PERIODICO ANARQUISTA
Nº 177
             ABRIL 2003

 

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Contra las guerras

Ha estallado la guerra entre el "primer mundo civilizado" y un pequeño y rico país del "tercer mundo".
Un país, Iraq, cuyo gobierno no es más dictatorial que muchos otros de la zona o del planeta. Un país, Iraq, que fue aliado imprescindible de EE.UU. y del nuevo orden mundial en su intento de aniquilación de otra nación, Irán, tan autocrática y tiránica como la primera.
Resulta curioso que EE.UU., instigador y máximo culpable de esta conflagración, que alega la lucha contra el terrorismo, acabar con un dictador y luchar por la libertad, sea el mismo que impuso y defendió contra viento y marea regímenes dictatoriales y genocidas como los que existieron en España, Filipinas, Nicaragua, Argentina, El Salvador, Chile, Paraguay... y tantos otros que aún mantiene hoy.
Este país, rey del imperialismo, que ataca Iraq y refuerza sus acuerdos comerciales con gobiernos tan "democráticos" como China, Paquistán o Arabia Saudita. Ese país, que acusa a su enemigo de no cumplir los mandatos de la ONU y que, al mismo tiempo, ataca sin apoyo de ésta y tiene con ella una deuda multimillonaria. Un país, supuestamente democrático, en el que persiste la pena de muerte, que sufren en su mayoría negros e hispanos, siendo muy habituales las noticias de condenados a la pena capital que son declarados inocentes tras largos años de presidio.
¿Qué decir de títeres -con todos los respetos a esos entrañables muñecos- como el presidente del Gobierno español J. M. Aznar? Un presidente y un Gobierno que, viendo la sangría de votos que está sufriendo ("te meto un decretazo, ahora te lo quito", "el Prestige es un problema ínfimo", la plataforma Nunca Máis actúa como los grupos de apoyo a ETA"), tiran de su ultraderechismo para intentar equilibrar la balanza y no sufrir un descalabro total, queriendo arrastrar a la población a posiciones estúpidamente patrióticas y colonialistas.
¿Qué podemos hacer para que la sangre derramada por estos hombres, mujeres y, sobre todo, niños -los máximos sufridores de las guerras- que ya cae sobre nosotros por el hecho de vivir en este "primer mundo" creado para controlar al resto, no nos haga perder nuestra dignidad individual y colectiva?
Varias ideas:
-Secundar las huelgas contra la guerra que se convoquen.
-Salir a la calle, acudir a manifestaciones por este mismo tema e intentar dejar clara nuestra postura.
-Boicotear a las empresas que se lucrarán y apoyarán esta guerra (¿es necesario decir cuáles?); que su apoyo a la guerra les cueste dinero.
-Seguir trabajando, o comenzar a trabajar, en organizaciones que estén contra las guerras y, a poder ser, que no sean flor de un día, que tengan una historia y la lucha contra el belicismo no sea su único objetivo (no creemos que esta lucha sea la única ni excluyente con otras).
Ante la acusación del "US Marshall" George Bush de que quien no lo apoye es, como mínimo, sospechoso de apoyo y connivencia con un dictador y con el terrorismo internacional, debemos recordar que los anarquistas somos contrarios a cualquier dictadura, pero no creemos que masacrar a un pueblo, ya suficientemente destrozado por su dictador, por un embargo económico bestial y por los nunca finalizados bombardeos de las "superpotencias", sea una solución... Y, ¿nos ha explicado quién tomará el poder tras la caída de Sadam Husein? ¿No será otro tiranuelo similar, pero pelele de los EE.UU.?

Grupos N. Majno,
Tierra y Albatros Subir


El arma de destrucción masiva
más terrible: el mercado

El fin del espectáculo parece ya previsto. La ONU actuará de policía y los americanos explotarán el petróleo mientras esperan que los iraquíes aprendan los valores de la democracia a la occidental. Miles de iraquíes morirán bajo las bombas, y algunos realizarán conmovedores decorados en nombre de la libertad. El eje del bien habrá triunfado ante un tirano que será entregado como pasto a un pseudotribunal internacional. Cada uno establecerá su propia hipótesis sobre las razones de semejante carnicería: protección de la democracia, reequilibrio estratégico, dominio occidental del mundo, OPA sobre el petróleo, operación electoralista americana... Los análisis caerán sobre nuestras cabezas como las bombas sobre Bagdad. Veremos incluso a las mujeres quitarse el velo y a los humanitarios telegénicos en traje caqui volviendo a tocar el vals de los sacos de trigo y los sacos de arroz. Pues sí, estas son las guerras de las que se nos habla, que remueven nuestros miedos internos y nuestros viejos recuerdos de libertad.
Por un lado están las guerras de las que se habla muy poco, y en voz baja, en un pequeño artículo en la última página de un periódico para intelectuales de izquierdas. Se trata de combates sin ejército, de emboscadas sin revólveres, de masacres sin bombas. Así, en Ginebra, en diciembre de 2002, mientras que la pequeña pantalla se repartía entre el eje del bien del señor Bush y el salmón ahumado del señor Machin, un enfrentamiento breve y aterrador condenaba a muerte a más de 70 millones de personas. Por aquel entonces se reunían las instancias decisorias de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para ratificar un acuerdo internacional sobre la producción de medicamentos genéricos.
Ese acuerdo preveía facilitar el acceso a los medicamentos genéricos a los países en vías de desarrollo, autorizando su fabricación en los países emergentes a un precio moderado bajo licencia. Debía permitir a los países pobres conseguir los medicamentos indispensables para combatir las grandes epidemias que los azotan (sida, malaria, tuberculosis). El sistema preveía una serie de exenciones en los derechos de las patentes, que permitiría a los países sin capacidad de producción nacional importar copias baratas de los medicamentos. Pero de los 146 países miembros de la OMC (hay unos 200 países en todo el planeta), sólo uno se negó a votar el acuerdo: ¡Estados Unidos! La razón aducida era que el texto no era lo suficientemente preciso en lo relativo a las enfermedades incluidas. De hecho, la administración americana de Bush defiende los intereses de las multinacionales farmacéuticas que han gastado más de mil millones de dólares para apoyarle en las últimas elecciones americanas. La industria farmacéutica ve muy mal la fabricación de genéricos, porque eso reduciría los monstruosos beneficios que percibe al tener, bajo el manto de las patentes, el monopolio de la comercialización de esas moléculas que sin duda vende a precios en nada relacionados con los costes de su producción. Un representante de la industria en Ginebra resumió la situación afirmando, no sin cinismo, que "ninguna enfermedad rentable para esta industria podrá incluirse en la lista de las enfermedades prioritarias (que hubieran podido beneficiarse del acuerdo)". El acuerdo fue rechazado porque la OMC funciona según el principio del consenso, por lo que el rechazo de un solo país es suficiente para bloquear un acuerdo. En realidad, los americanos tienen tales medios de coacción económica (derechos de aduana exorbitantes, embargo sobre las materias primas, suspensión de préstamos bancarios) que ningún país puede permitirse enfrentarse sin el riesgo de fracasar a un plazo medio. Los países europeos, cuya industria farmacéutica funciona maravillosamente, actúan como humanitarios enfurruñados al votar "a favor del acuerdo" pero no rechistan luego, demasiado satisfechos de ver cómo los americanos defienden ellos solos los intereses de todos.
Es una guerra sin armas, una guerra silenciosa, sin espectáculo, una guerra de todos los días, donde los muertos se cuentan por millones. El sida golpea hoy a 40 millones de personas en el mundo, de las que tres millones son niños y más del noventa por ciento carece de antirretrovirales. La malaria azota a un millón de personas al año en África, es decir, a algo más de tres mil personas al día. Dos mil millones de personas carecen de acceso a los medicamentos básicos. Cada año, 17 millones de personas mueren de enfermedades infecciosas. El noventa por ciento de ellas vive en los países llamados "del Sur", mientras que en los países llamados "del Norte" se acapara el ochenta y dos por ciento del mercado mundial de los medicamentos. Sin embargo, para muchas de esas enfermedades existen medicamentos eficaces o reductores de los efectos de la enfermedad, pero se venden... al precio fijado por las empresas farmacéuticas. Hemos llegado al colmo del cinismo capitalista. Mientras Bush y sus colegas nos dan lecciones sobre el bien y el mal, mientras se preparan para ofrecer a las multinacionales el petróleo iraquí, asesinan en nombre de la libertad de mercado a millones de seres humanos. Este triste baile ginebrino bajo los estucos del palacio moderno de la OMC en la que el policía danza con los cadáveres del mercado, no es más que un episodio de una guerra todavía más grande. Este desacuerdo internacional o más bien este acuerdo para impedir que se cure la mayoría de los hombres y mujeres de esta tierra, no es más que una de las facetas de la dominación total. Su propio funcionamiento está asegurado en otros dominios por otras instancias que representan al mismo poder.
El Banco Mundial y el FMI (Fondo Monetario Internacional) gestionan el planeta a golpe de préstamos, acuerdos económicos, subvenciones, contra el compromiso de los Estados a aplicar sus directrices. En un libro que denuncia el poder planetario, Jean Ziegler, político suizo del movimiento antiglobalización, explica quiénes son los dueños del mundo: "Son las oligarquías pequeñas las que detentan el capital financiero especulativo globalizado y que, en mi libro, llamo los depredadores. Son los herederos de esta clase de dominadores blancos tradicionales los que manejan la economía desde hace quinientos años. Cerca del noventa por ciento de los mil billones de dólares traficados cada día pasan por las manos de estas sociedades. Sociedades multinacionales como Microsoft, la Unión de Bancos Suizos, la Sociedad General, General Food... Hoy, doscientas de esas empresas controlan casi el veintiocho por cien de la producción de la riqueza mundial". Estos dueños del mundo ejercen su poder a través de organizaciones supranacionales, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, que cuentan con el consenso de Washington. Se trata de un conjunto de acuerdos informales redactados a lo largo de los años 80 y 90 entra las principales sociedades transcontinentales, los bancos de Wall Street, la Reserva Federal Americana y los organismos financieros internacionales (FMI, Banco Mundial).
Estos acuerdos informales pretenden obtener la liquidación de cualquier instancia reguladora (Estado u organización internacional), la liberalización más rápida de todos los mercados y la instauración de un mercado mundial unificado y totalmente autorregulado.
Tenemos, pues, la guerra total. El ejército del beneficio, sin color ni bandera pero con el dólar como artillería, masacra el planeta día tras día.
De 1890 a 1990, la población mundial se ha multiplicado por cuatro, la riqueza por catorce y la producción industrial por cuarenta. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Hoy día, 826 millones de personas están crónica y gravemente subalimentadas. Cada día, mueren 100.000 personas de hambre o de las consecuencias de ésta. Al decidir en unos pocos minutos mover su capital en función del máximo provecho, los "dueños del mundo" deciden cada día la vida y la muerte de mucha gente. Saddam o Bin Laden, puros productos del sistema capitalista, déspotas sanguinarios, que se nos venden como los verdugos de los tiempos modernos ¿no sirven para, entre otras manipulaciones, hacernos olvidar el arma de destrucción masiva más eficaz, el mercado?
Interrogado por un periodista sobre el futuro de todo esto, Jean Ziegler, diputado europeo, experto en la ONU, sociólogo establecido, poco sospechoso, por tanto, de terrorismo, respondió: "No se trata hoy de negociar una coalición apresurada entre los restos del izquierdismo y las ruinas del trotskismo. Hay que cambiar de perspectiva: estamos en un momento de ruptura... Cuando esas instituciones nos preguntan qué es lo que queremos y nos reprochan el no tener proyecto y, por tanto, no poder dialogar, yo ofrezco el ejemplo de los revolucionarios de 1789: sabían lo que no querían, pero no tenían un proyecto claro. Preguntar a los alternativos cuál es su proyecto es como pedir, la tarde del 14 de julio, a los que tomaron la Bastilla, que reciten el primer artículo de la Constitución de la I República o de la Declaración de los Derechos del Hombre. El programa del movimiento se hace andando".

