A Dios rogando...

Lunes 4 de abril de 2005 por por GKB

Introducción

Es de reconocer que el Vaticano ha hecho bien su trabajo, ha logrado que cualquier católico o cristiano, ante un ataque al Vaticano, lo interiorice como un ataque directamente contra Dios o su Fe, aunque esto no sea así; estas líneas no pretenden entrar a analizar la existencia o la no existencia de Dios, así como la racionalidad o irracionalidad de la Fe, pretende, de una manera bastante sencilla, analizar el posicionamiento del Vaticano, que no de Dios, sobre distintas cuestiones que entendemos son de importancia para cualquier persona que se considere de izquierdas.

No optaremos por el recurso fácil de echar la vista atrás, hasta los años de la inquisición, ni de hurgar en las miserias de la iglesia, como la violación de menores, las persecución de sus miembros más progresistas, los intereses que se esconden tras cada Papa o el Banco Ambrosiano, o mil cuestiones más. Nos centraremos en cinco encíclicas que se hacen calificar como sociales, y en los cuales, diferentes “santos padres” han tratado diferentes temas.

Vaya como elemento significativo, que el libro en el que se explican varias de estas encíclicas, editado por los talleres tipográficos “Jesús Obrero” de Vitoria, no aparece mención divina alguna, sino una calificación, “resumen ideológico”, que debe por tanto, enmarcarse como una crítica ideológica de gente de una organización como Gazte Komunistak, a un estado que hace política, como el Vaticano.

ÍNDICE

- I. El Vaticano ante sus relaciones con los estados.
- II. El Vaticano ante la lucha por la igualdad de la mujer.
- III. El Vaticano ante el desarrollo sostenible.
- IV. El Vaticano ante los derechos individuales.
- V. El Vaticano ante la lucha de clases.

I. El Vaticano ante sus relaciones con los estados.

Así como los estados marcan en sus constituciones y leyes de carácter superior sus relaciones con diferentes organizaciones de carácter religioso, el estado vaticano, autoerigido representante de los católicos apostólicos romanos, también marca cual es y debe ser el tipo de relaciones que desea que los estados tengan con él.

El modelo de relaciones para un estado que además de llamarse democrático, lo sea, es de laicidad, en el que el estado no se declara de ninguna manera, y la iglesia puede realizar sus acciones con total libertad según los parámetros estipulados por la ley como una asociación privada más.

El Vaticano, ajeno a estas cuestiones, deja bien claro en la encíclica “Divini Redemptoris” cuales son “los deberes del estado cristiano”.

- Ayudar a la iglesia: En primer lugar, ayudar a la iglesia con medios externos (locales, dinero…), y en segundo lugar construir la sociedad cristiana, y combatir al comunismo que quiere destruirla.

- Impedir la propaganda atea: Ya que esta destruye los fundamentos del orden social y niega a Dios, y como ellos mismos afirman posteriormente, si falta el temor de Dios, no hay garantía de conciencia, y sin conciencia no puede sostenerse un contrato cualquier, ni puede tener valor un tratado.

- Proveer al bien común: Para que de esta forma, subsista una sociedad ordenada, ya que si los ricos no aportan al bien común una parte de la riqueza, no puede conservarse el estado.

- Dejar libertad a la iglesia: Ya que si se excluye la religión de los centros de enseñanza, de estudio de la juventud, se fomenta el materialismo del que nacen los principios y las instituciones propias del comunismo.

Por tanto, las ideas base que el Vaticano tiene sobre el deber de un estado, es que primero este se declare como cristiano, esto es, se declare estado confesional, y por lo tanto, del dinero de todos los y las contribuyentes, independientemente de su creencia, un porcentaje vaya a sus arcas para poder mantenerse, subsistir, y por supuesto, salvar al mundo del materialismo ateo y del comunismo, cuya propaganda debe ser impedida, o dicho de otra forma, prohibida.

