CEPRID

El laboratorio de Yemen: ¿Por qué Occidente guarda silencio sobre esta salvaje guerra?

Martes 27 de octubre de 2015 por CEPRID

Martha Mundy

Counterpunch

Traducido para el CEPRID (www.nodo50.org/ceprid) por María Valdés

¿Qué está pasando en Yemen y por qué las violaciones sistemáticas de las Convenciones de Ginebra, mucho más numerosas que en cualquiera de las últimas guerras que los poderes occidentales han desatado en el mundo árabe (Irak, Siria, Libia y Gaza) prosiguen rodeadas del más profundo silencio?

Desde hace 6 meses existe un bloqueo de alimentos, combustible y la distribución de ayuda humanitaria (incluso la proveniente de la ONU) como parte de la estrategia de guerra. También se bombardean objetivos civiles, históricos, educativos, religiosos y médicos; se destruye la infraestructura como carreteras y centrales eléctricas o de agua, así como se emplean armas prohibidas.

Todo eso ocurre en un país de más de 20 millones de habitantes, que no tiene una efectiva defensa aérea (es decir, tan vulnerable como Gaza). Sin embargo, como ha señalado un funcionario del ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, los principios del derecho internacional humanitario sistemáticamente violados por la agresión contra Yemen son exactamente los mismos que invocan los órganos de la ONU, los gobiernos, los medios de prensa occidentales y las organizaciones no gubernamentales cuando denuncian los crímenes de guerra que Israel en Gaza.

En otras palabras, por su silencio y apoyo a la coalición que está bombardeando Yemen, la comunidad internacional avala la desaparición de todo marco legal en materia de guerra. Un precio muy alto a pagar por la victoria en un conflicto aparentemente tan secundario que recibe prácticamente ninguna cobertura de prensa.

¿Cómo nos explican este conflicto? Los portavoces de los gobiernos occidentales afirman que una milicia (Ansar Allah) tomó el control de la capital, obligando el gobierno a exilarse. Así que, como defensores de la «legitimidad», los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU (con excepción de Rusia) han creído vital la rehabilitación del gobierno anterior, a pesar de que la mayor parte de los miembros del ejército nacional yemení se han unido a Ansar Allah, que por demás goza de un importante respaldo popular tanto en Sanaa como en el norte de Yemen. Eso es evicente. Lo que raramente nos dicen es que, hace un año, Ansar Allah y otros partidos yemenitas firmaron, bajo la égida de la ONU, un acuerdo político de «Paz y Asociación Nacional» y que finalmente el representante de la ONU fue despedido para sustituirlo por otra persona, se interrumpieron las negociaciones políticas con Ansar Allah y se creó una coalición militar para restablecer la «legitimidad» en Yemen.

Dado que la coalición está destruyendo no sólo el país propiamente dicho sino también el derecho internacional, es evidente que la continuación de las negociaciones políticas habría sido un precio menos alto. ¿Por qué no?

¿Será que hay palabras que nadie se atreve a pronunciar? Ejemplo de ello son los lemas de Ansar Allah, que piden la muerte para EEUU e Israel. Desde el inicio de los bombardeos, esos lemas contra EEUU e Israel resuenan en las calles de la capital de un país árabe de la periferia, pequeño y pobre, acompañados de insultos contra el monarca saudita, lo cual resulta claramente inaceptable para los mencionados poderes (esos insultos resultan además especialmente gratuitos y ofensivos en la medida en que los judíos han sido durante años un componente de la sociedad yemenita, aunque actualmente quedan muy pocos en el país). ¿Será que los nombres de Estados Unidos e Israel son tan sagrados que nadie debe condenarlos?

Lemas a un lado, el hecho es que Ansar Allah es un movimiento político-religioso que, a diferencia del Emirato Islámico y de al-Qaeda, trabaja con partidos políticos laicos, como el Partido socialista de Yemen, y a menudo participa en negociaciones políticas, como la que lo condujo recientemente a aceptar las principales cláusulas de la resolución 2216 del Consejo de Seguridad de la ONU, posteriormente utilizada por la propia coalición agresora para justificar sus ataques supuestamente destinados a restaurar la «legitimidad».

Entonces, ¿qué otros objetivos hay para que la coalición siga bombardeando Yemen desde hace 6 meses mientras que la comunidad internacional observa el más profundo silencio? ¿Es sólo dinero? Es evidente que Arabia Saudita –con más aviones británicos que las fuerzas armadas británicas– y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) son capaces de comprar muchos medios de prensa, armas y personas. Pero el respaldo de EEUU, de Francia y del Reino Unido va más allá de lo que puede comprarse con dinero. Entonces, ¿qué está en juego?

Veamos una posible respuesta:

Los franceses, que están facilitando el bloqueo naval, todavía tienen una base en Yibuti. Eso les permite seguir siendo actores de la red global de instalaciones militares (Diego García y otras 1.400 bases de ultramar). Hoy en día, la principal función de Yibuti está probablemente vinculada no con la superficie marina sino con lo que hay bajo las aguas: la vigilancia de los cables marinos de comunicaciones que conectan China, Asia y Occidente. Quien visite Yibuti se cruzará allí principalmente con hombres-rana franceses que se encargan de la comprobación de esos cables. Ese trabajo se refuerza con una coordinación con los submarinos israelíes que patrullan en el Mar Rojo.

