Filosofem

Ètica i Filosofia en Secundària

Filosofía Moderna

René Descartes (1596-1650)

Discurso del Método

por Àngels Varó Peral | 13/01/2012 (publicación anterior: 19/01/2008)

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El propósito de Descartes (1596-1650) fue encontrar la verdad filosófica utilizando sólo la Razón (prescindiendo de la fe y de la experiencia sensible). La filosofía debía ser, como las matemáticas, un sistema de verdades ordenado de manera que la mente pasara de las verdades fundamentales (las que son evidentes por sí mismas e indudables) a otras verdades implicadas por las primeras. Por eso, se propuso desarrollar un sistema de proposiciones verdaderas en el cual no se diese por supuesto nada que no fuera evidente por sí mismo e indudable. Tal sistema se caracterizaría por una conexión orgánica entre todas sus partes y por reposar sobre un fundamento seguro. De este modo, el sistema sería impermeable al escepticismo.

 1. El Racionalismo

En sentido general, el Racionalismo es la actitud filosófica de plena confianza en la Razón, que ensalza su importancia y la separa de su vínculo con la experiencia. La actitud racionalista supone que la Realidad es inteligible y que, por tanto, el Pensamiento puede explicarla.

La palabra ‘Racionalismo’ tiene tres acepciones:

  • Racionalismo psicológico: cuando se equiparada la Razón con el Pensamiento (la facultad de pensar) y se considera que es superior a la emoción y a la voluntad.
  • Racionalismo epistemológico: cuando se afirma que la Razón es el único órgano adecuado para conocer (la única fuente válida para el conocimiento, comprensión o interpretación verdadera de la Realidad). Así, todo conocimiento verdadero tiene un origen racional.
  • Racionalismo metafísico: cuando se atribuye un carácter racional a la Realidad.

Desde una perspectiva histórica, podemos sostener que: en la Filosofía Griega predominó el Racionalismo metafísico. Algunos casos, como el de Parménides, podrían calificarse de extremos, pues afirmar que lo real es lo racional exige negar (o ignorar la existencia de) todo aquello que no sea completamente transparente al Pensamiento racional. Así, en la filosofía de Parménides, el movimiento formaba parte de lo “no existente”, ya que en ella sólo era predicable el ser inmóvil, indivisible y único, pues era el único que satisfacía todas las condiciones de la plena racionalidad. Otros casos, como el de Platón, atenuaron la exigencia de completa racionalidad metafísica y gnoseológica, al incluir en el sistema del conocimiento a los "fenómenos" y al considerar las "opiniones" como saberes legítimos.

En la Edad Media, la contraposición entre Razón y fe y los frecuentes intentos para encontrar un equilibrio entre ambas modificaron la definición del término ‘Racionalismo’. Ser racionalista no implicaba forzosamente admitir que toda la Realidad (y en particular la Realidad suma o dios) fuera racional en tanto que completamente transparente a la Razón humana. El Racionalismo podía ser:

  • una actitud de confianza en la Razón humana con la ayuda de dios.
  • una tendencia susceptible de integrarse dentro del sistema de verdades de la fe.
  • una posición en la teoría del conocimiento, contrapuesta al empirismo. Frecuentemente el Racionalismo epistemológico medieval consistió en contraponer el Racionalismo platónico con el empirismo aristotélico.

El Racionalismo en sentido estricto: el racionalismo moderno. El Racionalismo es la corriente filosófica que surgió, con René Descartes, en la Francia del s. XVII, en oposición al empirismo.

El racionalismo moderno representa una visión general del mundo y del conocimiento armoniosa, ordenada, racional, geométrica y estable, basada en el Pensamiento metódico (de la duda o del método more geometrico), la claridad de ideas (principio de evidencia) y la creencia en la estabilidad de las ideas (la doctrina sobre la sustancia). En contraposición, el empirismo representa una visión del mundo dinámica, cambiante, interesada por la utilidad del saber, innovadora en teorías del conocimiento y de la sociedad.

Sus representantes son:

  • René Descartes (1596-1650)
  • Baruch Spinoza o Benito de Espinosa (1632-1677)
  • Wilhelm Leibniz (1646-1716)

Sus principales afirmaciones son:

  • Existen ideas innatas (Leibniz también admitió principios del entendimiento innatos). El punto de partida del conocimiento no son los datos de los sentidos, sino las ideas propias del espíritu humano, es decir, las ideas innatas.
  • Hay una relación directa entre Pensamiento y Realidad, expresada por Espinosa con la frase “El orden y conexión de las ideas es el mismo que el orden y la conexión de las cosas”.
  • El conocimiento es de tipo deductivo, como el de las matemáticas;
  • La sustancia tiene un carácter fundamental (las dos sustancias de Descartes, la pensante y la extensa; la sustancia única de Espinosa, Deus sive natura; y las mónadas de Leibniz).

Su forma de argumentación excluye el recurso a la experiencia y al conocimiento que proviene de los sentidos, y se remite única y exclusivamente a la Razón, a la claridad y distinción de ideas y a la suposición de que el buen pensar coincide forzosamente con la Realidad: conocer es conocer por la Razón.

Sus principales características son: plena confianza en la Razón, búsqueda de un nuevo método, subjetivismo y mecanicismo.

1. Plena confianza en la Razón

Se trata de una Razón no sometida a la tradición, sino sólo a sí misma, que ha abandonado el ámbito religioso porque las verdades de la fe, como dijo Pascal (1623-1665), “trascienden a la Naturaleza y a la Razón, y el espíritu humano (demasiado limitado para aprehenderlas por sí mismo) no puede llegar a ellas si no es guiado por una fuerza omnipotente y sobrenatural”.

Las discusiones entre Racionalismo y Empirismo pusieron de manifiesto los cambios en el concepto de Razón de la filosofía moderna. Ahora, lo que importa es destacar:

  • Por un lado, el sentido gnoseológico: las posibilidades o dificultades de la Razón para aprehender lo que es verdaderamente real.
  • Por otro lado, el sentido metafísico: la posibilidad o imposibilidad de decir que la Realidad es en último término de carácter racional.

Según el Racionalismo, la Razón es la única facultad humana que puede conocer. La experiencia, los sentidos, no es fiable, pues de ella no se obtiene conocimiento de lo necesario y universal. La presencia de la Razón como fuente de conocimiento podemos verla en el enunciado “el sol calienta las piedras”. Cuando este enunciado se entiende como ley de la naturaleza, en el sentido de que el sol es la causa de la temperatura de las piedras, y no como una mera constatación de un hecho aislado, es un enunciado que implica universalidad y necesidad, propiedades que no se pueden conocer mediante la observación y que hay que atribuir a algún hecho de la Razón, esto es, a la idea de causalidad. Este tipo de enunciados tiene unas características que los hace semejantes a los enunciados matemáticos: su verdad no depende de la experiencia.

El Racionalismo concibe todo el conocimiento como el conocimiento matemático, cuyas características básicas son la universalidad y la necesidad. Como las matemáticas, el conocimiento en general, ha de ser de naturaleza deductiva, es decir, ha de poder inferirse de unas cuantas verdades iniciales incuestionables. El poder de la Razón radica en la capacidad de sacar de sí misma las verdades primeras y fundamentales (ideas innatas, en el caso de Descartes, Espinosa y Leibniz; verdades a priori en el caso de Kant), a partir de las cuales, y por deducción, es posible obtener todas las demás, y construir el "sistema" del mundo.

La Razón es una facultad sistemática y coincide con la Realidad. Reaparece el postulado de Parménides (sentido metafísico de Razón): lo mismo es el pensar y el ser.

La presencia de verdades universales y necesarias, y la posibilidad de deducir otras verdades a partir de unas ideas innatas o a priori, dio al Racionalismo su carácter dogmático: la Razón es capaz de conocer todas o muchas verdades, con certeza deductiva. El conocimiento humano no posee límites reconocidos. Es posible conocerlo todo si utilizamos correctamente nuestra Razón. La confianza en la Razón es tal que se acepta su valor sin haber realizado previamente una crítica de sus posibilidades; es, como dirá Kant, una Razón dogmática.

2. Búsqueda de un nuevo método

Ya Francis Bacon, en el Novum Organum (1620), había constatado que el método silogístico de Aristóteles sólo permitía exponer verdades ya conocidas, pero no servía para descubrir nuevas verdades y augmentar el conocimiento. Había que encontrar un método de descubrimiento. El modelo seguido fue el método empleado por Euclides en los Elementos. Había, pues, que establecer unas definiciones, construidas a priori por la Razón, y unos axiomas de los que pudiera deducirse con evidencia y necesidad un sistema filosófico cerrado y completo.

3. Subjetivismo

El Pensamiento medieval era objetivista y realista: el ser humano era un ser volcado hacia un mundo cuya Realidad era indudable, porque el Pensamiento y la Realidad coincidían.

En el siglo XVII imperaba el subjetivismo: el ser humano era un ser vuelto sobre sí mismo, que sólo podía conocer directamente su propio Pensamiento. Las cosas no eran conocidas directamente, sino mediante las ideas. Por ello era posible dudar de su existencia. La Realidad del mundo ya no era evidente: había que deducirla.

4. Mecanicismo

La visión científica del mundo vigente en el siglo XVII fue el mecanicismo. El mundo era como una máquina. Para explicarlo ya no fueron necesarias ni las formas sustanciales, ni las cualidades ocultas, ni la ordenación finalista propias del aristotelismo. Bastó con recurrir a partículas de materia extensa y a causas eficientes.

 2. Biografía de René Descartes

  • Una breve explicación de la vida de Descartes la podemos encontrar en la Wikipedia
  • En este vídeo podemos escuchar una breve biografía de nuestro filósofo.
  • En este vídeo tienes una explicación de Descartes en 3 minutos:
  • En aquest vídeo tenim una breu introducció a la filosofia de René Descartes
  • Y, en este vídeo tienes una explicación más amplia:

 3. Proyecto filosófico

El propósito de Descartes (1596-1650) fue encontrar la verdad filosófica utilizando sólo la Razón (prescindiendo de la fe y de la experiencia sensible). La filosofía debía ser, como las matemáticas, un sistema de verdades ordenado de manera que la mente pasara de las verdades fundamentales (las que son evidentes por sí mismas e indudables) a otras verdades implicadas por las primeras. Por eso, se propuso desarrollar un sistema de proposiciones verdaderas en el cual no se diese por supuesto nada que no fuera evidente por sí mismo e indudable. Tal sistema se caracterizaría por una conexión orgánica entre todas sus partes y por reposar sobre un fundamento seguro. De este modo, el sistema sería impermeable al escepticismo.

El proyecto cartesiano abarcaba:

  1. La unificación de todas las ciencias en una sola.
  2. La formulación de un nuevo método.
  3. La formulación de una moral provisional (moral por provisión).
  4. El desarrollo de las diferentes ciencias.

