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René Descartes (1596-1650)

Discurso del Método

por Àngels Varó Peral | 13/01/2012 (publicación anterior: 19/01/2008)


Versió en Català: René Descartes (1596-1650)

1. EL RACIONALISMO

En sentido general, el Racionalismo es la actitud filosófica de plena confianza en la Razón, que ensalza su importancia y la separa de su vínculo con la experiencia. La actitud racionalista supone que la Realidad es inteligible y que, por tanto, el Pensamiento puede explicarla.

La palabra ‘Racionalismo’ tiene tres acepciones:

  • Racionalismo psicológico: cuando se equiparada la Razón con el Pensamiento (la facultad de pensar) y se considera que es superior a la emoción y a la voluntad.
  • Racionalismo epistemológico: cuando se afirma que la Razón es el único órgano adecuado para conocer (la única fuente válida para el conocimiento, comprensión o interpretación verdadera de la Realidad). Así, todo conocimiento verdadero tiene un origen racional.
  • Racionalismo metafísico: cuando se atribuye un carácter racional a la Realidad.

Desde una perspectiva histórica, podemos sostener que: en la Filosofía Griega predominó el Racionalismo metafísico. Algunos casos, como el de Parménides, podrían calificarse de extremos, pues afirmar que lo real es lo racional exige negar (o ignorar la existencia de) todo aquello que no sea completamente transparente al Pensamiento racional. Así, en la filosofía de Parménides, el movimiento formaba parte de lo “no existente”, ya que en ella sólo era predicable el ser inmóvil, indivisible y único, pues era el único que satisfacía todas las condiciones de la plena racionalidad. Otros casos, como el de Platón, atenuaron la exigencia de completa racionalidad metafísica y gnoseológica, al incluir en el sistema del conocimiento a los "fenómenos" y al considerar las "opiniones" como saberes legítimos.

En la Edad Media, la contraposición entre Razón y fe y los frecuentes intentos para encontrar un equilibrio entre ambas modificaron la definición del término ‘Racionalismo’. Ser racionalista no implicaba forzosamente admitir que toda la Realidad (y en particular la Realidad suma o dios) fuera racional en tanto que completamente transparente a la Razón humana. El Racionalismo podía ser:

  • una actitud de confianza en la Razón humana con la ayuda de dios.
  • una tendencia susceptible de integrarse dentro del sistema de verdades de la fe.
  • una posición en la teoría del conocimiento, contrapuesta al empirismo. Frecuentemente el Racionalismo epistemológico medieval consistió en contraponer el Racionalismo platónico con el empirismo aristotélico.

El Racionalismo en sentido estricto: el racionalismo moderno. El Racionalismo es la corriente filosófica que surgió, con René Descartes, en la Francia del s. XVII, en oposición al empirismo.

El racionalismo moderno representa una visión general del mundo y del conocimiento armoniosa, ordenada, racional, geométrica y estable, basada en el Pensamiento metódico (de la duda o del método more geometrico), la claridad de ideas (principio de evidencia) y la creencia en la estabilidad de las ideas (la doctrina sobre la sustancia). En contraposición, el empirismo representa una visión del mundo dinámica, cambiante, interesada por la utilidad del saber, innovadora en teorías del conocimiento y de la sociedad.

Sus representantes son:

  • René Descartes (1596-1650)
  • Baruch Spinoza o Benito de Espinosa (1632-1677)
  • Wilhelm Leibniz (1646-1716)

Sus principales afirmaciones son:

  • Existen ideas innatas (Leibniz también admitió principios del entendimiento innatos). El punto de partida del conocimiento no son los datos de los sentidos, sino las ideas propias del espíritu humano, es decir, las ideas innatas.
  • Hay una relación directa entre Pensamiento y Realidad, expresada por Espinosa con la frase “El orden y conexión de las ideas es el mismo que el orden y la conexión de las cosas”.
  • El conocimiento es de tipo deductivo, como el de las matemáticas;
  • La sustancia tiene un carácter fundamental (las dos sustancias de Descartes, la pensante y la extensa; la sustancia única de Espinosa, Deus sive natura; y las mónadas de Leibniz).

Su forma de argumentación excluye el recurso a la experiencia y al conocimiento que proviene de los sentidos, y se remite única y exclusivamente a la Razón, a la claridad y distinción de ideas y a la suposición de que el buen pensar coincide forzosamente con la Realidad: conocer es conocer por la Razón.

Sus principales características son: plena confianza en la Razón, búsqueda de un nuevo método, subjetivismo y mecanicismo.

1. Plena confianza en la Razón

Se trata de una Razón no sometida a la tradición, sino sólo a sí misma, que ha abandonado el ámbito religioso porque las verdades de la fe, como dijo Pascal (1623-1665), “trascienden a la Naturaleza y a la Razón, y el espíritu humano (demasiado limitado para aprehenderlas por sí mismo) no puede llegar a ellas si no es guiado por una fuerza omnipotente y sobrenatural”.

Las discusiones entre Racionalismo y Empirismo pusieron de manifiesto los cambios en el concepto de Razón de la filosofía moderna. Ahora, lo que importa es destacar:

  • Por un lado, el sentido gnoseológico: las posibilidades o dificultades de la Razón para aprehender lo que es verdaderamente real.
  • Por otro lado, el sentido metafísico: la posibilidad o imposibilidad de decir que la Realidad es en último término de carácter racional.

