Ètica i Filosofia en Secundària


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El desarrollo moral de los seres humanos

Autonomía y heteronomía moral

por Àngels Varó Peral | 11/01/2008


Nosotras, las personas, no somos como las hormigas. Nuestro comportamiento no es "específico". Nosotras no caminamos en fila. Es cierto que, a veces, parecemos un ganado de ovejas sumisas, sí. Pero, nosotras somos "individualidades". Cada una de nosotras, tenemos capacidad para actuar segun nuestra "voluntad". Nos pueden manipular, sí. Pero, hasta dónde queramos. Y, ¿por qué? ¿Por qué nosotras no somos como las hormigas? ¿Qué nos diferencia de las abejas? Veamos que nos dice el filósofo vasco Xavier Zubiri

Además, nosotras, las personas, evolucionamos. Cuando teníamos cinco años no éramos como somos ahora. Y, cuando tuvimos doce, tampoco. Pero, ¿cómo evolucionamos? De la heteronomía a la autonomía, nos dicen Jean Piaget, Lawrence Kohlberg i Carol Gilligan. Veamos qué nos tienen que contar.


1. Estructura moral de los seres humanos

Recordemos que la moral se origina en las costumbres o hábitos de comportamiento de una persona o grupo. Así, según nuestras costumbres y comportamientos, vamos construyendo nuestra “manera de ser” a lo largo de nuestra vida. Porque la vida humana es un proyecto, es decir, no está previamente determinada ni definida por algo o alguien ajeno al sujeto que vive. La vida es, pues, un constante “quehacerse”. Y la moral tiene que ver con ese "quehacerse", que está compuesto de actos, hábitos y costumbres y que tiene que ver con proyectos, fines y normas o códigos que orientan de alguna manera nuestra vida.

Cuando hablamos de “moral como estructura”, hablamos de la inevitabilidad de ese “quehacerse”, dada la indeterminación biológica de los seres humanos. Cuando hablamos de “moral como estructura”, pretendemos responder a la pregunta “¿Por qué hay moral?”

Xavier Zubiri reflexionó sobre esta cuestión. Zubiri parte, para su análisis, de la comparación entre el comportamiento animal y el comportamiento humano.

  • En el comportamiento animal predominan las respuestas innatas. Por eso, los animales tienen respuestas “específicas” perfectamente adecuadas a los estímulos del medio. Ejemplos de tales respuestas son: coleccionar y almacenar nueces (las ardillas); construir pequeñas presas (las nutrias); la danza de las abejas para indicar a sus congéneres dónde hay flores; el tejer telarañas; las columnas de hormigas; el nadar de los perros; ir al lugar donde nacieron, después de haber estado varios años en el mar, para desovar (los salmones).
  • Los seres humanos, en cambio, carecemos de comportamientos instintivos (lo más cercano al instinto, en los seres humanos, son los reflejos). Quedamos, pues, en suspenso ante los estímulos del medio, "libres-de" ellos (primera dimensión de libertad). Son nuestra plasticidad cerebral y la aparición de la "inteligencia" las que nos permiten la adaptación al medio y, por tanto, la continuidad de la especie. "Inteligencia" significa aquí que los seres humanos, para subsistir biológicamente, necesitamos "hacernos cargo" de la situación, esto es, habérnoslas con las cosas y con nosotros mismos como "realidad", y no meramente como estímulos. En el comportamiento humano, las respuestas son inespecíficas. Los seres humanos, a diferencia del resto de animales, tenemos que considerar la realidad antes de ejecutar un acto. Esto significa que nos movemos en el ámbito de la posibilidad y de la libertad. Y, a través de la posibilidad y de la libertad, nos abrimos necesariamente al ámbito de las preferencias, esto es, nos vemos forzados a elegir de entre todas las posibilidades una, de acuerdo con un determinado sistema de preferencias. He aquí la segunda dimensión de libertad: libertad no sólo de tener que responder al medio, sino también libertad para preferir según nuestro propio proyecto de vida.

La conclusión que extrae Xavier Zubiri de esta comparación entre el comportamiento animal y el humano es que la moral es constitutivamente humana. No se trata de un ideal, sino de una forzosidad, de una necesidad que viene exigida por las propias estructuras psicobiológicas de los seres humanos. En este sentido, la “moral como estructura” comprende tanto los comportamientos "honestos" como los "deshonestos".