Para llevar a cabo su proyecto, Descartes rompió consciente y deliberadamente con el pasado. Ante el aristotelismo, decidió no someterse a la autoridad de ningún filósofo anterior y confiar únicamente en su propia Razón. Frente al escolasticismo, decidió no utilizar términos sin un sentido claro, alcanzar ideas claras y distintas y trabajar sólo con ellas. Ahora bien eso no significó que Descartes rechazara las verdades establecidas por otras filosofías. Lo que buscaba era redescubrirlas, es decir, su verdad tendría que ser probada de un modo ordenado, procediendo sistemáticamente desde las proposiciones básicas e indudables a las derivadas. Descartes no pretendió producir una nueva filosofía, en lo relativo al contenido, sino una filosofía cierta y bien ordenada.

 4. Lectura recomendada

De René Descartes, el Discurso del método para dirigir bien la razón y buscar la verdad en las ciencias, Partes I-II-III-IV.

A continuación, resúmenes, ideas del texto y vídeos para facilitar la comprensión de la lectura del Discurso del Método:

Parte I del Discurso del Método. Se trata de una autobiografía intelectual en la que Descartes reprocha a las ciencias y la filosofía escolástica que no proporcionen un conocimiento claro y seguro. Y se vuelve hacia las matemáticas y el conocimiento de las costumbres de otros pueblos, mediante los viajes, para buscar ese saber seguro. Tras varios años de viajes, Descartes comprobó que apenas hallaba cosa segura y firme, y advirtió casi tanta diversidad como antes en las opiniones de los filósofos. Concluye diciendo que decidió buscar en sí mismo el conocimiento seguro.

Ideas de la Primera parte del Discurso del Método

1. La facultad de juzgar y distinguir lo verdadero de lo falso, que es propiamente lo que llamamos buen sentido o razón, es naturalmente igual en todos los hombres; y, por lo tanto, ... la diversidad de nuestras opiniones no proviene de que unos sean más razonables que otros, sino tan sólo de que dirigimos nuestros pensamientos por derroteros diferentes y no consideramos las mismas cosas ... No basta, en efecto, tener el ingenio bueno; lo principal es aplicarlo bien.

2. ...pues en lo que toca a la razón o al sentido, siendo, como es, la única cosa que nos hace hombres y nos distingue de los animales, quiero creer que está entera en cada uno de nosotros y seguir en esto la común opinión de los filósofos, que dicen que el más o el menos es sólo de los accidentes, mas no de las formas o naturalezas de los individuos de una misma especie.

3. ...he formado un método, en el cual paréceme que tengo un medio para aumentar gradualmente mi conocimiento y elevarlo poco a poco hasta el punto más alto a que la mediocridad de mi ingenio y la brevedad de mi vida puedan permitirle llegar.

4. Puede ser ... que me engañe ... Pero me gustaría dar a conocer, en el presente discurso, el camino que he seguido y representar en él mi vida.

5. Mi propósito ... no es el de enseñar aquí el método que cada cual ha de seguir para dirigir bien su razón, sino sólo exponer el modo como yo he procurado conducir la mía.

6. [El estudio de las letras no proporciona un conocimiento claro y seguro] Desde la niñez, fui criado en el estudio de las letras y, como me aseguraban que por medio de ellas se podía adquirir un conocimiento claro y seguro de todo cuanto es útil para la vida, sentía yo un vivísimo deseo de aprenderlas. Pero tan pronto como hube terminado el curso de los estudios ... cambié por completo de opinión. Pues me embargaban tantas dudas y errores, que me parecía que, procurando instruirme, no había conseguido más provecho que el de descubrir cada vez mejor mi ignorancia.

7. No dejaba por eso de estimar en mucho los ejercicios que se hacen en las escuelas.

8. Pero creía también que ya había dedicado bastante tiempo a las lenguas e incluso a la lectura de los libros antiguos ... Pues es casi lo mismo conversar con gentes de otros siglos, que viajar por extrañas tierras. Bueno es saber algo de las costumbres de otros pueblos, para juzgar las del propio con mejor acierto, y no creer que todo lo que sea contrario a nuestras modas es ridículo y opuesto a la razón, como suelen hacer los que no han visto nada.

9. Gustaba sobre todo de las matemáticas, por la certeza y evidencia que poseen sus razones; pero aun no advertía cuál era su verdadero uso.

10. Profesaba una gran reverencia por nuestra teología ... que las verdades reveladas, que allá conducen, están muy por encima de nuestra inteligencia, nunca me hubiera atrevido a someterlas a la flaqueza de mis razonamientos.

11. Nada diré de la filosofía sino que, al ver que ha sido cultivada por los más excelentes ingenios que han vivido desde hace siglos, y, sin embargo, nada hay en ella que no sea objeto de disputa y, por consiguiente, dudoso, no tenía yo la presunción de esperar acertar mejor que los demás; y considerando cuán diversas pueden ser las opiniones tocante a una misma materia, sostenidas todas por gentes doctas, aun cuando no puede ser verdadera más que una sola, reputaba casi por falso todo lo que no fuera más que verosímil.

12. Y en cuanto a las demás ciencias, ya que toman sus principios de la filosofía, pensaba yo que sobre tan endebles cimientos no podía haberse edificado nada sólido.

13. [El estudio de las costumbres no proporciona un conocimiento claro y seguro] Así, pues, tan pronto como estuve en edad de salir de la sujeción en que me tenían mis preceptores, abandoné del todo el estudio de las letras; y, resuelto a no buscar otra ciencia que la que pudiera hallar en mí mismo o en el gran libro del mundo, empleé el resto de mi juventud en viajar, ... Y siempre sentía un deseo extremado de aprender a distinguir lo verdadero de lo falso, para ver claro en mis actos y andar seguro por esta vida.

14. [El estudio de mi mismo sí proporciona un conocimiento claro y seguro] Es cierto que, mientras me limitaba a considerar las costumbres de los otros hombres, apenas hallaba cosa segura y firme, y advertía casi tanta diversidad como antes en las opiniones de los filósofos ... aprendía a no creer con demasiada firmeza en lo que sólo el ejemplo y la costumbre me habían persuadido ... Mas cuando hube pasado varios años estudiando en el libro del mundo y tratando de adquirir alguna experiencia, resolvime un día a estudiar también en mí mismo y a emplear todas las fuerzas de mi ingenio en la elección de la senda que debía seguir.

Parte II del Discurso del Método. Al principio de esta segunda parte nos habla del invierno en el que junto a una estufa dispuso de la tranquilidad necesaria para empezar a elaborar su método. Señala a continuación que las ciencias, al haber sido realizadas por múltiples autores, cada uno con su diferente opinión, no son portadoras de un verdadero saber. Propone renunciar a esta diversidad de opiniones que nos han sido enseñadas y en su lugar elegir otras con nuestra propia razón, ya que las creencias a las que nos han educado desde nuestro nacimiento dependen del entorno en el que hayamos nacido y de las personas que nos las hayan inculcado. Debemos reformar estas creencias distinguiendo lo verdadero de lo falso pero manteniendo un cimiento personal. Descartes aclara que esta reforma no está encaminada a reformar la enseñanza oficial, ni el orden social, sino que sólo expone cómo él ha llevado a cabo una reforma de su propio pensamiento. Una vez aclarado esto, toma la decisión radical de dudar de forma metódica y provisional de todo lo que le rodea. A continuación expone de forma muy breve los fundamentos de su nuevo método, fundamentos que ha encontrado en la lógica, en el análisis geométrico y en el álgebra. Estos fundamentos son tan sólo cuatro reglas:

  • “El primero, no admitir jamás cosa alguna como verdadera sin haber conocido con evidencia que así era."
  • “El segundo, en dividir cada una de las dificultades que examinare, en tantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución.”
  • “El tercero, en conducir con orden mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ascender poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente"
  • “Y el último, en hacer en todo recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada."1
Ideas de la Segunda parte del Discurso del Método

1. ...permanecía el día entero solo y encerrado, junto a una estufa, con toda la tranquilidad necesaria para entregarme a mis pensamientos. Entre los cuales, fue uno de los primeros ... considerar que muchas veces sucede que no hay tanta perfección en las obras compuestas de varios trozos y hechas por las manos de muchos maestros, como en aquellas en que uno solo ha trabajado ... Y así pensé yo que las ciencias de los libros ... habiéndose compuesto y aumentado poco a poco con las opiniones de varias personas diferentes, no son tan próximas a la verdad como los simples razonamientos que un hombre de buen sentido puede hacer, naturalmente, acerca de las cosas que se presentan.

2. ...por lo que toca a las opiniones, a que hasta entonces había dado mi crédito, no podía yo hacer nada mejor que emprender de una vez la labor de
suprimirlas, para sustituirlas luego por otras mejores o por las mismas, cuando las
hubiere ajustado al nivel de la razón. Y tuve firmemente por cierto que, por este medio, conseguiría dirigir mi vida mucho mejor que si me contentase con edificar sobre cimientos viejos y me apoyase solamente en los principios que había aprendido siendo joven, sin haber examinado nunca si eran o no verdaderos.

3. ...Mis designios no han sido nunca otros que tratar de reformar mis propios pensamientos y edificar sobre un terreno que me pertenece a mí solo

4. ... Mas habiendo aprendido en el colegio que no se puede imaginar nada ... que no haya sido dicho por alguno de los filósofos, y habiendo visto luego, en mis viajes, que no todos los que piensan de modo contrario al nuestro son por ello bárbaros y salvajes ... y habiendo considerado que un mismo hombre, con su mismo ingenio, si se ha criado desde niño entre franceses o alemanes, llega a ser muy diferente de lo que sería si hubiese vivido siempre entre chinos o caníbales; ... de suerte que más son la costumbre y el ejemplo los que nos persuaden, que un conocimiento cierto; y que, sin embargo, la multitud de votos no es una prueba que valga para las verdades algo difíciles de descubrir, porque más verosímil es que un hombre solo dé con ellas que no todo un pueblo, no podía yo elegir a una persona, cuyas opiniones me parecieran preferibles a las de las demás, y me vi como obligado a emprender por mí mismo la tarea de conducirme.

5. ...no quise empezar a deshacerme por completo de ninguna de las opiniones que pudieron antaño deslizarse en mi creencia, sin haber sido introducidas por la razón, hasta después de pasar buen tiempo dedicado al proyecto de la obra que iba a emprender, buscando el verdadero método para llegar al conocimiento de todas las cosas de que mi espíritu fuera capaz.

6. Había estudiado un poco, cuando era más joven, de las partes de la filosofía, la lógica, y de las matemáticas, el análisis de los geómetras y el álgebra, tres artes o ciencias que debían, al parecer, contribuir algo a mi propósito. Pero cuando las examiné, hube de notar que, en lo tocante a la lógica, sus silogismos y la mayor parte de las demás instrucciones que da, más sirven para explicar a otros las cosas ya sabidas o incluso, como el arte de Lulio, para hablar sin juicio de las ignoradas, que para aprenderla ... en lo tocante al análisis de los antiguos y al álgebra de los modernos, aparte de que no se refieren sino a muy abstractas materias, que no parecen ser de ningún uso, el primero está siempre tan constreñido a considerar las figuras, que no puede ejercitar el entendimiento sin cansar grandemente la imaginación; y en la segunda, tanto se han sujetado sus cultivadores a ciertas reglas y a ciertas cifras, que han hecho de ella un arte confuso y oscuro, bueno para enredar el ingenio, en lugar de una ciencia que lo cultive ... pensé que había que buscar algún otro método que juntase las ventajas de esos tres, excluyendo sus defectos.

