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15M: PERSPECTIVAS DESDE BILBAO, MADRID Y BARCELONA

Bilbao: reflexiones entorno a la movilización social del 15M

Tras los sucesos acontecidos a raíz del 15 de Mayo en calles y plazas del Estado Español y distintas ciudades europeas, el movimiento de l@s indignad@s, ha pasado a estar en boca de casi todo el mundo, pero parecen ser muchos los interrogantes que rodean aún a éste, tanto a nivel de definición como en los objetivos y medios planteados.

En las siguientes líneas introducimos una reflexión de carácter personal, motivada tras la participación activa en la movilización, más concretamente en la acontecida en Bilbao, para tratar de esbozar algunas de sus principales características y analizar su situación actual.

Uno de los principales retos de nuestra condición actual es el plantear un sujeto capaz de protagonizar el cambio social. La falta de una resistencia bien definida en un contexto de postmodernidad o capitalismo avanzado, ha venido definida por una sensación de desasosiego en la práctica totalidad de grupos de disidencia. De éste modo, parecía que todo intento emancipador, incluso aquellos que discurren al margen del sistema, quedaba encorsetado en los límites de uno de los muchos “ismos” nacidos a lo largo de los siglos XIX y XX, y terminaba por generar una actitud desencantada y derrotista, siendo una constante el lamento por la indiferencia social a las reivindicaciones de distintos movimientos.

El 15 de mayo y los días siguientes esa enorme dificultad para generar un acontecimiento, un corte en la monótona realidad de una sociedad mayoritariamente complaciente y sedada quedó superada, y hubo una constatación por parte de mucha gente de que esos límites habían sido en gran medida auto impuestos Así, tras ese difícil paso inicial, pasaba a introducir al Estado Español en un ciclo de protestas a nivel europeo-occidental inaugurado desde hace un par de años.
En los primeros momentos de toma de contacto con lo que sucedía en las plazas (en mi caso la plaza del Arriaga en Bilbo) me sentí llamado a participar porque me pareció encontrar una renovada ilusión que no veía o no sentía desde hace tiempo y que echaba en falta. Además, ésta resultaba contagiosa y se ampliaba a través de los demás. Parte de ese sentimiento de renovación venía quizás porque el grueso de la protesta lo componían nuevas personas, nuevas caras, y parecía que la queja de indiferencia social quedaba al fin soliviantada. Por las razones que fuera, sectores que habían quedado fuera del «gueto» anti-sistema mostraban una receptividad poco usual a replantearse sus pensamientos y su situación, pasando a juntarse y organizar cosas, todo ello a través de identificarse, en un doble sentido, con los otros. Por unos instantes, me parecía que superaba las rígidas y artificiales barreras de lo individual y lo colectivo, y además ello se conseguía no a través de una ideología, concreta, situada en unos cuantos libros, más o menos identificables, sino en una emoción abstracta: la indignación. De este modo, la emoción actúa como aglutinante, igualando a todo el mundo en un grado de «cabreo», alimentado día a día por la imposibilidad de asumir desde la mínima sensibilidad una realidad cruel e injusta.

Este tipo de características me permiten empezar a definir al 15M como un escenario (un lugar físico, las plazas) que proporcionaba un canal abierto de comunicación entre gente muy distinta, que formaba un friso de lo más curioso. Uno se podía encontrar grupos de jóvenes (y no tan jóvenes) completamente ajen@s hasta entonces al deseo de protagonizar un cambio social, a sentir la necesidad de movilizarse. En otro lado, otras gentes, con trayectorias vitales ligadas a las movilizaciones de la mal llamada Transición y de años posteriores, que llevaban años alejadas de ello, de su propia experiencia militante, quizás porque ya casi les habían convencido de que aquellas luchas no servían para nada, quizás porque habían acumulado demasiados años de decisiones erróneas a sus espaldas, o porque creían que sus historias no interesaban a nadie. A estos grupos, deberíamos añadir a quienes salieron de su país un día creyendo que mejorarían su situación de algún modo, inmigrantes de primera y segunda generación, muchas de ellas sin papeles o en peligro de expulsión, junto a grupos de «sin techo», en muchos casos completamente excluidos por una sociedad opulenta y que normalmente no son ni tenidos en cuenta (cuando no invisibilizad@s) por el conjunto de las organizaciones sociales.

Personalmente, eché mucho en falta esos primeros días la presencia de un montón de gente conocida, activistas que siempre se quejaban amargamente de que la sociedad no quería saber nada de la protesta, que la gente pasaba de todo, que quemaba trabajar así...

Sólo a los días esa gente, alguna de esa gente, empezó a dejarse caer por allí con cuentagotas. Así mismo, me resultó especialmente llamativo como, en esos primeros momentos, en los que todo se estaba formando gentes que no se habían molestado ni siquiera en acudir y ver qué era aquello, trataban de invalidar a toda costa lo que acontecía en las plazas con términos impregnados de estalinismo y pensamiento único. Tildaban lo que allí acontecía de «infantilismo» o «espontaneismo», quizás por no decir lo que algunas personas querían, quizás por el lastre dogmático que nos aqueja en ocasiones y que nos considerar que todo aquello que se sale de la rígida horma de una organización fuerte y de pensamiento único está condenado al fracaso o a la absorción por parte del sistema.

Quiero que quede bien claro que las presiones negativas, prejuicios, etc. sufridos por el 15M han resultado muy negativos. Si a alguien no le interesa, pues bien, pero estaría bien que dejara hacer al resto, ya que criticar desde el sofá siempre ha sido una tentación demasiado humana.

