Homenajean en Madrid a Jesús Larrañaga

Viernes 30 de enero de 2009 por por GKB
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Jesus Larrañaga, Manuel Asarta, Jesus Karrera y Jose Isasa, fusilados por el franquismo

Juan Ramon Garai
Autor de «Celestino Uriarte. Clandestinidad y Resistencia Comunista»

Los que durante la dictadura franquista les torturaron, les juzgaron, les condenaron a muerte y les fusilaron, una vez llegada la democracia nunca tuvieron que dar cuenta de sus crímenes

Este mes de enero se cumple el aniversario de sus fusilamientos. Los vascos tuvieron un papel muy importante en el Partido Comunista de la posguerra, en la lucha clandestina contra el franquismo: Jesús Larrañaga Churruca, Manuel Asarta Imaz, Jesús Karrera Olaskoaga, José Isasa Olaizola, Jesus Monzon Reparaz, Sebastian Zapirain, Clemente Ruiz, Celestino Uriarte Bedia, Asensio Arriolabengoa Ibabe, todos ellos, vueltos del exilio a la lucha clandestina al interior, excepto Ruiz, detenidos y torturados salvajemente, los cuatro primeros fusilados. Monzón y Zapirain condenados a 30 y 20 años de cárcel y Asensio y Celestino los dos con petición del fiscal de pena de muerte. Se salvaron de una muerte segura, al fugarse de las cárceles de Alcalá y Martutene.

Los mismos días en que eran detenidos Larrañaga, Asarta y demás camaradas en Lisboa, el mes de octubre de 1941, la Delegación del Partido Comunista en Francia enviaba a Jesús Karrera Olaskoaga al interior.

Ejerce de Secretario del Partido en el interior. Torturado en la Dirección General de Seguridad, durante cinco meses, 153 días. Los agentes del Cuerpo General de Policía afectos a la Brigada Político Social de Madrid que participaron en su detención e interrogatorio eran: Bernabé Bachiller García, Salvador Guiu López, Roberto Conesa Escudero, Antonio Fernández Arias y Carlos Martín de Ellacuariaga. Todos ellos cumplían órdenes del comisario jefe de la mencionada brigada, Joaquín Gallego Quirós.

Una vez en la cárcel de Alcalá de Henares se preparó una fuga para él y no pudo participar porque estaba en silla de ruedas. Le habían roto las dos piernas.

La propia policía recoge en los atestados: «A pesar de su sistemática negativa en sus declaraciones...», lo que da muestra de su actitud en la DGS y, por lo tanto, de los tormentos que tuvo que pasar.

Jesús Karrera Olaskoaga estuvo incomunicado en la cárcel durante casi tres meses más. Piden informes a su pueblo natal y el alcalde de Hondarribia afirma que era propagandista de izquierda, y que su conducta moral fue buena.

El juicio se celebra el 19 de septiembre de 1944, en Alcalá de Henares, con el coronel Alfredo Mediavilla Garrido al frente del tribunal. Son condenados a muerte Karrera y Alberto Quesada.

El 15 de enero de 1945, Ignacio Cuervo-Arango y González-Carvajal, auditor jefe de la Asesoría del Ministerio del Ejército, se da por enterado de la pena impuesta y se lo comunica al coronel Enrique Eymar, quien ordena la ejecución de la sentencia.

Jesús Karrera, de profesión albañil y nacido en Hondarribia, es fusilado en Alcalá de Henares a la edad de 33 años, a las 7:00 del día 16 de enero de 1945.

Larrañaga y Asarta, tras ser entregados por la Policía portuguesa el 8 de octubre de 1941 y pasar veinte días en manos de la Brigada Político Social, eran encarcelados en la cárcel de Porlier -Prisión Provincial de Madrid-.

Son procesados el día 19 de enero de 1942 y condenados a pena de muerte por los delitos de adhesión a la rebelión y contra la Ley de Seguridad del Estado.

Varios ex guardias de asalto, en ese momento miembros de la Policía Armada, prestan declaración favorable a Asarta y Larrañaga. Así, Enrique Martínez Lañoz y Jesús Caballero Martínez certifican que «encontrándose en San Sebastián prestando sus servicios en la Compañía de Asalto de aquella guarnición el día que empezó el glorioso Movimiento Nacional, se sublevó con la compañía a favor de la causa nacional, haciéndose fuertes en el hotel María Cristina, después de cuya rendición y al salir del hotel los asaltantes rojos quisieron dar muerte a todos los defensores, siendo el primero en caer el teniente Roldán, en cuyo momento vio a Jesús Larrañaga Churruca a quien conocía de vista, el cual recriminó de forma enérgica a los rojos su conducta diciéndoles que había que respetar a los vencidos, logrando que no se cometieran más crímenes en aquel momento». En el mismo sentido declaran Mariano Bueno Cisneros y Aquilino Merino Barca a favor de Manuel Asarta.

Según un informe de la Comandancia de la Guardia Civil de Guipuzkoa de 4 de diciembre de 1941, Manuel Asarta Imaz era de buena conducta personal, de ideología política izquierdista muy avanzada.

El tribunal militar presidido por el coronel Félix Navajas García no tiene en cuenta las declaraciones atenuantes y les condena a pena de muerte.

El 20 de enero de 1942 les notifican la sentencia y el enterado por el jefe del Estado.

Son fusilados a las siete y media de la mañana del día 21 de enero de 1942, en las inmediaciones del cementerio del Este de Madrid. Larrañaga, de Beasain, tenía 39 años, y Asarta donostiarra, 35.
José Isasa, quien había entrado al interior desde Argentina el año 1944, y había sido jefe guerrillero desde 1945, es detenido el 13 de septiembre de 1946 en Madrid. Hasta el 7 de octubre no sale de la comisaría.

Una vez más, el coronel Eymar es quien les toma declaración. El 23 de diciembre de 1946 un tribunal condenó a muerte a Isasa y Yerandi, y el 14 de enero de 1947 fueron asesinados en la tapias del cementerio de Carabanchel. José Isasa Olaizola, Fermín, donostiarra, tenía 46 años de edad.

Isasa, Larrañaga, Asarta, Karrera y miles de luchadores más lo dieron todo, hasta la vida, por la causa de la libertad de Euskadi, por la República, por una sociedad de personas y pueblos libres.

La aportación de estos hombres y mujeres que persiguieron la nueva sociedad propugnada por el comunismo podría ser, resumiendo mucho, la de haberse erigido en los primeros opositores a la dictadura de Franco.

Los que durante la dictadura franquista les torturaron, les juzgaron, les condenaron a muerte y les fusilaron, una vez llegada la democracia nunca tuvieron que dar cuenta de sus crímenes. Incluso algunos fueron premiados con ascensos.

Artículo aparecido en GARA


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