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TERRORISMO,
DEMOCRACIA Y MOVIMIENTOS SOCIALES
Una solución pacífica y democrática del “conflicto vasco” solo puede surgir del diálogo y el respeto a la voluntad del pueblo vasco. Eso quiere decir que si es inaceptable que una parte -minoritaria- del pueblo vasco se vea forzada a vivir fuera de la monarquía española, más inaceptable es que otra parte –mayoritaria- del pueblo vasco, se vea obligada a vivir dentro de dicha monarquía. La situación actual en Euskadi no es democrática, por mucho que los que la propician se llamen a sí mismos “los demócratas”. Una solución democrática tiene que restablecer la
democracia en Euskadi. En esta Comunidad Autónoma, artificialmente
separada de la Comunidad Uniprovincial de Navarra, una minoría
vasca, amparándose en la fuerza del estado español impone
su voluntad cada día, desde hace 29 años, a la mayoría
del pueblo vasco. El instrumento que legaliza esta injusticia es una
Constitución que, tras la muerte de Franco, desconsideró
las demandas del pueblo vasco y, de forma aberrante en el derecho
constitucional moderno, excluyó expresamente el derecho de
autodeterminación. La actual situación en Euskadi es
“constitucional”, pero no democrática. En el enfrentamiento
del movimiento popular vasco con la Constitución Española,
el polo democrático es el movimiento social a favor de la autodeterminación
y el antidemocrático la Constitución. El PP no apoyará ninguna reforma democrática y si la apoya, dicha medida no lo será. Es necesaria otra estrategia. Dicha estrategia exige la reconstrucción de la izquierda que, en su degradación actual es, hoy en día, una mera prolongación del PP. Solo una democracia participativa obligará al PP (y al PSOE) a recorrer el camino del diálogo. Solo del diálogo surgirá una solución democrática que incluya los derechos de tod@s. Solo desde el reconocimiento de los derechos democráticos del pueblo vasco y del respeto a su voluntad se crearán las condiciones políticas para el fin de la violencia armada por parte de ETA. Para que una salida dialogada y democrática del llamado “conflicto vasco” cuente con un apoyo social suficiente, es necesario que la izquierda se transforme en algo diferente a la derecha. Esta transformación consiste en romper con los principios políticos y teóricos de la monarquía neoliberal: España como “un destino en lo universal” (ser una potencia imperialista); competitividad y eficiencia económica como principio rector de la política; producción a gran escala para el mercado mundial; crecimiento económico a cualquier precio, desarrollismo y consumismo de masas como sinónimos de bienestar; mercado como regulador de las relaciones sociales; puestos de trabajo escasos en manos de los empresarios; trabajo (y trabajador@s) subordinados al mercado; “permiso” de trabajo en lugar de derecho al trabajo digno; “empleabilidad” como eliminación de todas las barreras que protegen a las personas de los empleos basura; derechos sociales de papel y derechos del capital de hierro; accidentes de trabajo, paro y precariedad inevitables; inseguridad material y jurídica de la mayoría de las personas (trabajadores, jóvenes, mujeres, inmigrantes y presos); vivienda en manos de inversores inmobiliarios y políticos corruptos; despoblamiento del campo y alimentación en manos de las multinacionales; libertad de movimiento del capital; coexistencia pacífica y “democrática” - a través de las ONGs - con el hambre, las enfermedades y la pobreza en el mundo; degradación cultural y moral; política exterior basada en alianzas con estados terroristas como EEUU, Israel, Rusia y Marruecos; pertenencia a organizaciones armadas que violan las leyes internacionales y vulneran nuestra soberanía; bases militares extranjeras en España y represión de la autodeterminación de los pueblos. El bipartidismo neofranquista intenta neutralizar cualquier cambio democrático en la forma de Estado con una propuesta irracional: “Paz sin Autodeterminación”. Es decir, “Paz sin Democracia”. Impulsar el diálogo por la paz en Euskadi en base al derecho
de autodeterminación, constituye una tarea central para los
movimientos sociales en el Estado Español. El avance de los
movimientos sociales y su reconocimiento mutuo, incluyendo al movimiento
popular vasco, como sucedió durante los dos años de
existencia del Movimiento contra la Europa del Capital, la Globalización
y la Guerra (2001-2003), es condición necesaria para obligar
al PSOE a distanciarse del PP. Agustín Morán
Publicado en CAES |
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