Filosofem

Ètica i Filosofia en Secundària

El problema filosófico del conocimiento humano

Pensamiento, lenguaje y realidad

por Àngels Varó Peral | 23/08/2008

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Lenguas de este artículo: català Español

“Nada existe. Si alguna cosa existiera, sería incognoscible; y si la pudiéramos conocer, no la podríamos comunicar” (Gorgias)

  Sumario  

 1. Definición de los conceptos ’pensamiento’, ’lenguaje’ y ’realidad’

Empezaremos este tema con una aproximación conceptual de los términos “pensamiento”, lenguaje” y “realidad”. Después nos ocuparemos de sus interrelaciones. Estas relaciones han sido objeto de estudio de la filosofía, la lingüística y la psicología, entre otras disciplinas.

 1.1 Pensamiento

A menudo entendemos “pensar” y “pensamiento” como si fueran sinónimos. Pero, a veces, diferenciamos entre la actividad de pensar y los resultados obtenidos de esta actividad para comprender mejor qué es el “pensamiento”. Así, llamamos ’pensar’ al proceso mental por el cual, los seres humanos, en contacto con la realidad material y social, elaboramos conceptos, los relacionamos entre sí y adquirimos nuevos conocimientos. Y ’pensamiento’, al resultado de ese proceso mental. No hace falta que el pensamiento sea una realidad independiente de la mente; pero sí tiene que ser comunicable o expresable con el lenguaje. Un pensamiento es, pues, equiparable a una construcción mental. El pensamiento son designata de ciertos términos.

 1.1.1 El Pensamiento como actividad: pensar

La tradición filosófica ha considerado la abstracción como la actividad que nos permite elaborar los contenidos del pensamiento.

Neurona

La abstracción es una operación de la mente que separa, de los objetos percibidos por los sentidos, una característica, esencial o accidental, que no tiene existencia independiente del objeto al que pertenece, pero que representa su naturaleza o una propiedad suya, o lo que hay de común entre varios objetos. El resultado de la abstracción (aquello que se abstrae) es el concepto, que nos permite entender qué son las cosas.

La cuestión sobre cómo consiguen sus representaciones los procesos cognoscitivos superiores ha sido muy tratada en filosofía. En general, la tradición filosófica ha entendido la abstracción de dos maneras:

  • Como un poder del Entendimiento, con el que se capta la naturaleza de una cosa. Esta manera de entender la abstracción la encontramos ya en Aristóteles (quién lo opone a la intuición de las esencias o captación directa de las ideas por la mente -posición de Platón): toda idea o todo concepto universal de la ciencia tiene que provenir de la experiencia. Los conceptos universales se obtienen bien por inducción, esto es, al observar qué hay de común o pareciendo en varios individuos; o bien son el resultado de la actividad iluminadora del Entendimiento agente, que capta la esencia del objeto en el que denomina imagen sensible (realismo).
  • Como una operación mental, mediante la que separamos las características individuales de varias cosas para tomar en consideración sólo aquello común a todas ellas. Esta manera de entender la abstracción es propia de la tradición empirista. Las ideas tomadas de las cosas particulares representan todas las cosas de la misma clase, con lo cual abstraer consiste a otorgar un mismo nombre a todo el que se asemeja (nominalismo).
    En ambos casos, el resultado de la abstracción es algo general, común a muchos objetos, que denominamos “concepto”.

La Psicología actual entiende el pensar como resolución de problemas. Una de las cuestiones que se investiga es la de su relación con otras actividades psíquicas o mentales. Las opiniones al respeto son las siguientes:

  • El pensar siempre va acompañado otras representaciones psíquicas, en particular de imágenes (opinión tradicional seguida por la mayoría de las escuelas psicológicas).
  • El pensar no tiene contenido sensorial: existen “pensamientos sin imágenes". Esto quiere decir que el pensamiento en sí es un proceso inconsciente y los pensamientos sin imágenes son sus indicadores conscientes (Escuela de Würzburg, 1901-1909).
  • El pensar va acompañado de representaciones concomitantes (fenómenos volitivos, emotivos, imágenes, etc.), pero no puede ser reducido a ninguna de ellas (opinión intermedia entre las dos anteriores).

 1.1.2 El Pensamiento como objeto: pensamiento

Las formas básicas de pensamiento contempladas por la lógica tradicional son el concepto, el enunciado (idea) y el razonamiento (argumentación). Aquí sólo nos ocuparemos del concepto.

Composició X
Kandinsky 1939

En sentido amplio, “concepto” equivale a “idea general” o “idea abstracta”. Para la filosofía tradicional, el concepto es el resultado del proceso de abstracción, mediante el cual el sujeto (quién conoce) consigue una representación mental del objeto (lo conocido) de una manera general y abstracta. Un concepto se distingue de una imagen mental en que esta posee características concretas comunes a las de algún objeto determinado, mientras que el concepto sólo contiene características generales, esenciales y definitorias, obtenidas por abstracción. La imagen mental de una montaña contiene la forma de alguna montaña concreta, mientras que el concepto sólo posee las características definitorias que se aplican necesariamente a cualquier montaña: “cumbres elevadas” por ejemplo.

Pero los conceptos no son sólo el resultado de un proceso cognoscitivo, sino que, además, en cuanto que representaciones mentales, son necesarios para pensar las cosas, en el sentido que sólo el concepto posee la suficiente determinación para poder reconocer y comprender aquello percibido mediante los sentidos. Así, el concepto “flor” se obtiene por abstracción de la experiencia de muchas flores observadas; pero, una vez en la mente, es también el conjunto de características mentales con las cuales se puede decidir si el objeto contemplado es, por ejemplo, una flor, un fruto o las hojas de una planta; o el criterio que utilizamos para aplicar los nombres a las cosas. Los conceptos nos sirven para:

  • Clasificar los objetos encuadrándolos en nuestra experiencia anterior del mundo. Esto nos permite reconocer como un perro, como un árbol, como un triángulo... las distintas cosas que vemos.
  • Adaptar más fácilmente nuestra conducta ante los objetos, de acuerdo con nuestra experiencia anterior. Por ejemplo, si vemos una cosa y la reconocemos como una paloma, sabemos que podemos pasar por su lado sin correr ningún peligro. Ambas ventajas –reconocimiento de objeto y conducta apropiada ante él– van unidas.
  • Operar. La posesión y la utilización de conceptos posibilita hacer operaciones mentalmente que nunca podrían ser realizadas física y directamente sobre los objetos mismos. Por ejemplo, cuando hacemos una afirmación de carácter general como "todos los perros son mamíferos", realizamos conceptualmente una operación cuya realización física consistiría en reunir a todos los perros e introducirlos en el conjunto de los mamíferos.

Normalmente utilizamos conceptos que ya poseemos, sin embargo, también es posible formar y construir otros nuevos. La formación de nuevos conceptos implica operaciones mentales como por ejemplo:

  • Darse cuenta de ciertas relaciones de semejanza entre los objetos que antes nos habían pasado inadvertidas.
  • Fijar las características comunes de tales objetos y prescindir de las características no comunes, excluyéndolas de nuestra consideración.

La adquisición de conceptos nuevos es fundamental por la ampliación de nuestros conocimientos.

the painters family
Giorgio Chirico 1926

Otra cuestión sobre la que se discute es el grado de realidad de los conceptos: El realismo conceptual les da cierta entidad independiente de la mente y de los objetos individuales. El nominalismo afirma que, al existir sólo objetos individuales, la universalidad del concepto no es más que mental.

En la filosofía actual, sobre todo la de orientación analítica, el concepto está relacionado con el significado, es decir, el concepto es el elemento conceptual que hay entre el signo lingüístico y el significatum o cosa significada por el signo. El concepto representa el “contenido”, o también el “sentido” (Frege), la “intensión” (Carnap) o la “imagen mental” (Saussure) del término, que es el signo, o mejor, el significante, y que hace referencia a una cosa u objeto, el significatum. El concepto, entendido como significado, hace referencia al mundo exterior, del cual representa objetos (conceptos de nombres) y propiedades (conceptos de predicados o atributos).

