1938. Emma Goldman y Aldous Huxley. Cartas al futuro sobre la ecología y la revolución social

Es sabido que gracias a la contribución de diversos autores, Kropotkin, Reclus o Landauer, entre otros, y a ciertas corrientes naturistas, neomalthusianas, etc, el movimiento anarquista podía en principio estar preparado para integrar en su práctica y en su teoría una filosofía sensible a la naturaleza y al medio físico. También para reflexionar sobre la manera en que una sociedad humana debía organizarse para aumentar su grado de autonomía. El ideal de descentralización y de pequeñas comunidades con un alto grado de autosuficiencia formaba parte de la imaginación libertaria y por tanto no era difícil establecer una continuidad ente el rechazo anarquista al Estado y a toda forma de poder y la construcción de una sociedad en armonía con su entorno natural. Todo esto no constituye una novedad, desde luego, pero recordarlo aquí nos ayudará a presentar el breve pero enjundioso intercambio, que tuvo lugar en el momento de la guerra civil española entre la militante libertaria Emma Goldman y el escritor Aldoux Huxley.

Emma Goldman tuvo la oportunidad de visitar España en varias ocasiones durante el período de la guerra y la revolución iniciada en 1936. Con su habitual apasionamiento y dedicación, no dudó en prestar su apoyo al movimiento libertario y en intentar tender puentes entre todos aquellos que pudieran aportar ayuda y reconocimiento internacional a la revolución. El libro Vision on fire. Emma Goldman on the Spanish revolution (1983) de David Porter constituye el recuento detallado de la experiencia de Goldman en España y es ahí donde se hace mención, de manera breve, a su correspondencia con Huxley. Como es sabido, Huxley había evolucionado durante los años treinta hacia el pacifismo y un ideario descentralizador cercano, en algunos aspectos, al movimiento libertario. Fue a raíz de sus declaraciones favorables al movimiento anarquista, publicadas en la Left Review en 1937, cuando Goldman, emocionada, se decidió a escribir al autor británico para agradecerle sus declaraciones e intentar buscar su apoyo para la SIA (Solidaridad Internacional Antifascista). La SIA había sido montada por los anarquistas en 1937 con vistas a recoger ayuda para las mujeres y niños refugiados y al mismo tiempo como órgano de difusión de la propaganda anarquista. Goldman fue, durante algunos meses, delegada de la sección en Londres de esta organización.

En el libro de David Goodway, Anarchist Seeds beneath the Snow. Left-libertarian thought and british writers from William Morris to Colin Ward (2006), su autor hace un comentario sobre esta correspondencia, señalando el carácter precursor de su contenido y aludiendo a la carta con la que intervino Rudolf Rocker, solicitado por Goodman.

Que nosotros sepamos, la totalidad de esta correspondencia entre las dos personalidades, que además se completa necesariamente con la carta de Rudolf Rocker, no se ha publicado en ningún libro. Sin embargo, las cartas se pueden consultar por internet en los archivos del Instituto de Historia Social de Amsterdam, en las carpeta 100 de la documentación sobre Emma Goldman y en la carpeta 136 de la documentación sobre Rudolf Rocker. Es de ahí de donde obtenemos los documentos para este artículo.

Y ahora hagamos un viaje al pasado, ochenta años atrás. El once de enero de 1938, encontrándose en Londres, Goldman se dirigía a Huxley en los siguientes términos:

«Estimado Señor Huxley:

Ignoro si mi nombre le sugiere algo. El suyo me hace evocar muchas cosas desde hace mucho tiempo, a través de sus obras, aunque nunca nos hayamos encontrado.

Leí su respuesta en «Los escritores se posicionan sobre la guerra en España». Estaba encantada de ver cómo usted se encuentra tan cerca de las ideas por las que yo he luchado durante toda mi vida. Es tan raro encontrar alguien en Inglaterra, hombre o mujer, consagrado a un verdadero ideal libertario que esto me hacía estar aún más gratamente sorprendida de leer lo que usted decía. Le doy las gracias en nombre de este ideal que todavía es tan terriblemente malinterpretado, tan maliciosamente tergiversado, especialmente en este país.

Le incluyo una copia del borrador relativo a la nueva aventura en la que me he embarcado en esta ciudad. Espero que no rechazará leerlo, pues esto le hablará a usted de manera suficiente para dar su consentimiento y proponerse como patrocinador.»

