Aportación del MRG-Sevilla para el eje Libertades Civiles, Criminalización y Euskadi

 

La Asamblea Estatal de Sevilla  tendrá lugar en uno de esos momentos claves en que los poderosos del mundo tienen el sentimiento agridulce de un triunfo no saboreado por completo. Cuando se frotaban las manos por su victoria en Afganistán, el pueblo argentino les arruinó la fiesta. Una insurrección contra el expolio y el hambre hizo saltar todas las señales de alarma derribando gobierno tras gobierno y presidente tras presidente. Aquellos que no sólo niegan la posibilidad de una revolución en el mundo moderno y que incluso se atreven a teorizar semejante disparate tendrán necesariamente que ajustar sus falsas concepciones.

En Europa se implanta el robo del euro con alegría de los mass-media, pero un cierto escepticismo por parte de la población que ve como en términos reales se les ha colado por la puerta de atrás un escandaloso incremento de los precios que varia entre el 2 y el 4%, lo que repercutirá negativamente sobre los bolsillos de los más débiles: los que gozamos del privilegio de ser explotados a cambio de un salario.

En el Estado español, Aznar estrena la presidencia semestral lanzando sus prioridades –lucha contra el terrorismo y más liberalización y desregulación, es decir, más neoliberalismo- protegido por el pacto social firmado por la patronal y las cúpulas dirigentes de UGT y CCOO. Mientras, los estudiantes organizan la desobediencia activa contra la odiada LOU, primer paquete del ataque a la educación pública que continuará con las ya en puertas leyes de FP y de Calidad. Y el movimiento contra la globalización neoliberal, fortalecido tras la unificación de las diferentes campañas e iniciativas –lo que hay que defender a muerte frente a los que pretenden dividirlo-, comienza un largo calendario alternativo de movilizaciones y protestas.

En este movido contexto se va a producir la asamblea estatal de la Campaña “Contra la Europa del Capital y la guerra. Globalizemos las resistencias. Otro mundo es posible” que se centrará en el debate de los ejes temáticos y el modelo de contracumbre.

 

1. La criminalización del movimiento

 

Aznar –y antes su ministro de interior, Rajoi- lo ha dejado meridianamente claro: considera al “movimiento antiglobalización” el segundo enemigo de Europa tras el terrorismo. Cuando los sucesos de Génova destaparon la naturaleza represiva de las llamadas “democracias europeas” fue el único gobernante europeo que se solidarizó públicamente con el asesino y corrupto Berlusconi.

El Gobierno Aznar tiene clara su estrategia hacia nosotr@s: la criminalización y el aislamiento. Para ello ya ha empezado a utilizar los medios de comunicación que en forma de reportajes aparentemente serios y rigurosos han comenzando a alertar a la población: ¡que vienen los alborotadores antiglobalización!. Al mismo tiempo como se esperaría de cualquier gobierno responsable exhibe con todo lujo de detalles la maquinaria represiva que va a emplear “en la protección de los ciudadanos”. Ambas medidas tienen el mismo objetivo: meterle miedo a la gente para que no acuda a las protestas, para evitar que éstas sean masivas y así poder instrumentalizarlas mejor –ya sabemos cómo- legitimando la represión.

La criminalización del movimiento es la precondición de su aislamiento social. Saben de sobra que el “movimiento antiglobalización” empieza a ser una amenaza contra su sistema. No es una exageración. El movimiento tiene aspectos definitorios que no les agrada en absoluto: su dimensión global, su cuestionamiento del sistema y su probada capacidad de movilización. Las mayores movilizaciones internacionales desde la Guerra de Vietnam se han producido de la mano de este nuevo movimiento que ha surgido –y esto les preocupa terriblemente- al margen de la izquierda oficial. Además, la unidad de acción de diferentes cuerpos ideológicos de la izquierda –enfrentados tradicionalmente- por primera vez en muchas décadas les llena de terror. Con la criminalización consiguen aislar, dividir y debilitar esta nueva amenaza para su sistema.

No obstante, la criminalización del movimiento forma parte de un ataque más general contra las libertades  y derechos individuales y colectivos. A nadie se le escapa que el 11-S se declaró una guerra no sólo contra Afganistán sino también contra la disidencia interna, uno de cuyos máximos exponentes es el “movimiento antiglobalización”.

