José Fernando Mota Muñoz

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José Fernando Mota Muñoz – octubre de 2018


La huelga de los 21 días de 1977: conflictividad en la construcción de Barcelona durante la Transición

por José Fernando Mota Muñoz

Publicado en Historia, trabajo y sociedad, nº 1 (2010)


En memoria de Ángel Rozas, sindicalista y comunista

Un sector con dificultades para la organización obrera [1]

Para entender la dureza de las huelgas y protestas que protagonizaran los trabajadores de la construcción de la provincia de Barcelona en los inicios de la transición española empezaremos por situar las particularidades económicas y laborales del propio sector.

Las características laborales básicas de las empresas de la construcción en estos años son: eventualidad -hasta 1973 cualquier trabajador podía ser despedido legalmente sin indemnización durante los primeros 120 días de trabajo-, sueldos bajos -en 1971 eran un 22.8% más bajos que la media de los industriales-, trabajo a destajo -muchas veces para un prestamista que se quedaban una parte del sueldo de los trabajadores a cambio de haberles facilitado el trabajo-, largas jornadas laborales -debido a la extensión de las horas extraordinarias y de la producción por destajo [2]-, traslado a capricho de la empresa de unas obras a otras, irregularidades en el pago de los salarios y alta siniestralidad -un 150% superior a la de otros sectores industriales. Resumiendo, las condiciones laborales que encuentran los trabajadores de la construcción son: dureza del trabajo, eventualidad permanente, supeditaciones climatológicas, mínimo de seguridades contra accidentes, trata de esclavos con los prestamistas, inseguridad social [3]. Estamos hablando de un sector económico que se nutre, básicamente, de mano de obra procedente del mundo rural, y que se convierte en la solución provisional del paro de los demás sectores [4]. Una mano de obra rural que tiene como prioridad acumular dinero para poder vivir dignamente, lo que le obligaba a aceptar condiciones de trabajo infrahumanas para superar la posición tan precaria que venían padeciendo [5], y que, por tanto, durante la década de los sesenta plantearán una conflictividad escasa y puntual.

Estas condiciones económicas y laborales de la construcción explican el desarrollo tardío de las CCOO en el sector en comparación con otros sectores productivos. Como dice uno de los líderes sindicales del sector hay que entender que el ramo de la construcción de Barcelona no es una fábrica, con sus naves y sus trabajadores concentrados... es un monstruo con miles y miles de centros de trabajo [6]. No hay por tanto fábricas de vanguardia que marquen el camino reivindicativo, como en el ramo del agua o el metal, ni centros de trabajo donde se encuentre concentrada la mano de obra, sino muchos tajos dispersos con una rotación constante de trabajadores, que imposibilitaba estabilizar unas comisiones de trabajadores. Además esta movilidad hacía que las mejoras conseguidas mediante la lucha en una obra no sirvieran para la próxima, ni siquiera en el caso de que fuera la misma empresa, debiendo volver a empezar las reivindicaciones prácticamente desde cero.

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Ángel Rozas (Arxiu Històric de CCOO de Catalunya)

No será hasta finales de los años sesenta que empiece a funcionar una primera ’comisión obrera’ de la construcción. Este núcleo tenía como referente a Ángel Rozas, que había sido responsable de la construcción del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC) de Barcelona entre 1954 y 1958, fecha en que fue detenido y encarcelado. Tras su salida de la cárcel en 1962 volverá a representar a la construcción en el Partido y desde 1964 en la recién creada Comisión Obrera de Barcelona, hasta su pase a la clandestinidad y posterior exilio en Francia el 1969. A partir de 1968 se hace cargo de la dirección de las CCOO de la construcción Luis Romero Huertes [7], que había llegado a Barcelona en 1964, junto con su hermano Manuel, huyendo de la represión contra el Partido Comunista de España (PCE) en la provincia de Córdoba. Poco a poco se irá estructurando a su alrededor una comisión obrera del ramo, impulsada por otra docena de comunistas, la mayoría de ellos, como los Romero, inmigrantes que llegan a Barcelona ’ya organizados’, es decir, que habían militado en el PCE en sus pueblos de origen. Estos militantes entrarán en contacto con su referente en Cataluña, el PSUC, que será quien los ’orientará’ en su trabajo de proselitismo y los incitará a crear las CCOO en el sector. Muchos de estos militantes actuarán de forma abierta, siguiendo así las indicaciones de la organización que hablaba de la necesidad de que los hombres que están en cabeza de la acción impulsen abiertamente la lucha, que los trabajadores les reconozcan como a sus auténticos dirigentes (...) que aparezcan al frente de sus compañeros, que estos les conozcan [8]. Esta actitud les servirá para ganarse la confianza de sus compañeros, pero también supondrá ser despedidos reiteradamente, lo que les hará pasar por muchas obras –hasta que funcionen las listas negras- y, por tanto, ser reconocidos por muchos trabajadores. Esto será muy importante cuando en las asambleas empiecen a crearse los líderes sindicales del sector.

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Luis Romero. Octubre de 1978 (Arxiu Històric de CCOO de Catalunya)

Estos activistas políticos y sindicales tratarán de poner de manifiesto a los compañeros de obra sus precarias condiciones laborales y difundirán entre ellos las consignas del PSUC. Partiendo de reivindicaciones laborales muy concretas tratarán de concienciarlos sindical y políticamente. La lucha se iniciaba por conseguir una vestimenta, un mono (...) o una taquilla, o un grifo que no había agua para lavarse, reivindicaciones pequeñas pero que se convierte en lucha de clase, de clase. Y eso era la decisión de los comunistas, organizar los trabajadores y al mismo tiempo ayudar que se organizara en comisiones, que eso era el futuro sindicato [9]. Estos comunistas se enfrentaban a una Central Nacional-Sindicalista (CNS) dominada, en sus secciones sociales, por antiguos cenetistas, tal como ocurría en otros sectores como el textil o el metal. El líder de la Sección Social barcelonesa del Sindicato Nacional de Construcción, Vidrio y Cerámica será, hasta 1973, Pedro Moya Clua, del que la propia policía franquista decía:tiene habilidad, audacia y dotes para hacerse oír por los obreros a los que sabe dirigirse con su estilo de antiguo sindicalista en forma que estos comprenden y obedecen en ocasiones, por lo que en determinados momentos la intervención del señor Moya resulta beneficiosa para el interés general (...) su labor en favor de la colectividad sindical, en lo que a los productores se refiere se califica de nula.En los mismos informes se acusaba a Moya de contactos con algunos prestamistas y con el abogado de la patronal en asuntos poco claros, y concluía tiene una parcialidad interesada en todo aquello que intervenga (...) en resumen, está totalmente desprestigiado en todos los aspectos [10]. A pesar de estos informes desfavorables el régimen lo promocionará, valorando más su papel de control sindical de los trabajadores, que sus corruptelas. Así, además de otros muchos cargos, será procurador por el tercio sindical en las Cortes franquistas desde 1949 hasta la disolución de las mismas en 1977. En 1973 será sustituido en la presidencia de la Unió de Trabajadores y Téncicos (UTT) por Juan Tijeras Larios [11], también procedente de los medios cenetistas, pero con una actitud más posibilista.

Estos serán los dos únicos actores en el campo sindical de la construcción desde finales de los años sesenta hasta la primera mitad de los setenta: las CCOO, dirigidas por comunistas, y el Vertical, copado por antiguos cenetistas. Como ocurre también en el sector del ramo de la agua [12], en la construcción las CCOO serán organizadas por comunistas del PSUC, no habrá la presencia de otros grupos políticos o sociales, como sí pasó en el metal o la banca.