Debe resaltarse que la iglesia católica, entiende de la misma manera que el liberalismo Ingles del S. XIX la solidaridad, como dejan claro en el segundo punto, esto no debe ser la consecuencia de una concepción igualitaria de la sociedad, no debe darse comida al pobre porque es su derecho, sino llana y sencillamente para que no se queje y ponga en peligro el actual sistema de producción y consumo, no vaya a ser que el pobre se haga comunista, y la “sociedad ordenada” derive en socialismo.

Frente a planteamientos como estos, diferentes estados con aspiraciones democráticas y en mayor o menor medida revolucionarias, sentaron las bases para separarse del estado vaticano, de forma que este no influyera en sus acciones de parte de la oligarquía política y financiera que anteriormente dirigía el estado de espaldas a las masas populares. Con ese ideal, se consagró la constitución de la República a 9 de Diciembre de 1931, en cuyo artículo tercero afirmaba que no había religión oficial ninguna, y en el vigésimo sexto, que todas las confesiones religiosas serán consideradas como asociaciones sometidas a una ley especial, así como sus derechos y deberes, y una única condición para su disolución:

“Quedan disueltas aquellas Ordenes religiosas que estatutariamente impongan, además de los tres votos canónicos, otro especial de obediencia a autoridad distinta de la legítima del Estado. Sus bienes serán nacionalizados y afectados a fines benéficos y docentes.”

En base a este artículo, diversas ordenes como la de los Jesuitas fueron disueltos, como más tarde demostraron, lanzaron a sus miembros y a una parte significativa de sus fieles, a luchar contra el orden social establecido, apoyando un régimen de carácter fascista, que al contrario que el republicano, si que era un buen estado cristiano, que combatía el comunismo y a los que denunciaban la explotación de obreros y campesinos.

II. El Vaticano ante la lucha por la igualdad de la mujer.

No es una gran novedad el afirmar que el estado Vaticano es bastante impermeable ante las ideas de justicia e igualdad para las mujeres, una mujer no puede ser ordenada sacerdote, y por lo tanto, tampoco obispo o arzobispo, eso provoca que el núcleo de poder este siempre en manos de hombres, y se afirmen cosas como las que se hace en la encíclica “Rerum Novarum”:

- El estado no debe entrometerse en la intimidad de los hogares sino es para auxiliar a las familias que estén en extrema necesidad doméstica y proveer en las perturbaciones graves de la paz conyugal

- La naturaleza no tolera que el estado exceda estos límites. Los hijos son algo del padre y se hallan bajo la protección del padre antes de que tengan el uso del libre albedrío.

- Obran contra la justicia natural y destruyen el hogar, los socialistas, cuando hacen intervenir a los poderes públicos para proveer en la familia en lugar de los padres, sea en educación o en materia de de autoridad.

Es significativo que en el segundo punto no se mencione que en los hijos, además del padre, también tiene algo que ver la madre, pero debe entenderse que parten de la concepción patriarcal en la que la mujer queda desplazada a un mero instrumento del hogar, de esa forma, es posible entender que dentro del primer punto, como perturbación grave no se entienda el maltrato, sino el deseo de la mujer de abandonar el hogar como consecuencia del mismo, es por ello que no se desea intervención alguna del estado, como ya nos han repetido muchas veces distintos elementos conservadores con rango de representantes del estado vaticano, el maltrato es algo que debe solucionar la propia pareja, sin optar por el recurso fácil que la separación o el divorcio suponen.

Además de estos extractos, por si no hubiera quedado claro cual es el papel al que queda relegada la mujer, añaden diversos análisis, como por ejemplo este de “Divini Redemptoris”

- [con el comunismo] El matrimonio y la familia es una institución meramente civil y convencional, nacida de un determinado sistema económico. Niega el vínculo matrimonial y su indisolubilidad. Separa a la mujer de la vida doméstica y del cuidado de los hijos para arrastrarla a la vida pública y a la producción colectiva en las mismas condiciones que el hombre.

Véase, que se niega el derecho a romper el vinculo matrimonial, y que se entiende que el deber del hogar y del cuidado de los hijos es una cuestión exclusivamente femenina, así como se considera negativo que la mujer salga a la vida pública y tenga un trabajo, de la misma manera que lo tienen los hombres, podrían preocuparse por la sobreexplotación que las mujeres, por el mero hecho de serlo, sufren en el mercado laboral, prefieren preocuparse porque se encuentren ahí.