Sea como fuere, las plazas arrebataron la iniciativa, aunque sólo sea por unos instantes, al parlamento, comenzando a decidir en asambleas multitudinarias una hoja de ruta y dando paso a una verdadera ofensiva contra la credibilidad y legitimidad de la democracia presuntamente representativa, que, una vez desprovista de argumento, no tuvo más respuesta que la violencia ciega ante grupos de personas que mostraban una actitud pacífica, quizás demasiado pacífica.

Ello no ha impedido la puesta en marcha una oleada de acciones disruptivas de desobediencia civil, con un sinfín de oficinas de banco ocupadas, edificios públicos desalojos y deportaciones interrumpidas, impagos, etc. Muchas de esas acciones, además, han ido dirigidas a la defensa «de lo pequeño», de una persona concreta, probablemente no militante, generando y estimulando fuertes redes de solidaridad y apoyo mutuos. En el caso de Bilbao, por ejemplo, las distintas asambleas de indignadas han apoyado de manera masiva iniciativas como el Bilbo Gune de los distintos movimientos sociales (siendo curiosamente la memoria histórica el tema elegido para este año, facilitando de éste modo la inserción del 15 m en una línea temporal recorrida por una gran cantidad de movilizaciones y protestas en Euskal Herria), o los desalojos de gaztetxes en Portugalete o más recientemente Kukutza, así como de tratar de potenciar distintas iniciativas trabajando de manera conjunta con distintos colectivos, como BBVA Hiltzaile, Deshazkundea, etc., en lo que considero un gran acierto, en acciones como la toma el BBVA, jornadas sobre vivienda, funeral por «lo que nunca existió» (democracia), contra la ordenanza de civismo...

Otra peculiaridad de nuestro marco vasco sería quizás el papel de la Izquierda Abertzale. Mucha gente –incluidas algunas de sus militantes de bases que, a nivel personal, mostraron interés y colaboraron en un principio– esperaba que activara sus redes de movilización; pero la IA parece estar mas ocupada en lavar su imagen de cara a su ingreso en la socialdemocracia, y ha realizado una clara llamada a la «contención» y «responsabilidad» de sus militantes, y mostrado cierta hostilidad al 15M, lo que ha hecho las cosas más difíciles. No obstante, el propio movimiento ha tenido aspectos muy criticables en sí, de los que habría que extraer lecciones. En primer lugar, por su propia idiosincrasia de asamblea abierta el 15M ha resultado particularmente vulnerable a los intentos de manipulación e instrumentalización. Esto ha ocurrido desde el primer día y se ha venido realizando desde afuera (a raíz de toda una cantidad de guiños más o menos claros por la práctica totalidad de los partidos políticos, la desinformación de los medios, los intentos de criminalización...) y dentro («entrismo» practicado por distintos grupos con el fin de apropiarse de las frágiles y recién establecidas estructuras, sobre todo la asamblea, intentos de dejar al movimiento en manos de una vanguardia de «profesionales de la protesta», intentos de circunscribir un enorme conjunto de reivindicaciones a tres o cuatro de carácter electoralista...)

Entre los grupos que mas han intentado apropiarse o instrumentalizar la protesta en esos inicios destacaba la presencia de miembros de IU y UPD que querían cambiar el conjunto de las reivindicaciones por una petición de Reforma de la Ley electoral. Tras ver que esa propuesta no tenia éxito, estas personas se esfumaron de las asambleas. El papel de Democracia Real Ya también ha sido, desde mi punto de vista muy negativo, porque ha servido mas para desubicar al movimiento y restar fuerzas que para incrementarlas, con un discurso manido y fuertemente reformista que no representa al conjunto del movimiento, por mucho, y que supero el golpe interno del «consenso de mínimos» (artimaña para rebajar contenidos y centrarlo en la ley Electoral), por la «voluntad de consenso», de llegar a acuerdos, pero desde la diferencia. De este modo, vemos como han sido muchos los aspectos que se han debatido a nivel interno (papel de estos grupos, definición, prolongar o no las acampadas), y autónomo (a nivel de asamblea Bilbao).

En segundo lugar, se ha optado por apartar al pueblo e incluso a las personas como sujetos del cambio, optando por definirse mayormente en términos de ciudadanía extremadamente nocivos para la movilización y legitimadores de gran cantidad de los discursos oficiales, además de excluyentes.

Por último, pero no por ello menos importante, en muchos casos ha parecido legitimar a los poderes fácticos, especialmente a los políticos, al dirigirse a ellos como presuntos encargados de arreglar las cosas, otorgándoles una autoridad y una legitimidad que ya les habían sido arrebatadas desde las plazas, mientras que, precisamente, esto ha servido para empoderar a las masas y sustituir a los políticos en la iniciativa y las decisiones, cambiando el parlamento por las plazas.

Conclusiones (provisionales)

El movimiento de l@s indignad@s ya supone un llamamiento a la necesidad de movilización social en unos tiempos que se auguran llenos de problemas e imposiciones desde el poder (tanto por parte del Estado como por parte de los mercados y del conjunto del sistema). Una movilización social que aún está por concretar, dejando abierto un camino en éstos momentos al que sería poco sabio renunciar desde un principio. La mayoría de críticas que se pueden hacer al 15m son extrapolables al movimiento libertario. Ahora bien, este tiene la oportunidad de aportar (y mucho) al conjunto de reivindicaciones y luchas que se están planteando, introduciendo muchos de sus puntos de vista. Se hace preciso aunar esfuerzos con el fin de dotarnos de herramientas nuevas para hacer un frente amplio a nuevos problemas, que necesariamente incluyan, pero también trasciendan, las antiguas reivindicaciones obreristas más «clásicas». El momento es interesante, y nos ofrece una magnífica oportunidad de radicalización de la sociedad en pos de un posicionamiento más crítico con la realidad existente, una realidad injusta de imposiciones, exclusiones y brutal represión.

