Ètica i Filosofia en Secundària


El desarrollo tecnológico, nunca es neutral

EL SOFTWARE LIBRE EN EL PODER JUDICIAL DE FORMOSA

por filosofem | 14/11/2009


Disertación ofrecida por el Juez Doctor Ariel Coll, Ministro del Supremo Tribunal de Justicia de la provincia de Formosa, Argentina, en el marco del CRISOL 2009 - 5to. Encuentro Estratégico de Software Libre

"...las herramientas del conocimiento y la tecnología como ciencia aplicada, deben estar al servicio del pueblo. La apropiación de las mismas y su encriptación, alejando a la gran masa de usuarios de su utilización libre, subordina la tecnología a los propósitos de una minoría, sumiendo a las mayorías en una dependencia tecnológica hacia la primera."

"Pongamos esta breve disertación en contexto. Soy un hombre que ha doblado ya la esquina de los 50, que se inicio en la carrera judicial con una antigua olivetti en un Juzgado entrañable de Las Lomitas y que por tanto tuvo que enfrentarse al desafío de la informática, con mas audacia que conocimientos.

Lo que quiero significar es que no soy un experto en sistemas operativos ni en programas, y me siento un profundo ignorante cuando los especialistas emplean un vocabulario plagado de conceptos técnicos, apenas soy un Juez, y que en todo caso, en el ámbito del Poder Judicial y específicamente del Superior Tribunal de Justicia, trata de diseñar políticas publicas que permitan contar con un servicio de Justicia accesible a todos los habitantes de mi provincia.

En ese marco, siendo Presidente del STJ, en el año 1993, creamos la Dirección de Sistemas Informáticos, dando los primeros pasos en un camino que hoy se ha vuelto apasionante. Siempre con poco presupuesto, algo habitual en todos los Poderes Judiciales de América Latina, comenzamos a armar una estructura que permitiera aplicar nuevas tecnologías en la administración de Justicia. Primero lo hicimos hacia adentro, cosa que si nos equivocábamos, nadie de afuera se diera cuenta y empezamos con el servicio de sueldos y tareas internas de administración financiera. Cuando estuvimos un poco mas seguros, nos lanzamos a la tarea jurisdiccional. Ahí la cosa se complicaba un poco, había que lidiar con Jueces, Funcionarios, antiguos empleados judiciales, abogados del foro, y no todos por cierto, era proclives al cambio. Hubo una resistencia cultural que era esperable, que estaba dentro de lo previsible, pero que se fue venciendo paulatinamente, a medida que – como era también esperable – los resultados aparecían de manera tangible. Comenzaron a elaborarse sistemas propios de gestión judicial para los distintos fueros. Recuerdo que en el fuero civil el Juzgado N° 4, a cargo por entonces del Dr. José Luis Pignochi y en el Penal, también el N° 4, a cargo del Dr. Shur, aceptaron que se experimentara sobre ellos, en una decisión que es elogiable, porque el fracaso del sistema podía ocasionarle demoras y perjuicios al tramite de sus respectivos Juzgados.

Sin embargo, es a partir del año 2001, en plena crisis económica y social, que se toma la decisión de adoptar el Software Libre. En ese momento, cuando se derrumbaba en el país, el modelo neo-liberal de los ’90, y con un Poder Judicial que apenas podía pagar los sueldos, la decisión tuvo un claro fundamento económico, no podíamos hacernos cargo de pagar por sistemas o programas de origen privado. Aparecía una alternativa poco onerosa, valida y confiable y hacia allá fuimos. Creo que nunca hemos acertado tanto. A poco de andar nos fuimos dando cuenta de que la “libertad” que se aplicaba al software, era algo mas que una cualidad del sistema. Era la posibilidad de ser nosotros mismos.

Era algo mas que una cuestión económica, era, en verdad, romper con el colonialismo tecnológico.

Cuando se utilizan programas cerrados, producidos por unidades comerciales, cuya finalidad principal, es el lucro o la ganancia, es natural que aparezcan prohibiciones de acceso al código fuente, imposibilidad de conocer la totalidad del sistema, o dificultades para disponer de los parámetros con que se han desarrollado determinados formatos. El mito de la formula de la Coca Cola es comparable a la clausura informativa que impera en los programas informáticos privados. Ahora bien, esa metodología, comprensible desde un punto de vista puramente comercial y fuertemente opinable desde el aspecto del conocimiento tecnológico que debería ser compartido por todos, esa práctica de repliegue sobre el núcleo de su sistema, ¿puede ser aceptada por el Estado, por su administración y específicamente, por los Poderes Judiciales?

Creo que la respuesta por la negativa se impone.