En “Quadragesimo Anno” añaden:

- Es justo que el resto de la familia contribuya al sostenimiento común de todos, pero es un crimen abusar de la debilidad infantil y de la debilidad de la mujer.

- Es gravísimo abuso que la madre, a causa de la escasez del salario del padre, se vea obligada a abandonar la casa y la educación de los hijos por un trabajo remunerado fuera del hogar.

Lo cual viene a confirmar que lo anteriormente afirmado en otras encíclicas es la doctrina oficial, y no un planteamiento individual, en todo caso, queda claro a que papel es relegada la mujer en el estado cristiano ideal.

III. El Vaticano ante el desarrollo sostenible.

El concepto de desarrollo sostenible, a pesar de que pudiera parecer bastante abstracto o carente de análisis científico, es bastante fácil de ser explicado, es aquel sistema de producción y consumo que permite satisfacer las necesidades de las generaciones actuales, sin agotar los recursos que pudieran poner en peligro la satisfacción de las generaciones futuras, nos estamos refiriendo por tanto, a un sistema de planificación económico en el que se analice como está el mundo, cual es la inercia que lleva, y cuales son las consecuencias de todo ello, de forma que se puede intervenir positivamente para garantizar la supervivencia de la vida humana.

El Vaticano procedió a posicionarse sobre “el problema de la relación entre el crecimiento de la población, desarrollo económico y disponibilidad de medios de subsistencia” en la encíclica “Mater et Magistra”.

Así, califica como “Visión equivocada del problema”:

- En el plano mundial consideran algunos que la familia humana en pocos decenios llegará a cifras muy elevadas, mientras el desarrollo económico avanzará con ritmo menos elevado.

- Si no se limita el flujo demográfico, la desproporción entre población y medios de subsistencia se dejará sentir agudamente en un futuro no lejano.

- Para evitar esto hay quien estima indispensable recurrir a medidas drásticas para reprimir la natalidad.

Frente a eso, ofrece como elemento positivo, la visión cristiana del problema:

- No se halla en buscar la solución en medios y métodos que ofenden el orden moral y ciegan los manantiales mismos de la vida humana.

- Dios en su bondad y sabiduría ha diseminado en la naturaleza recursos inagotables y ha dado a los hombres inteligencia para que creen los medios e instrumentos idóneos que satisfagan las necesidades y exigencias de la vida.

La verdadera solución (dice la encíclica) se halla en el desarrollo económico y en el progreso social.

- Actuando en conformidad con la dignidad del hombre y con el inmenso valor de la vida en cada uno de los seres humanos.

- Actuando en colaboración a escala mundial que permita y fomente una circulación ordenada y fecunda de útiles conocimientos, de capitales y de hombres.

La triste realidad, por muy equivocada que digan que es la visión de la misma, se obceca en mostrarnos a países empobrecidos con unas tasas de natalidad desorbitadísimas, y con unos niveles de consumo de bienes y servicios básicos por debajo de lo necesario, lo que conlleva la muerte de millones de personas por hambre, falta de agua de calidad, o carencias sanitarias severas. Esto provoca a su vez un uso mucho más impulsivo e irracional de los recursos, generando a su vez un enconamiento de la situación.

El vaticano, nuevamente, vuelve a coincidir con el liberalismo en sus esperanzas, cuando confía en que el desarrollo científico-técnico subsane la situación. Al margen de donde venga el mundo, si de Dios, o de algo material, lo innegable es que los recursos no son inagotables, de hecho, uno de los debates gira en torno a cuanto petróleo queda en el mundo, y por otra parte, como los físicos ya han demostrado, la materia ni se crea ni se destruye, se transforma, por lo que difícilmente podrá el desarrollo crear algo de la nada, a menos claro está, que el mismísimo Dios nos conceda tal honor.