En su carta, Goldman le habla de la SIA (Solidaridad Internacional Anarquista) e invitaba a Huxley a dar su apoyo a la organización, entrando a formar parte de ella como «sponsor», como se diría, padrino.

La carta de Goldman le llegará a Huxley cuando éste se encuentra ya en Estados Unidos desde el año anterior, en Nueva York, con la expectativa de instalarse pronto en California. En esas circunstancias le responde brevemente a Goldman:

«Estimada Señorita Goldman,

Su carta del 11 de enero me llegó ya en América con algo de retraso. Los acontecimientos de los últimos años me han hecho ver claro, en la medida en que esto me afecta, que el ideal libertario por el que usted ha luchado durante tanto tiempo es el único satisfactorio e incluso el único credo político realista para cualquiera que no sea un reaccionario conservador.»

Con su carta Huxley le envió un cheque como pequeña contribución a la SIA y rechazó la proposición de Goldman alegando que su ausencia de Inglaterra le inhabilita como posible patrocinador.

En su carta del 15 de febrero, Goldman responde:

«Estimado Señor Huxley,

Muchas gracias por su amable carta del 28 de enero, y también por el cheque. No puedo decirle lo que sus amables palabras sobre el «ideal libertario» el cual he apoyado toda mi vida, suponen para mí. El próximo agosto hará medio siglo que entré en las filas del anarquismo. Durante este extenso período he venido repetidas veces a Inglaterra, tres veces antes de la guerra y muchas veces desde entonces. He vivido aquí a intervalos, durante dos años, en medio de dificultades. He intentado desesperadamente encontrar ingleses o inglesas que o bien comprendieran o les preocupara el ideal libertario que constituía la raison d’etre1 para mí. Solo de manera muy reciente he llegado a conocer a un hombre británico que admite ser anarquista y que se sintió orgulloso de compartir mis ideas. Se trata del señor Herbert Read (…)»

De manera calurosa, Goldman vuelve a agradecerle sus palabras de apoyo a Huxley y le señala que comprende la negativa de Huxley a participar activamente en la SIA, indicándole que ha encontrado otras personas del mundo literario londinense que estarán disponibles para prestar su ayuda. Se despide diciendo: «Espero que sigamos en contacto. Hay tan pocos espíritus afines de naturaleza libertaria que es necesario no perder el contacto»

Entonces, de manera inesperada, ya instalado en California, Huxley responde a su estimada interlocutora con la siguiente y sustanciosa misiva:

«15 de marzo de 1938

Estimada señorita Goldman,

Su carta del 15 de febrero ha permanecido durante largo tiempo sin respuesta, a causa del hecho de que he estado enfermo durante varias semanas y acabo de salir de hospital.

En mi opinión, el problema urgente en este momento consiste en encontrar una técnica satisfactoria que proporcione una realización práctica al ideal de la filosofía anarquista. Si deseamos conseguir una descentralización, si deseamos tener un autogobierno genuino, si deseamos liberarnos de la tiranía de la política y de los jerarcas de la gran empresa, entonces tenemos que encontrar métodos satisfactorios mediante los cuales la gente llegue a ser económicamente independiente, por lo menos en gran parte. Estoy intentando compilar información relevante sobre esta cuestión y estoy convencido de que la técnica para realizar el ideal libertario en la práctica podría ser formulada y funcionar perfectamente bien si ciertas personas inteligentes desearan este resultado y estuvieran dispuestas a poner su empeño en ello. Hay mucho que aprender del trabajo teórico y práctico de Ralph Borsodi, mientras que ciertas tendencias contemporáneas de algunos inventores, el trabajo de Kettering sobre pequeñas plantas de energía Diesel con fines domésticos, el proyecto de Abbot sobre una máquina que utiliza directamente la energía solar, apuntan claramente hacia la posibilidad de realizar esa independencia económica que tiene que ser la base material para una sociedad libertaria. Borsodi ha demostrado que unos dos tercios de toda la producción pueden de hecho ser obtenidos de manera más económica en pequeñas estructuras domésticas o cooperativas que en grandes unidades de producción de masas fuertemente centralizadas. Pero los hombres modernos están tan obsesionados por la idea de la centralización y la producción de masas que son incapaces de pensar en otros términos. Estoy persuadido de que este aspecto material y puramente práctico del anarquismo constituye la dimensión que, en el futuro inmediato, requiere el más intenso estudio, junto con su aplicación práctica allí donde sea posible2»

