DOSSIER ACUERDO DE LIZARRA-GARAZI

 

ANÁLISIS DE SITUACIÓN

Desaparición efectiva de ETA (M) como organización armada
Tras la campaña contra los concejales del Partido Popular, remedo de la que iniciara a mediados de los ochenta ETA PM para efectuar su liquidación, la actividad de esta organización armada fue decreciendo hasta convertirse en un hecho esencialmente mediático, jalonado por actividades de taldes que evidenciaban una precariedad en incremento galopante.

Los últimos golpes contra concejales (como la ejecución televisada del de Ermua) se sitúan así ya dentro de la estrategia de fortalecimiento de dos comunidades enfrentadas en el seno de Euskal Herria, que posibiliten la creación de un Frente Nacional vasco, y que creen, de este modo, un proyecto político común para todo el Frente, que dé pie a la disolución de la organización armada dentro un trabajo político y justifique su desaparición más allá de los conceptos de derrota o liquidación.

De este modo, la iniciativa en la acción se traslada a los grupos de kale borroka, taldes que pasan de la actuación en centurias (con jefes-responsables, actuación en grandes grupos de aire marcial, utilización de elementos de iconografía literalmente copiada de la street fight autónoma de los países nórdicos [capuchas…]) a, tras la represión, la lucha en pequeños grupos independientes que actúan con autonomía en la elección de objetivos, pero siempre bajo los parámetros estrictos de la solidaridad dentro de la campaña por el traslado a prisiones vascas de los presos políticos. Solidaridad que implica la no posesión de las claves de generación del conflicto ni de su superación.

Ante la escenificación de la tregua, que llega en septiembre del 98 (aunque los elementos que indicaban un abandono de la lucha armada ya se vislumbraban desde un año antes), el gobierno español corresponde con una escenificación de cese de la represión la cual a seis meses vista se ha reanudado con igual vigor.

Aparición del Frente Nacional vasco

Simultáneamente a la escenificación de la tregua, se producen dos hechos políticos de gran calado: Por un lado, la firma de la declaración de Lizarra, entre la diáspora nacionalista (PNV-EA-HB), la izquierda españolista (Zutik y EB) y la agrupación de los pequeños grupos abertzales de Iparralde (AB), y, por otro, la aparición de una nueva agrupación electoral que une bajo las siglas de EH, a HB, Zutik y descolgados varios.

El texto firmado en la declaración de Lizarra, también remedo de los acuerdos de paz para el norte de Irlanda, comienza con un significativo párrafo donde se alaban las buenas gestiones tanto de la cabeza del imperio (Estados Unidos), como de los parabienes de la Unión Europea. Este foro político y sindical se propone adjudicarse el papel de vanguardia en la consecución de un marco de autonomía política dentro de la zona euro.

Pero a su vez, al conseguir dentro del espectáculo mediático convertirse en el nuevo pelele que agitar para vigorizar el nacionalismo español y, renovar mediante su existencia, la idea de un Frente Nacional, consigue reactualizar la dicotomía vascos-españoles, aireando consignas tan vacías como derecho de autodeterminación (concepto reservado antaño a los españolistas), territorialidad (significado desconocido, posiblemente alude a la inclusión del zazpiak bat en una única autonomía en la Unión Europea) o soberanía (como sustitución de la aspiración popular a una sociedad socialista).
Los firmantes de esta declaración, al haber conseguido alterar el habitual funcionamiento de lo político (adelantándose a las reformas constitucionales que se realizarán en beneficio de las nacionalidades históricas del estado español) se presentan ante lo social como instrumentos válidos para la acción colectiva, cuando han sido éstos las herramientas sistémicas que consiguieron desmontar el último intento de asalto proletario (ciclo de luchas 68-82); partidos y sindicatos que, desprestigiados socialmente por su evidente papel desmovilizador, pretenden con la consecución de esa autonomía política la revalorización que les permita continuar en su gestión.

El apoyo incondicional de la supuesta intelectualidad vasca a este proceso es otra muestra de su denodada lucha por mantener su puesto de trabajo, en un mundo en el que la supremacía de lo económico sobre lo político, y su consecuencia, el progresivo desmantelamiento del Estado-Nación, hacen ya superfluo el mantenimiento de una burocracia que ejerce el papel de un terciario superestructural.

