A tortas en el Supremo

Lunes 17 de enero de 2005 por por GKB

El espiritu de las leyes, es la propiedad.
Linguet

Llevamos diez días de bombardeo constante de declaraciones, pataletas, morros, demandas judiciales y exhortaciones a gobierno y oposición conservadora en relación al Plan Ibarretxe, un plan que al fin y al cabo, es más de lo mismo. Mientras, algunos medios informan de las diferencias serias que están teniendo diversos jueces en el Tribunal Supremo en relación a los nombramientos de los nuevos magistrados (o magistradas).

Es sabido que los jueces no pueden profesar militancia política o sindical alguna, es por ello, que se agrupan en torno a asociaciones, en este caso, la divergencia se encuentra entre la asociación de jueces progresistas (Jueces para la Democracia), situados en la órbita del PSOE, y los conservadores (Asociación Profesional de la Magistratura), afines al Partido Popular.

Se puede afirmar por tanto, que quienes están detrás de todo esto son esos dos partidos, y ambos con el claro objetivo de garantizarse la mayoría de magistrados en el Tribunal, y por tanto, el control del mismo.

Una persona que no haya estudiado nada de leyes, y que tiene un conocimiento más bien básico de las mismas, tiende a creer que la ley es la ley, y deja las cosas bastante claras, lo que en ningún momento da lugar a interpretaciones que pudieran inclinar la balanza de la justicia a favor o en contra de una persona o un grupo determinado dependiendo del juez.

Nada más lejos de la realidad, como bien han demostrado en el Tribunal Constitucional, pueden ser aprobadas leyes o llevadas a cabo acciones, que pese a ir en contra de lo que la mayoría entiende que en ese punto dice la constitución, dicho tribunal interpreta como totalmente constitucionales.

Lamentablemente, y pese a que son pocas las ocasiones en las que el Tribunal Supremo se sitúa de parte de los intereses de los trabajadores, cuando lo hace, no tiende a garantizar el cumplimiento de la sentencia, situación que no se da cuando los intereses en peligro, son de alguien que ha tenido algo que ver en que ese magistrado pueda haber llegado a posar el culo en uno de esos sillones.

Nuevamente, los mismos que se erigen en protectores de la Constitución, no dudan en ir en contra de ella si eso les conviene, amparándose en la interpretación que conviene que se haga, lo único que defienden en todo momento son sus intereses de clase.

Y como aprenden rápido, a la hora de redactar el Tratado constitucional europeo, lo han dejado todo bien claro, sin posibilidad de interpretaciones, ellos son los amos, y nosotros sus siervos.


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