A la recepción de esta carta sucedió un largo lapsus de tiempo. Incómoda por su desconocimiento total de los autores que Huxley le menciona, decide escribir a su amigo y aliado Rudolf Rocker, a la sazón residente en Nueva York, y pedirle información al respecto. La carta de Goldman a Rocker data del 5 de abril. Es una larga carta en la que aborda otras cuestiones, pero a la mitad del texto le habla de la carta de Huxley:

«¿Quién es Ralph Borsodi y Kettering, y también Abbot? En una carta Aldous Huxley sostiene que hay mucho que aprender sobre el trabajo teórico y práctico de Ralph Borsodi y los inventos de Kettering- el trabajo de Kettering sobre pequeñas plantas Diesel de energía y el trabajo de Abbot con lo que respecta a una máquina para utilizar directamente la energía del sol.

«Me gustaría que me ilustraras sobre esta cuestión. España me ha absorbido tan completamente que no he podido prestar ni la más mínima atención a trabajos de esta naturaleza o a otros escritos. No tengo duda de que tú estás al día de estas cosas. Por favor escríbeme sobre ello tan pronto como te sea posible. Ya ves que Huxley mismo se considera un «filósofo anarquista» -entiéndase esto como se pueda, y pretende que estas personas que menciona están haciendo posible que el ideal libertario se realize en la práctica si personas inteligentes estuvieran dispuestas a llevarlo a cabo»

«Tal vez lo mejor es que te incluya su carta y así podrás leerla. Tengo que tenerla de vuelta para poder responder a Huxley.» Y Goldman termina su comentario de forma significativa: «[Huxley] es alguien cuya relación merece la pena cultivar; pero no veo cómo podrían conseguirse cambios sociales fundamentales porque algunas pocas personas se pongan a experimentar con inventos.»

La respuesta de Rocker, no obstante, se hizo esperar. Y ésta solo llegó el 2 de junio, tras otra carta, fechada el 19 de abril, donde Rocker no le mencionaba nada sobre la cuestión. En la carta del 2 de junio, enviada desde Crompond, en Nueva York, Rocker se explaya al fin sobre el contenido de la carta de Huxley. Rocker le señala que de los tres autores solo conoce realmente a Borsodi. De este autor había leído algunos artículos en una revista sobre tecnología editada en Leipzig. En estos artículos Borsodi atacaba la racionalización capitalista de la industria. Según lo explica Rocker, Borsodi consideraba que, «la racionalización no es ni siquiera buena desde el punto de vista económico. Porque la descentralización de la producción industrial y la producción agrícola, si van unidas, resultan más productivas que una única producción moderna de masas. El trabajo humano tiene su fondo en el alma, y por esa razón no puede ser reducido a un patrón puramente mecánico» Rocker señala que los trabajos de Borsodi van en la línea de los del Kropotkin de Campos talleres y fábricas. Pero añade que los ejemplos que da Borsodi son más novedosos al ser más recientes. Rocker continúa: «La idea de un contexto interior de la vida del alma humana en relación a la producción material en sí misma no es una novedad» Y cita a Fourier y su idea del «trabajo atrayente» Pero añade que de todas formas los socialistas actuales no tienen ninguna idea de esas cuestiones y concluye diciendo que todos ellos «han ido a la escuela de Taylor y han olvidado que los hombres tienen una seelisches Leben [literalmente, «una vida del alma»]. Por esta razón [los socialistas actuales] sacrifican el alma a la técnica capitalista y obtienen resultados como el sistema estajanovista en Rusia.»

Rocker no solo conocía a Borsodi sino que además había escrito sobre él y sobre la descentralización en otras cartas dirigidas a Alexander Berkman. De hecho dice: «En otro momento tuve la idea de hacer una gran obra que abordara todos los puntos sobre esta cuestión desde Saint Simon hasta los tecnócratas de hoy, para presentar una imagen de la producción socialista del futuro. (…) Imaginaba esta obra como una segunda parte de mi crítica al Estado y quería presentar la descentralización política a través de una descentralización económica. No tienes ni idea de lo mucho que he trabajado sobre esto en los últimos quince años. Lo que me faltaba era una síntesis que me permitiera reunirlo todo y obtener las conclusiones. Este trabajo, enormemente útil, no podré llevarlo a cabo porque he perdido la mayor parte de mis notas en Alemania. (…)

Y después continúa señalando que poco antes, durante el congreso de la Internacional Anarquista en Madrid, fue elegido como delegado de una comisión económica. Al parecer tenía la idea de orientar la comisión hacia el desarrollo de esta labor. Las circunstancias lo impidieron. Y continúa:

«Sobre los otros dos autores, solo conozco a Kettering, que ve un gran potencial en el motor Diesel para el futuro industrial. La invención de este motor hace posible el avión y el automóvil. El desarrollo de la industria moderna estaba ligado al desarrollo de máquinas enormes y primitivas. Por esta razón la industria estaba obligada a centralizarse en ciertos lugares. Pero la nueva tecnología, en general, y el motor Diesel en particular, ha permitido descentralizar y abrir nuevas perspectivas para el futuro. Abbot me resulta desconocido, pero conozco su invención. Todas las empresas actuales tienen necesidad de carbón. Todos los técnicos saben que las reservas de carbón están agotadas y se acerca el momento en que no quedará carbón. Por esta razón, los técnicos de todos los lugares del mundo trabajan sobre tecnologías para utilizar los rayos del sol o la fuerza del movimiento de las mareas como fuentes de energía. Si este objetivo se alcanza se producirá una revolución que va más allá de todo lo que la ciencia y la técnica han hecho hasta ahora. No sé hasta que punto Abbot ha avanzado sobre su invención de la máquina solar. (…)

«La carta de Huxley es muy interesante porque muesta a qué punto ha tratado el problema de la libertad humana y sobre los medios prácticos para conseguirla. Un hombre como él puede ser de gran utilidad para nuestra causa. La liberación de la humanidad va a llegar por otro lado diferente al que hasta ahora habíamos imaginado. Lo que necesitamos son mentalidades sin dogmas, incluso liberados del dogma anarquista, lo que necesitamos son hombres con capacidades de observación y una conciencia ética profunda. El fanatismo ciego nunca llegará a nada».

La carta de Rocker es un impresionante documento de generosidad y de apertura de espíritu.

Finalmente, Goldman pudo responder a Huxley el primero de julio. En esta carta Goldman se excusa por el retraso y se explica diciendo que «una de las razones más importantes de mi silencio era la completa ignorancia sobre estos economistas y los trabajos mencionados en su carta. Por tanto decidí escribir a Rudolf Rocker, que es el hombre más instruido e informado dentro de las filas del anarquismo, para que me proporcionase algunos datos sobre Ralph Borsodi, Kettering y Abbot. Su respuesta ha llegado la semana pasada. [Rocker]ha apoyado su afirmación de una revolución como efecto de las invenciones de sus autores3. El señor Rocker me escribió algunas cosas que yo desconocía -que había planeado escribir una obra sobre Borsodi y otro sobre Kettering, para poner sus aportaciones en armonía con el Anarquismo y los métodos anarquistas».

En esta última carta, Goldman le habla de la figura de Rocker, vuelve sobre la tragedia del proletariado español en aquellos momentos y se excusa de nuevo por su ignorancia sobre los autores mencionados por Huxley, poniendo como razón su intensa actividad como militante y también su falta de medios económicos para comprar libros recientes. Le anuncia a Huxley que intentará procurarse sus obras comprándolas de segunda mano y le dice, por último, que de su lectura espera poder hacerse una idea al respecto, deseando fervientemente que las proposiciones e invenciones de estos autores sirvan para traer una sociedad nueva sin necesidad de violencia.

No hemos podido encontrar más cartas en el archivo y no parece que Huxley contestara a esta última carta4. ¿No nos deja con la sensación frustrante de un diálogo tristemente interrumpido? ¿No hubiéramos deseado que esta correspondencia continuara y que los interlocutores pudieran impregnarse mutuamente de sus respectivas dudas y convicciones?

En realidad, este pequeño y fugaz intercambio es más promisorio justamente por todo lo que no dice. Y a la vez, no deja de ser el preludio de una discusión que desde el período de los años sesenta, sino antes, cobra cada vez una mayor importancia.

En su comentario, Goodway, señala que es de lamentar que Huxley abandonara el proyecto de un largo ensayo que profundizara en estas cuestiones y que, por el contrario, se orientara más bien hacia sus estudios sobre la filosofía oriental y el misticismo. Es curioso observar como esta reflexión quedó reducida, en efecto, a algunas páginas de su novela After many a summer (1939) y su personaje Prompter, ¿trasunto de Borsodi?, y a su conocido ensayo de 1946, Ciencia libertad y paz5. Pero Goodway añade que las investigaciones de Huxley por aquella época le sitúan, al lado de Mumford, como precursor de ese «nuevo anarquismo» que impregnará al movimiento de contestación norteamericano en los años sesenta, un anarquismo centrado sobre los problemas de la ecología política y el desarrollo de técnicas adaptadas a una sociedad más equilibrada.

