La tragedia de los bienes privados

(Crítica de la tragedia de los bienes comunales)
Domingo 23 de enero de 2005 por por GKB

En 1968, G.Hardin planteó en la revista Science (Págs. 1.243-7) un problema bajo el título de “La tragedia de los bienes comunales” (The Tragedy of the Commons), en él, describía como unos derechos de propiedad que no están bien definidos causan ineficiencias en la economía. El autor nos situaba en un pueblo agrícola que tenía unas tierras comunales, a las cuales, obviamente, los lugareños llevaban el ganado a pastar.

Atendiendo al individualismo del que está impregnada toda esta supuesta tragedia, cada uno de los ganaderos tratará de maximizar su propio beneficio, es por ello que incluirá cuantas vacas calcule que pueden sobrevivir con la reserva de alimentos existente, hasta que la introducción de una vaca más, le reporte beneficios nulos dada la imposibilidad de una correcta alimentación de los animales, lo cual, como es posible imaginarse, influye de manera negativa en la producción.

El agregado de todos estos comportamientos individuales maximizadores, da como resultado una sobreexplotación de los pastos, que no viene a significar más que no hay comida para todas las vacas, o lo que es lo mismo, una ineficiencia.

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Cuadro

Como solución a esta ineficiencia se nos presenta ni más ni menos que la propiedad privada, se sostiene, que asignando derechos de propiedad, el titular de los mismos puede excluirá otros de la utilización de un determinado bien, de forma que se alcance un equilibrio por ausencia de sobreexplotación.

Esta es la representación más gráfica de lo que es realmente la propiedad privada, garante del uso y disfrute de un bien por parte de un particular previa exclusión del resto, ignorando la posible compatibilidad del uso personal con el comunal.

En esta situación, nos encontraríamos efectivamente, con que al ser una única persona la que controla por interés particulares, el número de cabezas de ganado presentes en el terreno, garantizará que no entren más de las que deben, y que por lo tanto, todo sea eficiente, que es el argot utilitarista para calificar lo bueno, o al menos lo deseable.

Pero frenando un poco toda esta cascada de aseveraciones que dan como resultado que se asimile una ideología determinada, nos damos cuenta de que esta “tragedia” y todo el análisis que incluye no está sino subordinado a unos intereses económicos determinados, nuevamente y al contrario de lo que decía Keynes, es el economista el que depende del político, y no es el político el que depende del economista.

Así, analizando en profundidad, vemos que se dejan caer ciertas pistas e ideas base, la que tiene mayor importancia es la siguiente:

“La propiedad comunal genera ineficiencias, mientras que la privada los soluciona”

Se suelta directamente como un axioma sin pararse a analizar que es lo que puede provocarlas, en este ejemplo, se producen porque si bien la propiedad es comunal, se entiende que las personas funcionan de forma independiente, buscando la maximización individual y sin que medie ningún tipo de relación personal entre todos ellos, estamos pues, ante una propiedad en manos de un pueblo con comportamientos autistas.

Los ejemplos históricos de bienes comunales, son muchos y muy variados, y en todos ellos, tanto en los que se dieron en países como la Unión Soviética o Estados Unidos, como los que se dan hoy en día en la Korea socialista, Venezuela o Argentina, hay unas características comunes, y es el sentimiento de colectividad, de pertenencia a un grupo, a una clase, de todos y cada uno los miembros de la comunidad en la que reside la propiedad. Esa conciencia, es la permite que el uso y disfrute de dichos bienes, en este caso un pastizal sean eficientes en el sentido social, lo que significa que se maximice la producción y que dicho recurso no se extinga, de forma que pueda ser utilizado con posterioridad.

Asimismo, existe una mano nada invisible que es la que garantiza que esto sea así, quien se salte los acuerdos del grupo, o realice a mala fe algún tipo de acción que dañe a la colectividad, perderá temporalmente su derecho sobre ese bien comunal.

Por el contrario, es la propiedad privada la máxima generadora de ineficiencias, así, en un estado como el español, nos encontramos con los dos tipos de propiedad, la comunal y la privada, siendo la privada de diferente tipo en el norte y en el sur, dado que en la zona norte priman los propietarios de pequeñas extensiones y en el sur los grandes latifundios.

La pequeña propiedad implica escasa inversión en tecnología, lo que desde luego, supone un atraso, y provoca que la productividad real sea mucho menor que la potencial, asimismo, el propietario se ve abocado a no hacer el barbecho, con lo que las tierras tienden a quedar baldías sino hay un fuerte gasto en abonos y fertilizantes.

Mientras, en la gran propiedad, tiende a ser utilizada una pequeña porción del total, dándose casos como los de Andalucía, donde la señora Duquesa de Alba es propietaria de Olivares en los que no se recoge la oliva, o de tierras muy fértiles a las que no pueden acceder legalmente los jornaleros y campesinos sin tierra.

Obviamente, esto último es obviado por el autor en su problema, ya que no representa a la clase que se quedaría fuera, sino que está de parte de la clase sobre la que recaería la propiedad.

Haciendo una extrapolación de los postulados que se sostienen en su artículo, llegaríamos a la conclusión que nada, ni siquiera el matrimonio (que no es otra cosa que un contrato) podría funcionar de una manera eficiente, y que todo cuanto es de titularidad publica debería ser privatizado, acometiendo el estado una liberalización absoluta que llevara a su propia extinción.

Es muy simple, y de hecho, este mismo criterio ya se está aplicando en la universidad, actualmente, demasiadas vacas queremos estudiar una carrera, y como lo que lo empresarios desean es mano de obra que se limite a tener la cualificación básica para poder desempeñar el trabajo que se le asigne sin que los trabajadores sean capaces de entender demasiado (¡¡añorado siglo XIX!!) , lo que sobra, es la oferta de cultura para los obreros.

Así, mediante la privatización gradual, se aseguran que vayamos desapareciendo de la universidad, y esta vuelva a ser un reducto de la burguesía y de sus ideas reaccionarias, eficiente por tanto desde su perspectiva de clase.

Lo más lamentable de todo, no es sólo que las ideas provenientes de los sectores mas reaccionarios de la guerra fría tengan cabida en los titulares de economía de los periódicos, o en los libros que conforman la perspectiva de análisis de los estudiantes más jóvenes, sino que dichas teorías son defendidas por los mismos que sufren las consecuencias de su aplicación, esa es la verdadera tragedia de los bienes privados.


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