Objeción Fiscal: ¿para qué?

Desmilitariza tus impuestas

No necesitamos un ejército. Gasto Militar 0%

Según se hace más aguda la crisis, las personas cada vez estamos más familiarizadas con los conceptos de la economía. Deuda, prima de riesgo, liquidez, y especialmente una palabra: recortes.

La tijera del gobierno, empujada por los capitales de dentro y de fuera, parece no tener freno. Las diversas administraciones estatales, sean del partido político que sean, reducen gastos aquí y allá. Se frenan todo tipo de inversiones, se adelgazan las plantillas, se disminuyen los sueldos. Incluso se tocan sectores tan sensibles como la salud, la enseñanza obligatoria o las pensiones. Ello va de la mano de una mayor presión que estrangula y saquea a la población a base de subidas de impuestos, la connivencia con el aumento de precios de la energía y empeoramiento legal de las condiciones del trabajo asalariado y autónomo.

Este tsunami de ajustes parece que al final ha llegado a inundarlo todo. ¿Todo? No. Hay una institución que siempre ha resistido y resiste a cualquier tipo de recorte. Se trata del ejército.

Una vez más, el militar es el gasto que menos decrece. Ayudado por la poción mágica de la opacidad y el camuflaje en mil partidas, así como por el desajuste entre lo que se presupuesta y lo que en realidad se gasta.

Es evidente que en un ambiente tan oscuro y reservado resulta fácil el trasiego de sobres con las correspondientes comisiones. Quizá sea esta la razón que hace irreductible al gasto militar. Quizá por eso el ministerio de defensa esté dirigido por un traficante de armas, más dedicado a viajes comerciales que a otra cosa.

En este contexto en que nos encontramos, las personas de la sociedad hemos tomado mayor conciencia si cabe de cuáles son nuestras necesidades. Tenemos claro, por ejemplo, que aspiramos a una vivienda digna, a la educación para nuestros hijos o a un sistema de salud que funcione. Otro debate será si todas o algunas de esas cosas las podríamos gestionar directamente sin pasar por el estado y las multinacionales. Eso se puede pensar y discutir. Sin embargo el más elemental sentido común nos dice que hay algo que no necesitamos para nada: el ejército. La institución militar no nos aporta nada como sociedad, al margen de las consideraciones éticas que no cabe dejar de hacer nunca sobre su existencia. Si hay algo de lo que podamos prescindir es del ejército. Si hay algo que puede y debe ser recortado son las fuerzas armadas. Es hora ya de empezar a hablar de la abolición del ejército y de la recuperación para la sociedad de los recursos que devora.

Por todas estas razones, nuestra apuesta es por un gasto militar del 0%.

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