El inicio de la protesta en el sector de la construcción barcelonesa

No será hasta principios de la década de los setenta que el panorama empiece a cambiar a partir de una nueva orientación en la lucha laboral y política por parte de los militantes de CCOO de la construcción. El objetivo a partir de ahora, como defendía el PSUC, será tener presencia en las grandes empresas y, sobre todo las grandes obras, donde se reúnen cientos de peones, albañiles, encofradores, ferrallistas, yeseros, etc. El trabajo en estas grandes obras extendía CCOO y convertía a los líderes sindicales en representantes de una amplia asamblea de trabajadores con fuerza para plantear demandas laborales y convocar acciones reivindicativas. Será en estas grandes obras de infraestructuras, polígonos industriales o bloques de pisos, con grandes concentraciones de trabajadores, donde pronto se organizarán protestas, paros y asambleas que articularán las demandas laborales en plataformas reivindicativas, en las que se irán introduciendo reclamaciones más políticas, convirtiéndose en plataformas más de concienciación y agitación que negociables [13]. El accidente o la muerte de un compañero será, muchas veces, la chispa que dé inicio al conflicto. Tras este cambio de orientación la conflictividad en el sector aumentará. Destacaran los conflictos en el Vallés Occidental -construcción de la Universitat Autònoma de Barcelona y Badía-, en las obras de la residencia sanitaria de Bellvitge, la Térmica de Sant Adrià del Besòs o de la nueva factoría de SEAT en Martorell. También las movilizaciones de trabajadores de otras provincias españolas espoleará el movimiento, en este caso a partir de la extensión de la solidaridad.

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Encofradores. Foto: Lluís Salom (Arxiu Històric de CCOO de Catalunya)

A partir de 1973, con el crecimiento de la protesta y de CCOO en el sector, la lucha comenzará a articularse en torno al convenio colectivo provincial -que afectaba a más de 100.000 trabajadores de la provincia-, como ya se venía haciendo desde hacía tiempo en el ramo del agua, el metal, la banca o el textil. La dirección de CCOO, ya desde sus inicios, defendía el aprovechamiento del período de deliberación del convenio para convocar asambleas de trabajadores donde discutir una plataforma reivindicativa. Como se decía en 1969 allí donde el resultado del convenio no se ha esperado de la habilidad o diplomacia de la comisión deliberadora (...) el convenio se ha convertido en una plataforma de acción ha significado en realidad la ocasión para que los trabajadores plantearan, defendieran y lucharan por su plataforma reivindicativa [14].

También empieza a darse importancia, por parte de los militantes de Comisiones de la construcción, a la penetración en las estructuras sindicales del régimen. Hasta entonces, por las dificultades propias del sector -eventualidad, listas negras, movilidad laboral- no se había podido poner en práctica el entrismo, la táctica que propugnaba el PCE y PSUC desde hacía tiempo de presentarse a las elecciones sindicales para acceder a las estructuras de la CNS. Se trata tanto de poder asistir a las asambleas de enlaces convocadas por el Vertical, para usarlas de altavoz de sus propuestas, como de tener presencia en el proceso de negociación del convenio. En la construcción de Barcelona este proceso de entrismo en el Sindicato Vertical, a diferencia de Granada o Sevilla, no se hará con fuerza hasta las últimas elecciones sindicales del franquismo, las de mayo de 1975, en las que miembros de CCOO accederán a la presidencia de algunas UTT locales.

La extensión de CCOO va acompañada del crecimiento de un movimiento asambleario, impulsado por la propia organización, en el que los trabajadores participantes escogen en sus tajos delegados de obra que los representarán en las asambleas de ramo, encargadas de elaborar y difundir el anteproyecto de convenio y de elegir una comisión negociadora, que se convertirá en la dirección del movimiento. Esta comisión estará formada básicamente por los miembros de CCOO más conocidos del sector e intentará disputar a la comisión deliberadora oficial, nombrada por el Vertical, la legitimidad para convertirse en la representación de los trabajadores del sector en las negociaciones del convenio. El único método para tratar de imponer estas comisiones elegidas en asamblea o, al menos, para presionar durante el proceso de negociación eran las movilizaciones y la huelga. Como se afirmaba desde CCOO:Se trata en estos momentos de desarrollar el apoyo y la solidaridad con los trabajadores en lucha, coordinando y extendiendo las luchas en base a los puntos del anteproyecto del convenio, dándole una mayor difusión en las obras y asambleas en el sindicato (...) imponiendo elecciones sindicales en las obras (...) exigiendo que las UTT lo apoyen (...). Promoviendo, en definitiva, la participación más amplia y abierta de los trabajadores, lo que permitirá a la vez la creación de formas e instrumentos de relación y coordinación entre los trabajadores, lo que hará posible la extensión de las luchas, hacia una próxima acción de todo el ramo [15]También son lo años en que se empiezan a notar los efectos de la crisis económica de 1973 en la construcción. En 1975 la crisis es ya una realidad asentada, y una de sus consecuencias son los más de 100.000 parados en la construcción en toda España, que pronto llegarán a ser 178.000. En Cataluña en 1977 ya se contaban más de 20.000 parados, llegando a los 50.000 en 1979. Las características del sector -bajo nivel de mecanización, baja productividad, minifundismo empresarial- lo hacen más vulnerable a esta crisis.

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Trabajadores despedidos de Pons y Serra. Enero 1978 (Arxiu Històric de CCOO de Catalunya)

El problema del paro tuvo un gran impacto entre los trabajadores del sector, acostumbrados a encontrar trabajo fácilmente hasta entonces. Además, como denunciaban entonces las CCOO a miles de trabajadores se les niega el seguro de paro porque al haber estado trabajando en prestamistas, empresas fantasmas, como consecuencia de la eventualidad y por haber estado otras épocas anteriores también en paro forzoso, no pueden justificar los requisitos legales que se les exigen [16]. Esta situación dará origen a un movimiento de parados, en el que los trabajadores de la construcción tendrán un papel central, organizándose en Comisiones Gestoras de Parados por ramos y localidades. En estos organismos se unen trabajadores despedidos por sus actividades reivindicativas, muchos de ellos presentes en las listas negras de la patronal, con trabajadores sin empleo por cuestiones económicas.

Los convenios de 1975 y 1976: la conflictividad se extiende a todo el ramo

En julio de 1975 se convocarán los primeros paros en el sector que afectarán al conjunto del ramo y que servirán para que las negociaciones del convenio de aquel año fracasen y el Ministerio de Trabajo acabe dictando una Norma de Obligado Cumplimiento -que afectaba a 126.406 trabajadores de 13.534 empresas de la provincia- y que recogerá parte de las demandas obreras que se habían plasmado en una plataforma de 19 puntos. A partir de 1976 los trabajadores de la construcción radicalizaran sus protestas, serán protagonistas de huelgas largas, duras y masivas.