Los principales tipos de conceptos de nombres hacen referencia a entidades:

  • singulares (Sócrates),
  • colectivas (Unión Europea),
  • generales (caballo),
  • universales (sustancia),
  • concretas (Venus de Mil) y
  • abstractas (belleza).

Los conceptos de propiedades se refieren a:

  • calidades (“filósofa”, por ejemplo, en “Aspàsia de Mileto es filósofa”) o
  • relaciones (“más importante que”, por ejemplo, en “la felicidad es más importante que el dinero”).

Calidades y relaciones pueden denominarse predicados de la oración, proposición o enunciado, y la tradición filosófica ha otorgado, sobre todo a las primeras (aunque también a todo concepto de nombre abstracto, universal y general) el nombre de universales.

 1.2 Lenguaje

El lenguaje es una facultad propia de los seres humanos, instrumento del pensamiento y de la actividad, y el más importante medio de comunicación.

Lletres

Es un instrumento sumamente elaborado y complejo, organizado en varios niveles y creativo, con el cual podemos expresar verbalmente una cantidad no limitada de ideas, sensaciones, situaciones, etc.; y también aludir las cosas y las situaciones en su ausencia. Con el lenguaje, reducimos y ordenamos las percepciones del entorno.

Edward Sapir, en El lenguaje (1966) dice que:

El lenguaje es un método exclusivamente humano, y no instintivo, de comunicar ideas, emociones y deseos mediante un sistema de símbolos producidos de manera deliberada. Estos símbolos son, antes que nada, auditivos, y son producidos por los llamados "órganos del habla".

Por su parte, Noam Chomsky, en Lingüística cartesiana, afirma:

El lenguaje humano está libre del control de los estímulos y no sirve para una simple función comunicativa, sino que más bien es un instrumento para la libre expresión del pensamiento y para la respuesta adecuada ante situaciones nuevas.

Utilizamos el lenguaje cómo:

  • Medio de expresión: el uso temprano consiste en sonidos que expresan sentimientos; más tarde utilizamos palabras;
  • Medio de regulación de la acción: la acción queda bajo control verbal; los y las niñas se dan instrucciones a sí mismos sobre lo que están haciendo, tanto más cuanto más difícil es la tarea; a partir de los 6-7 años, este hablarse a sí mismo es sustituido por el pensar silencioso;
  • Medio de comunicación;
  • Medio de representación: pensamiento simbólico, para el que es necesario la palabra.

 1.3 Realidad

En general, denominamos realidad a lo que es o existe de una manera actual u objetiva, por oposición a lo que es una apariencia, una ilusión o una ficción, o a lo que es meramente posible o ideal, o subjetivo.

Death resus
Remedios Varó

Normalmente, y desde la cordura, se entiende que la realidad es aquello que pertenece al mundo dónde vivimos y, por lo tanto, lo que existe en el espacio-tiempo. Ahora bien, la aplicación rigurosa de esta noción espontánea nos lleva a confundir la realidad con lo “independiente” de la mente o con lo que es material o empírico, es decir, aquello que puede ser conocido por los sentidos. Si la realidad fuera esto, muchas de las cosas por las cuales los seres humanos nos interesamos e incluso luchamos carecerían de realidad.

Así, pues, aunque la cordura percibe la realidad como aquello observable empíricamente, no sólo lo observable empíricamente es real. En efecto, denominamos “real” a aquello cuya existencia externa es objetivamente independiente de nuestro pensamiento y de nuestra observación a través de una verificación intersubjetiva. Así, no sólo son reales los objetos externos, sino también algunas de sus propiedades (realismo científico) y de sus principios materiales internos: no sólo es real, por ejemplo, la mesa, sino también los elementos químicos que la componen y las partículas atómicas y subatómicas a las cuales se reducen sus elementos químicos. No podemos afirmar, pues, que la realidad se identifica sin más con lo que es físico, material o empírico.

Actividad 1: Vocabulario filosófico: define los conceptos "pensamiento", "lenguaje" y "realitat"

 2. Relaciones entre pensamiento y lenguaje

¿Cuáles son las relaciones entre el pensamiento y el lenguaje? ¿Son el mismo? Si no lo son, ¿cómo se relacionan?

Los seres humanos podemos distanciarnos de los datos percibidos en el momento y "pensar" para resolver un problema. Es decir, dejamos de estar en contacto con la realidad, porque podemos interponer “símbolos” (representaciones mentales de la realidad) entre las cosas y la mente. Estos símbolos pueden ser imágenes, palabras o conceptos. Como ya hemos visto, el pensamiento se caracteriza por la utilización de conceptos y los seres humanos poseemos una amplia red de conceptos y, con ella, un sistema de clasificación de los objetos, calidades, etc. que componen el mundo. Añadamos ahora otro hecho obvio: esta red de conceptos se encuentra registrada y fijada en las palabras que componen el vocabulario de la lengua que hablamos. De aquí que nos preguntemos por las relaciones entre el pensamiento y el lenguaje. Cuatro han sido las posturas tomadas ante este problema: la que identifica ambos procesos, la que hace depender al pensamiento del lenguaje, la que hace depender al lenguaje del pensamiento y la que dice que pensamiento y lenguaje están interrelacionados.

 2.1 El pensamiento es lenguaje

La identificación de ambos procesos (pensamiento y lenguaje) y la consiguiente negación de la posibilidad de pensar a todos los seres carentes de lenguaje, fue la postura adoptada por el conductismo de John B. Watson (1878-1958).

“Plantéase ahora una... cuestión que requiere cuidadoso examen: ¿pensamos sólo con palabras? Hoy entiendo que, toda vez que el individuo piensa, trabaja (implícitamente) su total organización corporal, aunque el resultado final consista en una formulación verbal hablada, escrita o expresada subvocalmente... Por consiguiente, pensamos y planeamos con todo el cuerpo. Pero, dado que... la organización verbal, cuando se haya presente en general probablemente predomina sobre la visceral y la manual, solemos decir que el pensar es en su mayor parte verbalización subvocal, siempre que admitamos en seguida que también puede desenvolverse sin palabras” (El Conductismo, 1924, pp. 297-298).

Actualmente la identidad del pensamiento y el lenguaje es indefendible, a menos que se redefinan caprichosamente los términos de la cuestión. Y prueba de ellos son las siguientes observaciones:

  • Los animales no hablan y sin embargo son capaces de pensar a su modo.
  • Las personas sordomudas piensan.
  • Los datos ontogenéticos revelan que el desarrollo lingüístico y el mental son procesos diferentes.
  • La experiencia personal más vulgar atestigua la existencia de pensamientos para los que se carece de palabras.

 2.2 El pensamiento depende del lenguaje

En la cuestión sobre si pensamos como hablamos o hablamos como pensamos, la dependencia del pensamiento respecto del lenguaje ha sido la posición sostenida por la socio-lingüística (Basil Bernstein1, 1924-2000) y por el relativismo lingüístico (Edward Sapir, 1884-1939; Benjamin Lee Whorf, 1897-1941).

Las teorías socio-lingüísticas y las del relativismo lingüístico han mostrado hasta cierto punto el cometido que el lenguaje desempeña como facilitador y, a la vez, como inhibidor del pensamiento. Los hábitos lingüísticos más imperfectos de las clases obreras limitan, por falta de una infraestructura sintáctica adecuada y por escasez de léxico, el despliegue de cierto tipo de pensamiento teorético. A su vez, las gramáticas de lenguas realmente heterogéneas condicionan la percepción y los modos de pensar de las comunidades lingüísticas respectivas hasta el punto de que se ha llegado a afirmar que las personas que hablan idiomas diferentes viven en mundos realmente distintos. Puesto que la red de nuestros conceptos está fijada en la lengua, aprender una lengua es aprender una determinada manera de clasificar y ordenar el universo. Como se ha subrayado en la psicología, la lingüística y la filosofía, cada lengua lleva consigo una manera de ver el mundo, una cosmovisión. ¿Habremos de concluir que pensamos como hablamos, es decir, que nuestra lengua materna conforma y determina nuestro pensamiento? Esto es lo que afirma el relativismo lingüístico (hipótesis Sapir-Whorf).

