EL MONTE DE EL PARDO
Por Plinio el Insurrecto

El Monte de El Pardo es un encinar que ocupa, aproximadamente, 16000 Ha. Está situado en el tramo medio del río Manzanares, río que atraviesa Madrid, al norte de esta megaurbe. El limite sur del Monte de El Pardo dista únicamente 8 Km del centro de la capital. Toda su superficie pertenece al término municipal de Madrid. Está limitado al norte por Sierra de Guadarrama, al sur por la ciudad de Madrid, y al este y oeste por autovías que parten de Madrid. Está dominado por un clima mediterráneo típico con una estación seca y calurosa muy marcada. Las medias anuales de precipitaciones oscilan entre 500 y 600mm y la temperatura entre 11 y 12ºC.

El Monte de El Pardo juega un papel fundamental para hacer habitable Madrid, ya que es un eslabón de unión entre la Sierra de Guadarrama y el casco urbano de Madrid, formando un pasillo de oxigenación y descontaminación del aire de la ciudad gracias a los periódicos vientos serranos.

La mayoría de su superficie son lomas suaves y onduladas, poco accidentadas. Su suelo es muy frágil, pues está constituido por elementos disgregados originados por la erosión de los materiales graníticos de la sierra.

Este monte, ha sido desde el principio de la historia de Madrid un importante coto de caza. Muy pronto pasó a ser un coto de caza de carácter real y en 1750 el rey Fernando VI mando construir una tapia que delimitase la propiedad previniendo el furtivismo y que impidiera la salida de los herbívoros salvajes que dañaban las tierras cultivadas adyacentes. El Monte de El Pardo está simbolizado en el escudo de la provincia de Madrid (un oso apoyado en un madroño). Fue el cazadero predilecto de los miembros de las familias reales de los Austrias y Borbones, y posteriormente, del franquismo. Actualmente pertenece a Patrimonio Nacional (administrados de bienes de la corona) y en él se asienta el Palacio de la Zarzuela, residencia oficial del Rey

.

Se ha discutido mucho sobre si el Monte de El Pardo debe ser incluido en el grupo de espacios naturales protegidos de la categoría de Parques Nacionales por sus valores faunísticos. El problema es que no se tiene un conocimiento profundo sobre su importancia ecológica y su estado de conservación, aunque se supone que debe ser alto ya que desde antiguo, ha sido conservado como un coto de caza de la nobleza y realeza española. Esto ha favorecido que existan unas poblaciones muy abundantes de especies cinegéticas tanto de caza menor (Conejo, Perdiz Roja, Paloma Torcaz, etc.,) como de caza mayor (Ciervo, Gamo, Jabalí, etc.,). La mayoría de estas especies en realidad muestran superpoblación como consecuencia del excesivo proteccionismo y la ausencia de depredadores (tanto naturales como del mismo hombre). La construcción de una presa y el subsiguiente embalsamiento del río Manzanares anegó las fértiles tierras de lo que era el mejor valle de todo el territorio. Aunque esto favoreció a las aves acuáticas que invernan con regularidad en buen número. Entre las de más importancia figuran el Águila Pescadora, la Cigüeña Negra, el Cormorán Grande, la Grulla Común, la Gaviota Reidora y varias especies de anátidas. Además este bosque alberga poblaciones de aves de presa muy importantes, destacando el Águila Imperial, el Buitre Negro, el Búho Real y otros. En resumen, que se puede decir que el Monte de El Pardo es uno de los refugios más interesantes para la fauna autóctona de todo el área mediterránea. Se estima que alberga una comunidad de vertebrados de unas 280 especies, numerosas formaciones vegetales autóctonas y una gran diversidad de invertebrados.

