaderamente, podríamos continuar con esta siniestra enumeración. Pero vamos a detenernos. A cambio, y para llegar a lo que nos preocupa, no creemos que los efectos perversos de la producción de carne sean observables únicamente en los países del Sur. En nuestras comarcas consideradas "ricas" y "desarrolladas", el cuadro tampoco es brillante. Una oleada de militantes salidos del medio agrario, seguida hoy por un número de ciudadanos, estigmatiza la "comida basura" encarnada por ciertas cadenas de comida rápida muy conocidas. Éstas tienen, sin duda, una gran parte en la responsabilidad del saqueo planetario, especialmente en el proceso de deforestación iniciado para producir la pasta de las hamburguesas. Pero no son las únicas. La gastronomía de los países del Norte, con Francia a la cabeza, se basa esencialmente en la carne. Este modelo de alimentación, instalado en lo más profundo de los cerebros y de los estómagos, conduce a las poblaciones pobres o ricas a comprar, a diario o casi, su lote de carne más o menos fresca. Pero la precariedad, es decir, el empobrecimiento generalizado de los consumidores, lleva a reducir el presupuesto de alimentación y buscar lo menos caro. Eso constituye la oportunidad de otras cadenas de descuento alimentario, que proponen una carne barata recurriendo a las hormonas de crecimiento, los diversos anabolizantes, los antibióticos y, en ocasiones, las harinas animales. Y los efectos sobre la salud son los mismos que sobre los que están acostumbrados a la comida rápida: obesidad, problemas dentales, riesgo de enfermedades cardiovasculares o de cáncer, etc.
Es cierto que el vegetarianismo, si no generalizado al menos masivamente adoptado, no solucionará por sí solo el problema de la sobreexplotación de los recursos naturales y de las consecuencias desastrosas que trae consigo. El escándalo de los OGM (organismos genéticamente modificados) ha mostrado hasta qué punto los aprendices de brujo de la industria agroalimentaria están a merced de todas las manipulaciones irreversibles para incrementar los rendimientos y los dividendos. Una agricultura para el hombre y no para el ganado podría ser el origen de nuevos saqueos si sigue sometida a la lógica destructora del capitalismo. A ese respecto, la producción actual de aceite de palma, o de frutas exóticas como el plátano por ejemplo, contribuye igualmente a la deforestación, a la destrucción de comunidades autóctonas, a la sobreexplotación y al envenenamiento de los suelos.
Pero el vegetarianismo es una primera ruptura concreta con el sistema capitalista. El vegetariano asume, en su comportamiento alimentario, su rechazo a sostener la aberración de la industria cárnica y a tener una parte de la responsabilidad, aunque sea mínima. Más que un simple boicot, en un mundo en el que la carne domina la gastronomía de los países del Norte, el vegetarianismo es también una actitud de resistencia, que lleva frecuentemente a interrogarse sobre la alimentación, la composición de los productos, su origen, su valor nutritivo, etc. Porque comemos todos los días y todos los días nos enfrentamos al espectáculo de un cadáver en el plato, el vegetarianismo cuestiona permanentemente los comportamientos alimentarios y sus consecuencias, en una dialéctica que se renueva sin cesar.
Se me puede decir que el vegetarianismo es la elección de los privilegiados que, en la abundancia, tienen la posibilidad de seleccionar sus alimentos. Es cierto. Se puede decir lo mismo de los que tienen los medios intelectuales, sociales y económicos para controlar su fecundidad y participar así en el proceso de regulación de los nacimientos. Los desafíos demográficos han apasionado desde siempre a los anarquistas, que nunca han sentido escrúpulos a la hora de militar a favor del control de la natalidad. Los desastres de la industria agroalimentaria, especialmente a través de la producción de carne, deben conducirnos a la misma honestidad intelectual y militante.
Terminemos con esta doble pregunta: la humanidad cuenta hoy con casi seis mil millones de individuos. En cincuenta años, serán de ocho a diez mil millones (según las previsiones) los que poblarán la Tierra. ¿Semejante población podrá sobrevivir si sigue consumiendo carne? Y nosotros, los "privilegiados" del Occidente industrializado, ¿podremos contener nuestra inconsciencia carnívora ante lo que quede de recursos naturales, animales y humanos?

André Sulfide
(Le Monde libertaire) Subir


¿Queremos ser católicos?