El año 1976 comenzará con huelgas en la construcción en Madrid, Valencia, Badajoz, Sevilla, Córdoba y otras provincias. Las reivindicaciones en torno a los convenios que se tenían que negociar a principios de año son comunes a todas las provincias: negativa a aceptar el tope de 17% de subida de los salarios marcado por el gobierno y demanda de una auténtica representatividad de las comisiones escogidas para negociar con la patronal. Barcelona no será una excepción y ya en enero se hace público un manifiesto, que recoge estas reivindicaciones, firmado por 22 militantes de CCOO con nombre, apellidos y cargo [17]. La mayoría de ellos acabarán formando parte de una comisión de 23 trabajadores, que es elegida en asambleas del sector, para que formen parte de la comisión deliberadora del convenio. Será la Comisión de los Veintitrés, formada por miembros de CCOO, casi todos también del PSUC, la que, al no ser aceptada por el Vertical, convoque una huelga en el sector el 17 de febrero, que se irá extendiendo a toda la provincia en los dos días siguientes. La huelga se convoca, de nuevo, con un manifiesto firmado abiertamente con nombres, apellidos y cargo. Se hizo así porque se pensaba que un llamamiento como CCOO tendría menos respuesta, ya que muchos trabajadores todavía tenían miedo a participar en acciones convocadas por organizaciones ilegales. También se quiere aprovechar el tirón de muchos de los firmantes, que son militantes con gran poder de convocatoria, muy conocidos en el ramo. Durante este conflicto se ponen en marcha unas pautas para desarrollar la protesta que se repetirán en 1977. Primero la elección de delegados de obra en aquellos tajos que no tenían delegado o el que había no cumplía su función representativa. Después asamblea en la obra y marcha hacia el centro de la ciudad recorriendo las obras como piquete e incitando a los trabajadores a sumarse al paro. El piquete iba creciendo a medida que pasaba por las obras y podía llegar a reunir un gran número de trabajadores. La marcha finalizaba ante el local de la CNS de cada localidad al mediodía para hacer asambleas, aunque en la mayoría de los locales las jerarquías del Vertical les impiden el acceso, lo que obliga a hacer estas reuniones en locales eclesiásticos o en la misma calle. Este tipo de marchas ya se había utilizado en los conflictos de la construcción de Terrassa de 1959 [18]. Estos recorridos, con ocupación del espacio público, hacían las protestas de la construcción visibles ante la ciudadanía y ayudaron a popularizar las demandas del movimiento obrero en su conjunto [19]. También aparecen las asambleas de zona, que reúnen a los trabajadores de diferentes constructoras y subcontratas que trabajan en el mismo polígono o gran obra, que se encargan de organizar las marchas desde su demarcación hacia el centro. Por la tarde la situación del conflicto se discutía en una asamblea general abierta, en la que podía participar cualquier trabajador, incluso de otros ramos o estudiantes. Pronto aparecen las divergencias sobre si la asamblea general debía ser la única decisoria en las negociaciones y sobre la continuidad de la huelga o si la dirección de la acción debía ser únicamente la asamblea, pero que era precisa la Comisión de los 23 para realizar toda una serie de gestiones que no podía hacer la asamblea en bloque [20], una postura defendida por la dirección de las CCOO. Son unas divisiones que se vivirán con más crudeza en la huelga de 1977. La elección de delegados de obra y la organización de asambleas de zona posibilitaron la extensión y la duración del conflicto. La huelga de 1976 se prolongará hasta el día 27, con enfrentamientos en la calle entre huelguistas y policías. Finalmente se firmará un convenio por dos años que desde la Comisión de los Veintitrés, que no ha participado en la negociación, se considera que recoge en parte lo reclamado en la plataforma reivindicativa, por lo que desconvocan la protesta. A pesar del llamamiento habrá problemas para poner fin a la huelga.

Desde CCOO se hizo una valoración positiva de esta huelga de catorce días, tanto por las mejoras salariales y laborales conseguidas, como por la unidad demostrada en el ramo y, lo que es más importante, porque rompió el principio patronal de negarse a negociar si no había normalidad laboral. Como decía uno de los miembros de la Comisión de los Veintitrés fue la primera concentración, la primera experiencia, ¡Negociación con movilización!. Una movilización con concentraciones de masas, no con concentraciones y manifestaciones de vanguardia, sino una concentración de trabajadores de la construcción [21].

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Cartel de la huelga estatal de 1976 (Arxiu Històric de CCOO de Catalunya)

En marzo de ese mismo año se reunirán en Barcelona representantes de CCOO de la construcción procedentes de 17 provincias de toda España que constituirán la Coordinadora Nacional de la Construcción de CCOO, que será quien convoque la primera huelga estatal en demanda de mejoras laborales y de la homologación por el Ministerio de Trabajo de los diferentes convenios provinciales firmados hasta entonces, a los que ponían problemas desde la administración por recoger subidas de sueldo superiores a las previstas en el decreto de congelación salarial de aquel año. La protesta, siguiendo el ejemplo de lo que se había hecho en Barcelona, se convoca con los nombres, la fotografía y el cargo dentro del Vertical de 81 dirigentes de la construcción de todo el país.

La huelga comenzará el 28 de abril, con una repercusión desigual según las provincias y con diferentes tipos de implicaciones, desde manifestaciones a huelgas parciales. En total, según la prensa escrita de la época, se movilizan medio millón de trabajadores del sector en toda España. La huelga tiene sus efectos en Barcelona y consigue que la cláusula de revisión que, según se ha firmado en el convenio, se había de aplicar en octubre de 1976 y los meses de abril y octubre de 1977, y que el Ministerio se negaba a homologar, se mantenga como un acuerdo privado entre las partes. En otras provincias la movilización continuará. Así estallan huelgas en Las Palmas, Cádiz, Pontevedra, Navarra, Mallorca, Zaragoza, León -donde la huelga se extiende durante tres meses- o en Vizcaya.

La huelga de los 21 días

Estos éxitos crean expectativas entre los dirigentes sindicales y los propios trabajadores de cara a 1977. Así, el 5 de febrero se realiza una asamblea para discutir sobre la segunda revisión del convenio, que como hemos visto tenía que hacerse en abril, y que preveía un incremento de los sueldos del 11.88%, resultado de la aplicación del aumento del índice del coste de la vida más dos puntos, como se recogía en el convenio. Además la patronal había pedido una revisión de las tablas de rendimiento y ponía dificultades a la paga lineal de 4.000 pesetas que se había pactado como acuerdo privado entre las partes [22]. Esta vez, desde CCOO , no se quiere dejar pasar la oportunidad para realizar movilizaciones, como había pasado con la primera revisión del convenio en octubre, donde los sueldos sólo se subieron un 2.11% -que era lo que marcaba la revisión-, lo que según CCOO no se correspondía con el verdadero índice de coste de la vida. En la asamblea se aprueba una primera plataforma de once puntos, con las reclamaciones clásicas del sector: sueldo mínimo de 6.500 pesetas, medidas para mitigar el paro, 40 horas de jornada laboral semanal, fijo en plantilla a los 15 días, IRTP a cargo de las empresas, 100% del sueldo en caso de enfermedad, libertad sindical y amnistía laboral. Detrás del conflicto se escondía el objetivo de intentar romper los convenios por dos años, lo que nos deja atados de pies y manos a la patronal y para impedir la imposición de tablas de rendimiento [23]. En la práctica, pues, no se está pidiendo mejorar la revisión prevista en el convenio de 1976, sino negociar un nuevo convenio. Como reconocía, a posteriori, por CCOO entre los trabajadores se crea la conciencia, casi casi, de que vamos a negociar un nuevo convenio, cuando en realidad no nos habíamos preparado para ello [24].

El día 4 de marzo se hace una nueva asamblea de quinientos trabajadores que decide confiar el poder de la negociación en una comisión de doscientos delegados elegidos en las obras y tajos y presionar para que esta comisión sea aceptada como la representativa del sector por parte de la patronal. Para ello convoca una concentración ante la CNS para el día 15. Mientras tanto, el día 8, se presenta oficialmente la Federación de Entidades Empresariales de la Construcción de Barcelona, que dice agrupar a 14.000 empresas pequeñas y medianas. Esta patronal se había empezado a organizar al margen del Sindicato Vertical a partir de agosto de 1976 y en enero había convocado a CCOO a una reunión para conocer sus posicionamientos [25]. En el acto el presidente de la nueva patronal, recordemos que ya funcionaba la Asociación de Empresas Constructoras de Ámbito Nacional de España (SEOPAN) que agrupaba a las grandes constructoras, deja claro que:no vamos a cambiar el convenio de la construcción (...) esperar o pretender otra cosa es irreal y poco serio. Tanto es así que no creo que ninguna organización sindical se lo proponga, formal y laboralmente hablando. De modo que me extrañan las últimas noticias aparecida en la prensa sobre los propósitos de una huelga [26].