Por tanto, la solución pasa precisamente por aceptar la visión del problema que consideran equivocada, y aportar soluciones reales a corto plazo. Esto conlleva el aportar medios para que sea posible el control de la natalidad, cosa que ya llevan años haciendo los elementos más racionales y progresistas del Vaticano, localizados en Latinoamérica, elementos perseguidos, algunos de ellos hasta la muerte, como numerosos sacerdotes y arzobispos opuestos al imperialismo y a la explotación.

Asimismo, el considerar que el crecimiento económico traerá la solución a cuantos problemas tiene el mundo, es un argumento fácilmente rebatible, precisamente, cuanto más ha crecido la economía mundial, es cuando más conflictos sociales y medioambientales se han dado, precisamente, porque el problema, no radica en la falta de desarrollo, sino en el modelo del mismo, un sistema capitalista que extermina los recursos naturales para generar riqueza para unas pocas personas, abandonando a la lucha por la supervivencia a millones de personas, incluidas las de sus ”sociedades ordenadas”.

IV. El Vaticano ante los derechos individuales

De las misma manera que los liberales, el Vaticano se muestra como el más firme defensor de los derechos individuales, pero quizá, lo prioritario en este punto es matizar que derechos defienden, y para que individuos.

Si analizamos el derecho de las personas a controlar su sexualidad, podremos observar fácilmente como el vaticano se opone, lo mismo sucede si analizamos el derecho a una muerte digna (eutanasia), el derecho al divorcio, el derecho al aborto, el derecho al matrimonio civil entre parejas homosexuales, o el derecho de un/a transexual a ser reconocido/a como sea, y no como fue. En todos estos casos, el vaticano no es defensor de los derechos humanos, básicamente porque no considera esas actitudes como normales (humanas), y por tanto no les confiere reconocimiento de ningún tipo.

Esto en principio, no debería suponer problema alguno, el vaticano, como cualquier otro grupo, puede decir lo que quiera (si ello no va contra la Ley), y adoctrinar a sus acólitos como crea conveniente, será cuestión de los fieles desarrollar un pensamiento propio, o estar sometidos eternamente al del santo padre, en todo caso, es su elección. Pero lo que resulta intolerable para cualquier persona con aspiraciones democráticas, y es donde surge el conflicto, es que el Vaticano o cualquier otro grupo de presión, trate de incidir en el estado para imponer al conjunto de la sociedad su particular y sectaria visión del mundo, así, como hemos analizado en e primer punto, el estado católico debe velar por la fe cristiana, lo que quiere decir que la soberanía en vez de recaer en el pueblo, recae en los representantes del Vaticano en España, por lo que desde el poder se podrá imponer la supresión de ciertos derechos, o la defensa de otros que analizaremos más adelante.

Nos encontramos por tanto, en que el Vaticano no solo no es defensor de los derechos individuales, sino que los ataca directamente, sintiéndose muy ofendido y atacado cuando esos derechos, son legalmente reconocidos como tales.

Lo que significa el reconocimiento de un derecho, es la capacidad de asistirse a él por parte de la población, para poder llevar a cabo una acción determinada, en este caso, el reconocimiento de los mismos, permite a homosexuales casarse, a mujeres abortar, o a gente como Ramón Sanpedro abandonar dignamente esta vida, pero no obliga a las monjas a quedarse embarazadas y a abortar, ni impone a los católicos que se acuesten con gente del mismo sexo, de la misma manera, que tampoco da pie a ir cogiendo a familiares para que se acojan a un programa de eutanasia y así ir recaudando herencias. Por tanto, la existencia de esos derechos no supone ningún ataque, ni ningún recorte en los derechos de los católicos a profesar su religión con total libertad, sino que suponen un avance muy significativo en la libertad y en la democracia para todo el pueblo.

Pero, si el Vaticano no es defensor de estos derechos del individuo, ¿de que derechos es defensor?

Volviendo a las encíclicas, encontramos en la “Rerum Novarum”

- El estado no puede suprimir la propiedad privada, porque más antiguo que el Estado es el hombre, quien recibió de la misma naturaleza antes de que se formase Estado alguno, el derecho de cuidar de su vida y de su cuerpo.

- El uso de todos los siglos consagra la posesión privada como conforme a la naturaleza humana, a la paz y a la convivencia social.