Sapir-Whorf parten del condicionamiento recíproco de pensamiento y lenguaje y suponen que el lenguaje de una comunidad determina la manera de pensar y de concebir la realidad. Según esta tesis, el lenguaje no sólo permite la expresión del pensamiento, sino que lo constituye. Por ello, en el límite, dos comunidades que hablen lenguas distintas viven, de hecho, en dos realidades distintas, ya que la constitución de la imagen del mundo real se basa en hábitos y estructuras lingüísticas, de manera que dos lenguajes distintos comportan dos concepciones distintas del mundo. Según esta hipótesis, no es posible una traducción absoluta entre lenguas dispares, ya que sus estructuras y categorías son diferentes, y tampoco pueden ser iguales las concepciones del mundo asociadas a dichas lenguas.

Hipòtesi Sapir i Whorf

 2.3 El lenguaje depende del pensamiento

Respecto a la cuestión sobre cuándo y cómo se unen el pensamiento y el lenguaje, Jean Piaget (1896-1980) concibe el desarrollo del pensamiento como relativamente independiente del desarrollo del lenguaje, basándose en datos empíricos tales como que la comprensión antecede a la producción lingüística. El lenguaje queda reducido a instrumento de expresión y apoyo del pensamiento. La adquisición de las expresiones lingüísticas no estructura las operaciones intelectuales, ni su ausencia impide la formación de éstas. El cometido del lenguaje es funcional, y hay que buscarlo en el control de la acción y en la regulación de la atención hacia determinados sectores del ambiente (tesis del relativismo lingüístico). El lenguaje, en suma, prepara y regula las operaciones, pero no las constituye.

 2.4 Interdependencia entre pensamiento y lenguaje

Para Lëv Semionovich Vygotski (1896-1934), únicamente la teoría genética del lenguaje interiorizado puede resolver el complejo problema de la relación entre pensamiento y palabra. Para él, esta relación es un proceso viviente: el pensamiento nace a través de las palabras. Una palabra sin pensamiento es una cosa muerta y un pensamiento desprovisto de palabra permanece en la sombra. La conexión entre pensamiento y palabra, sin embargo, no es constante. Surge en el curso del desarrollo y evoluciona por sí misma. Esta conexión entre pensamiento y lenguaje es característica del ser humano, de modo tal que el pensamiento se hace definitivamente lingüístico y el lenguaje se configura definitivamente como una actividad ligada al pensamiento.

Actividad 2: Haz una redacción filosófica con el título "Relaciones entre pensamiento y lenguaje"

 3. Lenguaje y la realidad: Teorías del significado

Cómo se relacionan el lenguaje y la realidad. Es el mismo la palabra "luna" que lo objeto "luna"? Qué relación hay entre el "significado" y el "referente".

Las teorías del significado son teorías sobre las relaciones entre el lenguaje, el conocimiento y la realidad.

 3.1 Teoría referencial

 3.1.1 Formulación simple

El lenguaje es acerca de las cosas, las actividades, las cualidades de los objetos, los estados de cosas, las relaciones, etc. El significado del lenguaje es aquello que nombra o a lo cual se refiere. Hay diferentes maneras de indicar lo que significa el lenguaje: ostensivamente (señalar el referente) y verbalmente (nombrar el referente). Si no existe aquello que una palabra nombra, ésta carece de significado.

Objeciones: Incluso con las expresiones que desde el punto de vista de esta teoría son menos problemáticas, a saber, los nombres de objetos o personas, los significados y los referentes de tales expresiones no pueden igualarse. Por otro lado, dos expresiones pueden tener el mismo referente pero diferente significado, o bien el mismo significado y diferente referente.

 3.1.2 Formulación sofisticada: Bertrand Russell

words painting

El significado de la expresión ha de identificarse con la relación entre la expresión y su referente: la conexión referencial constituye el significado. Con palabras de Russell (1872-1970): “Cuando preguntamos qué constituye el significado..., preguntamos, no quién es el individuo significado, sino cuál es la relación de la palabra con el individuo en cuya virtud la primera significa el último” (Análisis de la mente). Consideremos la expresión “ama de casa”, su significado consiste en la relación referencial que subsiste entre esta expresión y las personas que denota o connota. La expresión “ama de casa” puede aplicarse a todos los miembros de la clase de las amas de casa, pero no a los miembros de ninguna otra clase de personas (denotación). Una condición necesaria y suficiente para afirmar correctamente de alguien que es ama de casa (si la definición verbal anterior se acepta) es que debe ocuparse de las tareas del hogar (connotación). La teoría referencial defiende que el significado del lenguaje sólo puede aclararse indicando aquello a lo que se aplica (denotación) o de lo que puede afirmarse (connotación). No puede decirse simplemente que el significado sea el referente, pero puede decirse que no se conoce el significado del lenguaje hasta que se conocen las personas o cosas de las que se habla.

Objeciones:

  • Si el lenguaje sólo es significativo cuando existe en el mundo aquello a lo que puede aplicarse, ¿qué hacer con elementos lingüísticos tales como las preposiciones, las conjunciones o los auxiliares modales de los verbos? Estas palabras no carecen de significado.
  • Simplifica excesivamente el concepto de significado. Hasta que se muestra no sólo sobre qué trata una expresión sino cómo trata de ello no se ha mostrado el significado de esa expresión. La teoría referencial pone todo el énfasis en el “sobre qué”. Ejemplo: Considérese el acto lingüístico “X es bueno”. Con ciertas precauciones podría ser cierto que carece de significado si no es sobre algo, esto es, si no hay la cosa X. Pero revelando

 3.1.3 La “teoría de la representación” de Wittgenstein

En el Tractatus Logico-Philosophicus (1918) Wittgenstein (1889-1951) afirmaba que el lenguaje figura, reproduce, representa, es una imagen o modelo de la realidad. Una proposición ofrece una representación lógica de una situación. En resumen, la teoría de la representación nos dice: El lenguaje opone, a los objetos del mundo, nombres; a los hechos atómicos, proposiciones simples y a los hechos complejos, proposiciones compuestas.

El lenguaje tiene la propiedad de representar, como en un espejo, la realidad del mundo; el lenguaje es imagen del mundo porque tiene capacidad pictórica, o capacidad de representación o configuración (Abbildung); cuando por medio de proposiciones describe hechos, sus elementos “reproducen” y “representan” la misma relación que establecen los objetos en los hechos atómicos. Lo que hace posible este isomorfismo entre lenguaje y realidad es la participación en una misma figura lógica.

La proposición -el signo con que expresamos el pensamiento- representa un estado de cosas (=hecho atómico); si este estado de cosas es real, la proposición es verdadera, y el conjunto de todas ellas describe el mundo. Sólo las proposiciones, y no los nombres, son significativas y muestran la forma lógica de la realidad; por ser “como flechas orientadas a las cosas” las proposiciones tienen sentido, aun en el caso de que sean falsas, porque siempre describen lo que acaece en el mundo. Y sólo describiendo lo que acaece puede una proposición tener sentido. Las que no describen hechos, carecen de sentido (aunque puedan ser verdaderas). Éstas son de dos clases: la primera clase comprende las tautologías, o enunciados necesariamente verdaderos, que nada dicen respecto del mundo (o sus negaciones, las contradicciones); la segunda clase comprende aquellas proposiciones que no comparten la figura lógica con la realidad que pretenden representar. Y esto último sucede de dos maneras: porque se da “a un signo un sentido falso”, una mala orientación, construyendo enunciados que contienen signos carentes de significado, como sucede con las proposiciones mal construidas o con las de carácter metafísico, o, simplemente, porque apuntan a objetos que quedan fuera del mundo, trascienden el mundo, queriendo expresar lo inexpresable, como pasa con las proposiciones sobre ética, y aquellas que quieren esclarecer el sentido del mundo.