Adrien
(Le combat syndicaliste) subir


Fascistas asesinos

Cuando un muchacho muere acuchillado en una emboscada y otros dos son heridos por una escuadra fascista nos quedamos atónitos, aturdidos y confusos, pero, sobre todo, rabiosos.
Rabiosos porque no ha cambiado nada de cuando esta escoria de la humanidad asolaba, machacaba y destruía las sedes obreras y sindicales en los años veinte.
Rabiosos porque no ha cambiado nada de cuando esta escoria de la humanidad gaseaba a centenares de miles de "abisinios" en nombre de una civilización superior.
Rabiosos... porque son fascistas.
La única cosa que los distingue de sus superiores, los policías, es el uniforme.
Por lo demás, nada: la violencia que la policía ha ejercido ante personas indefensas, e incluso maniatadas, que la misma noche fueron a buscar a los compañeros heridos al hospital, es, de hecho, fascista: utiliza los mismos conceptos y los mismos métodos.
Es la violencia de muchos contra pocos, es la violencia de los fuertes contra los débiles, es la violencia del dominio, es la violencia que se ejerce a sí misma porque está legitimada por un poder constituido, es la violencia de la impunidad porque lleva uniforme o cuenta con suficiente protección, es la violencia de Génova, de Nápoles, de Praga, de las cárceles, es la violencia de la guerra y de los ejércitos... es la violencia de siempre.
Reiteramos que para nosotros el antifascismo y el antiautoritarismo son ¡siempre! valores básicos de nuestra práctica política.
Ante lo ocurrido, queremos expresar nuestra máxima solidaridad con todas y todos los que han sufrido la violencia, con los familiares de Davide, con los compañeros heridos.

Comisión de Correspondencia de la F.A. Italiana Subir


Mujeres en la guerra,
mujeres contra la guerra

Este artículo se publicó en Le monde libertaire antes de que la prepotencia de Bush sembrase de muerte los campos y las ciudades de Iraq. Muchos norteamericanos, al igual que otros ciudadanos en el resto del mundo, han salido a la calle para manifestar su repulsa ante la guerra, pero también otros muchos se han presentado en las oficinas de reclutamiento para participar en ella. Las mujeres temblamos de horror cuando vemos a las madres abrazando los cadáveres de sus hijos, a veces bebés; cuando contemplamos sus carreras intentando escapar de la muerte y la locura...
Los buitres yanquis cubren de negro el cielo iraquí porque todas las protestas de los y las pacifistas del mundo entero no han podido impedir su vuelo. La muerte de tantos inocentes que están siendo sacrificados en nombre de intereses inconfesables, es un baldón para el llamado mundo civilizado.
Las mujeres damos la vida y no queremos conceder a nadie el derecho de arrebatarla.
Ni la guerra de Iraq ni ninguna otra puede hacerse en nuestro nombre y aquellas de nuestro género, que son capaces de volver la cabeza ante tanta infamia, merecen la misma repulsa que los asesinos organizadores de esta masacre.
Las guerras son insensatas y absurdas, las propician quienes aman el poder sin darse cuenta de que es la más peligrosa de las trampas.
Desde aquí lanzamos un grito de paz auténtica, de libertad e igualdad para todos los hombres y mujeres. No necesitamos ejércitos, dioses, gobiernos ni Estados que nos manipulen y nos dirijan. Necesitamos autogestión y respeto.