Según el Racionalismo, la Razón es la única facultad humana que puede conocer. La experiencia, los sentidos, no es fiable, pues de ella no se obtiene conocimiento de lo necesario y universal. La presencia de la Razón como fuente de conocimiento podemos verla en el enunciado “el sol calienta las piedras”. Cuando este enunciado se entiende como ley de la naturaleza, en el sentido de que el sol es la causa de la temperatura de las piedras, y no como una mera constatación de un hecho aislado, es un enunciado que implica universalidad y necesidad, propiedades que no se pueden conocer mediante la observación y que hay que atribuir a algún hecho de la Razón, esto es, a la idea de causalidad. Este tipo de enunciados tiene unas características que los hace semejantes a los enunciados matemáticos: su verdad no depende de la experiencia.

El Racionalismo concibe todo el conocimiento como el conocimiento matemático, cuyas características básicas son la universalidad y la necesidad. Como las matemáticas, el conocimiento en general, ha de ser de naturaleza deductiva, es decir, ha de poder inferirse de unas cuantas verdades iniciales incuestionables. El poder de la Razón radica en la capacidad de sacar de sí misma las verdades primeras y fundamentales (ideas innatas, en el caso de Descartes, Espinosa y Leibniz; verdades a priori en el caso de Kant), a partir de las cuales, y por deducción, es posible obtener todas las demás, y construir el "sistema" del mundo.

La Razón es una facultad sistemática y coincide con la Realidad. Reaparece el postulado de Parménides (sentido metafísico de Razón): lo mismo es el pensar y el ser.

La presencia de verdades universales y necesarias, y la posibilidad de deducir otras verdades a partir de unas ideas innatas o a priori, dio al Racionalismo su carácter dogmático: la Razón es capaz de conocer todas o muchas verdades, con certeza deductiva. El conocimiento humano no posee límites reconocidos. Es posible conocerlo todo si utilizamos correctamente nuestra Razón. La confianza en la Razón es tal que se acepta su valor sin haber realizado previamente una crítica de sus posibilidades; es, como dirá Kant, una Razón dogmática.

2. Búsqueda de un nuevo método

Ya Francis Bacon, en el Novum Organum (1620), había constatado que el método silogístico de Aristóteles sólo permitía exponer verdades ya conocidas, pero no servía para descubrir nuevas verdades y augmentar el conocimiento. Había que encontrar un método de descubrimiento. El modelo seguido fue el método empleado por Euclides en los Elementos. Había, pues, que establecer unas definiciones, construidas a priori por la Razón, y unos axiomas de los que pudiera deducirse con evidencia y necesidad un sistema filosófico cerrado y completo.

3. Subjetivismo

El Pensamiento medieval era objetivista y realista: el ser humano era un ser volcado hacia un mundo cuya Realidad era indudable, porque el Pensamiento y la Realidad coincidían.

En el siglo XVII imperaba el subjetivismo: el ser humano era un ser vuelto sobre sí mismo, que sólo podía conocer directamente su propio Pensamiento. Las cosas no eran conocidas directamente, sino mediante las ideas. Por ello era posible dudar de su existencia. La Realidad del mundo ya no era evidente: había que deducirla.

4. Mecanicismo

La visión científica del mundo vigente en el siglo XVII fue el mecanicismo. El mundo era como una máquina. Para explicarlo ya no fueron necesarias ni las formas sustanciales, ni las cualidades ocultas, ni la ordenación finalista propias del aristotelismo. Bastó con recurrir a partículas de materia extensa y a causas eficientes.

2. BIOGRAFÍA DE RENÉ DESCARTES

  • Una breve explicación de la vida de Descartes la podemos encontrar en la Wikipedia
  • En este vídeo podemos escuchar una breve biografía de nuestro filósofo.
  • En este vídeo tienes una explicación de Descartes en 3 minutos:
  • En aquest vídeo tenim una breu introducció a la filosofia de René Descartes
  • Y, en este vídeo tienes una explicación más amplia:

3. PROYECTO FILOSÓFICO

El propósito de Descartes (1596-1650) fue encontrar la verdad filosófica utilizando sólo la Razón (prescindiendo de la fe y de la experiencia sensible). La filosofía debía ser, como las matemáticas, un sistema de verdades ordenado de manera que la mente pasara de las verdades fundamentales (las que son evidentes por sí mismas e indudables) a otras verdades implicadas por las primeras. Por eso, se propuso desarrollar un sistema de proposiciones verdaderas en el cual no se diese por supuesto nada que no fuera evidente por sí mismo e indudable. Tal sistema se caracterizaría por una conexión orgánica entre todas sus partes y por reposar sobre un fundamento seguro. De este modo, el sistema sería impermeable al escepticismo.

El proyecto cartesiano abarcaba:

  1. La unificación de todas las ciencias en una sola.
  2. La formulación de un nuevo método.
  3. La formulación de una moral provisional (moral por provisión).
  4. El desarrollo de las diferentes ciencias.

Para llevar a cabo su proyecto, Descartes rompió consciente y deliberadamente con el pasado. Ante el aristotelismo, decidió no someterse a la autoridad de ningún filósofo anterior y confiar únicamente en su propia Razón. Frente al escolasticismo, decidió no utilizar términos sin un sentido claro, alcanzar ideas claras y distintas y trabajar sólo con ellas. Ahora bien eso no significó que Descartes rechazara las verdades establecidas por otras filosofías. Lo que buscaba era redescubrirlas, es decir, su verdad tendría que ser probada de un modo ordenado, procediendo sistemáticamente desde las proposiciones básicas e indudables a las derivadas. Descartes no pretendió producir una nueva filosofía, en lo relativo al contenido, sino una filosofía cierta y bien ordenada.

4. LECTURA RECOMENDADA

De René Descartes, el Discurso del método para dirigir bien la razón y buscar la verdad en las ciencias, Partes I-II-III-IV.

