Filosofem

Ètica i Filosofia en Secundària

Poder económico, ideológico y político

El Poder

Aproximación conceptual

por filosofem | 28/02/2020

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Lenguas de este artículo: català Español

El poder no es una cosa. Es una relación entre las personas. El poder està per tot arreu; no és que ho englobe tot, sinó que ve de tot arreu (M. Foucault)

 1. Aproximación conceptual

 1.1 El poder como relación. Michael Foucault

Según el filósofo francés Michel Foucault (1926-1984), el poder no es una cosa, ni un ingrediente de las cosas, es una relación social compleja. Decir que el poder no es una cosa significa afirmar que ni en la naturaleza humana ni en nuestras sociedades existe cosa alguna esencialmente idéntica a lo que llamamos poder.

Esta aclaración tiene sentido porque habitualmente en los discursos políticos se utiliza el esquema teórico de la apropiación del poder, como si éste fuera un objeto que se posee o que no se posee. A este modo de entender el poder se opone Foucault afirmando que el poder no es más que "el nombre que se le da a una situación estratégica compleja en una sociedad determinada". La pregunta que debemos contestar no es ¿qué es el poder? sino ¿cómo aparece?, esto es, ¿cómo aparecen las relaciones de poder?

Michael Foucault

La palabra ’poder’ amenaza con introducir varios malentendidos. Malentendidos acerca de su identidad, su forma, su unidad. Por poder no quiero decir el poder, como conjunto de instituciones y aparatos que garantizan la sujeción de los ciudadanos en un estado determinado. Tampoco indico un modo de sujeción que, por oposición a la violencia, tendría la forma de regla. Finalmente, no entiendo por poder un sistema general de dominación ejercida por un elemento o un grupo sobre otro, y cuyos efectos, merced a sucesivas derivaciones, atravesarían el cuerpo social entero. El análisis en términos de poder no debe postular, como datos iniciales, la soberanía del estado, la forma de la ley o la unidad global de una dominación; éstas son más bien formas terminales. Me parece que por poder hay que comprender, primero, la multiplicidad de las relaciones de fuerzas inmanentes y propias del dominio en que se ejercen y son constitutivas de su organización [...]

La condición de posibilidad del poder no debe ser buscada en la existencia primera de un punto central, en un foco único de soberanía del cual irradiarían formas derivadas y descendientes [...]

Omnipresencia del poder: no porque tenga el privilegio de reagruparlo todo bajo su invencible unidad, sino porque se está produciendo a cada instante, en todos los puntos, o más bien en toda relación de un punto con otro. El poder está en todas partes; no es que lo englobe todo, sino que viene de todas partes [...]

Hay que ser nominalista, sin duda: el poder no es una institución, y no es una estructura, no es cierta potencia de la que algunos estarían dotados: es el nombre que se presta a una situación estratégica compleja en una sociedad dada.

Michel Foucault, La historia de la sexualidad. Vol. I La voluntad de saber. (1976)

Las relaciones de poder aparecen cuando se realizan acciones humanas. Todas las prácticas o acciones humanas son relaciones: hablar, trabajar, disfrutar, aprender, obedecer, amar. Ahora bien ¿por qué llamar a estas prácticas relaciones de poder?

El poder es, pues, un tipo de acción de unas personas sobre otras. Esta acción tiene por objeto el comportamiento o la conducta de las personas. El ejercicio del poder consiste al "conducir conductas", al gobernar. Hay relación de poder entre dos fuerzas cuando una gobierna, cuando una dirige el campo de acción de la otra. En efecto, unas personas tienen poder sobre otras cuando las primeras disponen de algún medio o capacidad para influir en las decisiones de las segundas, de forma que éstas hagan lo que por sí solas no harían. Así, se ejerce el poder en el ámbito de la familia (el padre o la madre que impone su voluntad cuando dice: "¡no vuelvas tarde!"), en la educación (cuando la profesora o el profesor consigue hacerse escuchar en clase), en las relaciones de pareja (cuando se satisfacen fundamentalmente los deseos de uno de los miembros de la pareja), en las relaciones de amistad (cuando prevalecen los criterios de una de las partes), en el deporte (cuando el entrenador/a decide quién jugará y en qué posición), en la medicina (cuando el médico/a prescribe una dieta a su paciente), en las empresas (cuando el jefe/a no paga los días no trabajados por causa de la lluvia)... Pero, no olvidemos, que las relaciones de poder son relaciones binarias, es decir, que siempre se trata de una relación entre dos agentes. En ningún caso se puede concebir que un agente anule al otro, porque entonces no hay gobierno, sino sumisión. El gobierno necesita la libertad o la resistencia del otro agente, porque gobernar es una cosa parecida a una estrategia de juego, donde la impotencia total de una de las partes significa la imposibilidad misma del juego. Así entendidas las cosas no hay nada malo en el juego mismo del poder. Foucault sostiene que el poder no es un mal.

Ahora bien, que el poder no sea un mal no quiere decir que no sea un peligro. El poder no es una relación de "todo o nada", sino que se caracteriza por diversos grados de intensidad: su "presión" depende de diferentes variables tales como la coacción, la autoridad, la costumbre, la manipulación, la persuasión o la recompensa. El peligro que incluye la relación de poder reside en la tendencia del juego a obtener una victoria total y absoluta, lo que significaría, como ya hemos dicho, el final del juego. Cuando mediante la violencia, la sumisión o la marginación, uno de los polos de la relación impide totalmente una acción o reacción libre del otro polo, nos encontramos ante una situación o un estado de dominación que hace imposible la propia relación de poder.

Sobre la concepción de ’poder’ podemos verla en este vídeo

El poder. Michel Foucault. Vigilar y castigar. Grupo Akal, 25/26/2019

El brillante polímata Michel Foucault ha ejercido una gran influencia en la filosofía, la psicología, la política y la crítica literaria, además de la sociología. A menudo se le asocia con el estructuralismo y el postestructuralismo, etiquetas que él rechazaba.

Nacido en Poitiers (Francia), Foucault estudió psicología y filosofía en la École Normale Supérieure de París. Durante la década de 1950 ejerció la docencia en Suecia, Polonia y Alemania, y en 1959 obtuvo el doctorado. De 1966 a 1968 fue profesor en Túnez y a su regreso a París fue nombrado director del departamento de filosofía de la Universidad de Vincennes. Dos años después, Foucault fue elegido miembro del Collège de France como profesor de historia de los sistemas de pensamiento. Fue una de las primeras personalidades conocidas fallecidas en Francia a causa del sida, en 1984.

Obras principales

  • 1969 La arqueología del saber.
  • 1975 Vigilar y castigar.
  • 1976–1984 Historia de la sexualidad (cuatro volúmenes)

El poder

La cuestión del poder, ya sea con el objetivo de mantener el orden social o bien de provocar cambios sociales, se ha tratado desde el punto de vista político y económico. Hasta la década de 1960, las teorías sobre el poder se centraban en el poder del Gobierno o del Estado sobre los ciudadanos, o desde una perspectiva marxista, en la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado.

Todas estas teorías tendían a centrarse en el poder a escala macroscópica, ignorando por completo, o en el mejor caso, concediendo una importancia secundaria a las relaciones de poder en el seno de las capas inferiores de la sociedad, por considerarlas una prolongación del ejercicio primario del poder.

Para Michel Foucault, estos enfoques son demasiado simplistas. En las sociedades liberales occidentales de hoy, el poder no lo ejercen solamente el estado o los capitalistas, sino también los individuos y el conjunto de la sociedad, pasando por grupos y organizaciones. En palabras de Foucault, «el poder está en todas partes y viene de todas partes». También rechazaba la concepción tradicional del poder como algo que se puede poseer y blandir como un arma o una herramienta. Según Foucault, esto no es poder, sino la capacidad de ejercerlo, y no se convierte en poder hasta que se actúa. El poder no es algo que alguien tiene, sino algo que se hace a otros, una acción que afecta a las acciones de otros.

Relaciones de poder

En vez de pensar en el poder como una «cosa», Foucault lo ve como una «relación». Para explicar la naturaleza del poder examina las diferentes relaciones de poder que existen en todos los niveles de la sociedad moderna, por ejemplo, entre un individuo y el estado en el que vive, pero también entre empleados y jefes, entre padres e hijos, entre los miembros de organizaciones y grupos, etc. Foucault reconoce que el poder ha sido y sigue siendo la fuerza principal que estructura el orden social y describe también las profundas transformaciones que ha experimentado la naturaleza de las relaciones de poder desde la Edad Media hasta hoy. En la sociedad feudal, el ejercicio del que denomina «poder soberano», como la tortura y las ejecuciones públicas, era el método al que recurrían las autoridades para asegurarse la obediencia de sus súbditos. Con la difusión de las ideas de la Ilustración en Europa, la violencia y la fuerza empezaron a considerarse inhumanas y, sobre todo, ineficaces como medios de ejercer el poder.

Vigilar y castigar

Los castigos físicos fueron sustituidos por un medio de controlar el comportamiento más invasivo: la disciplina. El establecimiento de instituciones tales como cárceles, asilos, hospitales y escuelas caracterizó el paso del concepto meramente punitivo del poder al ejercicio de un poder disciplinario específicamente destinado a impedir determinados comportamientos. Estas instituciones no solo eliminaban la oportunidad de transgresión, sino que constituían un entorno en el que la conducta de los individuos podía ser corregida y regulada, y sobre todo, permitía mantenerlos vigilados y controlados.

Esta noción de vigilancia tiene una especial importancia en la evolución de la manera en que se ejerce el poder en la sociedad moderna. Foucault analiza con detenimiento el funcionamiento del Panóptico, el eficiente diseño de prisión ideado por el filósofo británico Jeremy Bentham, con una torre central desde la que el vigilante puede ver continuamente a los presos, cuyas celdas están iluminadas desde la parte posterior para impedir que sus ocupantes se oculten en rincones sombríos. Al no poder estar nunca seguros de si están siendo observados o no, los reclusos se comportan como si lo estuvieran siempre. El poder ya no se ejerce obligando a las personas por coerción física, sino estableciendo mecanismos que garantizan un comportamiento conforme al deseado.

Regular la conducta

Los mecanismos mediante los que se ejerce el poder, la «tecnología del poder», se han convertido en una parte integrante de la sociedad. En el mundo moderno occidental, las normas sociales no se imponen a la fuerza, ni mediante una autoridad que obliga a actuar de una manera determinada o prohíbe comportarse de un modo diferente, sino mediante el poder que Foucault llama «pastoral», que orienta el comportamiento de los individuos. Cada uno es parte interesada de un complejo sistema de relaciones de poder, operativo a todos los niveles, que regula la conducta de los miembros de una sociedad.