Teoria de la representació
Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus 1918

En resumen, sólo las proposiciones de las ciencias empíricas tienen sentido; la lógica consta únicamente de tautologías, y toda proposición sobre ética o metafísica es carente de sentido. El análisis filosófico ayuda a esclarecer el sentido de las proposiciones del lenguaje ordinario; las del lenguaje filosófico, en cambio, las declara carentes de sentido; aun las del propio Tractatus, una vez comprendidas y aplicadas, deben desecharse como carentes de sentido.

En cuanto a la relación entre el lenguaje y la realidad, Wittgenstein sostiene que hay una diferencia en la manera como las proposiciones elementales y los nombres se refieren respectivamente al mundo:

  • Los nombres tienen significado (Bedeutung)
  • Las proposiciones elementales tienen sentido (Sinn)

Los significados de los signos simples (palabras) deben sernos explicados para que podamos comprenderlos. Con las proposiciones, somos nosotras las que nos hacemos entender. Pertenece a la esencia de una proposición que pueda comunicarnos un nuevo sentido. Es decir, necesitamos que nos digan a qué objeto se refiere un nombre, pero los nombres no cambian de significado. Sin embargo si sabemos a qué objetos se refieren los nombres que aparecen en una proposición podemos entender qué significa aunque nunca hayamos encontrado estos nombres en la particular configuración que es esta proposición.

Un nombre que no se refiera a un objeto existente carece de significado.

Pero, una proposición que no corresponda a la realidad puede tener sentido, con tal que los nombres que la componen nombren objetos existentes.

Wittgenstein se interesaba por el concepto de significado. Para que haya significado debe haber “nombres” y “objetos”.

 3.2 Teoría verificacionista

La teoría verificacionista fue propuesta por el positivismo lógico. La filosofía del positivismo lógico deviene, en buena parte, de cómo entendió el Tractatus de Wittgenstein y, como él, parte del supuesto de que un enunciado o es analítico o es sintético, y que en ningún caso puede ser ambas cosas a la vez. Cualquier enunciado analítico determina su verdad por medios lógicos o matemáticos, y la lógica o la matemática se bastan para decidir sobre las reglas que han de cumplir dichos enunciados; pero para el resto de enunciados, de los que se supone que son sintéticos y, por tanto informativos, se precisa de un criterio que determine cuáles de ellos cumplen con la exigencia de decir verdaderamente algo acerca de la realidad o experiencia: tal criterio se denominó principio de verificación, que identificaba verificabilidad de un enunciado y significado del mismo. Según este principio, un enunciado constituye una afirmación significativa si a) es un enunciado analítico o contradictorio, o si b) es un enunciado empírico capaz de ser contrastado por la experiencia. En consecuencia, muchas afirmaciones de la filosofía tradicional, o de la metafísica, carecen de sentido y, en consecuencia, han de ser consideradas como pseudoenunciados.

Brevemente, lo que el positivismo lógico sostenía sobre el significado:

  • Los enunciados analíticos se verifican o se falsan simplemente apelando a las definiciones de los signos usados en ellos. Si resultan ser tautologías, son verdaderos; si resultan ser contradicciones, son falsos.
  • Todos los demás enunciados significativos pueden ser verificados o falsados por observación empírica, esto es, por la evidencia de los sentidos. No son más que hipótesis sobre nuestra experiencia futura.

Los enunciados de la ciencia, de la historia y del sentido común son significativos de acuerdo con este criterio. Los enunciados de la filosofía no serían verificables en ninguno de los dos sentidos, por lo que no son empíricos, no producen información y no son significativos: al contrario, son carentes de sentido.

 3.3 Teoría causal o psicológica

Según esta teoría, el significado del lenguaje consiste en su disposición para causar, o ser causado por, ciertos procesos psicológicos en el oyente o en el hablante respectivamente.

Objeciones: Pero la cuestión que nos importa no es qué causas o efectos psicológicos tiene el lenguaje, sino si tales efectos y causas pueden igualarse lógicamente al significado.

Encontramos al menos tres formas en las que la palabra "significado", en sentido lógico es diferente de las causas y efectos psicológicos producidos por el uso del lenguaje:

  • Dado un significado pro un acto lingüístico, este permanecerá constante a pesar de la variedad de causas y efectos psicológicos que produzca. El significado del acto lingüístico no puede estar igualado a ningún proceso psicológico, aunque sea su causa o su efecto.
  • Según la teoría psicológica, el significado de un mandato es la actividad causada por éste, el de un enunciado es la creencia que éste produce, y el de un juicio es el asentimiento que consigue. Si esta teoría fuera correcta, un mandato que fuera desobedecido, un enunciado que no fuera creído, y un juicio que fuera seguido de desacuerdo, carecerían todos ellos de significado, pues no producirían los procesos psicológicos que constituyen su significado, y por tanto no podrían tener significado. Es claro que no es cierto que cualquiera pueda, de esta forma, vaciar de significado lo que se le diga. Si yo le digo a alguien “Vete”, y se queda donde está, mi acto lingüístico no pierde su significado. Hay, por tanto, un sentido de “significado” en el cual es absurdo sugerir que un acto lingüístico pueda perder su significado por cualesquiera efectos que se sigan, o dejen de seguirse, de él.
  • El significado del lenguaje se descubre por su explicación lógica, y no por su explicación causal. Una explicación lógica del lenguaje consiste en mostrar que lo que el hablante hace con él es lo que hay que hacer si se pretende comunicar al oyente lo que el hablante pretende comunicar.

La teoría psicológica o causal ha seguido atrayendo porque es cierto que el lenguaje es significativo cuando produce ciertos efectos en el oyente. Pero este efecto es la comprensión. Lo que es importante subrayar en contra de la teoría psicológica es que producir la comprensión en el oyente es lógicamente distinto de conseguir que cumpla un mandato

 3.4 El significado como uso: el segundo Wittgenstein

    • El significado como uso: el segundo Wittgenstein En Investigaciones Filosóficas (1949), el lenguaje no refleja el mundo ni tiene como único objetivo describir el mundo: no es sino una forma de conducta entre otras, con pluralidad de funciones: ordenar, describir, informar, hacer conjeturas, contar historias, hacer teatro, contar chistes, adivinar enigmas, etc., cada una de las cuales puede describirse como un “juego de lenguaje” (Sprachspiel). Las proposiciones son significativas no porque sean (sólo) “figuras” de la realidad, sino porque son expresiones de estos “juegos de lenguaje”. Por eso, el significado hay que buscarlo, no en la verificabilidad de lo que se dice, sino en el “uso” que se hace de las palabras: “El significado de una palabra es el uso que de la misma se hace en el lenguaje” (IF, 43). En definitiva, es el contexto el que da sentido a las palabras.

      Veamos este vídeo "Los juegos de lenguaje de L. Wittgenstein"

Actividad 3: Haz una redacción filosófica con el título "Relaciones entre lenguaje y realidad: el significado de las palabras"

 4. Relaciones entre Realidad y Pensamiento: El conocimiento

Durante el denominado periodo metafísico, la filosofía se interrogó sobre el ser (el mundo y el ser humano). Las controversias entre las diversas teorías parecían insolubles. Ya muy avanzado el siglo XVII, se dieron cuenta que tal vez las controversias podrían solucionarse si previamente se resolvías las cuestiones epistemológicas. Según Kant, la primera gran pregunta que debía contestar la filosofía era “¿qué podemos saber?” El conocimiento ha sido entendido, a lo largo de la Historia de la Filosofía, como la relación que se establece entre un sujeto y un objeto cuando el sujeto aprehende la realidad del objeto. El proceso de conocimiento, así entendido, es el objeto de estudio de la epistemología. Y los problemas epistemológicos que ésta ha de resolver son:

  • La posibilidad del conocimiento: ¿Existe de hecho la relación sujeto-objeto?
  • El origen y los límites del conocimiento: ¿de dónde proceden los objetos del conocimiento? ¿de la Razón? ¿de la experiencia? ¿de ambas?
  • La esencia del conocimiento humano: en el dualismo sujeto-objeto, cuando el sujeto percibe, es un receptor activo y espontáneo o meramente pasivo?
  • La cuestión sobre los tipos de conocimiento o manera de conocer.
  • El criterio de verdad: ¿cómo podemos saber si el conocimiento obtenido es verdadero?