2. Teorías sobre el desarrollo moral


2.1 El cognitivismo de Jean Piaget

Jean Piaget (1896-1980), en El criterio moral en el niño (1932), sostiene que los estadios del desarrollo moral de los individuos se corresponden con los estadios “naturales” (y no meramente culturales) del desarrollo de la capacidad cognitiva (o inteligencia). La hipótesis de la que parte es

"toda moral consiste en un sistema de reglas y la esencia de cualquier moralidad hay que buscarla en el respeto que el individuo adquiere hacia estas reglas".

En este vídeo podemos ver una biografía de Jean Piaget

Este punto de partida, nos dice Piaget, está sólidamente establecido por Kant y por las teorías ambientalistas, pues las divergencias aparecen "sólo cuando se trata de explicar cómo llega la conciencia al respeto por estas reglas" (Piaget, 1932).

El estudio del comportamiento infantil en las actividades lúdicas (el juego de las canicas), le llevó a distinguir dos aspectos: el de "la práctica de las reglas" (el uso de las mismas) y el de la "conciencia de la regla" (la manera en que los niños de diferentes edades se representan el carácter obligatorio -heterónomo o autónomo- de las normas).

En la conciencia de la regla, distinguió tres estadios [1] en el desarrollo moral:

  • Estadio de la regla motriz: la norma todavía no tiene un carácter coercitivo para el niño, es sólo indicativa.
  • Estadio de la regla coercitiva: el niño respeta la norma porque la percibe como algo sagrado e intangible, de origen adulto y de esencia eterna. Por eso no concibe que las normas puedan ser modificadas sin que ello implique una transgresión.
  • Estadio de la regla racional: el niño, como en el estadio anterior, respeta la regla, pero por motivaciones diferentes. Ahora ya no es la creencia en el carácter sagrado de la norma la que le invita a su respeto, sino su fuerza vinculante derivada del consentimiento mutuo. De ahí que pueda concebir que la norma sea modificada siempre y cuando haya acuerdo (consentimiento mutuo).

En estos estadios, Piaget recoge dos tipos de respeto por la regla: el respeto unilateral (la regla es respetada por su origen adulto) y el respeto mutuo o cooperativo (la regla es respetada porque procede del acuerdo entre iguales). Estos dos tipos de respeto se corresponden con dos tipos de comportamiento social: el heterónomo y el autónomo.

La aportación más importante de Piaget consiste en afirmar que la pauta de desarrollo moral va desde la heteronomía o moral de la presión (obligación externa y respeto unilateral) hasta la autonomía o moral de la cooperación (cooperación y respeto mutuo).

"La moral de la presión es la moral del deber puro y la heteronomía: el niño acepta del adulto cierto número de consignas a las que hay que someterse sean cuales sean las circunstancias. El bien es lo que está conforme, el mal lo que no está conforme con estas consignas... Pero al margen de esta moral, y en oposición a ella, se desarrolla poco a poco una moral de cooperación, cuyo principio es la solidaridad y que se apoya especialmente en la autonomía de la conciencia" (Piaget El criterio moral en el niño, pág. 280).

Para Piaget la conciencia moral nace como interiorización heterónoma de las reglas impuestas por la autoridad externa. Su desarrollo moral sigue un curso evolutivo natural hacia la autonomía, paralelo al desarrollo de la inteligencia. Por tanto, los procesos de maduración de las capacidades cognitivas son decisivos para la génesis de la conciencia moral. Ahora bien, las normas morales no son innatas; su génesis y maduración necesitan de las relaciones sociales; más concretamente de la experiencia de la cooperación social entre iguales (respeto mutuo). Pues las reglas sociales basadas en la autoridad dan lugar a una estructura moral heterónoma; mientras que las relaciones cooperativas, que posibilitan la deliberación entre iguales (respeto mutuo), permiten que la conciencia individual desarrolle la moralidad como una bien autónomo y acepte como propias las leyes de la reciprocidad.