- La propiedad colectiva repugna a los derechos naturales de los individuos, perturba la tranquilidad común y daña a los mismos a quienes se trata de socorrer.

En “Quadragesimo Anno” también tratan la cuestión

- La supresión de la propiedad privada, lejos de favorecer a la clase obrera, constituiría su propia ruina.

- No faltaron los que le calumniaron (a Leon XIII) afirmando que defendió a los ricos.

- El estado no puede agotar la propiedad privada con el exceso de tributo e impuestos.

Como no, también en “Divini Redemptoris”

- El comunismo es un sistema que niega los derechos, la dignidad y la libertad de la persona humana.

Y también en “Mater et Magistra”

- La propiedad privada, incluso la de los bienes instrumentales, es de derecho natural.

Por tanto, podemos afirmar que efectivamente, el Vaticano es un gran defensor de un derecho concreto, el derecho a la propiedad, un derecho que muchos consideramos negativo porque permite la acumulación de riquezas para el beneficio individual, y como su propio nombre indica, priva de su uso, disfrute y aplicación para el beneficio común al resto de la sociedad. Prueba de que la oposición a la propiedad privada también está en el seno de la iglesia católica, sirva este extracto.

- Como no todos los católicos están de acuerdo sobre la mente de León XIII acerca del derecho de propiedad, conviene insistir sobre la verdadera doctrina de la iglesia.

La última frase, se vio puesta en práctica años más tarde, cuando el Papa Juan Pablo I cuestionó el derecho de propiedad el día de su investidura como Papa, muriendo por causa desconocida 34 días mas tarde, o cuando centenares de sacerdotes de Latinoamérica, defensores de la teología de la liberación, fueron excomulgados, resultando alguno de ellos asesinado por el ejercito o grupos paramilitares de extrema derecha íntimamente ligados con burócratas del vaticano.

El Vaticano es un fervoroso defensor de los derechos, en concreto, del derecho a la propiedad, y del derecho a eliminar de su seno o de la sociedad a los elementos más progresistas.

V. El Vaticano ante la lucha de clases.

El Vaticano desde siempre se ha mostrado contrario a la lucha de clases, que ya denomina “odio de clases” en “Rerum Novarum”, esencialmente, considera negativa esta lucha por subvertir el orden social establecido, y por otro motivo, en el que coincide nuevamente con el liberalismo, considera que no existen clases, entiende la sociedad como un todo indivisible, en el que la fraternidad entre hermanos debe priorizar sobre el enfrentamiento de los mismos, a pesar de que unos exploten a otros.

Frente a esto, la doctrina del Vaticano es clara, no se debe explotar demasiado, y los “justos derechos de los hombres del trabajo” deben ser respetados, eso si, sin entrar a analizar en profundidad cuales son esos derechos, acotándolos tan solo en el derecho a una vida digna. Para ello, sostiene que es deber del Estado y de los hombres ricos, el garantizar un mínimo nivel de vida para los hombres del trabajo, ya que así, y solo así, garantizan que no se revelen contra el orden social.

Así por ejemplo, en ”Rerum Novarum” afirma:

- Es difícil determinar derechos y deberes de ricos y proletarios, de los que aportan el capital y de los que ponen el trabajo. Es peligroso, porque es un problema que tuercen intencionadamente los turbulentos para envenenar más la lucha.

- Las desigualdades son convenientes porque la sociedad precisa aptitudes distintas, oficios diversos, de una manera correlativa con las necesidades de los particulares y de la comunidad.

- Al obrero le toca cumplir total y fielmente lo pactado en libertad y según justicia. No dañar al capital ni a la persona de los patronos. Defender sus derechos sin violencia… No promover sediciones ni unirse a hombres malvados.

- No deben soportar más trabajo del que soportan sus fuerzas, sexo y edad.

- Ricos y pobres, hijos del mismo Padre Celestial. Estas doctrinas acortan distancias. Patronos y obreros, hermanos.

- No puede contratarse a un obrero por menos de lo que necesita para vivir frugalmente. Si por la necesidad se viere obligado a aceptar un condición más dura, sería hacerle violencia y contra esa violencia reclama la justicia.