A continuación, resúmenes, ideas del texto y vídeos para facilitar la comprensión de la lectura del Discurso del Método:

Parte I del Discurso del Método. Se trata de una autobiografía intelectual en la que Descartes reprocha a las ciencias y la filosofía escolástica que no proporcionen un conocimiento claro y seguro. Y se vuelve hacia las matemáticas y el conocimiento de las costumbres de otros pueblos, mediante los viajes, para buscar ese saber seguro. Tras varios años de viajes, Descartes comprobó que apenas hallaba cosa segura y firme, y advirtió casi tanta diversidad como antes en las opiniones de los filósofos. Concluye diciendo que decidió buscar en sí mismo el conocimiento seguro.

Ideas de la Primera parte del Discurso del Método

1. La facultad de juzgar y distinguir lo verdadero de lo falso, que es propiamente lo que llamamos buen sentido o razón, es naturalmente igual en todos los hombres; y, por lo tanto, ... la diversidad de nuestras opiniones no proviene de que unos sean más razonables que otros, sino tan sólo de que dirigimos nuestros pensamientos por derroteros diferentes y no consideramos las mismas cosas ... No basta, en efecto, tener el ingenio bueno; lo principal es aplicarlo bien

2. ...pues en lo que toca a la razón o al sentido, siendo, como es, la única cosa que nos hace hombres y nos distingue de los animales, quiero creer que está entera en cada uno de nosotros y seguir en esto la común opinión de los filósofos, que dicen que el más o el menos es sólo de los accidentes, mas no de las formas o naturalezas de los individuos de una misma especie.

3. ...he formado un método, en el cual paréceme que tengo un medio para aumentar gradualmente mi conocimiento y elevarlo poco a poco hasta el punto más alto a que la mediocridad de mi ingenio y la brevedad de mi vida puedan permitirle llegar.

4. Puede ser ... que me engañe ... Pero me gustaría dar a conocer, en el presente discurso, el camino que he seguido y representar en él mi vida.

5. Mi propósito ... no es el de enseñar aquí el método que cada cual ha de seguir para dirigir bien su razón, sino sólo exponer el modo como yo he procurado conducir la mía.

6. [El estudio de las letras no proporciona un conocimiento claro y seguro] Desde la niñez, fui criado en el estudio de las letras y, como me aseguraban que por medio de ellas se podía adquirir un conocimiento claro y seguro de todo cuanto es útil para la vida, sentía yo un vivísimo deseo de aprenderlas. Pero tan pronto como hube terminado el curso de los estudios ... cambié por completo de opinión. Pues me embargaban tantas dudas y errores, que me parecía que, procurando instruirme, no había conseguido más provecho que el de descubrir cada vez mejor mi ignorancia.

7. No dejaba por eso de estimar en mucho los ejercicios que se hacen en las escuelas.

8. Pero creía también que ya había dedicado bastante tiempo a las lenguas e incluso a la lectura de los libros antiguos ... Pues es casi lo mismo conversar con gentes de otros siglos, que viajar por extrañas tierras. Bueno es saber algo de las costumbres de otros pueblos, para juzgar las del propio con mejor acierto, y no creer que todo lo que sea contrario a nuestras modas es ridículo y opuesto a la razón, como suelen hacer los que no han visto nada.

9. Gustaba sobre todo de las matemáticas, por la certeza y evidencia que poseen sus razones; pero aun no advertía cuál era su verdadero uso.

10. Profesaba una gran reverencia por nuestra teología ... que las verdades reveladas, que allá conducen, están muy por encima de nuestra inteligencia, nunca me hubiera atrevido a someterlas a la flaqueza de mis razonamientos.

11. Nada diré de la filosofía sino que, al ver que ha sido cultivada por los más excelentes ingenios que han vivido desde hace siglos, y, sin embargo, nada hay en ella que no sea objeto de disputa y, por consiguiente, dudoso, no tenía yo la presunción de esperar acertar mejor que los demás; y considerando cuán diversas pueden ser las opiniones tocante a una misma materia, sostenidas todas por gentes doctas, aun cuando no puede ser verdadera más que una sola, reputaba casi por falso todo lo que no fuera más que verosímil.

12. Y en cuanto a las demás ciencias, ya que toman sus principios de la filosofía, pensaba yo que sobre tan endebles cimientos no podía haberse edificado nada sólido.

13. [El estudio de las costumbres no proporciona un conocimiento claro y seguro] Así, pues, tan pronto como estuve en edad de salir de la sujeción en que me tenían mis preceptores, abandoné del todo el estudio de las letras; y, resuelto a no buscar otra ciencia que la que pudiera hallar en mí mismo o en el gran libro del mundo, empleé el resto de mi juventud en viajar, ... Y siempre sentía un deseo extremado de aprender a distinguir lo verdadero de lo falso, para ver claro en mis actos y andar seguro por esta vida.

14. [El estudio de mi mismo sí proporciona un conocimiento claro y seguro] Es cierto que, mientras me limitaba a considerar las costumbres de los otros hombres, apenas hallaba cosa segura y firme, y advertía casi tanta diversidad como antes en las opiniones de los filósofos ... aprendía a no creer con demasiada firmeza en lo que sólo el ejemplo y la costumbre me habían persuadido ... Mas cuando hube pasado varios años estudiando en el libro del mundo y tratando de adquirir alguna experiencia, resolvíme un día a estudiar también en mí mismo y a emplear todas las fuerzas de mi ingenio en la elección de la senda que debía seguir.

