Volveremos a Sartaguda

Jueves 17 de julio de 2008 por por GKB

El día 19, a Sartaguda

El pasado día 10 de mayo, en Sartaguda, a muchos familiares y amigos de fusilados navarros se nos quedó un sabor agridulce. Por una parte, se inauguraba el Parque de la Memoria con todo lo que supone de reconocimiento y de lugar de encuentro con el pasado para las nuevas generaciones. Por otra, vimos cómo en aras a la “unidad”, se desvirtuaba notablemente el contenido que, durante estos treinta años, ha tenido la lucha por la recuperación de la generación segada en 1936. Por vez primera, en un acto de ese tipo, se impidió que tomaran la palabra sectores de opinión que siempre estuvieron a la cabeza de estas reivindicaciones. Está visto que hasta el más tonto sabe aplicar la Ley de Partidos y dar estocadas al paisano maniatado.

Días antes, los dirigentes del PSOE lo habían dejado claro: tenían un deuda con los fusilados del 36 y tras el acto de Sartaguda “la deuda quedaba saldada”. Y se quedaron tan anchos. De esta forma, venían a decir, con unos cuantos euros de los fondos públicos y cuatro piedras, se lavaba un silencio estrepitoso de 30 años de “democracia”, mucho más injustificables que los 40 años de silencio franquista. En estos 30 años claves, la mitad de ellos con el PSOE en el poder, hemos visto morir sin ningún tipo de reconocimiento ni compensación, a miles de víctimas, familiares y testigos de los hechos. Al mismo tiempo, hemos visto morir felices y reconocidos a los verdugos y responsables de las matanzas, incluso con label democrático. Nadie pagó nada, nadie devolvió nada, a nadie se le compensó nada… pero para algunos “la deuda ya está saldada”. Jamás tanto muerto, tanto dolor y tanto expolio resultaron tan baratos.

Pero lo peor no ha sido este silencio ante tanto hueso sin nombre. Lo peor es que ahora se les trata como si los 3431 asesinados fuera un rebaño de ovejas, pacíficas y angelicales, a las que un día atacó una manada de lobos perversos. Decir, como dicen algunos, que tenían ideales de justicia, de paz o de libertad es no decir nada. ¿Acaso quienes les mataron no decían defender también esos valores? Ni el más fascista se reconoce defensor de la injusticia, la guerra o la opresión.

Lo importante es reconocer cómo aquéllos hombres y mujeres concretaban en Navarra, con sus hechos, aquellos ideales de justicia, paz y libertad. Y eso es lo que no interesa desenterrar. Eso es lo que quisieran ocultar bajo el decorado del Parque de la Memoria. A Sartaguda, el PSOE y sus correveidiles fueron a echar las últimas paladas a los huesos y a sus ideas. La deuda, lejos de saldarse, se ha incrementado,

La inmensa mayoría de los que están en el muro de Sartaguda pertenecían al Frente Popular Navarro. Algunos al nacionalismo vasco. Para ellos, justicia, paz y libertad tenían significados concretos, y en nombre de otra justicia, otra paz y otra libertad fueron borrados físicamente por el franquismo, e ideológicamente por el régimen actual.

Aquéllos era republicanos y no serviles monárquicos. Defendían echar del poder a la derecha Navarra y no mantenerla con sus votos. Defendían la libertad de prensa y de pensamiento y no prohibir partidos ni cerrar medios de comunicación. Abolieron los tribunales especiales y ahora los vemos como pináculo del sistema judicial. Aquéllos abrieron las cárceles y hoy tenemos ya más presos políticos que en el franquismo. Defendían una sociedad laica y con la ley de Confesiones recuperaron todo el patrimonio público de la Iglesia, mientas que hoy sigue vigente la ley franquista que ha permitido a la Iglesia privatizar todo el Patrimonio Navarro. ¿Dónde quedó la disolución de la Guardia Civil, el federalismo, la abolición de la tortura? Todo sigue como lo dejó, atado y bien atado, el 18 de julio.

Y en cuanto a un tema clave, cual es la unidad de las cuatro provincias en un futuro común, el Frente Popular lo dejó tajantemente claro un mes antes del golpe militar de 1936. Encabezados por el presidente de Izquierda Republicana y del Frente Popular, Ramón Bengaray, y por los dirigentes del PSOE, UGT, Partido Comunista, juventudes socialistas, comunistas y republicanas, Acción Republicana y ANV, solicitaron al gobierno progresista de Madrid la incorporación de Navarra al Estatuto Vasco: “La enemiga de esta posibilidad –decía el Frente Popular- procede de las derechas que sistemáticamente han venido boicoteando la formación de Estatutos, que se opusieron al Estatuto Vasco-Navarro, que se han opuesto después al vasco y que ahora quieren dificultar la incorporación de Navarra al estatuto Vasco, que ya en ocasiones anteriores, en principio, acordaron los ayuntamientos navarros”. Lo que unos años antes habían aprobado los ayuntamientos en varias ocasiones era que “El País Vasco integrado por las actuales provincias de Álava, Guipúzcoa, Navarra y Vizcaya constituye una entidad natural y jurídica con personalidad política propia y se le reconoce como tal el derecho a constituirse y regirse por sí mismo como Estado Autónomo dentro de la totalidad del Estado español”.

A la vista de la experiencia de los cinco años republicanos, el Frente Popular Navarro rechazaba un Estatuto Navarro (Amejoramiento diríamos hoy), ya que “este Estatuto aislado vendría a confirmar y afianzar el dominio de las derechas en Navarra… a mantener sojuzgado al pueblo navarro a impedir que el contacto y trabazón con la democracia vasca, diera a las izquierdas de Navarra una mayor representación y fuerza”. Por todo ello pedían al Gobierno que no desamparase a las izquierdas navarras y procurasen “facilitar la entrada de Navarra en el Estatuto Vasco, proporcionando una mayor comunidad de fuerzas de izquierdas y de afanes de democratización social entre las cuatro provincias”. Más claro agua. Algunos de los firmantes de este texto tienen sus nombres grabados en el muro de Sartaguda y desde allí nos lo recuerdan: “las cuentas no están saldadas”.

El próximo día 19 de julio, muchos volveremos a Sartaguda a quitarnos el sabor amargo de la inauguración. No eran ovejas, sino seres pensantes y comprometidos, y sólo manteniendo sus ideales evitaremos el triunfo de sus matones de ayer y de sus enterradores de hoy.

Jose Mari Esparza Zabalegi


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