Objeciones al cognitivismo de Piaget

  • Piaget descuida los factores motivacionales del juicio moral, al poner el énfasis en los factores cognitivos.
  • No atiende suficientemente a las diferencias individuales (por la clase social, la familia, el modo de convivencia, el género...) en el ritmo del desarrollo moral de los niños.
  • Subestima la riqueza y variabilidad de la personalidad infantil al describir la complejidad del desarrollo cognitivo y moral con tres estadios secuenciales.
  • Concibe el proceso cognitivo moral como unidireccional e irreversible.

2.2 El cognitivismo estructural de Lawrence Kohlberg, Ética de la Justicia.

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Lawrence Kohlberg (1927-1987)

La teoría sobre el desarrollo moral elaborada por Kohlberg pretende superar el esquematismo y la falta de precisión de la de Piaget.

  • Esquematismo, porque reduce a dos los tipos de moral (heterónoma y autónoma), y esto contribuye a desdibujar el carácter evolutivo del desarrollo moral; y
  • Falta de precisión al plantear la correlación entre la maduración moral y el desarrollo intelectual, por un lado, y las relaciones sociales, por el otro.

Kohlberg acepta de Piaget:

  • La existencia de estadios en el desarrollo moral del niño estrechamente relacionados con los estadios del desarrollo del área cognitiva.
  • Que tales etapas:
    • Son universales y regulares, y tienen una base formal-cognitiva.
    • Están estrechamente relacionadas con el desarrollo intelectual, pues forman parte de las sucesivas reestructuraciones que acaecen en el área cognitiva de los niños a medida que incrementan su interacción con el medio.
  • Y que, por encima de las diferencias de clase, sexo y cultura se produce un desarrollo del juicio moral con relación a la justicia y a la intencionalidad, que desmiente las tesis relativistas y las del determinismo ambiental tanto sociológico como antropológico.

Kohlberg inició su investigación en 1955 con una muestra de 50 chicos de clase social media y baja. Su método consiste en explorar la capacidad de emitir juicios morales y forjar valores a través de la presentación de una serie de dilemas morales [2]. Y de aquí extrae sus conclusiones generales, en las cuales posiblemente olvide los componentes más dialógicos de la moral autónoma, para convertirla en una moral monológica e individualista.

En términos generales, al igual que Piaget, Kohlberg sostiene que la génesis y el desarrollo moral del niño atraviesa tres niveles: el preconvencional, el convencional y el postconvencional. Estos tres niveles, cada uno de los cuales está dividido en dos estadios, recogen la filosofía piagetiana de las dos morales, la de la heteronomía y la de la autonomía, aunque con distintos matices.