Por otro lado, la aparición de la nueva coalición electoral EH, que reúne junto a descolgados de HASI y otros leninismos, a HB con Zutik, recoge en este contexto en las elecciones contiguas a la escenificación de la tregua, muchos apoyos que todavía se mueven en clave antirrepresiva, así como otros tantos anhelos de sectores liquidacionistas.

Los antiguos leninistas, relegados a su parque jurásico, acogieron sin reservas la entrada en esta nueva estructura que les posibilitaba realizar lo que ya hacían: gestionar parte del estado asistencial (sobre todo el apartado «cultural») y continuar en el parasitismo del tercer sector, el mutualismo oenegé, que consiguió que estos profesionales de la política pudieran seguir viviendo de su eterno oficio de liberado.
La antigua Mesa Nacional de HB, después de haber cometido sus últimos errores (sobredimensionamiento de la solidaridad antirrepresiva, repetir tácticas políticas ensayadas con un Partido Socialista que tuvo que culminar la Transición política para con un Partido Popular depurado ya de sus débitos franquistas y plenamente apoyado en la estructura democristiana europea) dio los parabienes para la negociación de la Tregua y de Lizarra antes de entrar en prisión y como fruto de estas conversaciones tuvo que crear una nueva estructura para los nuevos tiempos: la nueva coalición integraba a los restos de la ultraizquierda, bajo un prisma ya de posibilismo que culminará en un anunciado pacto de legislatura con los partidos de la burguesía vasca.
Este cambio de siglas políticas, al que seguirán otros, pone en evidencia un futuro donde queda desterrada la memoria histórica de un proceso que ha llevado al enfrentamiento entre sectores populares y obreros y la burguesía vasca y sus aliados españoles, y que es el que ha generado la larga lista de presos, que ahora, parece, pugnan por su acercamiento (otro concepto de la guerra semántica; ni siquiera se exige la ubicación en prisiones vascas [custodiadas por la Ertzaintza] sino una indefinida falta de lejanía para con el país).
La combinación entre los apartados de la tregua de los milis y de la aparición de la coalición EH, hacen que aparezca en el horizonte un nuevo chantaje emocional: seguidismo a la nueva estructura política, embarcada en pactos cada vez más bochornosos con los partidos de la burguesía vasca, a cambio de la correcta consecución de un proceso de paz que consiga la excarcelación de los combatientes presos.

De la autonomía

El viejo concepto de autonomía, que tan sólo expresa el anhelo de que las expresiones de autoorganización popular se permanenticen y que sean extensibles a la gestión de todos los órdenes de la vida, parece hoy bastante lejano de la realidad social vasca.

Tras la desaparición, al final del ciclo de luchas 68-82 de las organizaciones formales de la autonomía (Komiteak, LAIA EZ, GAI, OCA, Asamblea Navarra por la Autonomía Obrera, Plataformas o Askatasuna), y con inmediata posterioridad la coordinación de la expresión armada de los Comandos, después de que los grupos juveniles herederos de una autonomía mas urbana y menos obrera de mediados de los ochenta (Clip, Zirikatu, Kenka…) fueran apagándose a la par que el cierre del ciclo de la protesta juvenil 83-92, en esta nueva fase en la que nos encontramos (y ya desde el 93) no han aparecido organizaciones formales en el ámbito vasco que se reclamen herederas o continuadoras de las prácticas y teorías autónomas.

En su lugar, surgen o coordinaciones que basan su identidad en un desarrollo integral del concepto de anticapitalismo (Asamblea AntiTAV…), o espacios de autoafirmación y resistencia (casas y gaztetxes ocupados…), o locales donde desde una fachada culturalista se ofertan materiales desde distintos soportes que reivindican la práctica y la teoría antiautoritaria (Likiniano, Herrería ta Zia, Resiste, Disidenteak Betiko…). Lo que revelan estas experiencias es que la táctica de disolverse en lo social, para desaparecer del espectáculo político en el que habían caído los taldes de mediados de los ochenta, de revitalizar los movimientos populares volviendo al primigenio sentido de la autonomía, no ha tenido el resultado que se le había augurado.