Sin embargo, la gestión de este espacio por parte del Patrimonio Nacional no parece la más optima y adecuada. En cuanto a la cubierta vegetal, la política del Patrimonio Nacional ha sido la de mantener un estrato arbóreo, pero con actuaciones concretas que manifiestan un claro objetivo: la creación de las características necesarias para establecer superpoblaciones de especies cinegéticas. Así se entienden medidas perjudiciales para todo el ecosistema realizadas sin ningún tipo de estudio biológico previo como son aclareos de monte o podas abusivas de las encinas. Dado el lento ritmo de regeneración de los árboles autóctonos, este tipo de actuaciones se deben limitar mucho, pues el periodo de recuperación es muy largo y las huellas en el paisaje permanecen mucho tiempo. Por otra parte, las altas densidades creadas artificialmente de especies de caza mayor y menor han producido efectos negativos sobre la vegetación. La vegetación de los sotos fluviales y las praderas de las grandes dehesas esta muy mermada. El estrato herbáceo no llega nunca a alcanzar ni la variedad ni las tallas que deberían si no estuvieran sometidas a una presión de herbívoros tan alta. También el aislamiento ecológico del Monte de El Pardo pone en peligro la existencia a medio plazo de ciertas especies animales. El encinar está rodeado por ciudades en expansión y grandes vías de comunicación. Por ello, algunas especies animales que necesitan grandes espacios y una cierta movilidad no pueden establecerse. Aunque la reciente protección del corredor verde que va desde la Sierra de Guadarrama al Monte de El Pardo ha asegurado, al menos, una vía de dispersión que favorece la supervivencia a largo plazo de gran parte de su fauna. La caza que se realiza hoy en día en su interior no supone un gran peligro, ya que básicamente se dispara a especies cinegéticas y en bajo número ( de hecho debería haber más control sobre la población de herbívoros). Por el contrario, la caza furtiva y el expolio de nidos parecen ser dos practicas todavía muy extendidas. En resumen, a ojos de Patrimonio Nacional, el Monte de El Pardo sigue siendo el Coto Nacional de Caza número uno, aunque apenas haya actividad cinegética. Este hecho produce graves desajustes como superpoblaciones de especies cinegéticas (no hay control sobre su número) y fuerte desgaste de la comunidad vegetal.

Lo más preocupante de la gestión del Monte de El Pardo, es que hay una absoluta falta de biólogos, una ausencia de control y desconocimiento sobre las actividades que se realizan en el interior y una enorme necesidad de realizar estudios y proyectos de investigación que pongan de manifiesto cual es el valor ecológico real de este espacio natural, así como cuales deberían ser las actividades a realizar para conservarlo adecuadamente. Es necesario que sobre el Monte de El Pardo se establezca algún tipo de actuación que, al menos, permitiera un control, estudio y protección desde el punto de vista biológico. A todo esto hay que añadir que el Monte de El Pardo, es un lugar idóneo para realizar estudios, ya que a su riqueza y diversidad biológica se le une el hecho de estar muy próximo al lugar de España donde hay más y mejores centros de investigación. El hecho de que en su interior existan edificaciones usadas tradicionalmente por la guardería del parque, facilitaría que se establecieran estaciones biológicas de importancia internacional. Entre los muchos proyectos de investigación que se podrían esbozar, algunos como la reintroducción de carnívoros medianos muy amenazados (como el Lince y la Nutria) o estudios acerca de la biología de especies rapaces emblemáticas (como el Águila Imperial), tendrían la facilidad añadida de que el encinar es prácticamente llano y cuenta con numerosas carreteras y pistas en su interior que facilitarían el seguimiento y control de sus poblaciones mediante radio control de ejemplares marcados.

En conclusión, es necesario que Patrimonio Nacional cambie su actitud de secretismo y exclusividad de uso y gestión del Monte de El Pardo, ya que este espacio tiene el potencial de ser uno de los laboratorios naturales más importantes del mundo para estudiar los ecosistemas mediterráneos. A esto hay que añadir la necesidad que tiene la ciudad de Madrid de conservar adecuadamente el Monte de El Pardo, pues como hemos dicho, forma un corredor verde que trae los aires limpios de la Sierra de Guadarrama y elimina la sucia boina de contaminación que cubre la ciudad.