Parte II del Discurso del Método. Al principio de esta segunda parte nos habla del invierno en el que junto a una estufa dispuso de la tranquilidad necesaria para empezar a elaborar su método. Señala a continuación que las ciencias, al haber sido realizadas por múltiples autores, cada uno con su diferente opinión, no son portadoras de un verdadero saber. Propone renunciar a esta diversidad de opiniones que nos han sido enseñadas y en su lugar elegir otras con nuestra propia razón, ya que las creencias a las que nos han educado desde nuestro nacimiento dependen del entorno en el que hayamos nacido y de las personas que nos las hayan inculcado. Debemos reformar estas creencias distinguiendo lo verdadero de lo falso pero manteniendo un cimiento personal. Descartes aclara que esta reforma no está encaminada a reformar la enseñanza oficial, ni el orden social, sino que sólo expone cómo él ha llevado a cabo una reforma de su propio pensamiento. Una vez aclarado esto, toma la decisión radical de dudar de forma metódica y provisional de todo lo que le rodea. A continuación expone de forma muy breve los fundamentos de su nuevo método, fundamentos que ha encontrado en la lógica, en el análisis geométrico y en el álgebra. Estos fundamentos son tan sólo cuatro reglas:

  • “El primero, no admitir jamás cosa alguna como verdadera sin haber conocido con evidencia que así era."
  • “El segundo, en dividir cada una de las dificultades que examinare, en tantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución.”
  • “El tercero, en conducir con orden mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ascender poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente"
  • “Y el último, en hacer en todo recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada." [1]

Ideas de la Segunda parte del Discurso del Método

1. ...permanecía el día entero solo y encerrado, junto a una estufa, con toda la tranquilidad necesaria para entregarme a mis pensamientos. Entre los cuales, fue uno de los primeros ... considerar que muchas veces sucede que no hay tanta perfección en las obras compuestas de varios trozos y hechas por las manos de muchos maestros, como en aquellas en que uno solo ha trabajado ... Y así pensé yo que las ciencias de los libros ... habiéndose compuesto y aumentado poco a poco con las opiniones de varias personas diferentes, no son tan próximas a la verdad como los simples razonamientos que un hombre de buen sentido puede hacer, naturalmente, acerca de las cosas que se presentan.

2. ...por lo que toca a las opiniones, a que hasta entonces había dado mi crédito, no podía yo hacer nada mejor que emprender de una vez la labor de
suprimirlas, para sustituirlas luego por otras mejores o por las mismas, cuando las
hubiere ajustado al nivel de la razón. Y tuve firmemente por cierto que, por este medio, conseguiría dirigir mi vida mucho mejor que si me contentase con edificar sobre cimientos viejos y me apoyase solamente en los principios que había aprendido siendo joven, sin haber examinado nunca si eran o no verdaderos.

3. ...Mis designios no han sido nunca otros que tratar de reformar mis propios pensamientos y edificar sobre un terreno que me pertenece a mí solo

4. ... Mas habiendo aprendido en el colegio que no se puede imaginar nada ... que no haya sido dicho por alguno de los filósofos, y habiendo visto luego, en mis viajes, que no todos los que piensan de modo contrario al nuestro son por ello bárbaros y salvajes ... y habiendo considerado que un mismo hombre, con su mismo ingenio, si se ha criado desde niño entre franceses o alemanes, llega a ser muy diferente de lo que sería si hubiese vivido siempre entre chinos o caníbales; ... de suerte que más son la costumbre y el ejemplo los que nos persuaden, que un conocimiento cierto; y que, sin embargo, la multitud de votos no es una prueba que valga para las verdades algo difíciles de descubrir, porque más verosímil es que un hombre solo dé con ellas que no todo un pueblo, no podía yo elegir a una persona, cuyas opiniones me parecieran preferibles a las de las demás, y me vi como obligado a emprender por mí mismo la tarea de conducirme.

5. ...no quise empezar a deshacerme por completo de ninguna de las opiniones que pudieron antaño deslizarse en mi creencia, sin haber sido introducidas por la razón, hasta después de pasar buen tiempo dedicado al proyecto de la obra que iba a emprender, buscando el verdadero método para llegar al conocimiento de todas las cosas de que mi espíritu fuera capaz.

6. Había estudiado un poco, cuando era más joven, de las partes de la filosofía, la lógica, y de las matemáticas, el análisis de los geómetras y el álgebra, tres artes o ciencias que debían, al parecer, contribuir algo a mi propósito. Pero cuando las examiné, hube de notar que, en lo tocante a la lógica, sus silogismos y la mayor parte de las demás instrucciones que da, más sirven para explicar a otros las cosas ya sabidas o incluso, como el arte de Lulio, para hablar sin juicio de las ignoradas, que para aprenderla ... en lo tocante al análisis de los antiguos y al álgebra de los modernos, aparte de que no se refieren sino a muy abstractas materias, que no parecen ser de ningún uso, el primero está siempre tan constreñido a considerar las figuras, que no puede ejercitar el entendimiento sin cansar grandemente la imaginación; y en la segunda, tanto se han sujetado sus cultivadores a ciertas reglas y a ciertas cifras, que han hecho de ella un arte confuso y oscuro, bueno para enredar el ingenio, en lugar de una ciencia que lo cultive ... pensé que había que buscar algún otro método que juntase las ventajas de esos tres, excluyendo sus defectos.

7. ...en lugar del gran número de preceptos que encierra la lógica, creí que me
bastarían los cuatro siguientes, supuesto que tomase una firme y constante resolución de no dejar de observarlos una vez siquiera:
Fue el primero, no admitir como verdadera cosa alguna, como no supiese con
evidencia que lo es; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mí espíritu, que no hubiese ninguna ocasión de ponerlo en duda.
El segundo, dividir cada una de las dificultades, que examinare, en cuantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución.
El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente.
Y el último, hacer en todo unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada.

