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El Canto de los Muertos de Gaza  1ro-02-2009
Luís García Trapiello.
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El male rahamim. Dolorido sentí dentro la voz profunda de Shlomo Katz.Todo el sin sentido de la razón rasgando el alma. Era el “Canto de los Muertos de Auschwitz”. ¡Tantos muertos que uno nunca alcanza a contarlos, pues su número excede la comprensión humana! Accidentalmente había caído en mis manos la edición de Jérusalem La Vill des deux Pais: La paix céleste et la Paix terrestre. La mañana del domingo era apacible, llegué a casa con varios diarios, puse el disco compacto del que se fueron reproduciendo canciones y piezas instrumentales. La atención estaba centrada en los textos que leía sobre la acción del ejército israelí en la franja de Gaza hasta que el dolor que sentí me obligó a parar,escuchar y buscar qué canción era. Canto de los Muertos de Auschwitz. Lo que se representó en el conocimiento no era una contradicción, es una paradoja. En las contradicciones las mentes perezosas se encuentran a gusto. A o no A. Por eso las construyen, las inventan: eres sionista o antisemita. No hay que hacer mucho esfuerzo. En la paradoja el espíritu ha de escudriñar la verdad, ha de dedicar esfuerzo, cansarse señalando el matiz, viendo la sombra que como tal es mezcla de luz y oscuridad.


Había noticias de cierres de territorios, las salidas están clausuradas, los muros ya se habían levantado, en el mar las cañoneras apuntan a cualquier falucho que navegue. Y no sé por qué, en esas piruetas a las que nos tiene acostumbrados nuestro inconsciente, vinieron a la memoria las imágenes de la película El pianista. Se intentó no relacionarlas. Inmediatamente apareció la coartada: se trata de tiempos distintos, de personajes diferentes. Todos sabemos que hubo un antes y un después de Auschwitz, que la estética no es posible sin la ausencia de la ética que lo permitió. El mundo ha renegado de él. Por eso, pensábamos, ya ningún estado volverá a cometer tan monstruoso pecado. Y sin embargo se siguen escribiendo hermosos poemas mientras un estado comete nuevos Auschwitz. Por eso el llanto ahora es aún más amargo.

Hubo mentes enfermas que se creyeron que el país estaba amenazado por un Pueblo que venía errando desde hacía tiempo. Decían así, un Pueblo, como si tal existiese, negando la única realidad contrastable que es la de los individuos, la gente singular que labora, sufre, ama, se reproduce y muere entre los suyos y que además entre ellos los hay que piensan y sienten de manera diversa. Esas mentes llegaron al poder y al gobierno de una nación y se dirigieron a los señalados, incluso por sus caracteres físicos, y les obligaron a concentrarse en un territorio reducido. Ordenaron que se levantase un muro a su alrededor y pusieron guardias armados en sus entradas. Toda una Nación Poderosa, con su potente ejército muy bien armado, con la riqueza de su sistema productivo, decía sentirse amenazada por unas gentes sin tierra, por un pueblo sin patria. ¿Alemania a mediados de la década de los treinta? ¿Israel al comienzo del siglo veintiuno?

Aquella Alemania no entendía por qué los judíos de los países del Este tenían que venir a reunirse con los suyos que ya vivían en Berlín. Este Israel no entiende por qué los palestinos de los campos de refugiados de Jordania o Líbano tienen que volver a las tierras que no hace mucho cultivaron o han de reunirse con los suyos en Jerusalén. Aquella Alemania concentró en un espacio predeterminado de Varsovia, pobre y sin posibilidades de desarrollo, a los judíos que estaban en la Polonia que ella había ocupado. Israel ha metido a los palestinos, los ha “reubicado” en una estrecha franja de tierra que ha ocupado. Los alemanes nazis levantaron un muro en torno a ellos. El muro con el que los israelíes los encierra es mucho mas alto y más largo. Los dos pusieron guardianes en sus puertas y pasos. Aquellos despreciaron, estos desprecian. Aquellos se rieron, humillaron y se mofaron de los judíos que por ellas estaban obligados a pasar. Estos se ríen, humillan y se mofan de los palestinos, hombres y mujeres, que están obligados a pasar, cuando los dejan pasar. Repásense las imágenes de la época que El pianista recrea, mírense las imágenes que se encuentran en Internet de los pocos pasos abiertos en Palestina.

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Desde el interior de la franja de Gaza fracciones organizadas de palestinos disparan cohetes contra las gentes de la Nación Poderosa que allí les confinó. Desde el Estado Israelí se les señala con el dedo y se les grita ¡terroristas! Pero es lícito preguntarse si el Estado de Israel, sus gobernantes, sus gentes, están señalando con el dedo y llamando terroristas a aquellos judíos que en el 43, en el gueto de Varsovia, se armaron y atacaron a los nazis que los habían confinado allí. Hubo viejos y sabios rabinos que pidieron a los jóvenes que no lo hicieran, aún confiaban en la racionalidad del hombre, pero los nazis apretaban cada vez más la soga que los ahogaba. El 19 de abril de 1943 esos jóvenes se levantaron en armas: cócteles molotov y granadas de mano contra toda una potente maquinaria de guerra nazi: tanques, vehículos blindados, lanzallamas y artillería pesada.