7. ...en lugar del gran número de preceptos que encierra la lógica, creí que me
bastarían los cuatro siguientes, supuesto que tomase una firme y constante resolución de no dejar de observarlos una vez siquiera:
Fue el primero, no admitir como verdadera cosa alguna, como no supiese con evidencia que lo es; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mí espíritu, que no hubiese ninguna ocasión de ponerlo en duda.
El segundo, dividir cada una de las dificultades, que examinare, en cuantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución.
El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente.
Y el último, hacer en todo unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada.

8. ... todas las cosas, de que el hombre puede adquirir conocimiento, se siguen unas a otras en igual manera, y que, con sólo abstenerse de admitir como verdadera una que no lo sea y guardar siempre el orden necesario para deducirlas unas de otras, no puede haber ninguna, por lejos que se halle situada o por oculta que esté, que no se llegue a alcanzar y descubrir. ... por cuáles era preciso comenzar, ... por las más simples y fáciles de conocer; y considerando que, entre todos los que hasta ahora han investigado la verdad en las ciencias, sólo los matemáticos han podido encontrar algunas demostraciones, esto es, algunas razones ciertas y evidentes, no dudaba de que había que empezar por las mismas que ellos han examinado .... y viendo que, aunque sus objetos2 son diferentes, todas, sin embargo, coinciden en que no consideran sino las varias relaciones o proporciones que se encuentran en los tales objetos, pensé que más valía limitarse a examinar esas proporciones en general, suponiéndolas solo en aquellos asuntos que sirviesen para hacerme más fácil su conocimiento y hasta no sujetándolas a ellos de ninguna manera, para poder después aplicarlas tanto más libremente a todos los demás a que pudieran convenir. Luego advertí que, para conocerlas, tendría a veces necesidad de considerar cada una de ellas en particular, y otras veces, tan solo retener o comprender varias juntas, y pensé que, para considerarlas mejor en particular, debía suponerlas en líneas, porque no encontraba nada más simple y que más distintamente pudiera yo representar a mi imaginación y mis sentidos; pero que, para retener o comprender varias juntas, era necesario que las explicase en algunas cifras, las más cortas que fuera posible; y que, por este medio, tomaba lo mejor que hay en el análisis geométrico y en el álgebra, y corregía así todos los defectos de una por el otro

9. Y, efectivamente, me atrevo a decir que la exacta observación de los pocos preceptos por mí elegidos, me dio tanta facilidad para desenmarañar todas las cuestiones de que tratan esas dos ciencias3, que en dos o tres meses que empleé en examinarlas, habiendo comenzado por las más simples y generales, y siendo cada verdad que encontraba una regla que me servía luego para encontrar otras ... , supuesto que no hay sino una verdad en cada cosa, el que la encuentra sabe todo lo que se puede saber de ella; ... porque al fin y al cabo el método que enseña a seguir el orden verdadero y a recontar exactamente las circunstancias todas de lo que se busca, contiene todo lo que confiere certidumbre a las reglas de la aritmética.

10. Pero lo que más contento me daba en este método era que, con él, tenía la seguridad de emplear mi razón en todo, si no perfectamente, por lo menos lo mejor que fuera en mi poder. Sin contar con que, aplicándolo, sentía que mi espíritu se iba acostumbrando poco a poco a concebir los objetos con mayor claridad y distinción y que, no habiéndolo sujetado a ninguna materia particular, prometíame aplicarlo con igual fruto a las dificultades de las otras ciencias, como lo había hecho a las del álgebra. ... pero habiendo advertido que los principios de las ciencias tenían que estar todos tomados de la filosofía, en la que aun no hallaba ninguno que fuera cierto, pensé que ante todo era preciso procurar establecer algunos de esta clase y, siendo esto la cosa más importante del mundo ... creí que no debía acometer la empresa antes de haber llegado a más madura edad que la de veintitrés años, que entonces tenía, y de haber dedicado buen espacio de tiempo a prepararme, desarraigando de mi espíritu todas las malas opiniones a que había dado entrada antes de aquel tiempo, haciendo también acopio de experiencias varias, que fueran después la materia de mis razonamientos y, por último, ejercitándome sin cesar en el método que me había prescrito, para afianzarlo mejor en mi espíritu.

Parte III del Discurso del Método. Descartes en la segunda parte había establecido la duda metódica para poder llegar a la verdad, pero él explica, en la tercera parte que, mientras se dedica a dudar de todo, tiene que crear una moral provisional que rija su vida. Esta moral provisional tenía una serie de máximas:

  • La primera consistía en obedecer las leyes y costumbres de su país, conservar la religión y guiarse por las opiniones más moderadas.
  • La segunda máxima consistía en ser lo más firme y lo más decidido en las acciones y en seguir, con no menos firmeza, las opiniones más dudosas como si hubieran sido verdaderas.
  • La tercera máxima consistía en cambiar los propios deseos antes que el orden del mundo. Afirma que nada excepto los pensamientos están enteramente en nuestro poder.

Como conclusión a su moral provisional el primer pensador moderno decide dedicar toda su vida a cultivar la razón y a avanzar en el conocimiento mediante el uso de su método. Para ponerlo en práctica, Descartes decide ponerse a viajar y conversar con los hombres. Durante nueve años se encarga de esta tarea. Sin embargo, durante este tiempo aunque avanza mucho en el conocimiento de la verdad no consigue encontrar los fundamentos de una filosofía “más cierta que la vulgar”. Para realizar esta nueva filosofía se dirige hacia Holanda huyendo de la Guerra de los Treinta Años que le ofrece el marco ideal para dedicarse a esta tarea.4

Ideas de la Tercera parte del Discurso del Método

1. ...con el fin de no permanecer irresoluto en mis acciones, mientras la razón me obligaba a serlo en mis juicios, y no dejar de vivir, desde luego, con la mejor ventura que pudiese, hube de arreglarme una moral provisional (22), que no consistía sino en tres o cuatro máximas

2. La primera fue seguir las leyes y las costumbres de mi país, conservando constantemente la religión ... rigiéndome en todo lo demás por las opiniones más moderadas y más apartadas de todo exceso, que fuesen comúnmente admitidas en la práctica por los más sensatos de aquellos con quienes tendría que vivir ... Y entre varias opiniones, igualmente admitidas, elegía las más moderadas, no sólo porque son siempre las más cómodas para la práctica, y verosímilmente las mejores, ya que todo exceso suele ser malo, sino también para alejarme menos del verdadero camino, en caso de error, si, habiendo elegido uno de los extremos, fuese el otro el que debiera seguirse.

3. Mi segunda máxima fue la de ser en mis acciones lo más firme y resuelto que pudiera y seguir tan constante en las más dudosas opiniones, una vez determinado a ellas, como si fuesen segurísimas ... Y así, puesto que muchas veces las acciones de la vida no admiten demora, es verdad muy cierta que si no está en nuestro poder el discernir las mejores opiniones, debemos seguir las más probables; y aunque no encontremos más probabilidad en unas que en otras, debemos, no obstante, decidirnos por algunas y considerarlas después, no ya como dudosas, en cuanto que se refieren a la práctica, sino como muy verdaderas y muy ciertas, porque la razón que nos ha determinado lo es.

4. Mi tercera máxima fue procurar siempre vencerme a mí mismo antes que a la fortuna, y alterar mis deseos antes que el orden del mundo, y generalmente acostumbrarme a creer que nada hay que esté enteramente en nuestro poder sino nuestros propios pensamientos ... y creo que en esto consistía principalmente el secreto de aquellos filósofos, que pudieron antaño sustraerse al imperio de la fortuna, y a pesar de los sufrimientos y la pobreza, entrar en competencia de ventura con los propios dioses. Pues, ocupados sin descanso en considerar los límites prescritos por la naturaleza, persuadíanse tan perfectamente de que nada tenían en su poder sino sus propios pensamientos, que esto sólo era bastante a impedirles sentir afecto hacia otras cosas; y disponían de esos pensamientos tan absolutamente, que tenían en esto cierta razón de estimarse más ricos y poderosos y más libres y bienaventurados que ningunos otros hombres, los cuales, no teniendo esta filosofía, no pueden, por mucho que les hayan favorecido la naturaleza y la fortuna, disponer nunca, como aquellos filósofos, de todo cuanto quieren.

5. En fin, como conclusión de esta moral, ocurrióseme considerar, una por una, las diferentes ocupaciones a que los hombres dedican su vida, para procurar elegir la mejor; ... pensé que no podía hacer nada mejor que seguir en la misma que tenía; es decir, aplicar mi vida entera al cultivo de mi razón y adelantar cuanto pudiera en el conocimiento de la verdad, según el método que me había prescrito ... Además, las tres máximas anteriores fundábanse sólo en el propósito, que yo abrigaba, de continuar instruyéndome; ...pues no determinándose nuestra voluntad a seguir o a evitar cosa alguna, sino porque nuestro entendimiento se la representa como buena o mala, basta juzgar bien, para obrar bien, y juzgar lo mejor que se pueda, para obrar también lo mejor que se pueda; es decir, para adquirir todas las virtudes y con ellas cuantos bienes puedan lograrse.

6. Habiéndome, pues, afirmado en estas máximas ... pensé que de todas mis otras opiniones podía libremente empezar a deshacerme ... Y no es que imitara a los escépticos, que dudan por sólo dudar y se las dan siempre de irresolutos; por el contrario, mi propósito no era otro que afianzarme en la verdad.

7. Sin embargo, transcurrieron esos nueve años sin que tomara yo decisión alguna tocante a las dificultades de que suelen disputar los doctos, y sin haber comenzado a buscar los cimientos de una filosofía más cierta que la vulgar ... y hace ocho años precisamente, ese deseo me decidió a alejarme de todos los lugares en donde podía tener algunos conocimientos y retirarme aquí5 ... en donde ... he podido, sin carecer de ninguna de las comodidades que hay en otras más frecuentadas ciudades, vivir tan solitario y retirado como en el más lejano desierto.

Parte IV del Discurso del Método. La cuarta parte es el capítulo central y en ella Descartes crea una nueva filosofía. Crea un primer principio para su nueva filosofía. "Pienso, luego existo": a partir de este primer principio Descartes establece la existencia de Dios y del mundo. Los argumentos para justificar la existencia de Dios son:

  • El primer argumento que da para justificar la existencia de Dios es, que si tenemos conciencia de nuestra naturaleza imperfecta, es porque sabemos en qué consiste una naturaleza perfecta.
  • El segundo argumento parte de nuestra propia imperfección, puesto que, si nosotros que conocemos lo que es perfecto, nos hubiésemos creado a nosotros mismos como seres perfectos. Por lo tanto se requiere un creador de nuestro ser, que tiene en sí esas perfecciones, Dios, del cual depende todo y sin el cual nada podría existir.
  • El último argumento que da para justificar la existencia de Dios es que Dios, entendido éste como la perfección, es lo mayor que puede pensarse. Dios tiene que existir ("argumento ontológico" - tomado de San Anselmo) puesto que si no, podría pensarse en algo más perfecto y entonces, eso sería Dios.