Madrid: Analizando el 15M

Desde Madrid, escribimos estas líneas para compartir con vosotros/as nuestro análisis sobre el llamado «movimiento» 15M y la relación que los/as anarquistas hemos tenido con él. Comenzaremos describiendo brevemente la actividad libertaria que estaba teniendo lugar en los meses previos, cómo nos pillaron desprevenidos/as las enormes movilizaciones que tuvieron lugar durante la segunda quincena de mayo y los intentos que hicimos (y los que no) para formar parte de ellas, es decir, cómo ha sido nuestra relación con el 15M. Para terminar expondremos una serie de conclusiones que hemos ido sacando sobre nuestra participación en este proceso que se ha ido desarrollando desde el 15 de Mayo.

El entorno militante libertario madrileño antes del 15M

No podemos pretender llevar a cabo una valoración exhaustiva de la situación del «movimiento» libertario de nuestra ciudad, ya que difícilmente se puede hablar de un movimiento como tal. Desde nuestro punto de vista existen una multitud de núcleos militantes, con un grado bastante alto de especialización en temas como la lucha antirrepresiva, el antiespecismo, lo laboral, etc., que rara vez confluyen para debatir, teorizar y movilizarse conjuntamente. Por tanto se puede hablar como mucho de un movimiento en construcción, que se está dotando de algunos mecanismos e infraestructuras pero que sigue careciendo de otras muchas. De este modo el mayor lastre que hay que señalar seguramente es la enorme fragmentación del mundillo libertario, provocada principalmente por la ausencia de proyectos comunes y espacios de encuentro: es la pescadilla que se muerde la cola...

Ahora bien, en los meses previos al 15M se pudieron identificar varias tendencias positivas en el entorno militante libertario: por una parte, un mayor esfuerzo de visibilización de «nuestras» ideas, de difusión y de propaganda, que en la práctica se traduce en el nacimiento de algunos nuevos proyectos: programas de radio, publicaciones... así como en un repunte de la presencia de propaganda en forma de carteles y pegatinas por las paredes de la ciudad, y por último en la utilización de tácticas como la de formar bloques libertarios en manifestaciones de carácter más «plural». Por otro lado se dieron varias iniciativas que compartían el fin de articular una coordinación entre los diferentes ámbitos de lucha y colectivos anarquistas. Como ejemplo, nos parece interesante resaltar que el «Bloque Libertario y Autónomo», convocado bajo el lema «Políticos, banqueros y capitalistas... sois el crimen organizado – Lo queremos todo, lo queremos ahora» para la manifestación del 15M, nació en una de estas asambleas de coordinación del ámbito libertario madrileño. Evidente­men­­te, estos dos fenómenos (la intensificación de la labor propagandística libertaria y los intentos de coordinación entre colectivos) están estrechamente relacionados: las asambleas de coordinación sirven de puntos de distribución de material y de vez en cuando incluso sirven como punto de partida para nuevos proyectos.

En esto andábamos cuando, tras la convocatoria de ese día, surge una acampada en la plaza de Sol como protesta por las detenciones que tuvieron lugar después de la manifestación, que supondría el punto de partida de la mayor movilización popular vista en nuestra ciudad en mucho tiempo.

15M: la complejidad de la contestación

Si algo ha caracterizado al 15M ha sido su heterogeneidad, su diversidad de posturas, de planteamientos, de análisis de la realidad (si bien es cierto que la gran mayoría se muevan en parámetros claramente demócratas…), lo que lleva a que un análisis sobre el mismo se torne complicado, pues a excepción de una serie de principios y tácticas más o menos generales, el devenir del 15M en cada ámbito local es un mundo, y es un mundo en el que el contexto previo y las reacciones a hechos puntuales han jugado un papel fundamental. Es por ello que desde aquí aclaramos que «el 15M» al que nosotros/as nos referiremos es al de Madrid, y aun así no todas las conclusiones o percepciones que aquí aportemos podrán aplicarse al conjunto de las ciento y pocas asambleas que pueblan lo que constituye la Comunidad Autónoma de Madrid, sino que más bien son fruto de nuestra participación (más o menos cotidiana) en determinadas asambleas de barrio y en algunas movilizaciones.

Dinámica de las asambleas

Una de las señas de identificación primordiales del 15M ha sido el asamblearismo, la toma de una opción organizativa opuesta en gran medida al delegacionismo y los mecanismos de representación que definen al sistema democrático parlamentario. Desde un primer momento se ha optado por unas formas de debate, diálogo y toma de decisiones asamblearias, donde la horizontalidad, el consenso, el respeto a las minorías y la autonomía personal y colectiva se han tratado de llevar a la práctica, con sus fallos, con su falta de práctica y con, por supuesto, intentos de captación de las asambleas por parte de izquierdistas (y derechistas) varios, cosa que en bastantes asambleas se ha conseguido impedir (aunque dichas tensiones sigan presentes).

De este modo, se ha puesto de nuevo la asamblea sobre la mesa como forma de afrontar los problemas, pasando a ser una forma organizativa más (que puede parecer mejor o peor, pero que al menos ahí está), y facilitando la posibilidad de que los/as trabajadores/as en conflictos (como el que actualmente se vive en la educación secundaria madrileña) puedan recuperar protagonismo a través de este instrumento de lucha.