8. ... todas las cosas, de que el hombre puede adquirir conocimiento, se siguen unas a otras en igual manera, y que, con sólo abstenerse de admitir como verdadera una que no lo sea y guardar siempre el orden necesario para deducirlas unas de otras, no puede haber ninguna, por lejos que se halle situada o por oculta que esté, que no se llegue a alcanzar y descubrir. ... por cuáles era preciso comenzar, ... por las más simples y fáciles de conocer; y considerando que, entre todos los que hasta ahora han investigado la verdad en las ciencias, sólo los matemáticos han podido encontrar algunas demostraciones, esto es, algunas razones ciertas y evidentes, no dudaba de que había que empezar por las mismas que ellos han examinado .... y viendo que, aunque sus objetos [2] son diferentes, todas, sin embargo, coinciden en que no consideran sino las varias relaciones o proporciones que se encuentran en los tales objetos, pensé que más valía limitarse a examinar esas proporciones en general, suponiéndolas solo en aquellos asuntos que sirviesen para hacerme más fácil su conocimiento y hasta no sujetándolas a ellos de ninguna manera, para poder después aplicarlas tanto más libremente a todos los demás a que pudieran convenir. Luego advertí que, para conocerlas, tendría a veces necesidad de considerar cada una de ellas en particular, y otras veces, tan solo retener o comprender varias juntas, y pensé que, para considerarlas mejor en particular, debía suponerlas en líneas, porque no encontraba nada más simple y que más distintamente pudiera yo representar a mi imaginación y mis sentidos; pero que, para retener o comprender varias juntas, era necesario que las explicase en algunas cifras, las más cortas que fuera posible; y que, por este medio, tomaba lo mejor que hay en el análisis geométrico y en el álgebra, y corregía así todos los defectos de una por el otro

9. Y, efectivamente, me atrevo a decir que la exacta observación de los pocos preceptos por mí elegidos, me dio tanta facilidad para desenmarañar todas las cuestiones de que tratan esas dos ciencias [3], que en dos o tres meses que empleé en examinarlas, habiendo comenzado por las más simples y generales, y siendo cada verdad que encontraba una regla que me servía luego para encontrar otras ... , supuesto que no hay sino una verdad en cada cosa, el que la encuentra sabe todo lo que se puede saber de ella; ... porque al fin y al cabo el método que enseña a seguir el orden verdadero y a recontar exactamente las circunstancias todas de lo que se busca, contiene todo lo que confiere certidumbre a las reglas de la aritmética

10. Pero lo que más contento me daba en este método era que, con él, tenía la seguridad de emplear mi razón en todo, si no perfectamente, por lo menos lo mejor que fuera en mi poder. Sin contar con que, aplicándolo, sentía que mi espíritu se iba acostumbrando poco a poco a concebir los objetos con mayor claridad y distinción y que, no habiéndolo sujetado a ninguna materia particular, prometíame aplicarlo con igual fruto a las dificultades de las otras ciencias, como lo había hecho a las del álgebra. ... pero habiendo advertido que los principios de las ciencias tenían que estar todos tomados de la filosofía, en la que aun no hallaba ninguno que fuera cierto, pensé que ante todo era preciso procurar establecer algunos de esta clase y, siendo esto la cosa más importante del mundo ... creí que no debía acometer la empresa antes de haber llegado a más madura edad que la de veintitrés años, que entonces tenía, y de haber dedicado buen espacio de tiempo a prepararme, desarraigando de mi espíritu todas las malas opiniones a que había dado entrada antes de aquel tiempo, haciendo también acopio de experiencias varias, que fueran después la materia de mis razonamientos y, por último, ejercitándome sin cesar en el método que me había prescrito, para afianzarlo mejor en mi espíritu.

Parte III del Discurso del Método. Descartes en la segunda parte había establecido la duda metódica para poder llegar a la verdad, pero él explica, en la tercera parte que, mientras se dedica a dudar de todo, tiene que crear una moral provisional que rija su vida. Esta moral provisional tenía una serie de máximas:

  • La primera consistía en obedecer las leyes y costumbres de su país, conservar la religión y guiarse por las opiniones más moderadas.
  • La segunda máxima consistía en ser lo más firme y lo más decidido en las acciones y en seguir, con no menos firmeza, las opiniones más dudosas como si hubieran sido verdaderas.
  • La tercera máxima consistía en cambiar los propios deseos antes que el orden del mundo. Afirma que nada excepto los pensamientos están enteramente en nuestro poder.

Como conclusión a su moral provisional el primer pensador moderno decide dedicar toda su vida a cultivar la razón y a avanzar en el conocimiento mediante el uso de su método. Para ponerlo en práctica, Descartes decide ponerse a viajar y conversar con los hombres. Durante nueve años se encarga de esta tarea. Sin embargo, durante este tiempo aunque avanza mucho en el conocimiento de la verdad no consigue encontrar los fundamentos de una filosofía “más cierta que la vulgar”. Para realizar esta nueva filosofía se dirige hacia Holanda huyendo de la Guerra de los Treinta Años que le ofrece el marco ideal para dedicarse a esta tarea. [4]

Ideas de la Tercera parte del Discurso del Método

1. ...con el fin de no permanecer irresoluto en mis acciones, mientras la razón me obligaba a serlo en mis juicios, y no dejar de vivir, desde luego, con la mejor ventura que pudiese, hube de arreglarme una moral provisional (22), que no consistía sino en tres o cuatro máximas

2. La primera fue seguir las leyes y las costumbres de mi país, conservando constantemente la religión ... rigiéndome en todo lo demás por las opiniones más moderadas y más apartadas de todo exceso, que fuesen comúnmente admitidas en la práctica por los más sensatos de aquellos con quienes tendría que vivir ... Y entre varias opiniones, igualmente admitidas, elegía las más moderadas, no sólo porque son siempre las más cómodas para la práctica, y verosímilmente las mejores, ya que todo exceso suele ser malo, sino también para alejarme menos del verdadero camino, en caso de error, si, habiendo elegido uno de los extremos, fuese el otro el que debiera seguirse.

