CEPRID

¿El nuevo Abú Mazen?

Martes 2 de marzo de 2010 por CEPRID

Yacob Ben Efrat

Challenge

Traducido para el CSCA (www.nodo50.org/csca) por Lucas Antón

Abu Mazen. Durante años ha cooperado con Israel sin obtener nada. Sabe que al reanudar las conversaciones recibirá reproches de todas partes, porque es del todo incierto que Israel esté listo para la paz. Sabe también que las fronteras propuestas para el Estado palestino se basarán en las de 1967, pero que esas fronteras no estarán abiertas y que, encerrado tras el muro de separación, el Estado carecerá de verdadera soberanía.

El mediador norteamericano George Mitchell está de nuevo camino de Oriente Medio en una misión para hacer arrancar las negociaciones entre Israel y la Autoridad Palestina (AP). Mitchell está tratando de mantener agarrada la soga que el primer ministro israelí Binyamin Netanyahu soltó a regañadientes en noviembre de 2009 cuando anunció una congelación de los asentamientos por espacio de diez meses. Se trataba de una concesión parcial a la exigencia norteamericana —a la que se adhirió de buena gana el presidente de la AP, Abu Mazen (Mahmud Abbas)—de una congelación total como condición previa de renovadas conversaciones de paz. Durante 16 años, las conversaciones han ido traqueteando con tropezones, con ocasionales bandazos hacia atrás, mientras Israel seguía edificando asentamientos sin problemas. La exigencia norteamericana se produjo cuando quedó claro para todos que las conversaciones le sirven a Israel como camuflaje de la construcción: en 1993, año de los Acuerdos de Oslo , había 264.400 colonos en Cisjordania (incluyendo la parte ocupada de Jerusalén); en 2007, 466. 170.

El anuncio de Netanyahu ha suscitado preguntas. Abu Mazen mantiene que, debido a que la congelación no incluye a Jerusalén Este, volver a la mesa de negociaciones sería equivalente a reconocer la anexión de esa zona por Israel. Se han producido muchas acusaciones contra el presidente Obama por hacer de la congelación una condición para las negociaciones. Una vez hecho esto, dicen sus críticos, no habrá modo de que los palestinos se contenten con menos. La condición previa de los norteamericanos le ha hecho subirse a Abu Mazen a una parra de la que es difícil descender. Mientras tanto, después de varias rondas de pugilato diplomático con Israel, los norteamericanos se han echado atrás en su exigencia, y parece que se conformarán con la congelación limitada de Netanyahu. Pero Abu Mazen sigue en sus trece, proclamando desde todas las tribunas que no reanudará las conversaciones hasta que la congelación no incluya Jerusalén Este.  Con la esperanza de que las negociaciones pudieran ablandar el sentimiento antiisraelí que se ha ido extendiendo por todo el mundo desde la guerra en Gaza, Netanyahu viajó a El Cairo para reunirse con el presidente egipcio, Hosni Mubarak. Los egipcios, por su parte, enviaron a su ministro de Exteriores, Ahmed Abu Gheit, a Washington , junto al ministro de los Servicios de Seguridad, Omar Suleiman, para coordinar el proceso (Suleiman ya se había coordinado con los israelíes). Además, el ministro de Exteriores saudí, Sa’ud al Faisal, visitó al presidente sirio, Bashar Assad, en Damasco; también se reunió con Mubarak, y la cuestión palestina fue centro de sus discusiones. Pese a esta labor de presión multilateral , Abu Mazen sigue diciendo "Gracias, pero no, gracias".

Abu Mazen contra Hamás

¿Qué lleva a Abu Mazen, moderado entre los moderados, a adoptar una posición tan de "rechazo"? Se puede vislumbrar un atisbo en el diario saudí Asharq Al-Awsat, del 13 de enero de 2010; reproduce un artículo de Kifah Zbun que informa de una reunión del Comité Central de Fatah, que apoyaba a Abu Mazen en su posición de condicionar las negociaciones a una completa congelación de los asentamientos. Lo que resulta interesante es la interpretación de Zbun: "La postura de  Fatah no es de sorprender, sobre todo a la luz de que la parte israelí no ha cambiado mucho en sus posturas públicas. Además, Fatah ha aprendido que gana credibilidad y popularidad cuando adopta una postura que se niega a volver a la mesa de negociaciones".    Por añadidura, eI Comité Central de Fatah acusa a la dirección de Hamás de ser responsable del sufrimiento de los palestinos de Gaza. Y en particular denuncia al jeque Dr. Yousef al-Qaradawi, miembro de los Hermanos Musulmanes egipcios, que se encuentra entre las autoridades islámicas más sobresalientes.  Con el argumento de que Abu Mazen apoya el bloqueo de Gaza, Al-Qaradawi ha pedido su muerte por lapidación. La crítica de Fatah, en suma, no se dirige sólo a Israel .

Al ceñirse a la línea dura, en resumen, Abu Mazen ha conseguido maniobrar, colocando tanto a Hamás como a la derecha israelí en una incómoda esquina. Tras anunciar que no se presentará a las próximas elecciones de la AP, ha endurecido su postura contra Netanyahu, ha intensificado el aislamiento del dirigente de Hamás, Jaled Mashal, y se hace de rogar por la comunidad internacional.

