Intervención de Daniel Ortega, Secretario General del Frente Sandinista de Liberación Nacional, ex Presidente de la Nicaragua, en el cierre del Seminario

Nosotros los nicaragüenses nos vinculamos a Chile, a este pueblo, desde que empezamos las primeras letras en la escuela. Cuando empezamos a conocer a Darío, a declamar sus poemas, y donde se nos cuenta que Darío vivió en Chile, escribió en Chile, entre ellos un poema muy hermoso que nos aprendemos todos cuando somos niños, Caupolicán. Ya un poco mayores, cuando incursionamos en la lucha, también descubrimos, aquí en Chile a dos extraordinarios escritores, Gabriela Mistral y Neruda. Gabriela, fue la que le dio ese nombre genial al ejercito de Sandino, el pequeño ejercito loco. Y Neruda, qué no escribió Neruda sobre Sandino. De tal manera que nuestra identificación con Chile, nuestro amor por Chile viene desde la niñez. Distancias tan lejanas. Y seguiremos de cerca la lucha del pueblo chileno, conociendo de toda su historia, luchas heroicas hasta llegar a la lucha de Unidad Popular, encabezada por Salvador Allende.

Yo era un muchacho. Estaba en Cuba por allá por el año 1967, creo que fue, y ahí tuve la oportunidad de conocer a Allende en un acto inmenso en la plaza de la revolución. Me impresionó Allende por su firmeza, su profundidad, su sencillez, su fuerza. Un hombre que no lucía como el revolucionario de la época, vestía de traje formal y los revolucionarios de la época vestíamos de traje verde olivo y andábamos con el fusil y nos preguntábamos, será posible que los chilenos lleguen al gobierno, no al poder, por la vía electoral. No lo creíamos, pero admirábamos esta lucha, admirábamos a Allende y deseábamos que ganara las elecciones. Una vez, dos veces, tres veces, cuatro veces. Y cuando gana las elecciones, la gran interrogante, serán tan inteligentes de entregarles el poder, el gobierno de Allende, serán tan inteligentes los capitalistas, los imperialistas que tenia todo el poder, serán tan inteligentes que le entreguen el gobierno a Allende y dejarlo gobernar, serán capaces de respetar sus propias reglas del juego, teníamos nuestras dudas. Pensábamos nosotros que a la Unidad Popular no le iban a entregar el gobierno. De verdad eso lo creíamos y al final iban a escamotearle el gobierno y no se lo iban a entregar. Y de verdad que nos sorprendió cuando le entregan el gobierno a la Unidad Popular. Pero qué está pasando que estén actuando con inteligencia. Porque es raro, es difícil encontrar en el capitalismo y en el imperialismo un poco de inteligencia y actúan con soberbia, con prepotencia, con la fuerza.

Y empezó la lucha, desde un gobierno electo, mientras en la mayoría de los países latinoamericanos luchábamos con las armas en contra de las dictaduras. No encontrábamos otro camino más que el de las armas. Y empezó, entonces, la contrarrevolución a organizarse aquí en Chile. Empezaron las conspiraciones, los paros promovidos por el capital. El imperialismo moviendo todos sus recursos, toda la fuerza del poder establecido aquí en Chile, moviéndose también todas las fuerzas del poder establecido que se decían demócratas, es decir, los que se definen como demócratas negando esta democracia, restringida. Y finalmente, vino el golpe, la muerte de Allende, el asesinato de miles y miles de mujeres, de hombres, los desaparecidos, la tortura, el terror y el aplauso de la comunidad capitalista mundial. Ahí no hubo una acción decidida en contra de ese golpe, algunas protestas, algunos reclamos. Y finalmente, se impuso el golpe y nosotros decíamos, esto es lo que demuestra que la única manera de hacer la revolución es por las armas.

Eran momentos difíciles porque nosotros enfrentábamos una dictadura que ni siquiera dejaba espacio para poder luchar de forma cívica, y no solamente acontecía esto en Nicaragua sino en Centro América y en buena parte de los países latinoamericanos que estaban llenos de dictaduras de todo tipo, y en donde estaban proscritos, prohibidos, los partidos de izquierda de acuerdo con la ley, establecida por los que se autodenominan demócratas. Le tenían cerradas las puertas a esas ideas, a ese pensamiento.

Fue una lucha larga, lucha armada, lucha de masas, luchas sociales, las que fueron poniendo fin a las dictaduras en América Latina, e indiscutiblemente, la lucha del pueblo chileno, la resistencia del pueblo chileno fue la que logró poner fin a la dictadura de los militares encabezados por Pinochet y respaldados por los yanquis.

