ALFABETIZACIÓN EMOCIONAL

Lo que en 1990 los psicólogos Salovey y Mayer denominaron o renombraron como “inteligencia emocional” se está poniendo de moda. Por parte de otros autores o en otros ámbitos se habla de higiene mental, crecimiento personal, desarrollo del potencial humano, equilibrio psicológico, habilidades sociales, educación sentimental, etc. Sin embargo, ya desde 1954 los psicólogos Freedman y Sweet empezaron a hablar de “analfabetismo emocional”. El tema no es nuevo, aunque ahora ha saltado a las primeras páginas de las revistas y hoy en día la Psicología cuenta con muchas más claves que hace medio siglo.

Salovey describe 5 competencias emocionales básicas:

1. Conocer las propias emociones.
2. Capacidad de controlar las propias emociones.
3. Capacidad de motivarse uno mismo.
4. Capacidad de reconocer las emociones ajenas.
5. Capacidad de saberse relacionar con las demás personas.

Claude Steiner promotor del movimiento de la Psiquiatría radical afirma que las opresiones sociales confunden hasta tal punto a los niños y niñas que acaban alienándolos, confundiéndoles y que al final, quien más quien menos, casi todos acabamos en nuestra cultura judeocristiana analfabetos emocionales o, como diría Agustín García Calvo, medio muertos. Para recuperar nuestra naturaleza humana, nuestro sentido común o el amplio abanico de cualidades bio-psico-sociales maravillosas que todos poseemos por el mero hecho de haber nacido humanos, nuestra cultura ha desarrollado a lo largo de la historia múltiples rituales, creencias, ideologías, métodos, técnicas, terapias, etc. Hoy en día lo que algún autor llamó “el supemercado espiritual” es impresionante y todo tipo de negociantes se apresuran a ofrecer sus bienes y servicios para arreglarnos la vida; tendríamos que hablar ya de hipermercado psico-espiritual. Sin pretender decir la última palabra, ya que es un tema muy debatible y en constante evolución, voy a hacer una ensalada variopinta intentando exponer algunas de las corrientes más importantes, centrándome en las que nos pueden ofrecer un enfoque más práctico, autogestionario y/o con mayor compromiso social.

¿UNA PASTILLA PARA CADA PROBLEMA?

El modelo de medicina imperante (biomédico o biologista) nos está haciendo creer que todo problema humano (y no sólo los físicos) es susceptible de ser entendido y solucionado a nivel físico o bioquímico con una píldora mágica o una intervención quirúrgica. Anestésicos, analgésicos, sedantes, tranquilizantes, ansiolíticos, antidepresivos, píldoras para la impotencia, la obesidad, etc.

Algunos pensamos que dicho modelo, además de no resolver los problemas sociales y psicológicos de fondo está fomentando la adicción a sustancias químicas, alimentando a las multinacionales o a las mafias y haciéndonos cada vez más dependientes de los expertos psi (psicólogos, psiquiatras, psicoterapeutas humanistas, sexólogos, etc.) sean o no negociantes del sufrimiento y de la angustia humanos.

Iván Illich afirma que la salud es la capacidad que tienen los seres humanos de adaptarse adecuadamente al medio ambiente biológico y social en el que viven; esto incluye la ética y la capacidad de habérnoslas con el dolor, el sufrimiento y la muerte. Pues según este concepto, la salud física y mental que nos están vendiendo es una gran mentira.

HAMBRE DE CARICIAS Y EPIDEMIA DE DEPRESIÓN

En algunos países muy desarrollados y con una supuesta alta calidad de vida, países como Suecia y otros, hay una alta tasa de suicidios que se relacionan con la epidemia de depresión que las estadísticas psiquiátricas están detectando a lo largo del presente siglo en los países más industrializados. Le podríamos llamar “la paradoja sueca”. ¿Cómo se come que países alabados por su “estado de bienestar” tengan una tasa tan alta de depresión y suicidios?

Eric Berne desarrolló una psicoterapia llamada análisis transaccional. Según dicha teoría, los seres humanos tenemos varios estados de la personalidad:

1. Padre o madre nutricios: cuando estamos en actitud de cuidar y proteger.
2. Adulto: cuando pensamos racionalmente, de forma lógica.
3. Niño: cuando somos irracionales (irracionalidad que puede ser positiva o negativa). A su vez el niño se divide en tres estados: dos de ellos innatos y uno adquirido:
a) Padre autoritario (también llamado padre cerdo o enemigo interno).
b) Pequeño profesor (es la intuición o el conocimiento sin aprendizaje)
c) Niño natural o niño libre: cuando estamos sintiendo sentimientos naturales y cuando estamos disfrutando, gozando. Cuando sentimos alegría, amor, miedo, rabia, tristeza, etc.