Irene Pugno


Durante y después de los conflictos armados, las mujeres sufren toda clase de violencias: privaciones, torturas, violaciones, prostitución, exilios. Ellas aseguran la supervivencia de los niños en condiciones espantosas, en nombre de intereses que no son los suyos, de Estados que no respetan sus derechos, de sociedades cuya opresión es su carta de naturaleza.
Las feministas, en lucha por la paz, han designado como su enemigo al patriarcado, sistema de dominación que permite todos los demás. Queda lejos, muy lejos, de un pacifismo teñido del concepto "bondad innata" que se ha utilizado para devolver las mujeres a su maternidad. Se han creando redes que ignoran los fundamentos de las nacionalidades, de las etnias o de las religiones, las feministas pacifistas persiguen un proyecto pacífico y demuestran que puede llevarse a cabo.
Treinta países están actualmente en situación de conflicto armado, en curso o en vías de extinción. Mientras que los combatientes han partido a guerrear, las poblaciones civiles son diezmadas por los bombardeos, por las invasiones del "enemigo". Los conflictos armados de hoy producen más víctimas civiles que militares, de las cuales las mujeres y los niños tienen el mayor protagonismo. Las guerras matan y mutilan sin distinción de género. Pero las mujeres soportan otros sufrimientos, aquellos que les han sido infligidos en tiempos de paz y que se exacerban en situaciones de conflicto; las violencias de sexo producen las violencias sexuales. Que los soldados violen siempre por donde pasan es una tradición secular, oculta bajo el silencio en estos últimos años. La mediatización de las violaciones en Bosnia es una llamada que, lejos de haber desaparecido, se ha perpetuado con el beneplácito de ciertos jefes militares. Violar "sus" mujeres es una forma de atacar al enemigo, de invadir "contaminando" su descendencia. Es ahí donde reside el "placer" de la violación de guerra, ofender a otros hombres. Muchas de las mujeres instrumentalizadas, serán enseguida rechazadas por su propia comunidad ya que su sufrimiento importa poco comparado con la herida abierta en el orgullo masculino que ellas reciben en su propio cuerpo. Por este motivo las víctimas no dan testimonio. Cuando los hombres se sientan a la mesa de negociaciones "olvidan" esos hechos, las violaciones quedan en el pasado tanto en uno como en otro bando.
Después de finalizados los combates, las mujeres siguen siendo víctimas de la pobreza, del hambre, de la falta de atención, de la penuria de servicios inherente a todo conflicto armado. Muchas soportan las violencias conyugales de sus maridos cuando regresan del frente. Para reconfortar a las fuerzas que mantienen la paz se abren burdeles. La mayoría de las mujeres caen en las redes de los proxenetas que saben sacar partido de la miseria y el desconcierto.
Un gran número de ellas se convierten en cabezas de familia con una situación económica catastrófica y regresan a la esfera familiar cuando el marido vuelve del frente, si es que vuelve. Están obligadas a asegurar la supervivencia cotidiana sin poder conseguir un trabajo liberador.
La fábula de la guerra "emancipadora" nos la presentó Bush "presumiendo" de liberar a las mujeres afganas. Así mismo, el cinismo de sus declaraciones (escogiendo una población entre las más oprimidas del planeta como coartada para una guerra no menos económica que cualquier otra). ¿Con qué derecho un Estado se declara "liberador" de un pueblo? Un año después las afganas continúan sufriendo todo tipo de discriminaciones y violencias en un país todavía más devastado que el que tenían.
Las últimas hermosas palabras de los miembros de la ONU: "Las mujeres que conocen bien el precio de los conflictos son quienes mejor pueden prevenirlos o abordarlos". ¿Donde están los hechos? Si tal es el caso ¿por qué no son ellas quienes se sientan a la mesa de negociaciones? Ellas son poseedoras de un gran coraje, ellas que, en un país en conflicto son consideradas traidoras porque son pacifistas y feministas. Ellas rechazan la violencia bajo todas sus formas, el modelo patriarcal en el que la guerra es uno de sus baluartes. ¿Cómo mantener una dominación sin violencia? El feminismo es incompatible con el nacionalismo y el militarismo, no porque las mujeres sean "naturalmente" pacifistas, sino porque ellas saben que otro mundo no será posible en tanto exista dominación de unos seres humanos por otros y se sirvan de la violencia para someterles.
En estos momentos se prepara otro conflicto del que no podemos escapar. ¿La Guerra del Bien contra el Mal o de la superpotencia económica contra Iraq? Los ciudadanos de Estados Unidos se movilizarán contra esta guerra porque nosotras, las mujeres, no queremos sufrir y reparar, sino proponer, decidir, actuar por un mundo más igualitario y en paz.

Is@
("Le monde Libertaire") Subir


Sobre alternancia y elecciones

Las elecciones se acercan y mucha gente piensa en ver un cambio de partido en el poder, creen que así se solucionarán todos sus males o, al menos, la parte que les toca a ellos. En este clima de pre-elecciones se olvidan ciertas cosas y se recuerdan otras (todo lo que interesa desde arriba, claro), es frecuente ver mangoneos olvidados o el ya típico "y tu más" o el "pues anda que tu..."
El cambio en el poder de un partido u otro no solucionará absolutamente nada (a nuestro modo de ver, claro) porque en algo sí que el P.S.O.E. y el P.P. se pusieron de acuerdo, y llevan clara la manera de gobernarnos.
El señor Zapatero ofrecía su "pacto de gobernabilidad", que siempre rechazó el P.P., pero siempre hay excepciones que confirman la regla. Conjuntamente dictaron el borrador de la ley antiterrorista, conjuntamente han modificado el Código Penal para endurecer las penas a los terroristas, aunque ahora el P.S.O.E. intenta maquillarlo haciéndolo "más humano".
Tanto el P.P. como el P.S.O.E. tienen claro a quién han de controlar y cómo se ha de castigar la disidencia. Nadie está libre de ser catalogado como presunto terrorista, unos panfletos, una manifestación, un concierto en una okupa, cartearse con gente... son motivos suficientes para pasar a disposición judicial, y de nada sirve la presunción de inocencia. Cada vez se está más cerca de tipificar el "crimen mental" como delito.
Por otra parte, parece que sí que es cierto que llega un cambio en el partido que dice gobernar, aunque a nuestros ojos lo que parece que llega es un "revival" de la historia de este país que se hace llamar España. Nos recuerda a cuando en la regencia de María Cristina se alternaban en el poder Cánovas y Sagasta, sin necesidad de elecciones ni nada por el estilo. Esta gente llegó a un acuerdo y cada cierto tiempo se cambiaban los asientos de oposición y gobernantes. Un pacto entre conservadores y liberales, llamado del Pardo. La represión al movimiento anarquista era común en ambos gobernantes.
Un pacto entre caballeros que parece que tanto P.S.O.E. como P.P. quieren recuperar del olvido. En cuanto un partido se cubre de mierda por la corrupción, llega el otro para salvarlo. Cuando un partido está desgastado, allí que llega la oposición salvadora con remedio para todos los males, amortiguando las protestas de las masas.
No nos engañemos, el caso Prestige y la Guerra del Golfo segunda parte han acelerado el proceso, pero es un ciclo. Al P.S.O.E. le llegó su San Martín con los casos Roldán y FILESA.
Este gobierno sólo ha gestionado lo que el otro dejó: la reforma educativa, la reforma laboral y la insuficiente gestión medioambiental. En caso de vuelta del P.S.O.E. a Moncloa ¿van a dar media vuelta a todas las leyes antisociales? La respuesta es bastante clara.
En cuanto a terceros partidos en discordia, sólo son figurantes de esta gran obra de teatro. Como decía Andy Warhol: "En un futuro, todo el mundo tendrá sus diez minutos de gloria". Les van a dejar sus parlamentos autonómicos, y algún que otro acto simbólico de cara a su militancia, para los no nacionalistas.
Va siendo hora de desempolvar viejos métodos para que todo parezca nuevo: esa debe ser su consigna. Ante esto, como siempre, abstención activa y denuncia de su sistema por los métodos que nos sean posibles y resulten efectivos; de entre ellos, el mejor sin duda es el de la educación. El panfletismo y el sabotaje de sus actos resultan también divertidos. Acudir a un mítin (en el ámbito de pueblos) y preguntar es algo que ni pueden controlar ni pueden dejar de hacer, ya que sin baños de multitudes su programa no es nada vendible.
Salgamos a la calle y disfrutemos de estas elecciones como nunca. El descontento hacia la clase política puede que esté en un punto que podamos aprovechar para nuestro ideal, la anarquía.