Me decía Gladys que este local en que nos encontramos, fue construido durante el gobierno de Allende, en el año 1970. Que fue construido como un centro de convenciones para una reunión de la UNCTAD y luego quedó como un centro de convenciones para debatir ideas, reunir organismos internacionales, etc. Un centro para el debate de las ideas, para el debate de los proyectos a favor de la humanidad. Luego, vino el golpe y este centro que era un centro de las ideas se convirtió en el centro del terror, en el centro de la represión, porque me decían que aquí estuvo la Junta Militar. Pero creo que la mejor prueba de que Allende no está muerto, que Allende vive, de que este pueblo sigue luchando, de que este pueblo no ha sido vencido, es que a 30 años del golpe, a 30 años del asesinato de Allende, le podemos decir a Allende: aquí estamos reunidos en este centro que construyeron los obreros chilenos y que fue el centro de la represión, el centro del terror del mundo militar, aquí estamos, nuevamente, debatiendo las ideas, debatiendo proyectos, buscando nuevos caminos para levantar siempre muy en alto el pensamiento y el ejemplo de Salvador Allende.

Creo que la política o los políticos, yo diría los políticos y no la política, la política no es más que un instrumento, un medio, si detrás de la política están los revolucionarios, indiscutiblemente que se va a avanzar, si detrás de la política esta un político, seguramente que se van a hacer muchas promesas y no se van a cumplir. Y Allende no era ningún político, Allende era un revolucionario. Porque los políticos piensan en sus intereses individuales, manipulan todo, son capaces de traicionar al amigo, son capaces de traicionar al hermano, son capaces de traicionar hasta a la madre con tal de dar sus ambiciones políticas y por eso es que yo me resisto a que me digan que soy político. Porque el día que aceptemos que somos políticos estaremos muertos como revolucionarios y no tendremos, entonces, ni la voluntad ni la capacidad para seguir luchando por las ideas que defendemos.

Y por eso es que están tan desprestigiados los partidos políticos, porque los partidos políticos están llenos de políticos y no están llenos de revolucionarios. Solamente una fuerza política, integrada realmente por revolucionarios, va a cumplir con lo que promete, va a estar dispuesto a enfrentar los mayores retos, las mayores adversidades, para cumplir con lo que promete.

Me decía un compañero, que la gran debilidad de la izquierda es que nosotros tenemos como nuestro capital las ideas, en cambio la derecha tiene como capital la riqueza material, los recursos materiales. Por eso es que con tanta facilidad se une la derecha. La derecha puede tener profundas contradicciones pero, a ultima hora cuando tiene que enfrentarse a la izquierda, se unen, cierran filas. Porque los unen los intereses económicos, los intereses materiales.

A los revolucionarios nos mueven las ideas, el pensamiento y es mucho más difícil unir las ideas. Y por eso, es mucho más complejo encontrar la unidad de la izquierda latinoamericana en todos nuestros países, y ahí tenemos un reto, ahí tenemos un desafío. Porque, al final de cuentas, es responsabilidad nuestra y no es responsabilidad de nuestros enemigos. No es el resultado del trabajo de nuestros enemigos que nos encontremos divididos, que nos confrontemos, que no seamos tolerantes, que seamos excluyentes.

Recuerdo que en la década de los 60 se dio la tendencia de la exclusión. El que no empuñaba las armas ya no era revolucionario. Era una posición sectaria y equivocada. Y ahora, podemos caer en otra actitud, el que empuña las armas, ese no es revolucionario. Descalificar al que empuña las armas y decirle terrorista al que empuña las armas. Yo pienso que tenemos que ser respetuosos de los métodos de lucha. Ese es un principio elemental. Las Madres de la Plaza de Mayo decidieron un método de lucha, hay que respetarlas y hay que apoyarlas. Las madres de los desaparecidos aquí, en Chile, también tienen su método de lucha, tenemos que respetarlas, tenemos que apoyarlas. Los movimientos sociales tienen sus propias dinámicas, tienen sus propios métodos de luchas, hay que respetarlos, hay que apoyarlos. Los partidos políticos de izquierda, las fuerzas políticas de izquierda, los agrupamientos de izquierda, tienen su propia forma y método de lucha, tenemos que respetarlas.

En Colombia está planteada una lucha, desde hace ya muchísimos años, una lucha armada, una lucha que desangra a ese pueblo hermano, donde se dan iniciativas muy importantes como la que se dio durante el gobierno del presidente Pastrana. Ahí se vio la posibilidad de una salida negociada y se firmó un acuerdo en San Vicente de Cahuan entre los mandos guerrilleros y el presidente de la republica en la búsqueda de la paz. Tuvimos el privilegio de estar presentes, en ese momento, en ese encuentro. Entonces no se descalificaba a los guerrilleros colombianos, simplemente se estaba atendiendo a una realidad, a un fenómeno social de una lucha que tenia muchísimos años. Ahora, la tendencia es esa, a descalificar, a tratar de negar. Y ellos mismos siguen planteando la necesidad de una salida pacifica, de una salida negociada.

Y yo veo aquí, en América Latina, gracias a la lucha de los pueblos, ha habido avances importantísimos como es el descabezamiento de las dictaduras. Pero luego está el problema del ejercicio de esta democracia, de esta democracia que cuenta con unas herramientas del poder económico, con unas herramientas del poder militar y con todo el respaldo del imperio yanqui.