Este tipo de poder omnipresente se ejerce mediante el control de las actitudes, creencias y prácticas de las personas a través del sistema de ideas que Foucault llama «discurso». El sistema de creencias de cualquier sociedad, el conjunto de ideas y conceptos a las que las personas se adhieren, evoluciona a medida que se van aceptando ciertas actitudes hasta que estas se integran en la sociedad y define lo que está bien y lo que está mal, lo que es normal o lo que es desviado. Las personas regulan su comportamiento en función de estas normas, generalmente sin ser conscientes de que es el discurso el que guía su conducta haciendo inconcebibles los pensamientos y las acciones contrarios.

Regímenes discursivos

El discurso se refuerza constantemente, ya que es a la vez un instrumento y un efecto del poder: controla los pensamientos y las conductas, que a su vez modelan el sistema de creencias. Además, al determinar lo que es verdadero y lo que es falso, crea un «régimen de la verdad», un corpus de conocimientos comunes considerados innegables.

Frente a la idea de que «el saber es el poder», Foucault afirmó que ambos están vinculados de una manera más sutil y acuñó la expresión «saber-poder» para designar dicha relación: el saber crea el poder, pero también es producido por este. Hoy en día, el poder se ejerce controlando qué formas de saber son aceptables, presentándolas como verdaderas y excluyendo otras formas de saber. Al mismo tiempo, el saber aceptado, el discurso, se produce de hecho durante el proceso del ejercicio del poder.

A diferencia del poder tradicional, que mueve o fuerza a las personas a comportarse de determinada manera, el saber-poder no tiene un agente o una estructura inmediatamente identificables. Además, al ser omnipresente, parece que nada pueda oponérsele. Foucault señala que, de hecho, la resistencia política y la revolución pueden no ser efectivas para lograr el cambio social porque solamente atacan el poder del estado, no la manera ubicua y cotidiana en que se ejerce el poder hoy.

No obstante, sostiene Foucault, existe una posibilidad de resistencia: la oposición al discurso mismo, que puede ser desafiado por discursos contrarios. El poder que depende del consentimiento deja algún grado de libertad a los sometidos a él. Para que el discurso sea un instrumento del poder, estos deben mantener con él una relación de poder. Si existe esta relación, existe también la posibilidad de resistencia. Sin resistencia, no hay necesidad de ejercer el poder.

El despliegue del poder

Los conceptos de saber-poder y de discurso de Foucault son muy sutiles y fueron rechazados por muchos de sus contemporáneos que los consideraron vagas especulaciones. Sin embargo, sus conferencias y sus escritos suscitaron un gran interés, a pesar de la dificultad conceptual de su pensamiento y de la complejidad de su estilo, a veces enrevesado. Las ideas sobre el poder que expone en Vigilar y castigar e Historia de la sexualidad fueron ganando aceptación entre algunos sociólogos (más que entre historiadores y filósofos) y acabaron influyendo en el análisis de la utilización del discurso en la sociedad como instrumento de poder en ámbitos muy diversos.

El feminismo moderno, la teoría queer y los estudios culturales deben mucho a Foucault, en particular a su explicación de cómo se imponen las normas de comportamiento. Hoy persiste la división de opiniones respecto a sus teorías: para algunos únicamente son vagas conclusiones de un trabajo de investigación falto de rigor; para otros, hacen de Foucault uno de los pensadores más importantes y originales del siglo XX dentro del campo de las ciencias sociales.

Font: El poder. Michel Foucault. Vigilar y castigar. Grupo Akal, 25/26/2019 en la web No cierres los ojos.

Actividad 1: ¿Qué entiende Foucault por ’poder’?

 1.2 La dualidad del poder. Hannah Arendt

En un primer acercamiento al concepto de poder, parece correcto afirmar que se trata de una relación binaria entre agentes (sean personas u organizaciones) que se oponen y que luchan para aumentar y fortalecerse. Dentro de esta idea general de "poder", se puede distinguir entre la potencia o capacidad de los individuos en el dominio de las cosas, es decir, la actividad de los individuos por aumentar su poder en el terreno de las habilidades sobre las cosas y el poder propiamente dicho como ejercicio de dominación de unos individuos sobre otros. Veamos esto un poco más detenidamente. El término "poder" tiene un doble sentido: como capacidad (autoridad) y como dominación (potestad):

  • "Poder" como "ser capaz de", es decir, poseer la capacidad de hacer algo o ejercer influencia sobre alguien en virtud del dominio de un cierto saber. Este significado está unido al de "autoridad" (auctoritas). Se trata de una relación de poder intersubjetiva y ejercida entre iguales, mediada por la palabra y el lenguaje, y destinada a la consecución de un entendimiento racional, de un acuerdo-contrato. El poder es potencia de creación y construcción política.
  • "Poder" como "capacidad de coacción y control", significado unido al de "dominación" (potestas). Es el poder de obligar, reprimir y dominar. La dominación establece desigualdad y jerarquía. entre los individuos. Este poder es casi violencia. Y en la violencia se ejerce una instrumentalización de los demás, de manera que no sólo son desiguales, sino también "medios para". Solo la legitimación haría de este poder una relación de dominación aceptada.

La autoridad tiene dos características que la diferencian de la dominación:

  • La autoridad es indelegable: la fuerza o la dominación pueden delegarse en alguien, pero el prestigio y la influencia debidos a una habilidad reconocida no se puede delegar en quien no la tenga.
  • La autoridad no se ejerce sobre un ámbito territorial específico sino que se extiende allí donde se reconozca efectivamente ese saber. La dominación se ejerce sobre un territorio previamente demarcado.

Por eso, la delegación del poder y la demarcación de un territorio sobre el que el poder se ejerce son características que definen a esa forma relativamente moderna de poder político que llamamos Estado.

La filósofa alemana Hannah Arendt (1906*1975) insiste en marcar la diferencia entre poder como autoridad y poder como potestad (dominación por la fuerza y laviolencia).

La palabra misma [poder], su equivalente griego dynamis, como el latín potencia con sus derivados modernos... indica su carácter de “potencial”. Podríamos decir que el poder es siempre un poder potencial y no una intercambiable, medible y confiable entidad como la fuerza. Mientras que esta es la calidad natural de un individuo viste en aislamiento, el poder surge entre los hombres cuando actúan juntos y desaparece en el momento en que se dispersan. [...]

El único factor material indispensable para la generación de poder es el vivir unido del pueblo [...] Y quienquiera que se aisla y no participa en ese estar unidos, sufre la pérdida de poder y queda impotente, por muy grande que sea su fuerza. [...]

Bajo las condiciones de la vida humana, la única alternativa al poder es la fuerza, que un solo hombre puede ejercer contra sus semejantes y de la que uno o unos pocos cabe que posean el monopolio al hacerse con los medios de la violencia. Pero si bien la violencia es capaz de destruir al poder, nunca puede convertirse en su sustituto. De ahí resulta la no infrecuente combinación política de fuerza y carencia de poder. [...] ya que el poder humano corresponde a la condición de pluralidad (la pluralidad humana, condición fundamental de la acción y de la palabra, tiene el doble carácter de la igualdad y de la distinción) [...] por la misma razón el poder puede dividirse sin aminorarlo [...] La fuerza, por el contrario, es indivisible.

El poder sólo es realidad donde palabra y acto no se han separado, donde las palabras no están vacías y los hechos no son brutales, donde las palabras no se emplean para velar intenciones sino para descubrir realidades, y los actos no se usan para violar y destruir, sino para establecer relaciones y crear nuevas realidades.

H. Arendt La condició humana

La ambigüedad del poder. Algunas teorías filosóficas han hecho de esta distinción entre autoridad y potestad el fundamento de una ética que considera que es posible el aumento de la capacidad sobre las cosas (autoridad) desvinculada de un ejercicio del poder de unas personas sobre otras (dominación) y que, por tanto, valora positivamente el poder entendido como autoridad y condena el poder entendido como dominación. Sin embargo, Foucault afirma que sólo se pueden separar nominalmente ambas entidades. Todas las relaciones son relaciones de poder, es decir, no puede darse un aumento de la potencia o de la capacidad (de la autoridad) si no es en el seno de relaciones desiguales entre fuerzas humanas que buscan determinarse o dominarse.

Hannah Arendt sobre la violencia política y la condición humana de Eloy A. Gómez Motos. Iberoamérica Social.

¿Está el ser humano actual cada vez más limitado? Si el concepto de “acción” parece central para Arendt a la hora de hablar de la naturaleza y la condición humana, entonces sus expresiones más extremas, tales como la violencia, no podían quedar sin estudiar por esta autora (más aún tras la experiencia traumática de la II Guerra Mundial).

Hild señala que Arendt, en su libro On Violence, estudia igualmente la profunda y trascendental relación entre poder y violencia:

Si concebimos el poder en términos de mando y obediencia, de dominación del hombre por el hombre, entonces la autoridad, la fuerza o la violencia no podrán aparecer sino como formas más o menos feroces de garantizarlo.

A este ya archiconocido y probado argumento, Arendt da un nuevo giro, afirmando algo así como que, si el poder se sostiene, es gracias al pueblo (o la pluralidad). De esta forma, para derrocar el poder bastaría el hecho de que la gente dejase de sostener dicho poder. Así, Arendt entiende el poder en términos de obediencia, desuniéndolo del tradicional rol de dominación.

(…) el poder corresponde a la capacidad humana (…) de actuar concertadamente”, “pertenece a un grupo, y sigue existiendo sólo mientras el grupo se mantiene como tal».

La autoridad, por su parte, consiste en las minorías en las que la pluralidad delega su propio poder, mientras que la violencia no tendría sino un carácter instrumental en todo ello (en la relación entre autoridad, poder y pluralidad). Tanto la autoridad como la violencia institucional necesitan la permisividad del vulgo o la pluralidad.

Si concebimos el poder como aquello que se sostiene sobre el consentimiento, es fácil entender que la dominación por medio de la violencia puede ser un sustituto del poder, pero nunca uno de sus medios: es allá donde el poder no es posible —donde no se dispone del acuerdo del número— que la violencia aparece como un medio para el gobernante y, en ese sentido, “la tiranía, como lo descubriera Montesquieu, es por ende la forma de gobierno más violenta y menos poderosa” (Arendt).

El poder es la noción misma de la acción de la pluralidad, mientras que la violencia es algo extrínseco a todo ello. En cualquier caso, Arendt tiene claro que el poder no engendra violencia, sino que la violencia es una forma de acción humana (una de tantas).

Ahora bien: La violencia es una forma de acción humana exenta de palabras y racionalidad. Es, por tanto, una forma de acción sin motivo ni discurso.

La condición humana según Hannah Arendt

A continuación paso a transcribir otro interesante texto sobre Hannah Arendt (reseñado en la bibliografía). Más en concreto, me centro en el libro “La Condición Humana”, aunque las palabras que vienen a continuación no son mías ni de Arendt, sino de Pérez Flores. Lo incluyo porque del mismo se pueden sacar múltiples y variadas conclusiones.

Arendt distingue sobre el concepto de “condición humana”, el cual la lleva a pensar en que “naturaleza humana” y “condición humana” no son lo mismo. Por “condición humana”, afirma que ni la más rigurosa enumeración de las actividades constituyen características esenciales de la existencia humana. Para Arendt, ni siquiera el trabajo define la condición de ser humano.