La coalición que hoy agrede Yemen supuestamente constituye la primera acción de la «Fuerza de Despliegue Rápido» del Consejo de Cooperación del Golfo, cuya creación es resultado de los discretos consejos de los militares israelíes y estadounidenses. Este nivel de coordinación en el ataque contra un país árabe constituye una novedad. ¿Cómo se montó? La rabia provocada por la muerte en Marib de los soldados invasores del Consejo de Cooperación del Golfo sugiere que la agresión contra Yemen se planeó como un programa de entrenamiento para la guerra concebido según el modelo de las agresiones recientemente perpetradas por Israel, o sea una guerra que debe alcanzar sus objetivos por medio de bombardeos aéreos, pero sin la indignación internacional que provocan los crímenes de guerra de Israel.

¿Yemen está siendo utilizado como laboratorio para nuevas guerras? Puede parecer extraño ya que, comparado con Gaza, Yemen es mucho más grande, hay menos datos de inteligencia sobre su población y se trata de un país que dispone de un ejército terrestre. Pero si se recuerda que Yemen ya sirvió de laboratorio para el uso de los drones estadounidenses, y los asesinatos selectivos de personas con ciudadanía estadounidense, no parece imposible que la operación contra Yemen haya sido planeada de esa manera.

De hecho hay algo que salta a la vista en la manera como se vendió esta guerra a los líderes del Consejo de Cooperación del Golfo (sólo Omán se ha negado a participar). Para los Emiratos Árabes Unidos, se trataba de las promesas de la «Ciudad Luz» (Al-Noor City, también hay una con este nombre en Yibuti y la idea es unirlas las dos) en Yemen que podría incentivar el comercio en el Océano Índico y abrirse al este de África, aunque manteniéndose bajo la administración de Dubai. Las promesas fueron mucho más importantes para los sauditas: el control unificado de la «cuarta parte vacía» (Rub’al-Kahli) y sus legendarios e inexplotados yacimientos de petróleo y gas que EEUU mantuvo en el subsuelo… mientras el gobierno fue yemenita. La práctica habitual de la hacer y deshacer sociedades y gobiernos a través de los bombardeos de precisión contra una población que depende de la importación de alimentos; una victoria tan contundente que la península arábiga quedaría totalmente bajo control saudita y la paz con Israel pronto se celebraría públicamente.

A principios de junio, en una reunión del Consejo de Relaciones Exteriores (de EEUU), el general saudita retirado Anwar Eshki expuso este programa. También participaba en el evento el embajador israelí Dore Gold. Lo que dijo Eshki no es nada nuevo en Arabia Saudita. Pero raramente se dice en público y, cuando se menciona, es parte de las cosas que nunca se repiten en Occidente. Veamos el plan de Eshki: «En la Península Arábiga, hay un yacimiento petrolífero prometedor en la “cuarta parte vacía” (Rub’al-Khali) que obligará los países del Consejo de Cooperación del Golfo y Yemen a cooperar para protegerlo y proteger su rendimiento. Esa unión seguirá –o más bien debe seguir– el modelo de la Constitución de Estados Unidos, que unió América y le confirió su democracia. En cuanto al prometedor yacimiento [petrolífero] de Ogadén, en Etiopía, este permitirá unificar el Cuerno de África bajo la dirección de Etiopía. También debe construirse un puente entre el continente africano y la Península Arábiga: el puente Al-Noor que conectará la ciudad de Al-Noor, en Yibuti, con la ciudad de Al-Noor, en Yemen.»

Todo esto exige una serie de cosas:

- instaurar la paz entre los árabes e Israel;
- cambiar el sistema político de Irán. – unidad en el seno del Consejo de Cooperación del Golfo; – restablecer la paz en Yemen y revitalizar el puerto de Adén, lo cual permitiría reequilibrar la demografía y el empleo en el Golfo; – formar una fuerza árabe, con la bendición de EEUU y Europa, para proteger los países del Golfo, así como los países árabes, y salvaguardar la estabilidad; – el rápido establecimiento de las bases de la democracia en el mundo árabe bajo principios islámicos;
- trabajar en la creación de un gran Kurdistán por vías pacíficas ya que ello permitirá debilitar las ambiciones iraníes, turcas e iraquíes, puesto que sería dividir una tercera parte de cada uno de estos países en favor del Kurdistán..

¿Por qué Occidente es tan silencioso en Yemen? Estos siete puntos quizás proporcionan elementos de respuesta.

Martha Mundy es antropóloga, que trabajabajó en Yemen del Norte de 1973 a 1977. Su libro, Gobierno Nacional: Parentesco, Comunidad y política en Yemen del Norte (1995), es un clásico contemporáneo. Ahora está trabajando en la economía política de los alimentos en Yemen.


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