3. Mi segunda máxima fue la de ser en mis acciones lo más firme y resuelto que pudiera y seguir tan constante en las más dudosas opiniones, una vez determinado a ellas, como si fuesen segurísimas ... Y así, puesto que muchas veces las acciones de la vida no admiten demora, es verdad muy cierta que si no está en nuestro poder el discernir las mejores opiniones, debemos seguir las más probables; y aunque no encontremos más probabilidad en unas que en otras, debemos, no obstante, decidirnos por algunas y considerarlas después, no ya como dudosas, en cuanto que se refieren a la práctica, sino como muy verdaderas y muy ciertas, porque la razón que nos ha determinado lo es.

4. Mi tercera máxima fue procurar siempre vencerme a mí mismo antes que a la fortuna, y alterar mis deseos antes que el orden del mundo, y generalmente acostumbrarme a creer que nada hay que esté enteramente en nuestro poder sino nuestros propios pensamientos ... y creo que en esto consistía principalmente el secreto de aquellos filósofos, que pudieron antaño sustraerse al imperio de la fortuna, y a pesar de los sufrimientos y la pobreza, entrar en competencia de ventura con los propios dioses. Pues, ocupados sin descanso en considerar los límites prescritos por la naturaleza, persuadíanse tan perfectamente de que nada tenían en su poder sino sus propios pensamientos, que esto sólo era bastante a impedirles sentir afecto hacia otras cosas; y disponían de esos pensamientos tan absolutamente, que tenían en esto cierta razón de estimarse más ricos y poderosos y más libres y bienaventurados que ningunos otros hombres, los cuales, no teniendo esta filosofía, no pueden, por mucho que les hayan favorecido la naturaleza y la fortuna, disponer nunca, como aquellos filósofos, de todo cuanto quieren.

5. En fin, como conclusión de esta moral, ocurrióseme considerar, una por una, las diferentes ocupaciones a que los hombres dedican su vida, para procurar elegir la mejor; ... pensé que no podía hacer nada mejor que seguir en la misma que tenía; es decir, aplicar mi vida entera al cultivo de mi razón y adelantar cuanto pudiera en el conocimiento de la verdad, según el método que me había prescrito ... Además, las tres máximas anteriores fundábanse sólo en el propósito, que yo abrigaba, de continuar instruyéndome; ...pues no determinándose nuestra voluntad a seguir o a evitar cosa alguna, sino porque nuestro entendimiento se la representa como buena o mala, basta juzgar bien, para obrar bien, y juzgar lo mejor que se pueda, para obrar también lo mejor que se pueda; es decir, para adquirir todas las virtudes y con ellas cuantos bienes puedan lograrse.

6. Habiéndome, pues, afirmado en estas máximas ... pensé que de todas mis otras opiniones podía libremente empezar a deshacerme ... Y no es que imitara a los escépticos, que dudan por sólo dudar y se las dan siempre de irresolutos; por el contrario, mi propósito no era otro que afianzarme en la verdad

7. Sin embargo, transcurrieron esos nueve años sin que tomara yo decisión alguna tocante a las dificultades de que suelen disputar los doctos, y sin haber comenzado a buscar los cimientos de una filosofía más cierta que la vulgar ... y hace ocho años precisamente, ese deseo me decidió a alejarme de todos los lugares en donde podía tener algunos conocimientos y retirarme aquí [5] ... en donde ... he podido, sin carecer de ninguna de las comodidades que hay en otras más frecuentadas ciudades, vivir tan solitario y retirado como en el más lejano desierto.

Parte IV del Discurso del Método. La cuarta parte es el capítulo central y en ella Descartes crea una nueva filosofía. Crea un primer principio para su nueva filosofía. "Pienso, luego existo": a partir de este primer principio Descartes establece la existencia de Dios y del mundo. Los argumentos para justificar la existencia de Dios són:

  • El primer argumento que da para justificar la existencia de Dios es, que si tenemos conciencia de nuestra naturaleza imperfecta, es porque sabemos en qué consiste una naturaleza perfecta.
  • El segundo argumento parte de nuestra propia imperfección, puesto que, si nosotros que conocemos lo que es perfecto, nos hubiésemos creado a nosotros mismos como seres perfectos. Por lo tanto se requiere un creador de nuestro ser, que tiene en sí esas perfecciones, Dios, del cual depende todo y sin el cual nada podría existir.
  • El último argumento que da para justificar la existencia de Dios es que Dios, entendido éste como la perfección, es lo mayor que puede pensarse. Dios tiene que existir ("argumento ontológico" - tomado de San Anselmo) puesto que si no, podría pensarse en algo más perfecto y entonces, eso sería Dios.

