“El hombre y el papa”

Lunes 4 de abril de 2005 por por GKB

Este título tiene una biografía (mejor dicho, una hagiografía) publicada por la eclesiástica Editorial Mensajero de Bilbao en 1982 con motivo de la visita del Papa Juan Pablo II a España.

Es adecuado, no ya porque dicho libro hace la propaganda del personaje desde sus dos aspectos (“humano” y eclesial), sino porque, en efecto, nos interesan ambas cosas.

Muerto el Papa, parece que llega el momento de los balances. Como era previsible, ya estamos inundados por los balances favorables y propagandísticos. Nos permitimos, por ello, entrar en juego desde el otro lado. El lado de los muchos sin voz que no experimentan las sensaciones que parecen universales a juzgar por la televisión, la prensa, etc., sino que experimentan otras distintas.

Respetamos (pero ni comprendemos ni avalamos, desde nuestra posición materialista) el sentimiento religioso. Esto debe decirse de antemano.

Y es que el cargo de Papa, el más importante y con mayor autoridad (no meramente moral sólo) en el catolicismo, es toda una potencia en otros terrenos nada inocentes, alejados de la ideología religiosa y del “poder espiritual”.

No vamos a indagar sin embargo, en los múltiples aspectos oscuros (muy terrenales) del Vaticano: sus inversiones y escándalos como el del Banco Ambrosiano, sus lazos con diversas agencias tenebrosas, el caso de Oscar Arnulfo Romero, etc. Hay bastante literatura al respecto, la cual recomendamos repasar.

Tampoco es éste el lugar para discutir los problemas estrictamente ideológicos de la religión católica (y de todas las demás). Como hemos dicho, nosotros somos materialistas. En esto, no hay punto de contacto con la filosofía idealista y concretamente la religiosa.

Nos interesa sobre todo la vertiente propagandística (ideológica y terrenal) del personaje y su institución.

Hemos visto esa “agonía en directo” del personaje durante un tiempo. La recreación en el “sufrimiento” y el “dolor” del papa viejo, que tanto esfuerzo hace hasta última hora, es un motivo propagandístico evidente que trata de mover a la compasión, dando de paso ejemplo de sacrificio militante de la figura central de esta iglesia, es decir, al fin y al cabo, una suerte de culto a la personalidad (vítores, rezos y danzas rituales incluidos que por lo visto son “emotivos”, buenos y espontáneos, a diferencia de los Congresos comunistas y ese tipo de rigideces marxistas que representan una opresión orquestada). Y aquí no se habla de “gerontocracia”. Eso es para los Brezhnev.

Incluso en el mismo día en que empezamos a escribir esto, cuando se anuncia la administración de la extremaunción a Karol Wojtyla (31 de marzo), se publicaba una “noticia” que ya fue desmentida por los hechos en los años 80: la supuesta conexión búlgara en el atentado a su persona en 1981.

Una coincidencia importante, sin duda. Esta “conexión búlgara” sugería que los servicios búlgaros y el KGB (dirigida por Yuri Andropov en ese momento) habrían montado ese atentado. Como hemos dicho, se puede consultar en libros como los de Noam Chomsky lo infundado de esa “información” atizada por la muy derechista yanqui Claire Sterling que quedó al nivel del betún ya en esa época. En definitiva la propia noticia es una falsificación que da la idea de que se habría confirmado esa “pista búlgara”. Nada más lejos de la realidad: únicamente el gobierno derechista búlgaro ofrece el acceso a archivos de los que dispone. Un portavoz de la Stasi aun hoy ha podido desmentir todo ese montaje: en dichos archivos no se encontrará nada que señale ni a Bulgaria, ni a la Stasi o el KGB. Ali Agca era miembro de una organización derechista turca (lo que no le hace propicio a colaborar con los comunistas, quienes tenían sus propios agentes, pero tampoco indica que este Papa les resultase demasiado progresista). Otro hito propagandístico que viene a culminar la larga carrera anticomunista del personaje “hasta la sepultura”. Pseudoresurrección (¡el sábado 2 de abril!) incluida.

Adicionalmente, al crear con todo esto un clima de “compasión”, se da pie a la valoración de esta persona como “buena”, cuando son conocidas sus fricciones con no pocas partes de su propia Iglesia, dado que representa lo más reaccionario de la misma. Sin ir más lejos su distanciamiento de buena parte de la Iglesia latinoamericana y su posición beligerante en todos los temas de la agenda reaccionaria “pro-vida”, etc., etc., demuestran que es necesario blanquear su figura.

Se nos querrá hacer olvidar, en un torrente de propaganda bienpensante, el papel muy real del Papa Juan Pablo II, que es sumamente negativo en los aspectos políticos y sociales, al favorecer líneas políticas perjudiciales para muchas personas en el mundo. Analizamos parte de la llamada “doctrina social” de la Iglesia en otro artículo paralelo a éste donde tratamos también especialmente la encíclica “Laborem exercens” de Wojtyla y donde se ve la verdadera posición de fondo, de clase, de la Iglesia.

