“Cada pueblo será libre a su modo y disfrutará de soberanía según la voluntad de su conciencia"

Simón Bolívar.

 

LA POLÍTICA PETROLERA DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA.

El camino hacia la plena Soberanía.

Introducción.

Este artículo intenta mostrar de forma sucinta cuales están siendo los lineamientos clave y las perspectivas futuras de la política petrolera defendida por el gobierno de Chávez desde el momento de su ascenso el poder en 1998. El artículo enmarca la estrategia actual en materia energética a partir de la historia reciente de la política petrolera venezolana. En el apartado de conclusiones se plantean algunos de los interrogantes importantes que, en materia energética, tendrá que responder el proceso revolucionario en el corto y medio plazo. 

Históricamente, la economía venezolana se ha caracterizado por su inserción en la economía mundial como un área periférica exportadora de materias primas. Inicialmente, a través de la producción y venta de cacao y a partir de 1873 también de café.  Esta modalidad de desarrollo, basado en la exportación de recursos primarios, se consolidará de manera definitiva a partir de los años 20 del siglo pasado durante la etapa conocida como neocolonial. Momento,  sobre todo  a partir de la segunda guerra mundial, en el que el modelo de desarrollo capitalista de los EEUU, basado en el transporte motorizado y por ende altamente consumidor de energía, inicia su ascenso imparable hacia la hegemonía   mundial. Con la eclosión del modo de acumulación propio del capitalismo intensivo, Venezuela empezará a dar sentido económico a las importantes reservas  de crudo que alberga en sus entrañas. Cabe destacar que, tal y como señala Lander, desde la mitad del siglo XIX comenzaron a desarrollarse en Venezuela industrias modernas dedicadas a la exploración y explotación, refinación y transporte de hidrocarburos. En este periodo inicial del auge petrolero, las asfalteras serán las industrias que desarrollarán mayor actividad en el país. A partir de 1922, con la violenta irrupción del pozo Barroso-2 que se sumaba a los ya existentes pozos de Babui-1, en el campo de Guanacoco, Mene Grande y Zumaqueque,  Venezuela progresivamente se convertirá en uno de los mayores exportadores de crudos del planeta hasta el punto que en 1928 era ya el segundo exportador de crudo a nivel mundial, sólo superado por los EEUU. Y desde ese año y hasta 1970 fue el mayor exportador de petróleo del planeta.

Así pues, a partir de la primera mitad del siglo XX el petróleo se convertirá en el elemento central que definirá la evolución del conjunto de la sociedad venezolana. La consecuencias más evidentes  del modelo económico, totalmente dependiente de la extracción y exportación de crudo, serán la consolidación de una economía con un sector industrial y agrícola prácticamente inexistentes, donde la mayoría de lo que se consume es importado, con una estructura social altamente polarizada dominada por una élite que, en combinación con el capital transnacional, controlará los circuitos de extracción y comercialización interna y externa del crudo y de sus derivados[1].

El control por parte del capital internacionalizado de los sectores clave de la economía no sólo se circunscribe al sector petrolero sino que, progresivamente a medida que el capitalismo se desarrolla, todos aquellos sectores clave para la acumulación capitalista (banca, telecomunicaciones, comercio de importación, industrias básicas) pasan a estar dominados por éste.  A nivel territorial se consolidará un modelo altamente desequilibrado en el que la masiva estampida de los campesinos hacia la ciudad, sin la infraestructura necesaria, convierte a estas en verdaderos cúmulos de precariedad y pobreza dónde la mayoría de la población se insertará progresivamente en los circuitos de la economía informal[2], caracterizados por su precariedad y control mafioso, sobretodo vendiendo mercancías producidas fuera del país. Este modelo social   sin estructura productiva, donde la parte de la población marginada del control de los recursos, la inmensa mayoría, vive sumida en la precariedad e incertidumbre permanentes como “compradoras y vendedoras de pantaletas” es lo que  Roland Denis ha denominado como  "la buhonerización de la sociedad"[3].  Un elemento fundamental en la conformación social venezolana es el papel determinante que desarrollará históricamente el Estado como elemento institucional clave en el control de la renta petrolera.

Tal y como señala M. Lebowitz, "en Venezuela la lucha de clases se centraba en el estado, girando principalmente no en torno de la apropiación de plusvalía localmente producida sino en torno a la captura de la renta petrolera mediante el estado. Una clase capitalista parasitaria y una cultura dominante de clientelismo y corrupción son los vástagos naturales de una conducta busca-rentas en los altos mandos"[4] 

La evolución de la política petrolera en Venezuela.