Son muchos y variados los sistemas de control de las diversas formas de relación y expresión dentro de las sociedades humanas. Unos son más directos y brutales, otros más indirectos y sutiles. El más importante es el control del pensamiento y la voluntad de las personas.
Desde que el ser humano empezó a hacerse preguntas de sí mismo, de su existencia y del desarrollo de todo lo que le rodeaba, aparecieron toda clase de iluminados que creían poseer la verdad suprema y daban solución a todas las preguntas que le planteaba su existencia.
Una de sus principales aliadas para empezar a ejercer la dominación de las mentes era la ignorancia en la que estaban sumidos los seres humanos.
A grandes rasgos, este es el principio de las religiones.
Las religiones suponen una coacción a la libre expresión humana, su yugo mantuvo a la humanidad en la oscuridad durante muchos siglos. Los autoproclamados representantes de Dios en la tierra -los curas, los imanes, los rabinos- mantienen a la humanidad en la ignorancia utilizando los medios que les ofrecen sus diferentes religiones.
Pero los seres humanos siguieron haciéndose preguntas y encontraron en la ciencia a su mayor aliada para salir de la ignorancia. Enfrentaron a la ciencia con la fe, para, por medio del estudio y la razón, dar una respuesta a las incógnitas planteadas por la vida; superando las verdades supremas impuestas por las diferentes religiones.
La religión se institucionalizó, y sus acólitos, organizados en la Iglesia católica y otras semejantes, para no perder el poder y el privilegio que les concedía tener a la humanidad bajo su control, enfrentaron a la ciencia y a la razón con la fe y la ignorancia. Mostraron a científicos y racionalistas como personas peligrosas para la humanidad, a los que había que combatir con la persecución y la muerte. Para ello se sirvieron de la indispensable ayuda de su aliado y defensor: el Estado.
Muchas luchas se han producido por la emancipación de la humanidad, pero el enemigo es poderoso y aún se dan muchas de las condiciones expuestas hasta ahora.
Para la Iglesia es fundamental controlar y manejar el pensamiento de la sociedad que domina, y lo intenta por todos los medios. Durante mucho tiempo (Edad Media) se apropiaron de la cultura y del saber de la época, sin dudar en destruir todo lo que contraviniera su línea de pensamiento. Los científicos y pensadores sufrieron todo tipo de persecuciones y hasta la muerte en la hoguera por salirse del camino marcado por la religión e impuesto por la Iglesia.
El empuje de la humanidad por conseguir una formación lo más elevada posible obligó a la Iglesia a reconocer ciertos avances de la ciencia y de la razón y a rebajar el dominio que ejercía sobre todas las ramas del saber. Pero todavía mantenía el poder necesario para manejar la formación intelectual de los hombres, controlando que la educación no se saliera de los dogmas religiosos, y también qué clases sociales iban a tener acceso a dicha formación (nobleza y burguesía).
De igual manera, intentaron controlar los focos culturales, sin dudar en atacar los medios alternativos de formación que no estuvieran bajo su control.
En España, la Escuela Moderna fundada por Francisco Ferrer Guardia, sufrió el ataque y la persecución por parte de la Iglesia y el Estado hasta que acabaron con ella y con la vida de uno de los mayores pedagogos que han salido de esta tierra nuestra.
Ferrer pensaba que por encima de todo estaba la libertad individual de los niños y las niñas. Las clases eran mixtas, en contraposición a la educación sexista impartida por la Iglesia. La educación se apoyaba en el racionalismo y la ciencia y su meta era conseguir que niños y niñas formaran su personalidad desde la libertad, la solidaridad y el respeto mutuo, huyendo de dogmas establecidos con oscuros propósitos.
Acabaron con Ferrer y con todas las corrientes librepensadoras que pudieron. Tampoco dudaron, años más tarde, en ponerse del lado del ejército reaccionario para poner fin a todas las reivindicaciones y expresiones culturales, sociales... que no consideraban adecuadas.
Llegaron largos años de oscuridad de los que todavía no hemos salido. Aún en nuestros días la Iglesia está muy presente en el ámbito educativo. Son muchos los colegios controlados por curas de las diferentes sectas católicas (Opus Dei, Legionarios de Cristo) y todavía mantienen las clases de religión y tienen la capacidad de nombrar a los profesores.
Ahora bien, ¿cómo puede la Iglesia estar tan presente en la sociedad? Gracias a la ayuda y manutención que le ofrece su viejo amigo el Estado.
La Iglesia católica negoció en 1987, con el gobierno de Felipe González, un régimen transitorio de financiación directa mediante el IRPF (los fieles de esta religión le adjudicarían una parte de ese impuesto: aproximadamente el 0,52 por ciento). Los obispos aceptaban, a cambio, un período transitorio de tres años para llegar a la autofinanciación. Pues bien, 17 años más tarde, aquel régimen transitorio persiste. Las cantidades destinadas a la Iglesia por sus fieles descienden año tras año y el Estado se ve obligado a completar esas cantidades con decenas de millones a fondo perdido, además de cientos de millones más en sueldos del profesorado de esa religión y otras ventajas económicas.
Ante esta situación debemos dar una respuesta personal, absteniéndonos de participar en las organizaciones religiosas, organizaciones caritativas (ONG), así como en todo tipo de actos religiosos.
A la mayoría de nosotros no nos preguntaron si queríamos ser o no católicos. Queremos decidir por nosotros mismos lo que vamos a ser en adelante, en completa libertad, sin coacciones ni engaños.
No queremos seguir formando parte de la Iglesia católica.

