nro. 23
20 años después...

Claudia Korol

¿Viste, Gladys? Se murió. No fue en el ajusticiamiento del tirano intentado por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, el 7 de septiembre de 1986. Fue por un infarto, en el Día Internacional de los Derechos Humanos, 20 años después. ¿Será verdad que 20 años no es nada?.

Siempre le molestaron los derechos humanos al innombrable, y ésta vez la molestia se cobró la deuda.

El primer juicio contra él, que vos iniciaste en nombre de muchos y de muchas otras compañeras, no alcanzó para condenarlo. Todos los juicios en los tribunales del poder, no alcanzaron a condenarlo. El asesino murió en la impunidad.

Los mismos jueces que mantienen presos a los hermanos y hermanas del pueblo mapuche, que enamorados de su tierra se alzan como Lautaro para defenderla, los mismísimos jueces, consagraron la impunidad del dictador. No es justa la justicia suprema, Gladys.

Creo que la condena está realizándose, sin embargo, desde el momento en que se conoció el comunicado del Hospital Militar informando de la muerte de quien fuera su jefe. La condena verdadera se está realizando en los actos que se multiplican en todo Chile, en las calles, en las plazas, en los que se encuentran los y las sobrevivientes, los vivos y los muertos, los torturados, las asesinadas, las víctimas, las combatientes de todos los tiempos. Creo que la condena se está realizando en los mensajes que recorren el mundo como señal de identidad. Como quien dice, "no nos olvidamos".

Claro, Gladys, que no nos olvidamos. Las cicatrices en el cuerpo, en nuestros cuerpos, son los ladrillos que construyen la memoria. Las ausencias queridas, las nostalgias imprescindibles, son el cemento que va reuniendo los ladrillos en un muro que toma la forma del Nunca Más. Del No pasarán.

Fue el 10 de diciembre. Esta vez el disgusto concretó el atentado. Esta vez, dio en el blanco.

Los pacos, como siempre, están tirando gases contra el pueblo. ¡Qué importan sus gases, hermana! Tantas veces los tragamos, tantas veces los lloramos. Esta vez, el muerto no está de nuestro lado.

En cambio, nuestros caídos, aquí andan con nosotras, Gladys. Abriendo las alamedas con Salvador, combatiendo con Miguel, con Tamara, con José Miguel, cantando con Víctor la plegaria a un labrador... "Líbranos de aquel que nos domina, aquí en la tierra, tráenos tu fuerza y tu valor, al combatir"...

Para qué gastar más palabras, Gladys. Aprendí con vos que a veces podemos comunicarnos sin ellas. Y hoy, como aquel día, sabemos bien qué se siente. Sabemos que todo el dolor y todo el amor, caben en una misma lágrima.

Claudia

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