Desde el momento en que se inició la explotación del petróleo en Venezuela el capital internacional se instaló como protagonista e impuso sus condiciones económicas. No obstante, desde muy temprano, la acción tesonera de algunos venezolanos permitió que el estado fuese fortaleciendo su posición de propietario del recurso  y ejerciera acciones en defensa de sus intereses. Entre otras acciones, promulgó varias leyes para regular la relación entre él como propietario y las compañías productoras foráneas. Sin duda la más importante de estas leyes fue la ley de hidrocarburos de 1943, la cual  estableció la soberanía impositiva del Estado venezolano y unificó el régimen de concesiones. Esta ley mantuvo su vigencia hasta el año 2001,  momento en que el presidente Chávez promulgó una nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos que, junto con la Ley Orgánica de hidrocarburos gaseosos, aprobada en 1999, derogarían toda la legislación precedente. (Lander, L.E. López Maya M. 2003). Con el impuesto sobre la renta y otros instrumentos como la regalía y posteriormente los valores fiscales de exportación, el Estado venezolano se garantizó un ingreso social creciente que le permitió situarse como motor central del desarrollo venezolano. Este periodo se caracterizó por una fuerte presión nacionalista sobre las corporaciones transnacionales que fructificó en 1948 con el pionero acuerdo del fyfty-fyfty. Según este, la participación del fisco en las utilidades de la industria nunca podría ser inferior al 50%.  La presión por parte del estado venezolano por captar cuotas superiores de la renta petrolera no se detuvo y en 1959 el propio Estado rompió el acuerdo con las transnacionales y mediante una modificación del impuesto sobre la renta exigió y obtuvo posteriormente el 60%[5] . A parte de buscar incrementar la participación en la renta petrolera,  en este periodo el Estado también mostró un fuerte interés en incrementar su participación en la gestión misma del negocio del petróleo. En esta dirección, en 1930 se creó el Servicio Técnico de Hidrocarburos en el Ministerio de Fomento[6] y  en 1960 la Corporación Venezolana de Petróleo (CVP), que fue la primera empresa pública del ramo, cuyo objetivo era participar directamente en todas las actividades de la industria de los hidrocarburos.[7]

Otro elemento clave de la estrategia petrolera venezolana durante este periodo fue el estableciemiento de alianzas estables con otros países productores para la defensa de sus intereses comunes. Luego de diversas iniciativas, en 1960 en la ciudad de Bagdad y bajo la promoción de Juan Pablo Pérez Alfonso de Venezuela y Abdullah Tariki de Arabia Saudita, se funda la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) que tiene como principal objetivo la defensa de los precios y que ha sido la alianza  de productores  de materias primas más exitosa (Lander. L.E. López Maya. M).

Como resultado de la continuada política de presión nacional[8], el 1 de enero 1976 se decide por parte de Carlos Andrés Pérez la nacionalización de la industria petrolera como una medida de su programa de desarrollo conocido como “la Gran Venezuela”.  Para implementar la nueva política se creó Pdvsa como casa matriz de un conjunto de empresas operadoras que hasta la noche anterior eran subsidiarias de las transnacionales foráneas. Contrariamente a lo que debería haberse esperado la nacionalización de la industria no representó ningún avance significativo en el manejo nacional de los recursos energéticos al contrario, a partir de este momento se inicia un proceso que, progresivamente, conducirá la nación venezolana por la senda de la pérdida de capacidad de control sobre su industria fundamental. Con la nacionalización cambió el propietario de la industria petrolera, pero no su tren ejecutivo. Estos ejecutivos, claramente vinculados a las corporaciones extranjeras ( Exxon, Shell y Mobil), una vez asumieron el control de Pdvsa iniciaron un proceso de defensa de los intereses del capital transnacional. Su primer objetivo fue desplazar el Ministerio de Energía y Minas (MEM) y subordinarlo a sus intereses. Pdvsa, poco a poco, fue convirtiéndose  en una suerte de “Estado dentro del Estado” (Mommer 2003) que socavó las bases de la nacionalización y allanó el retorno de los inversionistas privados. Con el fracaso estrepitoso de la política de la “Gran Venezuela” de Carlos Andrés Pérez, Pdvsa buscó limitar progresivamente sus obligaciones fiscales determinando una agenda propia, sin conexión con los intereses nacionales.[9] Para impedir el control nacional de sus acciones y recursos la estrategia de Pdvsa tuvo como uno de sus principales pilares la política de “internacionalización”, consolidada a partir de 1983. Ésta se plasmo con la compra de una verdadera red internacional de refinerías con una capacidad, en la actualidad, para procesar 2 millones de barriles por día y con una red de 14.000 estaciones de servicio en EEUU. A través de esta red, mediante el mecanismo de los precios de transferencia[10], se ejecutó una constante evasión de recursos fuera del país. De este modo en la segunda mitad de 1990, Pdvsa estuvo traspasando a través de precios de transferencia un promedio del orden de 500 millones de dólares anuales en ganancias, desde sus cuentas domésticas a sus filiales extranjeras (Mendoza Potellá, 1995; Boué, 2002). Durante los dieciocho años posteriores al inicio de la internacionalización, las filiales extranjeras de Pdvsa nunca pagaron dividendos a la compañía matriz en Caracas.

Otra de las características del nuevo periodo fue la vulneración permanente de los acuerdos suscritos en el marco de la OPEP alrededor de las cuotas de producción. Debido a los apuros financieros, Pdvsa concentrada en el incremento de volúmenes de producción de crudo, implementó una serie de mecanismos con el objetivo de vulnerar sistemáticamente las cuotas pactadas en el marco de este organismo. Así en 1983 Venezuela empezó a medir la producción, sujeta a las cuotas OPEP,  en las puertas de las refinerías y en los puertos de exportación, y no en los campos de producción (como es usual en cualquier país del mundo para el cobro de regalías). En esta dirección Pdvsa aumentó la producción de crudos extra-pesados (es decir más pesados que el agua) con el argumento de que estos deberían clasificarse como “bitúmenes” y por lo tanto no estarían sujetos a las cuotas OPEP. 

