Distopías

Las distopías post-apocalípticas tienen siempre algo de reaccionario. El mensaje de fondo es «valora la sociedad en la que vives, lucha por conservarla, porque es mejor que cualquier cosa que esté por venir». Es una falacia conformista, sin embargo, tal y como están organizados los proyectos sociales y los colectivos políticos que deberían presentar una alternativa a este sistema, lo más probable es que el mundo de mañana no tenga por qué mejorar al mundo de hoy, por muy horrible que éste sea.

El futuro, con una estructura capitalista y gubernamental débil, no tiene por qué depararnos una arcadia idílica de apoyo mutuo, decrecimiento y vida simplificada. Las opciones más probables son muchas y muy otras: dictaduras militares más drásticas que las actuales dictaduras democráticas, guerra de todos contra todos, señores de la guerra peleando por reinos de taifas y quién sabe qué más. Para que surja de los momentos de crisis algo positivo no basta con profetizar el fin del mundo y quedarnos a presenciar el ocaso desde nuestra torre de marfil. Hay que crear ya, desde ahora, el andamiaje, las redes y la organización necesaria, para poder dar una respuesta al naufragio, para no empezar de cero cuando la sociedad se resquebraje y la especie humana pierda su brújula. Si no estamos en eso, en crear hoy las estructuras cooperativas y solidarias que ensayen ya la autogestión económica y la autonomía política en nuestros barrios (y no en comunidades aisladas para convencidos), el futuro se parecerá con mucha más probabilidad a lo que la cultura pop nos ha enseñado desde hace décadas en la gran pantalla.

El colapso es una oportunidad, pero no necesariamente una oportunidad de mejora. Eso depende de nosotros.

Ya lo avisaba Gustav Landauer: «La revolución ha llegado de una manera que yo no había previsto; ha llegado la guerra, que sí había previsto; y vi muy pronto que en ella se preparaban, incontenibles, el derrumbe y la revolución»1.

Ruymán Rodríguez

NOTA:

  1. En el prefacio que él mismo hizo a la segunda edición (1919) de su Llamamiento al socialismo.

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