Por su parte, Emma Goldman moriría poco tiempo después de acabada la guerra en España y no parece muy probable que tuviera ni el tiempo ni la energía para volver sobre estos asuntos. Rocker, por su parte, no parece que llegara a comprender del todo lo que había en juego en las propuestas de Huxley, ya que en el epílogo a la segunda edición americana de 1946 de su admirable obra magna, Nacionalismo y cultura, se despedía con una ingenua súplica en favor de una posibilidad futura de servirse pacíficamente de la energía nuclear: «De todos nosotros dependerá que la bomba atómica, que se ha convertido en cuadro de terror de la época, se convierta en fatalidad para la humanidad o que el empleo técnico de las energías atómicas para fines de paz y para el bienestar general, se vuelva punto de partida de una nueva época de nuestra historia» Curiosamente, esta súplica coincidía en el tiempo con las inéquivocas muestras de rechazo hacia la energía nuclear expresadas por parte de Huxley y Mumford6.

Pero ahora debemos preguntarnos ¿cual es la actualidad de este breve diálogo entre Goldman y Huxley? No cabe duda de que involuntariamente reproduce esa polarización, tal vez fatal, que sigue hoy diviendo, o separando, al anarquismo en dos grandes tendencias. En 1938, Goldman podía representar la dimensión activista del anarquismo, la confianza en una situación revolucionaria creada en un momento de «vacío de poder» y sostenida por el esfuerzo armado y por el sacrificio de miles de militantes. La revolución de 1936, por su amplitud y su naturaleza, constituyó el último movimiento revolucionario antiestatista de importancia producido en Occidente. Su historia y su debacle son ya suficientemente conocidas para tener que glosarlas aquí. Huxley, por su parte, representaba el reformismo radical y pacifista, la búsqueda de una sociedad libertaria por medio de la educación, la difusión de ideas y, especialmente, por la búsqueda de una base material distinta que substituyera al sistema de la industria y al capital concentracionario. En sus cartas a Huxley, Goldman se muestra muy receptiva, pero el breve comentario de su carta a Rocker deja entrever que el experimentalismo preconizado por Huxley le parece por lo menos incierto. Curiosamente, esta podía ser la misma objección que los comunistas lanzaban a las tentativas colectivistas de los anarquistas en España. ¿Cómo estos experimentos sociales, decían los taimados estalinistas preparándose ya para hacer cumplir manu militari sus sombrías predicciones sobre las colectividades, podían triunfar en medio de un universo capitalista?

La cuestión no puede detenerse ahí. Lo que es importante es ver cómo la teoría anarquista evolucionó en occidente, acentuando esta división. Podemos afirmar que Huxley y Goldman estaban ambos equivocados y acertados al mismo tiempo. Dejando al margen sus situaciones personales concretas, y sus particulares credos, no hay duda de que algo podían aprender mutuamente. Lo que es seguro es que las circunstancias históricas que sostenían la práctica y el compromiso de Goldman son ya el pasado. Esto no impide que podamos pensar que el reformismo de Huxley, utilizando este término «reformismo» en un sentido no despectivo, está impregnado de ingenuidad, tanto antes como ahora. Pero más importante es darse cuenta de que Huxley acertó en algo que Goldman no podía comprender del todo: las bases materiales de una sociedad no son elementos inocentes. Estas bases materiales constituyen en esencia las condiciones concretas en las que se desenvuelve toda vida social y política. Su mutación más o menos forzosa supone necesariamente una mutación en la mentalidad que debe adaptarse a la nueva situación. La destrucción de la autonomía campesina en las primeras fases de la revolución industrial implicaba aniquilar la sustancia misma de todo proyecto de emancipación, en la medida en que las masas trabajadoras se hacían adeptas al sistema de producción y consumo preconizado por la sociedad capitalista. Esa es la principal enseñanza de toda ecología política consecuente. Hablar de libertad, o de revolución transformadora, sin tener en cuenta estos aspectos es apelar a una práctica política abstracta, moldeada ya por las necesidades del capitalismo industrial y la sociedad de mercado. Dadas las circunstancias en las que se desarrollaba la lucha obrera hasta poco antes de la segunda guerra mundial, era imposible que la sociedad capitalista pudiera ser superada. Sin entrar en disquisiciones históricas, no era su terreno, Huxley se daba cuenta de que todo verdadero proceso de transformación vendría dado por una toma de conciencia diferente o previa a toda consideración socialista de corte marxista. El movimiento obrero, habiendo aceptado cortar los lazos que le unían a su pasado inmediato, estaba abocado a ser aplastado o engullido por la gigantesca centralización productiva de la sociedad moderna. De todas formas, esto es algo que la mayoría de lectores y lectoras de Ekintza Zuzena saben ya desde hace tiempo.

