Página principal > Artículos > Varios

 
   
 

 


     










 
Cuento desde los Territorios Ocupados  12-09-2009
Instituto de Estudios Políticos para América Latina y África (IEPALA)
Llegir en català

En una noche sin luna, un cuento triste pero con final feliz:


Erase una vez una reina tirana sionista llamada Kibush, muy mala y cruel, que se reía a carcajadas del mundo, mientras degollaba gargantas hasta dejarlas sin voz, interrumpía sueños hasta dejarlos sin paz y apretaba espíritus hasta que abandonaban su libertad. Ejercía su poder sobre 27.000 Km2 de territorio colonizado, Palestina, una región convertida al acatamiento. Kibush destruía a su antojo, y su única preocupación era entretener y contentar a sus aliadas extranjeras, y como prostituta jugaba satisfaciendo, llenando las arcas de las avaras, de las que engullen, llenan sus panzas, eruptan y callan.¡Sa’a! (¡Salud!)

Bajo los pies de esta reina perversa se reproducían ratas y culebras en un espacio ordenado a la imagen fiera de sus propias leyes, sobreviviendo ante la mala racha que les había tocado vivir en esa estructura u orden de cosas. Las leyes que establecía Kibush a sus súbditas no eran refrendadas por la Casa de la Justicia, pero la balanza de la tendera palestina se inclinaba hacia una profunda amargura porque había dejado de creer en la justicia. Y frente a la tienda en la calle, un niño jugaba con la cometa a ser libre y volaba, y su padre le miraba y sonreía, pero hacia abajo, y pensaba: que suerte los niños cuando sus ojos llegan al cielo, pero que terrible su destino cuando esos ojos se hundan en la tierra, violada. Una tierra de campesinas, donde las hoces no tenían filo, ni pinchaban ni cortaban, se atascaban con piedras incrustadas que arrancaban o erosionaban sus dientes, y que se bañaban de óxido y sudor. Kibush no permitía que las campesinas compartieran la riqueza de su tierra. La podrida producción israelí invadía el mercado, las madres palestinas se la comían, y envenenadas se las ofrecían a sus hijas. Mientras tanto, la vieja, la que ha rebosado ya su capacidad de sufrimiento, embelesada mirando, sentada en su silla frente a mi puerta, ya tiempo regresada de su exilio para morir en su tierra, contemplaba la muerte, la suciedad y la soledad de la escena cuando ya nadie caminaba por delante, cuando sólo había desperdicios en las calles, y la dignidad se escondía dentro de las bolsas de basura en mitad de la acera. Llegaba un perro, la olía, y pasaba de largo.

Y se hacía de noche, y ¿quien iluminaba la calle entonces? La luz del sol se apagaba, y ya no caían bombas en Ramallah, pero había comercios privados que desde sus escaparates alumbraban la calle, vendiendo luz halógena, segura, pero de la que hiela y mata cuando te toca. Se traficaban mercancías empaquetadas procedentes de fuera, todo se compraba y se vendía, principalmente, seguridad. La seguridad estaba barata, a 10 shekels el kilo, era la temporada y la práctica de ir al mercado y llevarse un par de kilos de seguridad a la semana para estar tranquila durante unos días era habitual. El mercado del conflicto estaba en Ramallah, a dos manzanas de Al Manara (la plaza de los leones, la que salía por televisión cuando alguna palestina tropezaba, explotaba y saltaba por los aires, hasta que los medios de comunicación recogían sus pedazos y proyectaban la misma repetida, repetitiva historia, terrorífica, terrorista, y reclamaban seguridad). ¿Quién compraba y quién vendía en ese mercado? ¿Quién era la clientela del conflicto? Mucha gente y muchas extranjeras. ¿Y por qué había tanto interés en una región de apenas 10 millones de habitantes, repleta de agencias diplomáticas, agencias de noticias, agencias de desarrollo y ayuda humanitaria?.

Agencias con agendas llenas de citas diarias porque cada una de ellas tenía su misión. En aquella época, el conflicto árabe-israelí debía tener su función en el mercado político del mundo. Había un intercambio con una moneda de trueque, pero la autoridad ocupada, el soberano ocupado, y toda la corte ocupada por Kibush no tenían moneda propia. Era la moneda sionista, esa moneda de trueque que cambiaba ayuda o inversión extranjera (es lo mismo) por el cuento de la bella seguridad durmiente, o por el cuento del príncipe azul encantado que mata al dragón islámico, cualquiera de los dos cuentos también cumplía su función, hipnotizaba y dormía. Y la población sionista y la población del mundo, habitual de ese mercado, seguía vendiendo y comprando seguridad, la droga que tranquilizaba y dormía, y que permitía avanzar y extender el sueño de la industria de Kibush.