En 1989, presidido el país por Carlos Andrés Pérez, se inicia el proceso conocido como “la apertura” comandado por Pdvsa[11] y que significará el retorno a las manos del capital transnacional de la industria petrolera venezolana así como un progresivo avance hacia la privatización de las distintas facetas que componían la industria nacional petrolera. Con la apertura, se incrementarán las presiones por parte de Pdvsa para conseguir la ruptura con la OPEP, siendo cada vez mayor, en la política petrolera venezolana, la influencia ejercida por la Agencia Internacional de la Energía, organismo afín a los grandes países y empresas consumidoras de energía. Con la “apertura”, la doctrina neoliberal se convierte en la fuente fundamental de orientación de la gestión económica venezolana[12].  Tal  y como señala Bernard Mommer, Pdvsa  predicó el evangelio de la competitividad al gobierno alegando que las regalías y los impuestos tenían que reducirse para atraer a los inversionistas extranjeros.  Cabe destacar, como medidas ejemplares del papel de Pdvsa durante este periodo, las diversas asociaciones con compañías extranjeras que Pdvsa articuló para explotar el petróleo extra-pesado de la Faja del Orinoco con  el objetivo, ya mencionado, de vulnerar las cuotas OPEP. Además Pdvsa abrió a la inversión privada los llamados “campos marginales” productores de crudos convencionales  mediante suculentos acuerdos para el capital transnacional conocidos como  “Contratos de Servicios Operativos”,[13] los que para 2001 llegaron a producir alrededor de 500 mil b/d. Uno de los resultados con más consecuencias para la economía nacional de la política de apertura fue el franco declive de la participación del gobierno en el ingreso petrolero. Así en 1981, el ingreso bruto por la producción de hidrocarburos, incluyendo la refinación, ascendió a US$ 13,9 mil millones, un máximo histórica. En 2000 se alcanzó un nuevo máximo, de US$ 29,3%. No obstante en 1981 Pdvsa pagó US$ 13,9 mil millones en ingresos fiscales, pero solamente US$ 11,3 mil millones en 2000. (Mommer. B. (2003)).

La V República, hacia la consecución de la plena soberanía petrolera.

Sin lugar a dudas, con el Caracazo se inicia un fuerte proceso de empoderamiento popular en el marco de los sectores marginados de la sociedad venezolana, sectores que irán fortaleciendo progresivamente sus planteamientos radicales de raíz social, democrática y nacional. Alrededor de este nuevo protagonismo popular emergente, sobretodo desde la emergencia política del proyecto liderado a partir de 1992 por Hugo Chávez, se rearticularán las fuerzas sociales e intelectuales contrarias a la dinámica ultraliberal emprendida, sin control alguno por parte de Pdvsa, y que había conseguido convertir en alumno neoliberal aventajado un país que históricamente había jugado un rol destacado en la defensa nacional de los recursos energéticos. La pugna sobre el funcionamiento y destino de la industria petrolera nacional se entabla de manera virulenta a partir de este momento histórico. A un lado se encuentran los opositores a la política liberal de Pdvsa, intelectuales y políticos, articulados alrededor del proyecto político de Chávez , del otro la amalgama de intereses del capital internacionalizado, defendidos por su buque insignia Pdvsa, dispuestos a defender llegado el momento “manu militari” el suculento negocio que les proporciona ser amos y señores del petróleo venezolano.  Será sobretodo después del ascenso al poder de Hugo Chávez cuando este conflicto asuma sus visos más violentos llegándose a orquestar, sobretodo durante los años 2002 y 2003, por parte del conglomerado de intereses transnacionales, diversos intentos de derrocar el gobierno democráticamente elegido de Hugo Chávez.  Cabe destacar que en los acontecimientos de la segunda semana de abril de 2002 que desembocaron en el fallido golpe, Pdvsa tuvo un rol protagónico. El conflicto, surgido por los cambios introducidos en Pdvsa por parte del nuevo ejecutivo, sirvió de plataforma para el lanzamiento de un paro nacional de 24 horas, preludio de una huelga general indefinida de 24 horas que degeneró en el fallido golpe de estado del 11 de abril. Como muestra de la importancia del petróleo venezolano en la agenda del capital transncional se debe hacer hincapié en que en las primeras modificaciones efectuadas por el efímero gobierno de Carmona, surgido del golpe de Estado y reconocido inmediatamente por el FMI,  los asuntos petroleros tuvieron la mayor importancia. Entre las intenciones del gobierno golpista se encontraba renovar las hostilidades hacia la OPEP, desconocer los diversos acuerdos internacionales que había empezado a suscribir el gobierno  de Chávez y restituir todo el poder para Pdvsa.

Los lineamientos clave de la política petrolera de la Revolución Bolivariana.

Desde que Chávez asumió el poder en febrero de 1999, se inició una reforma de la política petrolera que había sido dominante en la década anterior. La nueva orientación rescata aspectos esenciales de la larga tradición petrolera venezolana y busca superar algunas orientaciones consideradas equivocadas y que se habían venido estableciendo desde la nacionalización de 1976. (Lander. L.E. López Maya. M. (2003)).  Según  Alan Viergutz, una manera de calificar la nueva política petrolera venezolana es de Nacionalista. El nacionalismo, dentro del nuevo contexto, implicaría darle prioridad al desarrollo de las empresas y capitales venezolanos sin menospreciar el aporte que puedan hacer los inversionistas y corporaciones extranjeras. En materia de hidrocarburos, el nuevo gobierno promulgó dos nuevas leyes. La primera, la Ley de Hidrocarburos Gaseosos, fue promulgada en septiembre de 1999 y la segunda la Ley de Hidrocarburos Líquidos, fue promulgada en noviembre de 2001, derogándose, con estas dos leyes, todas las leyes previas relacionadas con los hidrocarburos.