Grupo Mai mes Subir


B. Traven

Traven nació en Chicago, Illinois, el 5 de marzo de 1890, de padres suecos. Pasó su juventud en Alemania, donde empezó a escribir textos anarquistas bajo el seudónimo de Ret Marut. Publicó ocasionalmente artículos en la revista anarquista Der Ziegelbrenner entre 1917 y 1922. Pero tuvo que huir de Alemania ante la amenaza de una condena a muerte de los Freiecorp (milicia reaccionaria) de Baviera a finales de la I Guerra Mundial, tras el fracaso de la República de los consejos.
Desapareció durante bastante tiempo para volver a aparecer en una cárcel inglesa (por un crimen que nunca se conoció). Abandonado Londres, un hombre que se hacía llamar B. Traven, envía manuscritos a la editorial alemana Das Buchengild.
Traven comparte las ideas sociales y anarquistas. Está del lado del hombre corriente. El capitalismo y la burocracia ofrecen una imposible vida decente. Escribe sobre la justicia social, la crueldad y la avaricia en un estilo tenso, lleno de intriga. La idea anarquista permanece en el núcleo de su obra, ilustrando el retroceso de la libertad individual ante el poder aplastante del Estado. Sus primeras novelas presentan a vagabundos en busca de trabajo o que, habiendo encontrado una ocupación temporal, se ven atrapados por el sistema de explotación a escala mundial.
Los libros de Traven han sido traducidos a más de treinta lenguas y se han vendido más de 25.000 ejemplares, además de figurar en los programas de lectura de las escuelas mexicanas.
En 1926 se publica su novela Das Totenschiff (El barco de los muertos), que constituye un éxito inmediato. Albert Einstein dijo que se llevaría ese libro a una isla desierta. El protagonista, un marino americano, G. Gales, se encuentra sin documentación en Amberes, Bélgica, en los años 20. Rechazado de una frontera a otra, arriesgándose a la cárcel o a la muerte por no tener papeles, el marino decide excluirse del mundo. El personaje de Gales reaparece en Der Wobbly (1926), y después en Die Brücke im Dschungel (1928), ambas de inspiración autobiográfica. El nombre del aventurero americano recuerda al de Linn A.E. Gale, editor del Gale's International monthly for revolutionary communism. Cuando los I.W.W. (Industrial Workers of the World) comenzaron sus actividades en México en 1918, Gale se convirtió en una de sus figuras más emblemáticas.
Poco después de la dictadura de Porfirio Díaz, Traven vive en una casita, el Parque Cachu, no muy lejos de Acapulco, en México. Allí permanecerá durante treinta y cuatro años.
Escribirá su segunda novela, The Treasure of the Sierra Madre (El tesoro de Sierra Madre) durante esos años mexicanos.
En Indios (1931) describe la corrupción y explotación de los pobres y muestra los efectos de un régimen de brutalidad a la vez que nos informa sobre el modo de vida de los indios rurales en México. Este libro formará parte de un ciclo de novelas sobre la Revolución mexicana de 1910-1912.
Entre 1931 y 1940, Traven publicará seis novelas interactivas, Mahogany, conocidas como su "serie sobre la jungla". La simpatía que siente hacia los indios de Chiapas le anima a aprender su dialecto maya.
Traven escribirá poco a partir de 1940. Adquiere un pasaporte mexicano con el nombre de Traven Torsvan, nacido en Chicago el 3 de mayo de 1890. Se casa en 1957 con su traductora, Rosa Elena Luján. Se habían conocido en 1930 con ocasión de un concierto del violinista Jascha Heifetz. Diez años más tarde, Rosa Elena fue contratada para secundar a Traven en la traducción al español de un escenario adaptado de una de sus novelas.
El tesoro de Sierra Madre será llevado al cine por John Huston en 1948. El realizador invitó muchas veces al escritor a acudir al lugar del rodaje, pero Traven declinaba siempre la invitación. Un día, un tal Hal Croves pide ver a Huston, porque lleva una carta de Traven. En ella, el escritor expresa su incapacidad de desplazarse por enfermedad, pero indica que Hal Croves podrá responder a todas sus preguntas. John Huston sospechó que ese Croves sería Traven (le había notado un ligero acento que no era germánico pero sí europeo) y, en 1969, después de la muerte de Traven, cuando aparecieron sus fotografías, Huston revelará la verdadera identidad de su interlocutor.
Traven murió el 26 de marzo de 1969 en la ciudad de México. Sus cenizas fueron llevada a Chiapas y arrojadas a Río Jataté. Durante toda su vida había preservado celosamente (casi enfermizamente) su intimidad. Pero ¿quién podría reprochárselo a la vista de las traumáticas experiencias vividas en Alemania y en Inglaterra?
Se pidió a su viuda, Rosa Elena Luján, que revelara su verdadera identidad, entre los nombres de B. Traven, Ret Marut, Hal Croves, etc. Ella declaró en una entrevista del 25 de junio para el New York Times: "Él me autorizó, cuando se muriera, a hacer saber que había sido Ret Marut. Nunca debía decir nada antes de su desaparición. Tenía miedo de ser extraditado. Por eso, yo también mentía, con el fin de proteger a mi marido".
En su testamento, Traven certifica que se llamaba Traven Torsvan Croves, nacido en Chicago en 1890 y naturalizado ciudadano mexicano en 1951.
"Ahora sé que mi patria está guardada en informes, la he visto en los funcionarios capaces de borrarme las últimas huellas de patriotismo. Así pues ¿dónde está mi patria? Mi patria está donde estoy yo, donde nadie me moleste, donde nadie me pregunte quién soy, de dónde vengo o qué hago" (El barco de los muertos).

Martine-Lina Riesefeld
(Le Monde libertaire)


El texto que reproducimos a continuación fue publicado en la revista Fanal de abril de 1927. Se trata de un llamamiento de Erich Mühsam a su compañero Ret Marut, alias el escritor Traven, por entonces corriendo mundo antes de establecerse en México. Hay que hacer notar que el pasado anarquista de Traven se ha ocultado sistemáticamente en los medios literarios.
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¿Algún lector de Fanal sabe dónde se encuentra el "ladrillero" (del nombre de la revista anarquista que había publicado Traven bajo el seudónimo de Ret Marut, Der Ziegelbrenner, el ladrillero)? Ret Marut, camarada, amigo, compañero de lucha, hombre, señálate, muévete, da señales de vida; tu corazón no puede haberse convertido en el de un bonzo, tu cerebro no puede estar esclerótico, tu brazo no se habrá paralizado, tus dedos no se habrán entumecido. Los bávaros no pudieron cogerte en 1919; estuvieron a punto cuando te escapaste ante sus propias narices. De no haber sido así, te encontrarías hoy donde se encuentran Landauer y los demás espíritus libres, donde estaría yo también si no me hubieran atrapado catorce días antes y me hubieran sacado de ese centro donde se asesina.
Hoy no pueden echarte mano. La amnistía del año pasado te incluye. Vendrá un día en que se establecerá ante la historia la formación y desarrollo de la Comuna bávara. Lo que existe hasta ahora es fruto de unos juicios partidarios y confusos, inspirados por la tontería y el odio, de manera injusta y farisea. Yo también estoy estrecha y personalmente implicado en los acontecimientos, profundamente imbuido en las controversias sobre los errores y méritos de esta revolución, para saber ser historiador con la suficiente objetividad.
Tú eras el único activo en los acontecimientos y capaz, al mismo tiempo, de ver con perspectiva lo que iba mal, lo que se hacía bien, lo que era justo y lo que se podía haber hecho aún más justo. La sucesión de Landauer, sus cartas, sus discursos, su acción, habrá que someterlas con el tiempo a la crítica pública. Tú estabas a su lado, secundándole, estimulándole cuando él era comisario del pueblo de información y propaganda. Te necesitamos ¿quién conoce al "ladrillero"? ¿Quién, entre los lectores de Fanal, sabe dónde se puede encontrar a Ret Marut? Que quien pueda encontrarlo acuda a nosotros. Muchos piden noticias suyas, muchos las esperan. Lanzamos un llamamiento.