Para examinar la “naturaleza humana” Arendt acude a San Agustín de Hipona, quien resume que, a pesar de que el sujeto humano es capaz de definir las esencias de las cosas naturales, es dudoso que posea una respuesta sobre sí mismo.

Dos interrogantes que llegan a ser un problema para Arendt son, “¿Quién soy?” Y “¿Qué soy?”. La primera respuesta es asumida por el ser humano, el cual busca evadirse con la respuesta: Un ser humano. Al segundo interrogante, la respuesta es inabordable por medio de razón humana. Arendt piensa que sólo un dios puede conocer y definir la naturaleza humana y responder la pregunta “¿Qué es el hombre?”

Hannah Arendt es de suma importancia para superar la violencia en la vida política. Esta no puede verse aislada de la pluridimensionalidad del ser humano. Emite igualmente juicios sobre las ideas de Darwin, que muestran desprecio al afirmar: “pero aún existen otras indicaciones más peligrosas de que el hombre desee y esté a punto de evolucionar en esa especie animal de la que procede”.

La vida debe ser valorada en todas sus expresiones y en toda su pluridimensionalidad; y la política, así como las demás condiciones humanas, también deben enmarcarse en este ámbito.

Si bien la propuesta de Arendt es de suma importancia y sus análisis han de servir para señalar el camino para superar la violencia en la vida política de los seres humanos, ya que ella entiende la política como superación de la violencia mediante la generación del poder que se produce en la acción de los seres humanos en conjunto, ésta no puede verse aislada de la pluridimensionalidad del ser humano. Con lo cual, nos encontramos con una cierta contradicción, sólo salvable con el hecho de aceptar esa pluridimensionalidad y/o diferencia entre los seres humanos.

Otra de las carencias que posee la concepción de la pensadora Arendt es lo poco desarrollado del concepto de biología humana de la que hace alarde. Si bien es cierto, que en su análisis parte de la “labor” (el trabajo), y postula que ésta tiene que ver con la biología humana y termina su evaluación histórica encontrando que la vida aparece “como bien supremo”, su idea de la biología es muy pobre y podría ubicarse en la concepción griega, medieval o a lo sumo pre-moderna de ésta.

Arendt emite juicios sobre las ideas de Darwin que muestran un serio desprecio de la idea de evolución al afirmar que: “pero aún existen otras indicaciones más peligrosas de que el hombre desee y esté a punto de evolucionar en esa especie animal de la que, desde Darwin, imagina que procede”. En este sentido, no es que critique la “teoría de la evolución” en sí, sino sus posibles usos perniciosos.

Reflexión final

La crítica a las ideas de Darwin habría que encuadrarla más bien dentro de una crítica feroz al régimen nazi y al Holocausto (Arendt era de origen judío, aunque mantuvo un intenso romance antes de la guerra con uno de los colaboradores del régimen –mucho antes de que este ingresase en el partido nazi- Martin Heidegger). Los nazis basaban buena parte de sus postulados en conceptos heredados de la teoría darwiniana, convenientemente alterados e incomprendidos, provenientes de pseudociencias como por ejemplo la eugenesia, que propugnaba la eliminación sistemática de todos aquellos humanos considerados inferiores, de las cuales Hitler se declaraba un firme defensor y seguidor. Es en este contexto en el que habría que entender la crítica de a la teoría de la evolución, así como el “elogio” a la diferencia a la que alude Arendt.

La vida debe ser valorada en todas sus expresiones y en toda su pluridimensionalidad; y la política, así como las demás condiciones humanas, deben ser valoradas en la medida en que éstas promuevan y coadyuven a la vida en toda la plenitud, que suscite a la condición humana a superarse a sí misma.

Hannah Arendt sobre la violencia política y la condición humana de Eloy A. Gómez Motos, publicado el 6/08/2017 en la web Iberoamérica Social

Bibliografía

Actividad 2: ¿Qué entiende Arendt por "poder"?

 2. Tipos de Poder

En las relaciones sociales, el poder puede manifestarse como poder económico, ideológico y político.

 2.1 Poder económico

Hemos definido el poder como una relación binaria entre agentes (sean personas u organizaciones) que se oponen y luchan para aumentar y fortalecerse. Y también como un modo de acción de unas personas sobre otras que consiste al "conducir conductas", en gobernar. Los agentes, en las relaciones de poder del ámbito económico, son: la burguesía y la clase trabajadora. En estas relaciones de poder, las personas propietarias de los medios de producción (burguesía) condicionan el comportamiento de las que solo poseen su fuerza de trabajo para sobrevivir (clase trabajadora), al obligarlas a realizar acciones que por ellas mismas no harían. Pero no olvidemos que estas últimas también pueden ejercer acciones de poder o, lo que es el mismo, acciones de resistencia.

En el ámbito económico, las decisiones relativas a precios, salarios, dividendos, inversiones... condicionan en gran medida el comportamiento cotidiano de la mayoría de las personas. Estas decisiones son tomadas por el empresariado (contratos de trabajo, “flexibilidad del mercado laboral...), la banca (otorga o deniega créditos, sube o baja intereses...), las sociedades anónimas (deciden invertir en un lugar o en otro; o bien, retirar sus inversiones si no hay mi de obra barata), la bolsa...

En cuanto al ámbito del consumismo, Albert Otto Hirschman (n. 1915), economista alemán, formado en los EE. UU., discrepa del enfoque dominante en teoría económica pues supone que los bienes (productos o servicios) son homogéneos y que la única diferencia importante entre ellos es el precio. Hirschman realizó un análisis de la demanda en base a cambios en la calidad de los productos, y planteó que los y las consumidoras (tanto de corderos y servicios de la economía, como de servicios de las asociaciones, sindicatos, partidos, servicios estatales, etc.) reaccionarán ante la sensación de movimientos de la calidad con la salida o la voz. E hizo notar a las empresas, las organizaciones y los estados que pueden verse afectadas por los comportamientos de la ciudadanía. Hirschman propone que nos asociemos en organizaciones y cooperativas para exigir del Estado los derechos vulnerados.

La idea básica es la siguiente: si la calidad del producto o del servicio no nos satisface, tenemos dos opciones individuales o colectivas para llamar la atención en cuanto a las deficiencias y las carencias en los productos o servicios ofrecidos por las empresas y las organizaciones: la salida o la voz (protesta).

  • Salida: los y las consumidoras, cuando mengua la calidad del producto o del servicio, se saldrán de donde consumen o no volverán a entrar y, por lo tanto, las empresas o las organizaciones sentirán que algo pasa y optarán por mejorar nuevamente la calidad de los productos o servicios. La “salida” tiene a menudo efectos contraproducentes dado que no transmite información sobre las causas que producen la insatisfacción.
  • Voz: Pero hay de empresas y organismos donde la salida no tendrá efectos bien porque sus ingresos no bajan, bien porque se trata de monopolios estatales de donde los y las consumidoras no se pueden salir, entonces los y las consumidoras optarán por la voz. De este modo informan a las empresas u organizaciones de su disconformidad por el descenso en la calidad del producto o del servicio. La “voz” será ejercitada con especial energía y dedicación por quien mantengan una cierta “lealtad” con la empresa u organización que ofrece el producto o servicio.

La existencia de la “lealtad” la presenta como un mecanismo que hace que los y las consumidoras optan primero por la voz para cambiar la empresa, la organización o la institución a la que son leales, y dejan la salida como última opción.

Según Hirschman, las empresas y organizaciones que reaccionan ante ambas vías son, mayoritariamente, las organizaciones competitivas que buscan mejorar continuamente y buscan la comunicación entre los y las clientas. Las empresas y los organismos que no reaccionan ante ninguna vía son los grupos a los que no los interesa ni lo más mínimo saber qué piensan o creen sus clientas. Entre estos dos extremos hay varias posibilidades de reacciones por parte de las empresas u organizaciones.

Actividad 3: Busca tres noticias en la prensa sobre relaciones de poder económico. Describe cómo se produce la relación de poder entre los dos polos implicados. Aquí os dejo algunas noticias:

 2.2 Poder ideológico

El poder ideológico se manifiesta en la influencia que tienen las ideas de un grupo, de una institución, de un movimiento cultural, social, político o religioso sobre los asuntos sociales y políticos en el comportamiento de quienes las escuchan. Las personas actuamos guiadas por la información recibida y aceptada (científica, religiosa o ética), acciones que, de otro modo no haríamos o las haríamos por razones diferentes.

Las ideas de la clase dominante son, en cada época, las ideas dominantes (...) Cada nueva clase que se coloca en el lugar de una clase gobernante anterior, se ve obligada para alcanzar sus metas a presentar sus propios intereses como si fueran los intereses comunes de todos los miembros de la sociedad, es decir, a expresarlos de una forma ideal: esta clase tiene que dar a sus ideas la forma de la universalidad y representarlas como las únicas ideas racionales, universalmente válidas. (Karl Marx La ideología alemana)

El poder económico se asocia a grupos ideológicos concretos para inducir en la opinión pública determinadas ideas y aumentar así su capacidad de presión. Por ejemplo, grupos bancarios y grandes empresas adquieren medios de comunicación (prensa, radio, TV) y subvencionan investigaciones para crear estados de opinión favorables a sus intereses.

 2.2.1 Ideología

En general, por ideologías entendemos el sistema de ideas, creencias, juicios de valor, actitudes y opciones respecto a fines y objetivos, que se halla en el fondo y que a la vez es el origen, de las opiniones, decisiones y actuaciones que los individuos adoptan en los asuntos sociales y políticos.

Algunas de las ideologías de nuestra cultura son: el totalitarismo, el liberalismo, el socialismo, el androcentrismo, el feminismo, el ecologismo...

 2.2.1.1 Totalitarismo

Sistema político en el que un partido único de masas, dirigido por un líder, generalmente, carismático, aspira al control y a la dirección total de un Estado. El poder se sustenta en una evidente y fuerte manipulación ideológica. La desobediencia es perseguida y reprimida de forma contundente por un sistema policial muy desarrollado. El concepto de totalitarismo apareció en la historia con Mussolini cuando reafirmó que el eje del sistema político estaría en el Estado y no en el individuo1.

Características:

  • El fin del Estado: la perpetuación en el poder.
  • El fin justifica los medios: el interés “colectivo” (que casi nunca coincide con el interés de la mayoría, sino con el de la clase o el grupo que detenta el poder) justifica cualquier medio o procedimiento para conseguir perpetuarse en el poder.
  • Control estatal de todos los ámbitos vitales. Sobre todo de la información y del conocimiento.
  • Ausencia de libertades individuales: el interés del Estado suele ser sinónimo de ausencia de libertades individuales, pues éstas (libertad de expresión, de asociación...) pueden hacer peligrar su perpetuación. Por esta razón, el totalitarismo aprueba aplastar cualquier atisbo de iniciativa individual, y también limitar drásticamente aquellas libertades individuales que puedan favorecer la aparición de opiniones divergentes y desestabilizadoras.
  • Infantilización de la población: no interesan una ciudadanía crítica y autónoma, sino sumisa y dependiente.

