“La sangre de los nuestros será vengada el día que el pueblo sea feliz”

Discurso de Hebe de Bonafini en la Plaza de la Constitución de Santiago de Chile, el 11 de Setiembre de 2003, en el acto de homenaje a Salvador Allende

Querido Presidente Salvador Allende:

¡Seguro que estás aquí!, sobrevolando esta Plaza, que más que Plaza de la Constitución, hoy se transformó en Plaza de la Revolución de un pueblo que no se rinde…

Compañero Miguel Enríquez: ¡Presente!

Queridos hijos nuestros, ¡estos hijos desaparecidos que no han muerto ni morirán jamás, que no son un cadáver, que son sueños y esperanzas, que nos dejaron una gran responsabilidad!

Las Madres, que socializamos la maternidad, que nos hicimos revolucionarias, porque ellos nos parieron a esta lucha, y muchas veces nos dijeron: “…mamá, no importa cuántos años vivimos, sino cómo vivimos y por qué vivimos”.

¡Y vivieron para la Revolución! ¡Vivieron para dar su sangre al pueblo!

Las Madres reivindicamos a todos los compañeros revolucionarios que en todas partes de Latinoamérica quieren y luchan por transformar esta realidad.

Nuevos vientos soplan en nuestros países. Pequeñas luces se van encendiendo. Pero solo no vendrá, vendrá de la mano del pueblo, del pueblo que no se rinde.

Las Madres no hemos abandonado un solo minuto la lucha, porque la Revolución se hace desde que uno abre los ojos, cuando se despierta en la mañana y decide seguir reivindicando la lucha revolucionaria y guerrillera de esta Latinoamérica que despierta cada momento, cada hora, cada minuto…

Queridos hijos, todos los latinoamericanos, ¡que no morirán jamás, que no son cadáveres, porque están encendidos y prendidos en llamas, en cada uno que lucha y que levanta una bandera!, en esta Plaza los veo: están encarnados en cada uno de ustedes. ¡Cada vez los amamos más! ¡Cada vez estamos más seguras que la Revolución en Latinoamérica, lenta pero inexorablemente, llegará para liberarnos!

Querido Salvador Allende: ¡Tu vida no fue en vano! ¡Tu sangre y tu entrega están aquí, hoy, en esta Plaza! Seguro que por aquí andarán, dando vueltas, todos los compañeros que junto con él, no se inmolaron, sino que nos mostraron un camino. Dijeron: “este es el socialismo que queremos”. El que no se entrega, el que no traiciona, el que no se vende, el que no tiene precio para la sangre. ¡La sangre de los nuestros jamás será entregada!

Y yo digo aquí, en esta Plaza, que la sangre de los nuestros será vengada el día que el pueblo sea feliz, y no tenga hambre, ni falta de trabajo, ni falta de educación.

Y allí estarán ellos… Y vendrán con nosotros, del brazo, a todas las Plazas de Latinoamérica, a decirle al mundo que este Tercer Mundo al que pertenecemos y amamos, ¡no se lo vamos a entregar al imperialismo!

¡Que a esta querida Cuba, que nos muestra que éste es el camino, la tenemos que tomar y amarrar con fuerza! Como ellos, como los cubanos, defendamos nuestro suelo y nuestros pueblos.

¡Viva la Revolución, que viene inexorable para este Tercer Mundo que amamos!

Gracias…

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