3 de Febrero – El relajo del mal. Por Ricardo Ragendorfer

Un oficial de la SS registró momentos de esparcimiento de genocidas nazis en un centro de descanso cercano a Auschwitz. Postales y persistencia de la naturalización del horror: de Goebbels a Durán Barba.
El ciudadano alemán Karl Höcker tuvo una larga vida y un funeral discreto. Había fallecido el 30 de enero de 2000 en la pequeña ciudad de Preussisch Oldendorf, en Renania del Norte-Westfalia, a escasa distancia del lugar de su nacimiento, 89 años antes, cuando dicha urbe aún se llamaba Engershausen. Esposo diligente, con dos vástagos ya sesentones y seis nietos que, a su vez, lo hicieron bisabuelo, aquel hombre ya frágil y quebradizo, luego de jubilarse como cajero del banco regional de Lübbecke, supo mitigar las horas muertas de la vejez repartido entre su colección de estampillas y la jardinería. Cuando fue enterrado en el cementerio local, su vida durante la última gran guerra era aún un misterio, pero un misterio vencido, del cual apenas quedaban rastros y muy poca intención de esclarecerlo. Hasta 2007.>
Fuente: Revista ZOOM

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