El día 15 de marzo, respondiendo a la llamada hecha en la asamblea del día 4, se concentran ante la CNS un millar de trabajadores. Las jerarquías del Vertical les impiden el acceso al local y los trabajadores trasladan la asamblea a la iglesia del Pi, en el centro de la ciudad de Barcelona, continuada después en los locales, aun clandestinos, de CCOO. En la asamblea se discute la convocatoria de una huelga en caso de que la patronal, como ha declarado, se niegue a sentarse con la comisión elegida para negociar la revisión. En la reunión se impone el criterio del grupo mayoritario de CCOO de iniciar la huelga el día 29, para tener tiempo para prepararla, en lugar del día 23 como se proponía desde otros sectores [27]. El 17 de marzo se reúne la comisión de doscientos delegados elegida el día 4 que nombra, de entre ellos, una comisión más reducida, de 24 miembros -13 de Barcelona ciudad y 11 de comarcas-, para que se encargue de llevar el día a día de las negociaciones. En la comisión hay diecinueve miembros de CCOO, dos de la CSUT [28] y uno del SU. También destaca su pluralidad política, con mayoría de miembros del PSUC, pero con presencia de militantes de otros partidos comunistas. Se seguían así las indicaciones de la coordinadora estatal de CCOO de la construcción que, en un documento de septiembre de 1976, en el apartado sobre comisiones negociadoras, recomendaba no tener un criterio exclusionista de trabajadores representativos por su participación en la lucha y que a la vez sean militantes de una u otra organización sindical. Antes al contrario, en el caso de que se dé esta representatividad se trata de hacer un esfuerzo por su participación, para su incorporación, su corresponsabilización [29]. Durante esta reunión aparecen las primeras diferencias cuando algunos delegados de obras de Zona Franca y Lesseps, ligados a organizaciones de extrema izquierda, se niegan a estar con delegados que no han sido elegidos en las obras, sino en CCOO y entre los cargos de la CNS provinciales [30]. También se vuelven a reproducir las discrepancias aparecidas en la huelga de 1976 entre los que defienden el poder absoluto de las asambleas generales de delegados y los que dan más importancia al papel de la comisión a la hora de orientar las acciones reivindicativas.

Comisión de los Veinticuatro [31]

NombreRepresentaciónSindicatoPartido
Rafael Parra Chica Copisa. Barcelona CCOO PSUC
Fernando Miranda Gómez Cotos. Poblenou, Verneda y Besòs CCOO PCE(Congresos VIII y IX)
Avelino Agud Ariño Constructora Burdeos CCOO PSUC
Juan Manuel López Dragados y Construcciones CCOO
Fernando Medialdea Cruz Dragados y Construcciones CCOO PSUC
Ignacio González Pérez Teran. Cinturó de Ronda-Sants CCOO OCE (BR)
Luis Romero Huertes Parados CCOO PSUC
Alfonso Nieves Cordero Bergés CCOO LCR
Antonio Sánchez Maldonado Calinova CCOO PCE(Congresos VIII y IX)
Melquiades García Polonio Padrós CSUT PTE
Ramon Estaire Entrecanales y Távora CSUT PTE
Manuel López Álvarez Entrecanales y Távora SU
Manuel Pozo Caballero Mataró CCOO PSUC
Manuel Vivas Arias Mataró CCOO PSUC
Jaume Valls Piulats Hospitalet CCOO PSUC
Raul González Baix Llobregat CCOO PSUC
Sergio Alvarado Castaño Baix Llobregat CCOO PSUC
Juan Gómez Alba Badalona CCOO PSUC
Mario Salas Trejo Badalona CCOO LCR
Manuel García Coca Manresa CCOO PSUC
Andrés Mateo Terrassa CCOO PSUC
Víctor Santos Valenzuela Sabadell CCOO PSUC
Luis Valera Rodríguez La Llave de Oro CCOO PSUC

El objetivo de la Comisión de los Veinticuatro era convertirse en representante de los trabajadores ante la patronal desplazando al Vertical de las negociaciones de la revisión del convenio. Como decían los representantes de la CSUT si logramos que la patronal se siente a negociar la revisión del convenio este 1º de abril con los representantes elegidos por los trabajadores habremos dado un paso importante, para la consecución de nuestras reivindicaciones y para evitar que dicha negociación se siga llevando por el vertical; organismo al servicio de la patronal y que en el momento actual está obstaculizando la conquista de la libertad sindical [32]].

Por su parte, la patronal reiteraba que el convenio en vigor, firmado en abril de 1976, había representado un aumento del 35.8% sobre el año anterior, por lo que no había sido aprobado por la autoridad laboral. No obstante, el pacto sobre revisión semestral en función del costo de la vida se había cumplido [33], por lo tanto se negaba a negociar nada. Así, el 27 de marzo anunciaba que se aplicarían las tablas salariales de la segunda revisión de acuerdo con lo aprobado en el convenio firmado el 1 de abril de 1976. Tampoco la UTT provincial da su apoyo a la huelga, ya que afirma que se debe cumplir con lo pactado y porque considera la movilización ilegal, ya que la ley considera así las huelgas que tengan como objetivo alterar las condiciones de trabajo pactadas en un convenio colectivo durante la vigencia del mismo.

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Salvador Sánchez-Terán (Ministerio de Trabajo e Inmigración)

El día 29 de marzo, tal y como se había anunciado, se inicia la huelga en la provincia de Barcelona, la que será, en palabras de Salvador Sánchez-Terán, gobernador civil, la más importante por su duración y virulencia que tuvo lugar antes de entrar en el período electoral [34]. El primer día un millar de delegados de zona reunidos en asamblea en la iglesia de Sant Miquel del Port de Barcelona cifra la incidencia de la huelga en cerca de la mitad de los trabajadores. El mismo día se producen las primeras 18 detenciones de piquetes, a la que se añadirán cinco más el día siguiente, entre ellas miembros de la dirección de CSUT y de la Comisión de los Veinticuatro. Para pedir su liberación se intenta hacer una manifestación el día 30 que es disuelta violentamente por la policía. El mismo día hay una entrevista de una comisión de los huelguistas con el Delegado Provincial de Sindicatos, Márquez Sánchez, que se compromete a realizar gestiones, pero que advierte, como ya había hecho la UTT, que la huelga es ilegal.

El día 1 de abril la prensa habla de un paro casi absoluto en el sector. Ese mismo día una concentración ante la CNS de 25.000 trabajadores es disuelta de nuevo con violencia por la policía, que además practica muchas detenciones. Por la tarde hay una asamblea en los locales del Vertical en la que, tras una larga discusión, se decide incorporar dos representantes de la Coordinadora de la Asamblea de Técnicos y Administrativos de la Construcción, que había aparecido durante el conflicto para sensibilizar a los trabajadores de ’cuello blanco’ del ramo, a la Comisión de los Veinticuatro, con voz y voto, excepto en las votaciones sobre la continuidad de la huelga. Los representantes fueron dos miembros de CCOO, Romà Torrents Llanos, técnico de Dragados y Construcciones, y Jesús González González, administrativo de la constructora Nuñez y Navarro.

El día 4 la Comisión de los Veinticuatro es convocada por el gobernador civil a una reunión, sin que se llegue a ningún acuerdo. El día 5 se convoca una gran asamblea en el Palacio de Deportes de Barcelona, cedido para la ocasión por el Ayuntamiento de Barcelona. A última hora la reunión es prohibida por el gobernador civil, ya que también considera la huelga ilegal. Los trabajadores congregados en Montjuïc para asistir a la asamblea son dispersados por la Policía Armada, produciéndose incidentes violentos con los huelguistas, que se esparcen por toda la ciudad. Un grupo de unos 3.000 trabajadores consigue reunirse en el claustro de la Catedral, que es rodeado por la policía, y vota proseguir la huelga. También se reúne la Comisión de los Veinticuatro con Juan Tijeras, presidente de la UTT, que les ofrece abrir la comisión deliberadora oficial a las centrales sindicales, pero siempre que una representación de los verticalistas continuara en esta comisión y que los sindicatos le dieran apoyo expreso, una comisión en la que no se hablaría de renegociar, sino sólo de mejorar la revisión. Esta propuesta será desestimada por la asamblea al día siguiente.

El día 6 unos doscientos delegados de zona vuelven a reunirse en la Casa Sindical, donde deciden que además de la subida por encima de lo que marcaba la revisión, se reivindique la anulación de las sanciones y que los empresarios no puedan dar de baja a los huelguistas de la seguridad social, como algunos están haciendo para presionar. La asamblea ratifica que la Comisión de los Veinticuatro es la única legitima para negociar con la patronal. En esta reunión aparecen las primeras discrepancias entre sindicatos y delegados, que se reproducirán en la asamblea general de la tarde.