  • Nivel preconvencional (≈ 0-6 años): El niño muestra una despreocupación absoluta hacia las costumbres y convenciones sociales acordadas.
    • Estadio 1: Su comportamiento está orientado por el castigo y la obediencia
      • Contenido: Lo correcto (lo bueno) es obedecer las normas y a la autoridad para evitar el castigo.
      • Perspectiva social: El niño es egocéntrico. No distingue sus intereses de los ajenos, por eso el criterio para respetar las normas impuestas es el de las consecuencias de su incumplimiento: “Si no..., me castigan”. Confunde la perspectiva de la autoridad con la suya propia.
    • Estadio 2: El comportamiento del niño está orientado por fines individuales (instrumentales o pragmáticos) y por el intercambio.
      • Contenido: Lo correcto es atender los propios intereses y necesidades, permitiendo que los demás hagan lo mismo, mediante acuerdos justos (imparciales) en términos de intercambios concretos.
      • Perspectiva social: Es individualista. Reconoce intereses ajenos que, a veces, entran en conflicto con sus propios intereses. Pero la solución es siempre relativa a las circunstancias concretas, pues no parece existir más allá del aquí y el ahora. “Así me va bien”, “es lo que más me conviene”.
  • Nivel convencional (≈ 7-17 años): El comportamiento del menor-adolescente busca estar de acuerdo con las costumbres sociales.
    • Estadio 3: Su comportamiento está orientado por las expectativas e intenciones, por las relaciones interpersonales mutuas y por la conformidad en las relaciones sociales.
      • Contenido: Lo correcto es desempeñar bien el papel que cada uno tiene asignado como hijo, hermano, amigo, etc. dentro del grupo social correspondiente, ocupándose de los demás y de sus sentimientos, siendo leales a los colegas, y comportándose de acuerdo con las reglas y las expectativas.
      • Perspectiva social: Individuo relacionado con otros individuos. El sujeto ético se juzga por sus relaciones con los demás, hasta el punto de que la bondad se define en términos de los sentimientos compartidos: los acuerdos comunes y las expectativas de los otros llegan a primar sobre los intereses, gustos e inclinaciones personales. Al ser capaz de ponerse en el lugar del otro, el sujeto ético se muestra amable con los demás y valora positivamente la confianza, la lealtad, el respeto mutuo y la gratitud. “Es lo que esperan de mí”. “No quiero defraudar”.
    • Estadio 4: El comportamiento del adolescente está orientado por los sistemas sociales y el mantenimiento de la conciencia.
      • Contenido: Las mismas conductas aprobadas como buenas en el estadio anterior se justifican ahora por su contribución al mantenimiento del orden social y de las instituciones que lo encarnan. Lo correcto es, pues, cumplir con los propios deberes para con la sociedad, respetando el orden social y procurando el bienestar de la sociedad o del grupo. Aparece la conciencia del deber, sostenida ahora por las consecuencias catastróficas que se derivarían si nadie cumpliera sus obligaciones.
      • Perspectiva social: Se diferencia el punto de vista de la sociedad de los acuerdos interpersonales. Se impone la intersubjetividad, pues el sujeto ético define las normas y los roles individuales en términos de la función que desempeñan en el mantenimiento del sistema social. “Si no actuamos así, esto será una catástrofe”.
  • Nivel transicional [3] (aportación tardía de Kohlberg: se trata de un nivel que ya es posconvencional, pero el sujeto ético todavía no posee principios).
    • Estadio 4,5 o del relativismo crítico. El sujeto ético se caracteriza por un escepticismo-relativismo ético extremo y por un egocentrismo moral.
      • Contenido: Las elecciones son personales y subjetivas (se basan en las emociones). La conciencia, los deberes y lo "moralmente correcto" son considerados arbitrarios y relativos.
      • Perspectiva social: Individuo que se independiza de los criterios de su sociedad y toma decisiones propias sin un compromiso con la sociedad. El sujeto ético parece situarse fuera de su propia sociedad, critica su anterior perspectiva conformista como amoral y tiende a tomar sus decisiones por razones que sólo parecen tener una justificación subjetiva y personal. Al no sentirse vinculado por ningún compromiso general con la sociedad, contrae obligaciones personales con pequeños grupos en función de elecciones libres y compromisos propios, sin que ningún principio general le permita juzgar sus propias inconsistencias.
  • Nivel Posconvencional o de Principios (a partir de ≈ 20 años): las decisiones morales se generan a partir de derechos, valores y principios considerados universalmente aceptables a causa de los beneficios sociales y la equidad que reportan. Este nivel tiene un marcado sesgo filosófico. El estadio 5 está construido sobre la base del contractualismo y el estadio 6 sobre el normativismo; ambos pertenecientes a la tradición jurídico-moral del pensamiento occidental.
    • Estadio 5: Se orienta hacia la búsqueda de un contrato social, tiene en cuenta los derechos prioritarios y la utilidad general.
      • Contenido: Lo correcto es respetar los derechos y valores básicos y los contratos legales de una sociedad, aun cuando colisionen con las normas y leyes concretas del grupo. Aunque las reglas de convivencia son relativas y pueden cambiar, algunos derechos prioritarios, como la vida y la libertad, deben mantenerse en toda sociedad por encima de las mayorías coyunturales de opinión. El sujeto ético se siente obligado a obedecer las leyes y a proteger sus derechos y los de los demás sobre la base de que él mismo se siente implicado en un contrato libremente asumido que se justifica racionalmente. El lema utilitarista de "la mayor cantidad de felicidad para el mayor número de personas" fundamenta racionalmente esta decisión cooperativa.
      • Perspectiva social: Individuo racional consciente de los valores y los derechos previos a los vínculos y contratos sociales. El sujeto ético concede la prioridad a la sociedad y se autoconcibe como un individuo racional que ha tomado conciencia de los valores y derechos prioritarios de los compromisos sociales a los que presta asentimiento. Los mecanismos formales de acuerdo y consenso garantizan la imparcialidad en principio, aunque a veces el punto de vista moral y el punto de vista legal entren en conflicto. La dificultad de solucionar estos conflictos mantiene alerta al sujeto ético y debilita su asentimiento a los mecanismos puramente procedimentales. “Hay que respetar los derechos de los demás”.
    • Estadio 6: El comportamiento del sujeto ético está orientado por principios éticos universales (principios de justicia).
      • Contenido: Se reconocen los principios éticos universales que toda la humanidad debe respetar. Las leyes particulares de cada sociedad deben obedecerse porque generalmente son un reflejo de tales principios y valores universales. Pero en caso de conflicto, el sujeto ético se guía por los principios éticos universales, y no por las leyes de su sociedad. La justicia, la igualdad de derechos, las libertades básicas y el respeto a la dignidad de los seres humanos como individuos son los principios que deben guiar las decisiones particulares de toda personal racional, que halla, en su compromiso con ellos, su auténtica justificación como sujeto ético.
      • Perspectiva social: Individuo racional que reconoce la naturaleza de la moralidad y la premisa moral básica del respeto a los demás, como fines, no como medios. (Coincidencia con una de las formulaciones kantianas del imperativo categórico). El sujeto ético se instala en el terreno de la moralidad y juzga los ordenamientos jurídicos y las costumbres sociales por su grado de cumplimiento de los principios éticos que les prestan su apoyo y fundamento. “Esto es lo justo”, “Lo exige la dignidad humana”.