Uno de los hallazgos del movimiento libertario norteamericano de los años sesenta es el de haber profundizado la vía abierta por alguien como Huxley. El tipo de política que impulsaban pequeños grupos como los diggers de San Francisco o las numerosas comunidades campestres que crecieron como setas en la California de entonces, son muestras de que las enseñanzas de nuestro autor no habían caído en saco roto.

Pero el movimiento de vuelta al campo, de vuelta a la autonomía material, partidario de una transformación progresiva y pacífica de las estructuras sociales de la dominación, ¿puede hoy permitirse el lujo de olvidar la lección vital de militantes como Emma Goldman? De todas formas, ese olvido parece ya confirmado por la actitud de muchos que emprenden hoy la construcción de una sociedad alternativa. El actual movimiento neorrural, por llamarlo de alguna manera, parece hacer tabla rasa de la experiencia política del pasado. Los proletarios de los años treinta tenían la obligación de resistir a la absorción industrial, obligación a la que en muchos casos no supieron responder, conducidos como estaban por las teorías de líderes contagiados del progresismo decimonónico. Pero los neorrurales y ecologistas de hoy tendrían la obligación de resistir a la absorción dentro de la banalización típica de las actuales sociedades de servicios y del mercado «verde». La ingenuidad que desprende la carta Huxley en cuanto al carácter casi milagroso de ciertas técnicas alternativas tiene hoy sus herederos en tantos ecologistas y alternativistas que ponen una fe insensata en la permacultura, los paneles solares o la alimentación bio, por poner algunos ejemplos.

Si la conversación entre Goldman y Huxley tiene hoy un sabor tan actual es porque en ella está un poco el origen de esa pérdida de una visión integral de la sociedad y los sistemas de dominación. Si bien el tipo de confrontación directa, por medio de las armas o de la violencia más explícita, centrada además en el binomio capital-trabajo, es un rasgo anacrónico del anarquismo de las primeras décadas del siglo pasado, es evidente que la falta de un análisis lúcido de cómo funciona el Poder en cualquier momento de la historia es la carencia elemental del movimiento neorrural y ecologista. Y es por ello que el pragmatismo de tantos reformadores «alternativos» de hoy es la envoltura de una simple adaptación a las exigencias de la nueva economía.

Estas cartas amarillentas de Goldman y Huxley podrían estar dirigidas al futuro, a nosotros mismos. Y tal vez debamos leerlas en esos términos, como si debiéramos responder sin demasiada tardanza.

José Ardillo

NOTA: Debo agradecer a Daniel Hädrich su amable ayuda para traducir los extractos citados de Rudolf Rocker.

CITAS:

  1. Goldman escribe «raison d’etre», en francés, en el original, es decir, su «razón de ser» (correctamente se escribe «raison d’être»)

  2. Esta carta se reproduce casi en su integridad en el libro ya citado de David Goodway.

  3. Aquí Goldman exagera un poco. Rocker no dice exactamente eso.

  4. Nos consta que la carta llegó a manos de Huxley, un poco más tarde, porque en una carta, fechada el 22 de julio, dirigida a su hermano Julian le dice: «Gracias por enviarme la carta de Emma Goldman (…)»

  5. Señalemos de paso que uno de los más célebre ensayos de Huxley, Ends and Means (1937), era ya de alguna forma el preámbulo a las preocupaciones de nuestro autor por la construcción de una sociedad nueva, poniendo el énfasis en la descentralización y el autogobierno responsable.

  6. Rocker, agudo crítico del Estado, no supo ver ese momento que la energía atómica daría nueva fuerza y esplendor al Estado, convirtiéndolo en Estado nuclear. Esto no supone que Rocker hubiera errado por completo en sus esfuerzos intelectuales. Su artículo de 1951, «El problema de todos los problemas», deja constancia de que la cuestión ecológica no le era ajena. Tal vez otros artículos desconocidos por nosotros puedan arrojar luz sobre su reflexión en torno a estos problemas.

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