La existencia de Dios a su vez nos demuestra la existencia del mundo, puesto que Dios al ser infinitamente bueno y veraz no puede permitir que nos engañemos al creer que el mundo no existe, es así como Dios nos garantiza la evidencia de nuestras ideas. Pero Descartes, al final, aún teniendo en cuenta lo dicho, afirma que es nuestro deber y no el de Dios, liberarnos de las ilusiones y evitar los errores. [6]

Ideas de la Cuarta parte del Discurso del Método

1. ... pero, deseando yo en esta ocasión ocuparme tan sólo de indagar la verdad, pensé que debía ... rechazar como absolutamente falso todo aquello en que pudiera imaginar la menor duda, con el fin de ver si, después de hecho esto, no quedaría en mi creencia algo que fuera enteramente indudable. Así, puesto que los sentidos nos engañan, a las veces, quise suponer que no hay cosa alguna que sea tal y como ellos nos la presentan en la imaginación; y puesto que hay hombres que yerran al razonar ... rechacé como falsas todas las razones que anteriormente había tenido por demostrativas; y, en fin, considerando que todos los pensamientos que nos vienen estando despiertos pueden también ocurrírsenos durante el sueño, sin que ninguno entonces sea verdadero, resolví fingir que todas las cosas, que hasta entonces habían entrado en mi espíritu, no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños. Pero advertí luego que, queriendo yo pensar, de esa suerte, que todo es falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa; y observando que esta verdad: «yo pienso, luego soy», era tan firme y segura que las más extravagantes suposiciones de los escépticos no son capaces de conmoverla, juzgué que podía recibirla sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que andaba buscando.

2. Examiné después atentamente lo que yo era, y viendo que podía fingir que no tenía cuerpo alguno y que no había mundo ni lugar alguno en el que yo me encontrase, pero que no podía fingir por ello que yo no fuese ... conocí por ello que yo era una sustancia cuya esencia y naturaleza toda es pensar, y que no necesita, para ser, de lugar alguno, ni depender de cosa alguna material; de suerte que este yo, es decir, el alma, por la cual yo soy lo que soy, es enteramente distinta del cuerpo y hasta más fácil de conocer que éste y, aunque el cuerpo no fuese, el alma no dejaría de ser cuanto es.

3. Después de esto, consideré, en general, lo que se requiere en una proposición para que sea verdadera y cierta ... habiendo notado que en la proposición: «yo pienso, luego soy», no hay nada que me asegure que digo verdad, sino que veo muy claramente que para pensar es preciso ser, juzgué que podía admitir esta regla general: que las cosas que concebimos muy clara y distintamente son todas verdaderas

4. Después de lo cual, hube de reflexionar que, puesto que yo dudaba, no era mi ser enteramente perfecto, pues veía claramente que hay más perfección en conocer que en dudar; y se me ocurrió entonces indagar por dónde había yo aprendido a pensar en algo más perfecto que yo; y conocí evidentemente que debía de ser por alguna naturaleza que fuese efectivamente más perfecta ... para explicarlo en una palabra, por Dios. A esto añadí que, supuesto que yo conocía algunas perfecciones que me faltaban, no era yo el único ser que existiese ... sino que era absolutamente necesario que hubiese algún otro ser más perfecto de quien yo dependiese y de quien hubiese adquirido todo cuanto yo poseía ... Pues, en virtud de los razonamientos que acabo de hacer, para conocer la naturaleza de Dios hasta donde la mía es capaz de conocerla, bastábame considerar todas las cosas de que hallara en mí mismo alguna idea y ver si era o no perfección el poseerlas; y estaba seguro de que ninguna de las que indicaban alguna imperfección está en Dios, pero todas las demás sí están en él; así veía que la duda, la inconstancia, la tristeza y otras cosas semejantes no pueden estar en Dios .... Además, tenía yo ideas de varias cosas sensibles y corporales; pues aun suponiendo que soñaba y que todo cuanto veía e imaginaba era falso, no podía negar, sin embargo, que esas ideas estuvieran verdaderamente en mi pensamiento. Mas habiendo ya conocido en mí muy claramente que la naturaleza inteligente es distinta de la corporal, y considerando que toda composición denota dependencia, y que la dependencia es manifiestamente un defecto, juzgaba por ello que no podía ser una perfección en Dios el componerse de esas dos naturalezas, y que, por consiguiente, Dios no era compuesto; en cambio, si en el mundo había cuerpos, o bien algunas inteligencias u otras naturalezas que no fuesen del todo perfectas, su ser debía depender del poder divino, hasta el punto de no poder subsistir sin él un solo instante.

5. Quise indagar luego otras verdades; y habiéndome propuesto el objeto de los geómetras, que concebía yo como un cuerpo continuo o un espacio infinitamente extenso en longitud, anchura y altura o profundidad, divisible en varias partes que pueden tener varias figuras y magnitudes y ser movidas o trasladadas en todos los sentidos ... repasé algunas de sus más simples demostraciones, y habiendo advertido que esa gran certeza que todo el mundo atribuye a estas demostraciones, se funda tan sólo en que se conciben con evidencia, según la regla antes dicha, advertí también que no había nada en ellas que me asegurase de la existencia de su objeto ... en cambio, si volvía a examinar la idea que yo tenía de un ser perfecto, encontraba que la existencia está comprendida en ella del mismo modo que en la idea de un triángulo está comprendido el que sus tres ángulos sean iguales a dos rectos o, en la de una esfera, el que todas sus partes sean igualmente distantes del centro, y hasta con más evidencia aún; y que, por consiguiente, tan cierto es por lo menos, que Dios, que es ese ser perfecto, es o existe, como lo pueda ser una demostración de geometría.