Veamos este vídeo sobre qué es la teoría del conocimiento.

 4.1 La possibilitat del coneixement

EpistemeJohannes Hessen, en su libro Teoría del conocimiento (1932), recoge una concepción tradicional del conocimiento. Pretende presentar la esencia misma del fenómeno del conocimiento con una descripción fenomenológica del mismo. Hessen describe el conocimiento como una relación entre un sujeto y un objeto2. El sujeto capta el objeto cuando este le produce una determinación o modificación. Esta modificación no es más que la percepción del objeto, en la cual el sujeto produce una imagen mental del objeto. Según Hessen, la dualidad sujeto-objeto es una de las características fundamentales del proceso de conocimiento.

La filosofía actual (filosofía analítica o filosofía del lenguaje) define el conocimiento como «creencia justificada», «saber proposicional» o un «saber que» (previa distinción entre "saber" y "creer"). Terminado el análisis de las palabras «conocer» o «saber», la filosofía analítica expresa la relación/correlación entre sujeto y objeto afirmando que conocer consiste en saber que un enunciado es verdadero (o falso). Para que exista conocimiento, es necesario que se cumplan las tres condiciones siguientes [S es el sujeto, y p cualquier enunciado que el sujeto dice saber]:

  1. Condición de "verdad": «si S sabe que p, p es verdadero»;
  2. Condición de "creencia": «si S sabe que p, S cree que p», y
  3. Condición de "justificación": «si S sabe que p, S tiene razones para creer que p».

Por tanto, «el sujeto S sabe que el objeto es p si y sólo si es verdad que p, S cree que el objeto es p y, además, S está justificado al creer que el objeto es p».

Dicho de otro modo, para saber algo es necesario que este saber sea verdadero, que creamos que lo es y que tengamos razones para creerlo (y que ninguna de estas razones sea falsa). El «conocimiento» es, pues, una creencia verdadera justificada. Por tanto, el conocimiento científico puede definirse como una creencia racional justificada.

Como vemos, la concepción clásica del conocimiento y la contemporánea coindicen en decir que el conocimiento se produce en la relación que se establece entre un sujeto y un objeto cuando el sujeto aprehende la realidad del objeto. El conocimiento, pues, lo concebimos como una una creencia subjetiva y nuestro principal problema es el de su fundamentación, y, nuestra tarea principal, la de encontrar justificaciones racinales de esta creencia subjetiva.

 4.2 Origen y límites del conocimiento

 4.2.1 Racionalisme

El racionalismo es la actitud filosófica de confianza en la razón, que exalta su importancia y la independiza de su vínculo con la experiencia. La actitud racionalista parte del convencimiento que la realidad es inteligible y, por lo tanto, el pensamiento puede dar explicación de ella.

El racionalismo moderno (Descartas, Espinosa y Leibniz) representa una visión general del mundo y del conocimiento armoniosa, ordenada, racional, geométrica y estable, basada en el pensamiento metódico (de la duda o del método more geométric), la claridad de ideas (principio de evidencia) y la creencia en la estabilidad de las ideas (la doctrina sobre la sustancia). Las principales características del racionalismo moderno son: plena confianza en la razón, búsqueda de un nuevo método, subjetivismo y mecanicismo.

Para el racionalismo, el poder de la razón radica en la capacidad de sacar de sí misma las verdades primeras y fundamentales (ideas innatas, en el caso de Descartas, Espinosa y Leibniz; verdades a priori en el caso de Kant), a partir de ellas, y mediante deducción, es posible obtener todas las otras verdades, y construir el "sistema" del mundo. La razón es una facultad sistemática y coincide con la realidad. La doble característica de la presencia de verdades universales y necesarias, por un lado, y de la posibilidad de deducir otras verdades de unas primeras innatas o a priori, dio al racionalismo su carácter dogmático: el Entendimiento es capaz de conocer todas o muchas verdades, con certeza deductiva. El conocimiento humano no posee límites reconocidos. Es posible conocerlo todo si utilizamos correctamente nuestra razón. La confianza en la razón es tal que se acepta su valor sin previa crítica; es, como dirá Kant, una razón dogmática.

Veamos este vídeo sobre la teoría del conocimiento del racionalismo.

 4.2.2 Empirismo

El empirismo es la actitud filosófica que afirma que las ideas, y el conocimiento en general, provienen de la experiencia. Representa una visión del mundo dinámica, interesada por la utilidad del saber, innovadora en teorías del conocimiento y de la sociedad.

Representantes del empirismo clásico: John Locke, 1632-1704; George Berkeley, 1685-1753; y David Hume, 1711-1776

Tesis fundamentales :

  • No hay ideas innatas. Antes de toda experiencia, el Entendimiento es una tabula rasa.
  • Las ideas simples se originan por la experiencia externa (sensación) o por la interna (reflexión); a partir de ellas, el Entendimiento hace ideas complejas. Todas nuestras ideas vienen de la experiencia: lo que denominamos “ideas” no son sino lo que queda en la mente después de una “impresión” sensorial directa (es decir, las ideas son como “recuerdos debilitados” de percepciones). Pensar es hacer asociaciones entre ideas. Así, el empirismo afirma a la vez la prioridad temporal del conocimiento sensible (el conocimiento empieza con la experiencia) y su prioridad epistemológica (la experiencia tiene que justificar el conocimiento).

Veamos este vídeo sobre la teoría del conocimiento del empirismo.

 4.2.3 Apriorismo

El apriorismo sostiene que la verdad de un enunciado no se establece a posteriori, recurriendo a la experiencia, sino a priori, es decir, como una verdad universal y necesaria independiente de la experiencia.

Immanuel Kant (1724-1804). El conocimiento no puede ser explicado sólo con la Razón ni tampoco con la sola experiencia: Todo conocimiento empieza con la experiencia, pero no todo él procede de la experiencia. Es decir, sólo podemos conocer aquello que podemos percibir (a favor del empirismo). Pero al analizar el contenido de nuestro conocimiento encontramos elementos que no pueden proceder de la experiencia, sino que son independientes de ella. Lo que es independiente de la experiencia (en nuestro conocimiento) es denominado por Kant el a priori del conocimiento, y es algo puesto por la mente. En este punto, Kant se separa del empirismo: para éste, la mente es como una tabula rasa; para Kant, la mente posee formas o estructuras cognoscitivas propias y, por lo tanto, no es una tabula rasa. Pero estas estructuras a priori no son “ideas innatas” (contra el racionalismo), sino únicamente estructuras vacías que se tienen que llenar con los datos aportados por la experiencia. Por ejemplo: cuando decimos “el frío congela el agua”, hemos formulado un conocimiento basado en la experiencia; pero si analizamos este enunciado encontraremos elementos que no proceden de la experiencia. El enunciado presupone los conceptos (que Kant denomina categorías) de “causa” (frío) y “efecto” (congela), de “sustancia” (el agua). De aquí el apriorismo: con anterioridad a toda experiencia posible, la mente humana aporta la posibilidad misma de que algo sea conocido como objeto, al hacerlo objeto del espacio y del tiempo, y al someterlo a las reglas del pensamiento. Conocer es ordenar lo caótico mediante la sensación y el pensamiento; y no hay experiencia, y ni siquiera Naturaleza, sin la acción ordenadora de la mente humana.

