La vida en precario

Jueves 10 de noviembre de 2005 por por GKB

A diario, la publicidad comercial y la propaganda política, nos vende una juventud “moderna”, tan despreocupada como individualista, y eso sí, muy homogénea dentro de la diversidad, la socialización que se nos impone, no viene determinada por la clase a la que pertenecemos –vocean que eso es cosa del pasado-, sino por otras cuestiones, es preferible que un joven se considere exclusivamente adepto a un estilo de música determinado, a que tenga conciencia de la clase a la que pertenece.

En principio, esto pretende socializar culturalmente a la juventud en la idea de que organizarnos es malo, y que sin duda alguna, si nos “significamos demasiado” tratando de defender los derechos que nos asisten como jóvenes asalariados/as, sufriremos consecuencias muy negativas. Así han logrado crear un estado de autorepresión en el que acepamos y vemos como normal cualquier situación laboral por penosa que sea, justificándonos con el mal de muchos.

La despreocupación, y el conformismo con las nuevas situaciones, independientemente de que sean mejores o peores que las anteriores, son el caldo de cultivo en el que se han desarrollado las nuevas formas de producción, cuando la patronal habla de mercados más competitivos, de flexibilización del trabajo, está hablando de menores sueldos, de minimizar los gastos en seguridad, o de favorecer políticas de libre despido, lo hace, de un nuevo marco laboral que sólo puede ser impuesto, cuando los máximos damnificados por el mismo, no son conscientes de la realidad que deberán padecer.

Las consecuencias son tan claras que hasta los medios de comunicación se ven obligados a recogerlas, eso sí, revistiéndolas de una falsa normalidad; ser joven, hoy en día, significa que se va a tener que trabajar muchas más horas, por un sueldo bajo, menor aún si se es mujer, con contratos temporales, y con unas medidas de seguridad en algunos casos nulas, eso, claro está, obviando el mundo de las practicas laborales, en las cuales son normales los casos de contratos en los que el sueldo es muy bajo, o en el peor de los casos, nulo. Toda esta situación impide que podamos desarrollarnos profesionalmente, ya que si no estamos especializados, al tener una enorme variedad de trabajos, no podemos adquirir experiencia en una profesión, y vagamos como “trabajadores no cualificados” de un contrato basura a otro; en el caso de que académicamente si tengamos cierta especialización, otro de los problemas que nos solemos encontrar, es que si no contamos con experiencia, no somos aceptados, y como esa experiencia pasa por las practicas, se puede afirmar que si no aceptamos una etapa de “esclavitud” no podremos acceder a nada, pero por otra parte, esa etapa no garantiza nada, ya que la precariedad afecta tanto a los jóvenes con estudios superiores, como a los que carecen de los mismos.

Como es fácilmente observable, las condiciones laborales, influyen sobre la vida personal y familiar, el retraso de la edad de emancipación o la disminución de la natalidad, no son consecuencia de que la juventud actual es más vaga, o que sólo se preocupa por su propia comodidad, sino que lo son directamente de las nuevas condiciones laborales que nos vemos obligados a soportar, cuando nuestro salario real disminuye casi diariamente, no sólo por la congelación salarial, sino por el aumento del coste de la entrada del euro, y la inestabilidad impide meterse con seguridad en una hipoteca a 30 o 40 años vista, incluso pensar en el alquiler resulta una meta demasiada alta.

La solución a nuestros problemas, no pasa por esperar a llegar a los 30-35 años, en los que ya se espera tener un contrato en mejores condiciones, sino que se encuentra dentro de nosotros/as mismos/as, deber nuestro es tomar conciencia de nuestros intereses como clase social, así agruparnos en asociaciones, en sindicatos, y hacer nuestra la fuerza que reside en la unidad, para así, ir retomando el espacio que nos ha sido arrebatado, y alcanzar todos los derechos que nos asisten.

Si los/as jóvenes continuamos esperando a que las cosas varíen por sí mismas para poder vivir mejor, podemos encontrarnos, con que lo que cambia no es el mundo del trabajo para nuestros futuros jóvenes, sino para nosotros cuando ya lo seamos menos, es por eso, que cualquier concesión que hagamos a la patronal hoy en día, le da fuerzas para que el día de mañana, pueda continuar explotándonos en las míseras condiciones actuales, es por ello que debemos organizarnos y luchar, para ir sentando las bases del tan necesario cambio, debemos ser obreros de la nueva economía.


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