 2.2.1.2 Liberalismo

El liberalismo es la teoría política y económica que prima el principio de la libertad individual. Esto supone afirmar la autonomía del individuo para seguir reglas racionales. De esta manera defiende que el locus de la libertad es el individuo, por encima del Estado y de la colectividad.

La teoría política liberal surgió durante los siglos XVII y XVIII. Arranca de las tesis de John Locke (1632-1704), Montesquieu (1689-1755) y Adam Smith (1723-1790), entre otros. Sus motivaciones iniciales fueron:

  • oponerse al absolutismo,
  • defender la necesidad de la separación de la Iglesia y el Estado
  • hacer efectiva la exigencia de igualdad de todos los hombres ante la ley, y -
    proponer la promulgación de leyes que limitaran el poder de los gobernantes.

De aquí que esta teoría política se caracterice por:

  • Separación entre sociedad civil y Estado.
  • El Estado no tiene que intervenir en el desarrollo de la sociedad civil. Es por esto que hay que ponerle límites al poder del Estado. Así, el liberalismo:
    • establecerá una separación entre los diversos poderes en el Estado;
    • expresará la voz de la soberanía popular con elecciones y lo organizará en un Parlamento (es decir, el poder legislativo será elegido por los ciudadanos);
    • los gobernantes tendrán que estar sometidos a la misma legislación que el resto de la ciudadanía (de acuerdo con el principio de “igualdad ante la ley”).
  • La sociedad civil surge para dar satisfacción a los intereses de los individuos. Pero dado que los intereses de los individuos pueden entrar en conflicto se hace necesaria una instancia que armonice estos intereses, de aquí surge el Estado. La función del Estado es, pues, armonizar los intereses de los diversos individuos, y no, la búsqueda de la justicia o del bien común.
  • Dado que el poder proviene del pueblo, este tiene siempre el derecho a rebelarse contra la tiranía y contra cualquier político que atraviese los límites del poder.

La teoría política liberal fue completada por una teoría económica liberal, desarrollada, en sus inicios, por Adam Smith. Smith se centra en defender la libertad del mercado (libertad para comprar y vender, libertad para la contratación y despido de trabajadores/as), y la reducción al mínimo de la intervención del Estado en los asuntos económicos (su lema es "laissez faire, laissez passer"). Adam Smith y sus seguidores estaban convencidos de que la libertad de los individuos para defender sus intereses egoístas (los trabajadores trabajarán para quién les pague mejor, los compradores comprarán los productos más baratos y/o de más calidad, y los empresarios y comerciantes buscarán tener el máximo beneficios posible) llevaría por sí sola a un progreso continuado, y a un equilibrio en cuanto al reparto de la riqueza. Tal y como si una mano invisible dirigiera el progreso económico. Adam Smith consideraba que las leyes del mercado y el libre comercio regularían de forma automática la cooperación entre los hombres, por lo que abogó por una mínima intervención del Estado sobre los asuntos económicos. En sus variantes más conservadoras, el liberalismo económico ha propendido a despreciar las diferencias concretas en cuanto al punto de partida de los individuos, bajo la demagogia de considerar que todos los hombres son iguales según el derecho, pero sin tener en cuenta que, de hecho, el punto de partida es desigual. Esto es así, porque lo que busca el liberalismo no es más que la perpetuación de los privilegios de las clases dominantes (es decir, la perpetuación en el poder de la burguesía). Este es el núcleo de la crítica marxista a los aspectos económicos e ideológicos del liberalismo.

A raíz de esta crítica, y en el contexto de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y de la revolución bolchevique (1917) y, posteriormente, a causa de la crisis del sistema bursátil de los años treinta (crac de 1929), John M. Keynes (1883-1946) propuso la necesidad de la intervención del Estado para corregir las desigualdad socioeconómicas generadas por el capitalismo (estado de bienestar). Recientemente, el liberalismo político y económico ha resurgido con fuerza con el nombre de “neoliberalismo” o globalización. Este nuevo liberalismo defiende la primacía de la libertad sobre la igualdad, y de los derechos individuales sobre los colectivos. Según la Viquipèdia, las ideas fundamentales del neoliberalismo sueño:

  • La economía se tiene que regular por la ley del libre-mercado.
  • La regulación del mercado de trabajo desde cualquier otro organismo que no sean las propias empresas es intrínsecamente negativa puesto que impide llegar al salario de equilibrio.
  • El estado no tiene que intervenir en la regulación del comercio exterior ni en los mercados financieros. La libre circulación de capitales garantiza la asignación más eficiente de los recursos a nivel internacional.
  • El déficit público es perjudicial para la economía puesto que absorbe ahorro privado, hace aumentar los tipos de interés y hace disminuir la inversión privada.
  • La protección social garantizada por el estado del bienestar y las políticas redistributivas son negativas para el desarrollo económico.
  • El estado no tiene que competir con la iniciativa privada. Todos aquellos servicios que puedan ser ofrecidos por el sector privado tienen que ser privatizados.

A menudo el neoliberalismo es criticado por injusto dado que enmascara un sistema social insolidario, donde la libertad solo es real cuando el dinero la puede hacer efectiva, por lo tanto solo la clase social privilegiada puede ejercer la libertad.

 2.2.1.3 Socialismo

Puede ser definido como un movimiento social (teórico y práctico) que lucha contra las desigualdades económicas surgidas como consecuencia del liberalismo económico2 (el capitalismo). Con palabras de August Bebel en Die Frau und der Sozialismus, el socialismo pretende:

La organización de la sociedad de tal forma que cualquier individuo, hombre o mujer, se encuentre al nacer una igualdad de medios para el desarrollo de sus facultades respectivas y para la utilización de su trabajo. La organización de la sociedad de tal forma que la explotación por una persona del trabajo de su vecino sea imposible, y donde todo el mundo pueda disfrutar de la riqueza social únicamente de acuerdo con su contribución a la producción de aquella riqueza.

Dentro del socialismo podemos distinguir tres grandes corrientes: el anarquismo, el socialismo utópico y el comunismo.

2.2.1.3.1 Anarquismo

El anarquismo rechaza la estructuración política de una sociedad, toda norma política que proceda de arriba y, sobre todo, la necesidad de un Estado para garantizar el orden y la libertad de una sociedad. Nace como movimiento político en el s. XIX, pero sus primeras justificaciones teóricas aparecen en Ensayo sobre justicia política (1793) de William Godwin (1756-1836), donde el escritor político inglés rechaza la injusticia que proviene del Estado y la desigualdad que es efecto de la propiedad privada. En el desarrollo histórico del anarquismo aparecen tendencias divergentes:

  • El anarquismo individualista, tal como lo propugna Max Stirner (1806-1856), quien desarrolla sus tesis en El único y su propiedad (1845), donde ensalza la libertad e independencia del individuo frente a la sociedad y el Estado.
  • El mutualismo de Pierre Joseph Proudhon (1809-1865): en Sistema de las contradicciones económicas o filosofía de la miseria (1846), Proudhon sostiene que la forma de organización social debe basarse en una asociación de los trabajadores, sustentada en un federalismo descentralizado y en el mutualismo (asociación de trabajadores instruidos y libres que cogestionan el conjunto de propiedades colectivas en la industria, y de la propiedad individual en la agricultura). En esta organización la competencia sigue actuando como acicate económico para la producción, ya que no se trata de una economía dirigida, sino de una autogestión basada en una asociación entre capital y trabajo. Proudhon defiende la tesis de la anarquía positiva, combatiendo toda clase de autoridad trascendente a la organización libre de los trabajadores, y especialmente al Estado y a la Iglesia (“ni Dios ni patrón”). Su antiestatalismo se basa en la convicción de que el Estado no sólo es el instrumento para que las clases dominantes puedan seguir manteniendo sus privilegios, sino que además, como organización, posee una dinámica propia que conlleva la eliminación de las libertades individuales y conduce necesariamente a la dominación de la sociedad civil.
  • El colectivismo defendido por Mijail A. Bakunin (1814-1876): rechaza toda forma de poder estatal y argumenta que la sociedad anarquista debe organizarse únicamente a través de comunas de trabajadores y campesinos que han de garantizar la plena libertad de cada individuo, con los medios de producción colectivizados y sin sometimiento alguno a ninguna clase de Estado.
  • El comunismo libertario de Piotr Kropotkin (1842-1921). Defendió un colectivismo conciliable con el Estado, la libertad del individuo y la solidaridad entre los seres humanos, así como una ética fundamentada en la igualdad de todos los hombres expuesta en La Moral Anarquista.
  • El anarcosindicalismo. Su contenido teórico lo extrae del socialismo humanista y principalmente del anarquismo. Hace una defensa integral de la personalidad humana, la libertad, la solidaridad, el apoyo mutuo y el asociacionismo voluntario y federativo.
2.2.1.3.2 Socialismo utópico

En medianos siglo XIX, y en oposición a las ideas conservadoras de la Restauración, aparecieron en la Europa industrial, diferentes pensadores sensibilizados por la situación económica y social de injusticia, desigualdad y opresión. Sus reivindicaciones se caracterizan por pretender mejorar la organización social con buena voluntad: mediante la educación, al crear sociedades alternativas, o al hacer empresas donde los y las trabajadoras sean tratadas con respeto y equidad. Estas propuestas fueron etiquetadas por Marx como socialismo utópico. Son representantes de esta corriente:

  • Saint-Simon (1760-1825), de procedencia aristocrática, fue un positivista exaltado que confiaba ciegamente en la ciencia y pensaba que había que traspasar la dirección de la sociedad de "las clases ociosas" a las nuevas clases productoras, de forma que hubiera una feliz asociación entre capital y trabajo. El saint-simonisme cree que la producción industrial, el progreso, acabará con el orden social injusto, producido por la ambición malsana de los ociosos. Diseñó una sociedad modélica de industriales, sin la aristocracia y sus privilegios.
  • Charles Fourier (1772-1837). Es el creador de un nuevo modelo de organización social, el "falansteri". Esta sociedad, organizada sobre los principios de la libertad sexual, la igualdad de derechos entre los sexos y la libertad de trabajo, permitiría la satisfacción de las pasiones y conduciría a la total armonía social. Concibió los falansterios como sistemas sociales autónomos capaces de satisfacer todas las necesidades por la vida de la comunidad mediante sus propios recursos industriales y agrícolas.
  • Robert Owen (1771-1882). Defendió el cooperativismo y atacó instituciones como por ejemplo la familia, la religión, la herencia... porque limitaban, según él, la libertad del ser humano. Su planteamiento era utópico porque pretendía sustituir el capitalismo con un sistema económico más justo, el cooperativismo. Desde su perspectiva, los obreros tenían que unirse para crear una nueva realidad europea basada en las cooperativas, las cuales eran más rentables que las industrias: cooperativas de producción y cooperativas de distribución. En 1832 ya había unas 500 cooperativas que englobaban a 20.000 trabajadores. Owen defendió los intereses de los trabajadores y formó parte del Movimiento Obrero Británico. Creó el sindicato ’Grande Unión Consolidada de Oficios’, con el objetivo de aglutinar todo el movimiento obrero británico. Pocos meses después de su fundación tuvieron las primeras crisis dado que iniciaron una serie de huelgas que los obreros no calificados no podían soportar. A pesar de este fracaso, la experiencia sindical mostraba que: a) un sindicato de masas de ámbito estatal era posible; b) se podían plantear alternativas al sistema capitalista (cooperativas de producción).
  • Louis Blanc (1811-1882). Para él, la Revolución francesa de 1789 tenía que llevar necesariamente al socialismo, ço es, que la democracia económica y social era el desenlace lógico de la democracia política, sin llegar al comunismo. Ante el individualismo de la Revolución, propone la "fraternidad". Inspirado en las cooperativas de producción, piensa que la base del orden social eran los Talleres Nacionales, entregados a los obreros. Diferencia el sector nacionalizado (ferrocarriles, minas, Banco de Francia...) y el sector libre, donde los talleres sociales y las empresas capitalistas están sometidos a la libre competencia, al final los talleres harían desaparecer gradualmente las empresas capitalistas. A diferencia de Owen o de Fourier, quienes piensan que las colonias comunistas o los falansteris se establecerían por iniciativa privada, propone la intervención del Estado (al aportar capital y al regularlo) en el taller social.
2.2.1.3.3 Comunismo

El comunismo es un conjunto de ideologías, así como el sistema de organización social, económica y política que proponen caracterizadas por la crítica a la propiedad privada y por la socialización de los medios de producción, cambio, transporte y consumo. Es en este último punto en el que se diferencia del Socialismo. Lo que propugna es:

  • La toma del poder del Estado por una vanguardia obrera que instaurase una dictadura del proletariado.
  • Socializar los medios de producción (que pasarían a ser gestionados por el Estado)..
  • Eliminar la propiedad privada, causa de las desigualdades sociales y de la explotación.
  • La desaparición del Estado (la sociedad, en la que ya no existiría la propiedad privada, y por lo tanto, la desigualdad entre clases, se organizaría ella misma).

 2.2.2 Utopía

Etimológicamente el término "utopía", de origen griego, significa "en ningún lugar". En filosofía es entendida como un proyecto imaginativo racional de un nuevo orden social; proyecto que arranca de las deficiencias reales de la sociedad presente, y pretende concienciar de que otro mundo es posible.

Las utopías se caracterizan por:

  • Surgen ante lo negativo de la realidad social.
  • Critican las pretensiones ideológicas de legitimación del poder instituido.
  • Son como hipótesis o experimentaciones teóricas (imaginativo-racionales) de alternativas a la realidad.
  • Tienen a la vez algo de "realismo" y de "idealismo": han de tener en cuenta la realidad social y, al mismo tiempo, deben ser "modelos" para la sociedad.
  • Aspiran a una estructuración total del mundo: a un mundo nuevo.
  • Tienen una función de subversión social: suelen tener un carácter "revolucionario" (están orientadas a un cambio radical de la sociedad).

Ejemplos de utopías son: La Ciudad del Sol de Campanella, Utopía de Tomas Moro, Nueva Atlántida de Francis Bacon, Noticias de ninguna parte de W. Morris o El nuevo mundo industrial y societario de C. Fourier.

Suelen incluirse en el género de las utopías las también llamadas contra-utopías o utopías negativas. En éstas no se imagina un estado de cosas mejor sino peor. Su dimensión crítica estriba en advertir que ese estado de cosas, que se presenta como intolerable, no es imposible sino que ya está presente, en potencia, en el estado de cosas actual. Contra-utopías de este tipo son Un mundo feliz de Huxley, Rebelión en la granja y 1984 de Orwell, El cuento de la criada de Margaret Atwood.

 2.2.3 Ideología y utopía

La relación entre ideología y utopía se nos muestra clara al tener en cuenta que la ideología nos ofrece una interpretación de la vida real. Interpretación que, a menudo, contiene una distorsión y disimulación de los aspectos negativos de esa sociedad y del poder que la rige. Por su parte, la utopía reacciona contra lo negativo de la sociedad y, en la medida en que propone una transformación social, es un modo de crítica de la sociedad presente. En este sentido, ideología y utopía son términos opuestos. Es decir, tienen funciones contrarias: pues mientras la ideología se propone mantener la realidad social vigente, la utopía se propone transformarla.
Es lógico que la ideología dominante suela definir la utopía como algo irrealizable pues, por definición, la ideología no tiene ningún interés en que cambie el estado actual de las cosas. Pero abundan los casos en que las utopías se han realizado: por ejemplo, el voto de las mujeres fue una utopía durante mucho tiempo; distintas revoluciones han hecho realidad utopías como las comunistas o anarquistas. Con todo, y al margen de la posibilidad o imposibilidad de su realización, la utopía permite ofrecer un no lugar, un punto fuera del espacio y del tiempo, desde el cual consigamos la suficiente perspectiva como para que el “orden vigente” nos resulte extraño. Esa extrañeza respecto del orden habitual es la que hace posible ver que no hay ninguna necesidad de que sea como es y que, por tanto, puede cambiarse por otro modo de hacer las cosas.

Activitat 4: Defineix els conceptes "ideologia" i "utopia". Després fes un breu comentari sobre el paper de les utopies en la transformación política. (10 línies mínim)

Actividad 5: Haz una redacción filosófica con uno de los siguientes títulos:

  • Los límites del poder político
  • El fin no justifica los medios
  • La legitimación del poder
  • La desobediencia civil ante las leyes injustas

 2.3 El poder polític

El poder político es el que se da en la organización de la sociedad. Es el poder de quienes influyen en la administración, el control y la distribución de los bienes comunes. En la actualidad, como esta función la lleva a cabo el Estado, se considera que el poder político es el de quienes participan en su regulación. Ahora bien, en las decisiones de Estado no sólo influye el gobierno o los partidos políticos, también intervienen, los sindicatos, las asociaciones, la opinión pública, los medios de comunicación, las grandes multinacionales... Así pues, poder político se pone de manifiesto cuando se participa en las decisiones de Estado.
Dada la enorme capacidad de intervención y control del Estado sobre nuestras vidas, tanto en el ámbito público como en el privado, no es de extrañar que continuamente nos estemos planteando problemas tales como el de su origen, su legitimación y la necesidad de su existencia. De las diferentes propuestas filosóficas realizadas en torno a esclarecer este tipo de cuestiones nos ocuparemos en este apartado.

 2.3.1 El concepto de Estado

En un sentido amplio, podemos considerar como Estado cualquier sociedad en la que exista algún tipo de organización política; es decir, cualquier sociedad en la que existan organismos o grupos que se encarguen de controlar, regular y administrar tanto los bienes comunes, como los derechos y obligaciones de todos los miembros de la comunidad. En este sentido amplio, Estado sería sinónimo de "sociedad políticamente organizada" y podríamos afirmar que el Estado existe desde las primeras organizaciones humanas.

En un sentido más restrictivo, el Estado es un tipo de organización de la sociedad cuyos rasgos distintivos son:

  • ordenamiento político unitario;
  • poder coactivo garantizador del respeto a dicho ordenamiento;
  • hacienda pública recaudadora de impuestos y
  • burocracia para administrar los recursos.

Este modo de organización social surge en Europa durante el Renacimiento. Desde entonces aplicamos el término "Estado" a la forma de organización de las sociedades complejas, las cuales cuentan con un centro de autoridad concentrada que dispone del monopolio de instrumentos coercitivos para hacer cumplir las disposiciones de esa autoridad. En este sentido Max Weber (1864-1920) sostiene que el "Estado es aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio, reclama con éxito para sí el monopolio de la violencia física legítima". Para Weber, lo específico del Estado es poseer el monopolio de la fuerza y la violencia física dentro de su territorio.

 2.3.2 Tipos de Estado

Las formas que puede tomar un Estado dependen del tipo de ideología dominante. Algunas de ellas son: estado autoritario (totalitarismo), estado de derecho (liberalismo clásico y neoliberalismo) y estado social de derecho (liberalismo keynesiano).

 2.3.2.1 Estado autoritario

El Estado autoritario se caracteriza por que quienes ejercen el poder no están sometidos a ningún tipo de control. No reconocen ningún organismo que, legítimamente, pueda criticarlo, oponerse o controlarlo. Básicamente, este monopolio del poder se refleja en la imposibilidad que vive la ciudadanía para intervenir en los asuntos de Estado: no puede elegir a sus gobernantes, no puede expresar abiertamente su disconformidad... Tampoco existen órganos judiciales independientes del gobierno; órganos que puedan aplicar las leyes sin tener en cuenta los intereses de quienes detentan el poder. Así, la ciudadanía se halla indefensa frente a cualquier abuso de poder político, ya que carece de cualquier medio legal efectivo para defender sus derechos.

 2.3.2.2 Estado de derecho

A diferencia de lo que ocurre en el Estado autoritario, en un Estado de derecho, el poder político no puede ejercerse arbitrariamente, sino que debe actuar dentro de los límites establecidos por el ordenamiento legal. Esto significa que las personas que ostentan los cargos estatales e intervienen directamente en las decisiones de Estado no pueden hacer lo que se les antoje, sino que han de tomar sus decisiones dentro de lo que marca la ley. El objetivo es proteger los derechos individuales de las personas frente a los abusos que pueda cometer el propio Estado.

Este tipo de Estado se caracteriza por poseer una Constitución y por establecer la división de poderes. La Constitución es la ley que recoge los principios fundamentales en los que descansa la organización de la sociedad: regula la estructura y el funcionamiento del Estado; define el tipo de Estado, los derechos y deberes de la ciudadanía, las competencias de los diferentes poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), los procedimientos para la elaboración de las leyes y su jerarquía, los mecanismos para la modificación de la Constitución... La división de poderes es un mecanismo para evitar los abusos de poder. Este mecanismo consiste en dividir el poder político en tres poderes (el legislativo, el ejecutivo y el judicial) y en garantizar la independencia de cada uno de ellos.

 2.3.2.3 Estado social de derecho

Esta forma de Estado se basa en la convicción de que el reconocimiento legal de las derechos individuales es indispensable, pero insuficiente. El Estado también debe subsanar las deficiencias y desigualdades generadas por el sistema económico. La función principal del Estado ya no se reduce a proteger y velar únicamente por los derechos individuales, sino que entre sus funciones también está promover el bienestar de la ciudadanía. Es decir, crear un Estado de bienestar. El objetivo del estado de bienestar ha sido conseguir la protección del ser humano desde que nace hasta que muere, recogiendo una larga tradición histórica de lucha por los derechos sociales. Educación, sanidad, prestaciones económicas (en caso de no encontrar empleo, de enfermedad o de jubilación)... Se trata de proteger a la población menos favorecida debido a las consecuencias de la aplicación del liberalismo económico. En términos generales, el estado de bienestar ha consistido en la institucionalización de los derechos sociales de la ciudadanía.