Así, la extensión de la práctica asamblearia a otros conflictos y otros contextos nos parece una de las consecuencias más enriquecedoras que han traído estos nuevos movimientos sociales: «La Asamblea General funciona de manera horizontal, autónoma, sin jerarquías, basada en la búsqueda del consenso y tiene sus raíces en el pensamiento anarquista. Es similar a las asambleas que se han dirigido los recientes movimientos sociales por todo el mundo en lugares como Argentina, la plaza Tahrir en Egipto, Puerta del Sol de Madrid y así sucesivamente», declaran, en este sentido, los/as integrantes de la acampada de protesta Occupy Wall Street en Nueva York [extracto de «La Ocupación para principiantes», en la publicación autogestionada The Occupied Wall Street Journal].

Pero también habría que reseñar que esta apuesta por modelos organizativos horizontales (de momento) se ha dado únicamente para consumo interno, manteniéndose en gran medida una confianza ciega en las posibilidades de reformar este sistema para hacerlo más justo y democrático, dejándonos todavía un salto cualitativo pendiente.

Con la descentralización (más o menos costosa) del 15M, el asamblearismo ha retornado a los barrios y pueblos, tras estar prácticamente ausente durante décadas. Consideramos la creación de lazos entre vecinos/as uno de los puntos más positivos de estas asambleas barriales ya que, aunque se den poco a poco y de manera dispersa, facilitan que surjan la afinidad y el apoyo mutuo. Nos vamos conociendo, con nuestros puntos fuertes y débiles, se va caminando por una senda hasta hace poco inexistente, abriendo una pequeña brecha en el individualismo y la atomización de la sociedad capitalista y sus macrociudades. Las asambleas dan paso también a jornadas culturales, comidas populares, movilizaciones… momentos que permiten fomentar la relación y el acercamiento entre vecinos/as, antes desconocidos/as, creándose espacios de confluencia entre distintas generaciones. Todo ello en un futuro cercano podrá servir de punto de partida para afrontar los conflictos que están por llegar.

Las temáticas sobre las que giran la mayoría de las asambleas son en gran medida reformistas y populistas (véase cuestiones como la reforma de la ley electoral, la nacionalización de la banca, etc.), sin embargo, también hay que señalar que la llegada a los barrios de las asambleas ha supuesto que éstas asuman la intervención en el ámbito local como paso imprescindible de cara a generar cambios a mayor escala, llevando a que salgan a flote problemáticas y necesidades más tangibles y del día a día.

De este mismo modo también hay que señalar que aquellos frentes en los que más se está avanzando, trabajando y, lo que también es importante, obteniendo mayores frutos, son en reivindicaciones concretas de aplicación práctica y que suponen pequeñas negaciones de la legalidad y el estado de derecho, como son las acciones dirigidas a detener las redadas a inmigrantes o los desahucios, o la ocupación de espacios de sociabilización (ya sean plazas, edificios o solares para huertos). Prácticas, éstas, en las que la acción directa ha sido asumida de lleno.
Estas prácticas cotidianas de las asambleas, junto con los debates en torno a temas de actualidad que en ellas se generan, nos permiten hablar de un tímido regreso de la política a los barrios: las asambleas comienzan a plantear sus problemas y sus necesidades, y poco a poco tratan de hacerles frente.

Por último, en el funcionamiento de las asambleas del 15M son también relevantes una serie de taras, de problemas que se arrastran. El mayor de ellos sería que a menudo se cae en el inmediatismo, en asumir que todas las luchas obtendrán resultados a corto plazo, en el aquí y ahora (lo que a veces sucede, y es ahí donde el 15M ha sido bastante efectivo), con todo lo que ello conlleva: frustración y queme de los participantes en las asambleas, y una gran dificultad de influir sobre la realidad pues se desecha aquello que no se consigue a pocos meses vista. Por otro lado, estaría el carácter netamente defensivo de muchas de las reivindicaciones del 15M, algo, al igual que lo anterior, que viene implícito en esta época que nos ha tocado vivir, y de lo que los/as anarquistas no nos libramos en ninguna medida.

El 15M y las instituciones

Desde el principio el 15M ha hecho suya la crítica a políticos e instituciones, el «no nos representan». Sin embargo, muchos de los esfuerzos iniciales (y aún a día de hoy en cierta medida en algunos barrios) han ido encaminados a reivindicar ayuda de esas mismas instituciones, reformas legislativas y políticas encaminadas a «mejorar» el sistema y, por tanto, asumibles y recuperables por el mismo. De esta forma, aunque la crítica se haya dirigido contra las relaciones e instituciones jerárquicas y contra la clase política, no llega a cuestionarse la naturaleza misma del sistema democrático, y la lucha toma en muchos aspectos un claro carácter ciudadanista.

Por otro lado, percibimos que, con el tiempo, han comenzado a superarse ciertos conceptos que en un principio ni siquiera entraban en el debate, y lo que éstos conllevan, como es el caso del binomio legalidad-legitimidad, que ha comenzado a derrumbarse a través de la práctica de la desobediencia o de la acción directa, o la identificación cada vez menor del concepto de lo público con lo común. La superación de estas ideas supone una profundización en la crítica al sistema democrático, y se ve reflejada en las acciones concretas y en la línea general que van siguiendo muchas asambleas de barrio.