En Europa el recorte de libertades tiene ya dos patas donde asentarse: la definición comunitaria de terrorismo y la llamada “euro-orden”, que se carga el derecho de asilo político y los procesos de extradición. “Con la manida excusa del terrorismo, la Unión Europea pretende, primeramente, criminalizar todo tipo de disidencia política que se oponga, aún pacíficamente, al pensamiento único y al proceso de globalización” (Endika Zulueta, “Se fortalece el estado policial”). Efectivamente. En Europa se define ya como “terrorismo” la amenaza, el daño grave o la destrucción de las estructuras políticas, económicas o sociales de un país (Art. 3, de la declaración de la UE sobre terrorismo). Esta definición es tan general que cualquier movilización  contra la OCM, FMI, UE, etc puede ser tildada de terrorista. En ese mismo artículo se señala como infracción terrorista “la ocupación ilícita de instalaciones públicas o gubernamentales, de medios de transportes, infraestructuras, lugares públicos...”. Esto quiere decir que la ocupación de un autobús aunque sólo sea para exigir la cartilla de desplazamiento gratuito para las personas en paro  –tal y como hicimos en Sevilla durante la pasada Semana de Lucha Social en el marco de la Campaña Barcelona 2001- hoy podría ser considerado un acto de terrorismo. Al igual que una manifestación ilegal.

Pero la cosa no queda ahí. La declaración comunitaria pone en peligro hasta el derecho de huelga ya que será considerado terrorismo “la perturbación o la interrupción del aprovisionamiento de agua, electricidad y otros recursos esenciales”. Se considerará acción terrorista la amenaza de cometer uno tan sólo de los “delitos” –antes derechos, por lo menos en el papel- que hoy se consideran terrorismo.

La declaración comunitaria termina hablando de las penas que van de dos a 20 años de reclusión. Por tanto, no se trata de una broma de mal gusto del Parlamento Europeo. Va muy en serio y acorde con las medidas que en el otro lado del Atlántico se están tomando tras el 11-S. En una perspectiva histórica la crisis del capitalismo es incompatible con el mantenimiento de un régimen de libertades, aunque sea burgués y formal más que real. De hecho, la llamada “democracia” es una excepción histórica. El régimen normal que ha empleado el capitalismo en los momentos en que se ha encontrado en peligro es la suspensión de las libertades, la dictadura y la guerra civil. El periodo actual se caracteriza por la inviabilidad del sistema capitalista en su modalidad occidental en la mayoría de los países menos desarrollados, afectando actualmente lo mismo a países que en el pasado fueron modelo de desarrollo capitalista, como queda demostrado con los acontecimientos de Argentina. Además con las políticas neoliberales de los actuales gobiernos  sean de derechas o socialdemócratas en los países capitalistas desarrollados, las "democracias occidentales" son una sombra del pasado liberal de la burguesía. Ahora el liberalismo es, menos "Estado del Bienestar", más explotación, menos libertades, menos información, menos cultura, menos igualdad, y menos desarrollo para las 2/3 partes de la humanidad. Están utilizado todo los resortes del Estado capitalista para la implantación cada vez más descarada de medidas autoritarias y de recortes de Derechos Fundamentales, pisoteando con el más absoluto descaro sus propios Derechos Humanos.

Propuestas: uno de los ejes de toda la campaña debe ser la explicación constante de estas medidas. Asimismo, el movimiento debe realizar un debate serio y profundo sobre el carácter de los regímenes políticos donde actuamos y sacar las conclusiones debidas para el desarrollo de estrategias que permitan garantizar la continuidad del mismo.

 

2. La represión en la contracumbres y el empleo de tácticas violentas por una parte del movimiento

 

La represión siempre va precedida de campañas mediáticas donde los medios “imparciales” corean los tópicos policiales de turno. De aquí a Junio aparecerán las “conexiones” de los “antiglobalización” con no se sabe que redes internacionales de “violentos alborotadores” pagados por una mano desconocida. En Génova los servicios secretos italianos, recordando sus éxitos en los ’70, llegaron a realizar una campaña de bombas. No nos debe extrañar que se produzcan “oportunos” atentados en las cercanías de las cumbres más importantes (Barna y Sevilla) con objeto de asustar a la opinión pública y criminalizar al movimiento.