En estas asambleas participaban delegados de poblaciones del área metropolitana (Badalona, Hospitalet, Santa Coloma), del Vallès Occidental (Terrassa, Sabadell, Rubí, Sant Cugat del Vallès, Cerdanyola), de Mataró-Maresme, La Llagosta, Martorell, Cubelles, Vilafranca y, como en 1976, de las zonas en que se dividió Barcelona según las obras en marcha (Norte, Lesseps, Verneda, Zona Franca, Sagrada Familia, Les Corts, Zona Universitaria, Cinturón de Ronda-Sants, Tres Torres y Poblenou-Besòs). Estos delegados eran elegidos por las asambleas de sus zonas, que muchas veces también tenían su propia comisión, y estaban encargados de hacer de enlace con la asamblea general de Barcelona. Así en la reunión de la tarde se mezclaban delegados de comarcas, localidades y zonas, con la Comisión de los Veinticuatro, representantes de los sindicatos y trabajadores a título personal.

El día 7 empiezan las vacaciones de Semana Santa y el conflicto queda abierto para la vuelta. Desde la CSUT se advierte están esperando que pase semana santa para que durante estos días de fiesta nos desmoralicemos desperdigados como estamos, y el martes [dia 12] se vuelva al trabajo masivamente. ¡¡No debemos consentir esto!! [35]]. La huelga ha entrado en un proceso de radicalización por la postura intransigente de la patronal, que se niega a negociar la modificación de la revisión firmada en 1976 y, menos aún, a abrir un proceso de diálogo de cara a un nuevo convenio. También hay una postura política por parte de las autoridades y los mismos empresarios en no ceder para forzar así una huelga larga que desgaste a las CCOO y a sus líderes. De hecho la huelga le va bien a una parte de las empresas que se encuentran en crisis, que ahorran sueldos y pagos a la seguridad social y pueden despedir a los trabajadores más reivindicativos. Como decía la dirección de la construcción de CCOO: la cerrazón patronal era algo superior al marco estricto de nuestra lucha (...) [era] una estrategia global de los patronos, a nivel de estado, estrategia beneficiada por la serie de medidas económicas del gobierno y una de las cuales ha permitido a los patronos enfrentarse a la huelga sin tener que pagar la Seguridad Social mientras esta transcurre [36].

Hay que tener en cuenta, por otra parte, que la construcción es un sector sin tradición ’sindicalista’, un sector donde hasta 1973 las luchas no se han articulado en torno a la negociación del convenio sino que actuaba y se organizaba obra a obra. No hay experiencias previas de cómo conducir unas negociaciones. Además muchos de los trabajadores tenían poco que perder en el conflicto, ya que eran peones, con contratos eventuales, acostumbrados a la inestabilidad laboral y, por tanto, sin miedo a perder el trabajo.

Desde la dirección del PSUC también se interviene. El Partido está en estos momentos interesado en apaciguar la situación conflictiva que se estaba viviendo para dar una imagen de moderación y de control de las movilizaciones obreras. Hay que tener en cuenta que el PSUC está a punto de ser legalizado -primero lo será el PCE el 9 de abril, el PSUC tendrá que esperar al 2 de mayo- y que se acercan las elecciones generales, que finalmente se celebrarán el 15 de junio. En el PSUC existía la preocupación de que la huelga anava allargant-se cada vegada més, diríem més enconada i sense perspectives d’una sortida clara i per tant calia d’alguna manera acabar la vaga amb la dignitat, la coherència, i la unitat [37] y, por tanto, se plantea la necesidad de reconducir la situación. Primero se convocará a una reunión en la sede del Partido a Luis Romero, secretario general de la construcción en Barcelona y otros dirigentes del sector. Allí Gregorio López Raimundo y Antoni Gutiérrez, secretario general y miembro del Comité Ejecutivo respectivamente, tratarán de convencer a los convocados de la necesidad de parar la huelga por los peligros de su radicalización. No lo conseguirán. La dirección comunista insistirá y convocará una nueva reunión, esta vez de una cincuentena de militantes de la construcción miembros del PSUC y CCOO. Tampoco conseguirá un cambio de postura en la mayoría de ellos.

La vuelta de las vacaciones de Semana Santa no calma el conflicto. Según el gobernador civil los líderes regresaron con más fuerza y la huelga se endurecía cada día más. Sánchez-Terán intenta mediar entre las partes. Primero se reúne con la patronal y el 12 de abril con la Comisión de los Veinticuatro, proponiéndoles una fórmula intermedia que los empresarios aceptaban. Además autorizaba la celebración de una asamblea en la Casa Sindical, en que se aprobaría esta solución y la vuelta al trabajo (...) todos fueron a la asamblea convencidos de que era el final [38]. Pero en esta asamblea los trabajadores votan a mano alzada continuar la huelga. Según Sánchez-Terán esto se debe a que la CSUT hizo un discurso violento que había arrastrado a todos los trabajadores hacia la continuidad del paro [39]. En realidad no era sólo la CSUT la partidaria de continuar las movilizaciones, también, como hemos visto, una buena parte de CCOO estaba por mantener la huelga, así como muchos de los delegados independientes.

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Pegatina de la CSUT (Fundación Sancho el Sabio)

El mismo día 12 de abril, tras el fracaso de la asamblea de la Casa Sindical, la dirección del PSUC convocará nuevamente otro encuentro, celebrado, como todos, con discreción, entre la dirección del partido y los líderes de la huelga que eran a la vez miembros del PSUC. En esta reunión se presiona desde la dirección del Partido y de algunos dirigentes del sindicato, como Josep Maria Rodríguez Rovira o Justiniano Martínez, secretario general de la Federación de la Construcción de Cataluña, para que se ponga fin a la huelga, ya que se cree que ha entrado en un callejón sin salida, que no está controlada por los organismos de dirección de CCOO y que además está siendo aprovechada por grupos a la izquierda del PSUC para desacreditar al Partido y por los nuevos sindicatos, como CSUT, para darse a conocer y hacerse un lugar en el sector desgastando a CCOO. Desde el grupo dirigente del conflicto que forma parte del PSUC hay resistencias, sobre todo por parte de Luis Romero y Francisco Liñán. A partir de entonces la voz de los miembros de CCOO se dividirá en las asambleas, unos, siguiendo lo que orientaba la dirección del PSUC, llamarán al retorno al trabajo y otros, los discrepantes de estas orientaciones, más los miembros de la corriente unitaria de CCOO, ligada a LCR y MCE, y los de la tendencia de clase, ligados a OCE (Bandera Roja), seguirán defendiendo la continuidad de la huelga [40].

La huelga se endurece y en las asambleas aparecen cada veces más discrepancias. Algunas de estas asambleas son tumultuosas, llegándose incluso a las agresiones físicas, como la sufrida por Manuel Pozo, secretario de CCOO de la construcción de Mataró, el día 12 en una asamblea en la que esta población decide el retorno a la trabajo. Además hay reincorporaciones al trabajo en otras poblaciones alejadas del área metropolitana, como Vilafranca del Penedès, Vic, Igualada, Granollers, Berga, etc. En Barcelona el día 13, en la asamblea de la tarde de los delegados de zona, con la participación de dos centenares de trabajadores, también se producen enfrentamientos entre representantes de las diferentes posturas y se acusa a José María Rodríguez, dirigente de la CSUT, de negociar por su cuenta con el gobernador civil. La mayoría de los delegados de poblaciones y zonas informan que están por la continuidad de la huelga. Sólo Mataró, L’Hospitalet y la zona de Poblenou han votado ya a favor del retorno al trabajo. Finalmente se decide en votación continuar la huelga, con 114 votos a favor y 21 en contra, sobre todo de miembros de CCOO. También se decide enviar piquetes a los lugares donde se ha decidido poner fin a la huelga para que reconsideren su postura.