 2.3.3 La legitimación del Estado

La organización de la sociedad en forma de Estado implica unas normas y leyes convencionales que regulan la convivencia, y el establecimiento de un poder capaz de castigar a los individuos que las incumplen. ¿De dónde viene este modo de organizar la vida social? ¿Por qué aceptamos las normas y la existencia de un poder coercitivo? ¿Es necesaria la existencia del Estado? La filosofía política reflexiona sobre estas cuestiones, todas ellas relacionadas con el concepto de "legitimación". La legitimación de algo, en este caso del Estado o poder político, coincide con su justificación. Esta justificación logra darle sentido y aceptabilidad.

Quienes detentan el poder político saben que un Estado no consigue preservarse indefinidamente si no logra legitimarse de alguna forma, es decir, si no consigue que la ciudadanía lo acepte y le reconozca su derecho a ejercer el poder. De ahí que todo poder político trate de legitimarse, pues de esta forma, la obediencia externa (el miedo al uso de la fuerza, al castigo) se transforma en adhesión interna.

Las concepciones filosóficas que legitiman la existencia del Estado podemos clasificarlas en dos grupos: las que otorgan prioridad al Estado frente al individuo (teorías organicistas) y aquellas que confieren primacía al individuo frente al Estado (teorías contractualistas). Por otra parte las teorías que postulan la abolición del Estado, pueden clasificarse en anarquismo de izquierdas y anarquismo de derechas.

 2.3.3.1 Teorías organicistas

Las teorías organicistas conciben el Estado como un organismo viviente. Los individuos son las partes que componen el organismo. Y atribuyen al Estado las características de lo orgánico, a saber:

  • la totalidad: lo orgánico es una totalidad organizada en la que cada una de las partes remite al todo, que las dota de sentido; a la vez, el “todo” es distinto a la suma de sus partes: El Estado, como un "todo", es anterior a las partes (los individuos). Estas, separadas del “todo”, no tienen una existencia real, son meras abstracciones.
  • la funcionalidad: el organismo se compone de partes desiguales aunque combinadas de manera que puedan ejercer las funciones para las cuales han sido designadas: la perfección humana sólo se puede alcanzar dentro del Estado.
  • el carácter finalista o teleológico: el Estado tiene carácter ético, su finalidad es procurar el "bien" de la comunidad.

Ejemplos de estas teorías son, entre otras, las de Platón (-427/-347), Aristóteles (-384/-322) y Hegel (1770-1831).

 2.3.3.2 El Contractualismo

Las teorías contractualistas se proponen ofrecer una explicación teórica del origen del Estado, legitimar (justificar) su existencia, así como sus fines y sus límites. Este origen y legitimación se halla en un pacto o contrato social libremente establecido por los hombres.

Este tipo de teorías aparecieron en el siglo XVII. Antes no se había planteado la problemática sobre la legitimación del Estado porque éste no sólo era considerado necesario, sino también natural. Por lo tanto, tratar de justificarlo se veía como algo tan absurdo e innecesario como lo sería justificar el orden de la naturaleza: es así y no está en nuestras manos ni corregirlo ni modificarlo. El contractualismo surge en el momento en que se produce un cambio de perspectiva: de la consideración del Estado como algo natural se pasa a la certeza de su carácter convencional. Así, tanto las leyes y normas sociales como las instituciones y los órganos de poder se ven como una creación humana que puede ser desechada o modificada.

Este grupo de teorías se caracteriza por sostener que:

  • Los individuos son anteriores al Estado y fuera de él poseen libertades y derechos naturales. Los individuos son reales y el Estado es una abstracción.
  • El Estado se constituye por un "contrato social" realizado entre los individuos.
  • El fin del Estado es mejorar las deficiencias del estado de naturaleza y los límites en el ejercicio del poder vienen definidos por el cumplimiento de la finalidad del Estado.
2.3.3.2.1 Teorías contractualistas clásicas

El esquema seguido por las teorías del contrato social de los SS. XVII y XVIII es el siguiente:

  • Estado de naturaleza: los individuos viven fuera de cualquier tipo de sociedad organizada y poseen unos derechos "naturales".
  • Contrato social: Con el objeto de mejorar la vida del estado de naturaleza, los individuos determinan renunciar a los derechos naturales para constituirse en sujetos de derechos civiles. Este contrato no sólo explica cómo se origina el Estado, sino que además pretende legitimarlo.
  • Estado: el resultado del contrato social será un Estado con un determinado sistema político.

Los representantes del contractualismo clásico son, entre otros: Thomas Hobbes, John Locke y Jean Jacques Rousseau, cuyas teorías veremos a continuación.

El filósofo inglés Thomas Hobbes (1588-1679) estaba convencido de que era el primero que abordaba los problemas de la sociedad y del Estado de una manera científica porque empleó el denominado "método de composición genética". La idea básica de este método (que no es sino una aplicación del método científico, en su versión galileana, al ámbito de la filosofía política) es hacer una "descomposición" racional de la sociedad, para volver a "recomponerla" de manera ordenada. Para entender bien este método podemos fijarnos en el siguiente texto extraído de su obra De cive:

Así como en el reloj, o en cualquier otro diminuto artefacto, la materia, la forma y el movimiento de las ruedas sólo pueden ser bien conocidos si se le descompone en sus partes y se examina cada una de ellas, para proceder a un estudio minucioso de los Estados y de los deberes de los súbditos es necesario no descomponerlos, sino considerarlos como si ya estuvieran descompuestos.

Pues bien, de la misma manera que con el reloj hay que considerar materia, forma y movimiento, en el Estado hay que proceder de forma análoga analizando materia, forma y poder. La materia, o partes componentes del Estado, son los hombres; la forma que lo ha de constituir es el pacto social; el poder, por su parte, sólo es legítimo cuando lo ejerce un soberano absoluto. Hobbes se apoya en su teoría del contrato social para justificar el absolutismo como forma de gobierno.

Hobbes concibe al hombre como un ser fundamentalmente egoísta. En el estado de naturaleza todos los hombres viven libres, sin ningún tipo de limitaciones, sólo las que les fijan las propias leyes de la naturaleza. A esta libertad que tienen los hombres de usar su propio poder como les plazca la llama Hobbes “derecho natural”. En el estado de naturaleza, los hombres actúan movidos por dos principios: a) defender su propia vida (autoconservarse); y, b) satisfacer sus apetitos naturales. En los demás animales, los apetitos naturales tienen por finalidad satisfacer sus necesidades, pero el hombre puede, gracias a su entendimiento, extender sus apetencias a todo lo que su imaginación considere placentero. Y aquí está el origen de todos los males humanos, pues al no haber nada que limite sus deseos y pasiones, los hombres se enfrentan continuamente, ya que tienen que luchar por conseguir recursos escasos, por defenderse de otros, e incluso por afirmar su superioridad ante los demás. De ahí que en el estado de naturaleza, según Hobbes, el hombre es un lobo para el hombre (homo homini lupus) y que el estado de naturaleza lo describa como una guerra de todos contra todos. En esta situación la vida humana es calificada por Hobbes como solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta.

Esta es la descripción que hace Hobbes del estado de naturaleza en su obra el Leviathan. Aquí, las relaciones humanas pacíficas parecen imposibles. Pero la razón, que lleva a los hombres a excitar sus pasiones al imaginar placeres y apetencias más allá de sus necesidades, les lleva también a reflexionar sobre cómo mejorar sus condiciones de vida. De ahí que para salir de esa guerra de todos contra todos, los hombres acaben estableciendo un “pacto” o “contrato social” con el que crean el Estado o sociedad civil. ¿En qué consiste ese “contrato social”? En que cada hombre por separado se compromete a renunciar a sus derechos naturales (o sea, renuncia a usar su poder libremente) y los cede a un individuo o asamblea, siempre y cuando todos los demás hombres se comprometan a lo mismo. De ese modo, mediante ese “contrato social”, los individuos quedarán desprovistos de sus derechos naturales y el poder instaurado será la fuente de toda legislación y de todo orden, no pudiendo ser cuestionado en sus decisiones, ya que de serlo, se rompería el pacto por el que se ha constituido la sociedad civil, y los individuos volverían al estado de naturaleza. Dado que el poder instaurado no puede ser cuestionado, tampoco se le pueden establecer límites externos para el ejercicio del mismo. La resistencia al poder establecido únicamente está justificada cuando éste no pueda garantizar el fin para el cual fue constituido, a saber: la autoconservación del individuo o, hablando en términos más generales, el mantenimiento del orden, la paz y la seguridad. El poder político establecido por el contrato social puede residir en un individuo o en una asamblea, pero en cualquier caso tienen un carácter absoluto (el poder no puede estar dividido, según Hobbes): es la fuente de la ley civil y se le debe obediencia, pero él no está sujeto por sus propias leyes.

El filósofo inglés John Locke (1632-1704), en contra de la concepción absolutista de Hobbes, defendió la concepción liberal del Estado. Para fundamentar la existencia del Estado, utilizó las mismas categorías teóricas que Hobbes (estado de naturaleza, contrato social, estado civil), pero las caracterizó de manera diferente.

Los rasgos del estado de naturaleza, según Locke, son:

  • Los individuos poseen unos derechos naturales: el derecho a la propia vida, a la libertad y a la propiedad privada.
  • Los hombres son seres racionales, y por lo tanto, libres. La razón les sirve, entre otras cosas, para conocer sus derechos naturales.
  • El estado de naturaleza no es un estado de guerra, como sostenía Hobbes, sino un estado en el que los hombres, guiados por su razón, conviven en régimen de igualdad y libertad. De esta convivencia parece deducirse la existencia de una sociedad previa al Estado: la sociedad civil.

Para Locke, el estado de naturaleza no tiene las connotaciones negativas que tenía para Hobbes. Pero si tal estado no parece gobernado por los conflictos sino por la concordia, ¿por qué los hombres lo abandonan y constituyen un Estado político?
Según Locke todo surge como consecuencia del derecho de propiedad: en un principio los hombres llevaban una vida muy simple. Poseían unos pocos bienes elementales que compartían entre sí para facilitar la supervivencia. Pero a medida que se iba desarrollando la producción de bienes, aparecieron las desigualdades económicas i los intereses humanos entraron en conflicto. Como en el estado de naturaleza, cada hombre debía castigar a quien violara sus derechos, cada uno era juez de su propia causa. Esto es lo que dificulta la vida en el estado de naturaleza, según Locke. En consecuencia se hace necesario establecer un poder imparcial que intervenga (a través del establecimiento de leyes y del poder coercitivo) cada vez que los derechos de los individuos sean vulnerados.

