TEMA PARA DEBATE: MADRID, CASTILLA Y LEÓN, CASTILLA LA MANCHA: ¿UNA SOLA COMUNIDAD AUTÓNOMA? (PRIMERA PARTE)

Durante el mes de mayo hemos vivido en la Comunidad de Madrid un par de hechos que hablan por sí solos en cuanto al tema que ocupa este debate:

1º) Esperanza Aguirre decide suprimir una consejería, la de cultura, por un criterio de austeridad económica ya que estamos en crisis. Y lógicamente, nosotros, ya puestos, nos preguntamos, ¿por qué no suprimimos el gobierno autónomo de un tajo y nos ahorramos mucho más? ¿Y por qué no hacemos lo mismo con los de Castilla y León y Castilla La Mancha y nos ahorraríamos muchísimo más aún si los integramos en una sola comunidad como decíamos en la primera parte de este debate?

2º) El segundo hecho ha sido la decisión del secretario general del Partido Socialista de Madrid, Tomás Gómez, de no asistir a los actos oficiales del día de la comunidad – 2 de mayo- y montar por su cuenta un acto en otro lugar al anunciado por Esperanza Aguirre. El sainete estaba servido.

Dónde tenía que haber estado Tomás Gómez y cuántos reivindican algo enraizado en el sentimiento popular histórico castellano –no español, pues la celebración del 2 de mayo, según ellos mismos, tiene que ver con la nación española, no madrileña- es en Villalar de los Comuneros el 23 de abril, porque la alternativa al ultranacionalismo españolista de Esperanza Aguirre, secundado a veces por el PSOE, no es otra celebración en otro lugar de Madrid, por muy castizo que sea, sino la vuelta a los orígenes castellanos de Madrid, junto a Castilla y León y Castilla La Mancha, antes Castilla La Nueva.

Nuestra referencia regional no es el dos de mayo, sino el 23 de abril de 1521, cuando Padilla, Bravo y Maldonado cayeron ante la dinastía austríaca que terminó con su ahorcamiento y el de 300 comuneros, aniquilando el movimiento popular que representaban y que, así, daría paso la instauración del monarquismo autoritario mediante la alianza de la aristocracia y la jerarquía católica más reaccionaria no solo de la historia de España, sino, posiblemente de toda Europa, frenando durante muchos años el comienzo de las primeras libertades, como la de culto y conciencia que consiguieron los países protestantes del norte y centro de Europa, y que tanta sangre supuso para los progresistas españoles, incluidos los que lo intentaron el 14 de abril de 1931 con la proclamación de la II República.

Si de ahorros se trata, argumento que, cuando la conviene, esgrime Esperanza Aguirre, hagamos cuentas. La asamblea de la comunidad de Madrid consta de 120 diputados; las Cortes de Castilla y León, 83, y las de Castilla La Mancha, 47: en total 250 representantes de las tres asambleas legislativas. Si a estos sumamos los respectivos órganos de gobierno, consejeros, directores y subdirectores generales, asesores y demás altos cargos nos encontraríamos con una cifra que nos daría una idea aproximada del gasto que supone tener tres gobiernos autónomos para tres comunidades que deberían –en nuestra opinión- estar integradas por una sola asamblea legislativa y por un solo gobierno, como decíamos en el artículo anterior, con el ahorro que esto nos supondría, y no la demagógica supresión de una consejería en Madrid, como si con este “ahorro” hubiéramos encontrado la piedra filosofal para poner fin a la crisis económica institucional mientras nos cargamos los servicios públicos –sanidad y enseñanza-, los privatizamos y los convertimos en un negocio más para capitalistas sin escrúpulos. Sigamos…

Añadamos ahora las dos cadenas de televisión de la comunidad de Madrid, la de Castilla La Mancha, en funcionamiento desde hace años, más de la segunda cadena que acaba de aprobarse en esta comunidad, más la que se acaba de estrenar en Castilla y León, todas en números rojos, más las emisoras de radio, más la propaganda de organismos y consejerías y sus gabinetes de prensa. Da pánico asomarse al precipicio de millones de euros. Por ejemplo: La plantilla de Radiotelevisión Castilla La Mancha asciende a 427 personas, de las cuales 43 ocupan puestos directivos, más del 10 por ciento de la plantilla, tal y como recientemente explicó el director general, Jordi García Candau, quien estimó en unos 69.000 euros el salario medio de los cargos directivos.