Se repetirán las consabidas consignas acerca de la “paz” y el “bien”. Mariano Rajoy elogiaba la predicación contra la “injusticia económica”, de la que no le hemos oído hablar muy a menudo en su acción política, donde se ocupa de cuestiones más importantes. En última instancia, una “autoridad moral” discutible, por no mencionar el hecho de que obviamente, los no católicos (muchos en el mundo) no tienen porqué ser influidos por el jefe de una Iglesia ajena.

Se mencionará que fue un “obrero” (los obreros son buenos cuando no son comunistas o cuando hacen revoluciones naranjas). Que participó en el Concilio Vaticano II (como mucha gente por otro lado, aparte del hecho de haber dado marcha atrás incluso a las muy moderadas posiciones de ese Concilio). Que escribió poemas (sensible, pues, por cierto que también los escribieron Marx y Mao, por ejemplo).

Este tipo de mecanismos operan con otros personajes como los de la monarquía española, simpáticos e incriticables.

Ya hemos visto reflejada esta maquinaria en un documental emitido por Tele Cinco el 1 de abril, con todos los elementos irracionales para glosar al individuo y su doctrina. Estamos comprobando que se hace hincapié en su papel anticomunista, que es bien conocido (aunque su influencia sobre los acontecimientos no es “de otro mundo” como se podría deducir de los reportajes, sino que es material). Sin duda los sectores más cavernícolas (los Aznar-FAES y compañía) lo harán también, no en vano es un paladín de la libertad junto a Margaret Thatcher y Ronald Reagan, dos amantes de la humanidad que todos conocemos.

Nosotros nos limitaremos a recordar que como Obispo de Cracovia estuvo ciertamente en la primera línea contra el gobierno socialista polaco, bien coordinado con el Papa de entonces (Pablo VI) y otros. No será necesario insistir en la fuerte catolicidad reaccionaria de Polonia, que hizo a este Obispo ideal para el cargo de Papa. El apoyo a Solidaridad, ese “sindicato” teledirigido y sobre todo pagado hasta el día de hoy desde el Vaticano o Radio Free Europe y contando con la curiosa simpatía de los trotskistas de todo el mundo al actuar contra la “burocracia estalinista”, es uno de sus logros “sociales” (que ahora estén cerrados todos los astilleros escenario de esa “lucha por la libertad” ya no importa). La contrarrevolución queda bendecida. A la “demostración” de los ideólogos imperialistas del fracaso del socialismo se le añade el rasgo emotivo sagrado.

Leemos en EL MUNDO del domingo 3 de abril, entre los numerosos elogios en que este periódico se deshace, que Juan Pablo II habría sido nada menos que “avanzado en lo social”. Con esta etiqueta de “social” se venden toda clase de cosas como la Constitución europea que son justamente lo antisocial, y ello contando con la falta de análisis de la mayoría de las personas, que no tienen tiempo o medios (materiales o ideológicos) de verificar el alcance “social” de lo que se le impone.

Con esta serie de elementos que es posible desarrollar mucho más, podemos ver la relación entre el ministerio espiritual del “Vicario de Cristo en la Tierra” y su lado puramente político. El “Papa viajero” y mediático ha sido, estamos de acuerdo, el más político de los últimos tiempos, aunque algunos como León XIII (iniciador de la doctrina social antimarxista) o Pío XII (el Papa pro-nazi) y todos los anteriores en realidad, desde el mismo Jesucristo, tuvieron siempre, y no podía ser de otra manera, ese lado político. Sólo que los cristianos primitivos tenían otras concepciones políticas de tipo igualitario sumamente radical, inconcebible en la Iglesia de hoy.

Hemos analizado otras veces los problemas de la influencia ideológica del imperialismo y sus agencias. En este sentido el papel de Juan Pablo II no puede ser calificado más que de funesto. Esto revela también la función de la estructura jerárquica de la Iglesia. Sabemos que ella encuentra también resistencias, y las valoramos, además son bien visibles en ejemplos que hemos citado antes y muchos otros.

Finalmente, es preocupante la enorme influencia irracional (emotiva) que ejercen la Iglesia y la figura del Papa sobre amplias masas, que ceden a toda clase de emociones dirigidas por ciertas manos de hierro muy conscientes y profesionales, sean jesuitas, del Opus, o de otras asociaciones reaccionarias.

Resulta pues muy complicado e impopular “meterse” con el Papa, personaje tan entrañable y en todo caso líder de la religión católica. Se tocan demasiadas fibras sensibles. Uno es cruel al hacerlo, independientemente de sus motivaciones.

Pero reivindicamos nuestro derecho a un análisis político del tema como en todos los demás casos. No estamos dispuestos a apartar de nuestro campo de análisis semejante problema que afecta a gran parte de la humanidad. Nada nos obliga a ello en rigor. Ni siquiera el hecho de pertenecer a la “humanidad cristiana”.

Es hora de reivindicar, justo en este momento, los derechos no sólo del laicismo (y de la separación Iglesia-Estado, casi inexistente en España), sino también los del ateísmo (que existe y que exige rechazar las consideraciones divinas por infundadas) y los de la humanidad progresista, creyente o no, que no tiene por qué someterse a doctrinas tan discutibles como la de Juan Pablo II, y que tiene derecho a discutir las implicaciones materiales de un papado, tal como hemos indicado someramente en este artículo.


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