La existencia de Dios a su vez nos demuestra la existencia del mundo, puesto que Dios al ser infinitamente bueno y veraz no puede permitir que nos engañemos al creer que el mundo no existe, es así como Dios nos garantiza la evidencia de nuestras ideas. Pero Descartes, al final, aún teniendo en cuenta lo dicho, afirma que es nuestro deber y no el de Dios, liberarnos de las ilusiones y evitar los errores.6

Ideas de la Cuarta parte del Discurso del Método

1. ... pero, deseando yo en esta ocasión ocuparme tan sólo de indagar la verdad, pensé que debía ... rechazar como absolutamente falso todo aquello en que pudiera imaginar la menor duda, con el fin de ver si, después de hecho esto, no quedaría en mi creencia algo que fuera enteramente indudable. Así, puesto que los sentidos nos engañan, a las veces, quise suponer que no hay cosa alguna que sea tal y como ellos nos la presentan en la imaginación; y puesto que hay hombres que yerran al razonar ... rechacé como falsas todas las razones que anteriormente había tenido por demostrativas; y, en fin, considerando que todos los pensamientos que nos vienen estando despiertos pueden también ocurrírsenos durante el sueño, sin que ninguno entonces sea verdadero, resolví fingir que todas las cosas, que hasta entonces habían entrado en mi espíritu, no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños. Pero advertí luego que, queriendo yo pensar, de esa suerte, que todo es falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa; y observando que esta verdad: «yo pienso, luego soy», era tan firme y segura que las más extravagantes suposiciones de los escépticos no son capaces de conmoverla, juzgué que podía recibirla sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que andaba buscando.

2. Examiné después atentamente lo que yo era, y viendo que podía fingir que no tenía cuerpo alguno y que no había mundo ni lugar alguno en el que yo me encontrase, pero que no podía fingir por ello que yo no fuese ... conocí por ello que yo era una sustancia cuya esencia y naturaleza toda es pensar, y que no necesita, para ser, de lugar alguno, ni depender de cosa alguna material; de suerte que este yo, es decir, el alma, por la cual yo soy lo que soy, es enteramente distinta del cuerpo y hasta más fácil de conocer que éste y, aunque el cuerpo no fuese, el alma no dejaría de ser cuanto es.

3. Después de esto, consideré, en general, lo que se requiere en una proposición para que sea verdadera y cierta ... habiendo notado que en la proposición: «yo pienso, luego soy», no hay nada que me asegure que digo verdad, sino que veo muy claramente que para pensar es preciso ser, juzgué que podía admitir esta regla general: que las cosas que concebimos muy clara y distintamente son todas verdaderas.

4. Después de lo cual, hube de reflexionar que, puesto que yo dudaba, no era mi ser enteramente perfecto, pues veía claramente que hay más perfección en conocer que en dudar; y se me ocurrió entonces indagar por dónde había yo aprendido a pensar en algo más perfecto que yo; y conocí evidentemente que debía de ser por alguna naturaleza que fuese efectivamente más perfecta ... para explicarlo en una palabra, por Dios. A esto añadí que, supuesto que yo conocía algunas perfecciones que me faltaban, no era yo el único ser que existiese ... sino que era absolutamente necesario que hubiese algún otro ser más perfecto de quien yo dependiese y de quien hubiese adquirido todo cuanto yo poseía ... Pues, en virtud de los razonamientos que acabo de hacer, para conocer la naturaleza de Dios hasta donde la mía es capaz de conocerla, bastábame considerar todas las cosas de que hallara en mí mismo alguna idea y ver si era o no perfección el poseerlas; y estaba seguro de que ninguna de las que indicaban alguna imperfección está en Dios, pero todas las demás sí están en él; así veía que la duda, la inconstancia, la tristeza y otras cosas semejantes no pueden estar en Dios .... Además, tenía yo ideas de varias cosas sensibles y corporales; pues aun suponiendo que soñaba y que todo cuanto veía e imaginaba era falso, no podía negar, sin embargo, que esas ideas estuvieran verdaderamente en mi pensamiento. Mas habiendo ya conocido en mí muy claramente que la naturaleza inteligente es distinta de la corporal, y considerando que toda composición denota dependencia, y que la dependencia es manifiestamente un defecto, juzgaba por ello que no podía ser una perfección en Dios el componerse de esas dos naturalezas, y que, por consiguiente, Dios no era compuesto; en cambio, si en el mundo había cuerpos, o bien algunas inteligencias u otras naturalezas que no fuesen del todo perfectas, su ser debía depender del poder divino, hasta el punto de no poder subsistir sin él un solo instante.

5. Quise indagar luego otras verdades; y habiéndome propuesto el objeto de los geómetras, que concebía yo como un cuerpo continuo o un espacio infinitamente extenso en longitud, anchura y altura o profundidad, divisible en varias partes que pueden tener varias figuras y magnitudes y ser movidas o trasladadas en todos los sentidos ... repasé algunas de sus más simples demostraciones, y habiendo advertido que esa gran certeza que todo el mundo atribuye a estas demostraciones, se funda tan sólo en que se conciben con evidencia, según la regla antes dicha, advertí también que no había nada en ellas que me asegurase de la existencia de su objeto ... en cambio, si volvía a examinar la idea que yo tenía de un ser perfecto, encontraba que la existencia está comprendida en ella del mismo modo que en la idea de un triángulo está comprendido el que sus tres ángulos sean iguales a dos rectos o, en la de una esfera, el que todas sus partes sean igualmente distantes del centro, y hasta con más evidencia aún; y que, por consiguiente, tan cierto es por lo menos, que Dios, que es ese ser perfecto, es o existe, como lo pueda ser una demostración de geometría.

6. Pero si hay algunos que están persuadidos de que es difícil conocer lo que sea Dios, y aun lo que sea el alma, es porque no levantan nunca su espíritu por encima de las cosas sensibles y están tan acostumbrados a considerarlo todo con la imaginación -que es un modo de pensar particular para las cosas materiales -, que lo que no es imaginable les parece ininteligible. Lo cual está bastante manifiesto en la máxima que los mismos filósofos admiten como verdadera en las escuelas, y que dice que nada hay en el entendimiento que no haya estado antes en el sentido (31), en donde, sin embargo, es cierto que nunca han estado las ideas de Dios y del alma ... que ni la imaginación ni los sentidos pueden asegurarnos nunca cosa alguna, como no intervenga el entendimiento.

7. En fin, si aun hay hombres a quienes las razones que he presentado no han convencido bastante de la existencia de Dios y del alma, quiero que sepan que todas las demás cosas que acaso crean más seguras, como son que tienen un cuerpo, que hay astros, y una tierra, y otras semejantes, son, sin embargo, menos ciertas ... Pues ¿cómo sabremos que los pensamientos que se nos ocurren durante el sueño son falsos, y que no lo son los que tenemos despiertos, si muchas veces sucede que aquéllos no son menos vivos y expresos que éstos? Y por mucho que estudien los mejores ingenios, no creo que puedan dar ninguna razón bastante a levantar esa duda, como no presupongan la existencia de Dios. Pues, en primer lugar, esa misma regla que antes he tomado, a saber: que las cosas que concebimos muy clara y distintamente son todas verdaderas; esa misma regla recibe su certeza sólo de que Dios es o existe, y de que es un ser perfecto, y de que todo lo que está en nosotros proviene de él; de donde se sigue que, siendo nuestras ideas o nociones, cuando son claras y distintas, cosas reales y procedentes de Dios, no pueden por menos de ser también, en ese respecto, verdaderas.

. Así, pues, habiéndonos el conocimiento de Dios y del alma testimoniado la certeza de esa regla, resulta bien fácil conocer que los ensueños, que imaginamos dormidos, no deben, en manera alguna, hacernos dudar de la verdad de los pensamientos que tenemos despiertos ... Pues, en último término, despiertos o dormidos, no debemos dejarnos persuadir nunca sino por la evidencia de la razón. Y nótese bien que digo de la razón, no de la imaginación ni de los sentidos ... pues la razón no nos dice que lo que así vemos o imaginamos sea verdadero; pero nos dice que todas nuestras ideas o nociones deben tener algún fundamento de verdad; pues no fuera posible que Dios, que es todo perfecto y verdadero, las pusiera sin eso en nosotros.

Parte V del Discurso del Método. Expone algunas aplicaciones del método cartesiano a la física y a la fisiología (movimiento del corazón). El universo, la naturaleza, está regulada por unas pocas leyes mecánicas que permiten explicar todos el fenómenos materiales. Utiliza como ejemplos la concepción de la luz, el movimiento del corazón, los seres vivos entendidos como animales-máquina (cuyo motor es el corazón) y la diferencia entre el hombre (cuerpo y alma) y los animales. Muestra que los animales carecen de alma y que el hombre posee una alma inmortal independiente de su cuerpo.

Parte VI del Discurso del Método. Trata sobre los beneficios de su método: el progreso científico de la humanidad. Empieza explicando las razones que le llevaron a atrasar la publicación de su libro (dado el juicio que la Inquisición le había hecho a Galileo y su posicionamiento a favor de las tesis contrarias al geocentrismo) y las razones que le llevaron, finalmente, a publicarlo: compartir los resultados de sus investigaciones con otros científicos y dar la posibilidad de que otros investigadores las continúen. Descartes entiende la tarea científica como una actividad de cooperación entre científicos que comparten sus investigaciones entre sí para facilitar el progreso del conocimiento científico. Conocimiento que será utilizado para transformar la naturaleza en beneficio de los hombres.

 5. Contenidos conceptuales para la PAU

 1. El método cartesiano: ideal matemático de certeza, duda metódica y criterio de verdad

Descartes rompió con la concepción aristotélica y escolástica de que había diferentes tipos de ciencia y, por tanto, diferentes métodos de investigación. Propuso la idea de una Ciencia Universal y de un Método Universal.

Además, Descartes representó una ruptura con la Escolástica porque, para él, la tarea propia de la filosofía, de la Razón, no se agotaba en el análisis de una verdad ya dada, también había que descubrir nuevas verdades para aumentar el conocimiento7. Pero, ¿cómo se descubre la verdad? Para responder a esta pregunta hay que hablar de método de investigación.

Sobre el método, Descartes había leído las doctrinas de Francis Bacon (1561-1626) acerca del método científico y simpatizaba con sus objetivos , si bien pensaba que Bacon se había equivocado al establecer como punto de partida los hechos empíricos del mundo natural. Según Descartes, había que empezar por los principios generales, que suministraban la base de la investigación deductiva8.

Además, Descartes estaba impresionado con el método matemático que se estaba desarrollando en el seno de las ciencias físicas y se dio cuenta de:

  • Igual que en la mecánica se limitaba la diversidad de las cosas observables a aquellas que eran medibles; en filosofía, sólo deberían ser seleccionadas aquellas teorías susceptibles de ser desarrolladas matemáticamente.
  • Del mismo modo que todas las cualidades medibles no tenían la misma importancia9 tampoco la tenían todas las ideas susceptibles de tratamiento matemático. Había ciertas ideas fundamentales, dadas por intuición, que suministraban el punto de partida más seguro para las deducciones de carácter matemático. Dichas ideas eran las de “yo”, “extensión” y “dios”.

Así, pues, Descartes consideraba posible deducir todos los aspectos prominentes del mundo natural si se argumentaba de manera quasi-matemática a partir de principios indubitables y ciertos.