Tal y como plantea Alí Rodríguez  Araque, ministro de Energía y Minas de 1999 a 2000, y uno de los personajes clave de la reorientación nacionalista de la política petrolera venezolana, las directrices de la nueva política petrolera puesta en marcha por el gobierno de Chávez,  se establecen como principios en la nueva Constitución de la República Bolivariana, en vigor desde el año 2000. Concretamente, los principios generales aparecen establecidos en el Preámbulo y en sus artículos 5, 11, 113, 150, 151, 156 –numerales 12 y 16-  así como en los artículos 209, 301, 302 y 303. En el conjunto de los artículos citados tiene relevancia lo relativo a la soberanía sobre los recursos de hidrocarburos, la declaratoria de interés público, la solución de dudas y controversias, la competencia del Poder Público Nacional, particularmente en lo que se refiere al régimen y administración de las minas e hidrocarburos.

De este modo podemos afirmar que la política del gobierno de Chávez, en materia petrolera, se dirige a cumplir las directrices marcadas por la Constitución Bolivariana. De forma general podríamos destacar como objetivos fundamentales:

Recuperar el control del Poder público Nacional sobre los recursos de   hidrocarburos.  En esta dirección se pretende acabar con el “Estado dentro del Estado “representado por la antigua Pdvsa. Así pues, se restituye al Ministerio de Energía y Minas como órgano nacional competente en todo lo relacionado con la administración de los hidrocarburos. Esto significa que el MEM goza de la potestad para formular, regular y hacer seguimiento de las políticas y planificación realización  y fiscalización de las actividades en materia de hidrocarburos.

La nueva realidad política venezolana circunscribe a la todopoderosa Pdvsa al papel de instrumento dedicado exclusivamente a las actividades de exploración, extracción, transporte, refinación y distribución de los hidrocarburos y sus productos elaborados.

Reestablecimiento por parte del Estado del derecho a definir y garantizar una contribución patrimonial por el acceso al recurso natural. En sintonía con el reconocimiento que hacen las Naciones Unidas al derecho soberano de los Estados sobre sus recursos naturales,  con el mandato de Chávez se reestablece en Venezuela un piso para las tasas de regalía, un mínimo a ser pagado en cualquier condición. La nueva legislación en materia de hidrocarburos establece un mínimo para la regalía, en el caso del gas natural de, 20%, y de 30% para los hidrocarburos líquidos. Se incorporó, no obstante, alguna flexibilidad a la baja respecto a ese 30%. El gobierno venezolano está autorizado, según la nueva legislación, a rebajar temporalmente la tasa de regalía al 20% y hasta un sexto, en el caso de la Orimulsión, si un inversor ya en marcha confronta dificultades. Cabe destacar que si bien se incrementa el nivel de las regalías, con la nueva legislación, se está reduciendo el impuesto sobre la renta, con lo que en realidad no se está incrementando la presión tributaria aunque si la eficacia en la recaudación.[14]

En la dirección de garantizar el mayor beneficio para la nación en las actividades de mayor rentabilidad el estado se reserva la participación mayor del 50% en las empresas mixtas dedicadas a las actividades primarias. Los primeros acuerdos firmados bajo este nuevo marco datan de agosto de 2005 momento en que las primeras ocho empresas operadoras firmaron los convenios transitorios para su transformación. Las primeras empresas firmante fueron: Repsol, CNPC, Harvest Vinccler, Hocol, Vincler Oil and Gas, Inemaca, Suelopetrol y Open. En esta dirección,  en la actualidad,  se ha conseguido convertir definitivamente a empresas mixtas el resto de convenios operativos que continuaban vigentes desde la etapa de la apertura petrolera. 

Dar un nuevo impulso a los procesos de industrialización de los hidrocarburos para mejorar la composición de la cesta de exportación venezolana. Contrariamente a las políticas de internacionalización y apertura que habían marcado los lineamientos estratégicos de la política petrolera venezolana ahora se  trata de conseguir incorporar un mayor valor agregado nacional a la cesta de exportación, incrementando  los beneficios derivados de la diversificación de actividades en el interior del mismo sector de los hidrocarburos. Se persigue romper el carácter de enclave que ha tenido históricamente la industria petrolera venezolana. En este sentido, a la práctica, el objetivo se centra en  revertir una composición de la cesta petrolera dominada tradicionalmente en más de un 60% por el componente del petróleo crudo.

La estrategia petrolera internacional. Una de las primeras medidas que impulsó el gobierno del presidente Chávez fue restituir el papel de Venezuela en la denostada OPEP. Así, en septiembre del año 2000, como resultado de las distintas reuniones que previamente se habían mantenido por parte del nuevo ejecutivo venezolano con miembros de la OPEP, durante los días 27 y 28 se celebró en Caracas la II cumbre de Jefes de Estado y de gobierno de los Países miembros de la OPEP[15]. Esta cumbre sirvió para ofrecer una imagen nuevamente cohesionada de la organización que se fortaleció con la firma de la Declaración Solemne de la II Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de los Países miembros de la OPEP, conocida también como Declaración de Caracas. Esta declaración, con sus veinte resoluciones, recoge las orientaciones políticas básicas de la organización para los años venideros, reafirmando las orientaciones compartidas desde los orígenes mismos de la organización que mantienen vigencia e incorporando aspectos novedosos para responder a los importantes cambios ocurridos en la economía mundial desde su fundación (Lander .L.E. (2003)). A pesar de lo difícil que es precisar el impacto que, sobre los precios del petróleo, tuvo el fortalecimiento de la OPEP fraguado en Caracas, cabe señalar que, para el mes en que Chávez tomo posesión, febrero del 1999, la cesta venezolana de crudos y productos llegó a cotizarse en $7,35 y promedió ese mes $8,45. A partir de la reunión, los precios del petróleo ascendieron vigorosamente hasta situarse en los $57por barril actuales[16].  

