Desarma tus impuestos

El recurso a la ley del más fuerte nunca soluciona los graves problemas de injusticia a que se enfrenta la humanidad, tan sólo los congela y perpetúa, agravándolos. Además, este recurso a la brutalidad que se disfraza de ayuda humanitaria, de lucha antiterrorista o de defensa de la libertad y la democracia no sirve más que a intereses de multinacionales sedientas de beneficios, cueste la sangre que cueste. Esto es así desde mucho antes de la guerra de Irak que, en su expresión más dramática, ha terminado y ha movilizado las conciencias de la llamada opinión pública como nunca antes otra guerra había hecho.

Algo profundo, en efecto, parece estar cambiando la mentalidad de la gente en el rechazo a las guerras. Pero ese cambio no puede estrellarse contra el muro de la impotencia. Ha llegado la hora de construir alternativas. Desde la desobediencia a la prepotencia de nuestros gobiernos, supuestamente democráticos por permitirnos votarles cada cuatro años, podemos prevenir las guerras. Y es que quien obedece mantiene al que manda. Es el momento de exigir con firmeza que sea respetado el derecho a la objeción de conciencia también en lo referente al pago de los impuestos como forma de rechazo a la guerra y a sus preparativos.

De la misma forma que se conquistó el derecho a la objeción de conciencia al servicio militar (a no hacer la mili por motivos de conciencia) y que la insumisión forzó el final precipitado de la mili, acabando con la vocación militar que hace fracasar al «ejercito profesional», también es posible conquistar nuestro derecho a no contribuir económicamente en el mantenimiento y expansión de los ejércitos y las guerras.

Esta alternativa es la que plantea la Objeción a los Gastos Militares. Si nunca se nos ha consultado sobre las guerras que organizan, ¿por qué vamos a consultarles nosotr@s sobre nuestro rechazo a sus impuestos de guerra? No podemos ignorar por más tiempo nuestra responsabilidad en la preparación de las guerras a través de los impuestos dirigidos a financiar ejércitos que pagamos un año tras otro.