Violencia, palabra tabú

Actualmente sigue teniendo bastante fuerza la idea, inamovible para algunos sectores, de rechazo total y absoluto de la violencia, sin estar muchas veces claro el significado que se le atribuye a este concepto. Así, siguiendo un razonamiento bastante simplista, se descarta el empleo de ciertas tácticas por definirlas de antemano como violentas, llegando incluso a criminalizar a quienes las empleen, y ni siquiera se plantean cuestiones tan básicas (a nuestro modo de ver) como la autodefensa (lo cual tiene que ver también con la ingenuidad que ha demostrado tantas veces el movimiento frente a la represión y la violencia policial). No obstante, sí que hemos observado un cierto avance en estos temas, que parece que comienzan a entrar a debate y a no darse por supuestos: «La No Violencia se está convirtiendo en una especie de poder que otorga al que se proclama como tal, la facultad de acusar y juzgar como violento, todo aquello que no encaje con su pensamiento, gustos o expectativas generalmente inmediatas, sin necesidad de demostrar nada, hasta el punto de permitir, al iluminado no violento, realizar prácticas para-policiales de delación en las manifestaciones como si de besar flores se tratara», pudo leerse en un texto redactado por el Grupo de Trabajo «Política a largo plazo» como contribución a este debate y que sirve como muestra de que desde las propias asambleas se produce un cuestionamiento constante –en base a los acontecimientos– de las formas y tácticas a emplear.

Con esta crítica hacia la que hoy sigue siendo la posición mayoritaria tampoco pretendemos hacer alarde de las posturas apologéticas de la violencia como herramienta de lucha útil y radical de por sí, que se defienden desde ciertos sectores libertarios y que, en nuestra opinión, son igualmente criticables. Somos conscientes de que el debate en torno a este tema es mucho más amplio y complejo, además de hacerse cada vez más necesario, pero estas líneas no son el espacio para desarrollarlo en profundidad.

Internet y los medios de comunicación

La ingenuidad de la que han hecho gala muchos sectores del 15M en su posición hacia las fuerzas de seguridad del Estado también ha estado patente en su posicionamiento ante los medios de comunicación de masas. En muchos casos se les ha entendido como agentes neutros, obviando su papel fundamental en la reproducción del orden dominante, y se ha tratado a toda costa de aparecer ante ellos y de hacerlo como los buenos de la película, asimilando erróneamente, a nuestro entender, opinión pública con la opinión de estos medios. Esta posición, a su vez, ha sido altamente relevante a la hora de afrontar (o evitar) debates como el de legitimidad-legalidad o el de la violencia. Sin embargo, esta postura se ha ido modificando (poco a poco y aún no mayoritariamente) a fuerza de palos –reales y metafóricos– y en este sentido está siendo de gran importancia la asunción por cada vez más participantes y asambleas del 15M de la necesidad de generar espacios propios de comunicación (ya sean boletines, radios, webs, periódicos, panfletos…), autónomos, en los que seamos nosotros/as mismos/as los que decidamos qué queremos contar y cómo hacerlo.

Redes sociales, blogs, en pocas palabras, internet. Esa ha sido una de las señas de identidad que el 15M ha generado (o le han generado). La utilización de internet en sus diversas formas como medio de difusión y convocatoria ha posibilitado movilizaciones de gran envergadura y respuestas rápidas ante las diversas agresiones que ha sufrido (un par de ejemplos muy representativos de ello aquí en Madrid serían la semana completa de marchas nocturnas que siguieron al desalojo de la Puerta del Sol en agosto o las diversas convocatorias que se sucedieron en solidaridad con los detenidos y agredidos en la marcha laica previa a la visita del Papa), favoreciendo que la información fluyera velozmente entre gran cantidad de gente. Sin embargo, el abuso de esta herramienta, o más bien el confiar de pleno en ella, lleva al abandono de las relaciones personales reales; al no ver los límites que este medio conlleva se cae en la ciber-militancia, en abandonar las calles para pasar a generar debates en la red nada reales ni nada productivos. En pocas palabras: a ahondar más si cabe en la atomización impuesta por el sistema.

Los/as anarquistas ante el 15M

La aparición en escena del llamado movimiento 15M ha aportado nuevos escenarios y nuevas posibilidades a un entorno libertario con escasa experiencia en luchas sociales que aglutinen a un sector importante de la población. Varios son los puntos que nos gustaría abordar con la esperanza de aportar alguna reflexión que pueda contribuir al desarrollo y crecimiento cualitativo del movimiento anarquista:

La universidad de la calle (o de las plazas)

Gran parte de las discusiones que han tenido lugar dentro del entorno libertario han girado en torno a las posibles contribuciones que podíamos hacer al 15M, relegando a un segundo plano las posibles enseñanzas que éste nos podía aportar. Un error, pues no podemos olvidar lo mucho que aún nos queda por aprender y esta experiencia puede llegar a tener un gran valor.

El enfrentar nuestras ideas no sólo contra otras posturas y discursos, sino también contra la práctica; el tratar de comunicarnos con gente alejada de nuestros círculos, y por tanto, de nuestro lenguaje; el encontrarse con diferentes dinámicas y ritmos; el intentar crear lazos con tus iguales a pesar de las evidentes diferencias pero siendo conscientes de la necesidad de ese tejido social; etc.; son acciones y situaciones realmente enriquecedoras.

Además, acostumbrados/as a acudir sobre todo a asambleas que pueden llegar a asemejarse más a una reunión de colegas, esta experiencia nos ha permitido participar en asambleas donde se han producido todo tipo de situaciones (asambleas multitudinarias, intentos de manipulación, etc.) que ofrecen la posibilidad de reflexionar sobre los límites, potencialidades, peligros y debilidades del funcionamiento asambleario.

El guetto como refugio

Aunque se tenga bien presente la necesidad y urgencia de romper nuestro aislamiento o nuestra reclusión en el llamado guetto, no resulta tan fácil como cabría esperar. La militancia en el guetto brinda cierta seguridad y comodidad, otorga una sensación interna y una imagen externa de integridad anarquista. Peleas junto a tus compañeros/as y sabes que, en principio, siempre tendrás su respaldo. Vamos, que lo tiene todo para perpetuarse.