Con el objetivo de desarrollar los contenidos recogidos en la Declaración de Caracas, entre el 18 y 19 de octubre del 2000 se realizó, también en Caracas, una reunión que contó con la participación, además de Venezuela, de representantes del más alto nivel de diez países de Centro América y el Caribe, para la firma del Acuerdo Energético de Caracas. Este acuerdo, al cual también se ha incorporado Cuba, tiene como objetivo central aliviar la factura petrolera de los países firmantes cuando el precio internacional del crudo sea elevado[17].

En la dirección anterior, en el marco de la integración y bajo la propuesta de cooperación regional conocida como el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), el gobierno venezolano impulsa la iniciativa de Petroamérica como una propuesta de integración energética de los pueblos del continente, fundamentada en los principios de solidaridad y complementariedad de los países en el uso justo y democrático de los recursos en el desarrollo de sus pueblos.  El desarrollo de esta iniciativa de integración energética pasa por:

·       Redefinir las relaciones existentes entre los países sobre la base de sus recursos y potencialidades.

·       Aprovechar la complenetariedad económica, social y cultural para disminuir las asimetrías en la región.

·       Minimizar los efectos negativos que sobre los países de la región tiene los costos de la energía, originados por factores especulativos y geopolíticos.

·       Fortalecer otras iniciativas regionales como MERCOSUR y la Comunidad Suramericana de Naciones.

En Petroamerica confluyen tres iniciativas subregionales de integración energética, que son Petrosur, donde se agrupan Argentina, Brasil, Venezuela y Uruguay; Petrocaribe cuyo nacimiento fue suscrito por 14 países de la región caribeña el 29 de junio de 2005. Cabe señalar que el convenio de Petrocaribe lleva implícita la articulación de los acuerdos existentes anteriormente como el convenio de San José y el  Acuerdo energético de Caracas. Sin embargo, mejora las condiciones financieras de este último. Así pues propone una escala de financiamiento de la factura petrolera tomando como referencia el precio del crudo. Igualmente extiende el período de gracia para el financiamiento a largo plazo de uno a dos años y prevé una extensión del período de pago de 17 a 25 años, reduciendo el interés al 1%, si el precio del petróleo supera los 40 dólares por barril. En el marco de este acuerdo, Venezuela además está dispuesta a aceptar que el pago diferenciado  de la factura se realice con bienes y servicios.     Finalmente, el último acuerdo subregional planteado en el marco de Petreocaribe es  Petroandina, propuesta a los países que conforman la Comunidad Andina de Naciones. Progresivamente se va avanzando en la consolidación de los distintos proyectos que componen Petroamérica, a modo de ejemplo, durante los días 29 y 30 de septiembre de 2005, durante la cumbre de la CONASUR en Brasilia, se consiguió avanzar en distintos acuerdos con los países del área de Petrosur, así pues con Brasil se consolidó el proyecto de desarrollo energético Mariscal Sucre así como el proyecto de construcción conjunta de distintas refinerías y diversos acuerdos para la implantación conjunta de estudios para la cuantificación y Certificación de Reservas. Durante esta cumbre también se consolidaron distintos acuerdos de cooperación energética con las principales empresas de Argentina y Uruguay.

En el marco de la estrategia internacional del gobierno bolivariano, centrada en conseguir impulsar la creación de un mundo multipolar más justo y equilibrado, Venezuela ha consolidado importantes acuerdos con China, que les permiten además asegurar la diversificación de mercados para los hidrocarburos venezolanos. Así en agosto de 2006, en el marco de la visita oficial del presidente Hugo Chávez a ese país, se concretó el avance de importantes acuerdos en materia energética con las empresas más importantes del país asiático[18].

El Plan Siembra Petrolera 2005-2030[19].       

Las directrices concretas de la política energética de Venezuela hasta el año 2030 están trazadas en el Plan Siembra Petrolera, que comprende seis grandes proyectos de desarrollo y consta de dos etapas: una a ejecutarse entre el periodo 2005-2012, y la otra a llevarse adelante en la etapa comprendida entre 2012  y 2030.

El Plan Siembra Petrolera 2005-2012 comprende seis ejes fundamentales:

1-    Magna Reserva: destinado a la cuantificación y certificación de las reservas que posee Venezuela en la Faja del Orinoco. Recordar que Venezuela tiene, sin contabilizar la Faja, 77 mil millones de barriles de petróleo, mientras que en la zona del Orinoco se espera certificar la existencia de 235 mil millones de barriles.

2-    Proyecto Orinoco. Encargado del desarrollo de la Faja Petrolífera del Orinoco. Se han seleccionado 27 bloques que se desarrollaran con esfuerzo propio y asociaciones empresariales. El plan de Pdvsa para esta área estima la obtención del primer barril de crudo en el 2011. Por la ubicación de esta reserva de crudo,  se considera de vital importancia en la estrategia de descentralización económica del país. Conjuntamente con el proyecto de explotación del crudo se plantea la realización de diversos proyectos urbanísticos y de servicios. Incluso se contempla la construcción de una nueva urbe, en el eje del Orinoco, con todo el desarrollo infraestructural que ello conlleva. De esta manera, la Faja Petrolera del Orinoco se convertirá  en un importante eje impulsor de desarrollo desde el punto de vista social, industrial, económico y tecnológico para el país. Para hacer realidad este objetivo el Estado venezolano ejecutará un Plan Maestro de Desarrollo Sustentable  en el que se prevé el estímulo de todos aquellos proyectos no asociados a la producción de hidrocarburos. 