Después de la desaparición de los últimos movimientos populares (insumisión ciclo 89-94, campaña contra la autovía de Leizaran,…) y en los que las gentes autónomas tuvieron el protagonismo que la radicalidad social exigia, ante la desaparición de éstos y su sustitución por grupúsculos divididos por especialidades y servidumbres politicas, así como la asunción por algunos de estos grupos de papeles que el estado asistencial abandonaba o no todavía no cubría (educación medioambiental, acogida de inmigrantes…), las afinidades autónomas se dirigen, como hemos dicho, a la creación o de esas iniciativas de fachada culturalista (locales, revistas, editoriales…), o la gestación de nuevas coordinaciones que, fuera ya de la lógica de movimiento popular (unitario, interclasista…) se basarán en la crítica integral al capitalismo (ocupación, antidesarrollismo…).

Por lo tanto, desde unos años hasta la fecha, las gentes autónomas, de hecho, se encuentran trabajando en grupos específicos y desarrollando una labor ejemplarizante en la que la difusión teórica va a la par de la construcción de realidades prácticas en base a espacios de reunión, expansión y lucha.

Con todo esto queremos decir, que las expresiones formales de la Autonomía de un modo u otro han seguido estando presentes en el horizonte del enfrentamiento vasco y que en una realidad en la que tras el chantaje de una amnistía vinculada a un apoyo a una estructura de base desmovilizante (Lizarra), se encuentra el apoyo obligado a esa nueva coalición que no es sino el coche escoba de los ciclos de luchas anteriores, sin ambición revolucionaria y con un clara vocación de gestión del capital en nuestro suelo, quizá estemos en el momento político en el que, aunque seamos reticentes, debamos crear referentes simbólicos públicos que evidencien la existencia de una otra práctica y teoría social.

Algunas claves

Reconocer nuestro tiempo histórico

Tenemos que aceptar que no nos encontramos ante ninguno de los ciclos antes descritos, aunque nos consideremos depositarios de la memoria de su lucha y la utilicemos como un revulsivo en asambleas o iniciativas unitarias. No nos encontramos en un preludio de un nuevo asalto, ni conocemos los sujetos del siguiente. Esto no quiere decir que debamos, por tanto, aceptar el reformismo, sino saber que debemos actuar sin utilizar claves cuantitativas.

Construir una izquierda salvaje

Precisamente como opuesto al reformismo tenemos que construir realidades que estén lejos de los conceptos de lo «políticamente correcto». Seamos incorrectos, practiquemos la sana intolerancia, olvidemos las formas civilizatorias y expresémonos como individuos libres y liberados. Afirmemos nuestra contracultura, bailemos en la cuerda floja de la ilegalidad, y recompongamos ciertas estructuras formales que permitan identificarnos y levantar una hipótesis de movimiento, pero sin ocupar, claro, el puesto que nos reservan en el espectáculo ideológico.

Actuar teniendo en cuenta la realidad de género
Desde la realidad de una existencia modelada culturalmente, tengamos en cuenta qué nuestras vivencias están pasadas por el tamiz del género. Intentando abolir el patriarcado en nuestras actitudes cotidianas, lenguajes y demostraciones políticas estamos cada vez más cerca de una convivencia en sana diferencia.

Huir de los valores «ilustrados»

El progreso, aunque de origen judeocristiano, entró en la izquierda como un dogma asociado al bienestar. La escolarización obligatoria, la medicina oficializada, el desprecio a los mitos populares, la higiene uniformizadora han sido otros goles que se nos han instalado en la médula. Desterrarlos, explorando todas nuestras potencialidades es una obligación para con el nuevo milenio.

Criticar todo lo criticable

No tengamos en cuenta las promesas de la racionalidad capitalista. Opongámonos públicamente a todo proyecto que haga este mundo más invivible y que coarte nuestra felicidad: critiquemos abiertamente el trabajo y todo sacrificio, la conectividad [[Conectividad: Capacidad del Sistema actual de tener en conexión todos los elementos necesarios para la acumulación o producción.]] y toda su gestión de la prisa. El Peor enemigo el optimista tecnológico.

Renegar de los intelectuales

La falta de perspectiva en un mundo uniformizado nos tienta a veces a escuchar a los voceros universitarios que sólo cacarean para perpetuar su oficio. Los gestores de conceptos como «pensamiento único», no son sino demócratas radicales que aspiran a perpetuarse como gestores de la cultura de gasto público. Sus propuestas contra el mercado capitalista son la otra cara de su perpetuo amor al Estado.

