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Opinión: Javier Gutiérrez Hurtado

«Los problemas del verano»

Los expertos internacionales en «cambio climático» cada vez encuentran más evidencias de alteraciones debidas a la acción humana

Viernes 9 de julio de 2004 - 945 lecturas


Llega el verano, aparece el calor, vuelven los problemas. Vivimos en un terruño de contrastes pero cada vez soportamos peor las temperaturas extremas. Pienso, puede que equivocadamente, que la divulgación continua de previsiones climáticas contribuye a exagerar nuestra percepción de la realidad. Pero no es menos cierto que cuando sube el termómetro miramos con envidia a los que cuentan con aire acondicionado en sus centros de trabajo y en sus viviendas. De hecho, las estadísticas son contundentes. La venta de equipos generadores de aire frío crece muy por encima de la actividad económica. Ahora bien, este tipo de respuestas individuales plantean escenarios complicados. La «pescadilla que se muerde la cola» es el símbolo adecuado para entender el problema.

Por un lado, los expertos internacionales en «cambio climático» cada vez encuentran más evidencias de alteraciones debidas a la acción humana. Por otro, y sobre todo en occidente, respondemos a los cambios con una mayor demanda de energía que provoca, necesariamente, mayores posibilidades de calentamiento de la tierra. La reflexión sobre el modelo energético debe abarcar a todo el mundo. Sabemos que la energía impulsa el crecimiento económico, y es por ello una cuestión clave para todos los países, pero su utilización varía ampliamente entre ellos, así como entre los ricos y los pobres de cada país. De hecho, dos mil millones de personas -una tercera parte de la población mundial- dependen casi plenamente de fuentes tradicionales de energía. Por esa razón, el último Informe Mundial de Energía de las Naciones Unidas se muestra muy crítico con la situación, que califica de insostenible, «porque no permite un acceso universal a los combustibles modernos y a la electricidad, lo cual representa una falta de equidad con dimensiones morales, políticas y prácticas en un mundo cada vez más interconectado», y «porque la productividad de una tercera parte de la población mundial está comprometida por la falta de acceso a energía comercial, y quizás otro tercio sufra dificultades económicas e inseguridad debido a suministros de energía poco fiables».

Con este panorama parece que nos toca mover ficha a los de occidente, entre ellos a los españoles, y no, precisamente, para seguir con crecimientos desmesurados del consumo de energía. Más bien para lo contrario. Para ahorrar, allí donde sea posible, y para fomentar las energías renovables, las más respetuosas con el medio ambiente. Un Consejo de Ministros, celebrado a finales de 2003, aprobó la Estrategia de Ahorro y Eficiencia Energética en España 2004-2012. Pomposo título para un documento que no nos deja en buen lugar a pesar de nuestras condiciones privilegiadas para el desarrollo de determinadas energías renovables. Hemos mejorado significativamente en potencia eólica durante los últimos años, hasta colocarnos como segundo país productor entre los europeos, pero ocupamos puestos alejados de la cabeza en superficie de captación solar instalada, en potencia fotovoltaica y en producción de energía primaria con biomasa.

No basta con fomentar las energías renovables. Hay que intentar consumir menos sin perder confort. Ahí queda un amplio margen para diversos sectores, entre ellos el de la edificación, la nueva y la existente. Hoy se construye mejor y se aíslan los edificios de forma más efectiva pero la administración tiene que ser más exigente. La aplicación de una reciente directiva de la Unión Europea ofrece importantes posibilidades. Sin embargo, donde pone mayor énfasis la Estrategia es en las actuaciones sobre los edificios existentes. Mejorar la envolvente edificatoria y las instalaciones térmicas son los objetivos principales y concentran la práctica totalidad de las ayudas públicas. Si las cosas van bien se puede lograr, en ocho años, que el CO2 emitido a la atmósfera disminuya en 40 millones de toneladas. Hay que trabajar mucho y recuperar el tiempo perdido.

En algún momento pudimos pensar que en Valladolid íbamos a ser pioneros en estos asuntos. El Programa de la Agenda Local 21, que el Ayuntamiento aprobó a finales del 2001, recogía propuestas contundentes. Así, en el programa relativo a la «ciudad consolidada» se incluían actuaciones de rehabilitación, tanto exterior como integral, de un buen número de edificios cada año al margen de las que ya se estaban produciendo en el ámbito del Área de Rehabilitación Platerías-Catedral. Igualmente, en el programa destinado a mejorar la «calidad del aire» se incluían propuestas destinadas tanto a los edificios particulares como a las nuevas viviendas. «A partir del 2002 el Ayuntamiento extenderá progresivamente el uso de la energía solar en sus edificios hasta cubrir al menos el 20% de sus necesidades térmicas. Asimismo, se fomentará el uso de la misma en otras administraciones con sede en la ciudad». «En el primer semestre de 2002 se habrá modificado la reglamentación municipal que regula la calidad del aire para que al menos el 20% de la energía térmica en las nuevas edificaciones sea de origen solar». «En el 2002 el Ayuntamiento iniciará una línea de medidas para estimular la incorporación en las edificaciones individuales y comunitarias de sistemas de apoyo energético a base del uso de energía solar y térmica».

Tres años después estamos como en el cine americano: «cualquier parecido con la realidad, mera coincidencia». El último balance de los técnicos municipales sobre el Plan de Acción 2001-2003 de la Agenda Local 21 es contundente. Todas las acciones previstas aparecen como «no desarrolladas» o, en una versión muy piadosa, «insuficientemente desarrolladas». Parece necesario un mayor celo de todas las administraciones, también de la municipal, y una mejor colaboración de constructores y particulares.


Javier Gutiérrez Hurtado es miembro de Ecologistas en Acción de Valladolid y ex-concejal de IU en el Ayuntamiento de Valladolid

Fuente: El Norte de Castilla