Erich Mühsam Subir


14 de abril

El 14 de abril hace años de la proclamación de la II República. Hoy cuando ha pasado tanto tiempo, podemos decir que aquella época fue la de las esperanzas frustradas.
La República Española se presentaba como la salida moderada al problema que España venía arrastrando desde prácticamente todo el siglo XIX. En aquel momento se consideró que un régimen democrático, entronizando con las corrientes europeas (francesa y sobre todo alemana con la República de Weimar), podría conseguir tal objetivo.
Pero evidentemente aquel grupo de demócratas se equivocó. Nosotros, los anarquistas, podemos hacer una valoración de la República desde un punto de vista histórico e ideológico.
Si bien la República se fue fraguando a lo largo de lo que duró la dictadura de Miguel Primo de Rivera, donde incluso algunos anarquistas participaron en las asambleas y en los movimientos para tal objetivo, ésta no empezó con buen pie, pues no cumplió nada de lo estipulado ni prometido. Lo primero porque la República se rodeó de antiguos monárquicos: Niceto Alcalá Zamora, Miguel Maura, etc., que habían militado durante mucho tiempo en las filas monárquicas. También actuaron francos demagogos como Alejandro Lerroux y el Partido Radical. Aunque los primeros monárquicos citados habían pasado a engrosar las filas de partidos republicanos de derechas, otros monárquicos no lo entendieron así. José Calvo Sotelo siempre mantuvo su fe en Alfonso XIII. Otros derechistas eran francamente antirrepublicanos y fuertemente fascistizados, como el caso de José María Gil Robles y su Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA). Igualmente se dio cabida a fascistas como Ramiro Ledesma Ramos, José Antonio Primo de Rivera u Onésimo Redondo, por citar algunos.
Aunque el primer gobierno de la República fue de izquierdas, éste lo conformaron en su mayoría personajes moderados. Manuel Azaña procedía de las filas del Partido Reformista de Melquiades Álvarez, y con la República era el máximo dirigente de la formación Acción Republicana, que posteriormente pasara a llamarse Izquierda Republicana. Por parte de los socialistas había personajes como Julián Besteiro o Fernando de los Ríos, criados a la sombra del krausismo y de la Institución Libre de Enseñanza. Luego aparecieron con fuerza otros personajes dentro del P.S.O.E., tanto del ala moderada como Indalecio Prieto, como de la radical con Francisco Largo Caballero (que había sido Consejero de Estado durante la dictadura de Primo de Rivera; cosas que tiene la vida). A todo este batiburrillo de nombres hay que destacar también los de Álvaro de Albornoz con su Partido Republicano Radical Socialista (será el que se fusione en 1934 con Acción Republicana para dar lugar a Izquierda Republicana) o Santiago Casares Quiroga con su Organización Republicana Autonomista Gallega.
Si bien muchos de estos personajes en el mundo de la cultura tuvieron gran valía, en política se mostraron indolentes y merced a sus políticas reformistas mostraron que tenían mucho más miedo al movimiento obrero, y sobre todo al anarquismo, que a la reacción contra la democracia. En este contexto de reformismo se centra por ejemplo la Reforma Agraria, que provoca gran cantidad de protestas, que son violentamente reprimidas por el Estado republicano. Aquí se inscribe la represión contra la Comuna de Figols de 1932 o el brutal crimen de Casas Viejas en 1933. Todo con beneplácito oficial. La Reforma Agraria no dio la tierra al campesino. Sólo se expropió a un pequeño número de antiguos monárquicos, pero el latifundismo y la explotación cruel seguían su curso.
Si el mundo socialista recibe bien la República y rápidamente la UGT pasa a formar parte de los Jurados Mixtos (continuación de los Comités Paritarios de Primo de Rivera), la CNT la recibe con reticencias. En el Congreso de la Comedia de Madrid de 1931 esto se hace evidente. Una minoría considera que a la República se la debe de dar tiempo y que la CNT debe adaptarse lo más posible a la política reformista republicana. Quieren alejar a la CNT del cometido revolucionario y anárquico para el que estaba llamada. Ángel Pestaña encabeza este grupo. Otros, la mayoría y más acertada, consideran que la República es la nueva encarnación de un Estado burgués, y que la burguesía y el proletariado mantienen posiciones antagónicas. El resultado debe de seguir siendo la lucha de clases y la consecución de la revolución obrera. El primer grupo acabó marchándose. Son los llamados "treintistas", encabezados por Ángel Pestaña, Juan Peiró, Sebastián Clará, etc. Primero fundaron la Federación Sindicalista Libertaria (FSL), para después Pestaña crear el Partido Sindicalista en 1933, que llegó a conseguir escaños en el parlamento republicano. Este sector fracasó por completo y acabó regresando en su mayoría a la CNT.
A este panorama de lucha se une la creciente popularidad que están adquiriendo tanto las derechas, cada vez más reaccionarias, y los nacionalismos periféricos y disolventes, sobre todo en Cataluña y País Vasco. Esto acaba en la victoria derechista de 1933. A partir de entonces la represión es cruel. Se clausuran los centros y las organizaciones obreras. El hecho más escandaloso se produce con la Revolución de Octubre de 1934, brutalmente reprimida por el ejército y con el beneplácito de la derecha y el centrismo. La radicalización consecuente y las consignas que han llegado del VII Congreso de la Internacional Comunista hacen que se forme el Frente Popular, que gana las elecciones de febrero de 1936. Si bien los anarquistas no forman parte del Frente Popular, la CNT no lleva a cabo campaña de abstención, merced a que una de las promesas es la liberación de los presos políticos.
Aun así el Frente Popular vuelve a llevar a cabo políticas reformistas. Se preocupa en desmovilizar el movimiento obrero, cuando el peligro real venía del ejército, que desde hacía tiempo preparaba un golpe. Los avisos de las organizaciones revolucionarias, sobre todo anarquistas, no fueron escuchados, y los militares acabaron sublevándose en julio de 1936. Con ello se iniciaba la guerra civil, el derrumbe definitivo de la República y la liquidación del sueño revolucionario que hubiera hecho factible una mejor sociedad española.
En definitiva la República la podemos valorar por lo que quiso y nunca llegó a ser. Cometió el mismo error que la República de Weimar. Allí los monárquicos como Hindemburg convencieron a los socialdemócratas, encabezados por Fritz Ebert, de que el único medio de que sus cuadros y el ejército apoyaran la nueva República, sería perseguir al movimiento obrero. Por eso reprimió los Consejos Revolucionarios de Baviera y todo el modelo consejista, donde los anarquistas tuvieron participación importante. El desenlace en Alemania lo conocemos. La victoria del Partido Nacionalsocialista y Adolf Hitler en el poder. Misma radiografía de España con Francisco Franco como dictador durante cuarenta años.
Con esto volvemos a afirmar que la democracia liberal burguesa, bajo cualquiera de sus formas, siempre será negativa para el pueblo. Un ejemplo histórico más de que sólo la anarquía es la salvación de la humanidad.