3-    Proyecto Delta Caribe. Este proyecto persigue la explotación del gas costa afuera en las áreas de la Plataforma Deltana, en la fachada atlántica venezolana.

4-    Refinación.  Aumentar la capacidad de refinación en Venezuela es una de las puntas de lanza de este plan estratégico. El Plan Siembra Petrolera contempla la creación de nuevas refinerías: Cabruta (con capacidad de  procesar 400.000 barriles diarios de crudos extrapesados). Batalla de Santa Inés (50.000 barriles diarios) y Caripito (50.000 barriles diarios destinados a la producción de Asfalto. Con estas tres nuevas refinerías y la potenciación de las existentes  la capacidad de procesamiento de crudo en suelo venezolano se incrementará en 700.000 barriles diarios.

5-    Infraestructura. Se contempla la construcción de distintos proyectos que garanticen el suministro de combustibles para todo el territorio nacional.

6-    Integración. El Plan contempla la potenciación de los acuerdos energéticos, en el marco de Petroamérica, como instrumento de integración y cooperación regional.

Para el primer período del Plan Siembra Petrolera, se han estimado inversiones del orden de 56.000 millones de dólares a ser ejecutados entre 2005 y 2012. Des esa cantidad un 70% será aportado por la operadora estatal y el resto por el sector privado.

El impulso petrolero al desarrollo social.      

De forma congruente con el modelo de democratización  económica que desde el primer momento está impulsando el presidente Chávez, la redistribución social de los beneficios originados por la explotación petrolera se convierte en un elemento fundamental del nuevo diseño del Estado venezolano. Pdvsa, con el impulso y apoyo a los distintos proyectos y planes sociales orientados al desarrollo de las comunidades se ha convertido en uno de los ejes centrales del modelo de desarrollo endógeno bolivariano. Para colocar los recursos petroleros al servicio del país y avanzar en la construcción de un nuevo modelo económico Pdvsa impulsa el Fondo para el Desarrollo Económico y Social del País (FONDESPA).   Hasta la actualidad, son múltiples los proyectos de desarrollo que han recibido el apoyo desde este fondo, a destacar entre ellos: el impulso a la creación de la línea aérea CONVIASA,  al desarrollo del complejo agroindustrial Ezequiel Zamora, a la construcción de distintas centrales hidroeléctricas y termoeléctricas, a la implementación de los distintos proyectos de transporte público -a destacar el sistema Masivo de Transporte de pasajeros de Barquisimeto y las obras civiles del metro de los Teques- la construcción de diversos complejos habitacionales  ( en los estados de  Tachira y Zulia).

Algunos comentarios a modo de conclusión.  

Sin lugar a dudas, la victoria electoral de Chávez ha supuesto un viraje importante en la política petrolera que, desde 1976, venía desarrollándose en Venezuela y que  a la práctica supuso la pérdida del control nacional de la industria petrolera a manos del capital internacionalizado. Cabe destacar que este proceso de consecución de la plena soberanía petrolera, a pesar de las buenas intenciones del gobierno, y de los importantes logros conseguidos hasta el momento, es un proceso lento, plagado de dificultades y contradicciones.  Por el momento podemos afirmar que la soberanía petrolera de Venezuela, entendiéndola como la plena capacidad nacional de explotar los recursos, aún es un objetivo lejano si tenemos presente que “la producción venezolana de petróleo vendría desde hace años en descenso si no fuera por las transnacionales imperialistas cuyas actividades en territorio venezolano crecen y se expanden[20]

Resulta evidente que más allá de los deseos antiimperialistas, en el marco del capitalismo global actual, dominado por las todopoderosas transnacionales, resulta muy dificultoso poder desarrollar proyectos al margen de estas. De este modo, por ejemplo, el gobierno bolivariano a pesar del avance que supone poder pasar de los convenio operativos, con unas condiciones totalmente favorables a las transnacionales, a la creación de las empresas mixtas, tiene la difícil tarea de conseguir lidiar sus propuestas de desarrollo nacional con verdaderas empresas lideres de la economía global como son Chevron-Texaco, Royal Dutch Shell, Total o la misma Repsol. Ciertamente, la dependencia tecnológica es uno de los aspectos fundamentales que imposibilitan el avance hacia la plena soberanía. Si esto es así para el conjunto de la economía venezolana, en el sector petrolero, donde la explotación del crudo resulta altamente compleja tecnológicamente la dependencia de Venezuela respecto al capital transnacional todavía es mayor. Tal y como ya señalaba Fernando Martínez Galdeano  “Si Venezuela quiere ser independiente, tiene que realizar una política de aprendizaje y captación tecnológica, No se da efectivamente transferencia tecnológica, la tecnología siempre ha estado vinculada a la inversión extranjera o a la inversión del gran capital. No se da transferencia, si no una especie de alquiler o de uso de esa tecnología pero sin llegar a conocerla y dominarla (…) En una forma muy esencial el país va a estar dependiendo del exterior, de esa tecnología, a no ser que cambie, que se desvincule de la tecnología manejada por el capital.”[21]

Otro de los lastres importantes con los que coexiste la estrategia petrolera de Chávez son los compromisos contraídos históricamente por Pdvsa. Tal y como señala Juan Carlos Boué, el gobierno del presidente Chávez tendrá una difícil tarea para asegurar en el futuro una renta petrolera estable y una reversión del colapso de la contribución fiscal de la industria petrolera fruto de la política anterior de internacionalización y apertura.

