Ya llega la Navidad

diciembre de 2004 por por GKB

Cada año, por estas fechas, nos volvemos a encontrar con motivos para una ligera depresión cada vez que la necesidad nos obliga a pasar por las calles más céntricas de nuestros municipios.

Si bien para los niños pequeños es un motivo de ilusión, para los que ya descubrimos que los reyes no vienen precisamente a dejar regalos sino a recogerlos, supone una cierta molestia, que lleva sin duda alguna a la indignación cuando tratas de atravesar una calle atestada de gente que carga con enormes bolsas.

Así, mientras los medios de propaganda nos comentan que el gobierno ha hecho un plan para que se cumpla el protocolo de Kyoto, o más bien, para fijar unos esquemas que desde su teoría deberían cumplir ese acuerdo, las agrupaciones de comerciantes de diversas zonas, o los comercios con gran capacidad económica, adelantan la navidad hasta el mismo 25 de Noviembre y nos bombardean con sus luminosos Zorionak y sus Papá Noeles danzantes, que por supuesto, chuparán electricidad por cuenta del ayuntamiento (o sea, a cargo de los trabajadores, que somos a los que no dejan evadir impuestos) hasta el mes de febrero, resulta, que de 365 días que tiene el año, nos pasamos más de 65 de celebración de una fiesta vaticana, o lo que es lo mismo, casi el 20% del año.

Uno de los problemas es ese, el de plantearse porque en un estado aconfesional se nos obliga a los ateos, agnósticos o creyentes en cualquier otro ente a tener que celebrar las fiestas impuestas a sangre y fuego por un estado extranjero, como es el Vaticano, atendiendo a este precedente, en la celebración del Ramadán o del Yom Kippur, las calles deberían estar igualmente adornadas, en ese caso, numerosos quemabrujas no dudarían un instante en salir a la calle para protestar, y a reivindicar la histórica cristiandad de esta tierra y de este pueblo, por supuesto, sin molestarse en consultarle al pueblo que dicen representar.

Otros muchos, los que se están forrando con todo esto, no dudarían en sonreir y lanzarse a hacer cuentas, pues en todo caso, la navidad, las lucecitas, o los niños jesuses que cantan o cuentan cuentos, no son mas que un reclamo publicitario que le recuerda a la gente que lo importante de todo esto es comprar, el qué, es lo de menos, lo importante es que sea a ellos y en gran cantidad.

Sin duda alguna, la religión vuelve a ser una útil herramienta, fiel a los fines para los que fue creada, esto es, servir al gran capital, defendiendo sus intereses mediante la incidencia de diversas formas en la clase trabajadora.


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