Veamos este vídeo sobre la teoría del conocimiento de Kant

 4.3 El conocimiento

 4.3.1 El conocimiento es una actividad y no, simplemente receptividad

El sujeto no recibe pasivamente la huella del objeto, sino que construye el objeto. La percepción es una actividad estructuradora. La actual psicología cognitivista, de corte constructivista, afirma que el sujeto utiliza estructura o esquemas cognitivos para interpretar el mundo. Solo comprendemos eso que (mentalmente) construimos. Hay que conceder, pues, que Kant tenía razón cuando afirmó la existencia de una a priori en el conocimiento, es decir, de estructuras cognoscitivas independientes de los datos sensoriales inmediatos. De qué clase de estructuras se trata y cuál es su origen, esta es la cuestión.

 4.3.2 El conocimiento es una "actividad intencional”

Además del sujeto cognoscitivo y del objeto conocido, el análisis del conocimento también nos permite hablar de un tercer elemento: la representación. Este esquema, aunque simplificador i criticable, nos ajuda a entender la "intencionalidad" de la actividad de conocer. Para Edmund Husserl (1859-1938), la intencionalidad es la característica esencial del acto de conocer: todo conocimiento es conocimiento de un objeto. Jean Paul Sartre (1905-1980) sostiene que la consciencia no es un "lugar" (una "sustancia") donde conocemos o contemplamos nuestras representaciones del mundo, como pretendía el idealismo cartesiano; es un acto, un movimiento que no empuja fuera de la mente, al mundo; y es aquí donde conocemos los objetos. Conocer es, pues, un acto intencional, es representarse en la mente lo que hay fuera de ella. Por eso, la representación no es lo que yo conozco, sino eso (como el cristal de las gafas) con lo que conozco.

 4.3.3 ¿Conocemos la realidad misma o sólo su representación?

Si conocemos con una representación mental de la realidad, la teoría del conocimiento ha de precisar en qué sentido una idea o un concepto son representaciones mentales de las cosas. Los problemas planteados son:

  • ¿Qué es lo que conocemos directamente? ¿Las cosas? ¿Las ideas?
  • ¿Son las idees copias exactas de las cosas? Si no es así, ¿qué relación existe entre las cosas y las ideas?

Las corrientes filosóficas que responden a estas cuestiones son: el realismo y el antirrealismo (idealismo, fenomenismo e instrumentalismo).

El realismo sostiene que hay un mundo exterior (realismo ontológico) que puede ser conocido (realismo epistemológico)

Veamos este vídeo sobre el realismo y el antirrealismo

El realismo ingenuo o natural es la creencia fundamentada en el sentido común, que sostiene que existe un mundo real y que es substancialmente tal como lo percibimos. Las cosas, según este realismo, no sólo poseen una forma determinada y una posición en el espacio, sino que además son verdaderamente rugosas o lisas, sabrosas o perfumadas, de colores, etc. Este realismo, que no llega a distinguir entre el objeto conocido y el mismo objeto (porque ignora la elaboración del objeto debida a la percepción humana) sostiene que el mundo real coincide con el mundo percibido y que es independiente del sujeto: las cosas son tal como las conocemos. El realismo ingenuo supone que el conocimiento es una reproducción exacta (una copia fotográfica) de la realidad.

El realismo filosófico o crítico sostiene la existencia de un mundo real independiente del pensamiento y de la experiencia, pero no afirma que percibamos el mundo tal como es en realidad. La relación entre la representación y su objeto es sólo de correspondencia. Las llamadas cualidades sensibles de las cosas (color, olor...) son sólo “interpretaciones” sensoriales de estímulos físicos reales que proceden de las cosas.

El neorrealismo es una corriente filosófica de origen anglosajón que se inició a principios del siglo XX y se centró en la gnoseología. Su punto de partida fue la crítica de las tesis del idealismo gnoseológico, que sustentaba la reducción del objeto del conocimiento a un modo de ser del sujeto cognoscente. Según el neorrealismo, la relación que se establece entre el sujeto cognoscente y el objeto del conocimiento no modifica en nada la naturaleza de éste, sino que es una relación externa y, por tanto, no hay dependencia real del objeto del conocimiento respecto del sujeto. Así, pues, afirma que ni todas las entidades son mentales, ni son dependientes de si son o no conocidas. En general, propone como solución al problema de la dualidad mente y cuerpo la idea, patrocinada por el monismo neutral, de una entidad intermedia y confusa entre lo mental y lo material. No obstante, no logró establecer unas tesis comunes acerca del estatus de los objetos mentales y sus relaciones con las entidades físicas.

El realismo crítico, a diferencia del neorrealismo, afirma que, además del mundo físico real, existe también el mundo de la percepción. Se trata de un realismo indirecto que distingue entre cosa externa, dato sensorial (sense-datum) y acto de la percepción.

En Filosofía de la Ciencia, el realismo científico sostienen que las ciencias ofrecen explicaciones objetivas y verdaderas de la realidad, por tanto, describen realmente un mundo independiente de la mente humana. Así, a las teorías y a los términos teóricos les corresponden entidades existentes. En general, la comunidad científica cree que los nexos causales entre los fenómenos constituyen y explican el funcionamiento de la Naturaleza. La postura puesta es la defendida por el instrumentalismo.

Al realismo en general se opone el idealismo y el fenomenismo. Al realismo científico se opone el instrumentalismo (los enunciados observacionales sí describen el mundo, pero no los teóricos) y, en cierta medida, el pragmatismo.

El antirrealismo

Idealismo. La característica fundamental del idealismo es que toma el "yo" ("sujeto", "conciencia") como punto de partida de la reflexión filosófica. No parte del mundo sino de "la representación del mundo". La cuestión que pretende resolver es: ¿cómo podemos conocer las cosas? el idealismo afirma que no conocemos directamente la realidad (las cosas), sino únicamente su representación. El idealismo coincide con el realismo filosófico en que nuestras representaciones se corresponden con las cosas en sí mismas. Nos representamos las cosas “tal como son” (aunque no las conozcamos directamente). Nuestra mente es como un teatro donde se “re-presenta” el mundo. Por tanto, no es evidente la existencia de un mundo fuera de este teatro. Sólo son evidentes "mis ideas". Sólo podemos tener la seguridad de la existencia de la propia conciencia. Por tanto, podemos dudar de la existencia de las cosas.

Fenomenismo. El fenomenismo o fenomenalismo sostiene que el fenómeno (lo que podemos percibir de las “cosas en si”) es la única realidad y la única cosa que puede ser conocida. Para el fenomenismo, no podemos conocer qué son las cosas en sí mismas. Representante de este "fenomenismo gnoseológico" realista fue Inmanuel Kant.

Kant intenta superar el realismo y el idealismo. Concede al realismo que la existencia de las cosas es tan evidente como mi propia existencia: no necesito demostrar que hay el objeto que percibo. Pero (contra el realismo y el idealismo) sostiene que, aunque conozcamos con evidencia inmediata que hay cosas, no podemos conocer de ninguna forma cómo son las cosas en sí mismas (a la cosa en si, lo denomina noúmeno): lo único que conocemos es nuestra manera de representárnoslas (los fenómenos).

El “fenomenisme ontológico” antirrealista niega la existencia del mundo físico y no admite más realidad que la de la experiencia. Esta negación de la existencia del mundo físico o de la permanencia de los objetos físicos, junto con la afirmación de que sólo hay la mente y sus ideas, lleva al idealismo. Representante de este fenomenismo idealista fue Berkeley. El fenomenismo idealista invierte la relación tradicional entre percepción y objeto: no es el objeto la causa de la percepción, sino que la percepción causa el objeto, pues el objeto es definido como un conjunto de sensaciones organizadas.

Instrumentalismo. Doctrina epistemológica según la cual las teorías científicas no son ni verdaderas ni falsas, sino instrumentos para predecir. Se opone al realismo científico. Según el realismo científico, las teorías científicas describen “realidades” con conceptos observacionales. Por lo tanto, las teorías científicas pueden ser verdaderas o falsas. Para el instrumentalismo, las ciencias no pueden ser una descripción verídica de la realidad, porque distinguen entre conceptos observacionales (por ejemplo, ’rojo’) y conceptos teóricos (por ejemplo, ’átomo’): los primeros, pueden describir “verdaderamente” el mundo real; los segundos, no son más que simples ficciones útiles para efectuar cálculos con comodidad.