Un handicap importante, al que también deberá enfrentarse la política petrolera del gobierno bolivariano,  es el derivado de sus tensas relaciones políticas con los EEUU. En este sentido, a pesar del manifiesto clima de hostilidades políticas, nos encontramos ante una situación de importante dependencia comercial, así por ejemplo, en el primer semestre del año 2005 el 57% de los barriles de crudo exportados por Venezuela tuvo como destino los EEUU. Cabe señalar que la relación de dependencia es, hasta cierto punto, recíproca, pues para los EEUU el petróleo venezolano, por sus características físicas, es de muy difícil reemplazo por otros petróleos del mercado mundial[22].

Finalmente, existen otra serie de interrogantes alrededor de la estrategia petrolera del gobierno bolivariano vinculados a la sostenibilidad de esta. Por una parte cabe preguntarse, ante una estrategia de desarrollo basada tan agresivamente sobre la explotación de los recursos del subsuelo, si verdaderamente el modelo de desarrollo más acertado para Venezuela pasa por una estrategia que va a suponer a la práctica la dilapidación del patrimonio natural que posee el pueblo venezolano. Como todo el mundo sabe, el petróleo es un recurso no renovable por tanto, a pesar de las impresionantes reservas que ostentan las entrañas venezolanas, se debe tener presente que estas son agotables. Así pues, el modelo de diversificación económica planteado por la estrategia petrolera del gobierno debe tener resultados positivos ya que de no ser así se habrá agotado inútilmente parte de la riqueza no reponible de la nación.

En esta misma dirección anterior cabe preguntarse hasta que punto será posible construir un modelo social que quiere avanzar hacia el socialismo del siglo XXI utilizando como recurso fundamental para su construcción el elemento clave en el desarrollo del capitalismo más voraz: el petróleo. Sin lugar a dudas, la construcción de un modelo de sociedad diferente a la capitalista no sólo implica parámetros distintos en la distribución de la riqueza sino que, de forma fundamental, requiere avanzar sólidamente hacia modelos productivos que, además de superar las relaciones sociales capitalista basada en la explotación del hombre por el hombre, no supongan ni el agotamiento de los recursos ni tampoco la destrucción de los ecosistemas en los que se desarrolla la actividad productiva. Tomar como elemento central de un  desarrollo alternativo, que quiere avanzar hacia el socialismo, la extracción y explotación de uno de los recursos cuya obtención y posterior utilización está en la base de la mayor parte de los problemas ambientales que hoy tiene planteada la humanidad representa una paradoja difícil de superar.

Si bien en un primer momento la estrategia de desarrollo de un país con el pasivo social de Venezuela, necesariamente habrá de apoyarse en la distribución de la riqueza que proviene de la explotación del petróleo, considero que el avance hacia una verdadera soberanía nacional más que basarse en una estrategia centrada en “sembrar el petróleo” o convertir el petróleo en “industria industrializadora” debe avanzar hacia una estrategia basada en “independizarse del petróleo” como elemento central de la estrategia de desarrollo, avanzando hacia un modelo productivo mucho más descentralizado, basado en una tecnología independiente de los circuitos de dominio global, apropiada para un desarrollo endógeno horizontal y equilibrado. Una tecnología a escala humana, más intensiva en trabajo y menos en capital y por tanto menos dependiente de una energía tan perjudicial para el futuro de la humanidad como lo es la explotación masiva de petróleo. En esta dirección parecen adecuadas las reflexiones de Eduardo Giordano cuando plantea que “el petróleo no es una materia prima demasiado escasa si se considera seriamente la viabilidad de mantener su elevado consumo actual sin dañar de forma irreversible  nuestro hábitat; por el contrario, hay suficiente petróleo – y formas de localizarlo y explotarlo- como para convertir la Tierra en el lugar más inhóspito del universo para la vida humana”[23]

Josep Manel Busqueta Franco.

Miembro de CEPS y del Seminario de Economía Critica “Taifa” de Barcelona.     

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·       Lebowitz,M. La Revolución de necesidades radicales.

[1] Para mediados de la década de los 70 el ingreso per capita venezolano igualaba al de Alemania occidental y doblaba al de Italia ( Lander. L.E y López Maya. M. 2003).

[2] Se estima que alrededor del 50% de la población esta inserta en el sector informal.

[3] Roland Denis, Fabricantes de Rebelión

[4] Lebowitz, M.La Revolución de necesidades radicales: la elección bolivariana del camino al socialismo. 2006.

[5] Tanto con la formula fyfty-fyfty  como con los acuerdos posteriores, Venezuela se convertía en pionera en el campo de la preservación de los intereses nacionales frente a las industrias petroleras. Este camino marcado por Venezuela sería seguido posteriormente por los países extractores del Golfo Pérsico.

[6] Este ente tenía entre sus funciones: controlar volúmenes de producción para asegurar el pago completo de los impuestos, supervisar aspectos técnicos de la producción y disminuir la quema del gas asociado.(Lander. L.E. López Maya (2003))

[7] En 1971, se le reservó a la CVP la comercialización del gas en el mercado nacional y en 1973 la totalidad del mercado interno de combustible y demás productos derivados de los hidrocarburos. (Lander . L.E. López Maya (2003)).

[8] El ingreso fiscal petrolero aumentó de 1,4 miles de millones en 1970(alrededor del 10% del PIB) a 9 miles de millones en 1974 (un impresionante 40% del PIB). (Mommer, B. (2003)).