Sin embargo, el involucrarse en un conflicto social amplio alejado del círculo libertario, implica salpicarse, asumir cierto grado de enfrentamiento con los/as demás, correr el riesgo de hacerle el juego sucio a socialdemócratas e izquierdistas, etc. Por ello, cuando se presenta la ocasión, muchas veces lo afrontamos más como un problema que como una oportunidad, rehuyendo así el conflicto: mientras existan brechas donde nuestra intervención pueda ser positiva, debemos desbordar el guetto, romper nuestro aislamiento y acercarnos a nuestros/as compañeros/as de curro, de barrio, de estudios, etc.

La lucha es el único camino

Si bien es evidente que el movimiento 15M no será el detonante de un proceso revolucionario, algo positivo ha traído consigo: cierta ruptura con el insoportable conformismo de los últimos años y la extensión de la idea de que nuestros problemas se resuelven peleándolos. Nuestras aportaciones deben ir encaminadas a profundizar en estas ideas y a asentar los espacios de encuentro y organización, donde se pongan sobre la mesa los problemas que compartimos y se busquen formas de afrontarlos. Conseguir que el asamblearismo, la acción directa y el apoyo mutuo salgan de nuestros panfletos y se materialicen en el día a día de nuestros barrios y de nuestros tajos.

Los desahucios paralizados, las redadas racistas de la policía que se han topado con la respuesta de parte del vecindario, la toma de espacios, etc., son buenos ejemplos de lucha cotidiana que si bien no van a desencadenar la revolución, favorecen la creación de un tejido social, y como ya decíamos antes, la extensión de un sentimiento común de que nada debemos esperar de ellos/as y que sólo a través de la lucha mejoraremos nuestras condiciones de vida.

El 15M en Barcelona

(Este texto está escrito partiendo de la experiencia de asambleas de Barcelona (ciudad). Tanto en el área metropolitana como en otras ciudades y pueblos de Catalunya el movimiento 15M tiene arraigo y fuerza y está organizado, pero la amplitud del movimiento exige centrarse para un análisis en aquello directamente conocido).

Un poco de contexto

Antes del 15M, en Barcelona había empezado un proceso de autoorganización amplio, que agrupaba a libertarios de varias tendencias (organizados o no) con otros militantes y organizaciones anticapitalistas. Tomó peso en la huelga del 29-S (en la que una convocatoria alternativa y crítica con los sindicatos mayoritarios tuvo un éxito y una combatividad sorprendentes) y continuó en adelante, agrupado bajo la Asamblea de Barcelona. De la necesidad de descentralizar esta asamblea y priorizar la proximidad surgieron asambleas de barrio en Barcelona. De ese proceso participaron bastantes anarquistas, de diferentes orientaciones. Desde hacía un tiempo, había debates entre libertarios acerca de la necesidad de salir de la atomización de grupos sin espacios de debate, separación de ámbitos y automarginación, y un intento de buscar formas de implicarse en luchas de las que nos habíamos mantenido al margen durante años. Se vivía un clima un poco diverso al de los últimos años, con inquietudes (por parte de algunos) por encontrar vías propias para construir espacios más amplios de los que antes carecíamos. En medio de ese proceso apareció el 15M.

Reacciones

La reacción del movimiento libertario fue diversa: desde luego, y sobre todo al principio, no se pudo hablar de una única visión. Tras el primer momento de sorpresa, hubo quien se sumó a la plaza enseguida y quien se mantuvo al margen, desde el escepticismo y la crítica. Entre quienes sí se implicaron, se hizo especial insistencia en la necesidad de horizontalidad (hubo diversas posturas respecto a la asamblea central, a la organización de la acampada y al consenso), se planteó la necesidad de conectar el 15-M con las luchas anteriores, y en general se apoyó la descentralización en la red de asambleas de barrio ya existentes en Barcelona (creando muchas otras nuevas, en toda Catalunya).

Puede parecer sorprendente desde fuera (y ha generado debates entre anarquistas) ver a libertarios implicados en un movimiento que (aparentemente, y sobre todo al principio) parecía trasladar sólo consignas ciudadanistas. Había quien lo veía, por otra parte, a través de la imagen de unas reivindicaciones de Democracia Real Ya que fueron rápidamente desbordadas en las acampadas. Desbordadas no necesariamente por la llegada a conclusiones colectivas más radicales, sino por un cambio de planteamiento: cuando estalló la asistencia masiva a la acampada de Plaça Catalunya, ya no se trataba de un movimiento de protesta con unas demandas concretas y limitadas que nadie pudiera «radicalizar» o «controlar», sino una suma de personas más o menos agrupadas en torno a diferentes malestares con una voluntad de debatir, encontrarse y coordinarse. Los debates se realizaban permanentemente, planeados o espontáneos, y la capacidad de autoorganización de muchísimas personas que no se conocían de nada ni habían tenido ninguna experiencia de trabajo militante fue sorprendente (aunque la excesiva organización y burocratización tuvieran también sus críticos, y pronto se reveló la necesidad de desmontar la acampada para evitar el surgimiento de «élites» y de que los debates importantes se dieran sólo en pequeños grupos). Acudir y encontrarse allí tuvo para muchos libertarios algo de experiencia personal inusitada, más allá de una decisión de estrategia política que también fue importante, y fruto de discusión entre partidarios y detractores de la implicación en el 15M.

Nosotros y los otros ¿Propuestas claras?

