Mártires en la guerra, vivos en la provocación

Sábado 29 de octubre de 2005 por por GKB

Un hermoso sábado como el de hoy, 29 de octubre, Su Santidad el Papa ha tenido a bien beatificar a ocho religiosos españoles “mártires de la Guerra Civil”, según se lee en EL MUNDO.

Ya sabíamos que el polaco tenía predilección por dicha gente, que viene como anillo al dedo en el plano ideológico de la prolongada campaña anticomunista de los cruzados occidentales. El alemán confirma esta tendencia para la temporada que entra.

El motivo principal para la beatificación de estos señores (y una señora), es que fueron muertos “por odio a la fe” dentro de las “persecuciones de 1936”.

Por lo visto estas beatificaciones se hacen a petición del cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, connotado reaccionario, y del obispo de Urgel Joan Enric Vives Sicilia.

No es de extrañar que estos personajes impulsen tal cosa, pero lo malo es que tampoco es de extrañar que a la ceremonia asistan personalidades públicas de nuestro “aconfesional” Estado como Luis Calvo Merino, subsecretario del Ministerio de Asuntos Exteriores, Jaume Matas, presidente del gobierno autónomo de las Islas Baleares, y Joan Carretero Grau, consejero de Gobernación de la Generalitat de Cataluña (esa nación rojo-separatista).

En la delegación española al emotivo acto se incluyen además Ramón Canal, secretario general de Gobernación de la Administraciones Públicas de la Generalitat de Cataluña; Montserrat Coll Calaf, directora general de Asuntos Religios de la Generalitat catalana; Albert Candelas, de la Comunidad Autónóma de las Islas Baleares; Miquel Riera Cervera, consejero de Cooperación local del consejo de Mallorca y Magdalena Rigo y Catalina Gelabert, del Ayuntamiento de Campos de las Islas Baleares.

A todo este despropósito haremos unos comentarios:

1.- La Iglesia católica como es lógico no puede hacer otra cosa que beatificar a sus héroes. Esto en sí mismo es irreprochable, está muy bien, es lo que hay que hacer. De eso nosotros deducimos la obligación y el derecho de honrar a nuestros héroes, que los tenemos, en lugar de olvidarlos e incluso dejarlos expuestos a la calumnia.

2.- El que esas personas fueran muertas “por odio a la fe”, podría ser discutido. Sería preciso indagar en los hechos o el expediente de beatificación, pero de entrada podemos señalar ya que la Iglesia y quienes la siguen, presciden siempre, al menos en la difusión pública de sus cosas, del elemental juicio histórico. Si esas personas, por ejemplo, fueron colaboradores del fascismo, quintacolumnistas, o incluso elementos armados, su muerte podrá ser hasta heroica (no hay para qué negarlo), pero desde luego no honrada. Por otra parte, el odio anticlerical, típico de las masas españolas, desde las más radicales y pobres hasta las burguesas, tiene su origen en la antigua explotación que la Iglesia realizó en este país sobre amplios sectores. Sin olvidar el posicionamiento de la Iglesia en la “cruzada”, que la sitúa como uno de los sectores enemigos del régimen democrático legítimo en un contexto de guerra.

3.- Que en 1936 hubiera “persecuciones religiosas” es una calumnia del mismo calibre que la famosa “quema de conventos”. Que hubo actos violentos es indudable. Que fuera una campaña diseñada es sencillamente falso como tantas otras cosas. Antes del golpe fascista la derecha de entonces (la CEDA), como el PP de hoy (junto a la FAES, los Jiménez Losantos, Pio Moas, y Césares Vidales), se dedicaba a atizar la violencia fascista amparándose en el “desorden”. Hoy en día el argumento es que “España se destruye” bajo los golpes del separatismo catalán, el terrorismo vasco, y la masonería marxista-leninista del PSOE.

4.- Y ya por último, el que representantes públicos, designados o electos, acudan a tan humillante y provocadora elevación de dichos personajes, es una nueva muestra del tipo de Estado que tenemos: religioso y encima dependiente de toda clase de instancias ajenas. Ahí es donde queda la “soberanía” de España que agita Ángel Acebes cuando se trata de defender la Constitución frente al Estatut. En la Guerra de España contra el fascismo una de las cosas que estuvo en juego fue precisamente la soberanía frente a los poderes fascistas del Eje del Mal de aquel tiempo, o sea el Eje Anti Komintern (Alemania, Italia, Japón).

Como resumen de todo esto podemos sacar la conclusión de que los provocadores siguen con lo suyo, y por lo tanto, nosotros tenemos que seguir con lo nuestro, sin desánimo y con convicción.

La cuestión de la Memoria Histórica no es una tontería pasajera para darnos un gusto por una vez. Es una tarea histórica necesaria que entidades como el Foro por la Memoria y otras han venido realizando con gran esfuerzo y en medio de numerosas dificultades (muchas de ellas procedentes de los amigos de los mártires, y otras sin embargo, de nuestros propios miedos). En esta tarea estamos implicados aquellos que nos organizamos en partidos que sufrieron la represión y personas sin partido que también la sufrieron por sus meras ideas o actividades.

Esos son nuestros mártires y a ellos honraremos con nuestro trabajo actual y futuro.


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