En torno a la misma época, la legislación seguía marginando a través de modificaciones de la ley de la tierra en los territorios del 48, que permitían su transferencia a fondos judíos (JNF), que denegaban su acceso definitivo a sus propietarias residentes originales, y que fomentaban el confinamiento de las restantes palestinas en guetos; al mismo tiempo, viajaban al occidente europeo y americano, políticos sionistas en busca de éxito y negocio, para firmar acuerdos comerciales y de lucha terrorista, mientras se estrangulaba al antiguo pueblo cananeo-palestino con las manos del delito y la corrupción, legitimando cualquier método tildado de democrático pero discriminatorio.

Y la tirana sionista seguía en su casa de ocupación, en su reino hipotecado, pero llegó el momento en que el endeudamiento al viejo prestamista colonial estaba agotando su forma de Ayuda, el banco de la justicia aparecía con signos de bancarrota, y la economía de la región comenzaba su quiebra. ¿Sabían que en esa época esa reina sionista, dentro de una economía de bajo crecimiento, gastaba en mantenerse más de 9 billones de dólares cada año, que sus costes rondaban el 13% del presupuesto total en el reino ocupado, con un incremento anual del presupuesto del 1,7% y un aumento de su coste en torno al 8%? ¿sabían que las súbditas colonas crecían en los asentamientos un 8% cada año, pero sabían también que la ayuda estadounidense a Israel disminuía 2,2 billones de euros cada año? ¿Cómo se costeaba Kibush este ritmo de vida? Aumentaban los ingresos públicos con impuestos, privatización, ayuda o inversión extranjera, aumentaban entonces los gastos públicos en “defensa”, y la colonización sionista seguía viva. Sin embargo, haciendo cuentas, la ocupación no podía durar mucho, no era sostenible.

Así era la Palestina ocupada en la época sionista, primero inversión en la guerra, luego endeudamiento por seguridad, y finalmente bancarrota y quiebra. Y ahí es cuando vino el declive, junto con la crisis de las economías capitalistas, porque la reina sionista capitalista no pudo aguantar su propio peso. Comenzó el decrecimiento de su economía, la desinversión en sus empresas, la reeducación del mundo junto con el boicot a las acciones de cooperación con sus autoridades y las sanciones a sus actos, y así fue como esa señora malvada que mataba y mataba, se mató a si misma. Imaginen la peste que soltó cuando toda aquella podredumbre salió por su boca de apestoso aliento, de sus asquerosas tripas, de su cuerpo desfigurado. Fue ahí cuando la colonizada población palestina comenzó su liberación, apoyada por el mundo; la ciudadanía de sus refugiadas consiguió su espacio, recuperando su territorio más allá de esos guetos en los que estaba condenada; el pueblo hebreo siguió fiel a su carácter nómada, y comenzó el auge cultural, económico y político de Palestina. Continuó la historia de Canaá, que se desarrolló con orgullo alrededor de su casa sagrada, la ciudad perfecta o ciudad de la paz, ganó su derecho Palestina y su historia fue próspera y diversa, y hasta el día de hoy perdura su esplendor. Pero ésta ya es otra historia, que tiene que ser contada por las palestinas que iniciaron y vivieron esa lucha, para que el resto del mundo se enriquezca con su propio conocimiento y buen hacer.

-  Notas:

1. Kibush significa en hebreo Ocupación. 2. Este texto utiliza el genérico en femenino para referirse tanto a hombres como a mujeres.

-  Fuente:

IEPALA.- Desde Palestina. Editorial del Boletín nº 5:




En la misma sección
Artículos| Varios| Cineastas Palestinas  7-03-2010
Artículos| Varios| Como el arsenal nuclear de Israel nos pone en peligro a todos nosotros  24-09-2009
Artículos| Varios| Experto de la ONU denuncia el abordaje de un barco de ayuda por parte de Israel   català 4-07-2009
Artículos| Varios| Refugiados Palestinos, datos actualizados a diciembre 2008.  19-06-2009
Artículos| Varios| El discurso de Obama en El Cairo  8-06-2009
Artículos| Varios| Palestina: 61 años de manipulación informativa  3-06-2009
Artículos| Varios| Graffitis sobre las paredes  22-03-2009
Artículos| Varios| El Canto de los Muertos de Gaza  1ro-02-2009
Artículos| Varios| “Continúan siendo necesarias las movilizaciones contra el genocidio del pueblo palestino”  29-01-2009
Artículos| Varios| Lo que hay detrás de la crisis de Gaza.   29-01-2009