El 15M ha supuesto una sacudida a nuestras habituales percepciones y debates sobre «la gente», «la masa». Personas que expresaban un rechazo visceral a la política dedicaban días enteros, abandonando cualquier otra actividad, a debatir, organizarse para solucionar muchas necesidades inmediatas y hacer aquello que acostumbramos a considerar «político» en su mayor expresión. Aunque la masividad del movimiento era algo importante, no se trataba simplemente de acudir a movilizaciones para «ser uno más» o simpatizar con discursos o programas cerrados, sino que muchos han entendido el 15M como una llamada a implicarse en una búsqueda común de un discurso, llevada de forma colectiva. Por eso las propuestas o los «programas de mínimos» han sido discutidos, o han tenido una importancia más relativa que en otros movimientos amplios: de ahí la crítica a que «el 15M no tiene un programa, no se sabe qué quieren».

Ese proceso es complejo. A veces la falta de un discurso unitario se debe a las dificultades para consensuar, otras a la expectativa de hacer un movimiento amplísimo llegando a todos, y otras veces a que las quejas o las llamadas no se hacen a una u otra institución política, sino que son contra el sistema y la forma de vida en general, contra el capitalismo, contra «todos, que soportamos esta situación sin hacer nada»... Las exigencias no son siempre a la clase política, en la que en general no hay confianza, sino que mezclan reivindicaciones parciales con planteamientos que evidencian la necesidad de cambios profundos que no está claro cómo hacer. También muchas de nosotras, desde un prisma libertario, desconfiamos de los programas de mínimos.

Ahí se ha evidenciado una realidad que no se podía abordar ni desde la visión de «la gente» como una masa homogénea, pasiva y conservadora, enfrentada enteramente con cualquier propuesta más allá del parlamentarismo, ni desde las perspectivas «masivas» espectacularistas de quien busca un movimiento cuantitativo que siga acríticamente algunas reivindicaciones parciales sin una implicación cotidiana (aunque algunos sectores siempre intentarán llevarlo hacia ahí).

Precisamente esto sucede en tiempos de inquietudes por «salir del ghetto» e implicarse en luchas que afectan a sectores muy amplios de la población, y que en los últimos años han sido «territorio de la izquierda», y no es fácil para muchas ni pasar tiempo en asambleas en las que se repiten una y otra vez argumentos que detestamos, ni encontrar la forma de comunicarnos más allá del vanguardismo soberbio o el silencio en temas discordantes por miedo a que se rompan las alianzas. El asamblearismo del movimiento nos hace más fácil exponer nuestras posturas, aunque tampoco es idílico: nadie (y tampoco nosotros) está acostumbrado a asambleas grandes y heterogéneas. La comunicación entre «antiguos» y «nuevos» implicados depende de muchos factores, no sólo de discurso, sino de actitud, emocionales... Pasar de grupos de afinidad en que los discursos están sobreentendidos a asambleas tan amplias en que ni siquiera hay una «actitud activista» en común obliga a replanteamientos, y ahí, a la vez que nos encontramos con límites, muchas hemos aprendido muchas cosas.

Acciones y planteamientos

«De la indignación a la acción» ha sido el lema que ha acompañado los últimos tiempos del movimiento. Las acciones colectivas han sido numerosas, y a menudo han partido de asambleas de barrio o grupos que han planteado una convocatoria amplia. Okupaciones de viviendas para realojar a desahuciados, o de solares para huertos, encierros en facultades… También la detención de desahucios, la protesta frente a las redadas de inmigración y el control policial y los encierros. El 15M se ha descentralizado mucho y se ha convertido en un movimiento amplio y difuso que puede dar cabida a muchas reivindicaciones (como las de trabajadores y usuarios de sanidad o las universitarias). Muchas de ellas están ligadas a los recortes en sanidad, educación, a la situación de vivienda... a muchos aspectos de los problemas más «actuales».

Desde un punto de vista libertario, este es un terreno peliagudo, y más en asambleas que se han vuelto masivas y muy inclusivas. Así, es complejo encontrar la manera de estar ahí sin acabar viéndonos limitados en la práctica a la defensa del estado del bienestar, ni relegarnos a una marginalidad de discursos teóricos radicales sin alternativas reales. No es algo nuevo, en ese terreno nos encontramos con o sin 15M. Pero la perspectiva asamblearia en núcleos de proximidad (barrios, asambleas de facultades o de trabajadores), unida al hecho de que las luchas no se parcializan, sino que hay una cierta perspectiva común, dentro de un contexto muy favorable para todo tipo de charlas, debates y procesos de reflexión, abre la posibilidad de combinar las acciones y manifestaciones masivas contra los recortes con otras formas de plantear discursos que vayan más allá en el pensar y realizar alternativas. De momento, muchos planteamientos han ido más allá de esa oposición a los recortes económicos y el funcionamiento asambleario (no dirigido por organizaciones) ha impregnado movimientos como el de las reivindicaciones universitarias. También juegan un papel importante las redes de apoyo mutuo de muchas asambleas, y, aunque de forma aún limitada, es interesante ver cómo a las asambleas de barrio se dirigen personas con diferentes problemáticas: vivienda, laborales... para participar de estos espacios de apoyo.

Otro factor interesante es que planteamientos agroecológicos, pers­­pectivas de soberanía alimentaria o cuestionamientos del desarrollismo económico convivan, aunque con menor fuerza, dentro de este mismo clima político.

No estamos solas

Aparte de las luchas más «centrales», dentro del movimiento hay una variedad de reivindicaciones, y el hecho de que, aunque no siempre sea así, haya una tendencia a que el discurso común se elabore a partir del consenso (un consenso que debe incluir opiniones enormemente diversas) hace poco claro el análisis que obtendríamos si analizamos esos consensos como muestra de la radicalidad o reformismo de los planteamientos. Muchas veces la práctica común lleva más allá de la teoría, como se ha visto cuando muchas personas que sostenían un discurso legalista apoyaban diversas acciones directas claramente ilegales, empezando por la misma permanencia de las acampadas.

