EL SELECTOR

PRESIDENTE: Permítanme dar la palabra a nuestro conferenciante. Su informe tratará de… esto… «La protección de una máquina contra los imbéciles».

CONFERENCIANTE (al oído del presidente): Una máquina para proteger a los imbéciles.

PRESIDENTE: ¡Oh, perdón! Acerca de… esto…. el… la protección… esto…

CONFERENCIANTE (siempre al oído del presidente): Una máquina…

PRESIDENTE: Una máquina… oh, sí… para proteger a los imbéciles.

CONFERENCIANTE: Queridos amigos, muy estimados colegas. El ligero error cometido en el título de mi informe no es accidental. Proviene de la concepción, profundamente anclada en la mente de las personas, de que es posible construir una máquina a prueba de idiotas.

Una concepción fundamentalmente errónea, a mi modo de ver. Ni las técnicas modernas de la automatización, ni la inclusión de una señal de peligro o un sistema de bloqueo automático, pueden proteger el funcionamiento normal de una máquina contra la actuación de un cretino, ya que nadie es capaz de prever sus reacciones en una circunstancia dada.
El problema al que me he dedicado parte de un principio diametralmente opuesto: proteger a los imbéciles contra esta acusación permanente de estupidez. Para comprender bien este problema, hay que examinar cuidadosamente lo que representa en realidad un idiota.

Existe una opinión muy extendida, aunque inexacta, que quiere que un genio se diferencie de las demás personas por la cantidad inhabitual de pensamientos que produce, mientras que, por el contrario, un idiota se define por la ausencia casi completa de pensamientos. De hecho, sin embargo, la cantidad de reflexiones y de suposiciones que puede expresar un idiota no es en absoluto inferior a la de un autodenominado genio, o simplemente a la de un hombre inteligente. La diferencia fundamental estriba en la capacidad de selección que poseen los genios y los hombres inteligentes, y que les permite eliminar los pensamientos estúpidos y no expresar más que los pensamientos inteligentes. Por el contrario, el idiota, en razón de su estupidez, suelta todo lo que le viene a la cabeza.
La máquina que he inventado, el selector de potenciales mentales, abreviadamente SEPOM, permite a todo el mundo eliminar los pensamientos estúpidos y no retener más que aquellos que son útiles para la sociedad.

UNA VOZ EN EL ANFITEATRO: ¿Y cómo funciona? ¿No ha tomado usted esta idea de Swift?

CONFERENCIANTE: Esperaba esta pregunta. El principio bajo el que funciona el SEPOM es enteramente distinto de la famosa máquina laputana que describe Swift en «Los viajes de Gulliver». No estamos hablando de la búsqueda de pensamientos secretos expresados por azar en una sucesión coherente de palabras. Mi invento difiere igualmente del amplificador de potenciales mentales propuesto por Ashbee y en el cual el algoritmo de búsqueda del buen sentido está sobreimpuesto a la idea de Swift. El SEPOM no es un amplificador sino un selector, una máquina que posee un circuito lógico integrado de un nivel muy alto. Divide en tres categorías todos los pensamientos expresados por un individuo. En primer lugar, elimina todos aquellos que no tienen una coherencia lógica. Después, rechaza los pensamientos que tienen una coherencia lógica pero cuya banalidad hace que puedan ser considerados como estúpidos. El resultado final es que de la máquina tan sólo surge aquello que es nuevo, original y absolutamente sin fallos desde un punto de vista lógico.

LA VOZ EN EL ANFITEATRO: ¡Eso tiene que ser divertido!

CONFERENCIANTE: No solamente divertido, sino también extremadamente útil. A partir de ahora, diez «imbéciles» podrán llevar a cabo más acciones útiles que una sola persona inteligente, ya que no serán sus imbecilidades las que saldrán a la luz, sino sus astucias.

LA VOZ EN EL ANFITEATRO: ¿Puede presentar alguna prueba de lo que dice?

CONFERENCIANTE: Muy sencillo. La discusión de hoy sobre el informe será analizada por el SEPOM. Confío en que ello nos ayudará a determinar la posición correcta sobre este tema.

PRESIDENTE: ¿Ha terminado usted? ¿Alguien pide la palabra? (Silencio en el anfiteatro.) ¿Nadie quiere tomar la palabra? (Silencio.)

UNA VOZ EN EL ANFITEATRO: ¿Puede usted hacer pasar primero los datos de su informe por el SEPOM?

CONFERENCIANTE: Encantado. Adelante. (Coloca su manuscrito en la máquina.) Observen bien la máquina, por favor. Se ha encendido una luz verde: el SEPOM ha comenzado su análisis. A la derecha del ordenador se inscribe el número de operaciones lógicas efectuadas; en este momento superan ya las dos mil. La luz amarilla en el tablero de control indica que la máquina ha terminado su análisis; cuando yo oprima este botón nos dará los resultados. (Oprime un botón; una cinta en blanco surge de la máquina.) Bien, veamos… Hum… Un momento, por favor.. Voy a verificar el circuito de salida… ¡Qué extraño! El circuito está en perfecto estado.

UNA VOZ EN EL ANFITEATRO: ¿Cuál es el resultado del análisis?

CONFERENCIANTE: Por alguna razón que ignoro, la máquina no ha inscrito más que el título de mi informe. Todo lo demás ha desaparecido sin dejar rastro… Esto… Parece que nos encontramos ante una fastidiosa avería. Voy a tener que revisar de nuevo el SEPOM mientras procedemos a la discusión…

PRESIDENTE: ¿Quién quiere decir algo? (Silencio en el anfiteatro.) ¿Nadie desea hacer uso de la palabra? (Silencio.) En este caso, permítanme dar las gracias a nuestro conferenciante por su muy interesante informe. Me parece que la demostración que ha hecho de su máquina ha sido… esto… particularmente convincente.

Ilya Varshavski