La opresión que viene de fuera, si es lo suficientemente potente o persistente acaba convirtiéndose en opresión internalizada: la hacemos nuestra, nos aliena. Entonces ya no hace falta que nadie nos maltrate, sino que somos nosotros mismos quienes lo hacemos y además oprimimos a los demás. Es nuestro enemigo interno. Lo irracional del niño puede contaminar a nuestro adulto y entonces presentamos argumentos falsamente racionales (es un paternalismo o autoritarismo disfrazado de sensatez).

Berne acuñó el concepto de “caricia” para significar que todos los humanos necesitamos estímulos humanos para sobrevivir, ya que si no los tenemos enfermamos y morimos. Los estimulos positivos favorecen el desarrollo de nuestro potencial humano, pero si no tenemos suficientes estímulos positivos tendemos a buscar estímulos negativos. Cuando un niño o niña no se sienten suficientemente atendidos suelen empezar a incordiar para que por lo menos se les grite o castigue (búsqueda de “caricias negativas”). Lo que no soportamos es que nos traten con indiferencia, como si no existiéramos. Steiner escribió un magnífico artículo titulado “La economía de caricias” en el que describe cómo en nuestra sociedad nos escatimamos constantemente caricias ya que actuamos de acuerdo a unas normas interiorizadas que nos prohíben:

• Darlas cuando nos apetece.
• Pedirlas cuando las necesitamos.
• Aceptar y disfrutar las auténticas.
• Rechazar las que no queremos.
• Dárnoslas a nosotros mismos (autoestima).

SENTIMIENTO: ¿PARA QUÉ OS QUIERO?

Hay muchas teorías sobre los sentimientos. A lo largo de la historia la humanidad se los ha ensalzado y despreciado, educado y reprimido. ¿Para que nos sirven realmente? Casi todos los autores afirman que habría unos sentimientos naturales o innatos con los que nacemos pero que también hay sentimientos adquiridos o sentimientos naturales modificados culturalmente. Por ejemplo, el miedo, la rabia y la tristeza serían naturales; la envidia, los celos y el odio serían adquiridos. En cada cultura se valoran más unos sentimientos que otros e incluso hay algunos que se consideran negativos, indignos o indeseables. Lo mismo sucede con los valores transmitidos por cada familia y cada educador. Osea, que los sentimientos son naturales, pero también son educables. Y evolucionan a lo largo de la historia.

Los sentimientos son el primer recurso que tenemos para abordar una situación concreta. La expresión sentimental nos permite hacer una valoración global y rapidísima de lo que nos está pasando o nos puede pasar. Ante el peligro, sentimos miedo; ante la frustración, rabia y ante la pérdida, tristeza. Lo que ocurre es que dicha respuesta suele ser muchas veces basta o imprecisa y otras veces equivocada. Los neurólogos han descubierto que hay dos vías en nuestro cerebro: la vía neuronal de los sentimientos es corta y rapidísima; la vía neuronal de los pensamientos tiene más sinapsis y tarda más en llegar, pero da respuestas más precisas y sensatas. Y lo que es más importante, ambas están interconectadas.

PREJUICIOS Y FALSAD CREENCIAS NOS AMARGAN LA VIDA

La psicología y psicoterapia cognitiva sostienen que las claves de nuestras conductas están en las relaciones entre los diversos elementos del conocimiento humano: sensación, percepción, sentimiento, pensamiento, etc. y cómo se relacionan entre ellos. Afirman que pensamientos erróneos dan lugar a sentimientos inadecuados y que éstos nos crean problemas y nos hacer sufrir inútilmente. La gran noticia es que ante una situación dada no tenemos por qué sentir siempre lo mismo, ya que 3 de los 4 condicionantes del sentimiento son modificables. Según José Antonio Marina, estos 4 ingredientes son: el hecho en sí, los deseos, las creencias o expectativas y el autoconcepto (vulgarmente conocido como autoestima). Como dijo Epicteto, los humanos no sufrimos por lo que nos pasa, sino por nuestra manera de percibirlo y eso depende de nuestra manera de pensar y como dice la teoría cognitiva, como eso es aprendido, también se puede desaprender. Los psicólogos cognitivos han descrito unos cuantos patrones de pensamiento erróneos: sesgar negativamente la información, extremismo, generalizar en exceso, creer que se adivina el pensamiento de otros, visión catastrofista, tendencia a personalizar y a tomarse las cosas personalmente, sentirse inferior o superior (alguien tiene que tener el control), creer que uno sabe mejor que los demás lo que es justo o no, tendencia a echar la culpa a uno o a los demás, creer que para ser buena persona hay que ser muy recto, creer que los sentimientos reflejan auténticamente la realidad, creer que la gente cambiará si se le presiona o camela lo suficiente, tendencia a hacer juicios apresurados de personas o grupos, empeño en demostrar que uno siempre tiene razón, creer que si uno se esfuerza lo suficiente algún día se verá compensado (mito de la recompensa divina).