 1.1 El sujeto epistémico y las operaciones de la mente

Hemos dicho antes que Descartes pasa a destacar el buscador de la verdad, como la nota esencial de la ciencia, de la filosofía. Desde este punto de partida, el sujeto epistémico, Descartes admite dos vías para obtener el conocimiento: la experiencia y la deducción. El error nunca puede estar en la deducción, sino en la experiencia o en juicios ligeros y sin fundamento. Pero esta deducción se realiza como un acto de la mente. Y Descartes dice que las operaciones fundamentales de la mente, mediante las cuales se puede alcanzar el conocimiento de las cosas, son la intuición y la deducción (sentido distinto del anterior, que era más general).

Entiendo por "intuición", no la confianza fluctuante que dan los sentidos o el juicio engañoso de una imaginación de malas construcciones, sino el concepto que la inteligencia pura y atenta forma con tanta facilidad y distinción que no queda absolutamente ninguna duda sobre lo que comprendemos; o bien, lo que viene a ser lo mismo, el concepto que forma la inteligencia pura y atenta, sin posible duda, concepto que nace de sólo la luz de la Razón y cuya certeza es mayor, a causa de su mayor simplicidad, que la de la misma deducción, por más que esta última no pueda ser mal hecha ni siquiera por el hombre, como hemos hecho notar más arriba.

De esta manera todo el mundo puede ver por intuición intelectual que él existe, que piensa, que un triángulo está limitado sólo por tres líneas, un cuerpo esférico por una única superficie, y otros hechos semejantes... (Reglas para la dirección de la mente, III)

Para Descartes la intuición es una actividad puramente intelectual, un ver intelectual que es tan claro y distinto que no deja lugar a la duda. Por intuición vemos que existimos, que pensamos, que un triángulo está delimitado por sólo tres líneas... Y sus características son la inmediatez y la atemporalidad.

Por deducción entiende "... toda conclusión necesaria derivada de otras cosas conocidas con certeza" (Ibíd. III). La deducción es una especie de movimiento o sucesión del Pensamiento que, en cada acto, va intuyendo cada cosa, separadamente, por lo que requiere de la memoria como soporte y de ella toma, en cierta manera, su certidumbre. Frente a la intuición, la deducción es mediata, sucesiva o temporal. En el razonamiento deductivo, la intuición es necesaria puesto que hemos de ver clara y distintamente la verdad de cada proposición antes de proceder al paso siguiente. Pero

... distinguimos la intuición intelectual de la deducción cierta por el hecho de que, en ésta, se concibe una especie de movimiento o sucesión, mientras que en aquélla no ocurre lo mismo; además, la deducción no requiere como la intuición una evidencia actual, sino que ella toma más bien de alguna manera su certeza de la memoria. De ello se sigue, podríamos decir, que las proposiciones que son la consecuencia inmediata de los primeros principios se conocen desde un punto de vista distinto, unas veces por intuición, otras veces por deducción; en cuanto a los mismos primeros principios, son solamente conocidos por intuición, mientras que, por el contrario, sus conclusiones alejadas no lo son más que por deducción. (Ibíd. III)

Para Descartes, intuición y deducción son los caminos que conducen a la ciencia de la manera más segura. Pero, estos dos actos del entendimiento requieren de un método, de un procedimiento que asegure su recto empleo y, con él, la supresión de la duda: “No se puede prescindir de un método para buscar la verdad de las cosas” (Ibíd., IV). El método permite evitar el error. Y además, a diferencia del método aristotélico que sólo sirve para explicar las cosas ya sabidas, permite aumentar los conocimientos, esto es, descubrir nuevas verdades.

 1.2 El método cartesiano

El método cartesiano es un método de duda radical. Es un método para descubrir enunciados de cuya verdad no se pueda dudar.

... En cuanto a método, entiendo por ello reglas ciertas y fáciles cuya exacta observancia permite que nadie tome nunca como verdadero nada falso, y que, sin gastar inútilmente ningún esfuerzo de inteligencia, llegue, mediante un acrecentamiento gradual y continuo de ciencia, al verdadero conocimiento de todo lo que sea capaz de conocer. (Ibíd. IV)

Las reglas del método están destinadas a asegurar el correcto uso de las capacidades
naturales de la mente y de sus operaciones mentales (intuición y deducción) para descubrir la verdad. Sobre aquellas materias que no sobrepasen su capacidad de comprensión, la mente es infalible cuando utiliza su luz y sus capacidades naturales sin la influencia perturbadora de otros factores. Y debido a que hay determinados factores que la pueden hacer errar tales como los prejuicios, las pasiones, la influencia de la educación, la impaciencia y el deseo de obtener resultados urgentemente, las reglas del método son necesarias y muy útiles. Todas las reglas del método se resumen en los siguientes cuatro preceptos:

Fue el primero, no admitir como verdadera cosa alguna, como no supiese con evidencia que lo es: es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mi espíritu, que no hubiese ninguna ocasión de ponerlo en duda.
El segundo, dividir cada una de las dificultades que examinare, en cuantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución.
El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que se preceden naturalmente.
Y el último, hacer en todo unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada. (Discurso del método, II)

Pero, el método cartesiano es algo más que una enumeración de reglas. Constituye una concepción epistemológica. En la primera regla están comprimidas algunas de las teorías esenciales de la filosofía cartesiana: la regla propone la evidencia como criterio de verdad. Lo verdadero es lo evidente y lo evidente es definido por dos notas esenciales: la claridad y la distinción. Una idea es ‘clara’ cuando está separada y es conocida separadamente de las demás ideas. Es ‘distinta’, cuando sus partes son separadas unas de otras y conocidas por intuición. La segunda regla propone análisis de lo complejo en sus partes más simples. El acto que aprehende y conoce las naturalezas simples es la intuición (conocimiento inmediato). Esta operación de conocer lo evidente es la primera y fundamental del conocimiento. Las dos primeras reglas están destinadas a llegar a esta intuición de lo simple, de lo claro y distinto.
La tercera regla propone la síntesis de esas partes para volver a la totalidad, previamente disgregada con el análisis, lo que obliga a establecer un orden para realizar la recomposición de lo analizado. La cuarta cuarta, propone la enumeración de todas las partes para facilitar el análisis y revisión sintética para la intuición global del conjunto. Estas dos últimas reglas se refieren a la deducción. La deducción es, para Descartes, una enumeración o sucesión de intuiciones, por medio de la cual vamos pasando de una verdad a otra verdad, hasta llegar a la que queremos demostrar.

Descartes dijo que exponía su método ante todos, pero lo que hizo fue ocultar su método de descubrimiento, reduciéndolo a unas reglas tan triviales que nada se obtenía con ellas. Él mismo reconoció que, entre los ensayos que seguían al Discurso del Método, únicamente la Geometría muestra la excelencia del método; los demás ensayos lo que muestran es el proceso opuesto al indicado: en lugar de ir de lo simple a lo complejo, va de lo complejo a lo simple.

 1.3 La duda metódica

En las reglas del método también subyacen las identificaciones antes indicadas: sabiduría, conocimiento, verdad, certeza (supresión de la duda) son lo mismo para Descartes. También encontramos un cambio en la concepción de la característica esencial de la ciencia: de ser el “hecho” lo principal de la ciencia, a destacar el sujeto epistémico como el elemento primordial del conocimiento. Esta inversión coloca al sujeto que conoce en primer lugar. De aquí, que Descartes plantee, cuando expone el método, la supresión de la duda, la obligación de rechazar como falso aquello en lo que pudiera existir la mínima duda. Descartes parte de la duda metódica porque la clave es el sujeto epistémico.

Descartes aplica la duda metódica a todas las creencias. Si es posible dudar de ellas, deben dejarse, provisionalmente, de lado (aunque sean recuperadas más tarde) porque no valen como fundamento sólido de la metafísica.

  • En primer lugar, es posible dudar de la información dada por los sentidos: si los sentidos nos engañan a veces, se podría suponer que nos engañan siempre.
  • En segundo lugar, también es posible dudar de nuestros razonamientos, puesto que a veces nos equivocamos en razonamientos muy sencillos y los tomamos como verdaderos.
  • En tercer lugar, es posible dudar incluso de la Realidad del mundo que nos rodea: ¿cómo distinguir la Realidad de los sueños?

Tras “suspender” todas las creencias, Descartes se encuentra con algo que resiste toda duda: para dudar se requiere de un sujeto que dude. De lo que no puede dudar el sujeto que duda es que es un sujeto que duda.

Mientras que yo quería así pensar que todo era falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa. Y notando que esta verdad: pienso, luego soy, era tan firme y segura que todas las más extravagantes suposiciones de los escépticos no eran capaces de eliminar, juzgué que podía recibirla, sin escrúpulos, por el primer principio de la filosofía que buscaba. (Meditaciones metafísicas, II)

Encontrada la primera verdad indubitable, clara y evidente, Descartes ya posee un punto de partida sólido para reconstruir el sistema epistemológico. La duda universal metódica conduce a adoptar el primer principio indubitable: el sujeto epistémico. Y las proposiciones que se le presenten de manera clara y distinta serán verdaderas.

 2. Concepto de idea en Descartes y sus tipos.

Para Descartes, la filosofía, la Metafísica, debe fundamentar el saber. Debe establecer los primeros principios, las ideas claras i distintas. I, a partir de ellas, deducir todas las demás verdades indubitables. Descartes construirá un sistema deductivo de explicación de la Realidad basado en el concepto de “sustancia”.

Para Descartes, la “idea” es el contenido del Pensamiento, el resultado de la actividad de pensar: “La forma de todos nuestros pensamientos, por cuya percepción inmediata tenemos conciencia de ellos” (Meditaciones metafísicas, 2a. objeción).
Pero puede haber tres clases de ideas:

  • Ideas adventicias o adquiridas: son las que proceden de la experiencia externa (por ejemplo, ruido).
  • Ideas facticias, artificiales o ficciones: son las elaboradas por nuestra mente (por ejemplo, centauro).
  • Ideas innatas o naturales: son las que proceden de la propia naturaleza del entendimiento.

Estas últimas son las ideas en sentido propio, de las que se precisará “cuando digo que alguna idea ha nacido con nosotros, entiendo solamente que tenemos la facultad de reproducirlas.”

Inmanentismo. El Pensamiento es tal que no impone a sus juicios la necesidad, es decir, les impone el orden del ser, pero no el de existir. El ámbito del ser cartesiano no es otro que el del pensar y una idea es objetivamente real cuando es inteligible; y es inteligible cuando es intuida con claridad y distinción. De ahí la afirmación cartesiana: “todo lo que conozco clara y distintamente como perteneciendo a un objeto le pertenece realmente”.

Ahora bien, el Pensamiento no impone necesidad, no impone que el ser concebido intelectualmente exista. Descartes queda, así, encerrado en el inmanentismo: Así, por ejemplo, estimaba correcto que, suponiendo un triángulo, entonces era preciso que sus tres ángulos fuesen iguales a dos rectos; pero tal razonamiento no me aseguraba que existiese triángulo alguno en el mundo. (Discurso del Método, IV).

Con la aplicación de la duda metódica, Descartes obtiene tres ideas claras y distintas: la del yo pensante, la del ser perfecto y la de extensión.