 4.4 Tipos de conocimiento o maneras de conocer

Según la Teoría del Conocimiento son varias las maneras de conocer o los tipos de conocimiento:

  • Conocimiento sensible y conocimiento intelectual.
  • Conocimiento inmediato y conocimiento mediato.
  • Conocimiento a priori y conocimiento a posteriori.
  • Conocimiento teórico y conocimiento práctico.

 4.4.1 Conocimiento sensible y conocimiento intelectual

Si entendemos «conocimiento» en un sentido amplio (captación del objeto por parte del sujeto), según el orden o nivel en que esta captación se produce, distinguimos entre conocimiento sensible y conocimiento intelectual.

El conocimiento sensible proviene del proceso de sensación-percepción, es decir, de la recepción de los datos sensoriales (sensación) y de la interpretación que hace nuestro cerebro de estos datos (percepción).

El conocimiento intelectual, también llamado pensamiento, es la captación del objeto mediante una imagen mental, normalmente llamada concepto.

Sensibilidad y entendimiento, además de ser dos tipos o niveles de conocimiento, son también «fuentes del conocimiento»; pero no se trata de fuentes separadas e independientes una de la otra, sino que se encuentran integradas en el proceso de conocer: «sin sensibilidad ningún objeto nos sería dado y, sin entendimiento, ninguno sería pensado. Los pensamientos sin contenido son vacíos; las intuiciones sin conceptos son ciegas» (Kant).

 4.4.2 Conocimiento inmediato i conocimiento mediato

En el conocimiento inmediato o directo, el sujeto capta directamente con la mente el objeto, sin ninguna inferencia en el proceso de conocer. Esta inmediatez se denomina "intuición". La intuición puede ser sensible o intelectual. La intuición sensible consiste en la captación inmediata de los datos de los sentidos sin intervención de ningún proceso intermedio: las cosas se conocen por experiencia (externa o interna) inmediata. El empirismo afirma que esta es la única manera de conocer. La intuición racional consiste en la captación inmediata de las ideas o conceptos. Por tanto, los verdaderos objetos de conocimiento no son las cosas, sino las ideas o los conceptos y su valor radica en la evidencia. Esta fue la tesis del racionalismo

La tendencia es eliminar, en Teoría del Conocimiento (Epistemología) cualquier rasgo de irracionalidad intuicionista. En el conocimiento mediato o directo, llamado también discursivo, conocer es inferir y la inferencia supone siempre una mediación entre el sujeto y el objeto. Fuera de la sensibilidad no conocemos sino por medio de conceptos, y éstos suponen inferencias y abstracciones, no intuiciones. El conocimiento discursivo requiere de un proceso de investigación, por tanto, su valor radica en la solidez de los principios en que se apoya o en la fiabilidad de los documentos utilizados.

 4.4.3 Conocimiento a priori y conocimiento a posteriori

El conocimiento a priori es aquel cuya validez se origina en la razón. A priori significa "con anterioridad a la experiencia" o "con independencia de la experiencia", no en sentido psicológico, sino en sentido lógico: no es necesario recurrir a la experiencia para comprobar la verdad del conocimiento (ejemplo: "El triángulo tiene tres ángulos").

El conocimiento a posteriori es aquel cuya validez proviene de su concordancia con la experiencia. A posteriori significa "después de la experiencia" (ejemplo: "las mujeres se encargan de cuidar a las personas enfermas").

 4.4.4 Conocimiento teórico y conocimiento práctico

El conocimiento teórico pretende describir cómo son las cosas o, más bien, cómo se supone que podrían ser: las teorías son siempre provisionales, muchas veces convencionales, y hay que tener precaución al tomar una decisión acerca de su verdad o falsedad.

El conocimiento práctico versa sobre normas para la acción, normas que se conocen como útiles o eficaces: en este caso, la verdad de tal conocimiento consiste en su eficacia (pragmatismo).

 4.5 El criterio de verdad

Verdad, del latín voretes –que indica la exactitud y el rigor en el decir– traduce la palabra griega alétheia, que significa “lo que está oculto”, “lo que es patente”. Primitivamente, la verdad fue entendida como una propiedad de las cosas. Más tarde, fue considerada una propiedad del Entendimiento: es él el que tiene que “desvelar” qué son las cosas. Tal concepción apareció claramente con Aristóteles y fue aceptada por buena parte de la filosofía posterior.

Los problemas planteados en cuanto a la verdad son:

  • Teorías de la verdad. ¿Qué es la verdad? ¿Qué queremos decir cuando afirmamos que un enunciado es verdadero?
  • Criterio de verdad. ¿Necesitamos un criterio para distinguir la verdad del error? ¿cuál? ¿Cómo justificarlo?
  • Posibilidad de la verdad: ¿Hay verdades absolutas? ¿Es toda verdad relativa? En qué condiciones podemos afirmar que una verdad es cierta? ¿O sólo podemos decir que "no hay sino opiniones"?

 4.5.1 Teorías de la verdad

Las teorías de la verdad versan sobre qué queremos decir cuando afirmamos que un enunciado es verdadero. Actualmente, destacan tres teorías: la teoría de la correspondencia o teoría semántica de la verdad, la teoría de la coherencia y la teoría pragmática de la verdad. Todas ellas coinciden al mantener que la verdad es una relación; difieren al establecer cuáles son los términos que se relacionan entre sí: relación de una proposición con los hechos (correspondencia); relación de una proposición con un conjunto establecido de proposiciones (coherencia) y relación de una proposición con la utilidad (pragmática).

La verdad como correspondencia. Entiende la verdad como una relación de correspondencia entre una proposición y un hecho. La verdad es una propiedad de los enunciados, que consiste en una relación de coincidencia entre el enunciado y el hecho, o entre el pensamiento y la realidad. Un enunciado es verdadero si su significado describe los hechos tal como los conocemos o interpretamos; es falso si no lo hace. En consecuencia, la verdad es, antes que nada, una propiedad del discurso declarativo; la verdad o la falsedad pertenecen a los enunciados o proposiciones y no a los hechos. Es, pues, un concepto puramente epistemológico.

La correspondencia puede entenderse en dos sentidos:

  • Sentido estricto (correspondencia como congruencia): el enunciado es una copia de la realidad, es como un espejo donde se refleja la realidad, y la estructura del enunciado corresponde a la estructura de la realidad. (Platón y Russell).
  • Sentido amplio (correspondencia como correlación): el sentido global del enunciado coincide con el hecho. (Aristóteles y J.L. Austin).

Buena parte de las objeciones a esta teoría provienen de:

  • La ambigüedad o amplitud de sentido del término “correspondencia”.
  • El sentido que hay que dar al término “hecho”: hay quién objeta que un hecho no es sino otro nombre de enunciado y, en este caso, se plantea entre qué terminos se da la relación.

Teoría de la verdad como coherencia. Teoría sostenida, principalmente, por las ciencias formales, según la cual una proposición o enunciado es verdadero cuando es compatible con un conjunto coherente de proposiciones o enunciados, o deducible de los axiomas. Así, por ejemplo, la verdad del teorema de Pitágoras no depende de su aplicabilidad a la realidad, sino de que se deduce de los axiomas y postulados de Euclides; dentro de otro conjunto de axiomas podría ser falso o vacío de significado. Cuando este criterio de verdad se aplica a otros ámbitos, no meramente formales, el conjunto de enunciados aludido es el conjunto de los enunciados que se consideran verdaderos.

Teoría pragmática de la verdad. El significado de un concepto o de un enunciado se ve en la práctica. William James (1842-1910), entiende la verdad como una propiedad de toda proposición o enunciado –James habla de “creencias”– que en la práctica funcionan, resultan o tienen consecuencias útiles. Esta utilidad no tiene que entenderse en un sentido meramente tecnológico o práctico de alcance inmediato, sino en un sentido mucho más amplio.

