Prensa objetiva y prensa objetivo

Lunes 20 de febrero de 2006 por por GKB

Cualquier persona mínimamente racional, al leer estas líneas, será consciente de que su contenido, en ningún momento será objetivo, no analizará los hechos de una manera fría, sino que la descripción que se haga de los mismos estará condicionada por un elevado número de variables, que abarcan desde la clase a la que se pertenece y la ideología, hasta el número de horas que se ha logrado dormir antes de que el mundo despertara. La objetividad dentro de un artículo, no existe desde el mismo momento en que está hecho por una persona que voluntaria o involuntariamente, impregna de su visión cuanto se escribe; el problema radica, en que en estos tiempos “modernos” de tanta corrección política burguesa, todos los medios quieren ser los más objetivos, todos ellos dicen la verdad, y por supuesto, abominan de la censura y las carencias de libertad de expresión, pero siempre en terceros países.

He aquí la hipocresía de la burguesía occidental, que niega continuamente el derecho a participar en sus medios a cuantas voces discrepen o sean mínimamente críticas con el sistema de explotación capitalista, o apoya directamente a través de sus medios el cierre de periódicos y radios por parte del aparato judicial de su estado, pero es capaz de solidarizarse hasta la eternidad con un “periodista”, que es detenido en su país de origen y juzgado acorde a la ley por estar a sueldo de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos de América.

Para ellos, prensa “objetiva” es la que es fiel al sistema, la que no sólo lo maquilla, sino que educa para que pueda continuar; por el contrario, aquellas personas que osan analizar la realidad desde otra perspectiva, describir no sólo los pros, sino también los contras de cuanto se nos vende, son inmediatamente convertidos en objetivos del sistema. Unos, como Mumia Abu Jamal, son condenados a muerte en el corazón del imperio tras un montaje policial, otros son asesinados en el edificio de la radiotelevisión pública yugoslava en el transcurso de una guerra, en la que el por entonces gobierno “socialista” aportó aviones a la OTAN, y otros miles son silenciados, bien impidiéndoles cualquier tipo de protagonismo en los medios de masas europeos, o bien negando a un medio con una línea “no oficial” el propio derecho a la existencia.

En el sistema capitalista, la libertad de expresión está permitida, gracias a que se puede ejercer un control ideológico muy importante fundamentado en dos herramientas, la primera, es que para llegar a un amplio espectro de la población, es preciso contar con una amplia cantidad de dinero (capital), y la segunda, es que en el caso de que esto sea posible con un coste menor, como por ejemplo una radio, las licencias, las reparte el gobierno, y “curiosamente”, siempre entre sus amigos.

Es por ello, que cuando un periodista es asesinado, encarcelado o silenciado junto a su medio por defender los intereses y derechos de las grandes masas de obreros y campesinos, o el fin de la injerencia extranjera en su país, el deber de todo demócrata es ser consecuente y solidarizarse, de la misma manera, que es un deber denunciar las manipulaciones a las que nos vemos sometidos cuando nos hacen creer que mercenarios a sueldo de los Estados Unidos o fascistas como Jiménez Losantos, son atacados por cómo piensan; pensar es gratis y libre, insultar, calumniar y apoyar guerras ilegales e injustificadas, o justificar a militares golpistas, es un delito que debe ser perseguido, y que no tiene absolutamente nada que ver con la libertad de expresión.


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