Que el embajador de Israel responda, como suele hacer: ¿cuál es la diferencia? Ya se sabe que el tiempo es distinto, que los uniformes son distintos, pero ¿es distinto el acto de confinar?, ¿es distinto el acto de no permitir el reagrupamiento ni el regreso?, ¿es distinto el hecho de levantar un muro para defender la sociedad pura, aria, de la impura, judía entonces, ahora palestina? ¿Acaso no fue justo el levantamiento judío en el gueto puesto que un Estado con su potente maquinaria de guerra los estaba estrangulando, matando de hambre? Los judíos del gueto fueron valientes, ellos merecen los honores de quienes prefirieron morir con dignidad a vivir permanentemente humillados y vilipendiados. El male rahamim. Que alguien me diga por qué no han de serlo los palestinos de Gaza.

La Alemania nazi escuchó a los místicos de la raza, a los pseudocientífi cos de la historia y de la tradición. Ellos hablaban de raza superior y de razas inferiores que ponían en peligro a aquella. Y condujeron a Alemania primero a la barbarie en una borrachera de sangre y odio y luego a su destrucción. Israel está escuchando a sus místicos de la Torá y a quienes leen los libros sagrados en su literalidad. “¿Quién de vosotros subirá antes contra el cananeo y lo combatirá? Y respondió Yahvé: “Judá subirá, pues he dado la tierra en sus manos” (Jueces 1. 1-3). De mil maneras han buscado esa tierra, primero con atentados terroristas y extorsionando a sus habitantes primigenios, después expulsándolos. Parte de la tierra deseada fue convertida en Estado y la otra, con la guerra la hizo suya. La ha ocupado y en ella asientan a nuevos colonos, dicen, colonos y nunca mejor dicho, pues viniendo de fuera expulsan a los de dentro y ocupan sus tierras y sus aguas. Israel hoy está satisfecha y sonriente en la euforia de la borrachera de sangre, pero Israel ha de saber que o se arrepiente de sus pecados o perecerá.

No se puede negar que en la zona hay un gravísimo problema en el que muchos se pierden discutiendo qué fue primero si el huevo o la gallina. ¿Quién rompió la tregua, Israel asesinando a cinco dirigentes de Hamas o Hamas que respondió con el lanzamiento de cohetes caseros y continuó haciéndolo? El nudo no se puede deshacer buscando el cabo de su inicio. Hay que cortarlo, y solo lo puede hacer la Unión Europea (EEUU está inhabilitado por su lobby judío) obligando con la fuerza de las relaciones comerciales a la existencia de dos Estados con sus respectivas fronteras y sus pasos fronterizos bajo control propio, con sus infraestructuras, puertos y aeropuertos, propios, sin más controles de uno sobre otro, solo los nacidos de las leyes internacionales.

¿Por qué escribir de esto en un medio especializado en temas educativos? No lo sé, pero uno no puede permanecer ajeno a lo que está sucediendo en su entorno, sobre todo cuando ese entorno nos es tan próximo. A esa tierra llegaron muchas de nuestras familias judías vilmente expulsadas de sus casas de Toledo, Valencia, Sevilla o cualquier otra ciudad española por la codicia de nobles parásitos. Uno aún recuerda la emoción que le embargó cuando paseando por la vieja Jerusalén se encontró con la llamada Casa de las Viudas, patio andaluz perfecto. No en vano es una construcción que en el siglo XV levantaron o pagaron las laboriosas mujeres judías que partieron solas con sus hijos desde Andalucía o solas se quedaron con ellos en la larga travesía hasta aquel Jerusalén entonces callado. Allí se conserva aquel castellano que hemos denominado como sefardí. Nos sonaba a antigüedad, a nostalgia de lo que se tuvo y de lo que por la fuerza fue privado.

No lo sé, pero uno piensa que no es bueno que a quienes están estudiando en Secundaria o en Bachillerato nuestra Edad Media o lo que aconteció en Europa a mediados del siglo pasado no se les mencione en estos momentos lo que está pasando en Oriente Próximo entre dos pueblos que demandan un Estado sobre un pequeño trozo de tierra. Es consecuencia de una historia larga, viene del siglo primero de nuestra era con la diáspora, de una historia corta, se inició con el Holocausto en la década de los cuarenta y con algunos judíos juramentados para recuperar, a costa de lo que fuese, la tierra que aún decían de sus padres. No se trata de un comentario de pasada, sino de provocar una refl exión, un debate apasionado o desapasionado, pero siempre ordenado y fundado en argumentos lógicamente bien construidos. No se trata de buscar a los buenos y condenar a los malos, sino de encontrar las raíces del mal y reclamar la justicia del derecho que nace de la definición que damos de lo humano y de lo que las naciones han fijado como derecho internacional. Se trata de mirar hacia las causas económicas que se ocultan bajo la palabrería de Nación, Pueblo, Historia, Dios que se enfrenta consigo mismo pero en otra lengua semita.

Nuestros alumnos y nuestras alumnas no pueden pasar por las clases en las que en estos momentos se les está enseñando a conocer, a pensar, sin que no se les pida que busquen, conozcan y juzguen lo que ya es Historia y la Historia que hoy se está haciendo.

* Luís García Trapiello es Experto en Educación y nos ha facilitado personalmente el artículo que ha sido publicado en la revista ESCUELA del 29/1/09




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