Eleanor Marx, hija de Karl

Por Adriana Domínguez.
Miércoles 11 de octubre de 2006 por por GKB

Eleanor Marx (1855-1898) fue la hija menor de Karl Marx y la hija putativa de Engels ya que ella le quería como a un padre.

Marx procedía de una familia de la pequeña burguesía, pero su mujer Jenny, la madre de Eleanor, venía de una familia aristocrática, gracias a esto sobrevivían, ya que cuando ella cobraba alguna herencia la familia subsistía un tiempo. Engels a menudo daba dinero a los Marx, este dinero servia para mantener a la familia y que Marx pudiese escribir su obra, dedicarse plenamente a ella sin distracción. Pero como casi todo el dinero que recibía la familia se compartía con gente que necesitaba más, las hijas de Marx pasaron grandes temporadas de embargos, sin clase, sin salir por no tener ropa, pero sus padres se las arreglaban para que estudiasen música, ya que creían que, como no les podrían brindar un gran futuro escolar, al menos destacarían como señoritas educadas.

Eleanor fue una chica brillante, Marx y ella eran inseparables, y desde los 6 años ella escribía y escuchaba a Marx (a quien en casa llamaban “Moro” por su tez oscura) y a Engels (a quien llamaban “El General” por su carácter y conocimientos militares) discutir con el resto de gente del grupo, así que desde que tenía uso de razón se dedicó en toda su alma a la política.

Se casó con un hombre que la trataba muy mal, pero que era buen político, Edward Aveling, al cual, si Marx hubiese llegado a conocer, hubiese desaprobado, como desaprobó a “Lissa” (Prosper-Olivier Lissagaray) hombre que duplicaba la edad de Eleanor, francés y buen comunista, pero de corte arrogante.

La vida con Aveling fue desgraciada, él se aprovechaba de lo poco que Eleanor tenía, era mujeriego y frío, pero ella le amó profundamente, fue muy respetada, pero su vida termino trágicamente, sola, en la habitación de su casa, suicidándose al igual que la mayor parte de su familia.

Eleanor fue una socialista pura que mamó del seno del socialismo, al fin y al cabo… su padre era Karl Marx.

Aunque su nombre sea menos conocido que el de su padre ella luchó mucho por el socialismo, sus ideales eran los mismos que los de su padre, daba mítines en las ciudades, viajaba y trabajaba muchísimo desde muy joven, entraba en las fabricas, se subía a la mesa y hablaba, con una seguridad y una fuerza digna de su apellido, aunque sus otras hermanas no se involucraron en política, o lo hicieron ocasionalmente.

Eleanor creía en el socialismo, vivía, respiraba y se alimentaba de él, y aunque el agotador apellido le pesaba en los hombros se levantaba cada mañana, escribía, pensaba y releía viejos manuscritos, organizaba mítines, manifestaciones… Todo esto con la dificultad añadida de ser mujer, pero con la ventaja de ser Marx, si bien ella nunca se aprovechó del apellido Marx, al contrario que Aveling, su marido, quien se casó con ella prácticamente por firmar al lado de su nombre.

Queremos homenajear aquí a la mujer que luchó, trabajó e hizo suyas las ideas de su padre y nos dio ejemplo al resto de socialistas del mundo.

Aunque poco se la recuerda, trabajó mucho por la lucha de clases, por el socialismo y por los trabajadores.

Lo que sigue es parte de un discurso de Eleanor Marx en una campaña en Manhattan, EE.UU:

“VAMOS A LANZAR TRES BOMBAS A LAS MASAS: INQUIETUD, EDUCACION, ORGANIZACION”

Así comenzó su discurso y siguió:

“A estas alturas ustedes ya habrán comprendido que el socialismo no es exactamente lo que nuestros enemigos y sus empleados de prensa nos presentan. Invariablemente, una de las primeras cosas que ellos dicen es que nosotros, socialistas, queremos abolir la propiedad privada; que no admitimos el “derecho sagrado” de la propiedad. Pero, al contrario, hoy es la clase capitalista la que confisca nuestra propiedad privada. Y es precisamente por que creemos en el "derecho sagrado" sobre lo que ustedes poseen, por lo que aspiramos a que tengan todo lo que hoy se les quita. Vimos en el discurso que hizo antes el doctor Aveling cómo toda la riqueza, todo lo que hoy llamamos capital se produce a partir del trabajo de ustedes. Vemos como, a través del trabajo no remunerado del pueblo una pequeña clase se vuelve cada vez mas rica y como queremos poner un punto y final a eso, aboliendo toda la propiedad privada sobre las tierras, fábricas, minas, redes ferroviarias, etc.; en pocas palabras, de todos los medios de producción y distribución. Pero eso no quiere decir abolir la propiedad privada, eso significa dar la propiedad a los millones y millares que hoy no tienen ninguna, los capitalistas abolieron la "propiedad privada" de la clase trabajadora y nosotros pretendemos que les sea devuelta, sólo eso. Entonces, todos los hombres tendrán el derecho a la "propiedad privada", pues, todos los hombres pertenecerán a una sola clase, la clase de los productores.

“Le han dicho a ustedes que los socialistas no quieren ni ley ni orden. Realmente nosotros no queremos lo que hoy en día dicen que es orden, pues el orden de hoy, es desorden. La anarquía prevalece por doquier. Encontramos hombres millonarios, y hombres que mueren de hambre; mujeres que poseen millones y millones de mujeres que tienen que escoger entre el hambre o la prostitución. Para nosotros, eso no puede ser llamado orden: no nos parece orden que un hombre trabaje diez, once, doce, catorce o incluso mas horas por día y, al final de su vida, no tenga nada No nos parece que sea “orden” que las mujeres tengan que prostituirse. No nos parece que exista “orden” cuando por un lado existen fábricas y depósitos abarrotados con superproducción y, por otro, millares y millares de personas que necesitan de esos mismos artículos que se pudren en las tiendas. Todo esto es desorden, y queremos acabar con eso, y en su lugar instaurar un orden verdadero.

“Ahora, con respecto a la ley, nosotros queremos ley; pero que sea justa, y justa para todos los hombres y mujeres. Y aquellos que gritan que no tenemos ley, ¿respetan las suyas propias por casualidad? No, ellos las desobedecen, incluso esas malas leyes. Leyes hechas por una clase en su propio interés, son desobedecidas por los hombres que las hicieron.”

(Extraído del libro “Eleanor Marx, hija de Karl”, Ediciones Txalaparta pp.75-76.)


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