6. Pero si hay algunos que están persuadidos de que es difícil conocer lo que sea Dios, y aun lo que sea el alma, es porque no levantan nunca su espíritu por encima de las cosas sensibles y están tan acostumbrados a considerarlo todo con la imaginación -que es un modo de pensar particular para las cosas materiales -, que lo que no es imaginable les parece ininteligible. Lo cual está bastante manifiesto en la máxima que los mismos filósofos admiten como verdadera en las escuelas, y que dice que nada hay en el entendimiento que no haya estado antes en el sentido (31), en donde, sin embargo, es cierto que nunca han estado las ideas de Dios y del alma ... que ni la imaginación ni los sentidos pueden asegurarnos nunca cosa alguna, como no intervenga el entendimiento.

7. En fin, si aun hay hombres a quienes las razones que he presentado no han convencido bastante de la existencia de Dios y del alma, quiero que sepan que todas las demás cosas que acaso crean más seguras, como son que tienen un cuerpo, que hay astros, y una tierra, y otras semejantes, son, sin embargo, menos ciertas ... Pues ¿cómo sabremos que los pensamientos que se nos ocurren durante el sueño son falsos, y que no lo son los que tenemos despiertos, si muchas veces sucede que aquéllos no son menos vivos y expresos que éstos? Y por mucho que estudien los mejores ingenios, no creo que puedan dar ninguna razón bastante a levantar esa duda, como no presupongan la existencia de Dios. Pues, en primer lugar, esa misma regla que antes he tomado, a saber: que las cosas que concebimos muy clara y distintamente son todas verdaderas; esa misma regla recibe su certeza sólo de que Dios es o existe, y de que es un ser perfecto, y de que todo lo que está en nosotros proviene de él; de donde se sigue que, siendo nuestras ideas o nociones, cuando son claras y distintas, cosas reales y procedentes de Dios, no pueden por menos de ser también, en ese respecto, verdaderas

8. Así, pues, habiéndonos el conocimiento de Dios y del alma testimoniado la certeza de esa regla, resulta bien fácil conocer que los ensueños, que imaginamos dormidos, no deben, en manera alguna, hacernos dudar de la verdad de los pensamientos que tenemos despiertos ... Pues, en último término, despiertos o dormidos, no debemos dejarnos persuadir nunca sino por la evidencia de la razón. Y nótese bien que digo de la razón, no de la imaginación ni de los sentidos ... pues la razón no nos dice que lo que así vemos o imaginamos sea verdadero; pero nos dice que todas nuestras ideas o nociones deben tener algún fundamento de verdad; pues no fuera posible que Dios, que es todo perfecto y verdadero, las pusiera sin eso en nosotros

Parte V del Discurso del Método. Expone algunas aplicaciones del método cartesiano a la física y a la fisiología (movimiento del corazón). El universo, la naturaleza, está regulada por unas pocas leyes mecánicas que permiten explicar todos el fenómenos materiales. Utiliza como ejemplos la concepción de la luz, el movimiento del corazón, los seres vivos entendidos como animales-máquina (cuyo motor es el corazón) y la diferencia entre el hombre (cuerpo y alma) y los animales. Muestra que los animales carecen de alma y que el hombre posee una alma inmortal independiente de su cuerpo.

Parte VI del Discurso del Método. Trata sobre los beneficios de su método: el progreso científico de la humanidad. Empieza explicando las razones que le llevaron a atrasar la publicación de su libro (dado el juicio que la Inquisición le había hecho a Galileo y su posicionamiento a favor de las tesis contrarias al geocentrismo) y las razones que le llevaron, finalmente, a publicarlo: compartir los resultados de sus investigaciones con otros científicos y dar la posibilidad de que otros investigadores las continúen. Descartes entiende la tarea científica como una actividad de cooperación entre científicos que comparten sus investigaciones entre sí para facilitar el progreso del conocimiento científico. Conocimiento que será utilizado para transformar la naturaleza en beneficio de los hombres.

5. CONTENIDOS CONCEPTUALES PARA LA PRUEBA DE ACCESO A LA UNIVERSIDAD

  1. El método cartesiano: ideal matemático de certeza, duda metódica y criterio de verdad.
  2. Concepto de idea en Descartes y sus tipos.
  3. Concepto de sustancia en Descartes y sus tipos.
  4. Argumentos demostrativos de la existencia de Dios y del mundo.
  5. Dualismo antropológico. Mecanicismo y libertad.
  6. Moral provisional.

6. ACTIVIDADES DE COMPRENSIÓN Y DE EXPRESIÓN ESCRITA

Activitat 1 Explica qué es el racionalismo moderno. Escribe una respuesta que incluya su visión general del mundo y del conocimiento, sus representantes, las principales afirmaciones y sus principales características

Actividad 2 Redacta el epígrafe 1. El método cartesiano: ideal matemático de certeza, duda metódica y criterio de verdad

Actividad 3 Redacta el epígrafe 2. Concepto de idea en Descartes y sus tipos

Actividad 4 Redacta el epígrafe 3.1 Concepto de sustancia en Descartes y sus tipos

Actividad 5 Redacta el epígrafe 3.2 Argumentos demostrativos de la existencia de Dios y del mundo

Actividad 6 Redacta el epígrafe 4. Dualismo antropológico. Mecanicismo y libertad

Actividad 7 Redacta el epígrafe 5. Moral provisional

Actividad 8 Redacción Filosófica con el título "El método cartesiano: ideal matemático de certeza, duda metódica y criterio de verdad"

Notas

[1Del artículo Discurso del Método Wikipedia

[2los de las ciencias que componen las matemáticas

[3la geometría y el álgebra

[4Del artículo Discurso del Método Wikipedia

[5en Holanda

[6Del artículo Discurso del Método Wikipedia


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