Julián Vadillo Subir


Indignado y triste

Con la lectura de la historia del anarquismo podemos conocer las dificultades que los compañeros tuvieron para expandir, desarrollar y realizar nuestras ideas.
Aunque hoy la sociedad en la que vivimos se rige por los mismos principios de siempre, la explotación del hombre por el hombre y el sometimiento de la voluntad de unos a la voluntad de otros, la forma de llevar esto a cabo sí ha cambiado.
Hemos de reconocer que el poder ha sabido hacer que la mayoría de la población asuma sus postulados. Ha encontrado un régimen político capaz de asumir sus contradicciones y oposición. Su forma de actuar es siempre la misma, no destruye directamente, primero ingiere, luego digiere y por fin elimina, tira de la cadena y a por lo siguiente.
Creo que esto lo ha conseguido, entre otras cosas, gracias a enajenar a cada uno de sí mismo. Observar que cada vez hay menos interés por aquello que más directamente afecta a la persona en su vida cotidiana. La solución es la delegación, pero no de funciones, sino la entrega de la voluntad de forma sumisa, para todo hay un gestor, un seguro, o alguien que, por dinero, nos sustituye en la realización de los diferentes aspectos de nuestra vida.
También es un éxito del poder el gran confusionismo de conceptos e ideas. Recordar algún anuncio emitido por televisión, como los que se hicieron para que los jóvenes se alisten al ejército profesional, no hacía alusión a principios patriotas, es un joven rebelde que puede encontrar aventura y una profesión en el ejército, ese es el mensaje. Hoy, la libertad está en un móvil, y así podríamos seguir con múltiples ejemplos.
Claro que si a un imbécil lo tratas de imbécil, pues quizás se enfade, entonces lo mejor es titularlo, incluso con titulación universitaria. Igual que hizo una empresa estadounidense que, para que no hubiera obreros, nombró a todos directores. No se les puede negar el pragmatismo.
Llama la atención que la reivindicación del Primero de Mayo en Chicago fuera: 8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 de instrucción. Hoy se reclama el tiempo para el ocio, lo que está muy bien, pero ¿realmente no hace falta tiempo para la instrucción?
En mi opinión son dos las dificultades con que nos encontramos hoy: La delegación de la voluntad y la ignorancia titulada (incluida la propia).
Esta situación que se da en la sociedad, también sucede entre nosotros (dicho con todo respeto), nos organizamos porque queremos ser libres, no porque lo seamos, y la diferencia es importante.
El poder, cualquier forma de poder, todo aquel que pretende poder, sus métodos y comportamiento, básicamente, son siempre los mismos: Desconfiar de los amigos y utilizar a los enemigos; ocultar las verdaderas intenciones; decir menos de lo necesario; ganar a través de la acción, nunca de la discusión; aprender a hacer que la gente dependa del que quiera ser poderoso; utilizar la honestidad y la generosidad de forma selectiva para desarmar a las víctimas; actuar como un amigo, trabajar como un espía; crearse una nueva imagen; predicar la necesidad de cambio, pero nunca reformar demasiado de una sola vez; etc. Estas son algunas de "Las 48 leyes del poder" de Robert Greene.
El poder, o quien lo pretende, no repara en los medios para conseguir el fin. Importa el qué, no el cómo.
Me parece importante el ir configurando hoy la sociedad en la que queremos vivir mañana. Una sociedad sin clases, sin privilegios, sin el predominio de ninguna voluntad, con relaciones horizontales. Hay dos herramientas para mantener estas relaciones, que son el federalismo de abajo arriba y la democracia directa, básicas para la configuración hoy de la sociedad del mañana. Y esto merece la pena defenderlo.
¿Es legítimo el uso de medios expeditivos? Esto siempre aleja de la sociedad que pretendemos, y hoy ¿realmente serviría para algo?
A su vez, ¿qué derecho tienen a despojarnos de lo que tanto esfuerzo ha costado?
Mi propuesta ya está inventada: propaganda, agitación y organización unido a cultura y conocimiento. Y, por dignidad, si quieren echarnos que sea con los pies por delante.

Endridema Subir


Sesenta años de la rebelión del gueto de Varsovia

En abril de 1943, al mismo tiempo que los alemanes revelaban al mundo la trágica noticia del asesinato de miles de oficiales polacos a manos de los soviéticos en el bosque de Katyn, se desarrollaba un drama no menos patético en Varsovia: la aniquilación del gueto judío.
Su historia no fue sino una parte de la vasta operación nazi dirigida al exterminio de la que denominaron "judería europea". Los campos de concentración en territorio polaco -Treblinka, Birkenau, Auschwitz, etc.- fueron escenario de parte del holocausto.
En Polonia se produjeron otras muchas matanzas en los guetos de sus ciudades, pero el de Varsovia se ganó un tristemente destacado lugar por su capítulo final de resistencia desesperada, cuando la única perspectiva era la muerte.
Desde hacía siglos, la población judía de la capital polaca había vivido en su propio barrio, tradicionalmente denominado gueto. Pero en los siglos XIX y XX las familias enriquecidas empezaron a acomodarse por toda la ciudad, dejando que únicamente los más pobres viviesen en los suburbios del gueto. Poco después de la ocupación alemana de Polonia se puso en marcha una campaña de "agrupación" de los judíos para facilitar su traslado definitivo a los campos de exterminio. En Varsovia, el lugar elegido para la concentración fue el antiguo gueto.
En una primera etapa se aisló el área con empalizadas y alambre de espino. Quedaba así cerrado un rectángulo de cuatro kilómetros de largo y dos y medio de ancho que, además del antiguo gueto medieval, comprendía las calles del barrio industrial. Es difícil precisar cuántos habitantes vivían allí. Los 330.000 judíos de Varsovia fueron los primeros en ser encerrados, pero más tarde comenzaron a añadirse a esta cifra muchos otros de provincias. Se puede calcular, pues, que entre 1941 y 1942 el gueto alojó a cerca de 500.000 personas, casi la mitad de la población de Varsovia.
Los alemanes procedieron entonces a construir un gran muro de ladrillo, de cuatro metros de alto y 18 kilómetros de largo, alrededor del gueto, y tomaron medidas para asegurarse de que a partir de ese momento los judíos quedaran aislados del resto de la población.
Entre noviembre de 1940 y junio de 1942, la historia del gueto es la de un hacinamiento inhumano, una horrible miseria, muerte por hambre y epidemias, e intentos por degradar a sus habitantes.
En el interior, los alemanes no ejercían directamente la autoridad: esta tarea la ejercía el Consejo Judío, nombrado por los nazis tras la ocupación. El Consejo tenía a su disposición un Cuerpo de Policía Judía, compuesto por más de dos mil hombres.
El movimiento económico oficial venía dado por la entrada de los géneros alimenticios y por los procedentes de las fábricas. A esto se añadían los beneficios del mercado negro y del contrabando. Los grandes traficantes se servían de niños judíos que salían ocultamente del gueto, introduciéndose por huecos del muro o por las alcantarillas.
De las muchas epidemias que se provocaron entre los habitantes, la del tifus provocó cerca de 16.000 víctimas. Las enfermedades se debían sobre todo a la desnutrición. Los abastecimientos habían sido reducidos de tal modo que, según los cálculos de los médicos hebreos, la población del gueto fallecería por inanición en menos de cinco años.
El hambre llegó a hacerse insufrible. Un periódico clandestino hablaba en el verano de 1942 en estos términos: "El cincuenta por ciento de la población se muere literalmente de hambre; el treinta por ciento padece el hambre de modo normal, y el quince por ciento no come lo suficiente".
El 22 de julio de 1942 se efectuó la primera evacuación sistemática del gueto al campo de exterminio de Treblinka; las SS realizaron selecciones en las fábricas, deportando a los obreros demasiado viejos o de escaso rendimiento. Entre julio y octubre de 1942 habían sido deportados 310.322 judíos.
En enero de 1943 sólo quedaban alrededor de 70.000 habitantes; entonces se produjo la rebelión. Planeada por la Organización Militante Judía (una alianza de todas las fuerzas antifascistas), contó con la ayuda del Ejército del Interior (resistencia polaca), que surtió de armas. Una de las bases de esta resistencia lo constituyó la intrincada red del alcantarillado, con sus canales y conductos subterráneos, así como los refugios hábilmente disimulados.
Pronto se dieron cuenta los nazis de que tenían que hacer frente a una resistencia organizada. El Consejo Judío declaró a las SS que "su poder había pasado a otras manos".
En abril llegó a Varsovia, desde los Balcanes, el general de las SS Jürgen Stroop. La batalla comenzó el día 19 y habría de durar cinco semanas.
Stroop contaba con dos mil hombres entre SS y "panzergranaderos" que no escatimaron medios para reducir al mínimo sus bajas. Emplearon para ello artillería pesada, lanzallamas, explosivos, gases asfixiantes y perros policías.
Hasta el 16 de mayo no dejaron los judíos de combatir. Los nazis pusieron fin simbólico a la campaña dinamitando aquel mismo día la gran sinagoga judía. Los supervivientes fueron enviados al campo de exterminio de Treblinka. El gueto había quedado reducido a un montón de escombros.
Pero la lucha no había sido en vano; los resistentes demostraron que les podrían arrebatar todo, incluso la propia vida, pero no la dignidad. Esa lucha siempre y en todo lugar contra el opresor fue y sigue siendo el significado de aquella desesperada epopeya, un sacrificio que no puede medirse en vidas humanas.

