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ENTREVISTA A LÁZARA SOJANO PERIODISTA Y REVOLUCIONARIA CUBANA «Era una persona muy enérgica, comprensiva, flexible y exigente; no transigía con las cosas mal hechas» Periodista y revolucionaria. Lázara Sojano conoció de cerca al Che Guevara, primero en La Habana y después, en Ghana. Ella había ido como corresponsal de Prensa Latina, él a atender el llamado de África. En su casa de Centro Habana, guarda como «un gran tesoro» las fotos con el Che, «al que prefiero recordar con su boina guerrillera y estrella en la frente». ¿Cómo entra en
contacto con Ernesto Che Guevara? A partir de la opinión de algunos
compañeros, que lo consideraban «demasiado
radical o duro», tenía temor a pedirle que
me explicara algunas cosas cuando coincidía con
él en alguna actividad. Me di cuenta de que era un hombre muy sensible, humano, pero también muy radical en sus cosas; eso sí, sin atropellos y sin abusar del poder. Recuerdo una vez que fue a probar una máquina cortadora de caña. Como periodista de «La Tarde» fui a cubrir este acto. Cuando le pregunté su opinión, me dijo que debía esperar a que la probara. Inmediatamente, me senté al lado del camino y esperé a que la probara. Cuando pasaba por enfrente mía, notaba que me miraba de una manera inquisitiva, pero pensé «no sé qué me querrá decir». Cuando terminó, me volví a acercar y le dije: «Comandante, ¿usted me puede decir cuál es su experiencia?». «Pero, ¿tú te crees que te has merecido que yo te traslade la experiencia que he acumulado cuando te has sentado y ni siquiera has venido a recoger la caña como otros compañeros? He visto que has estado sentada todo el tiempo. Así que vamos a ver en qué momento podemos vernos tú y yo». Esa fue su respuesta. Simple y llanamente, no me dio la entrevista, me dio con la pluma en la mano. Para mí eso fue aleccionador
porque el espíritu que había en ese lugar
no era como para estar sentada. No me sobrestimé
como periodista, pero no calculé que me fuera a
dar una respuesta de esa naturaleza, ni tampoco descifré
que aquella mirada inquisitiva era un mandato para que
me incorporara a la tarea. Sí. En 1964 me mandaron a Ghana y en enero de 1965 llegó el Che tras un periplo por el Continente; había estado en Argelia, en Guinea y Malí . Al verme, fue extremadamente cariñoso: «Ven acá chica, tú te me habías perdido, yo no sabía dónde tú estabas. ¿Pero, tú estás acá solita? Tienes que cuidarte». El tono era para que me riera. Fue un gesto que realmente me sorprendió porque no era una persona de juegos ni de bromas. He solido oír que era «muy duro». En absoluto. Era muy enérgico pero, al mismo tiempo, comprensivo, flexible, aunque también muy exigente; no transigía con las cosas mal hechas. Quien cumpliera con todos los requisitos que él exigía de un trabajador o de una persona con la que él se relacionara, no tenía ningún tipo de problema. Al contrario, te abría todas las puertas y te daba todas las posibilidades para que trabajaras. En Ghana, supe que iba a establecer contactos con dirigentes africanos para la definición y concreción de la ayuda que se iba a dar al movimiento popular de liberación de Angola. Fue muy espontáneo y nunca me dijo esto no lo puedes decir. No se inmiscuyó en mi trabajo. Acumulo toda esa experiencia como un gran tesoro y es parte de mi propia vida. ¿Qué destacaría
de él? Desde su experiencia, ¿cual
es el legado que dejó a Cuba? ¿Qué ambiente
se vive en Cuba en este 40 aniversario? En Cuba es muy querido, respetado y
venerado. Hay un ambiente de rendirle tributo, de subrayar
su figura. Ahí tenemos, por ejemplo, la consigna
de los pioneros cuyo saludo es «Seremos como el
Che». Particularmente, quiero recordarlo con su
boina guerrillera y su estrella en la frente. Me da mucho
dolor que haya desaparecido y en la forma en la que lo
hizo. Lázara Sojano |
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