 2.1 La idea del yo pensante (cogito)

La duda metódica permite a Descartes encontrar una proposición de la que es imposible dudar, no sólo psicológicamente, sino también lógicamente.

Deseando yo en esta ocasión tan sólo buscar la verdad, pensé que debía ... rechazar como absolutamente falso todo aquello en que pudiera imaginar la menor duda, par ver si, después de hecho esto, no me quedaba en mis creencias algo que fuera enteramente indudable. Así, puesto que los sentidos nos engañan a veces, quise suponer que no hay cosa alguna que sea tal como ellos nos la hacen imaginar. Y como hay hombres que se equivocan al razonar, aun acerca de las más sencillas cuestiones de geometría, y cometen paralogismos, juzgué que estaba yo tan expuesto a errar como cualquier otro, y rechacé como falsos todos los razonamientos que antes había tomado por demostraciones. Finalmente, considerando que los mismos pensamientos que tenemos estando despiertos pueden también ocurrírsenos estando dormidos, sin que en tal caso sea verdadero ninguno, resolví fingir que todas las cosas que hasta entonces habían entrado en mi espíritu no eran más ciertas que las ilusiones de mis sueños. Pero advertí en seguida que, aun queriendo pensar, de este modo, que todo es falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa y al advertir que esta verdad –pienso, luego soy (cogito, ergo sum)- era tan firme y segura que las suposiciones más extravagantes de los escépticos no eran capaces de conmoverla, juzgué que podía aceptarla sin escrúpulos como el primer principio de la filosofía que buscaba. (Discurso del Método, IV)

El hecho de dudar de todo implica la proposición “existo como ser que duda” (o pensante): Cogito ergo sum (pienso, luego existo). Y de la verdad de esta proposición no se puede dudar. Es imposible que haya duda a menos que exista alguien que pueda dudar. Ésta es una verdad conceptual. Todos los llamados verbos mentales (pensar, creer, dudar, suponer, afirmar, etc.) requieren tener un sujeto. Ni siquiera el genio maligno puede engañar respecto de la verdad de esta proposición. Pues para poder engañar se requiere alguien a quien engañar. Debe haber (existir) necesariamente una persona o cosa que sea engañada. Así queda establecida la primera proposición que supera la duda metódica y que, por tanto, es verdadera: “yo existo”.

La interpretación del “cogito” ha dado lugar a una gran cantidad de discusiones, de las que cabe destacar:

  • Es notable que no se diga “dudo, luego...”, sino “pienso, luego...”. Para Descartes, “Pensamiento” es todo aquello que ocurre en el espíritu: dudar, entender, negar, querer, imaginar, sentir; es decir, todo acto consciente de la mente. Todo Pensamiento puede ser puesto en duda. Ello implica una postura subjetivista: el criterio de verdad, la evidencia, se da sólo en el interior del sujeto; lo que es evidente es, ante todo, el acto de pensar, que “hay Pensamiento”, que “hay ideas”. Lo pensado en la idea (el objeto externo) ya no tan evidente. De ahí que la verdad de una idea no consista, para Descartes (como para la filosofía escolástica), en la adecuación del concepto con la cosa. En efecto, las cosas existentes no nos son dadas en sí mismas, sino como ideas o representaciones; representaciones que suponemos se corresponden con realidades existentes fuera del yo. Por eso el material del conocimiento son las ideas y, el criterio de la verdad de las ideas debe ser intrínseco a las ideas mismas, no puede ser extrínseco a ellas. Es en la mente donde se realiza la distinción epistemológica entre verdadero y falso, según se conciba clara y distintamente, o no; más aún, es en la mente donde se produce cualquier tipo de conocimiento. La filosofía moderna debuta, con Descartes, en el idealismo. Incluye el mundo en el sujeto; trasforma las cosas en ideas, tanto que un problema fundamental de la filosofía cartesiana será el de salir del yo (salir del inmanentismo) y verificar el tránsito de las ideas a las cosas.
  • “Pienso, luego existo” no es una deducción, sino una intuición, es decir, una evidencia inmediata, una idea clara y distinta (no un razonamiento, en el cual podría ocultarse algún error).
  • El significado del “cogito” es, quizá, el siguiente: Descartes parte de su propia interioridad, de los pensamientos que descubre en sí mismo, y a partir de ahí llega a la existencia del yo (el yo es un Pensamiento que existe). De ese modo se echa un puente entre el puro Pensamiento, encerrado en sí mismo, y la Realidad del mundo de las existencias. En el “pienso, luego existo” se intuye que el “yo” existe como sustancia “cuya total esencia o naturaleza es pensar”. De este modo se empieza a construir la filosofía cartesiana.

 2.2 Idea de ser perfecto

Para salir del inmanentismo, Descartes recurre a la idea de “ser perfecto”. Que yo pueda dudar y suspender el asentimiento respecto a lo que a primera vista parece evidente, demuestra que soy libre; pero también que soy imperfecto: “hay mayor perfección en conocer que en dudar”. Descartes descubre entonces en su mente una idea singular: la idea de perfección. Poseo la idea de un ser más perfecto que yo. ¿De dónde procede tal idea? Esa idea es imposible que proceda de la nada, porque de la nada, nada puede salir; tampoco puede proceder de mí mismo (idea facticia), ni venir de fuera (idea adventicia), ya que ni yo ni las cosas del mundo somos perfectos; tiene que ser una idea innata, puesta en mí por un ser que realmente sea perfecto: dios. Dios, por tanto, existe.

Sólo en la idea de un ser perfecto coinciden esencia y existencia. “... es por lo menos tan cierto que Dios, el Ser Perfecto, es o existe como lo puede ser cualquier demostración de la geometría.” (Discurso del Método, IV). Es la verdad de la idea de dios, donde esencia y existencia se dan unidas, la que posibilita el paso del ser al existir, es la que permitirá la existencia separa de las cosas, de los objetos externos.

“...incluso lo que antes he considerado como una regla (a saber, que las cosas que he concebido clara y distintamente son verdaderas) no es válido más que si Dios existe, es un ser perfecto y todo lo que hay en nosotros procede de él” (Ibíd., IV).

Descartes aporta otras pruebas de la existencia de dios, entre ellas la denominada “prueba ontológica”, creada por Anselmo de Canterbury. Lo que percibimos clara y distintamente es verdadero. Al concebir la idea de una cosa percibimos, simultáneamente, sus propiedades esenciales. De un triángulo percibimos clara y distintamente que la suma de sus ángulos son dos rectos, y esta suma es algo que se encuentra necesariamente incluida en la idea de triángulo. En la idea de triángulo también se encuentra su existencia aunque únicamente como una posibilidad. Sin embargo, al examinar la idea de dios, que es la de un ser perfecto, idea tan clara y distinta como la de que el triángulo tenga tres lados, se observa que en esa idea se encuentra contenida la existencia. No como posibilidad, sino como necesaria y actual porque, de lo contrario, se tendría una contradicción al admitir, por un lado, la perfección suma y, por otro, una limitación a esa perfección, la de su no existencia necesaria y actual. Por tanto, la idea de ser perfecto incluye la existencia necesaria del ser perfecto. Esta prueba fue ampliamente criticada porque Descartes no tuvo más remedio que, para seguir el camino de la duda, aceptar que el término “dios” designa una idea que la mente puede producir por sí misma, una idea innata, una idea clara y distinta. Y aquí se produce un círculo vicioso: dios fundamenta el criterio de verdad, pero para fundamentarlo primero tiene que aplicar el criterio de verdad a la idea de dios.

Como vemos, dios ocupa un lugar clave en el sistema cartesiano:

  • La evidencia encuentra su garantía como criterio de verdad en dios. Si las ideas claras y distintas son siempre verdaderas es porque dios no ha podido dotar al hombre de una facultad de conocimiento que le induzca al error. Es dios quien garantiza el Pensamiento y, con él, tanto al sujeto epistémico como a la ciencia, así como al método para obtenerla.
  • Las sustancias se mantienen en la existencia gracias a una “creación continua”.
  • El mundo se mueve gracias al primer impulso recibido de dios (además, también conserva constante la cantidad de movimiento-reposo).

 2.3 Idea de la extensión

Metódicamente, Descartes analiza los resultados que puede obtener de su primer principio indubitable. Y en ese análisis observa que “el alma, en virtud de la cual yo soy lo que soy, es enteramente distinta del cuerpo” (Discurso del método, IV). Hay que volverse, por ello, hacia “las cosas que, comúnmente, creemos comprender con mayor distinción: a saber, los cuerpos que tocamos y vemos, pero al cuerpo particular y concreto” (Meditaciones Metafísicas, II). En ese análisis la noción del cuerpo sólo parece proceder de la imaginación o de los sentidos. El ejemplo utilizado por Descartes es el de un trozo de cera: supóngase que tenemos un trozo de cera; tiene unas ciertas propiedades empíricas: un determinado color, olor, temperatura y consistencia. Lo calentamos ahora; durante el proceso todas las propiedades empíricas cambian. Lo que experimentamos es diferente de lo que era antes. Si nuestro conocimiento estuviera constituido por la información que nos proporcionan nuestros sentidos, no podríamos afirmar que lo que obtenemos después de calentar la cera es el mismo trozo de cera, sólo que ha tomado diferentes propiedades. Por tanto, la noción de cuerpo no proviene de los datos de los sentidos. Tampoco de la imaginación, puesto que la puedo considerar capaz de sufrir una infinidad de cambio “y esa infinidad no podría ser recorrida por mi imaginación” (Ibíd., II). Hay que descartar la imaginación y los sentidos “dado que los cuerpos no son propiamente concebidos sino por el solo entendimiento (Ibíd., II). ¿Qué es lo que concibe el entendimiento como esencial al cuerpo?: la extensión, que es flexible y cambiante. De este modo, lo corpóreo queda reducido a la magnitud espacial, a extensión cuantificable; es decir, todo cuerpo no es otra cosa que una extensión en longitud, anchura y profundidad que puede adoptar distintas formas o figuras y que puede moverse. Extensión con figura y movimiento. Bien entendido que estas características no pertenecen al cuerpo en sí, sino a la idea de cuerpo, es decir, a la idea que concibe el entendimiento que piensa. Y es, por tal concepción, una idea clara y distinta.

Ahora bien, que el entendimiento haya alcanzado la idea clara y distinta de la naturaleza de los cuerpos no asegura que los cuerpos, el mundo corpóreo, existan. Pero Descartes ya dispone de su segunda idea, la de dios. Y la existencia de dios se convierte es garantía de que los cuerpos existen. Garantía que convierte en demostración mediante tres pruebas escalonadas que van desde lo posible, a lo probable, a lo cierto. En el fondo, reitera el argumento de que al ser dios infinitamente perfecto y bueno, no puede permitir que me engañe cuando poseo la idea clara y distinta de extensión y, a la vez, la convicción de que existen cuerpos. Esta convicción parece proceder de fuera de mí, y sería un engaño que proviniera de cosas que no fueran cuerpos. Luego el mundo existe. Esta argumentación no es convincente ni para el mismo Descartes:

Aduzco todas las razones de las cuales puede deducirse la existencia de cosas materiales...; considerándolas de cerca se viene a conocer que no son tan firmes ni tan evidentes como las que conducen al conocimiento de Dios y de nuestra alma.