Esta gentuza va a poner toda la carne en el asador por reprimir a mansalva. Ya hicieron las experiencias piloto en otros lugares (Euskadi, Barna y Madrid). En la última manifestación contra la guerra la policía rodeó a los manifestantes durante todo el trayecto. Algo nunca visto en Sevilla. Por mucho empeño que pongamos en realizar movilizaciones pacíficas, el Gobierno tiene el franco propósito de infiltrar las protestas y provocar incidentes con objeto de justificar la represión. Por eso no sirve para nada intentar el diálogo con las autoridades gubernativas. No obstante, no hay por qué oponerse por principio siempre y cuando este diálogo sea público y transparente y sirva para que el movimiento señale al Gobierno como propiciador de la violencia y máximo responsable de lo que ocurra.

Tenemos, por tanto, que partir de esta base a la hora de preparar nuestra respuesta a la cumbre oficial. En este contexto, el empleo de tácticas de violencia callejera contra bancos y escaparates empleada por una parte del movimiento está en un segundo plano. Indudablemente, estas tácticas son contraproducentes ya que dan excusas a la represión e impiden la libre expresión de los otros sectores del movimiento que prefieren “romper las barreras mentales” que las meramente físicas. Sin embargo, no debemos cansarnos en señalar que son precisamente los responsables gubernamentales y su policía los principales instigadores de la violencia que ha acompañado las diferentes cumbres.

Propuestas: establecer desde ya un diálogo con los sectores del movimiento que emplean esas tácticas y propiciar el entendimiento y la coordinación, desde el respeto mutuo. No entrar en las campañas de descalificación y criminalización que se fomenta desde el sistema. Responsabilizar al sistema de ejercer una violencia estructural contra la humanidad (hambre, miseria, enfermedades, desempleo y precariedad, exclusión social, accidentes laborales, etc).

 

3. Euskadi

 

Partiendo de la base que el movimiento es plural y diverso no tiene ningún sentido proponer medidas de resolución del conflicto (la vía Elkarri, la negociación ETA-Gobierno, un nuevo Pacto de Lizarra, etc) que no van a encontrar los consensos necesarios. Lo ideal sería que el movimiento trabajara sobre un par de ejes de amplio consenso:

1.       el derecho de autodeterminación entendido como el derecho que tienen los ciudadanos que están censados en Euskadi –exceptuando las fuerzas militares y policiales españolas- para decidir libremente el grado de vinculación respecto al Estado español (independencia, autonomía, federación etc).

2.       la solidaridad con el movimiento popular vasco y la izquierda abertzale, víctima de la represión del Gobierno y la judicatura que ilegaliza organizaciones, prohíbe medios de expresión y encarcela activistas que nada tienen que ver con las acciones armadas de ETA.

En relación con esto, la criminalización mediática que sufre la izquierda abertzale, gestionada y potenciada por los partidos españolistas, es equiparable a la que sufren los movimientos antiglobalización, persiguiendo el desprestigio social de amplios colectivos que luchamos cargados de ideología, por la vía de  de generalizar las acciones violentas minoritarias. El objetivo principal de esta estrategia es que las ideología alternativas no lleguen y calen en la sociedad, desviando el foco de atención hacia elementos más impactantes y 'socialmente rechazados', potenciando su 'pensamiento único' que establece una división estricta entre ellos, que se autodefinen como los 'buenos' y todos los demás, que ellos definen como los 'malos'.

Además, la citada generalización criminalizadora no se restringe a cada uno de los movimientos alternativos por separado, sino que intenta relacionarnos y mezclarnos a todos en su mismo saco de los 'malos'. Así, cuando aparece algún caso aislado que se lo facilita, intentan vincular a la izquierda abertzale con ETA, al movimiento 'okupa' con ETA,  al movimiento antiglobalización con la 'kale borroka', a las redes de contrainformación con los hackers, a colectivos de inmigrantes con Ben Laden, etc..

En definitiva, extender ésta visión en la sociedad les facilita aplicar una represión ilegal y criminal a todos estos colectivos, que bajo la objetividad de los hechos y otro estado de opinión serían duramente reprobados y castigados por la judicatura, los medios y la sociedad en su conjunto.