Negar el monopolio de la violencia

La legitimidad de la revuelta es una de las claves y de las constantes de nuestra autonomía. El ejercicio de la acción directa, más allá de su uso como consigna y sin profesarle más culto que a cualquier herremienta, es imprescindible en una Euskal Herria en la que la superación de la violencia política parece ser sinónimo de bienestar social. El baile sobre la cuerda de la ilegalidad producirá más de un contratiempo y es necesario recomponer las redes de complicidad que garanticen que la represión no nos cace aisladamente. Huyendo de la paranoia pero siendo conscientes del valor de la discreción y de la solidaridad.

LIZARRA GARAZI Y EL DESARROLLO

LA UNIÓN DE LOS ESTADOS DE EUROPA DENTRO DE LA GLOBALIZACIÓN MUNDIAL

Hoy en día, en las puertas del tercer milenio, estamos sufriendo el neoliberalismo más salvaje. La globalización económica está destruyendo las pequeñas economías de todo el mundo (autosuficientes, a escala humana y unidas a la tierra). El poder y la capacidad de decisión están cada día más lejos de las gentes humildes, concentrándose en manos de organizaciones de carácter mundial (FMI, BM, OMC, multinacionales,…).

Dentro de este proceso sin sentido de centralización del poder se sitúa el proyecto de Unión Europea, que se conforma adoptando la estructura de estado clásico: unidad política (europarlamento), monetaria y económica (Maastricht), de justicia y seguridad (Schengen), de defensa (euroejército),… Situados por encima de la unión de los estados europeos, una serie de lobbys que impulsan una economía mundializada orientan el futuro. Las mayores multinacionales europeas se agrupan en la denominada «ERT» (European Round Table of Industrialists, Mesa Redonda de Industriales Europeos), y son ellos quienes dirigen la economía, la política de transportes, la información, la educación,… de la Unión Europea.
En la actualidad el mayor reto del gran capital es fortalecer la unidad europea. Para eso, precisan de un «buen ambiente», de «su paz». Los conflictos que se han venido dando en Euskal Herria, Córcega o Irlanda no ayudan en nada a la consecución de ese ambiente «pacífico». Para contribuir al proceso de construcción europea, el gran capital tiene que dar algún tipo de salida a esos problemas nacionales. Por esta razón, debe conseguir que, tarde o temprano, se produzca algún tipo de acuerdo entre las burguesías para el reparto del «pastel». De otra forma, la totalidad del «pastel» podría estar en peligro. Así las cosas, puede ser viable imitar el modelo de las reestructuraciones territoriales producidas en los últimos años en países que están fuera de la Unión Europea (ex-Yugoslavia, ex-URSS, Checoslovaquia,…), sobre todo si los nuevos estados respetan la estructura y la lógica de la Europa unida.

LIZARRA-GARAZI Y LA EUROPA UNIDA

Los estados francés y español son los que cuentan con mayores problemas nacionales dentro de la Unión Europea (en el estado español se han producido cuatro conflictos armados a lo largo de los últimos años y en el francés tres). Siendo los estados más centralistas de la Unión Europea tendrán que superar grandes obstáculos para repartirse el «pastel» con sus burguesías periféricas de forma satisfactoria, pero deberán dirigir sus pasos obligatoriamente hacia el acuerdo.
Siguiendo este camino, podemos mencionar la Declaración de Barcelona, el Acuerdo de Lizarra-Garazi y el alto el fuego de ETA. En la mencionada declaración varias burguesías periféricas del estado (PNV, CiU, BNG,…) hicieron una apuesta por el derecho a la autodeterminación y por un estado confederal plurinacional.

En este contexto, el Acuerdo de Lizarra-Garazi ha nacido como un instrumento para dar una solución al problema nacional que tienen los estados español y francés en Euskal Herria desde hace muchos años. Aunque nominalmente figuren muchas fuerzas políticas, los principales impulsores del acuerdo han sido la burguesía vasca y la Izquierda Abertzale.

La burguesía vasca es muy europeísta. Siempre ha admitido el proyecto de la Unión Europea y ha aceptado la dependencia con respecto a Europa.