Este modelo de desarrollo moral se caracteriza, según Kohlberg, por:

  • La integración jerárquica de los estadios: los sujetos sólo comprenden el razonamiento moral del propio estadio y de los estadios inferiores. La jerarquía de los estadios se explica porque son seis estructuras que emergen de la interacción del sujeto con su entorno social. Los sucesivos estadios muestran un influjo progresivamente decreciente de la presión del medio sobre el sujeto, desde la compulsión externa que domina el estadio 1, el sistema de intercambios y satisfacción de necesidades del estadio 2, el mantenimiento de expectativas legítimas de los estadios 3 y 4, hasta los ideales o principios éticos generales que dominan los estadios 5 y 6. Todo sugiere que son los sujetos quienes organizan y elaboran de modo cada vez más personal y autónomo el universo sociocultural.
  • La invariabilidad de la secuencia evolutiva, de ahí que considere probada su universalidad e irreversibilidad.
  • Ahora bien, los estadios no forman un modelo acumulativo, sino que se limitan a ser un modelo secuencial. Es más preciso, pues, hablar de "estadio dominante", que cubre al menos el 50% de los juicios emitidos, repartiéndose el resto por los estadios antecedentes y subsiguientes.

Kohlberg concibe la maduración del juicio moral como el resultado de dos factores combinados: el desarrollo de las capacidades cognitivas y la adopción de papeles sociales.

Objeciones a la teoría del desarrollo moral de Kohlberg

La no universalidad del modelo en todas las culturas (etnocentrismo): la falta de base empírica para el estadio 6 ha puesto en duda la universalidad de la teoría [4]. En las investigaciones realizadas en Turquía nadie alcanzaba dicho estadio. Ante tales resultados Kohlberg interpreta que el estadio 6 no es superior jerárquicamente al estadio 5 sino una alternativa de éste.

En este sentido, se ha afirmado que la teoría de Kohlberg presupone que la moral de los hombres blancos, adultos, de una sociedad capitalista altamente desarrollada, es el estadio moral más avanzado para toda la especie humana.

La no universalidad del modelo referido al género (androcentrismo): Dos curiosidades significativas:

  • Kohlberg realizó sus investigaciones sólo con chicos.
  • En numerosos estudios, las mujeres siempre quedaban en el nivel convencional, lo que parecía indicar un “subdesarrollo” moral de las mujeres dado el carácter jerárquico de los estadios.
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Carol Gilligan (n. 1936)

Ante tales curiosidades, su colaboradora Carol Gilligan estudió empíricamente este asunto.