F.G. Subir


Anarchist Studies: un milagro británico

El Reino Unido puede honrarse de poseer una gran tradición de reflexión libertaria: el filósofo William Godwin, los escritores y artistas William Morris y Oscar Wilde, el crítico Herbert Read o el urbanista Colin Ward, por no citar más que a algunas de las figuras más conocidas. La proyección del geógrafo Piotr Kropotkin, uno de los fundadores del comunismo anarquista, fue muy grande y dejó huellas duraderas.
De Darwin a Bernard Shaw, una larga tradición de pensadores, escritores y niños terribles ha sabido desafiar las opiniones establecidas. Todavía muy recientemente han brillado algunos de los grandes, sobre todo en el terreno de la historia, como es el caso de los marxistas Eric Hobsbawm y Christopher Hill, este último bastante cerca de las ideas libertarias.
La renovación de la historia social, de la que esos dos autores tienen parte de responsabilidad, animó a la creación en los años 70 de una conferencia anual sobre "pasados y futuros alternativos", honorable entorno académico que acogía a los historiadores de la izquierda libertaria, universitarios o no universitarios, de los que más de la mitad trabajaban sobre temas relacionados con el anarquismo, la protesta y la organización de base. Este taller de historia se estuvo reuniendo en lugares diferentes, tanto en provincias como en Leeds, durante veinte o treinta años.
Esta plataforma iba a acoger a algunos investigadores, en enero de 1985, que se reunirían para formar un taller sobre anarquismo. La ocasión había surgido por la iniciativa de un universitario, David Goodway, participante del taller de historia, que organizó este nuevo seminario a raíz de un encuentro en 1984 con otros investigadores, como Tom Cahill, Heiner Becker, Peter Marshall, Nicolas Walter y Carl Levy. Se decidió aprovechar la ocasión de ese congreso para plantear un taller sobre anarquismo.
Lejos de limitarse a los militantes convencidos, el objetivo fue reunir a investigadores de todas las tendencias interesados por ese campo de estudio. El taller conoció actividades muy interesantes. En noviembre de 1985, Murray Bookchin expuso sus ideas. El grupo de investigación se reuniría tres o cuatro veces al año, y además, David Goodway organizaría una plataforma anarquista con ocasión de las conferencias nacionales del taller de historia, pero nadie pensó en recopilar las comunicaciones con vistas a una publicación.
Más recientemente, el grupo ha organizado un encuentro más "abierto" durante la Feria Londinense del Libro Anarquista. Son círculos que vienen a agrupar unas quince o veinte personas, que se desenvuelven en un ambiente mucho menos crispado que en otras reuniones anarquistas. Los temas tratados son amplios: se discute sobre antropología, sobre la visión anarquista de los transportes, sobre ciencia-ficción o situacionismo. Y se termina con una comida en un restaurante vegetariano.
John Purkis, a partir del grupo de investigación anarquista, organizó también durante algún tiempo un "grupo" norteño, que permitía equilibrar el peso del colectivo de Londres. Este, el Anarchist Research Group, estaba animado por David Goodway, encargado de buscar los oradores y las salas. Hace unos tres años, tomó el testigo Karen Goaman, que ya se encargaba de informar sobre las reuniones.
Estas diversas actividades llevaron a la edición de un Bulletin of Anarchist Research, cuyo primer número fue publicado por Richard Alexander; los siguientes se hicieron bajo la responsabilidad de Tom Cahill; John Moore se ocupó de los libros. La publicación comenzó con seis u ocho páginas y aumentó hasta las veinticinco.
No había un equipo editorial. Tom Cahill pinchaba a los colaboradores para conseguir sus textos, trabajaba a veces con John Moore y consultaba en caso de necesidad con David Goodway.
Cuando se hizo sentir la necesidad de cambio en el grupo (Cahill había sido presentado a Andrew Johnson, de la editorial White Horse Press), decidieron retomar la publicación bajo la forma de una revista. El último Bulletin of Anarchist Studies, el número 25, apareció en otoño de 1991. Ahora nacía Anarchist Studies, siempre bajo la responsabilidad de Cahill.
Una panorámica de la época nos muestra hasta qué punto era arriesgado aquel proyecto. En lo económico, seguro, pero eso no era nuevo, aunque el Bulletin empezó a ser rentable, gracias sobre todo al apoyo más o menos tácito del departamento de Estudios Políticos de la universidad de Lancaster, donde trabajaba Cahill. Pero los escollos aparecían tanto desde el lado de la producción intelectual como desde los lectores. Como una gran parte del movimiento anarquista, los intelectuales del movimiento debían elegir entre nadar a contracorriente o agarrarse al flotador tendido por el sistema: una vida ingrata o el éxito más o menos grande según el grado de compromiso.
Desde hace unas cuantas décadas, en el mundo universitario británico, como en el francés, la creatividad está muerta. Todo el mundo es invitado a frecuentar el cementerio, donde se admiran las reliquias, y enseguida los burócratas se esmeran en comprobar los beneficios de la visita. Las presiones de la carrera -obligación de publicar todos los años, individualismo furioso, luchas intestinas del sistema burocratizado- engendran artículos en los que el triunfalismo acolchado del autor rivaliza con la especialización limitadora. Por otro lado, el maremoto del liberalismo se despliega sobre un fondo de cientificismo positivista. Desconfiando de todo lo que signifique una actividad teórica "no rentable", y una investigación a largo plazo, no conoce otra regla "científica" que no sea el método siguiente: la experiencia y la acción son los únicos jueces. Sabia precaución, en efecto, pues toda reflexión correría el riesgo de poner al desnudo la ideología subyacente. La universidad no es ya un pedestal de la investigación, sino un colador del mercado de trabajo.
Así, pocos universitarios se preocupan por el anarquismo de una manera consciente y comprometida, y por otra parte los historiadores de Gran Bretaña que se interesan más por las culturas no inglesas examinan de un modo muy superficial los movimientos libertarios locales. El fenómeno es generalizado: David Goodway estima que el mundo anglófono apenas cuenta con doscientas o trescientas personas centradas en el estudio del anarquismo, lo que coincide con nuestros propios cálculos.
Esta escasez de "especialistas" se refleja en el desfase que existe entre el grupo editorial presentado en la cubierta de Anarchist Studies y el equipo de redacción. La primera lista incluye a los individuos brillantes, e incluso prestigiosos, pero son sobre todo testaferros y su contribución es muy ocasional. Nos podemos consolar relativamente: sin duda, al contrario que algunos de sus colegas de renombre, ellos se niegan a enviar meros refritos de sus trabajos anteriores sin originalidad alguna. Así resulta que la reflexión creativa es casi siempre fruto de los marginales. Hemos de recordar que muchos de los pensadores del siglo XIX que han superado la prueba del tiempo no fueron nunca universitarios, y podemos citar a Marx, Engels, Proudhon o Bakunin.
El trabajo concreto de redacción es obra de un equipo formado por anarquistas más o menos próximos a los medios universitarios, pero fuera de las principales instituciones, como Oxford, Cambridge, Lancaster, Londres, Durham o York, con algunas excepciones entre el cuerpo de profesores titulares. Participan también personas de los medios de la "izquierda libertaria" como Carl Levi, especialista del anarquismo italiano, que hace tiempo ha asumido la responsabilidad de las reseñas de libros.
A pesar de las diversas limitaciones y dificultades que hemos mencionado, esta "zona autónoma temporal" representa un avance importante respecto al pasado, que no se había conocido más que en universidades aisladas. Anarchist Studies, como subraya Sharif Gemie, se ha convertido en un lugar de encuentro para los rebeldes de la universidad académica.
No obstante, la corta tirada de la revista constituye un problema: no anima a las eminencias a ofrecer sus trabajos, y el escaso número de especialistas en un campo concreto del anarquismo -por ejemplo, John Cage y sus composiciones musicales- no siempre permite contar con artículos de la calidad deseable. Pero ese no es un obstáculo insuperable: ojalá que un artículo acapare de pronto la atención de los medios o del gran público, que una auténtica comunidad internacional de anarquistas se ponga en marcha y que los intercambios y encuentros se retomen, que los grupos militantes formen equipos de investigación y que el nivel de la revista mejore.
Los lectores potenciales de Anarchist Studies tienden a arrinconar el pasado, especialmente dentro de esa historia social en la que lo ha colocado la enseñanza escolar. La disciplina, que ha conocido unos años prodigiosos, atraviesa ahora una crisis. Los que se refieren a la lucha de clases siguen a los marxistas retardados.