La última afirmación es enormemente significativa, afirman que no se puede pagar menos de lo que se necesita para vivir, ya que como consecuencia de ese acto violento, reclamaría justicia. Resulta curioso que solo sea un acto violento cuando se le paga menos de lo necesario para sobrevivir, cuando se le paga lo estrictamente necesario ya no es violencia, y por otra parte, haciendo el paternalista papel de advertir a los empresarios, que si se pasan, es posible que los “turbulentos” subviertan a las masas contra ellos.

Como todo el mundo sabe, el papel del sindicato es el de representante y defensor de los derechos de los trabajadores, sin duda, quien sea capaz de controlar el sindicato, será capaz de arrastrar hacia un lado de la balanza a una parte significativa de los trabajadores, es por ello, que Juan Pablo II, dedicó en 1981 una sección entera de su encíclica “Laborem Exercens”, a la “importancia de los sindicatos”, entre otras cosas, consideraba a las asociaciones de empresarios como otro tipo de sindicato, y defendía la fraternidad entre los hombres que se encuentran detrás del capital, y los hombres que se encuentran detrás del trabajo, para tal fin, es necesaria la intervención de los sindicatos, que estén más prestos a pactar a paz social, que a defender los derechos de aquellos que dicen representan, para ello, tal y como dice el difunto papa, es esencial que no tengan vínculos con los partidos políticos, así, esa reivindicación, irá perdiendo gradualmente su carácter reivindicativo y de clase para pasar a ser ese instrumento “pacificador”.

“Los sindicatos no tienen carácter de «partidos políticos» que luchan por el poder y no deberían ni siquiera ser sometidos a las decisiones de los partidos políticos o tener vínculos demasiado estrechos con ellos. En efecto, en tal situación ellos pierden fácilmente el contacto con lo que es su cometido específico, que es el de asegurar los justos derechos de los hombres del trabajo en el marco del bien común de la sociedad entera y se convierten en cambio en un instrumento para otras finalidades”

Uno de los instrumentos de lucha de los trabajadores es la Huelga, derecho que si bien reconoce el Vaticano, sólo lo hace en condiciones muy particulares, y se muestra contrario a su uso o su generalización, dado que, volviendo a los argumentos anteriores, es un acto violento, y pone en peligro el orden establecido, nuevamente, resulta curioso, como en Polonia, el sindicato católico burgués solidaridad que luchó contra el socialismo entre otros mecanismos con Huelgas, contó con todo el apoyo de las instituciones Vaticanas, con el autor de esta encíclica a la cabeza, queda, por tanto, demostrado nuevamente, que lo importante no es la Huelga en sí, o que se ponga en peligro un orden establecido, sino cual es el orden imperante, y quien utiliza qué instrumentos con que fines.

Por si acaso las postura del Vaticano respecto al socialismo no hubiera quedado clara, la encíclica “Divini Redemptoris”, dedicada en exclusiva para explicar la “civilización cristiana frente al comunismo ateo”, deja definitivamente clarificada cual es la postura del Vaticano.

- El comunismo es un sistema lleno de errores y sofismas, contrario a la razón y a la revelación divina.

- Un sistema subversivo del orden social porque destruye las bases fundamentales de este.

- Un sistema desconocedor del verdadero origen, de la verdadera naturaleza y del verdadero fin del Estado.

- Un sistema que niega los derechos, la dignidad y la libertad de la persona.

Como se puede observar, no faltan calificativos faltos de análisis y base científica con el fin de atacar al socialismo, mientras que son palabras mucho más suaves las que se dirigen contra el liberalismo; calificándolo de deshumanizador, se le puede convertir en bueno y deseable si se le humaniza un poco, precisamente ahí es donde actúa la doctrina social de la iglesia, su fraternidad hacia el pobre, no hace sino convertir la filantropía burguesa, en un instrumento para continuar atando a la clase trabajadora al yugo del capitalismo con la excusa de la religión, cuyos representantes demuestran ser fieles a la mano que les da de comer.


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