El 14 de abril se realiza una asamblea de más de siete mil trabajadores en el campo de fútbol del Sant Andreu de Barcelona donde, en una votación a mano alzada, se decide continuar la huelga. También el día 14 se reúne el comité ejecutivo de la UTT que aprovecha para arremeter contra la Comisión de los Veinticuatro, de la que dice que sólo tiene representantes de CCOO y los sindicatos unitarios y que no ha informado de los resultados de sus entrevistas. También destaca que en algunas comarcas se está volviendo al trabajosin haber conseguido ni uno solo de los puntos recogidos en la plataforma reivindicativa que en su día plantearon como irrenunciable y que fue la causa principal de la huelga que convocaron de una forma precipitada y claramente irresponsable, con lo que han situado a los trabajadores en una posición humillante ante la recién creada Federación de Empresarios. La UTT reitera que se opuso a la revisión según el índice de coste de la vida porque lo considera falseado y propone que que la solución del conflicto sea negociada por una comisión realmente representativa de todos los trabajadores afectados, con inclusión de las distintas centrales obreras que tengan militantes o simpatizantes en el sector [41]. De hecho, lo que intenta la UTT, que se ha visto desplazada de las negociaciones por la Comisión de los Veinticuatro, es promocionar el sindicato neoverticalista impulsado por Tijeras y otros presidentes de UTT, la Confederación Sindical Obrera, y resituarse él mismo en el nuevo panorama sindical aprovechando las divisiones entre los huelguistas. No lo conseguirá.

El día 15 de ese mismo mes se confluye con otros sectores en una jornada de lucha convocada por CCOO y USO en toda España contra las nuevas disposiciones gubernativas en materia de relaciones laborales. Por la tarde se hace la asamblea diaria de seguimiento de la huelga, que reune a unos 1.000 trabajadores en los locales del Vertical, y donde vuelven a reproducirse los incidentes entre los que defienden la continuidad de la huelga y los que piden el regreso al trabajo, llegándose, de nuevo, a las agresiones físicas. Finalmente se decide continuar con la huelga y pedir la dimisión de los miembros de la Comisión de los Veinticuatro que, contraviniendo lo decidido en asamblea, han pedido el retorno al trabajo [42]. Por la noche hay nuevos enfrentamientos violentos en las Ramblas y zonas aledañas entre huelguistas y policía.

Las diferencias entre sindicatos se agravan. Desde CCOO se denuncian las maniobras de la CSUT, a la que acusa de mirar más por su organización que el conjunto de los trabajadores, y se pide una salida unitaria de la huelga decidida en asamblea [43]. La CSUT, que ha intentado negociar al margen de las asambleas, acusa a CCOO de ocultar su responsabilidad como sindicato, fomentando un sentimiento antisindical entre los trabajadores, con la ayuda de grupos anarquistas, autogestionarios y toda una gama de oportunistas [44].

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Pegatina (Arxiu Històric de CCOO de Catalunya)

El día 18 en L’Hospitalet de Llobregat se vota el retorno al trabajo, haga lo que haga Barcelona, excepto entre los trabajadores de Ecisa que continuarán unos días más de huelga. También en Cornellà, Sabadell, Martorell y Vilanova i la Geltrú se decide volver al trabajo. La CSUT difunde un comunicado defendiendo la continuidad de la huelga, si así lo deciden las asambleas. En Barcelona el mismo día hay una asamblea donde se vota sobre la continuidad de la huelga, computando para la respuesta los resultados de las votaciones hechas por la mañana en las diferentes zonas. Finalmente el recuento da 1.944 trabajadores a favor de continuar la huelga y 2.777 en contra, por lo tanto se decide el retorno al trabajo el día 19 de abril. Sin embargo en algunas obras todavía continuará la huelga unos días, sobre todo en zonas como Lesseps y Zona Franca, donde los delegados de obra escogidos se habían desvinculado hacía días de las decisiones de la Comisión de los Veinticuatro. También sigue la huelga en Universidad, Norte, cinturón de Ronda-Sants y Sagrada Familia donde los delegados de obra se declaran independientes y lanzan críticas a CCOO, por haber deteriorado la huelga en defensa de sus intereses, y a la CSUT, por querer tener un exceso de protagonismo [45]. Poco a poco los trabajadores de estas zonas también acabarán reincorporándose al trabajo. Sólo quedarán en huelga los trabajadores de la empresa G. Serrano, que se encerrarán hasta mayo pidiendo el pago de las indemnizaciones que habían pactado y no habían cobrado.

La huelga finaliza, pues, con una tornada al treball desordenada, amb despatxats i sense haver guanyat res, amb la unitat trencada i amb la majoria dels treballadors cansats i decebuts [46]. Además habría que añadir el centenar largo de detenidos. Como positivo sólo cabe destacar que ha sido una huelga muy participativa, ya que en las anteriores muchos trabajadores se limitaban a parar y marchar a casa y en cambio en esta las asambleas de zona y generales se han llenado de obreros. La organización por asambleas de obras, que elegían delegados para las asambleas de zona, que a su vez enviaban delegados a la asamblea general, hace que muchos trabajadores participen en el conflicto y se sientan más implicados en conflictos anteriores. No será la única huelga larga y dura de la construcción. En Girona la huelga del sector se prolongará 25 días, lo mismo pasará en otras 23 provincias españolas, destacando los 55 días de huelga en Navarra, los 40 en Valencia, los 33 en Cáceres o los 103 días en Asturias [47]. En estos conflictos se repiten los enfrentamientos que hemos visto en Barcelona entre sindicatos y asamblearios, entre las diferentes centrales sindicales, sobre el poder de las asambleas, la forma de acabar la huelga, la representatividad de los delegados.

Las valoraciones del fracaso de la huelga

Desde CCOO se hace autocrítica y se reconoce que el sindicato vio a los pocos días de iniciada la huelga que nos estábamos metiendo en un callejón sin salida; que la patronal no cedería (...) como Central sindical, no estábamos convencidos de que íbamos a romper el Convenio. Queríamos hacer sentar a la patronal para negociar el aumento, pero posiblemente no valoramos acertadamente el momento en que ésto se hacía [48].

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Justiniano Martínez (Arxiu Històric de CCOO de Catalunya)

En una reunió de la Comisión Permanente de la CONC, el representante de la construcción, Justiniano Martínez, afirmaba que no podemos hacer sindicalismo guerrillero (sindicalismo de corazón), tenemos que hacer sindicalismo con mayúsculas (con la cabeza) y reconocía que no se había sabido acabar la huelga [49].

Desde el PSUC se hace una valoración todavía más crítica de la huelga. Se cree que el planteamiento de una huelga indefinida de entrada y sin fijar en qué condiciones se volvería a trabajar fue un error, que no se valoró bien la correlación de fuerzas, en una situación de crisis del sector, y que había habido deficiencias en la dirección del conflicto. También se cuestiona el sistema de elección de delegados.

Además desde el Partido se afirma que el conflicto pone de manifiesto la necesidad de un nuevo marco de relaciones laborales, de acuerdo con la nueva situación política. Como decía un miembro de CCOO y PSUC empresarios y trabajadores deben encontrar el marco sindical que les permita afinar nuevos instrumentos de negociación, armas de lucha más acordes con una situación cambiante, mecanismos de representatividad más democráticos y por ello más eficaces. Mientras ello no ocurra, situaciones como las provocadas por la huelga de la construcción pueden repetirse inevitablemente [50].

Así que podemos afirmar que las causas del fracaso de esta huelga, como reconocen las propias CCOO y el PSUC, son múltiples. Como hemos señalado ya, la construcción es un sector donde los miembros de CCOO no tienen una tradición negociadora y menos a nivel de convenios provinciales. No es como el ramo del agua o el metal que hace tiempo se han introducido en muchas UTT y han acabado imponiendo unas negociaciones abiertas fuera o dentro del marco del verticalismo. Además encuentran enfrente una patronal dura, que se cierra en banda a sentarse con una comisión que no esté ratificada por Vertical y que se niega a negociar nada sobre la revisión del convenio. La patronal está en una posición de fuerza, ya que no se está negociando un nuevo convenio y no es posible llevarla a una laudo del Ministerio de Trabajo, como se había hecho en 1975. Ahora se trata de la revisión de un convenio que ya había sido pactado y firmado. Todo ello en un contexto de crisis económica, que afecta de manera mucho más dura e intensa al sector de la construcción y donde a algunos empresarios no les va mal una huelga larga, ya que se ahorran sueldos y aprovechan para reajustar las plantillas.