Hay que decir que los discípulos de Marx a veces hacen una mezcla entre clase, conciencia de clase y conciencia revolucionaria, y que su participación en todos los movimientos emergentes ha contribuido a sabotear importantes movimientos, que califican de "pequeño-burgueses". Ese es el caso, por ejemplo, de la multitud de experiencias cooperativas o de la significativa respuesta lanzada por grupos musicales bajo el emblema de Sex Pistols, y, más próximos a los anarquistas, del grupo Crass. La muerte de esos medios universitarios ha creado un profundo bache entre los jóvenes, hoy día, faltos de curiosidad por la historia, que han sido puestos a la defensiva frente a toda veleidad libertaria, y que serían los primeros sorprendidos si se les calificara de anarquistas. A pesar de sus prácticas, no tienen bases teóricas.
A contracorriente de un mundo que no se interesa más que por el presente, las organizaciones explícitamente anarquistas se comprometen en el movimiento contemporáneo con esquemas del pasado. Los militantes juzgan en la actualidad a través del prisma de las experiencias históricas más que por medio del análisis de sus múltiples y complejas dimensiones; el peso de las convicciones éticas inoxidables, al margen del aire del tiempo, incita a una visión dualista de la humanidad, a una demonización del adversario, a una huida hacia delante en la intransigencia histórica heroico-revolucionaria. Así, no es sorprendente que las ediciones libertarias publiquen obras llenas de sospechas ante todo fenómeno novedoso y, la mayor parte de las veces, se conformen con reimprimir a los "clásicos".
Estas múltiples razones hacen que la simple existencia de Anarchist Studies sea un milagro. La cuestión estriba en saber si los milagros se repiten.
Por lo demás, la prensa del movimiento anarquista cuenta con notables colaboradores, procedentes de los medios más diversos y que son lo que se llamaba en otro tiempo "self-made-men" (hombres hechos a sí mismos), gente que no debe más que a sí misma el éxito personal. El ejemplo más esclarecedor puede ser el de Colin Ward, que publica crónicas regularmente desde hace lustros. Este personaje ha socavado las bases teóricas y concretas en pro de una renovación del urbanismo y la arquitectura: propone una nueva mirada sobre el niño, la calle, el barrio, los okupas, e incluso el jardín; suscita un interés real entre el gran público y llega a un gran auditorio. Sin embargo, ningún militante libertario ha continuado sus reflexiones en otros campos.
No obstante, no todo es negro. Existen excelentes revistas como Social Anarchism y Fifth Estate en Estados Unidos, que se leen también en Gran Bretaña, y en ésta, The Raven, precedida por Anarchy. Pero The Raven va a dejar de publicarse, pues esta prensa de calidad no se adapta a las exigencias académicas que suponen que todo artículo, antes de su aparición, ha de ser examinado por uno o varios expertos reconocidos, y toda afirmación ha de ser justificada por medio de notas a pie de página.
Anarchist Studies tiene personalidad propia. Según Tom Cahill, su primer editor, la decisión se basa en un nombre sencillo y claro, de manera que pueda ser inmediatamente captado por los bibliotecarios. Se trata de asegurar un apoyo permanente mediante la suscripción de las instituciones culturales.
Se hicieron también esfuerzos por llegar a las universidades de las que procedían los diversos redactores. El crecimiento ha sido lento; hoy llega a unas cuarenta instituciones del mundo anglófono. Pero la revista no ha llegado a las bases ni, sobre todo, a los jóvenes intelectuales como tema de debate.
Además, una publicación de calidad necesita combustible. Anarchist Studies está privada de él como consecuencia de una doble desaparición, la del Grupo de Investigación Anarquista que le dio origen, constituyendo un fuego intelectual vivo, y la de las conferencias anuales del taller de historia. Sin embargo, muchos espíritus progresistas estudian con frecuencia las situaciones reveladoras del movimiento libertario.
En cuanto al militante de base, siempre sospechoso ante los intelectuales profesionales, no podrá encontrar en una revista semestral la información sobre la actualidad en la que se halla sumergido. Para ello son necesarios periódicos de aparición más frecuente.
Bien o mal, la revista se ha mantenido. En 1995, por razones de salud, Tom Cahill ha tenido que abandonar el trabajo editorial, y ha continuado Sharif Gemie con el volumen IV de marzo de 1996. Él sigue y se le puede contactar por Internet en la dirección sgemie@glam.ac.uk. Especialista en la historia de Francia, investigador universitario muy activo, Gemie no es un recién llegado. Ya conocía a Cahill y a Goodway desde 1968 y ha contribuido en el taller de historia de desde 1988.
La publicación ya no es financiada por un colectivo de discusión. La necesidad de continuar la obra iniciada por David Goodway se hace sentir; un bibliotecario, Martyn Everett, asociado desde el comienzo a las actividades del taller de investigación anarquista, va a tratar de repetir la experiencia.
¿Qué balance se puede hacer después de once años?
En la cuestión de la publicación, la revista ha encontrado su ritmo. Ha conocido un éxito moderado y buenas ventas. Acaba de ser retomada por una editorial, Lawrence & Wishart, antes especializada en publicaciones comunistas. Se puede consultar su página web en www.l-w-bks.co.uk. La publicación se presenta en los escaparates de numerosas librerías.
En lo que concierne al contenido de la revista, cada número, de unas cien páginas, comprende cuatro artículos principales y, bajo diversas firmas, un importante número de reseñas.
Un parte importante de los artículos analiza el pasado bajo la perspectiva actual: la ecología, la sexualidad y el amor libre, el feminismo, la cultura de los jóvenes, las representaciones anarquistas del día de mañana, etc. También se revisan algunos "clásicos" como Malatesta (que ejerce una influencia poco reconocida en los países anglosajones), Reclus, Max Stirner, Kropotkin, Tolstoi o Paul Goodman. Pueden encontrarse otras figuras más recientes, como Wilhelm Reich, John Cage, Murray Bookchin o Noam Chomsky. Los artículos se interesan también por autores de todos los tiempos, ajenos al movimiento, como Locke, Nietszche, Habermas, Feyerabend o incluso Maffesoli.
Se tratan también los problemas contemporáneos. El campo de observación no se limita al estudio del anarquismo, sino que afortunadamente abarca cuestiones más amplias: el post-estructuralismo, el urbanismo o el desarrollo sostenible, el Internet o el municipalismo. A lo largo de varios números se ha desarrollado una discusión con Murray Bookchin, el ecologista americano, lo que refleja su impacto en Gran Bretaña. Los estudios de música y sobre todo de arte tienen un lugar de honor. Pero son sobre todo los resúmenes críticos y las reseñas de libros los que centran la actualidad.
La revista se interesa también por los diversos países (Corea, Alemania, Francia, Japón, China, Europa del Este, Amazonia) y, más recientemente, por las sociedades musulmanas, con una perspectiva que no pretende ser unívoca sino cercana a las cuestiones urgentes de política internacional. Y, lo que es mejor, se pretende colaborar cada vez más con autores de otras lenguas. Se han publicado traducciones de Pierre Bourdieu (una entrevista aparecida en Le Monde libertaire) y de anarquistas españoles y turcos.
Las ilustraciones de la cubierta recurren a los artistas contemporáneos. El hecho de que la revista haya sido tomada por un editor conocido podrá darle un nuevo empuje. Si el peso aplastante de la cultura dominante empuja al pensamiento libertario a reconstruir su pasado para las próximas generaciones y a proceder a la autoevaluación de sus conceptos, Anarchist Studies desempeña bien su papel. Pero, para enfrentarse a los tiempos actuales necesita más audacia, siempre más audacia.
Dado que el inglés se ha vuelto omnipresente, podemos esperar que los investigadores de otras lenguas puedan darse a conocer a los lectores anglófonos a través de esta revista. Si los países del Tercer Mundo no dudan en traducir lo que les llega, resultaría sorprendente que los medios libertarios no hicieran otro tanto. No obstante, cada pueblo y cada lengua poseen su propia dinámica y las aportaciones exteriores, por muy valiosas que sean, no podrán sustituir las del mundo anglosajón.
Como quiera que sea, el mayor mérito de Anarchist Studies es existir. La revista interroga. Otras revistas, en otras lenguas, podrían iniciar el diálogo. El carácter internacional del anarquismo deber mostrarse también entre sus intelectuales.

Ronald Creagh Subir


 

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