2.3 Ética del cuidado, Carol Gilligan

Para Gilligan el modelo propuesto por Kohlberg hace invisible la autonomía moral de las mujeres. Sus primeras conclusiones aparecieron en un trabajo de 1977 titulado Con una voz diferente:

  • las mujeres, y en general las personas marginadas económica y socialmente, siguen un modelo de desarrollo moral diferente al modelo masculino reflejado por Kohlberg;
  • las categorías morales de las mujeres hacen referencia a variables de tipo afectivo y afiliativo, de modo que su pensamiento moral tiene un "sesgo relacional".

En definitiva, las mujeres y, en general, las personas marginadas enfocarían la moralidad en términos de responsabilidad más que en términos de reciprocidad o deberes legales, posiblemente porque perciben su “yo” fuertemente encadenado a las relaciones con otras personas; de ahí que su lenguaje refleje una ética del cuidado, a diferencia del lenguaje masculino, que refleja una ética de la justicia o moral de principios. Mientras que los hombres se atienen a soluciones morales objetivas y universalizables, las mujeres se guían principalmente por sus vínculos de responsabilidad y de cuidado.

Carol Gilligan propone un modelo de desarrollo moral alternativo y complementario del de Kohlberg:

  • Nivel Preconvencional o Egocéntrico: Atención al “yo” para asegurar la supervivencia.
    • Transición: consideración de este juicio como “egoísta”.
  • Nivel Convencional o de Abnegación: Entendimiento de la conexión entre el “yo” y las otras, mediante el concepto de responsabilidad. Lo bueno es el cuidado a otras personas (o, lo que es lo mismo, posponerse a sí misma).
    • Transición: Análisis del desequilibrio entre autosacrificio y cuidado a otras personas, con la consiguiente reconsideración de la relación entre el “yo” y las demás.
  • Nivel Posconvencional: La responsabilidad del cuidado incluye a la vez al “yo” y a las otras personas. Hay que hacer equilibrios entre cuidarse una misma y cuidar a las demás. (Ética de la justicia y ética del cuidado complementadas).

Para que se produzca la complementariedad entre ambas éticas, Gilligan propone:

  • Fomentar en los chicos la sensibilidad moral de la cual han sido tradicionalmente privados. La educación de los hombres ha estado centrada en la asunción de principios autónomos que no tenían en cuenta las consecuencias de dolor y felicidad a que su aplicación pudiera dar lugar [5].
  • Concienciar a todo el mundo, mediante un proceso de educación moral, de que promover la felicidad propia y ajena es a la vez un derecho y un deber.

En el siguiente vídeo podemos escuchar un extracte de una conferència de Carol Gilligan

Notas

[1Cambios de edad dirigidos estructuralmente

[2Por ejemplo, el dilema de Heinz.

[3Numerosas experiencias sociogenéticas pusieron de manifiesto una anomalía, que recibe el nombre de regresión adolescente. Normalmente, cuando terminan sus estudios medios, los y las estudiantes están en el estadio 4 y algunos han avanzado hasta el 5; pero al iniciar sus estudios universitarios parecen sufrir un retroceso moral, que se caracteriza por un escepticismo relativista acerca del deber y de lo moralmente correcto. Los universitarios entran en una crisis emocional que les conduce a un individualismo moral similar al del estadio 2. Para explicar este fenómeno, Kohlberg introdujo este nivel transicional.

[4El hecho de que ningún sujeto alcance los estadios 5 y 6 antes de los 23 años, que sólo el 25% de los sujetos de las sociedades occidentales accedan al estadio 5, y el 5% al estadio 6, y que en algunas sociedades como las Bahamas, Belice o Turquía no aparezca ni rastro del estadio 6 pone en duda la universalidad del modelo.

[5"La voluntad de sacrificar a las personas en aras de la verdad ha sido siempre el peligro de una ética que no tiene en cuenta la vida". "Este tipo de ética conecta a Gandhi [a quien Gilligan critica por su falta de preocupación por las personas particulares] con el Abraham bíblico, que se dispone a sacrificar la vida de un hijo a fin de demostrar la integridad y supremacía de su fe en dios."


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