El Estado se organiza para – entre otros objetivos – brindar determinados servicios a sus habitantes. Salud, Educación, Asistencia Social, Justicia, Seguridad, son algunos de los mas conocidos. La lógica que impera es la del servicio, no la del lucro. El Estado no se organiza para lucrar a expensas de sus habitantes, sino para darle servicios. Si esto es así, el Estado no puede estar sujeto a los vaivenes de una empresa privada, que no responde al concepto de servicio sino al de ganancia económica.

Si esa empresa privada es a su vez una corporación que produce, distribuye y comercializa tecnología e información, la situación para el Estado se complica aun mas, porque pone en manos de una empresa privada toda la información disponible, quedando sujeta la Administración a los cambios que en el futuro introduzca la misma corporación, en tanto es la dueña soberana de los programas utilizados. La dependencia tecnológica es notable y además interminable, en tanto impone al Estado la obligación de actualizar permanentemente los versiones del software que utiliza, bajo el riesgo de quedar anclado en el tiempo o incomunicado en el universo informático.

Y es que el desarrollo tecnológico – o más profundamente – el desarrollo mismo de la ciencia, nunca es neutral. Es posible que en un primer momento se busque el conocimiento por el conocimiento en si mismo, y en ese caso, la tecnología como ciencia aplicada, podría quedar liberada de toda responsabilidad posterior por el uso indebido de la misma. Pero justamente desde que se decide utilizarla, se ingresa en el campo de la política y de la ética y es allí, donde quienes están al frente de órganos de conducción, deben definir claramente que objetivos persiguen.

Creo interesante apuntar la concepción de Feenberg, cuando señala, desde una visión instrumental, que “las tecnologías son herramientas preparadas para servir a los propósitos de quienes las usan”, subordinando la tecnología a valores establecidos en otras esferas sociales (como la política y la cultura).

Desde esa concepción, sostenemos firmemente, que las herramientas del conocimiento y la tecnología como ciencia aplicada, deben estar al servicio del pueblo. La apropiación de las mismas y su encriptación, alejando a la gran masa de usuarios de su utilización libre, subordina la tecnología a los propósitos de una minoría, sumiendo a las mayorías en una dependencia tecnológica hacia la primera.

Pero hay algo paralelo también a la dependencia tecnológica y es la función de vigilancia que tienen ciertos programas privados. Como señalara Richard Stallman, en la Universidad de Barcelona en 2007, cuando un usuario de Windows usa la funcionalidad del menú para buscar una palabra en sus propios archivos, Windows envía a Microsoft un mensaje diciendo qué palabra se ha buscado. Es una funcionalidad de vigilancia, pero hay otra: cuando Windows XP pide una actualización, envía a Microsoft una lista de todos los programas instalados en la máquina. Estas funcionalidades de vigilancia tal vez no son las únicas porque Microsoft nunca anunció estas dos; se descubrieron con la investigación y quizás otras funcionalidades de vigilancia quedan por descubrirse. Pero no sólo Windows lo hace, muchos programas que permiten mirar archivos o sitios lo hacen, como Windows Media Player que delata todos los sitios que el usuario mira. También hacen vigilancia. Estas funciones, que combinan dependencia tecnológica y vigilancia, son absolutamente incompatibles con un Estado soberano.

Si todas nuestras políticas están orientadas hacia el hombre, nuestros sistemas de información y de comunicación no pueden quedar en manos de empresas monopólicas.

El software libre es un camino que permite al Estado recuperar el control de funcionamiento de sus sistemas informáticos, mediante la utilización de sistemas operativos, formatos y aplicaciones que puedan ser libremente utilizados y modificados por el usuario en orden a sus propias necesidades.

Como lo dijimos hace algunos años, a veces la libertad genera miedos; el hombre libre sabe que solo depende de sus propias decisiones y el temor a equivocarse a veces lo paraliza; pero en este caso hemos preferido el riesgo, hemos asumido lo que queríamos, lo que necesitábamos y los hemos logrado. Como el avance tecnológico es imparable, nosotros también vamos por mas. La segunda fase del proyecto de informatización en el Poder Judicial de Formosa ya esta en marcha, con énfasis en las comunicaciones, en la conectividad de todo el sistema, en el afianzamiento de sistemas de seguridad, pero siempre a partir de nuestras necesidades, con nuestros propios sistemas, nuestros programas de gestión, elaborados a partir de la libertad que decidimos asumir hace algunos años, pero subordinados al supremo interés de lograr un mejor y óptimo servicio de justicia, para todos quienes habitan esta cálida tierra formoseña."

Ver en línea: l’article en la web SOLAR


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