 4.5.2 Criterios de verdad

El criterio de verdad es una norma, método o regla que nos permite decidir cuando un enunciado es verdadero o no. Los criterios que hasta ahora han sido propuestos son: la coherencia, la evidencia, el consenso universal y el éxito en la acción.

La coherencia. Este criterio es adecuado para los enunciados formales (los que no hacen referencia a la realidad) de la lógica y de las matemáticas. Un enunciado es “verdadero” cuando se deriva correctamente de los principios o axiomas establecidos y no está en contradicción con el conjunto de enunciados del sistema. También se aplica a enunciados sobre la realidad. Así, en la ciencia física, un enunciado puede ser “verdadero” cuando está de acuerdo con el conjunto de enunciados ya aceptados como fiables.

La evidencia. Es decir, la absoluta claridad (“evidencia” deriva del latín videre, ver) con la que una cosa se nos presenta como verdadera.

El consenso universal. Este criterio ya fue reconocido como una garantía de verdad por Aristóteles y, sobre todo, por el estoicismo, que afirmó la existencia de “nociones comunes” en todos los hombres. El eclecticismo, y en particular Cicerón (-106 / -43), lo consideró el criterio definitivo de verdad. Thomas Reid (1710-1796) lo denominó “cordura” y lo concibió como un conjunto de verdades innatas ubicadas en el “sano Entendimiento humano” (verdades como la existencia del mundo exterior, de un yo, etc.). Actualmente, este criterio se considera una variante de la teoría pragmática de la verdad, atribuible a Jürgen Habermas, según esta teoría ’verdad’ no es un predicado o propiedad de una proposición o enunciado, sino una exigencia ideal del mismo, que reclama de los otros el asentimiento, o el consenso intersubjetivo, una vez presentadas las justificaciones con las que se afirma el enunciado.

El éxito en la acción. Según el pragmatismo, la verdad no tiene que estar separada de la acción: el hombre no es un ser teórico, sino un ser activo; la verdad se tiene que medir, pues, por los resultados de la acción (utilidad). Para Williams James, “adecuarse con la realidad” no es sino “estar en tan activo contacto con ella, que se la maneje mejor que si no estuviéramos adecuados a ella”. También Marx afirmó que “es en la praxis donde el hombre tiene que probar la verdad, es decir, la realidad y el poder de su pensamiento”: el conocimiento surge de la praxis y tiene que ser contrastado con ella para ser considerado verdadero.

 4.5.3 Posibilidad de la verdad. La certeza

Cuando una proposición nos parece verdadera con claridad, decimos que es “evidente”. La evidencia es, pues, una propiedad de las ideas claras y distintas (Descartes). Esta propiedad le permite a la mente adherirse, con absoluta seguridad, a la proposición. Esta seguridad con que la mente afirma la verdad de una proposición se denomina certeza. La certeza es, pues, un estado de la mente. Así, “dos más dos son cuatro” aparece como evidente y lo podemos afirmar con certeza.

La pregunta sobre la posibilidad de la verdad es una pregunta sobre la posibilidad de la certeza. Casi nadie ha negado nunca tal posibilidad en el ámbito de la matemática. Otra cosa diferente ha ocurrido en lo relativo a las afirmaciones sobre la realidad. La actitud más pesimista es el escepticismo. Opuesta al escepticismo, encontramos el dogmatismo. Posturas intermedias son el criticismo y el relativos.

Escepticismo. Concepción epistemológica que sostiene que la mente humana no es capaz de justificar afirmaciones verdaderas.

Tipos:

  • Escepticismo extremo o absoluto: sostiene que no existe ningún enunciado objetivamente verdadero para la mente humana, o la imposibilidad total de justificar afirmaciones verdaderas; de este escepticismo se suele decir que se refuta a sí mismo o que es imposible, puesto que niega en su propia afirmación.
  • Escepticismo moderado o relativo sostiene que son pocos los enunciados objetivamente verdaderos, o bien establece dudas razonadas sobre la capacidad de la mente humana de poder conocer las cosas y, por lo mismo, la somete a examen. Este relativismo propugna una actitud crítica ante el dogmatismo. La duda metódica y el espíritu crítico o el rigor científico son manifestaciones prácticas de un escepticismo moderado.

Una de las primeras expresiones del escepticismo la encontramos en Pirrón de Elis (360-272 a.c.): ni los sentidos ni la razón pueden suministrarnos un conocimiento verdadero; por tanto, si queremos llegar a la ataraxia, tendremos que permanecer indiferentes a todo absteniéndonos de hacer juicios (el estoicismo llamó a esta suspensión de juicios epojé.

David Hume (1711-1776) integra el escepticismo en la misma actividad filosófica. Distingue (Investigación sobre el entendimiento humano, sec. XII) entre escepticismo «antecedente» y escepticismo «consecuente». El primero es «anterior a todo estudio y filosofía», y un ejemplo podría ser la duda metódica cartesiana, que plantea la búsqueda de un primer principio de certeza infalible; el segundo es «posterior a la ciencia y a la investigación». Mantener un escepticismo antecedente en forma exagerada –pirrónica– equivale a negar cualquier posibilidad de llegar a la certeza. El escepticismo consecuente es el que hay que adoptar después de haber sometido a examen nuestras posibilidades cognoscitivas. Este escepticismo pone de manifiesto la imposibilidad de conciliar lo que creemos por sentido común y lo que sostenemos tras un examen filosófico de muchas cuestiones: por sentido común creemos que lo que vemos es lo que existe, pero la razón filosófica rechaza identificar nuestras representaciones con los objetos que representan; por otro lado, no disponemos de buenos argumentos para demostrar que nuestras percepciones o representaciones correspondan a los objetos reales. Al hombre razonable le es necesario un escepticismo mitigado o «académico», que es el resultado de combinar un severo examen crítico de nuestras capacidades cognoscitivas con el sentido común y la reflexión. Y así, hay que recordar que todos nuestros conocimientos se reducen a la relación de ideas, o lo que puede saberse por demostración, y a cuestiones de hecho, que fundamos en la relación de causa y efecto. Este escepticismo «académico» de Hume ha pasado a ser una de las posturas fundamentales de la filosofía neopositivista del s. XX, pero es también una característica de todas aquellas filosofías que, desde Kant, han tendido a someter a examen a la razón humana.

Opuesta al escepticismo, encontramos el dogmatismo. Mantiene la verdad de un enunciado sin justificarla demasiado, o sostiene que son muchos los enunciados cuya verdad podemos saber. Son dogmáticos el estoicismo y el epicureísmo porque, frente el escepticismo, sostuvieron la posibilidad de defender con razones la verdad de las propias opiniones (dógmata): dogma versus suspensión del juicio, o epojé. Para Kant, el dogmatismo es la pretensión de avanzar en el conocimiento filosófico sin haber sometido a crítica las capacidades cognitivas de la Razón. Sus opuestos son, por lo tanto, el criticismo y el escepticismo. Desde Kant, dogmático es lo contrario de crítico. En un sentido parecido equivale a “no científico”.

Posturas intermedias:

  • Criticismo. La filosofía crítica examina las capacidades de la Razón humana para conocer algo a priori. Al estudio de estas condiciones o posibilidades de conocimiento por parte de la Razón, también lo denomina Kant “filosofía trascendental”.
  • El relativismo. Afirma que no hay verdades universalmente válidas e independientes de la apreciación de los sujetos. Por lo tanto, el conocimiento depende de varios condicionamientos, que pueden ser el individuo, la sociedad o la cultura, ya sea en el aspecto psicológico, sociológico o histórico.
    Comparado con el escepticismo, el relativismo afirma menos. El escepticismo dice que no hay verdades o, si hay, son escasas. El relativismo sostiene que las verdades tienen un valor relativo al –en dependencia con el– sujeto.

Actividad 4: Redacción filosófica con el título "El conocimiento de la realidad".

Ver en línea : la unidad didáctica


Notas

1 Catedràtic de Sociologia de l’Educació a la Universitat de Londres.

2 Esta relación es también una correlación, porque no hay lo uno sin lo otro y, además la presencia de uno supone la del otro


Bibliografía

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