La Izquierda Abertzale, en cambio, aunque ha criticado muchas veces el proyecto europeo, ha caído en una gran indefinición en los últimos tiempos. Además, se han producido cada vez más declaraciones en favor de la independencia y de la inclusión de Euskal Herria como un estado más de la Unión Europea, pero sin poner demasiado en cuestión la lógica de la construcción europea. En general, y salvo excepciones, podemos decir que dentro de la Izquierda Abertzale se acepta la lógica europeísta, moderna, competitiva, consumista y tecnificada. En un mundo globalizado su discurso clásico, el de conseguir la independencia frente a España y Francia, quizás haya quedado ya superado. ¿Conseguir la independencia de España y Francia para caer gustosamente en el regazo de la dependencia europea? Actualmente hay que poner en duda que la Izquierda Abertzale luche por la independencia total. Dentro de la independencia total se incluye la independencia económica y la Izquierda Abertzale, en su mayoría, no quiere una economía autosuficiente para Euskal Herria, porque en su opinión, sería un importante paso atrás para la «calidad de vida» que tenemos. Por poner un ejemplo, la mitad de la economía navarra está en manos de la multinacional Wolkswagen y no aparecen por ningún lado iniciativas o planteamientos contrarios a esa terrible dependencia, ni en la Izquierda Abertzale ni en otros colectivos. Se puede decir que la lógica de la economía mundializada es cada vez más admitida por todos, como si fuera nuestro destino inevitable.

La total adhesión que la burguesía vasca mantiene con el proyecto de la unidad europea se ampliará a los firmantes del acuerdo de Lizarra-Garazi. De otra forma, la burguesía vasca no cogería ese tren. Para conseguir el consenso con la Izquierda Abertzale la aceptación del proyecto de la unidad europea será una condición indispensable, con todo lo que conlleva: la asunción de la normalización política, la aceptación de la legitimidad de las instituciones, la cada vez mayor debilidad de los movimientos populares, el dar por bueno el actual modelo social,…

Haciendo una extrapolación, temo que se produzcan paralelismos entre el acuerdo de Lizarra-Garazi y la solución que se dio al conflicto de la autovía de Irurtzun-Andoain. En aquel tiempo, debido al acuerdo con las instituciones, se debilitó el componente antidesarrollista de la lucha, legitimando la actuación institucional y, en último término, posibilitando el logro del objetivo perseguido por el gran capital, es decir, la construcción de la autovía. Así, fue posible conseguir cambios insignificantes en el trazado para que nada fundamental cambiara.

Lizarra-Garazi puede suponer algo parecido: conseguir un cambio político, para que nada sustancial en el terreno social cambie. Un ejemplo de ello puede ser el proyecto de conurbación Baiona-Donostia. Se trataría de una macrociudad diseñada por el gran capital que superaría la frontera, pero situada dentro del modelo sociopolítico europeo. Esta conurbación estaría dentro de la eurorregión vasca, lo que los tecnócratas locales ya han denominado como «Euskopolis».

LAS INFRAESTRUCTURAS DE EUSKAL HERRIA EN EL PROCESO DE CONSTRUCCIÓN DE LA UNIÓN EUROPEA

Detrás del diseño estratégico de la Unión Europa se sitúa la agrupación de multinacionales europeas denominada ERT. Entre otras actividades, la ERT es quien dirige el reparto del trabajo y el plan de infraestructuras.

Dentro de ese esquema la economía de Euskal Herria estaría totalmente terciarizada, lo cual, una vez destuidos los sectores primario y secundario, acarrearía una dependencia tremenda. De esta forma, se configuraría como un espacio comercial, como un almacén de los productos que se producen fuera de Euskal Herria. La mayoría de los productos entrarían y saldrían por el superpuerto de Bilbao. Se están preparando también algunos lugares para el tiempo libre y el turismo (Guggenheim, auditorios, puertos deportivos,…).

También se sitúa a Euskal Herria como zona de tránsito, tanto para mercancías como para viajeros, porque se ubica dentro de dos ejes europeos: el atlántico y el de la diagonal europea. Por esta razón, las infraestructuras transeuropeas tendrán una gran importancia entre nosotros: Tren de Alta Velocidad, autovías, autopistas,… La construcción del TAV costará 2 billones de pesetas y los planes de carreteras en las cuatro provincias 500.000 millones. Dentro de este marco general, hay que situar igualmente el gigantesco plan energético que supera las necesidades de Euskal Herria: seis nuevas centrales térmicas, varias centrales eólicas, gasificación total,…
Para el gran capital, la promoción de infraestructuras además de suponer un aumento de los beneficios empresariales, responde a una serie de necesidades estratégicas.