[9] La agenda de Pdvsa se centró en la maximización de volúmenes , el flujo de caja y ventas tanto a nivel nacional como internacional (Mommer, B. (2003)).

[10] A pesar de algunos intentos de impedir la evasión de recursos  por parte de Pdvsa mediante la maniobra de los precios de transferencia esta cuestión se decidió totalmente a favor de Pdvsa cuando el gobierno del presidente Jaime Lusinchi (1984-1989) decretó que la compañía podría establecer sus propios precios. (Mommer 2003). 

[11] El rol del MEM que con anterioridad a la nacionalización había sido el responsable de las relaciones legales, contractuales y fiscales con las compañías extranjeras fue reducido a un estatus de organismo refrendatario. (Mommer. B. (2003)).

[12] Cabe recordar que será el 27 de febrero de 1989 cuando en Venezuela se produzca el primer gran alzamiento mundial contra las medidas dictaminadas por el FMI que pretendía implementar  Carlos Andrés Pérez. Este episodio conocido como el “Caracazo” representará un punto de inflexión fundamental en las relaciones sociales venezolanas. En este momento se inicia el proceso de empoderamiento popular. Denis R. Fabricantes de Rebelión (2001))

[13] Los convenios operativos se estructuraron de manera que las transnacionales no pagaran regalía (de esta se encargaría Pdvsa) ni tampoco pagaran el impuesto sobre la renta que a la tasa petrolera, entonces del 67,7% sino a la tasa no petrolera del 34%. (web Pdvsa). En estos contratos Pdvsa actúa como un “paraguas” protegiendo al capital privado contra el Estado, garantizando que la compañía estatal pagaría una indemnización a sus socios si se produjera algún cambio legislativo en su detrimento, incluyeron el arbitraje internacional , vulnerando la soberanía jurídica venezolana.

[14] Tal y como señalan Lander, las regalías son mucho más fáciles de controlar y no crean problemas de incentivos, salvo uno: no puede producirse ningún barril sin pagar regalía. Por otra parte la regalía no pecha las ganancias por eficiencia y productividad de los inversores. En este sentido hace coincidir los intereses del dueño del recurso con los del inversionista. Ambos dueño e inversionista ganan y pierden con precios y volúmenes. En cambio, con impuestos exclusivamente a las ganancias, como Pdvsa hubiera preferido, se ponen esos intereses en conflicto. Altas tasas impositivas a las ganancias netas estimulan a las compañías arrendatarias a concentrarse en minimizar sus obligaciones fiscales, en lugar de mejorar su eficiencia y productividad.      

[15] Esta cumbre contó con la participación de ocho jefes de estado y de gobierno de los once países miembros de la organización y delegaciones de muy alto nivel de los tres países restantes. Participaron también, en calidad de invitados especiales, delegaciones de países exportadores de petróleo no miembros de la organización como México, Rusia, Noruega y Angola.  

[16] Evidentemente otros factores externos a la OPEP también han contribuido en el alza de precios vivida desde febrero de 1999. La recuperación de la economía en el sureste asiático, la deplorable agudización del conflicto palestino-israelí,  el callejón sin salida que representan los conflictos y la tensión en Oriente Medio son  variables que deben añadirse a la compleja ecuación  que da como resultado los precios del petróleo 

[17] El acuerdo, complementario al llamado Acuerdo de San José copatrocinado por México y Venezuela, consiste en otorgar, a los países signatarios, de manera segura y estable, una cuota de crudos, y de estar el precio promedio anual por encima de $15 por barril, una parte de la factura podrá ser cancelada a plazos (hasta 15 años), con un periodo de gracia inicial (entre 12, 18 y 24 meses) y con intereses muy bajos (2%). En un tramo inicial, de cotizarse el crudo ligeramente por encima de los $15 por barril, el porcentaje de la factura a financiar sería del 5%, mientras que de subir la cotización por encima de los $30 por barril, el porcentaje a financiar puede llegar a elevarse a 25%. Se abre además la posibilidad de que parte de la factura sea cancelada con bienes y servicios producidos en esos países.  

[18] En el conjunto de los acuerdos suscritos destaca el convenio comercial entre la CNPC y Pdvsa para la adquisición por parte de Pdvsa de 13 taladros de perforación de pozos. Con esta misma empresa y la filial de Pdvsa, PDV se llegó a un acuerdo de colaboración para el desarrollo conjunto del Bloque Junín 4 en la Faja Petrolera del Orinoco así como  para la conformación de diversas empresas mixtas.  Pdvsa y  la empresa CNUOC suscribieron un contrato para el suministro de 8 millones de barriles de crudo a la nación asiática en el lapso setiembre-diciembre 2006. Pdvsa acordó con las navieras chinas CSSC y CSIC la construcción de 18 tanqueros que ampliaran la flota de Pdvsa.

[19] Información extraída de la web de Pdvsa.

[20] Rangel Domingo Alberto. Venezuela Oil Republic. www. Soberanía.info.

[21] Pérez Alfonzao. J,P. Rangel. D.A. El Desastre. Ed Vadell Hermanos.

[22] Además por paradójico que parezca, la política de estabilidad de precios que defiende Venezuela a través de la OPEP favorece a los EEUU, sobretodo a los intereses de los productores, muy bien representados en el gobierno de los EEUU. Producir hidrocarburos en EEUU es más costoso que en otras regiones del mundo razón por la cual si  los precios bajan, muchos de sus pozos no resultarían competitivos.

[23] Giordano. E. Las Guerras del petróleo. Ed. Icaria 2002.

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