 3. Concepto de sustancia en Descartes y sus tipos.

Aplicar la duda hiperbólica con método y usar como criterio de certeza la regla de la claridad y distinción, ha conducido a Descartes a la intuición de tres ideas: dios, alma, extensión. De la idea de ser perfecto ha obtenido la existencia de dios. La existencia de dios garantiza la existencia de la mente (el alma) y del mundo. Así Descartes escinde la Realidad en tres ámbitos: divino, humano, corporal. De cada uno de estos ámbitos, distintos entre sí, podrá adquirirse un conocimiento cierto de las realidades que contiene.

Hablando en términos ontológicos, esas tres realidades deben ser caracterizadas con algún término, señalar cuáles son sus notas esenciales y cuáles aquellas que se les pueden atribuir de una u otra manera. Y, en este punto, introduce la noción ontológica de sustancia. A su caracterización y precisión dedicará Los principios de la filosofía. La noción cartesiana de sustancia y su clasificación, se convertirá en una de las claves de la filosofia racionalista, de la nueva física.

Descartes emplea como sinónimos las palabras “sustancia” y “cosa” (res). Descartes llama sustancia a lo concreto existente. Lo propio de la sustancia es la existencia, pero no cualquier forma de existencia, sino la existencia independiente: no necesita de nada más que de ella misma para existir. Sustancia es “aquello que existe de tal modo que no necesita de ninguna otra cosa para existir”. (Principios de la filosofía)
En rigor, según esta definición, sólo dios es sustancia, puesto que las criaturas necesitan de dios para existir (dios da la existencia a las criaturas y, luego, la conserva). De ahí que Descartes diga que el concepto de ‘sustancia’ no se refiere del mismo modo a dios y a las criaturas, y que , por tanto, haya dos clases de sustancias:

  • La sustancia infinita: dios
  • Las sustancias finitas: mente (alma) y cuerpo, que no necesitan de otras sustancias finitas para existir. De aquí se sigue el dualismo cartesiano.

La sustancia es, pues, el sujeto inmediato de cualquier posible atributo, y toda sustancia se caracterizará por un atributo que la define y que se encuentre implícito en todo lo que se predique de ella. Atributo es “aquello por lo cual una sustancia se distingue de otras y es pensada en sí misma”. Son atributos esenciales, aquellos que “constituyen su naturaleza y esencia, de la cual dependen los demás atributos” (Ibíd., I). Los atributos esenciales son inmutables e inseparables de las sustancias de las que son atributos. Sólo puede separarlos la Razón. Cada sustancia posee un solo atributo: el alma es Pensamiento, y el cuerpo es extensión. Junto a los atributos esenciales existen modificaciones de los mismos. Son los modos que, al afectar a los atributos, también afectan a la sustancia. Estos son accidentales y mudables. Sustancia, atributo y modo son los tres conceptos fundamentales de la metafísica
cartesiana.

Y los tipos de sustancias finitas son la sustancia pensante y la sustancia extensa :

La sustancia pensante (res cogitans, yo, mente, alma) es una sustancia finita cuyo único atributo o esencia es el Pensamiento. Sin embargo, los modos del Pensamiento son múltiples: juzgar, razonar, querer, imaginar, sentir..., todos ellos actos conscientes. Pensamiento y conciencia tienen la misma extensión. Por eso Descartes llama al alma res cogitans (cosa o sustancia pensante). El tipo de argumento empleado por Descartes para demostrar que el Pensamiento es el único atributo del alma es la ficción mental, ya utilizado por Galileo. Puedo fingir mentalmente que no tengo cuerpo, y que no depende del espacio (y no por ello dejaría de existir), pero no puedo fingir que no pienso; por tanto, lo que constituye mi esencia es pensar.

La sustancia extensa (res extensa, cuerpo) es una sustancia finita cuyo único atributo o esencia es la extensión. Los modos propios del cuerpo son dos: la figura y el movimiento (y el reposo). Así pues, un cuerpo (sustancia) es extensión (atributo) que tiene una figura determinada (modo). Descartes acepta la subjetividad de las “cualidades secundarias”. Al ser el atributo del cuerpo la magnitud, o sea, la extensión en longitud, anchura y profundidad, y sus modos la figura y el movimiento, resulta que quedan marginados del conocimiento de los cuerpos (de lo que va a constituir la física moderna) los olores, sabores, textura... De ellos indicará “no son más que sentimientos que no tienen ninguna existencia fuera de mi Pensamiento” (Meditaciones metafísicas, respuesta a la 6a objeción). El dolor no depende de la figura del cuerpo que lo causa: una bala o una flecha producen el mismo dolor. Descartes distingue, así, dos tipos de cualidades en los cuerpos:

  • Cualidades primarias, que derivan de la Realidad fundamental, de la extensión o magnitud: la figura y el movimiento. Son objetivas y se hallan, realmente, en los cuerpos. Su conocimiento se logra a través de la magnitud medible, pues caen bajo el ámbito del orden y la medida, caen bajo el ámbito de la matemática.
  • Cualidades secundarias, subjetivas, producidas por la acción mecánica de los cuerpos. Son las atribuidas a los sentidos: olor, sabor...

Un conocimiento cierto, la sabiduría o ciencia, sólo puede tratar de cualidades primarias. Y constituye el objetivo de los geómetras. La ciencia cartesiana no puede ser otra cosa que geometría.

 4. Argumentos demostrativos de la existencia de Dios y del mundo

 4.1 Argumentos demostrativos de la existencia de Dios

Para salir del inmanentismo, Descartes recurre a la idea de “ser perfecto”. Que yo pueda dudar y suspender el asentimiento respecto a lo que a primera vista parece evidente, demuestra que soy libre; pero también que soy imperfecto: “hay mayor perfección en conocer que en dudar”. Descartes descubre entonces en su mente una idea singular: la idea de perfección. Poseo la idea de un ser más perfecto que yo. ¿De dónde procede tal idea? Esa idea es imposible que proceda de la nada, porque de la nada, nada puede salir; tampoco puede proceder de mí mismo (idea facticia), ni venir de fuera (idea adventicia), ya que ni yo ni las cosas del mundo somos perfectos; tiene que ser una idea innata, puesta en mí por un ser que realmente sea perfecto: dios. Dios, por tanto, existe.

Sólo en la idea de un ser perfecto coinciden esencia y existencia. “... es por lo menos tan cierto que Dios, el Ser Perfecto, es o existe como lo puede ser cualquier demostración de la geometría.” (Discurso del Método, IV). Es la verdad de la idea de dios, donde esencia y existencia se dan unidas, la que posibilita el paso del ser al existir, es la que permitirá la existencia separa de las cosas, de los objetos externos.

“...incluso lo que antes he considerado como una regla (a saber, que las cosas que he concebido clara y distintamente son verdaderas) no es válido más que si Dios existe, es un ser perfecto y todo lo que hay en nosotros procede de él” (Ibíd., IV).

Descartes aporta otras pruebas de la existencia de dios, entre ellas la denominada “prueba ontológica”, creada por Anselmo de Canterbury. Lo que percibimos clara y distintamente es verdadero. Al concebir la idea de una cosa percibimos, simultáneamente, sus propiedades esenciales. De un triángulo percibimos clara y distintamente que la suma de sus ángulos son dos rectos, y esta suma es algo que se encuentra necesariamente incluida en la idea de triángulo. En la idea de triángulo también se encuentra su existencia aunque únicamente como una posibilidad. Sin embargo, al examinar la idea de dios, que es la de un ser perfecto, idea tan clara y distinta como la de que el triángulo tenga tres lados, se observa que en esa idea se encuentra contenida la existencia. No como posibilidad, sino como necesaria y actual porque, de lo contrario, se tendría una contradicción al admitir, por un lado, la perfección suma y, por otro, una limitación a esa perfección, la de su no existencia necesaria y actual. Por tanto, la idea de ser perfecto incluye la existencia necesaria del ser perfecto. Esta prueba fue ampliamente criticada porque Descartes no tuvo más remedio que, para seguir el camino de la duda, aceptar que el término “dios” designa una idea que la mente puede producir por sí misma, una idea innata, una idea clara y distinta. Y aquí se produce un círculo vicioso: dios fundamenta el criterio de verdad, pero para fundamentarlo primero tiene que aplicar el criterio de verdad a la idea de dios.

Como vemos, dios ocupa un lugar clave en el sistema cartesiano:

  • La evidencia encuentra su garantía como criterio de verdad en dios. Si las ideas claras y distintas son siempre verdaderas es porque dios no ha podido dotar al hombre de una facultad de conocimiento que le induzca al error. Es dios quien garantiza el Pensamiento y, con él, tanto al sujeto epistémico como a la ciencia, así como al método para obtenerla.
  • Las sustancias se mantienen en la existencia gracias a una “creación continua”.
  • El mundo se mueve gracias al primer impulso recibido de dios (además, también conserva constante la cantidad de movimiento-reposo).

 4.2 Argumentos demostrativos de la existencia del mundo

Metódicamente, Descartes analiza los resultados que puede obtener de su primer principio indubitable. Y en ese análisis observa que “el alma, en virtud de la cual yo soy lo que soy, es enteramente distinta del cuerpo” (Discurso del método, IV). Hay que volverse, por ello, hacia “las cosas que, comúnmente, creemos comprender con mayor distinción: a saber, los cuerpos que tocamos y vemos, pero al cuerpo particular y concreto” (Meditaciones Metafísicas, II). En ese análisis la noción del cuerpo sólo parece proceder de la imaginación o de los sentidos. El ejemplo utilizado por Descartes es el de un trozo de cera: supóngase que tenemos un trozo de cera; tiene unas ciertas propiedades empíricas: un determinado color, olor, temperatura y consistencia. Lo calentamos ahora; durante el proceso todas las propiedades empíricas cambian. Lo que experimentamos es diferente de lo que era antes. Si nuestro conocimiento estuviera constituido por la información que nos proporcionan nuestros sentidos, no podríamos afirmar que lo que obtenemos después de calentar la cera es el mismo trozo de cera, sólo que ha tomado diferentes propiedades. Por tanto, la noción de cuerpo no proviene de los datos de los sentidos. Tampoco de la imaginación, puesto que la puedo considerar capaz de sufrir una infinidad de cambio “y esa infinidad no podría ser recorrida por mi imaginación” (Ibíd., II). Hay que descartar la imaginación y los sentidos “dado que los cuerpos no son propiamente concebidos sino por el solo entendimiento (Ibíd., II). ¿Qué es lo que concibe el entendimiento como esencial al cuerpo?: la extensión, que es flexible y cambiante. De este modo, lo corpóreo queda reducido a la magnitud espacial, a extensión cuantificable; es decir, todo cuerpo no es otra cosa que una extensión en longitud, anchura y profundidad que puede adoptar distintas formas o figuras y que puede moverse. Extensión con figura y movimiento. Bien entendido que estas características no pertenecen al cuerpo en sí, sino a la idea de cuerpo, es decir, a la idea que concibe el entendimiento que piensa. Y es, por tal concepción, una idea clara y distinta.