Lo que está claro es que el proyecto de la construcción de la unidad europea se sustenta en las infraestructuras. Sin un gigantesco plan de infraestructuras no hay proyecto europeo.
La burguesía vasca impulsará en su totalidad el plan de infraestructuras que hará posible el proyecto europeo. Si la Izquierda Abertzale (como consecuencia del acuerdo de Lizarra-Garazi) quiere llegar al consenso con la burguesía vasca deberá aceptar en su globalidad este proyecto altamente desarrollista. Es posible conseguir algunas «mejoras» ambientales (como sucedió en el caso de la autovía de Irurtzun-Andoain), pero el gran capital no tolerará cambios que puedan poner en cuestión el proyecto europeo.

En el caso del TAV, por poner un ejemplo, en lugar de ser alta velocidad (350 km/hora), en algunos trazados puede aceptar un tren similar al Talgo articulado (220 km/hora), manteniendo de esta forma en lo fundamental sus objetivos económico-estratégicos. Además, la Izquierda Abertzale ha mantenido bastantes actitudes desarrollistas frente a algunas infraestructuras: aparte del mencionado caso de la autovía Irurtzun-Andoain, el plan de carreteras de Navarra, la red ferroviaria alternativa propuesta por HB frente al proyecto oficial del TAV, el vertedero de Aranguren, las posturas posibilistas mantenidas por LAB en algunas ocasiones en el terreno laboral, la actitud populista mostrada frente a muchos proyectos urbanísticos destructivos,…

Está claro dónde se sitúan las prioridades en este momento y en esa dirección actuarán, dejando a un lado las posturas antidesarrollistas, que no tienen nada claras.
Resumiendo, los firmantes de Lizarra-Garazi admitirán tanto el proyecto europeo como la estructura política que conlleva, buscando una mayor independencia político-administrativa, pero generando una dependencia económica aún mayor. Una señal de que ponen la reivindicación nacional por encima de la reivindicación social.

El desarrollo de la infraestructuras acrecentará el desequilibrio «ciudad-campo», generando una forma de vida urbanita totalmente dependiente.

HACIA LA INDEPENDENCIA TOTAL DEL ANTIDESARROLLISMO

La dependencia es algo malo en todos los ámbitos de la vida, tanto a nivel personal como social.
Si necesitamos independizarnos tanto de España como de Francia, ¡qué decir de la Europa de las multinacionales!
Debemos cambiar la orientación lineal de la historia hacia la dependencia, dirigiendo nuestros pasos hacia la autosuficiencia. Las economías descentralizadas a escala humana no destruyen la naturaleza ni oprimen a los pueblos de la periferia.

El año pasado, surgió la plataforma Acción Global de los Pueblos para luchar contra el neoliberalismo que nos quiere imponer la Organización Mundial del Comercio.
Las bases de esta plataforma son las siguientes:

– Total rechazo a las organizaciones creadas por las multinacionales.
– Mostrar una postura de beligerante, porque las conversaciones con estas organizaciones e instituciones no sirven para nada.
– Dentro de una estrategia de acción directa y desobediencia civil, impulsar alternativas económicas en diversos lugares, en contra de los intereses de estados y multinacionales.
– Promover formas de organización basadas en la descentralización y la autonomía.
Estas bases pueden ser muy valiosas en el camino de la independencia total del antidesarrollismo.

Julio
(Iruñea)

¿Qué pintan las ideas autónomas después de Lizarra-Garazi?

La declaración de Lizarra-Garazi, más la tregua de ETA, hundieron a la mayor parte de la izquierda vasca en la euforia. Piensan que es un paso adelante. Ahí está la triunfalista valoración de HB, según la cual ahora tienen «al PNV donde queríamos tenerlo», es decir en una posición desvinculada de los intereses del Estado español. ¿Supone esto una alianza favorable hacía la emancipación social, etc.? ¿Se ha abierto un espacio político donde además entran nuestras reivindicaciones?

