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Comunicado de Ecologistas en Acción Castilla y León

Aunque la contaminación por ozono cae un 41 % en Castilla y León en 2020 por la crisis de la COVID-19, la práctica totalidad de la población castellana y leonesa ha respirado aire con más ozono del recomendado por la OMS

Pocas ciudades cuentan con protocolos de actuación frente a las puntas de contaminación por ozono siendo el de Valladolid el único que contempla medidas de limitación del tráfico en episodios de elevada contaminación

Martes 10 de noviembre de 2020 - 129 lecturas


La reducción de la movilidad por la crisis de la COVID-19 ha provocado una mejora sin precedentes de la calidad del aire, también en relación al ozono troposférico. No obstante, 2,2 millones de habitantes de Castilla y León han seguido respirando aire contaminado por ozono durante el verano de 2020.

El Informe anual sobre la Contaminación por Ozono de Ecologistas en Acción concluye que el 90 % de la población y el 74 % del territorio castellano y leonés han estado un año más expuestos a unos niveles insalubres de este contaminante. La Junta de Castilla y León sigue sin adoptar medidas eficaces sobre el transporte, la industria y la ganadería intensiva que eviten los episodios y reduzcan los niveles de fondo.

El informe elaborado por Ecologistas en Acción analiza los datos recogidos entre el 1 de enero y el 30 de septiembre de 2020 en 483 estaciones oficiales de medición de ozono repartidas por todo el territorio español, entre ellas 36 situadas en Castilla y León.

En lo que respecta a Castilla y León, entre sus principales conclusiones, destacan:

  • El ozono es un contaminante muy complejo, que no tiene una fuente humana directa sino que se forma en la superficie terrestre en presencia de radiación solar por la combinación de otros contaminantes denominados precursores, emitidos por el transporte (en especial los vehículos diésel), las centrales termoeléctricas, ciertas actividades industriales o la ganadería intensiva. Se trata por tanto de un contaminante secundario que en verano afecta a las áreas suburbanas y rurales influenciadas por la contaminación urbana e industrial.
  • El ozono troposférico sigue siendo el contaminante atmosférico que año tras año afecta a más población y territorio. Durante 2020 sus niveles se han reducido de forma importante, interrumpiendo la tendencia estacionaria o al alza de los últimos años, como consecuencia de la drástica disminución de las emisiones de sus contaminantes precursores en la industria y en el transporte, por efecto de la crisis de la COVID-19.
  • El informe de Ecologistas en Acción toma como referencia el valor recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), de acuerdo al cual el aire contaminado por ozono ha afectado en 2020 al 90 % de la población y al 74 % del territorio castellano y leonés.
  • Si se considera el valor objetivo establecido por la normativa, más laxo que la recomendación de la OMS, la población que ha respirado aire contaminado por encima del estándar legal es de 273.000 personas, en las zonas Montaña Sur y Valle del Tiétar y Alberche, que agrupan parte de las provincias de Ávila, Salamanca y Segovia. En estas zonas tres estaciones de medición han incumplido el objetivo legal en el trienio 2018-2020.
  • La frecuencia de las superaciones de los estándares legal y de la OMS ha sido muy inferior a la de años precedentes, con un descenso de respectivamente el 65 % y el 41 % en relación al promedio de las registradas en el periodo 2012-2019, en el conjunto de la región.
  • La mejoría de la situación ha sido en especial relevante en las aglomeraciones de León y Valladolid y en las zonas Duero Norte y Montaña Norte, con una reducción del número de días con mala calidad del aire superior al 50%. De manera puntual, el ozono sólo ha aumentado en la estación suburbana de Fuentes Blancas, en la aglomeración de Burgos.
  • La contaminación por ozono debe abordarse como un problema sanitario de primer orden. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, causa cada año entre 1.500 y 1.800 muertes en el Estado español, entre ellas un centenar en Castilla y León, según el Instituto de Salud Carlos III. Las personas más afectadas son niñas y niños, personas mayores, mujeres embarazadas y quienes padecen enfermedades cardiorrespiratorias crónicas.
  • El coste sanitario y laboral de la contaminación por ozono fue de 5.000 millones de euros en 2013, un 0,33% del PIB español, según el Banco Mundial, sin considerar los daños provocados sobre los cultivos y los ecosistemas naturales.
  • Los Planes de Mejora de la Calidad del Aire para reducir la contaminación son obligatorios según la legislación vigente. Pero, en el caso del ozono, la Junta de Castilla y León sigue sin elaborarlos, en todas las zonas donde resultan preceptivos, pese a la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de octubre de 2018, confirmada por el Tribunal Supremo en junio de 2020. Se trata de una negligencia que está poniendo en peligro la salud de 1,7 millones de castellanos y leoneses, en las aglomeraciones de Salamanca y Valladolid y en las zonas Duero Norte, Duero Sur, Montaña Sur, Valle del Tiétar y Alberche y Soria y Demanda.
  • Ecologistas en Acción ha solicitado la ejecución de la sentencia citada y ha impugnado asimismo por inoperante la Estrategia para la mejora de la calidad del aire aprobada por la Junta de Castilla y León para aparentar que hace algo, cuando en realidad no hace nada.
  • Pocas ciudades cuentan con protocolos de actuación frente a las puntas de contaminación por ozono. El de Valladolid es el único que contempla medidas de limitación del tráfico en episodios de elevada contaminación.
  • Las principales vías de actuación para reducir la contaminación del aire por ozono son la disminución del tráfico motorizado, la adopción de las mejores técnicas industriales disponibles, la sustitución de los disolventes orgánicos por agua, el ahorro y la eficiencia energética y el apoyo a las energías renovables. También es necesario penalizar a los vehículos diésel y una moratoria para las grandes explotaciones ganaderas intensivas.
  • La crisis de la COVID-19 ha demostrado que la reducción estructural del transporte y la descarbonización de la industria son las mejores herramientas para mejorar la calidad del aire que respiramos, en las ciudades y en las zonas rurales, también en el caso del ozono. La dramática situación creada por la pandemia viene a corroborar que la reducción de las emisiones de precursores sí es efectiva para combatir la contaminación por ozono.

Ver en línea : Informe completo y resumen