PRÓXIMA PARADA AUSWICH

Clásica obra insignificante de ciencia ficción catastrofista y disparatada en la que un engendro toma conciencia de su cosificación tras una discusión con un artista.

Se abre telón. Nos encontramos en el interior de un tres que viaja a una velocidad inusitada. Va tan rápido, que el paisaje destruido no puede verse a simple vista.

Cómodamente sentados viajan dos pasajeros situados el uno frente al otro. Uno es una inquietante QUIMERA TRANSGÉNICA cuyo aspecto nos puede recordar al de usted o al de sus propios hijos. El otro viajero es un CIUDADANO de tez verdosa-mohosa que se desplaza como todos los día a realizar su obra de arte particular.

CIUDADANO: Disculpe si es que le molesto, pero no puedo evitar preguntarle ¿No será usted una QUIMERA TRANSGÉNICA?

QUIMERA TRANSGÉNICA: Sí, lo soy. Y ya sabe, me de dirijo hacia el matadero, pues mi ciclo vital ha concluido.

CIUDADANO: Al matadero en asiento de primera, Cuanto me alegro. Pero dígame; ¿qué es usted? Vacuno, pollo, cerdo ¿o alguna de nuestras especialidades exóticas?

QUIMERA TRANSGÉNICA: Mitad hombre, mitad solomillo de ternera. Pero atención: auténtico solomillo, nada de falsificaciones, cien por cien biológico.

CIUDADANO: Permítame que le felicite, usted es nuestra mejor creación. Y por favor, déjeme que le invite a una de estas píldoras azules mientras continuamos nuestra conversación.

QUIMERA TRANSGÉNICA: Bonito color ¿Qué son?

CIUDADANO: Su composición me es absolutamente desconocida, pero producen un sano y desconcertante bienestar.

QUIMERA TRANSGÉNICA: (Tomándose una pastilla y riéndose inmediatamente) Es verdad, ja, ja, Sí, ja, ja, ja.

CIUDADANO: (Tomándose otra) Ja, ja, mola, ja, ja.

QUIMERA TRANSGÉNICA: ¿Por qué nos reimos?

CIUDADANO: No sé, quizás nos tomáramos una de estas pastillas azules.

QUIMERA TRANSGÉNICA: No lo recuerdo.

CIUDADANO: Efectivamente, potencian articicialmente la risa, pero reducen automáticamente la memoria. Qué risa ¿verdad?

QUIMERA TRANSGÉNICA: Verdad, verdad… Pero después de estas incontrolables risas podríamos considerarnos amigos, grandes amigos, amigos para toda la vida.

CIUDADANO: Claro, incluso hacernos confidencias el uno al otro como hacen los camaradas.

QUIMERA TRANSGÉNICA: ¿Puedo contarle un pequeño secreto?

CIUDADANO: Por supuesto.

QUIMERA TRANSGÉNICA: A veces, sin que venga a cuento siento unas irreflenables ganas de escapar antes de llegar al matadero ¿Es grave?

CIUDADANO: Para nada. Simplemente es un síntoma de su humanidad, pero no se preocupe, usted podrá ser rediseñado. Esa es una de las ventajas de nuestro sistema de Seguidad Social. En cualquier caso usted es casi humano, pronto llegará el día en que las quimeras biotecnológicas se igualen al género humano. Todo ser viviente desde las bacterias, plantas, moluscos, crustáceos, anfibios, aves, peces y mamíferos, se les podrá considerar humanos. No habrá entonces ninguna diferencia. Seremos iguales. Finalizará así el matar para comer. Las biotecnologías lo solucionarán. Podremos autoalimentarnos gracias a la autorregeneración automática de nuestros cuerpos. Yo le morderé , usted me morderá, en plena confraternidad. Mola.

QUIMERA TRANSGÉNICA: Sí, pero entonces ¿quién hará el trabajo de esclavos?

CIUDADANO: Cuando bestias, hombre y organismos unicelulares seamos iguales, el trabajo degradante será realizado por máquinas. Pero antes que las máquinas sean convertidas en hombres, viviremos una edad de oro donde lo viviente mostrará al mundo sus potencialidades creativas ¿Puede imaginarse usted a unas meras acelgas convertidas en un Newton, un Sócrates o un Dalí?

QUIMERA TRANSGÉNICA: Y entonces marcharemos juntos de la mano hacia un nuevo amanecer de la humanidad.

CIUDADANO? Ya estamos en marcha. Pronto las bestias biotecnológicas tendrán los mismos derechos que el hombre. Aunque es cierto que el ser humano ha sido liberado del trabajo alienado, todavía hay lugares donde la máquina no puede llegar, y ahí estáis vosotras, en las minas, en los vertederos, en las cadenas de producción, en las oficinas, durante un breve estadio, hasta que la técnica os libere también, como hizo con nosotros.

QUIMERA TRANSGÉNICA: ¿Y hacia qué maravillas nos llevará este tren?

CIUDADANO: ¿Ve usted este botón?

QUIMERA TRANSGÉNICA: Sí, lo veo.

CIUDADANO: Al apretarlo siempre suceden dos cosas. Por ejemplo, que las luces de mi casa se enciendan y apaguen como en una discoteca, y al mismo tiempo es probable que este mismo acto esté provocando un pequeño holocausto en algún lugar desconocido del mundo.

QUIMERA TRANSGÉNICA: Pero es terrible.

CIUDADANO: Ciertamente no es ninguna maravilla. Digamos que es un efecto secundario, un desastre cotidiano que la ciencia deberá ya mismo solucionar. Esta es mi confidencia, querido amigo.

QUIMERA TRANSGÉNICA: Le guardaré el secreto.

CIUDADANO? Pero es que usted ya sabe demasiado. Así que tendré que matarle aquí mismo, antes de que llegue al matadero, no vaya a rebelarse.

QUIMERA TRANSGÉNICA: Por mi código genético no corre tal idea.

CIUDADANO: Por si acaso.

QUIMERA TRANSGÉNICA: Y si saltara en marcha…

CIUDADANO: Moriría desintegrado.

QUIMERA TRANSGÉNICA: Entonces ¿Su proyecto de liberación animal, su democracia creativa total, el nuevo mundo que me anunciaba?

CIUDADANO: A su tiempo querido amigo. De momento el ganado biotecnológico deberá acudir a la oficina y al matadero puntualmente. Ya les liberaremos, no se preocupe, y sobre todo, no se anticipe. ¿O es que acaso cree que vamos a renunciar a estos días de vino y rosas sin asegurarnos antes un nuevo modelo de esclavo? Quiere un consejo; disfrute de su condición mientras pueda.

QUIMERA TRANSGÉNICA: ¿Y así acaba esta historia?

CIUDADANO: En cuanto llegue el tren a la próxima parada.

Fin