Por parte de los trabajadores existían unas expectativas de éxito, ya que tenían presente el recuerdo del resultado positivo de las huelgas de 1975 y 1976. Además muchos de ellos, como hemos dicho, no tienen nada que perder, ya que no son fijos y pueden ser despedidos en cualquier momento. El sistema asambleario que se ha ido creando a lo largo de estos años tiene cada vez más participación. Muchos de los nuevos participantes son trabajadores sin ninguna experiencia política o sindical previa, por lo tanto hay un público nuevo, propicio a escuchar consignas radicales. Las asambleas, sobre todo las generales de la tarde que reúnen más de 5.000 personas y donde se vota a mano alzada, son caldo de cultivo de posturas autónomas, autogestionarias e, incluso, antisindicales. También el discurso de otros partidos comunistas, que pretenden disputar el espacio al hegemónico PSUC, tienen audiencia entre algunos de estos obreros. Al mismo tiempo, aparece un pluralismo político entre los dirigentes del sector, cuando hasta entonces todos habían sido militantes del PSUC. En esta huelga, en cambio, encontramos en la Comisión de los Veinticuatro, junto a una mayoría de miembros del PSUC, militantes de la LCR, PCE (Congresos VIII y IX) y OCE (BR), encuadrados todos ellos también en CCOO. Y también del Partido de los Trabajadores de España (PTE), impulsores de una nueva central sindical, escindida de CCOO, que intenta hacerse un lugar en la construcción, la CSUT, o del Sindicato Unitario, surgido también de las mismas CCOO. No será hasta finales de 1977 que hagan aparición en el sector otros sindicatos provenientes de tradiciones diferentes, como es el caso de la socialista Unión General de Trabajadores (UGT) y la anarcosindicalista Confederación Nacional del Trabajo (CNT).

Como hemos visto esta radicalización también ha sido compartida por una parte de los miembros más activos de CCOO de la Construcción y a su vez militantes del PSUC y coincide en el tiempo con una moderación de las posiciones políticas defendidas entonces por el PCE y el PSUC. Santiago Carrillo está negociando la legalización del PCE y necesita que los comunistas, también los que dirigen el sindicato, den una imagen de responsabilidad y moderación. Esta es la consigna que asume la dirección del PSUC, el Partido que ’orienta’ a muchos de los dirigentes sindicales del ramo, que también participa de este esfuerzo por dar una imagen de los comunistas como una fuerza política ’sensata’. Lo que menos les conviene en esos momentos, previos a la legalización y a unas elecciones generales, son huelgas indefinidas con violencia en las calles impulsadas por sus propios militantes. La dirección del PSUC cree que la huelga se les ha ido de las manos a los miembros de la dirección de CCOO de la Construcción y por eso los llama a capítulo para pedirles que pongan fin al conflicto. Se introducirá así un factor de división entre la dirección de CCOO del sector, que se añadirá a la división entre los huelguistas, visibilizada en las asambleas de delegados y trabajadores. Esta situación acabará afectando a la dirección de la huelga y a la resolución de la misma.

De movimiento a sindicato: el inicio de una nueva etapa

En Barcelona, tras el fracaso de la huelga, no volverán a aparecer conflictos, que además serán muy localizados, hasta septiembre de 1977. En octubre, en la fecha prevista según el convenio de 1976 para la tercera revisión salarial, desde CCOO y otras centrales sindicales se plantea sólo reclamaciones salariales, pidiendo un aumento de sueldo del 20%, en lugar del 13 % que está previsto aplicar siguiendo las cifras oficiales de inflación. La patronal se niega a negociar nada y avanza a los sindicatos que no piensa subir los salarios más de lo que se marque oficialmente. Una patronal que ha sabido organizarse rápida y sólidamente y que se encuentra en una posición de fuerza tras el fracaso de la huelga de abril. Estas centrales sindicales desisten de dar la batalla para romper la revisión prevista, ya que, como se aseguraba desde CCOO, hay que tener en cuenta que los trabajadores no están dispuestos a luchar, y menos después de las últimas experiencias, por un Convenio que no saben si se va a plantear. (...) Lanzarse a una plataforma inalcanzable iba a ser más bien desmovilizador y, en tal sentido, nos atrevemos a decir antirevolucionario [51].

El panorama socioeconómico también cambia, es el momento de entrada en vigor de los Pactos de la Moncloa, firmados por los partidos políticos con representación parlamentaria el 25 de octubre, y que entre otras medidas regresivas para los trabajadores, fijaba el límite de incremento de los salarios en el 22%, la inflación prevista para el 1978. Firmados por los partidos, pero llevados a la práctica por los sindicatos mayoritarios, la defensa de estos pactos por parte de militantes de CCOO, que antes habían hecho bandera de la crítica al pacto social, hace que algunos de los antiguos líderes del sector pierdan prestigio ante los trabajadores. Uno de los protagonistas, Luis Romero, afirma que nos quemaron como chicharrones [52]. Finalmente el 6 de diciembre de 1977 desaparecía el Sindicato Vertical.

Así a partir de 1978 se abrirá una nueva etapa, un cambio de modelo sindical, de abierto pluralismo y de institucionalización de CCOO como un sindicato más con las celebraciones del I Congreso de la Federación de la Construcción de CCOO de Cataluña en abril y el I Congreso de la CONC el mes siguiente. Pronto algunos de los líderes del sector, tras los diferentes procesos electorales, pasarán a tener cargos políticos con el PSUC o sindicales dentro de la estructura de CCOO. Se producirá, pues, un relevo de personas. Además la negociación de los convenios se llevará a cabo, cada vez más, por las centrales sindicales, que ganaran peso frente a las asambleas de obra y sus comisiones delegadas, y que se sentarán ante una patronal, que ahora, una vez desaparecido el Sindicato Vertical, no tiene más remedio que aceptarlos como sus interlocutores.

En 1978, el congreso estatal de la Federación de la Construcción, lo dejaba claro Hoy, con la desaparición del vertical, las libertades sindicales y los resultados de las elecciones sindicales obligan a replantearnos la negociación colectiva a partir de la nueva situación creada. En el mismo congreso aprueba que a partir de entonces las plataformas reivindicativas en su elaboración deben ser precedidas de estudios serio del sector, del marco político y de la situación económica, ahora no estamos por las asambleas incontroladas, ahora en las Comisiones Negociadoras deben brillar las centrales sindicales representativas, fundamentalmente CC.OO. y UGT, ahora la huelga no es el único instrumento de presión (...) la huelga indefinida no es un instrumento eficaz [53] y como se acordó el Congreso de la Federación catalana, ahora fuera de las empresas negocian los sindicatos. Estamos, pues, ante una nueva etapa, con nuevos actores y un nuevo marco de relaciones laborales.

Notas

[1Una evolución del movimiento obrero de Barcelona en el sector en: MOTA MUÑOZ, José Fernando: Mis manos, mi capital: els treballadors de la construcció, les CCOO i l’organització de la protesta a la Gran Barcelona (1964-1978), Alzira, Germania, 2010.

[2BOIX, Ricardo; ROA, Miquel: ’Catalunya: la fuerza de trabajo’, en CAU, nº 38 (julio-agosto 1976), p. 57.

[3CANDEL, Francisco: ’La construcción como plataforma’, en CAU, 12 (marzo-abril 1972), p. 74.

[4GONZÁLEZ, Arcadio: “Situación del sector de la construcción”, en Cuadernos para el Diálogo, nº. 132 (1974), p. 26.