Hay una cuestión que no suele aparecer explícitamente en los discursos políticos de las asambleas pero que flota en el ambiente: la necesidad de encuentro con otras personas con las que se comparte el entorno. Inmersos como estamos en la soledad y el aislamiento de las ciudades actuales, a menudo la insistencia en que «no estamos solos» frente a los desahucios, los recortes, las agresiones del capital tiene algo de intento de comunicación, de sueño con una comunidad de la que nos sabemos desposeídos. Muchas personas se alegran simplemente de encontrar afines en su barrio o de tener la ocasión de compartir momentos con sus vecinos (las asambleas de barrio han tenido un importante factor de reactivación política de un movimiento vecinal real, anteriormente relegado en general a pequeños grupos). También ha tenido un factor importante de recuperación del espacio urbano, con prácticas que a menudo transformaban el espacio público en común [1]

Represión e integración

Pese a la aparente simpatía de políticos en campaña electoral y medios de comunicación (al principio, claro), la represión y criminalización al 15M ha sido bastante fuerte, sobre todo después del bloqueo al Parlament y en la resistencia al desalojo de la acampada el 27 de mayo, y en resistencias a desahucios. Se ha planteado la necesidad de estrategias antirrepresivas nuevas y de encontrar nuevas formas de combatir esta criminalización.

Capítulo aparte son los medios de comunicación. Más allá de lo positivo o negativo de coberturas concretas, los medios han combinado simpatías parciales con críticas, en una construcción de una visión interesada (a menudo se mezcla el 15M con DRY, se eligen determinadas voces como «representantes» de un movimiento que explícitamente carece de ellos...). Tanto los medios como los políticos no saben bien qué hacer con un movimiento que les resulta difícil de integrar, y en general la visión mediática, cuando no intenta desprestigiar directamente, pretende suavizar el contenido político: una muestra evidente es la insistencia mediática en la ley electoral, o la imagen de los jóvenes de clase media preocupados por la ley Sinde, poco representativas de la realidad global del 15M.

Perspectivas

Para valorar las perspectivas de futuro, habría que situarse (y es difícil) tanto fuera del activismo irreflexivo que cuantifica acciones como la de la autocomplacencia dogmática que justifica la pasividad. Desde luego, una mirada libertaria al 15M debe en cierto modo apartarse de lo espectacular (y eso implica necesariamente acercar la mirada a lo que de verdad ocurre en las plazas y no a lo que nos cuentan los medios, directamente o a través de «personajes representativos»). Me parece imprescindible, entonces, constatar que este proceso ha supuesto que una multitud «anónima» haya salido a la calle más allá de estallidos breves que no lleguen más allá de evidenciar el hartazgo, como en otras ocasiones, y que ese proceso está continuando, con sus altibajos y sus dificultades, a través de la autoorganización. Es novedoso y estimulante un momento en el que muchas personas anteriormente no implicadas en ninguna actividad asociativa ni activista encaran de frente la impotencia y el aislamiento y buscan formas de organizarse para afrontar sus problemas. Qué pase con el movimiento dependerá de muchos factores, y lo importante será saber analizarlo y extraer conclusiones y aprendizajes. Tal vez la cuestión de fondo, más allá del 15M, sea si queremos y sabemos estar presentes en las iniciativas que surjan a nuestro alrededor, y encontrar vías para intervenir en ellas desde nuestras prácticas y nuestras perspectivas.

Textos sobre el 15M

Aquí os indicamos una pequeña lista de textos sobre el 15M que han circulado mayormente por internet. Hemos excluido de esta lista los libros editados sobre el tema.
- Los anarquistas y el 15M. Algunxs anarquistas madrileños.
- Las protestas del 15M y las minorías revolucionarias.
Esto no ha hecho más que empezar
- Intervención de Agustín García Calvo en la Asamblea de la Puerta del Sol (19-5-2011)
- Reflexiones acerca del 15M. Toni Negri.
- 15-M: Momento travieso de la organización. Pedro García Olivo.
- Pensamientos intempestivos al acabar de sonar el tambor. Miguel Amorós.
- 15-M, el peligro ciudadanista. Manuel Delgado
- 15M. Una reflexión de urgencia desde Euskal Herria. Juan Ibarrondo.
- El 15M: Un producto de ingeniería social para impulsar la Revolución Minarquista.
De los «miserables» a los «indignados».
- El poder de las palabras. Glosario de términos del 15M.
- ¡Enrabiaos! Algunos apuntes acerca de la #Spanish revolution
- Los otros anarquistas y el 15M.
- Los medios y el movimiento 15M. Carlos Taibo.
- La progresía y el movimiento 15M. Carlos Taibo.
- Apagafuegos e incendiadores. CrimeThinc.
- Desbordar las plazas. Una estrategia de objetivos. Santiago López Petit.
- Pensar el 15M. Félix Rodrigo Mora.
- Carta a los anarquistas, sobre los indignados.
- Mensaje a los indignados occidentales.
- Contra el proceso represivo al movimiento 15M. #15m lliure
- Malos tiempos para la revolución.
- Vuestra indignación es equivocada. Crítica Marxista.
- Un brindis al Sol. Periódico Tensión.-
- Informe y balance del llamado «15M». Desde algún lugar de la Península.
- El despertar de América (Sobre el movimiento «Occupy Wall Street»). Ken Knabb.


[1Por ejemplo, cambiar el nombre de plazas de barrio por «plaza de la asamblea» o «de los indignados», y gestionar acciones ignorando y cuestionando la reglamentación característica del espacio público, con una conciencia de que es la comunidad, «el pueblo» quien toma las decisiones legítimas sobre esta utilización.