A Chávez, al igual que a Allende ya en una circunstancia, al ganar de una forma abrumadora las elecciones, no les quedó más que dejarlo ahí a que tomara el gobierno, porque Chávez tomó el gobierno, no tenía el poder, no controlaba el petróleo de Venezuela el presidente de la republica de Venezuela. Como no tenía tampoco el control de las Fuerzas Armadas el presidente de la republica de Venezuela. Y está ahí intacto el poder económico, en Venezuela. Pero Chávez tenia un programa y como Chávez no es político, yo no veo a Chávez como político sino que lo veo como revolucionario, y entonces, no ha hecho mas que utilizar la política como un medio, las elecciones como un medio para llegar al gobierno y promover transformaciones profundas en Venezuela. Estoy seguro que si los gobiernos latinoamericanos se decidieran a hacer lo que hizo Chávez, de someterse a otras elecciones continuas, cuidado como rodarían las cabezas de los gobiernos latinoamericanos. Quedarían muy pocos gobiernos en pie. Y qué estamos viendo en Venezuela, que se trata de repetir la misma historia de lo que pasó aquí en Chile, o sea a 30 años están repitiendo la historia. Un gobierno electo popularmente y ahí está la conspiración. Conspiración militar, conspiración de los grupos de capital, de los medios de comunicación que están en manos de los capitalistas, el imperialismo conspirando.

Indiscutiblemente, que ha habido triunfos trascendentales en América Latina. El triunfo en Brasil, pero de igual manera el PT en Brasil se planteó no una revolución sino que se planteó el primer gobierno con un programa de carácter nacional, entendiendo las grandes complejidades y contradicciones que están enfrentando estos países frente a las políticas expansionistas de los yanquis en el orden económico. Y no es fácil para el gobierno del PT. No es fácil llevar adelante una propuesta como esta cuando la expectativa de la gente pobre, de los trabajadores, de los sin tierra que le dieron su respaldo al PT, está mucho mas allá. ¿Qué va a pasar en Brasil? Es una oportunidad histórica extraordinaria la que se esta viviendo en Brasil. Se ha abierto un espacio pero las estructuras del poder están intactas. El PT, bueno, Lula es presidente del Brasil, es cierto. El PT tiene el gobierno pero quiénes tienen el poder. El poder sigue intacto en manos de los grandes capitales, en manos de las transnacionales que tienen enormes inversiones en Brasil, en manos de transnacionales y latifundistas brasileños que son dueños de las más grandes y extensas haciendas de toda América Latina. Y, mientras tanto, tenemos a miles de campesinos, millones de campesinos sin tierra en Brasil. Y claro que esta lucha es parte de la lucha del PT. La situación es realmente compleja. No es fácil para la izquierda gobernar cuando no se tiene el poder, y seguramente en el momento que Lula, porque Lula tiene la energía, tiene la fuerza, tiene la decisión de hacerlo, en el momento en que Lula da Silva eche a andar programas más profundos, ahí mismo va a enfrentar a la contrarrevolución y la va a enfrentar de la misma forma en que la enfrentó Allende y la va a enfrentar de la misma manera en que la está enfrentando Chávez.

Claro que no podemos negarnos a ocupar esos espacios ahí donde esta democracia restringida abre espacios, y después tenemos que buscar como ocupar esos espacios y como avalar la unidad en la acción, cómo logramos avanzar, como lograr fortalecer o refortalecer esta lucha. Yo diría que aquí no queda más que nuestra propia responsabilidad. Es fácil que nosotros siempre estemos tratando de culpar a otros de los errores y nunca buscar en nosotros mismos los errores, yo creo que tenemos la tendencia a sentirnos dueños de la verdad. Tenemos que conjugar nuestros esfuerzos, se están multiplicando las luchas sociales y las luchas de masas en América Latina, se están logrando avances extraordinarios, como fue que el pueblo de Chile, toda la sociedad chilena, lograra que Chile no respaldara la acción de guerra, de agresión de los Estados Unidos en contra de Irak, igual México. Son otros tiempos. Ya los yanquis no nos pueden agarrar con facilidad, como nos agarraban hace un tiempo. De todos los países latinoamericanos solamente cuatro gobiernos cedieron a enviar tropas a Irak. Cuatro gobiernos débiles, serviles, desgraciadamente entre ellos, el gobierno de Nicaragua, el gobierno de El Salvador, el gobierno de Honduras y el gobierno de Republica Dominicana. El resto de América Latina dijo no. Y esto tiene que ver, indiscutiblemente, con esta lucha que se multiplica y en donde la unidad es el elemento fundamental y determinante.

Nuestros saludos, hermanos, compañeras, compañeros, nuestra confianza, nuestra seguridad de que el pueblo de Chile va a salir adelante. Que Allende está entre nosotros, que sus ideas no están muertas sino que están más vivas que nunca, y que con esa fuerza vamos a alcanzar nuevas victorias. Gracias compañeros.

Enviar noticia