Grupo Tierra Subir


Hijos del pueblo

Hijo del pueblo, te oprimen cadenas
y esa injusticia no puede seguir,
si tu existencia es un mundo de penas
antes que esclavo prefiere morir.
Esos burgueses, asaz egoístas,
que así desprecian la Humanidad,
serán barridos por los anarquistas
al fuerte grito de libertad.

Rojo pendón,
no más sufrir,
la explotación
ha de sucumbir.
Levántate, pueblo leal,
al grito de revolución social.
Vindicación
no hay que pedir;
sólo la unión
la podrá exigir.
Nuestro pavés
no romperás.
Torpe burgués.
¡Atrás! ¡Atrás!

Los corazones obreros que laten
por nuestra causa, felices serán;
si entusiasmados y unidos combaten,
de la victoria la palma obtendrán.
Los proletarios a la burguesía
han de tratarla con altivez,
y combatirla también a porfía
por su malvada estupidez.

Rojo pendón,
no más sufrir,
la explotación
ha de sucumbir.
Levántate, pueblo leal,
al grito de revolución social.
Vindicación
no hay que pedir;
sólo la unión
la podrá exigir.
Nuestro pavés
no romperás.
Torpe burgués.
¡Atrás! ¡Atrás!


Este himno fue presentado al Segundo Certamen Socialista (Barcelona, 1889) por su autor, que ocultó su nombre tras las siglas R.C.R. El Certamen fue muy importante para la evolución y enriquecimiento teórico del anarquismo hispano. Hijos del Pueblo se convertiría en el himno favorito de los anarquistas de lengua española.
Años más tarde, alguien lo dota de una nueva letra, por considerar que la anterior "es poco revolucionaria": Salud, proletarios: llegó el gran día; / dejemos los antros de la explotación, / no ser más esclavos de la burguesía, / dejemos suspensa la producción. / ¡Iguales derechos e iguales deberes / tenga por norma la sociedad, / y sobre la Tierra los humanos seres / vivan felices en fraternidad! // Trabajador, / no más sufrir. / El opresor / ha de sucumbir. / A derrocar / al capital, / al grito de revolución social. / Acracia al fin / triunfará. / Bello jardín / la Tierra será. / Todo lo vil / a eliminar. / Pueblo viril, / ¡Luchar! ¡Luchar! // No más supremacía de dioses y reyes, / no más de tiranos la vil opresión; / y vallas, fronteras, gobiernos y leyes / derrúmbense al paso de la rebelión. / Formemos un mundo de paz y armonía / do libres imperen artes y amor, / viviendo la libre anarquía... / Natura brinda en su rica labor. // Trabajador, (etc.)
En los años de la Segunda República se compuso una nueva letra: Hijo del pueblo, te oprimen cadenas, / y esa injusticia no puede seguir; / si tu existencia es un mundo de penas / antes que esclavo prefiere morir. / En la batalla, la hiena fascista / por nuestro esfuerzo sucumbirá; y el pueblo entero, con los anarquistas, / hará que triunfe la libertad. // Trabajador, no más sufrir, / el opresor ha de sucumbir. / Levántate, pueblo leal, / al grito de revolución social. / Fuerte unidad de fe y de acción / producirá la revolución. / Nuestro pendón uno ha de ser: / sólo en la unión está el vencer.

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La libertad...

Lucha de clases en Iraq

Libertad sin cargos para
los detenidos de Salónica

Cuento de invierno

Anarquistas contra el Muro

Mirando hacia atrás sin ira

 

Louise Michel

La no violencia
como técnica de liberación

Decrecimiento y vegetarianismo

¿Queremos ser católicos?

Hijos del pueblo