CEPRID

Evo Morales no está solo ni espera un milagro

Viernes 10 de octubre de 2008 por CEPRID

Juan Carlos Camaño

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El ataque de las fuerzas oligárquicas bolivianas, obedientes del plan estratégico de EE.UU., contra el gobierno de Evo Morales, sufrió hasta aquí un serio descarrilamiento. La unidad en la acción de gobiernos y organizaciones sociales movilizadas, en defensa del proceso político, económico y social, que se vive en Bolivia, condiciona la prepotencia imperialista y desnuda las semejanzas entre la intención de descuartizar a un país, segundo en reservas de hidrocarburos en Sudamérica, detrás de Venezuela, y la masacre que sirvió para trozar en el pasado cercano a Yugoslavia.

El respaldo al gobierno de Evo Morales, que se hizo sentir con una misma voz, en la reunión de la Unión de Naciones Sudamericanas,  UNASUR, excede en mucho una formalidad institucional de carácter continental. Establece límites concretos a EE.UU. y le reitera que la multilateralidad constituye un reto confrontado a la política unipolar, estandarte de la potencia más grande del planeta, envuelta, ahora mismo, en una crisis interna colosal.

Bastaría para demostrar la profundidad de dicha crisis, con sólo tomar nota de la fenomenal debacle financiera  que sacude a EE.UU y a quienes, en mayor o menor medida, están atados a su carro. Bastaría eso y, si se quiere, no soslayar  los casi sesenta millones de pobres de ese país, el crecimiento de la tasa de desocupación, la enfermedad endémica de su sistema de seguridad social, la implosión del paquete inmobiliario, el empantanamiento político militar en Irak y Afganistán y la suave y dulce tenaza china cercándoles el cuello. Eso, y más, explica que no hay casualidades, por ejemplo, entre los ochocientos mil millones de dólares inyectados recientemente al sistema financiero por el Estado de la mayor fuerza bélica del mundo y lo gastado por ésta, en el despliegue guerrerista en Irak y Afganistán, según lo revelara la prestigiosa periodista cubana Juana Carrasco, redactora del diario Juventud Rebelde.

Del expansionismo guerrerista, no citaremos aquí lo que nos llevaría un libro referirnos a los gastos aplicados con fines destructivos en Medio Oriente, Asia, Africa y muy calladamente en Latinoamérica y el Caribe, antes y después de los atentados terroristas que pulverizaron, literalmente, las torres gemelas, dando pie a la llamada "guerra preventiva"  contra los países del "Eje del Mal".

El gobierno de Evo Morales, indisciplinado a EE.UU., está en la lista negra, de la mano blanca que mece la cuna. Rompió la relación de dependencia que existía con el Comando Sur, clave de determinaciones militares para toda América Latina. Planchó el programa injerencista desplegado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, USAID. Y demostró que de cada 10 dólares que se decía iban destinados por la USAID a la cooperación, no se usaban ni 3 dólares. En el libro "Evo Espuma de Plata", de los periodistas cubanos Luis Báez y Pedro de la Hoz, se expone la descarada penetración de EE.UU., en territorio boliviano a través de planes de corte sanitario, cultural y de ocupación de parques nacionales. Sale a la luz, con detalles, el copamiento gradual y sostenido hecho en las últimas dos décadas por "operadores" de la Embajada de EE.UU. en las Fuerzas Armadas de Bolivia, estableciéndose el "ordeno y mando" bajo la presión sutil y no tan sutil, de partidas de dinero  definidas para "luchar contra el narcotráfico".

Evo cortó de un planazo la orgía expoliadora de los recursos energéticos, avanza en la alfabetización de todo el pueblo y trazó una raya ante el desenfreno de los separatistas, patrones de las riquezas de gran parte del suelo boliviano. Y queriéndolo, o no, puso a prueba cuánto había de cierto de la propagandizada unidad sudamericana. Hasta aquí, con el coraje y la dignidad de muchos gobiernos del área, quedó demostrado que Evo no está solo, ni espera un milagro. Sencillamente construye poder junto a su pueblo, a la par que afianza relaciones internacionales, como quedó demostrado en la pasada 63 Asamblea General de las Naciones Unidas, donde reafirmó que su país y su pueblo continuarán profundizando el modelo de democracia que tanto le duele a EE.UU.

Juan Carlos Camaño es Presidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas, FELAP.


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