[5MINGO, José Antonio de; LORITE, Ana María: “Las condiciones de trabajo en el sector: Madrid 1939-1975”, en RUIZ, David; BABIANO, José (eds.), Los trabajadores de la construcción en el Madrid del siglo XX, Madrid, Akal, Fundación 1º de Mayo, 1993, p. 114.

[6Declaraciones de Luis Romero en: ’Los hombres de la construcción’, en Gaceta de derecho sindical, nº 59 (abril 1976), p. 41.

[7Poco después sería sustituido en esta responsabilidad, siguiendo el dictado de la dirección del PSUC, por José Salgado Garcés, que había llegado de Francia en 1965, a donde había emigrado unos años antes y donde se había organizado en el Partido. El nuevo responsable de CCOO en la construcción será detenido en 1968 y, de nuevo, en octubre de 1970. A raíz de este segundo encarcelamiento nuevamente se hará cargo de la coordinación de las CCOO en el sector Luis Romero

[8’Convenios, por una plataforma de lucha’, suplemento de Comisiones Obreras Informa, agosto 1969, p. 3. Probablemente redactado por Isidor Boix.

[9Entrevista a Juan Gómez Alba, 2002, Arxiu Històric de CCOO de Catalunya (AHCO), Col·lecció Biografies Obreres.

[10Ampliación del informe de Don Pedro Moya Clua, 25 de mayo de 1954 y Pedro Moya Clua, 6 de marzo de 1954, Archivo del Gobierno Civil de Barcelona, Gabinete de Información, Caja 8, Legajo 12, expediente 6.

[11El padre de Juan Tijeras había sido fusilado por los franquistas. Parece que Tijeras, que se había relacionado con militantes de la CNT al llegar a Barcelona, entró en el Vertical y progresó gracias a su boda con la sobrina del ministro Pedro Gual Villalbí. Entrevista a Ángel Rozas, Barcelona, 9 de septiembre de 2009

[12Sobre la organización de CCOO en este sector en Barcelona: MOTA MUÑOZ, José Fernando: ’La reorganització del moviment obrer al tèxtil català (1960-1981)’, en LLONCH, Montserrat (ed.), Treball tèxtil a la Catalunya contemporània, Lleida, Pagés, 2004, p. 165-183. Existe una edición revisada y ampliada disponible en línea en: <http://www.nodo50.org/casc/mota/spi...> .

[13Informe general y programa de la Federación de Construcción de CC.OO, [Barcelona, s.n., 1978], p. 18.

[14’Convenios, por una plataforma...’, art cit., p. 3.

[15’La construcción en lucha’, en Luchas obreras, nº 57 (17 marzo 1975), p. 3.

[16’Luchas en la construcción’, en Luchas obreras, nº 54 (23 de febrero de 1975), p. 6.

[17A la UTT de la construcción, a todos los trabajadores del ramo, enero 1976. AHCO. Fondo de la Federació de la Construcció.

[18CASAS CAZORLA, Antonio: “El movimento obrero en “Terrassa la roja” en recuerdo de Cipriano García”, en Cipriano García, una lluita permanent pels drets dels treballadors, les llibertats nacionals i la democràcia, Barcelona, Fundació Cipriano García-Arxiu Històric de la CONC, 1995, p. 22.

[19BALFOUR, Sebastian: La dictadura, los trabajadores y la ciudad: el movimiento obrero en el Área Metropolitana de Barcelona, 1939-1988, València, Alfons el Magnànim, 1994 , p. 197.

[20’Los hombres de la construcción’, art cit.

[21Entrevista a Rafael Parra Chica, 2001, AHCO, Col·lecció Biografies Obreres.

[22Asamblea de Obra, nº 1 (octubre 1976).

[23GONZÁLEZ, Ignacio: Que nos ha enseñado la huelga de la construcción. OCE (BR), [abril, 1977], AHCO, Caja V.7.1.

[24’La estrategia sindical en la construcción en el momento presente’. [octubre 1977], p. 2, AHCO, Fondo de la Federació de la Construcció.

[25Comunicado de la reunión habida con la patronal por parte de la Federación Sindical de CCOO de Construcción de Cataluña, [enero 1977], AHCO, Fondo de la Federació de la Construcció.

[26La Vanguardia, 9 de marzo de 1977, p. 21.

[27Asamblea de Obra, nº 6 (marzo 1977), p. 5.

[28El 19 de febrero se había realizado la primera asamblea de la Comisión Promotora del Sindicato Unitario de la Construcción de Barcelona. El unitario de la construcción, nº 0 (marzo 1977).

[29’El fortalecimiento de Comisiones Obreras en la construcción. Anexo’, septiembre 1976, p. 5, AHCO, Fondo de la Federació de la Construcció.

[30La obra: portavoz de la construcción, nº 3 (abril-maig 1977), p. 3. Esta publicación estaba editada por el Colectivo por la Autonomía de la Clase Obrera.

[31Fuente: Arreu, núm 23 (març 1977), p. 23; La obra: portavoz de la construcción, nº 3 (abril-mayo 1977), p. 3-4 y El Unitario de construcción, [nº 1 (marzo 1977)].

[32GARCÍA, Melquiades; ESTAIRE, Ramon: ’Nuestra lucha y la Comisión Deliberadora’, en El Unitario de construcción, [nº 1 (març 1977)

[33SÁNCHEZ-TERÁN, Salvador: De Franco a la Generalitat, Barcelona, Planeta, 1988, p. 263

[34Idem, p. 262.

[35El Unitario de construcción, [7 de abril de 1977

[36’La huelga general de abril: información, balance y perspectivas’, en Asamblea de obra, nº 7 (abril-mayo 1977), p. 3-4.

[37Entrevista de Josep M. Rodríguez Rovira, 2004, AHCO, Col·lecció Biografies Obreres.

[38SÁNCHEZ-TERÁN, Salvador: Op. cit., p. 263.

[39Idem.

[40Entrevista a Luis Romero, 2001, AHCO, Col·lecció Biografies Obreres y artículo ’Continúa la huelga en Cataluña, pese a que el PSUC proponía la vuelta al trabajo’, en El País, 13 de abril de 1977.

[41La Vanguardia, 15 de abril de 1977, p. 21.

[42La obra: portavoz de la construcción, nº 3 (abril-mayo 1977), p. 12. Concretamente se pide la dimisión de Pozo y Vivas de Mataró, Raul González y Sergio Alvarado de Cornellà, Fernando Miranda de la zona Besòs y Juan Gómez de Badalona. También la de Luis Romero por no asistir a las asambleas de delegados

[43Comisiones Obreras ante la situación de nuestra huelga, 18 d’abril de 1977, AHCO, Fondo de la Federació de Construcció.

[44RODRÍGUEZ GÓMEZ, José Mª: ’Derrota del sindicalismo reformista: huelga de la construcción de Barcelona’, en El Unitario, nº 2 (3 de mayo de 1977), p. 5.

[45La Vanguardia, 20 de abril de 1977, p. 25.

[46LUCCHETTI, Antoni: ’Reflexions sobre la vaga de la construcció’, en Treball, núm. 478 (25 d’abril de 1977), p. 5.

[47ROSÓN ORDÓÑEZ, César Alberto: La huelga de la construcción asturiana en al transición española, Madrid, Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, 2004

[48La estrategia sindical en la construcción en el momento presente, [octubre 1977], p. 3, AHCO, Fondo de la Federació de la Construcció.

[49Apunts de José Luis López Bulla de la Permanent, 22 de mayo de 1977. AHCO. Fondo CONC.

[50LUCCHETTI, Antoni: ’Un convenio difícil’, en CAU, 42 (marzo-abril 1977), p.83.

[51La estrategia sindical en la construcción en el momento presente, [octubre 1977], p. 4-5, AHCO. Fondo de la Federació de la Construcció.

[52Entrevista a Luis Romero, 2001, AHCO, Col·lecció Biografies Obreres.

[53Informe general y programa de la Federación de Construcción de CC.OO, op. cit. , p. 18-19.


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