Pues es difícil de creer. El foro de Lizarra (declaración incluida) es una alianza entre nacionalistas, entre nacionalistas de derechas y izquierdas. Aunque todo iba muy rápido y a la mayoría de la gente de la izquierda le pilló por sorpresa, parece que todo estaba hablado, pactado y consensuado. Recordemos lo que publicó la prensa (El País) a primeros de enero, según lo cual parece existir un acuerdo del año 1992 entre PNV y HB, confirmado por el PSOE, sobre la pacificación de Euskal Herria entre los años 1998 y 2003. Sea verdad o no, la alianza es nacionalista, por lo tanto, agiliza la emancipación nacional y no social. Los enfoques autónomos no tienen sitio en la construcción de una Euskal Herria desde Lizarra.

Probablemente no importa mucho que partido o alianza política está en posesión del testigo del poder, comandado desde las arcas capitalistas. El futuro para cualquier oposición antiparlamentaria será durísimo. El marco que dejan las actuales realidades políticas (capitalismo-economía mercantil-neoliberalismo-globalización-incluido sus necesidades sexistas y xenófobas) excluye cada día más la posibilidad de un control democrático, no dejando ningún espacio para una auténtica mejora de la situación social. La situación actual está marcada por la intención del poder europeo de optimar su racionalidad económica. Todos las recetas políticas están orientadas a este ambicioso plan. La constitución del bloque europeo es la expresión máxima de ello. La concentración de su poder en un único mando (las administraciones) es un paso primordial para la construcción de nuevas estructuras políticas, necesarias para maximizar la modernización (como malamente lo llaman) de la economía. Cada día sufrimos de nuevo los resultados. Mientras el poder cada vez es más anónimo, las condiciones de vida están empeorando. Importante también son los avances de la normatización y selección que facilita el control social de todas y todos, siendo un intento de encajar a los pueblos en las nuevas necesidades. La privatización de grandes empresas estatales no es otra cosa que el abandono de la autoridad por parte del Estado retirándose de la responsabilidad social y dejándolo en manos de managers todopoderosos. Hoy en día, tiene más poder un directorio de un banco o una multinacional que un gobierno. Es ahí dónde se decide en dónde se va a invertir para destruir los puestos de trabajo en otros lugares.No hay mejores ejemplos que lo demuestren como VW Landaben o Mercedes-Gasteiz (o cualquier noticia en las páginas de economía): luchas iniciados para mejorar las condiciones laborales son paralizadas con amenazas de cierres totales de plantas.
La lucha por el testigo del poder obliga a los partidos-competidores a adoptar una postura táctica hacia los sectores izquierdistas. Para mí son éstas las condiciones previas necesarias que permiten y exigen la creación de un foro como el de Lizarra, con la participación del PNV, el partido más importante y más derechista del concierto. El PNV, lugarteniente del capital vasco con fuerte tendencia europea, sabe a dónde hay que ir para pescar, es decir: asegurar un alto rendimiento para su «clientela» de la burguesía vasca (la patronal ADEGI tolera el pacto de Lizarra al igual que soporta Lizarra las amenazas del Gobierno Turco de renunciar a la compra de armamento por la invitación a Lakua de la asamblea kurda). Los mensajes del PNV favorables a los presos (cuando hace pocos años aplaudieron la dispersión), sus palabras bien diferentes sobre el conflicto Estado Español – Euskadi (ya no es ETA quien provoca) o el cambio de postura en relación al euskara (ahora en favor de la Korrika), etc. etc. todo ello tiene sus raíces ahí, por lo tanto son pura táctica. El aire rebelde que se colocan encima sólo puede convencer a quien no quiere saber nada del pasado o que tiene un interés propio en ello. A nosotras y nosotros nos conviene más mirar hacía atrás para entender como se formó el presente, para poder influir con más conocimiento en la construcción del futuro.