Sigamos...
El diario El Mundo daba la cifra de coches oficiales. 1200 cargos autonómicos van en coche oficial de alta gama –desde el Audi 8, cuya versión más sencilla no baja de los 75 mil euros, hasta el Lexus GS450 híbrido, de 67 mil euros, o los Wolkssagen Pheatón que cuestan 80 mil euros, aunque la guinda la pone Gallardón por el alquiler del A 8 que costará 591 mil euros en calidad de renting que se deberá abonar en 5 años (El Mundo). En relación con las comunidades que comentamos, en Castilla y León hay 100 altos cargos con coche oficial, en Castilla La Mancha, 45 y en Madrid 25. Nos salimos por un momento de Castilla -cuando aquí decimos Castilla a secas ya saben nuestros lectores que queremos decir Castilla y León, Castilla La Mancha y Madrid- y nos encontramos que en Valencia hay 200 cargos con coche oficial, en Andalucía 234, citamos comunidades gobernadas por diferentes partidos para que veamos que no importa quien manda, da lo mismo PSOE que PP, el despilfarro es aterrador.

Sigamos…
El ayuntamiento de Madrid tiene el honor de liderar el ranking de deuda municipal de España, el agujero de Gallardón es la cuarta parte de los 32.030 millones de euros que deben los ayuntamientos. Coslada, por ejemplo, debe 25 millones de euros. El 14 de abril, el Financial Times dedicaba un artículo al derroche de las comunidades autónomas españolas en línea con lo que aquí comentamos, y terminaba recordando aquello del café para todos que se popularizó al poner en marcha el estado autonómico de la transición. El periódico británico acababa comparando nuestra situación con la del fin de una juerga en la que cuando viene el camarero todo el mundo mira al que tiene al lado a ver quien paga la cuenta. Sigamos…
Las comunidades castellanas que comentamos tienen una deuda de 15.000 millones de euros. No quisiéramos que se interpretase nuestra postura como antiautonomista. Simplemente lo que estamos planteando es profundizar en el argumento de Esperanza Aguirre –la crisis económica- y llegar hasta las últimas consecuencias: la necesidad de racionalizar e integrar aquellas autonomías que no tienen ninguna razón de seguir separadas, y, entre estas, las primeras que deberían dar un paso al frente y dar ejemplo ante la crisis económica y plantear su reunificación son: Castilla y León, Castilla La Mancha y Madrid. Si el gobierno central y el gobernador del Banco de España no hacen nada más que insistir en la necesidad de la fusión de entidades bancarias y cajas de ahorro, el razonamiento habría que aplicarlo igualmente a las administraciones. Madrid no puede continuar, como hace Esperanza Aguirre, mirándose el ombligo y alimentando un mónstruo metropolitano-territorial que terminará por convertir el centro de la península en una megalópolis, mientras a su alrededor no queda nada más que campo y pueblos escaparate de reclamo para el turismo de puentes y fines de semana al son de melodías publicitarias como La vida es bella.

Posiblemente, en una perspectiva de mayor cooperación, de mayor solidaridad, de una equilibrada redistribución de recursos entre territorios limítrofes, el protagonismo de determinados políticos, su perspectiva centralista/españolista a ultranza quedaría desenmascarada ante la necesidades de una comunidad mucho mayor, con planes a largo plazo que pongan un poco de orden en la subasta de terrenos rústicos, urbanizables o pendientes de urbanización que celosamente vigila cada autonomía y cada municipio como si fuese su coto privado. Hasta no mucho tiempo había municipios de la sierra de Madrid que conservaban en sus fachadas el escudo de la que fue la gran provincia de Segovia, pueblos que pasaron a Madrid por capricho de Javier de Burgos en 1833 –origen de la actual división provincial-, como podían haber quedado en Segovia o en la castellana provincia de Guadalajara. No es nuestro propósito irnos al año de Maricastaña, como se dice popularmente; al revés, si lo hacemos es, precisamente, para aglutinar territorios, no para separarlos amparados en historias parroquiales disfrazadas de caciquismo. La actual crisis económica puede ser una buena ocasión.

Pelayo Molinero. Agrupación Republicana de Coslada