Obama duramente criticado 

Las negociaciones para liberar al soldado israelí Gilad Shalit están atascadas, dada la negativa de Israel a aceptar las demandas de Hamás; Egipto anda hincando en tierra un muro de hierro que detenga el contrabando a través de los túneles entre el Sinaí y Gaza; y por último, pero no menos importante, aumentan las críticas a Hamás a causa de su dependencia de Irán. Durante la última visita de Mashal a Arabia Saudí, el ministro de Exteriores saudí, Sa’ud al Faisal, le preguntó a qué bando apoyaba, los árabes o Irán. "Por supuesto, los árabes son el horizonte estratégico de Hamas", respondió Mashal. La desafiante pregunta saudí era consecuencia de la profunda implicación de ese país en la guerra contra las tribus chiitas del norte de Yemen, a las que respalda Irán. Es verdad que Yemen queda lejos de Israel, pero la lucha en curso entre Israel y la AP está directamente vinculada al conflicto de Yemen, puesto que este desgarrado país se ha convertido en una importante base de Al Qaeda en la Península Arábiga. Washington ve los progresos en las conversaciones entre Israel y la AP como clave del fortalecimiento de la posición de Norteamérica en la región, así como de sus aliados árabes: Egipto, Arabia Saudí y Jordania.

Obama ha declarado la guerra al Islam radical. Mientras envía 30.000 soldados más a  Afganistán, encaja golpes muy duros. Por mencionar sólo unos pocos: el mortal ataque de un soldado palestino-americano en Fort Hood (Tejas); en Afganistán, el asesinato de ocho agentes de la CIA por un agente doble suicida leal a Al Qaeda; y por supuesto, el fallido intento de un extremista nigeriano, entrenado en Yemen, de hacer estallar un avión norteamericano. Pakistan, Afganistán, Irán, Irak, Somalia y Yemen se han convertido todos en teatros de guerra, y le están causando grandes dolores de cabeza a Washington .

Obama debe tener la sensación de que la tierra le arde bajo los pies, pero son sus aliados los que tienen que vérselas con el fuego. Egipto está sometido a un duro ataque de los medios, especialmente de Al Yasira, mientras Hamás, en coordinación con los Hermanos Musulmanes, agita el régimen de Mubarak. Arabia Saudí, que sufre las actividades de Al Qaeda en su propio suelo, está tratando de derrotar a los chiitas yemeníes, aliados de Irán. El futuro de Irak es incierto para después de la esperada retirada norteamericana. A la luz de todo ello, el conflicto israelí-palestino se vuelve doblemente importante. Se piensa que un acuerdo entre ambas partes cerrará la brecha por la que entraron Irán y organizaciones radicales como Al Qaeda. El margen de maniobra de Abu Mazen se estrecha por minutos. Se le pide que sacrifique la causa palestina por mor de un más amplio interés árabe, así como por el de Norteamérica.

¿Y qué pasa con Netanyahu?

Hasta ahora, las conversaciones no han producido más que frustración, decepción y expansión de los asentamientos. Tras el fracaso de Oslo, seguido del fracaso de Camp David , llegó la segunda Intifada y el ascenso de Hamás como factor crucial de la realidad  palestina. Hamás ganó las elecciones de 2006 y asumió el poder en Gaza en 2007. Si las conversaciones entre la AP e Israel  fracasaran una tercera vez, se llegaría a un punto sin retorno. El temor a un nuevo fracaso es uno de los factores que mantiene a ambos lados lejos de la mesa de negociaciones.

Si, no obstante, Abu Mazen se aviene finalmente a reanudar las negociaciones, eso supondrá un desafío para Netanyahu: si quiere alcanzar un acuerdo, tendrá que cambiar la composición de su gobierno. Tendrá que enfrentarse a los colonos, que proclaman por su parte que las leyes de la Torá están por encima de las del Estado. Hasta hoy ningún líder se ha atrevido a encararse con el núcleo duro de los colonos de Cisjordania, y es dudoso que sea Netanyahu quien vaya a intentarlo. Sus intenciones no están claras, pero mientras tanto actúa como si la paz de su coalición fuera la baza de la paz en la región. Esto lo sabe de sobra Abu Mazen. Durante años ha cooperado con Israel sin obtener nada. Sabe que al reanudar las conversaciones recibirá reproches de todas partes, porque es del todo incierto que Israel esté listo para la paz.  Sabe también que las fronteras propuestas para el Estado palestino se basarán en las de 1967, pero que esas fronteras no estarán abiertas y que, encerrado tras el muro de separación, el Estado carecerá de verdadera soberanía.  Esa es la visión de dos estados que tiene Netanyahu. Tras 40 años de ocupación, está extremadamente lejos de los sueños de los palestinos. El futuro presenta muchas preguntas: ¿qué será de Gaza?, ¿qué sucederá en Cisjordania después de que Israel se retire de la mayor parte del territorio? Sobre todo, ¿qué pasará cuando el pueblo palestino descubra que su Estado equivale a una autonomía ampliada, con una dependencia continuada de Israel?

El conflicto que hoy atenaza a nuestra región no es imposible de resolver. Por el contrario, la solución ha estado clara desde hace mucho tiempo, pero el presidente Obama, aparentemente, no tiene intención alguna de aplicarla. Mientras sus corruptos aliados continúen en el poder —Karzai in Afghanistan, Mubarak en Egipto, Ali Abdallah Salah en Yemen, los Abdalá, saudí y jordano—, el Islam radical seguirá fortaleciéndose entre los pobres. Mientras se siga dando pábulo a Israel como potencia regional ocupante de otro pueblo, el Islam extremista seguirá ganándose los corazones de mucha gente, y Obama saldrá perdiendo en la guerra contra el terror. El Islam radical amenaza hoy la región y el mundo, pero fueron los Estados Unidos los que contribuyeron a su crecimiento, los que lo adoptaron, armándolo contra la Unión Soviética, y los que hoy surten a los pueblos de la zona cada vez con más razones para unírsele. No se consigue así la paz ni se derrota de este modo al terrorismo.


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