Ahora bien, que el entendimiento haya alcanzado la idea clara y distinta de la naturaleza de los cuerpos no asegura que los cuerpos, el mundo corpóreo, existan. Pero Descartes ya dispone de su segunda idea, la de dios. Y la existencia de dios se convierte es garantía de que los cuerpos existen. Garantía que convierte en demostración mediante tres pruebas escalonadas que van desde lo posible, a lo probable, a lo cierto. En el fondo, reitera el argumento de que al ser dios infinitamente perfecto y bueno, no puede permitir que me engañe cuando poseo la idea clara y distinta de extensión y, a la vez, la convicción de que existen cuerpos. Esta convicción parece proceder de fuera de mí, y sería un engaño que proviniera de cosas que no fueran cuerpos. Luego el mundo existe. Esta argumentación no es convincente ni para el mismo Descartes:

Aduzco todas las razones de las cuales puede deducirse la existencia de cosas materiales...; considerándolas de cerca se viene a conocer que no son tan firmes ni tan evidentes como las que conducen al conocimiento de Dios y de nuestra alma.

 5. Dualismo antropológico. Mecanicismo y libertad

 5.1 El dualismo

En general, un sistema filosófico es dualista cuando parte del supuesto de que las cosas se explican por la existencia de dos principios, irreductibles el uno al otro, y no por un principio (monismo) o por muchos (pluralismo).

Descartes fue dualista porque creyó en la existencia de dos principios radicalmente diferentes (decir que son radicalmente diferentes es decir que uno no puede ser sometido al otro). Afirmó que existen dos sustancias: la sustancia pensante (el alma), inextensa; y la sustancia extensa (el cuerpo), no pensante. Así Descartes garantiza la libertad del alma y su independencia respecto al cuerpo que, por ser material, se encuentra sometido a las leyes deterministas del mundo físico, en el que no cabe la libertad.

La sustancia pensante (res cogitans, yo, mente, alma) es una sustancia finita cuyo único atributo o esencia es el Pensamiento. Sin embargo, los modos del Pensamiento son múltiples: juzgar, razonar, querer, imaginar, sentir..., todos ellos actos conscientes. Pensamiento y conciencia tienen la misma extensión. Por eso Descartes llama al alma res cogitans (cosa o sustancia pensante). El tipo de argumento empleado por Descartes para demostrar que el Pensamiento es el único atributo del alma es la ficción mental, ya utilizado por Galileo. Puedo fingir mentalmente que no tengo cuerpo, y que no depende del espacio (y no por ello dejaría de existir), pero no puedo fingir que no pienso; por tanto, lo que constituye mi esencia es pensar.

El sustancia extensa (res extensa, cuerpo) es una sustancia finita cuyo único atributo o esencia es la extensión. Los modos propios del cuerpo son dos: la figura y el movimiento (y el reposo). Así pues, un cuerpo (sustancia) es extensión (atributo) que tiene una figura determinada (modo). Descartes acepta la subjetividad de las “cualidades secundarias”. Al ser el atributo del cuerpo la magnitud, o sea, la extensión en longitud, anchura y profundidad, y sus modos la figura y el movimiento, resulta que quedan marginados del conocimiento de los cuerpos (de lo que va a constituir la física moderna) los olores, sabores, textura... De ellos indicará “no son más que sentimientos que no tienen ninguna existencia fuera de mi Pensamiento” (Meditaciones metafísicas, respuesta a la 6a objeción). El dolor no depende de la figura del cuerpo que lo causa: una bala o una flecha producen el mismo dolor. Descartes distingue, así, dos tipos de cualidades en los cuerpos:

  • Cualidades primarias, que derivan de la Realidad fundamental, de la extensión o magnitud: la figura y el movimiento. Son objetivas y se hallan, realmente, en los cuerpos. Su conocimiento se logra a través de la magnitud medible, pues caen bajo el ámbito del orden y la medida, caen bajo el ámbito de la matemática.
  • Cualidades secundarias, subjetivas, producidas por la acción mecánica de los cuerpos. Son las atribuidas a los sentidos: olor, sabor...

Un conocimiento cierto, la sabiduría o ciencia, sólo puede tratar de cualidades primarias. Y constituye el objetivo de los geómetras. La ciencia cartesiana no puede ser otra cosa que geometría.

Declaro expresamente que no admito ninguna otra materia de las cosas corpóreas que aquella divisible, figurable y móvil que los geómetras llaman cantidad, y que ellos toman como objeto de sus demostraciones; que no considero en nada más que las divisiones, las figuras y los movimientos; y que acerca de éstos no admito nada como verdadero, sino lo que de esas nociones comunes, de cuya verdad no podemos dudar, se deduzca tan evidentemente que pueda considerarse como una demostración matemática. Y como de esta manera pueden explicarse todos los fenómenos de la naturaleza, como aparecerá en lo que sigue, pienso que no hay que admitir, ni siquiera desear, otros principios de la física. (Principios de la filosofía, II).

 5.2 El problema de la comunicación de las sustancias

El problema de la comunicación de las sustancias o la interacción alma-cuerpo. Descartes es claro en cuanto a la diferencia entre el alma y el cuerpo puesto que por una parte tengo una idea clara y distinta de mí mismo, según la cual soy algo que piensa y no extenso y, por otra parte, tengo una idea distinta del cuerpo, según la cual éste es una cosa extensa, que no piensa, resulta cierto que yo, es decir, mi alma, por la cual soy lo que soy, es entera y verdaderamente distinta de mi cuerpo, pudiendo ser y existir sin el cuerpo. (Meditaciones metafísicas, VI)

Al alma sólo pertenece el pensar, mientras que el cuerpo, al ser su atributo la extensión, sólo podrá modificarse por figura y movimiento. El cuerpo se reduce, así, a una máquina regida por las leyes de la física, y la analogía con el reloj es ya clásica. La vida se reducirá a movimiento mecánico; en particular, en los animales que carecen de alma y Pensamiento.

En el caso del hombre, Descartes tiene que superar por algún camino esta radical separación. Y lo hace manteniendo que “el alma está verdaderamente unida a todo el cuerpo”, aunque luego la localiza en la glándula pineal como su sede, desde donde ejerce sus funciones. Gracias a la presión mecánica que sobre la glándula ejercen los espíritus vitales o partículas muy sutiles que se mezclan con la sangre, el alma recibe las impresiones o imágenes procedentes de los órganos de los sentidos, a través de músculos, y provoca el movimiento del cuerpo. En esta interacción, para Descartes es claro que es el alma la que siente, no el cuerpo, aun cuando las sensaciones sean ideas confusas, maneras confusas del pensar. Es el alma la que percibe o sufre las pasiones (el deseo, tristeza, alegría, admiración, odio...) que Descartes explica en tono radicalmente mecanicista. En lo relativo a la interrelación entre cuerpo y alma, Descartes dejó planteado el problema de la comunicación de las sustancias.

 6. Moral provisional

Tras aplicar la duda metódica para establecer un criterio de verdad firme y sólido, Descartes se detiene aquí porque entiende que tal abstención de juicio no puede ser aplicada al campo de la acción humana; la vida cotidiana reclama establecer unas normas morales provisionales mientras la Razón se debate en la duda. Tales normas conforman una moral provisional basada en la prudencia y en el sentido común (la moral definitiva deberá estar fundamentada sobre principios ciertos y evidentes). El conformismo social, la constancia de la voluntad y la moderación en los deseos se convertirán en las máximas primeras del obrar moral, expuestas en la tercera parte del Discurso del Método.

  • Conformismo social: “La primera era obedecer a las leyes y costumbres de mi país, teniendo presente en todo momento la religión, en la que Dios me hizo la gracia de ser instruido desde mi infancia y gobernando mi conducta, en cualquier otra cosa, según las opiniones más moderadas y más alejadas del exceso, que fuesen puestas en práctica por los más sensatos de aquellos con los cuales fuera a vivir... y para saber cuáles eran verdaderamente sus opiniones, debía más bien tener en cuenta lo que practicaban más que lo que decían...”
  • Constancia de la voluntad: “Mi segunda máxima consistía en ser lo más firme y resuelto que pudiera en mis acciones, y seguir constantemente las opiniones más dudosas, una vez que las hubiera aceptado, como si hubieran sido totalmente aseguradas...”
  • Moderación en los deseos: “Mi tercera máxima era tratar siempre de vencerme a mi mismo más que a la fortuna, y cambiar mis deseos más que el orden del mundo; y generalmente, acostumbrarme a creer que nada hay que esté enteramente en nuestro poder salvo nuestros pensamientos, de forma que después de que lo hayamos hecho lo mejor posible, respecto a las cosas que nos son exteriores, todo lo que nos queda por conseguir, respecto a nosotros, es absolutamente imposible. Y sólo esto me parecía suficiente para impedir desear en el futuro algo que no pudiera adquirir y para permanecer así satisfecho...”

La moral cartesiana, cargada de estoicismo, es individualista. El individuo es quien acepta, tras un análisis crítico, las normas de comportamiento, y si es necesario se enmascarará ante los demás. Aunque posea la verdad, si el medio le es adverso preferirá no enunciarla públicamente. Y, de hacerlo, lo haría ocultando su identidad. Esta máscara es consustancial con la moral cartesiana, con la moral burguesa que, aceptando un acomodo social y un oficio, pretende conseguir el hedonismo (la felicidad) en la vida privada, donde la libertad individual pueda ser total. De ahí que Descartes emprenda la búsqueda de la verdad con el objetivo de alcanzar, él, la mayor felicidad individual.

 6. Actividades de comprensión y de expresión escrita

Activitat 1 Explica qué es el racionalismo moderno. Escribe una respuesta que incluya su visión general del mundo y del conocimiento, sus representantes, las principales afirmaciones y sus principales características

Actividad 2 Redacta el epígrafe 1. El método cartesiano: ideal matemático de certeza, duda metódica y criterio de verdad

Actividad 3 Redacta el epígrafe 2. Concepto de idea en Descartes y sus tipos

Actividad 4 Redacta el epígrafe 3.1 Concepto de sustancia en Descartes y sus tipos

Actividad 5 Redacta el epígrafe 3.2 Argumentos demostrativos de la existencia de Dios y del mundo

Actividad 6 Redacta el epígrafe 4. Dualismo antropológico. Mecanicismo y libertad

Actividad 7 Redacta el epígrafe 5. Moral provisional

Actividad 8 Redacción Filosófica con el título "El método cartesiano: ideal matemático de certeza, duda metódica y criterio de verdad"


Notas

1 Del artículo Discurso del Método Wikipedia

2 los de las ciencias que componen las matemáticas

3 la geometría y el álgebra

4 Del artículo Discurso del Método Wikipedia

5 en Holanda

6 Del artículo Discurso del Método Wikipedia

7 Para la filosofía escolástica, la tarea de la filosofía no era encontrar la verdad, porque la verdad ya estaba dada por la revelación; sino, analizarla.

8 Para Bacon la ciencia debe tener un objetivo práctico: transformar la Naturaleza para ponerla al servicio del hombre, lo cual supone conocerla bien.

9 Para simplificar el estudio se podía desestimar algunas de las cualidades mensurables, tal y como hizo Galileo al dejar de lado la resistencia del aire en sus estudios sobre la caída gravitatoria.