A EH le corresponde objetivamente otra misión. Su valor y al mismo tiempo su única baza respeto a la alianza con la derecha es su gran influencia en la izquierda. Esto es lo que debe aportar para que la creación del nuevo marco político sea ventajoso para el PNV. La tarea de EH está en orientar a la izquierda al pacto de Lizarra y conseguir que nadie abandone las reglas y se vuelva a una oposición frontal contra el sistema PNVista y capitalista. Conseguir la calma, imponer y defender las reglas de la modernización nacionalista, aceptar la hegemonía europea, éstas son las consignas aspiradas desde el fondo nacionalista. Dentro de una alianza con hegemonía de la derecha no le queda otra opción a EH que aceptar estas grandes necesidades. La creación misma de EH, que por su secretismo se puede clasificar como un golpe dentro de la izquierda, fue un astuto paso de un influyente sector de la izquierda abertzale, atando de esta manera a otros sectores de la izquierda a un proceso marcado por ellos mismos -pero unidos por la convicción del modelo del poder electoralista, libre de una orientación anticapitalista.

A mí se me hace muy extraña la idea de que la libertad colectiva e individual sea asequible a través de una alianza con la derecha. Tenemos muchísimas experiencias por delante, hechas por bastantes frentes nacionales o, como último ejemplo muy cercano, la colaboración de los verdes alemanes con el poder europeo, que en su día también empezaron como oposición total. Una vez alcanzado el poder espera la tentación: el poder se aleja del ciudadano, se independiza del individuo que en su día lo autorizo con su voto. Esto es lo que más caracteriza al poder (seguido por las miles de ofertas para «trepas»). La integración en «el aparato», muchas veces emprendida con buenas intenciones, tiene su propia dialéctica. Euskal Herria no es la excepción. Este aspecto de Lizarra nos tiene que preocupar mucho.

Pero también hay otros escenarios posibles: la lucha por el poder provoca muchas veces la creación de un nuevo antagonismo que finalmente encuentra su solución en una separación o escisión. ¿Pero funciona esto siempre y también en el futuro? Pues, creo que depende de muchos factores. Uno de los factores podemos ser nosotras y nosotros, si nuestras ideas y prácticas son acertadas. Nuestras reivindicaciones deben ser claras en todos los aspectos, concentrándonos sobre todo en el desarrollo capitalista europeo, sus democracias de la mano de la OTAN y su instrumento, el parlamentarismo. Tenemos que expresar muy claro nuestro antagonismo contra el capitalismo y el poder, y rechazar cualquier diálogo con el poder. La tentación de un pacto en este sentido se pagará muy caro más tarde (ej. autovía de Leizaran). De esta manera, se puede dejar sola a la parte reformista dentro de la izquierda.

Sé que no es fácil. Después del desmoronamiento del bloque soviético parece que el capitalismo se nos ofrece como la única alternativa para todos los problemas. En consecuencia éste se alza con mucha carga de conciencia. Parece que su extensión no hay quién la frene. No hay ideas o proyectos a la vista que nos indiquen por dónde hay que empezar para la construcción de un futuro real. Los sentimientos de índole emancipativo están aplastados por el «pensamiento único». El discurso sobre los Derechos Humanos, la Ecología, etc. parece que está en manos del poder. La idea de un «sujeto revolucionario» que nos libre del enemigo, destrozando el sistema capitalista y organizándonos un sistema humano es del pasado, fracasó. Seremos nosotras y nosotros las fuerzas emancipativas. La delegación no funcionó nunca.

Por eso estamos obligados a investigar la estructura y el funcionamiento del poder. ¿Cuáles son los pilares centrales del poder? Creo que el automatismo de identificar rápidamente al capitalismo y a su amo como el mal, nos corta en muchos aspectos. Parece que el debate sobre el patriarcado como generador y estructura ideológica imprescindible para todos los sistemas opresores no ha cundido mucho entre nosotros. Capitalismo, imperialismo, guerra, sexismo, racismo etc. son fruto de algo más que del simple afán de aumentar la explotación. Son la realización de unos valores. Sin profundizar en nuestros análisis no nos mantenemos muy lejos de los sectores reformistas. Nuestras diferencias quedarían atrapadas en el método. Nuestra oposición tiene que ser «total», implicando nuestras vidas, cuestionando nuestras relaciones. No sólo hoy, en unos tiempos en los que no hay coyuntura para las ideas izquierdistas, sino que siempre tienen que ser nuestras relaciones humanas las que nos caractericen para una lucha justa y una revolución social. A parte del sistema que objetivamente nos domina importa mucho la implicación del individuo.

Entonces ¿que pintan nuestras ideas hoy en día? Mi respuesta es que depende absolutamente de nosotras y nosotros. Este trabajo no nos la va a hacer nadie. Mucho menos los sectores reformistas.