Pero al crear el Estado los individuos no renuncian a sus derechos naturales (tal como sostenía Hobbes), sino que el Estado se crea justamente para defender los derechos naturales cuando no sean respetados. Con el Estado, los individuos tendrán garantizada su propiedad privada. Por eso, el contrato con el que se constituye el Estado debe ser un contrato bilateral (afecta tanto a súbditos como a gobernantes, a diferencia de lo propugnado por Hobbes,), debe estar basado en el libre consentimiento y debe ser efectuado a favor de la voluntad de la mayoría. Por lo tanto, el Estado ha de estar al servicio de los individuos: su función es mediar entre los intereses de los individuos (esos intereses serán casi siempre económicos).
Locke concibe el "estado político" como una mejora y perfeccionamiento del "estado de naturaleza". Por eso, el contrato social ha de ser bilateral, porque hay que poner límites a quienes asumen las cesiones de poder efectuadas por los individuos. Los individuos ceden sus derechos a hacer leyes, a juzgar y a castigar (es decir, ceden sus poderes ejecutivo, legislativo y judicial) siempre y cuando la otra parte contratante utilice los poderes que se le han cedido para conseguir que se cumpla la finalidad del pacto o contrato: asegurar la vida, la libertad y las propiedades de cada individuo. ¿Hasta qué punto la sociedad civil concebida por Locke debe obedecer al Estado? ¿Admite alguna excepción? En su opinión, las leyes elaboradas por el Estado deben respetarse siempre, a no ser que vayan manifiestamente contra los dictados de la razón o de dios.

Jean Jacques Rousseau (1712-1778) es un filósofo ilustrado. Critica duramente a la sociedad burguesa de su época y a muchas de las ideas aceptadas en su tiempo sobre la civilización. En el Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres, sostiene que la sociedad es el origen de los males del hombre y la que lo corrompe. En su opinión, la organización social moderna es tal que, en ella, el hombre vive esclavizado y alienado. En consecuencia, no es feliz. ¿Cuál es la causa de esta situación? Para Rousseau, uno de los desencadenantes que más claramente ha conducido a esa pésima situación, es que los progresos en las ciencias y las artes no han venido acompañados de progresos morales. Las ciencias y las artes, además, contribuyen a fomentar la desigualdad entre los hombres y a hacer que, en las relaciones de unos con otros, impere el egoísmo, la vanidad y la necesidad de dominio. Otros factores que han intervenido en el arraigo de las desigualdades son: el establecimiento de la propiedad privada (que ha generado una división entre ricos y pobres); la institución de la magistratura (que ha dado lugar a poderosos y a débiles); la transformación del poder legítimo en poder arbitrario (de la que se sigue la escisión de la sociedad en amos y esclavos). Ante esta situación, favorecida por la confianza ciega en el ideal del progreso, Rousseau piensa que es preciso modificar la sociedad actual sobre la base de un contrato social que garantice la pervivencia de la mayor parte de las características que el hombre tenía en el estado de naturaleza.

Si el hombre ha sido corrompido por la sociedad, es preciso reflexionar sobre el “estado de naturaleza” del ser humano. Hobbes vio en el estado de naturaleza el estado de guerra de todos contra todos. Locke vio una situación en la que la racionalidad hacía deseable la existencia del Estado para preservar mejor la vida, la libertad y la propiedad privada naturales. Ambos filósofos vieron en el pacto o contrato el medio convencional para establecer el Estado, que en todo caso es presentado como una situación mejor. Rousseau disiente de algunos de estos planteamientos. Recurre a la hipótesis del estado de naturaleza, pero no la utiliza como hipótesis histórica, sino como un “modelo” o ideal que sirve para juzgar el presente: ¿cuántos males le han sobrevenido al hombre por la vía de la sociedad? Para Rousseau, la naturaleza es buena, el Estado corrompe. En el Estado, el hombre es esclavo, está dominado por el poder del más fuerte. En el estado de naturaleza, el hombre era libre, deseoso sólo de conservar la vida satisfaciendo sus necesidades naturales. En el estado de naturaleza, el hombre no necesita el trabajo para vivir, tampoco el hogar y ni el lenguaje, pero vive sin guerras, sin necesitar a nadie y sin el deseo de hacer daño. La gran ventaja de la vida en el estado de naturaleza era la presencia de la igualdad moral o política, no de la natural. El tiempo y la propia perfectibilidad del hombre les han llevado gradualmente a la necesidad de establecer vínculos sociales, saliendo del estado natural por algún funesto azar. El establecimiento de la propiedad privada es el momento en el que se rompe el encanto del estado natural. Una vez introducida la propiedad privada, se introduce con ella la desigualdad moral, y con ambas queda instituido el Estado mediante el contrato social, que con sus leyes sanciona y perpetúa la propiedad privada y la división entre ricos y pobres. Rousseau concluye que este tipo de desigualdad es contraria al derecho natural. El problema, para Rousseau, como expone en el Contrato social, está en que, siendo el contrato necesario, no suponga la anulación de la libertad que los hombres tenían en el estado de naturaleza, pero ¿cómo puede el hombre permanecer libre renunciando a su libertad? La respuesta de Rousseau es que no hay contrato social posible sin la existencia de una “voluntad general”. Con esta expresión alude a la imagen de que el cuerpo social, como persona moral que es, igual que todo individuo, ha de poseer un alma que lo anime, una “voluntad”, que no puede ser sino “general”: el interés común, la armonía de intereses, la “norma de lo justo”. Según Rousseau, someterse a la “voluntad general es ceder toda la libertad y derechos personales a los demás y recibir, a cambio, los derechos y la libertad de todos los demás. El resultado de este pacto es el pueblo soberano, el conjunto de ciudadanos, que constituyen el poder, la sociedad política o el Estado. En este estado, el ciudadano es libre, porque al someterse libremente a la voluntad general y a sus leyes, está en realidad obedeciéndose a sí mismo, a su propia voluntad.

Aquí ya puede verse la orientación moral que Rousseau da a su respuesta: si el hombre ha de aceptar leyes, las únicas leyes que no sólo no suprimen la libertad, sino que además la hacen posible, son las leyes morales, por tanto, sólo aceptará leyes morales, lo cual manifiesta, además, las raíces morales del Estado. El contrato se hace entre la comunidad y el individuo y viceversa. Cuando el contrato es violado, Rousseau entiende que la insurrección es legítima.

2.3.3.2.2 Teorías neocontractualistas

El carácter a-histórico de las teorías del contrato social y, sobre todo, como ya mencionaba Hume, la dificultad para fundamentar la obligación personal de mantener las promesas (que es la base de la obligación política de obedecer al gobierno), constituyeron escollos insalvables para el contractualismo clásico. Sin embargo, en el siglo XX, aparecen nuevas teorías del contracto social, que, prescindiendo de toda base natural, subrayan la convencionalidad de todo tipo de obligaciones, sin, por ello, negar su utilidad de cara a promover y garantizar importantes intereses humanos.

Las teorías neocontractualistas no pretenden determinar cuál es el origen del Estado, sino establecer qué condiciones darán legitimidad, justificación y fundamentación racional del orden político, del poder, y de las instituciones sociales. Es decir, pretenden justificar la permanencia del Estado como poder público que está por encima de individuos libres e iguales, en quienes reside en última instancia la soberanía. Para ello recurren a "ficciones" como, por ejemplo, la posición originaria de John Rawls y la comunidad ideal de diálogo de Jürgen Habermas.

La teoría de la justicia de Rawls, ideológicamente comprometida con la defensa de un liberalismo de signo progresista (algo así como un socialismo democrático moderado), pretende ser una superación del intuicionismo (concepción según la cual la única vía de conocimiento de la justicia es la intuición) y, sobre todo, del utilitarismo (la justicia depende de las consecuencias de las acciones o de las normas).

Rawls parte de una concepción de la sociedad como un sistema de cooperación entre personas libres e iguales que persigue la perfecta satisfacción de los intereses de todos y cada uno de sus componentes. La cuestión es, entonces, encontrar unos principios que maximicen las ventajas de la colaboración social y minimicen los inevitables riesgos y perjuicios derivados de la diversificación social, que contribuyan a plasmar, en la mayor y mejor medida posible, los viejos ideales ilustrados de la libertad y la igualdad. Rawls pretende elaborar una teoría de la justicia en la que se niega que la pérdida para algunos se convierta en correcta por el hecho de que un bien mayor sea así compartido por otros. Esta teoría se propone justificar, basándose en la teoría clásica del contrato social (al que considera fundamento moral de la sociedad), unos principios de justicia que puedan servir para establecer cuándo pueden considerarse justas ciertas normas, instituciones sociales, etc.

Según Rawls una ley es legítima cuando es consecuencia de un pacto originario entre todos los miembros de la sociedad. Este pacto está destinado a diseñar una sociedad esencialmente justa e igualitaria. Para asegurar la justicia social, es decir, que las instituciones y las normas promueven la igualdad entre todos, deberíamos poder pensar que éstas han surgido de un pacto originario entre individuos iguales y libres. Este pacto debe hacerse desde la total imparcialidad. Para asegurar tal imparcialidad, Rawls recurre al concepto de “velo de la ignorancia”.

La idea de contrato social remite a una “posición original”, o situación original hipotética, en la que un conjunto de seres humanos, carentes de interés los unos por los otros, se reúnen para construir una sociedad en la que a todos los contratantes les resulte conveniente vivir. Es decir, los individuos deben establecer las condiciones en que están dispuestos a vivir en sociedad, esto es, las normas de justicia que están dispuestos a adoptar. En esta situación, para asegurar la existencia de condiciones de imparcialidad y de universalidad que permitan llegar a un consenso en la determinación de los principios de justicia, Rawls introduce el concepto del "velo de la ignorancia" cuya función es que, a la hora de elegir los principios de la justicia, se haga tabula rasa de todos los intereses particulares que afectan a las partes. Es decir, quienes se encuentran en la posición original se hallan privados de ciertos conocimientos y poseen otra serie de ellos. No deben saber: a) el lugar que ocuparán en la sociedad (si serán hombres o mujeres, si se hallaran en la pobreza o en la riqueza, si pertenecerán a la clase empresaria o a la trabajadora, si ocuparán puestos de trabajo ejecutivos o de mano de obra no cualificada); b) su suerte en la distribución de capacidades naturales (inteligencia, fuerza física, etc.); c) los datos particulares de su plan racional de vida; d) los rasgos especiales de su psicología (pesimismo, optimismo, etc.); e) las condiciones de su sociedad: situación económica y política, nivel de civilización y cultura; a qué generación pertenecerán. Deben saber: a) que su sociedad está sujeta a las condiciones de la justicia, es decir, a una serie de factores objetivos y subjetivos, que hacen que la cooperación humana sea posible y necesaria (las condiciones objetivas vienen dadas por el hecho de que una pluralidad de personas debe coexistir en un territorio geográficamente limitado, donde los recursos naturales no son ilimitados, de manera que se hace necesaria la cooperación; las condiciones subjetivas consisten en que tales personas son aproximadamente similares en capacidad física y mental, son vulnerables a los ataques de las demás y sus planes de vida pueden ser bloqueados por la fuerza unida de las otras); b) los hechos generales acerca de la sociedad humana; c) los principios de la economía política; d) las bases de la organización social; e) las leyes de la psicología humana.

