Ante la guerra

«Ante la guerra: El movimiento anarquista y la matanza mundial de 1914-1918», Ed. Diaclasa

Una de las formas de conocer la historia es a través de los textos, cartas y artículos que se publicaron en un periodo determinado y entorno a alguna cuestión en concreto. Pues bien, en este libro se recogen los textos escritos y publicados por figuras destacadas del movimiento anarquista internacional de principios de siglo XX, alrededor de la barbarie de la Primera Guerra Mundial y de las posiciones que se iban tomando al respecto. La polémica central que reúne los escritos seleccionados tiene que ver con la participación o no participación de los proletarios en la guerra. ¿Hace falta, por parte del movimiento libertario, una alianza estratégica con el estado francés y belga para defenderse del ataque alemán? ¿Los trabajadores tienen que autodefenderse y renunciar momentáneamente a los principios del antimilitarismo e internacionalismo -propios del anarquismo- para poder hacer, más adelante, la revolución?

Estas cuestiones son puestas sobre la mesa del debate anarquista a raíz de una primera toma de posición de Piotr Kropotkin quien, a través de una carta a Gustav Streffen (un profesor sueco) publicada en el periódico anarquista londinense Freedom, afirma que el trabajo prioritario del movimiento es «repeler la invasión alemana sin importar lo que cueste».

La reacción de los anarquistas de todo el mundo no se hace esperar y empiezan a aparecer escritos que critican duramente al viejo maestro por abandonar los principios pacifistas del anarquismo y contra toda alianza con el estado. De entre estos escritos destaca el texto de Anselmo Lorenzo escrito quince días antes de morir y publicado en un número especial de Tierra y Libertad en mayo de 1915. Se trata, seguramente, del último escrito de Lorenzo y en él recuerda que «es indudable que ningún Estado combate con sinceridad por la libertad» y alerta que «la acción guerrera de los trabajadores redundaría en su propio daño». Y es que Lorenzo ya percibe los síntomas de una división profunda entre los trabajadores a causa de la guerra, cosa que se consumará con la publicación del texto más importante que recoge el libro porque supone la consolidación de la escisión anunciada. Se trata del Manifiesto de los Dieciséis, donde varias figuras relevantes del movimiento -ya no sólo Kropotkin- abogan por la participación en la guerra como forma de autodefensa necesaria y prioritaria, en una alianza estratégica con los enemigos históricos del anarquismo. Esto supone, ni más ni menos, posponer la revolución social y la lucha contra el estado.

Pero más allá de las consideraciones políticas o las divergencias estratégicas, lo que recogen los escritos seleccionados tiene que ver, por un lado, con los principios y valores del anarquismo y la dificultad que supone actualizarlos, concretarlos. A este respecto se critica la falta de coherencia del propio Kropotkin, uno de los teóricos más importantes del movimiento, y se pone en duda la legitimidad de sus posiciones. Por otro lado, y lo más importante, se visibiliza el desgarro que supuso la guerra para el conjunto de anarquistas y la decepción profunda que significó la adhesión al militarismo y la barbarie de algunos de sus más ilustres miembros, cosa que hizo quebrar -una vez más- un movimiento en continua desintegración.

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