OPRESIÓN Y ALIENACIÓN

La corriente de Psiquiatría radical sostiene que los seres humanos sin opresión, en virtud de nuestra condición humana fundamental, tenderíamos a vivir en armonía con nosotros mismos, con los demás y con el resto de la naturaleza. Claude Steiner aporta las siguientes fórmulas:

Alienación = Opresión + Engaño (sobre la opresión).

Es decir, que no sólo nos oprimen, sino que además nos hacen creer que no estamos oprimidos, que la vida es así, que así es la vida ¿que le vamos a hacer? Uno se resigna y se siente impotente para cambiar su vida. O bien uno se rebela pero su lucha no es productiva: Opresión + Conciencia = Indignación
La conciencia de opresión es necesaria pero muchas veces no es suficiente sin el apoyo de otras personas:

Liberación = Conciencia + Apoyo humano.

Osea, que necesitamos ser conscientes de cual es la opresión pero también necesitamos tener el apoyo adecuado y suficiente para enfrentarnos a ella, sobre todo porque nuestra opresión internalizada nos juega malas pasadas confundiéndonos y haciéndonos creer que lo bueno es malo y que lo malo es bueno.

POR UNAS RELACIONES COOPERATIVAS

Desde pequeños aprendemos a sobrevivir en un mundo muchas veces competitivo. Berne describió los llamados “juegos psicológicos” o juegos de poder que los niños aprenden de sus padres o educadores para sobrevivir en un mundo competitivo y muchas veces inhumano, pero al hacerlo manipulamos a los demás.

¿Qué hacer cuando alguien se quiere llevar bien con alguien? Vivimos en una cultura competitiva y no siempre será sensato intentar relaciones cooperativas, pero como éstas son contagiosas, alguien tiene que dar el primer paso.

Fue la Escuela de Palo Alto la que empezó a hablar de la importancia de metacomunicarse, es decir, comunicarse para comunicarse, poner las bases para una buena comunicación, diálogo, relación.

Es importante distinguir entre lo que queremos y lo que deseamos. Muchas veces ambas cosas coinciden, pero otras queremos una cosa y deseamos otra (o incluso la contraria).

– Nuestro adulto, con sensatez, quiere.
– Nuestro niño, con ganas, desea.

Sin embargo, no conviene dejarnos llevar por nuestros deseos, por la tiranía de nuestros sentimientos que suelen ser ciegos. Quiero adelgazar y deseo comer pasteles. Una de dos: o le hacemos caso a la sabia decisión de nuestro adulto, o bien nuestro adulto llega a un acuerdo con nuestro niño y decide comer un número limitado de pasteles que le permita adelgazar; osea, somos en definitiva aldultos.

La fórmula de los cuatro pasos:
1º) ¿Qué es lo que quiero con esa persona?
2ª) Se lo digo clara y sinceramente.
3ª) Escucho respetuosamente a ver si esa persona quiere algo conmigo. Si quiere lo mismo, no hay problema, lo hacemos.

4ª) Si no quiere lo mismo, entonces habrá que ver si se puede llegar a un acuerdo que sea bueno para ambas partes. Y aquí conviene ser imaginativos y flexibles.

Steiner por su parte, propone 7 actitudes para un compromiso de relación cooperativa:
1. Ser sinceros, no ocultar información importante. No confundir sinceridad con “desahogo” de despotrique.
2. Ayudar sin “rescatar” (no sacrificarse, no ir de salvadores).
3. Libre intercambio de “caricias” positivas. No imponer, tener en cuenta a la otra persona; buscar el mejor momento para cada cosa.
4. No culpabilizar ni juzgar si algo de alquien nos ha generado malestar. Compartirlo con respeto mutuo.
5. Compartir los pensamientos sobre otras personas sin enjuiciarlas y sin tomárnoslo como ataques cuando van dirigidas a nosotros. No descalificar globalmente las opiniones e intuiciones de los demás.
6. Pedir disculpas. Tanto si hemos cometido un error, como si hemos hecho daño sin pretenderlo.
7. Aceptar las disculpas.

Soy consciente de que esto es sólo una introducción al tema y quedan muchos cabos a medio atar, pero por falta de espacio he tenido que resumir mucho cada concepto. Para contactos y más
información: Sumendi: 94-4100644.

Antonio Palomar
(miembro de Sumendi, asociación por la autogestión de la salud)