Quienes deciden, conversan, dialogan y contratan tras el velo de la ignorancia, atendiendo únicamente a sus propios intereses (y en ausencia de todo tipo de empatía), parecen alcanzar acuerdos relativos a la conveniencia de que nadie disfrute de grandes privilegios, con objeto de asegurarse unas condiciones de vida lo menos desfavorables posibles en el caso de que su posición fuera la peor situación imaginable. Tales acuerdos presuponen la adopción de una determinada regla por parte de quienes se hallan en la situación originaria: la regla maximin, que consiste en maximizar las exigencias de los individuos socialmente más débiles, es decir, en procurar obtener lo mejor en la peor situación concebible.
En esta situación y mediante esta estrategia (la regla maximin), los individuos escogen dos principios:

  • el principio de igualdad: Cada persona ha de tener un derecho igual al más amplio sistema total de libertades básicas, compatible con un sistema similar de libertad para todos, y
  • el principio de diferencia: Las desigualdades económicas y sociales han de ser estructuradas de manera que sean para: a) mayor beneficio de los menos aventajados, de acuerdo con un principio de ahorro justo, y b) unido a que los cargos y las funciones sean asequibles a todos, bajo condiciones de justa igualdad de oportunidades.

El primer principio asegura el máximo de libertad de cada persona, compatible con el máximo de libertad de todas las demás. El segundo tiene que ver con la distribución de bienes en la sociedad. Y nos dice que las desigualdades económicas sólo se justifican cuando resulten más beneficiosas para todos que la igualdad; y que los individuos accederán a los distintos cargos o posiciones sociales en igualdad de condiciones. Después de deducir cuáles serían los principios básicos que alguien totalmente imparcial elegiría para legitimar un sistema legislativo, Rawls define la justicia como aquella situación en la que todos los valores sociales fuesen distribuidos igualitariamente, salvo que una distribución desigual beneficiase a todos los miembros de la sociedad. A esta justicia, llama Rawls “justicia equitativa” o justicia entendida como “equidad” o “imparcialidad”. Y considera que este concepto de justicia es superior al del utilitarismo.

El resultado buscado por Rawls es que nadie admita, por ejemplo, instituciones y normas que permitan que las privaciones de algunas personas se compensen mediante un mayor bien para todas en general, ya que el hecho de que algunas deban tener menos con objeto de que otras prosperen puede ser ventajoso, pero no justo. La justicia se obtendrá aplicando la regla “maximin” en la resolución de conflictos sobre cuestiones relativas a la libertad, igualdad de oportunidades, renta, riqueza, etc.

2.3.3.2.3 La crítica feminista. Carol Pateman: El contrato sexual

La filósofa australiana Carol Pateman ha observado que el ámbito teórico y académico de la filosofía política convencionalmente concentra su objeto de estudio e investigación en el mundo masculino público: el mundo universal del individualismo, los derechos, el contrato, la razón, la libertad, la igualdad, la imparcialidad y la ciudadanía. Pero, la filosofía política clásica sí se ocupó del tema del sexo. Con la excepción de Hobbes, sostuvo que las mujeres carecían naturalmente de los atributos y las capacidades de los “individuos”. Las mujeres no son individuos, ni son parte del contrato social a través del cual los hombres transforman su libertad natural en la seguridad de la libertad civil. Los filósofos políticos clásicos eran conscientes que sólo los hombres podían contratar y que las mujeres únicamente podían entrar en un contrato particular: el matrimonial. Las mujeres son el objeto del contrato. El contrato (sexual) es el vehículo mediante el que los hombres transforman su derecho natural sobre la mujer en la seguridad del derecho civil patriarcal. De este modo, los teóricos clásicos del contrato, a excepción de Hobbes, construyeron la diferencia sexual como diferencia política, la diferencia entre la libertad natural de los hombres y la sujeción natural de las mujeres. La diferencia sexual es una diferencia política, es la diferencia entre libertad y sujeción.

Sin embargo, la filosofía política actual pasa por alto todo eso, lo sustrae de la discusión apelando a la neutralidad sexual, privilegia la esfera pública, e ignora los resultados de la investigación feminista. En efecto, la filosofía política actual sólo se ocupa de la esfera pública, del mundo masculino. No suele reconocer que ésta obtiene su significado en oposición a la esfera privada (el mundo femenino): el mundo de la particularidad, la sujeción natural, la desigualdad, la emoción, el amor, la parcialidad. Ve la esfera privada como el estado natural, como el fundamento de la vida social y política y, por tanto, no susceptible de investigación teórica. Ignora, u oculta, que ambas esferas forman parte de una misma construcción. Eso es así porque la filosofía política actual opera con categorías patriarcales.

Pateman sostiene que la diferencia sexual no es irrelevante como tampoco lo es la subordinación de las mujeres, más bien al contrario: ambas son centrales en la construcción de la filosofía política moderna. En su libro El contrato sexual (1988) muestra como la teoría contractual clásica ha estado construida dentro de la división sexual entre las esferas pública y privada. El contrato social es un pacto sexual-social que establece las igualdad entre los hombres y la diferencia entre mujeres y hombres. Las mujeres quedan relegadas a la esfera privada, no son individuos, no son ciudadanas, carecen de derechos y libertades; y cuando acceden al mundo público lo hacen como mujeres. Además, la teoría del contrato social, al afirmar que todos los hombres nacen libres e iguales en el estado de naturaleza, justifica la subordinación de las mujeres. Por tanto, el contrato social genera siempre relaciones de dominación y subordinación. La diferencia sexual marca la línea divisoria entre libertad y subordinación. El contrato es el medio a través del cual se constituye el patriarcado moderno.

 2.3.3.3 Teorías anarquistas

Aunque ya hemos hablado brevemente del anarquismo como ideología, ahora volvemos a tratarlo porque es un teoría que aboga por la abolición del Estado. Como ya hemos visto, el anarquismo es un rechazo de la estructuración política de una sociedad y, sobre todo, de la necesidad de un Estado para garantizar el orden y la libertad de una sociedad. Sostiene que hay métodos más sencillos y mejores de organizar la sociedad humana. Para el pensamiento anarquista, el Estado es un obstáculo para el progreso de los pueblos y la instauración de la justicia social; por tanto, algo a eliminar.

Actualmente se distingue entre un anarquismo de izquierdas y un anarquismo de derechas. La diferencia entre el anarquismo de izquierdas y el de derechas es ésta:

  • Del anarquismo de izquierdas ya tratamos en el apartado sobre las ideologías.
  • El anarquismo de derechas quiere el Estado mínimo o ningún Estado. Sostiene que la sociedad humana ideal estará basada en el derecho absoluto a la propiedad privada y se mantendrá unida por una cooperación voluntaria basada en intercambios económicos, bien entre individuos, bien entre corporaciones de negocios pequeñas y grandes. Tiene la esperanza de llegar a una situación en la que el Estado no intervenga en las operaciones del capitalismo. Representantes, entre otros: Robert Nozick y Robert Paul Wolff.

 2.3.4 Desobediencia civil

Una de las formas de moralizar nuestras democracias es la desobediencia civil. Cuando la justicia, o el bien común, se alejan de “la política” y de la vida ciudadana, cuando la participación política en los asuntos colectivos se convierte en un camino lleno de obstáculos, ¿es obligatorio obedecer a unas leyes que se consideran moralmente injustas?

La desobediencia civil consiste en poner de manifiesto la no obligatoriedad de obedecer leyes injustas. Revela, pues, un conflicto entre ética y derecho. Su práctica se caracteriza porque:

  • se acepta el marco general de convivencia que la comunidad política se da a sí misma;
  • es no-violenta;
  • se aceptan las penas legales que comportan las acciones realizadas;
  • está motivada por razones político-morales.

Para John Rawls la desobediencia civil (si mantiene una fidelidad absoluta al derecho y es una apelación al sentido de la justicia de la mayoría) es un recurso estabilizador del sistema constitucional, ya que: primero, pone de manifiesto las injusticias (es decir, la violación de derechos) y, segundo, colabora en la erradicación de las injusticias con su denuncia. Así, eliminando los focos de tensión, se colabora en el perfeccionamiento del sistema.

Se supone que en un régimen democrático razonablemente justo hay una concepción general de la justicia, mediante la cual los ciudadanos regulan sus asuntos políticos e interpretan la constitución. La violación persistente y deliberada de los principios básicos de esta concepción, en cualquier período de tiempo, especialmente las infracciones de las libertades fundamentales, invita a la insumisión o a la resistencia. Al cometer desobediencia civil, una minoría fuerza a la mayoría a considerar si desea este modo de actuación o si, a la vista del sentido común de la justicia, desea reconocer las legítimas pretensiones de la minoría [...]. Aunque la desobediencia civil justificada parece amenazar la concordia ciudadana, la responsabilidad no recae en aquellos que protestan, sino en aquellos cuyo abuso de poder y autoridad justifica tal oposición, porque emplear el aparato coercitivo del estado para mantener instituciones manifiestamente injustas es una forma de fuerza ilegítima a la que los hombres tienen derecho a resistirse (John Rawls, Teoría de la Justicia)

Por su parte Jürgen Habermas sostiene que la desobediencia civil es una vía alternativa de participación en la vida política ya que contribuye a configurar de un modo no-convencional la voluntad política colectiva; otorgando legitimidad a un Estado necesitado de ella.

El siguiente artículo del diario El País, puede ser interpretado como un ejemplo del tipo de ética aplicada por el poder ideológico que, para imponer sus creencias sobre la muerte a toda la sociedad, hace uso del poder político y sanciona arbitrariamente conductas inaceptables para el ideario católico. El fin justifica los medios. El uso de la falsa denuncia para... mostrar quién tiene el poder?


Notas

1 Cfr. El totalitarismo en Los ojos de Hipatia.

2 En el siglo XIX se extiende por Europa y América del Norte la revolución industrial, cuyos inicios se sitúan en la Inglaterra del siglo XVIII. Esta revolución industrial se ve propiciada por el desarrollo científico-técnico, el auge del colonialismo europeo, y una organización económica de corte liberal (guiada por la libre competencia, la búsqueda del beneficio y la no intervención del Estado en los asuntos económicos). Pues, bien, según las doctrinas liberales, la libre competencia habría de llevar a un equilibrio en el reparto de riqueza. Pero la puesta en práctica de economías de corte liberal en Europa y América del Norte demostró que esto no es así. Por el contrario, estos sistemas económicos propiciaban el enriquecimiento rápido de empresarios y comerciantes, al tiempo que conducían a una gran parte de la población a una vida miserable, sin seguridades de ningún tipo frente a las desgracias, y obligada a soportar unas condiciones laborales inhumanas.


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  • Viquipèdia: “anarcosindicalisme”.